
Sichuán es una de las principales provincias de China y sin embargo es una gran desconocida. Habrá a quien le suene por ser la cuna de los osos pandas, pero poco más. Poco o nada. Y sin embargo entre sus 86 millones de habitantes (casi el doble que España) y sus 487.000 km² (algo menos que España), se encierran muchos de los grandes atractivos de China.
Acaba de pasar por Madrid una delegación de esta provincia encabezada por el director de la Administración de Turismo de Sichuán, Hao Kangli, para dar a conocer su tierra y fomentar los intercambios turísticos con España. Situada en el SO del país asiático, Sichuán es conocida como “El granero de China” por la fertilidad de sus tierras y la abundancia de terreno cultivable. Pero lo que al turista le puede interesar más, aparte de la infinitud de sus muy fotogénicos arrozales y campos de colza, de sus montañas sagradas y sus lagos turquesas, es el poso cultural de una China auténtica que, como dijo Hao en una cena a la que asistió ABC, tiene más de cinco mil años de historia, con nueve lugares declarados Patrimonio de la Humanidad.
El director de turismo bromeó al constatar que “solo nos falta la playa para tenerlo todo”, ya que Sichuán es una provincia interior con zonas que van desde los 200 a los 7.000 metros de altitud sobre el nivel del mar. Aunque sea un tópico, es verdad. Sichuán es la cuna del oso panda y hoy en día un santuario en el que, además de todos los individuos criados en cautividad, aún existen 1.600 pandas en libertad. Hao recordó que tuvo el placer de formar parte de la delegación que en 2007 trajo al Zoo de Madrid dos “grandes osos-gatos” (que esta es la traducción literal de “osos panda” en chino) como regalo de su gobierno al español.
Y también es verdad que el nombre de Sichuán saltó a los informativos occidentales en 2008 por el terrible terremoto que costó la vida a más de 40.000 personas. Pero no es menos cierto que en esa provincia viven 52 minorías nacionales, que es como allí llaman a las etnias minoritarias. Que la gastronomía sichuanesa, que puede ser muy picante, es tan desconocida como exquisita. Que es la “Puerta del Tíbet”, lugar de paso casi obligado para acceder a esa mítica región. Que es la patria chica de Deng Xiaoping (1904-1997) el reformador de la economía china, sin cuya contribución el país no sería hoy la segunda potencia mundial. Pero como dijo Hao Kangli, Sichuán tiene tanto que ofrecer que no bastan las palabras, hay que verlo. Porque como dice el proverbio: “Más vale ver una sola vez que oír cien veces”.

Coincidiendo con la Fiesta de los Faroles (primera luna llena después del Año Nuevo) se ha inaugurado la exposición de fotografía Patrimonio Mundial y la China Actual en la sede madrileña de la Fundación Pons. La exhibición, seleccionada por la Asociación de Fotógrafos de China con la colaboración de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, se centró en las imágenes de los lugares de China milenaria declarados Patrimonio de la Humanidad, aunque también mostraba la vida cotidiana y actual de los pueblos que viven en esos lugares. China es uno de los países con más sitios declarados Patrimonio Mundial de la Unesco, concretamente cuenta con 40, sólo por detrás de los 45 de Italia y los 42 de España. Entre los más conocidos están la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, el Ejército de Terracota de Xian o el Palacio Potala de Lhasa. En esta exposición se han mostrado obras de algunos de los fotógrafos más famosos de China, como Li Qian Guang, vicepresidente de la Asociación organizadora, quien estuvo presente en la inauguración. También del veterano Song Jupu, entre cuyas obras destaca una foto en color de gran tamaño de la inscripciones realizadas en las rocas de la montaña Tai, en la provincia de Shandong, incluidas en la lista de la Unesco en 1987. Son los grabados en piedra más grandes de China y se les conocen como el Origen de los Caracteres Grandes. Cada ideograma mide al natural 50 X 50 cm. y se conservan en aquellas rocas un total de 1.067. Aprovechando que era la Fiesta de los Faroles, los coordinadores de la exposición organizaron una pequeña velada con la actuación de un trío de intérpretes de instrumentos tradicionales chinos, demostración de caligrafía tradicional y de gustación de las típicas tangyuan, bolitas de arroz glutinoso que se toman en esa fecha y representan la unidad de la familia.
