
Como todas las mañanas bajo a la playa y a la sombra de palapas y cocoteros leo la prensa. Es la actividad más arriesgada que me permito. Hoy veo en el periódico local L'Express que Isla Mauricio, este paraíso del turismo de sol y playa pero sobre todo del turista que busca tranquilidad y mar, acogió en 2010 a 935.000 turistas, un 7,3% más que en el año anterior, una cifra record en toda su historia. Y que durante este año ha vuelto a experimentar un aumento, esta vez del 4,3% a pesar de la crisis económica que azota a Europa y siendo el europeo el principal mercado turístico de esta isla. Mauricio parece desconocer la crisis y espera recibir en 2011 a 980.000 turistas para rebasar en 2012 la paradigmática cifra del millón. En la playa de Flic en Flac, donde me encuentro y como en el resto del país, la lengua que más se oye partout es el francés, no solo porque sea oficial sino porque la inmensa mayoría de los turistas (unos 300.000) son franceses. Esta facilidad para la comunicación es posiblemente uno de los principales alicientes para los viajeros galos, unido a la falta de jet lag, pues a Mauricio y Europa sólo les separan en invierno tres horas más aquí que allí. Aspecto este último del que nos beneficiamos también los turistas españoles, unos 15.000 al año. El mercado europeo representa en Mauricio el 62% del total. Pero el mercado asiático, como en todo el mundo, está experimentando un fuerte crecimiento, concretamente del 21,5%, lo que ha hecho que ya sean 66.950 los turistas asiáticos, de los que el 92% son chinos. A Isla Mauricio tampoco le afecta la crisis del ladrillo. A la lista de los 115 hoteles registrados oficialmente, con una capacidad de 24.018 camas, acaba de añadirse este mismo año el hotel Long Beach, uno de los mejores de la isla, propiedad de Sun Resorts, uno de los grupos hoteleros más importantes del Océano Índico. El Long Beach ha sido inmediatamente incluido en la lista de los Cien Mejores Hoteles del Mundo confeccionada por el Sunday Times Magazine. Para colmo, la ocupación media no baja del 63%. Apuro mi zumo de papaya (excelente para el estómago, oiga) y declino una vez más la invitación de mi amigo Jacques para montar en su caballo. Ya lo he dicho, la máxima aventura que me permito es leer periódicos. Locales, eso sí.
Foto: Playa de Flic en Flac en Isla Mauricio (Foto: Pilar Arcos)