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El azar ha querido establecer una sutil concordancia entre festival y estival. Solo les diferencia la letra efe. De fiesta, naturalmente. Hay festivales en otras épocas del año, pero en verano su renovada y bulliciosa geografía invade los mapas con profusión de feliz pandemia, pues la estación es levadura para los bríos del ánimo y determina una propensión a lo jocundo. Los festivales concretan la alquimia que logra enhebrar en la misma aguja alegría estacional y pasión artística. Son al tiempo escaparate y celebración, dominio de la creación y espacio de reflexión, foro de la exigencia y ámbito del asombro. Sus programaciones pueblan los sueños de muchas noches de verano. En el territorio de lo escénico, bulle un buen número de citas que conforman una constelación. Una red que ilumina escenarios del uno al otro confín del territorio nacional. Puede decirse que —aunque hay otros fulgores: el barcelonés
Grec (del 20 de este mes al 2 de agosto) u
Olite (del 17 de julio al 1 de agosto), por ejemplo— esa constelación es bipolar porque en ella parpadean intensamente dos estrellas grandes por su dimensión e historia: Mérida y Almagro, ambas con la vitola de «teatro clásico». El
primero celebra su 55 edición (del 27 de este mes y el 30 de agosto) con una propuesta cargada de anzuelos para paladares teatrales: Miguel Narros dirige una «Fedra» flamenca en la que las palabras de Eurípides y Racine convocan a Enrique Morente, Lola Greco y Javier Barón, entre otros; El Brujo presenta su versión de «El evangelio de San Juan»; Animalario ofrece el banquete caníbal del shakespeariano «Tito Andrónico»; la compañía rumana Rada Stanca se sumerge en «Las metamorfosis» de Ovidio; del latino Plauto, la todoterreno Tamzim Townsend pone en escena «Los gemelos», con Marcial Álvarez al frente del reparto; Georges Lauvadant acude con «Edipo» de Sófocles, y Tomaz Pandur cocina una «Medea» de Eurípides con súper Blanca Portillo en el papel de la vengadora.
Almagro abre del 2 a 26 de julio su edición número 32, cuyo menú se centra principalmente en nuestro teatro áureo. Hay nada menos que diecisiete montajes de obras de Lope de Vega, entre ellos: cuatro de «Fuenteovejuna» (Compañía Joven del Sur, la japonesa Ksec Act, Rakatá y Mefisto Teatro), «Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo», a cargo de la compañía Micomicón, y «¿De cuando acá nos vino?» y «La Estrella de Sevilla», ambas por la CNTC. Amén de exquisiteces como «El encuentro entre Pascal y Descartes», de Jean-Claude Brisville, servido por José María Flotats, un cervantino «Quijote» a cargo del Teatro de la Juventud de la mítica Fontanka, un «Somewhere... La Mancha» montado por Irina Brook, y mucho, mucho más. Soñemos pues con el teatro en cualquier noche del verano.