Foto: Caracteres chinos grabados en una roca de la Montaña Ti, de Gong Ju pu. Foto: Pilar Arcos

Nadie hace cola en la calle, pero lo más habitual es no encontrar libre ni uno de los cien asientos con que cuenta el restaurante “Bian Suo”, en el norte de la ciudad de Taipei. Por fuera podría parecernos una hamburguesería más, pero nada más entrar notamos la diferencia. Las mesas son en realidad bañeras cubiertas por una tapa de cristal y las sillas son auténticos retretes con la tapa bajada. “Bian Suo” significa literalmente “váter”, aunque en inglés hayan dulcificado la traducción como “The Modern Toilet”, una cafetería en la que las servilletas son rollos de papel higiénico y los platos pequeños inodoros o bidés de cerámica.
Las comidas alcanzan formas muy sugerentes, llevándose la palma el postre de mouse de chocolate con forma de pirámide en espiral. Solo le faltan las moscas. Sin embargo este culto a la escatología naíf no es repugnante, puede, eso sí, que sea empalagoso con una estética entre Hello Kitty y Barbie que hace furor entre los quinceañeros taiwaneses. Esta bien podría ser una de “Las cien cosas más divertidas que se pueden hacer en Taiwán”, título de un concurso que se ha puesto en marcha en internet para promocionar el turismo en aquella isla y dar a conocer las actividades que más les gusta hacer allí a los extranjeros ya sean turistas o residentes.
El concurso, organizado por Evergreen Internacional Corporation y tealit.com, y patrocinado por la Oficina de Turismo de Taiwán, cuenta con un premio principal de 50.000 NT$ (unos 1.300 euros), un segundo premio de 40.000 NT$ (unos 1.000 euros) y tres terceros de 25.000 NT$ (unos 650 euros). Los extranjeros residentes en Taiwán o los visitantes que quieran participar en el concurso deberán escribir un artículo sobre las cosas más divertidas que a su juicio se pueden hacer en Taiwán y colgarlo en esta página web. Los textos pueden ir acompañados de fotografías o vídeos, y serán votados por quienes visiten la web y evaluados por un grupo de expertos. La fecha límite para colgar los artículos es el 10 de febrero de 2011. Serán seleccionados 50 finalistas. Los resultados se darán a conocer el 21 de febrero.

Durante muchos años al grito de “¡Que vienen los chinos!” Occidente se asustaba y recordaba aquello del “peligro amarillo” que a finales del siglo XIX pusieron de moda los conservadores de Estados Unidos para alertar contra la inmigración de chinos, y ya en el siglo XX se utilizaba en todo el mundo contra el expansionismo japonés. Hoy “¡Qué vienen los chinos!” es una jaculatoria desiderativa. Agencias de viajes, líneas aéreas, hoteles, vendedores de souvenirs y comerciantes en general están deseando oirla y que los chinos vengan.
Ya lo hacen, pero parece que lo van a hacer en mayor número. “Bienvenido Mr. Li”, “El rey mago de Oriente” y otros títulos similares ha empleado la prensa nacional para tratar la visita del viceprimer ministro chino, Li Keqiang, a nuestro país. Durante dos días hemos sido la envidia de muchos países a los que les gustaría que estos magos de Oriente también les visitasen.
