
Un posible paseo por las playas de Formentera comienza en la península de Es Trucadors, una larga lengua de arena que se estrecha de sur a norte. En su cara este se halla la playa de Levante; al oeste, hacia el sur, la de Es Cavall d’en Borrás y, a continuación, Illetes. Ésta es la más visitada por los turistas, por su blanca y fina arena, por sus aguas de color turquesa. Estos arenales están dentro del Parque Natural de Ses Salines d’Eivissa i Formentera. Por ello, para visitarlas con vehículo a motor (motocicleta o coche) se tiene que abonar una tasa (dos y cuatro euros, respectivamente. Migjorn es el otro gran arenal de la isla, cinco kilómetros de playa en el sur. Allí no es difícil encontrar rincones solitarios donde poder disfrutar del sol y el baño. De hecho, esta es una de las playas frecuentadas por los habitantes de la isla y numerosas familias. A continuación de Migjorn, protegida por una zona rocosa y escarpada, aguarda uno de los rincones más cautivadores, Cala des Mort (en la foto). En la agenda también hay que anotar Cala Saona, un rincón muy familiar, de aguas poco profundas, o la zona litoral de Tramuntana, un tipo de costa rocosa baja que se puede recorrer, siempre con el calzado adecuado, en busca de pequeñas calas de arena. Las viviendas-suite del Es Ram son, quizá, la oferta más diferente, “hippy deluxe”, y también cara de la isla. Casas reconvertidas en hotel de lujo, en un pinar que desciende hacia el mar, al sur de La Mola. Otra opción exquisita es el hotel-boutique Gecko Beach Club.
@jfalonso @abviajar