
Acaba de pasar por Madrid el presidente de las islas Seychelles, James A. Michel. No ha venido de turismo, ni de compras, aunque la puerta de su hotel estuviera a sólo diez metros de la de unos grandes almacenes. Se ha reunido con el rey y con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para promover las inversiones españolas en las islas en sectores como las energías renovables (eólicas, “de las que España es una potencia”, nos dijo Michel) o el turismo, así como en impulsar el sector pesquero. Ambos políticos manifestaron su deseo de reforzar y aumentar las inversiones de las empresas españolas turísticas en las Seychelles. El presidente del archipiélago nos dijo que próximamente su país abrirá en Madrid una oficina de turismo y que está trabajando para que se establezcan vuelos directos chárter entre los dos países. Siempre se ha hablado en el extranjero de las Seychelles (y con razón) como de un paraíso turístico. Últimamente, cada vez que los medios se refieren a ese país aparece el problema de la piratería marítima, asunto que ha ocupado buena parte de esta visita. Trasladamos esta cuestión a James A. Michel y nos responde que hay que separar en todo momento ambas cuestiones. Que es verdad que la piratería en aguas del Golfo de Adén es un problema importante y que Seychelles y España tienen que trabajar de forma conjunta para combatirlo. Que ambos gobiernos coinciden en la necesidad de que el problema sea abordado conjuntamente por la ONU, la UE y la OTAN. Pero que las Seychelles es un archipiélago de 115 islas que ocupan una extensión total de 453 km², diseminadas a lo largo de 1.600 kilómetros, más distancia que la que hay entre Madrid y París. Vamos, Michel nos vino a decir que desde las Seychelles no se ven los piratas, que no hay piratas en la costa.
Playa de la isla Denis, una de las mejores de las Seychelles y del mundo. Foto: Pilar Arcos.
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