En dos jornadas de apretadísima agenda, este alto mandatario chino, que parece que será el próximo primer ministro de la segunda potencia mundial (poco antes de que pase a ser la primera), ha dejado bien claro dos cosas: que China apuesta por España en un momento en el que los mercados financieros miran a nuestro país con recelo, y que Pekín está dispuesto a incrementar el comercio con nosotros. Para ello ha firmado 16 acuerdos comerciales por valor de 5.650 millones de euros, y ha manifestado que está dispuesto a comprar bonos de la deuda española por otros 6.000 millones de euros. Mejor regalo de Reyes, imposible.
Pero la delegación china también ha manifestado a ABC por boca de Gao Hucheng, viceministro de Comercio, que para ayudar al equilibrio de la balanza comercial es muy importante que se incremente la llegada de turistas chinos a España. Por parte española se espera que los 90.000 turistas chinos que nos visitaron en 2009 pasen a ser un millón en 2020. Dicen las crónicas que Li Kekiang en su reunión con la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, añadió al respecto: “¿Y por qué no dos millones?” . Será por chinos.
Según todas las previsiones, para 2020, China será la primera economía mundial, el primer destino y el primer emisor turístico del planeta. En este contexto no sería impensable que se hiciese realidad el comentario mitad jocoso, mitad premonitorio del viceprimer ministro. Para ello, España está dispuesta a defender ante la Unión Europea la agilización en la concesión de visados comunitarios a los ciudadanos chinos, a ampliar los vuelos directos y a adaptar nuestras ofertas a las demandas chinas. Según nos ha manifestado el embajador de China, Zhu Bangzao, buena parte de la culpa del desequilibrio en la balanza comercial desfavorable a España reside en que nuestra oferta muchas veces no coincide con la demanda china. De momento se va a realizar una gran campaña en toda China para que los consumidores de ese gigantesco país de 1.300 millones de habitantes se familiaricen con el jamón, el vino y el aceite españoles. Que luego vengan ellos a raudales a nuestro país en busca -entre otras cosas- de esas delicias será mucho más fácil. ¡Que se preparen los mesones!
FOTO: Pilar Arcos

Bajo un gran forillo que representaba el Palacio del Potala, emblema universal del Tíbet, el Conjunto de Cantos y Danzas de esa Región Autónoma inauguró en el Teatro de Madrid la “Semana de la Cultura Tibetana de China 2010”, auspiciada por la Oficina de Información del Consejo de Estado de China, el Gobierno Popular de la Región Autónoma del Tíbet y la Embajada China en España. Presentación que se repetirá en Valencia donde la “semana” se prolongará hasta el 25 de noviembre. Fundado en 1958, este grupo de bailarines y cantantes de primera línea está compuesto por unos 180 artistas de los cuales una treintena se ha desplazado hasta España. Folclore de colores chillones y música extraña al oído occidental. El público madrileño agradeció alguna interpretación hispana, como “La Paloma”, habanera de Sebastián Iradier, que sonó muy familiar en la flauta del solista Tseten. Folclore pastoril y acrobático, modernizado, poco fiel a la tradición pero que sirve perfectamente para introducirnos en un mundo cada día menos lejano y misterioso gracias al creciente turismo internacional. Durante los tres primeros trimestres del 2010, llegaron al Tíbet 5,8 millones de viajeros, según la agencia Xinhua (Nueva China), lo que supone un incremento de un 24,5 % con respecto al año anterior. Esto se debe tanto a la política de promoción del Tíbet como a la primera línea ferroviaria inaugurada en 2006 y al buen funcionamiento de los cinco aeropuertos de la región: Lhasa, Nyingchi, Qamdo, Ngari y Xigaze. En plena crisis internacional, China espera que el número de turistas que visitan el Tíbet alcance los 6,5 millones al acabar el año. Para completar esta introducción a la cultura del “Techo del Mundo”, se ha programado también la exposición fotográfica “Paisajes de la Tierra Nevada” en el Círculo de Lectores de Madrid (Calle O´Donnell, 19), en la que