«Raga literalmente significa "color" o "estado de ánimo" y dentro de la música clásica del subcontinente indio, son esquemas melódicos de improvisación, basados en una colección dada de notas (generalmente de cinco a siete) y unos patrones rítmicos característicos. A pesar de ello, un raga no es una escala, ni una tonada, ni tampoco una melodía o un modo.
Tradicionalmente, cada raga expresa un sentimiento (amor, paz, heroísmo,...) y está asociado a una parte del día (mañana, mediodía, noche) o del año (monzón, invierno...), ya que esta música guarda una íntima conexión con su entorno. Al ser en su mayor parte improvisación, cada vez que se interpretan se trasforman y, así, un raga puede ser interpretado más de una vez, pero no será nunca el mismo.»
Hasta aquí el programa distribuido por Casa Asia para la presentación en su sede madrileña de la cantante y musicóloga Shaswati Nag, uno de esos actos minoritarios sin apenas propaganda que abundan en las reseñas culturales. De la treintena de personas que nos presentamos en el Auditorio Tagore de la Carrera de San Jerónimo, imagino que muy pocos sabían algo de esta colosal intérprete. Quizás la excepción era Teresa Gutiérrez del Álamo, directora de Programas del Centro, que hizo la introducción. Sin embargo la salva de aplausos que cerró el recital, y que sonaba como si viniera de muchos más espectadores, dejó bien claro que Shaswati Nag había triunfado entre nosotros y que durante poco más de una hora nos había traído la India a un paso de la Puerta del Sol.
Si no me equivoco, Shaswati Nag, tiene 26 años y es conocida popularmente en su país como "Nipa Nag". Desde muy pequeña se interesó por la música y a los 5 años grabó su primera canción. Aunque le gustaba especialmente la danza, problemas de salud le aconsejaron olvidarla y dedicarse de lleno al canto. En 2001 consiguió entrar en la prestigiosa institución musical Lalit Kala Kendra de la Universidad de Pune, en el Estado de Maharashtra. Allí estudió con el Guru Pt. Rajendra Kandalgaokar, un renombrado maestro de la escuela de canto clásico llamada Kirana, y se graduó con el número uno de su curso.
Turismo y redes sociales, viajes e internet. El año pasado Navarra pergeñó una campaña excelente con imágenes colgadas por los usuarios de Flickr. La llamaron "Maneras de vivir", y ahí siguen con ella, igual de fresca, con fotografías tomadas por turistas anónimos. En esta edición de Fitur ha sido Turespaña la que ha mirado a internet. Esta mañana han presentado la campaña "Spain, a country to share", que se resume en una idea: son los usuarios de las redes sociales los que "venden" España con sus comentarios en Facebook, sus vídeos en YouTube, sus apuntes en Twitter. Los responsables de la idea han comentado entusiasmados que la página de Facebook ya suma 4.000 fans en menos de un mes, lo que da idea del potencial de distribución de pistas y sentimientos de este canal, para que cada viajero encuentre un hilo del que tirar, una playa especial, un restaurante que no hay que perderse, una puesta de sol... Las campañas de Turespaña en el extranjero siempre han tenido fama por su calidad e impacto, por su estilo para sumar la imagen general de España con las locales de cada región o ciudad. Que esta vez hayan apostado por zambullirse en las venas de internet para hacer llegar su mensaje es pues, además de una noticia, una tendencia... Veremos otros ejemplos en próximos meses.
Facebook de ABC VIAJAR.
El viaje ha sido largo, pero intenso y fructífero. Treinta años, treinta ediciones, han servido para convertir una modesta reunión de profesionales del turismo en una cita imprescindible de la idustria de todo el mundo. En 1981 participaron en FITUR 1.500 empresas de 37 nacionalidades. Este año, en plena crisis, se cuentan más de 12.000 empresas y 170 países. Durante cinco días de enero —esta vez, una semana antes de lo que era norma—, hasta el domingo, los pabellones de Ifema son un escaparate lleno de tentaciones. Pequeñas y grandes ideas para disfrutar.
