
Hay quien dice que el mítico Shangri-la que aparece en la novela “Horizontes perdidos” de James Hilton habría que buscarlo en algún valle oculto entre el Tíbet y Nepal. Estoy de acuerdo. Más de una vez he dicho a mis amigos que si algún día me pierdo, que me busquen en los Himalayas. Luego me he arrepentido de decírselo porque si me pierdo lo más seguro es que no quiera que nadie me encuentre. Nepal es una república pequeña y joven. Pequeña porque sólo tiene 140.000 km² (España, 504.645) y joven pues el antiguo Reino de Nepal pasó a ser una república hace menos de cinco años. Sin embargo su relativa pequeñez en horizontal no lo es tanto en altitud. En Nepal se encuentran 8 de las 10 montañas más altas de la tierra, presididas por el Everest (8.850 m). Y su bisoñez democrática contrasta con su larga historia como la única monarquía hinduísta del mundo. Tras la controvertida matanza de la familia real en 2001, la guerrilla incrementó su actividad llegando a controlar buena parte del país. Tras varios años de inestabilidad, gobierno y guerrilla firmaron un acuerdo de paz a finales de 2006, que puso fin a 240 años de monarquía. Estos y otros acontecimientos políticos llevaron a muchos potenciales turistas a dejar a un lado Nepal y decidirse por viajar a otros países. No obstante, ya en 2008 el aeropuerto de la capital, Katmandú, el único internacional de Nepal, registró un incremento en sus llegadas del 13% en comparación con el año anterior. La mayoría de los viajeros procedían de Europa. Y en esto llegó la crisis internacional y el desarrollo turístico de Nepal volvió a sufrir un revés. Sin embargo, según las estadísticas oficiales, en 2010 registró la llegada de 448.769 visitantes, el 15% más que en 2009. Para mantener esa tendencia, las autoridades nepalesas han declarado 2011 como el Año del Turismo en Nepal, una campaña que ha sido presentada en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) que estos días se celebra en Madrid y que incluye distintas medidas para incrementar las visitas, como la obtención de visados gratuitos durante dos años para los montañeros que hayan hecho cumbre en el Monte Everest y el Monte Dahaulagiri, ya que el turismo vinculado a la escalada es muy importante en Nepal. Además, el Buda histórico, símbolo de la paz mundial, nació en Lumbini, por lo que esa ciudad nepalesa se ha convertido en centro de peregrinación mundial de primer orden. Si todo sale como espera la Oficina de Turismo Nacional, durante este año se duplicará el número de turistas hasta alcanzar la cifra de un millón, que para un país como Nepal no es poca cosa.