se exhiben más de 80 obras de conocidos fotógrafos chinos y extranjeros y más de 30 “tankas”, pinturas tradicionales budistas realizadas sobre rollos de tela. Asimismo, un grupo de tibetólogos se reunió con chinos residentes en Madrid en la Asociación de Chinos de Ultramar. Phurbu Tsering, vicepresidente del Instituto de Administración de la Región Autónoma del Tíbet y presidente de la delegación, habló de la modernización del Tíbet. Agradeció esta intervención Ye Yulan, presidenta de la Asociación de Chinos de Ultramar de España, quien señaló que gracias a actos como este “podremos explicar mejor lo que es el Tíbet a nuestros amigos extranjeros”. El día 16 tuvo lugar en la Facultad de Medicina de la Universidad Europea de Madrid una conferencia en la que se explicaron las teorías básicas de la medicina tibetana, para algunos tan diferente de la tradicional china como de la occidental. En la presentación de la semana, el viceministro de la Oficina de Información del Consejo de Estado de China, Dong Yunhu, señaló que “las gentes de esa tierra (Tíbet) son grandes amantes de la vida, y han creado una cultura que supone una de las perlas de la nación china". Por su parte, el presidente de la Asociación de Amigos de China, Jesús Osuna Sanz, dijo que los españoles tendríamos que ver al Tíbet “con cariño”, ya que fue un español, el viajero y escritor navarro Benjamín de Tudela (1130-1173), quien habló por primera vez del Tíbet en Europa. El embajador de China en España, Zhu Bangzao, indicó que las actividades de esta semana “desvelarán la belleza de esta joya de la civilización china y facilitará el conocimiento de esta región en España”. La Semana de la Cultura Tibetana, fundada en 2001, tiene como objetivo mostrar al mundo un panorama del Tíbet por medio de eventos artísticos y culturales. Hasta la fecha se ha realizado en Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Bélgica, Tailandia, Italia, Dinamarca, Austria, Rusia y Hong Kong.

La arqueología china está doblemente de enhorabuena en España. El equipo que descubrió los guerreros de terracota de Xian recibió el pasado 22 de octubre el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por dar a conocer una de las fuentes más ricas de información sobre la civilización china. Ahora, el Premio Casa Asia 2010, en su séptima edición, ha sido concedido ex aequo al proyecto Internacional de Dunhuang (China) y al senador filipino Eduardo J. Angara. En concreto, el proyecto de Dunhuang ha sido premiado por "su ingente labor en la recuperación, conservación y exposición de información e imágenes de los manuscritos, pinturas y textiles hallados en la ciudad china de Dunhuang y de la Ruta de la Seda, por medio de internet y del fomento de programas educativos y de investigación". El Proyecto Internacional de Dunhuang, creado en 1994, es un plan multidisciplinar para investigar, catalogar, y conservar los manuscritos y materiales hallados en la ciudad china de Dunhuang, una fuente frágil pero muy rica de información sobre la religión, el comercio, la cultura y la vida social en la Ruta de la Seda. Pero lo que quizás haga al IDP merecedor de este premio sea el haber creado una gran base de datos digitalizada y de acceso libre on-line con información e imágenes sobre decenas de miles de pinturas, cerámicas, textiles, manuscritos y mapas históricos, a disposición de investigadores, académicos y usuarios en general. El proyecto, dirigido por Susan Whitfield, cuenta con fondos externos y su sede está en la Biblioteca Británica, aunque cuenta con la colaboración de otros centros documentales en China, Japón, Rusia y Alemania. Atractivo turístico de primer orden, en las afueras de Dunhuang, ciudad de la provincia suroccidental de Gansu, se alza la montaña de Minsha. En su ladera terrosa y casi vertical se encuentran las célebres Grutas budistas de Mogao. Unas 500 cavidades excavadas entre los siglos IV y XIV a lo largo de dos kilómetros y dispuestas en 5 hileras. La más impresionante de todas es sin duda la cueva número 96. Desde el exterior parece una gran pagoda, ya que a la pared de la montaña se le ha adosado una construcción de madera con tejados curvos de nueve pisos. En el interior conserva una escultura de Buda de 35 metros de altura. Las conocidas entre los turistas como las "Cuevas de los Mil Budas" fueron descubiertas en 1900 cuando se encontraban prácticamente enterradas por la arena del desierto del Gobi. Escondían el mayor conjunto de obras de arte budistas del mundo y el que ha llegado hasta nuestro días en mejor estado de conservación. Destacan unos 10.000 escritos que suponen el archivo de papel más antiguo y grande del mundo entre los que se encuentra el libro impreso más antiguo, el Sutra del Diamante, cuyo origen data del año 868. La mayoría de estos documentos están en chino, aunque también los hay en tibetano, uigur y otros idiomas centroasiáticos. Desde 1987, las cuevas de Mogao están reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Situada en el noroeste de la región autónoma Zhuang de la provincia de Guangxi, Guilin, la principal de las localidades bañadas por el incomparable río Li, ronda actualmente el millón de habitantes. En España –y seguramente en el resto de Europa- no dudaríamos en catalogarla como un gran núcleo urbano. Pero estamos en China y aquí es otro el rasero. “Sí, para nosotros es una población pequeña”, nos confirma el Sr. Zhang, guía e intérprete local de la China Internacional Travel. “Guilin”, añade, “no es ni mucho menos como Harbin”.
Y es que el Sr. Zhang, alias Cristóbal –versión españolizada de su intraducible nombre asiático-, como nos ha autorizado a llamarle, es oriundo de Harbin, activa metrópoli que sobrepasa los seis millones de almas, allá en la lejana Manchuria. “La población de mi ciudad es precisamente la cifra estándar de las grandes capitales de China; tengan en cuenta que somos un país con 1.300 millones de personas”, concluye. Y uno, imbuido por el tópico de una Manchuria fría y desértica por donde cabalgaban las hordas de Gengis Khan, experimenta serias dificultades para poner imagen a esta Harbin desmesurada, moderna y hormigueante que se empeña en pintarnos.
Pero hablábamos de la “pequeña” Guilin y de su grande –grandioso sería el término apropiado- reclamo turístico: el Lijiang (río Li). Otrora capital de la provincia de Guangxi –en 1914 la ciudad de Nanning le arrebató tal condición-, Guilin tiene 2.110 años de historia y una naturaleza peculiar constituida por verdes colinas jorobadas, ríos y lagos de aguas claras, enormes cuevas calcáreas y bellísimos roquedales. Con semejante patrimonio natural y cultural no resulta tan extraño que en 1981 el gobierno de Pekín la pusiera, mediante decreto, bajo protección especial, nada menos que junto a tres de las “grandes”: Pekín, Hangzhou y Suzhou En China lo resumen con un proverbio: “Las colinas y los ríos de Guilin son los mejores bajo el cielo”. Y, ciertamente, no es ninguna hipérbole. En su mismo centro, el Pico Duxiu (Belleza Única), conocido como “el Pilar nº 1 del sur de China”, se erige en inestimable atalaya, tiesa y campaniforme cual lomo de dragón petrificado. Y en la confluencia de los ríos Li y Taohua, la colina de Xiangbi (Trompa de Elefante) –cuyas calizas forman una espaciosa bóveda sobre las aguas que puede asemejarse, en efecto, a uno de tales proboscídeos sorbiéndolas con su apéndice nasal- es el símbolo de Guilin. Pero a donde apunta en este caso el citado proverbio es a una atracción que no es añadida, sino sustancial y de cuento de hadas. Porque entre Guilin y Yangshuo, el río Li culebrea por un paisaje kárstico sin igual, un caos de domos calizos desiguales y con aspecto antediluviano, verdadero prodigio de la naturaleza, a no dudar uno de los lugares más hechiceros de cuantos existen en el mundo. “Cien millas del Lijiang, cien millas de galería de arte”, insiste otro refrán. Y es que este paraje excepcional ha inspirado, antaño y hogaño, a bardos, vates y pintores. Han Yu, el gran poeta de los tiempos de la dinastía Tang, escribió acerca del Lijiang: "El río serpentea como una cinta de seda azul, mientras las colinas, erectas como horquillas de verde jade, se complacen en su abrazo”.
Debido a su apabullante belleza escénica el Lijiang va camino de convertirse en un destino estelar del turismo mundial. Así que, ante todo, un consejo: se debe visitar cuanto antes. La recomendación va especialmente dirigida a quienes gusten de viajar por países a los que la industria turística aún no ha conseguido atiborrar de lugares comunes, platos o danzas típicas y demás estigmas de la masificación a granel. Actualmente, los barcos que en tres o cuatro horas recorren los 62 kilómetros entre Guilin y Yangshuo comienzan a perseguirse unos a otros por las aguas corriente abajo. Con todo, el impacto humano todavía es moderado y no merma en el ambiente ese encanto, por completo insustituible, de lo virginal. Pero ¿por cuánto tiempo más?
La colina de los Cinco Dedos, la de la Serpiente Fluvial, el pico del Verde Loto, la roca de la Mujer Anhelante (de que su esposo retorne), la restinga del Manto Amarillo, el farallón de los Nueve Caballos… Las curiosidades y las sorpresas se suceden sin interrupción en este desfile de rutilantes senos de la madre tierra, original laberinto de súbitas verticalidades lujuriantes de verdor.
Y de este modo arribamos a Yangshuo, final del trayecto. En esta última década, la afluencia anual –en aumento- de visitantes ha mutado la tradicional y milenaria fisonomía agrícola de esta villa (sus arrozales, amén de sus peculiaridades orográficas, aparecen en los billetes de 20 yuanes) por la moderna y actual de un mercadillo al aire libre. Lo cual ha generado una insólita amalgama cultural, de la que Cristóbal nos da una pincelada: “Nosotros decimos ahora que Yangshuo es una aldea global, porque aquí los chinos hablan otros idiomas y los extranjeros hablan el chino”.
Pues para nosotros Yangshuo es parada… y compras (que no fonda). En su cada día más famosa calle Xijie –mil metros de longitud por ocho de anchura- los estilos oriental y occidental se reparten por igual entre sus edificios, bares, posadas, cafeterías y tiendas diversas. Otro tanto podemos afirmar de los artículos en venta: los puestos que exhiben preciosos juegos de té, figurillas de buda y fulares de seda alternan con los que ofrecen mochilas y prendas alpinas de Goretex o relojes de imitación de marcas caras a precios irrisorios.
Entretanto, los viejos pescadores locales, sombrero cónico de juncos trenzados en la cabeza y percha de bambú sobre los hombros, se pasean ociosos por el muelle. Llevan sus cormoranes, que durante años adiestraron en la captura de presas en el río, posados en sendos extremos de la percha. Ambos, hombres y aves, desempeñan hoy otro oficio menos laborioso y más lucrativo: dejarse fotografiar por los visitantes a cambio de algunos yuanes. A veces éstos les solicitan la percha –con los cormoranes, por supuesto- para ejercer de estrafalarios protagonistas de la instantánea de turno. Y uno, si está atento, sorprende el gesto digno de los ancianos marineros al cedérsela con resignación no exenta de la beatífica sonrisa oriental.
He llegado a esta ciudad en barco. Al avistar tierra, primero parecía que me acercaba a una isla dominada por un gran volcán, pero no. Luego vi una fortaleza china que parecía sacada de una película de Zhang Yimou, tampoco. Inmediatamente me encontré ante el Coliseo romano, pero no era Roma; ante la Esfinge, pero no era El Cairo; y en lo que parecía un canal de Amsterdam con sus casas torcidas de inconfundibles fachadas, pero no, no estaba en Amsterdam porque enseguida llegué a Bourbon Street, con sus clubs de jazz, pero tampoco era Nueva Orleans.
Un poco aturdido he recalado por fin en lo que sin duda tiene que ser Venecia. Ved la foto: el canal, la góndola, los gondolieri, el puente, las ventanas ojivales góticas... todo lo delata... pero tampoco. Se trata de Macao, a sólo 65 km. de Hong Kong, antiguo enclave portugués en Extremo Oriente que en 1999 volvió a la soberanía china como Región Administrativa Especial dotada de una gran autonomía.
Desde la liberalización del juego de azar en 2003 (antes era un monopolio de la STDM, Sociedade de Turismo e Diversões de Macau) los casinos han proliferado como hongos hasta alcanzar la cifra, en absoluto definitiva, de 33. Y prácticamente cada uno de ellos va asociado a un hotel y a un centro lúdico, una especie de parque temático, la mayoría reproduciendo una ciudad de cualquier parte del mundo. Me encuentro, claro está, en el Venetian Macao Resort, Hotel & Casino, el casino más grande del mundo, copiado punto por punto del Venetian Las Vegas, y éste a su vez de la ciudad italiana de los canales.
El edifico es colosal, aunque solo tenga tres plantas, pero ocupa un total de 64.000 metros cuadrados (en lo que cabrían aparcados 90 jumbos Boeing 747) con 3.000 suites, 30 restaurantes, 350 tiendas de las mejores marcas mundiales, un centro de convenciones de 110.000 metros cuadrados, un estadio para 15.000 personas y un modernísimo teatro, dotado de los últimos adelantos en movimiento de escenarios, en el que ahora mismo el Cirque du Soleil representa a diario su espectáculo «Zaia».
El casino, el auténtico leitmotiv de todo este tinglado, tiene 870 mesas de juego y 3.500 máquinas tragaperras que no dan abasto. Macao parece no sufrir la crisis internacional. Aquí me dicen que es gracias a una abundante liquidez y a la facilidad crediticia de que disponen los jugadores, la inmensa mayoría procedentes de Hong Kong y otros lugares de China, donde el juego aún está prohibido. Así, el pasado mes de mayo los casinos de Macao registraron unas ganancias record de 17.000 millones de patacas (unos 1.700 millones de euros), cifra que dobla a la del mismo mes de 2009. Desde hace 4 años Macao ha superado a Las Vegas como mayor ciudad de juego del mundo. Aquí estoy tomándome un capuccino macchiato junto al Campanile en plena plaza de San Marcos macaense mientras alguien canta «O sole mio» con acento australiano bajo un cielo azul con escasas nubes, que es en realidad un techo pintado (estamos en un inmenso sótano) un auténtico trampantojo (trompe l'oeil) veneciano que como se descuiden los vénetos superará cualquier día en atracción turística a la citta dell'amore.
Foto: Pilar Arcos.
China no deja de sorprenderme ni un momento. Vuelvo por enésima vez al “Nido” de Pekín, el Estadio Nacional visto y revisto, y me encuentro con Juan Antonio Samaranch, en figura de cera, eso sí. Este complejo deportivo que debe su apodo a la forma de las vigas de acero que se entrelazan en su exterior, es conocido aquí como “El Orgullo de China”. Fue Premio a la Creatividad otorgado en 2007 por el Museo del Diseño de Londres, y sirvió en 2008 para las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos, además de albergar las pruebas de atletismo y la final de fútbol. Con capacidad para 91.000 espectadores, después de los JJOO ha seguido generando beneficios, unos 370 millones de yuanes (37 millones de euros), según cifras oficiales. Ha sido el escenario de la Super Copa Italiana, y de grandes espectáculos como la ópera Turandot. Hoy es el principal atractivo para el ingente turismo interior chino, desbancando del número uno a la Ciudad Prohibida. Ésta recibe diariamente una media de 50.000 visitantes, mientras que al Nido acuden unos 80.000, que sólo por la entrada al recinto (50 yuanes -5 €- por persona) se dejan 4 millones de yuanes (400.000 €). En los bajos de los graderíos “C” me encuentro con una gran sala que parece no haberse acabado de montar todavía. Es un museo olímpico con los objetos más diversos relacionados con los Juegos. Entre todos destacan las figuras en cera a tamaño natural del los diferentes presidentes del Comité Olímpico Internacional (COI) presididos por la de Juan Antonio Samaranch.
Desde que murió el pasado 21 de abril, la réplica del que fuera presidente de honor del COI ha visto triplicada la afluencia de visitantes. Conocida la secular costumbre de los chinos de reverenciar a dirigentes, militares y literatos casi como si se tratase de divinidades, incluso levantando en su honor capillas y templos, no extraña que por delante de la figura en cera de Samaranch, sentado en un trono dorado y rojo de emperador, pasen hoy casi más fieles que los que, unos kilómetros más allá, en la Plaza de Tiananmen lo hacen ante el cuerpo embalsamado de Mao Zedong. Y que los de aquí paguen gustosamente 10 yuanes al fotógrafo local por una instantánea junto al “Abuelo Sa”. Y es que “Samalanchi”, como también le llaman, es un gran personaje. En 2009, la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Exterior y la Administración Nacional de Expertos Extranjeros lo eligió como tercer extranjero en toda la historia con una mayor contribución desinteresada al pueblo chino. Aquí no olvidan que fue una pieza clave para la admisión de China en el COI en 1979 y para la concesión de los JJOO de 2008. “Los chinos son gente que goza de una gran memoria -escribió Samaranch en La Vanguardia en 2008- y que saben mostrar su profundo sentido de la lealtad hacia las personas que en los momentos difíciles han sabido estar a su lado”.
Foto: Pilar Arcos.
"Un balcón en Pekín" es el título que el corresponsal de "Le Monde" puso a su revelador libro sobre los entresijos del poder chino en los años 70-80. Un balcón en Pekín es lo que utilizaron al menos tres fotógrafos (los estadounidenses Jeff Widener (Associated Press) y Charlie Cole (Newsweek), y el británico Stuart Franklin (Magnum-Time), el 5 de junio de 1989 para captar las imágenes de un hombre enfrentándose a los tanques de Tienanmen que dieron la vuelta al mundo. “Ese tonto me va a fastidiar la foto”, confiesa Widener que pensó al apretar el disparador. Y un balcón en Pekín es lo que tengo hoy ante mis ojos. Probablemente el mismo balcón del Hotel Pekín, desde el que veo los constantes atascos de la avenida de Chang An.
La nube volcánica que trae de cabeza a media humanidad nos ha dejado tirados a un buen número de europeos en la capital china, de ellos muchos españoles. Muchos más de ese centenar que acaba de ir en peregrinación a la Embajada Española pidiendo que se flete un avión especial para volver a la patria, que es sede nada menos que de la Presidencia de Europa. Como si hubiera estallado una guerra o pasado un tsunami. ¿Dónde está la Armada? ¿Va a ser menos que la británica?
Ahora hay muy pocas salidas y todas van por el sur, muy lejos de Bruselas. Lo único que nos queda (y no es poco) es disfrutar de esta ciudad sorprendente como ninguna. De esta incipiente primavera que hace estallar a los magnolios en flor. De este sol que intenta abrirse paso entre la niebla y la contaminación. De Tienanmen, del Templo del Cielo, del Palacio de Verano, del Monasterio Lamaísta, de la Gran Muralla… Hasta de Wangfujing, la “calle Preciados” pequinesa, y del Mercado de la Seda, donde se oye hablar más español que en ningún otro rincón de la ciudad, y donde los artículos auténticos descontrolados juegan a hacerse pasar por falsificaciones.
Salgo al balcón con la cámara fotográfica. Retrato la avenida de Chang An. “Esos coches me van a estropear la foto”, pienso. Cuando la paso al ordenador compruebo que el encuadre es el mismo, pero con evidentes diferencias… a mejor.