El año que empieza (en el calendario y en FITUR) está lleno de propuestas ligadas al «momento oportuno». Es la ocasión de poner pies en el Camino de Santigo, porque no habrá otro Xacobeo hasta 2021. Es la hora de colocar la brújula en Suráfrica, porque España está ante una oportunidad única de ganar un mundial, y porque safari y fútbol se antoja una combinación difícilmente mejorable. Y, para las escapadas cortas, qué mejor que Estambul, una de las capitales culturales europea de 2010. O, más cerca, Caravaca de la Cruz. Y, si por el contrario prefiere las expediciones largas, es también el año de los países iberoamericanos, como México o Colombia, que celebran el Bicentenario de su independencia.
En estos días se multiplican los estudios/análisis sobre el comportamiento de los viajeros. ¿Con qué destinos soñamos? O mejor aún, ¿a cuáles de ellos podemos ir? He aquí algunas tendencias en las que hay más consenso: más vacaciones en España, el Medio Oriente y el Este de Europa ganan adeptos, cada vez hay más viajes donde se unen ocio y negocio, más internet para vender y también como valor añadido para los clientes de los hoteles, más influencia de los foros de opinión tipo TripAdvisor, más cruceros, más pequeños caprichos (spas, restaurantes...) para suplir el descenso de los desplazamientos largos...
En FITUR, desde mañana y hasta el domingo, podemos encontrar propuestas para cualquier sueño y, con los pies en el suelo, para cualquier bolsillo. Desde aquellas destinadas a los cinéfilos, como la exposición de Tim Burton en el Moma de Nueva York, a las pensadas para aficionados al deporte, al mar (en febrero) o a la Fórmula 1 (a final de junio), por citar dos de las apuestas de la Comunidad valenciana. En los pabellones de Ifema, basta mirar para dejarse guiar por las primeras impresiones o por una suma interminable de argumentos.
FITUR 2010 incorpora las propuestas de Uganda, Ghana, Belice, Kuwait y Abu Dhabi, y, a tono con la «moda verde», abordará el debate sobre la sostenibilidad en el entorno hotelero con el monográfico «Fitur Green». Se pretende una mirada más detenida a África, en el foro INVESTOUR, y una mayor conexión con las nuevas tecnologías (vídeos y relación con los usuarios en Facebook y YouTube. FITUR, a los treinta, vuelve a lanzar su anzuelo sobre los viajeros. Allí nos vemos todos.
En Puerto Baquerizo Moreno está terminantemente prohibido llevar perros sueltos. No es un capricho del regidor de turno sino una necesidad imperiosa. En esta relativamente pequeña población de menos de 6.000 habitantes, capital de la provincia (archipiélago) de Galápagos, Ecuador, los animales salvajes (mejor sería decir los no domésticos) campan por su respetos, libremente, pacíficamente. Pájaros, cangrejos, iguanas y especialmente los lobos marinos, que superan fácilmente los 200 kilos, se mueven a sus anchas entre el puerto y las casas en primera línea de playa. Los lobos no se meten con nadie, pero tampoco dejan que se metan con ellos. Es raro que ataquen, pero si se acerca uno demasiado a su espacio vital (calculo que a un metro más o menos) lanzan un rugido, que no un aullido a pesar de su nombre, de advertencia. Estoy sentado en un banco del paseo marítimo, la Avenida Charles Darwin, junto a una especie de templete de la música con balaustres de madera. El paseo es ancho y totalmente enlosado. Por la acera deambulan peatones como si nada. A pocos metros pasa la calzada recientemente asfaltada y por ella, de vez en cuando, algunos coches. Paisaje urbano ciento por ciento. Pero en una estrecha franja de tierra sembrada con plantas rastreras que rodea el templete duerme plácidamente boca arriba un león marino que ha ido hasta allí porque le ha dado la gana. Cuando llegué al banco, hace unos minutos, no reparé en un su presencia, pero de repente oí un gruñido parecido al que hace mi perro Chang cuando no quiere ser molestado. Evidentemente yo había traspasado los límites admisibles para un otárido. Un paso atrás... y todo resuelto. Dos no pelean si los dos no quieren. El lobito resopla y vuelve a cerrar los ojos, y yo puedo sentarme tranquilamente a leer el diario del viaje que hizo aquí Darwin en 1835. De las islas Galápagos se ha dicho casi de todo y yo había leído algo de ello. Aún sabiéndolo, lo que más me ha impresionado es esta fauna amable que nos rodea, su "extraordinaria mansedumbre" que la hace aparecer como domesticada, cuando en realidad se trata de una ausencia de miedo, y por lo tanto de agresividad. Y aunque motivos para odiarnos no le faltan a este "lobo de dos pelos", vulgarmente conocido como foca peletera, al poco rato el lobo es ya mi hermano lobo, como el de Gubbio, aunque yo no sea ni de lejos el santo de Asís. Me levanto despacio y, como si fuera una liebre, abre un ojo. Ve que me voy y lo cierra. Me alejo calle arriba cuando empieza a anochecer en este paraíso y no llego a comprobar si además de rugir, gruñir y resoplar, ronca.
"Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad".
"Los motivos del lobo" de Rubén Darío
Más: Delicatessen de la Amazonía.
Panamá de Ecuador. Fotos: Pilar Arcos
Con los ojos cerrados diría que estoy saboreando una fina mousse de canela y nueces cargadita de mantequilla y con unas bolitas duras que no saben a nada en especial. Pero no nos engañemos, no es así. Estoy en Archidona, la ciudad más antigua fundada por los españoles en el oriente ecuatoriano (1560), a 180 kilómetros de Quito, en la puerta de ese «océano verde» que es la Amazonía (7 millones de km², ¡catorce Españas!) que produce el 20 por ciento del oxígeno de la Tierra. Cuando le conté a mi guía, Mateo Ponce, que nuestra Archidona primigenia, la de Málaga, es famosa por sus porras y su cipote me respondió jacarandoso que no sabía si ésta de Ecuador tenía falos tan eminentes, pero que en materia gastronómica era bastante singular y que si quería lo podía comprobar. Dicho y hecho. Paró el todoterreno a la izquierda de la carretera E45, que atraviesa la población en dirección a Tena, junto a unas barracas de madera que hacen las funciones de pequeñas tabernas. En el exterior, unas parrillas sobre las cuales se encuentran unos paquetitos hechos con hojas y atados con hebras. En un cartel escrito a mano se ofrece «Hoy caldo de pollo criollo, maito de pollo y chontacuro» «Si quieres algo auténticamente de monte —me sugiere Mateo— prueba los chontacuros». Por un dólar, la patrona que lleva una niña a la espalda, me da uno de esos envoltorios. Al abrirlo me encuentro con tres gusanos bien hermosos cocinados a fuego lento. Son los chontacuros, del quechua «chonta» palmera y «kuru» gusano. Una larva comestible de un escarabajo. Su aspecto es el de un gusano de seda gordo (llega a medir 7 cm. de largo) que tras ser cocinado al vapor en su propio jugo se vuelve amarillento, con la textura y el sabor de la mantequilla y un retrogusto (¿o se dice postgusto?) a canela, nuez y otros frutos secos. Pura proteína. Las bolitas duras insípidas son las cabezas, que desecho disimuladamente. El poeta y gastrónomo Julio Pazos (Baños, 1944) ha glosado este tipo de cocina llamada de los envueltos: «tamales, humitas, chigüiles, ayacas, ayampacos, maitos y quimbolitos». Los libros de cocina ecuatoriana hablan de los patacones y los chifles (plátanos fritos, los primeros machacados), del seco (guiso) de pollo o de chivo, del cebiche (macerado en limón) de pescado y/o camarones (gambas), del chupé (caldo) de gallina o de corvina, del babaco (una fruta parecida a la papaya) en almíbar, e incluso del cuy, un conejo (de Indias) que alimenta las mesas festivas y el morbo de los melindres, pero nada dicen de los chontacuros. Y sin embargo doy fe de que, remilgos aparte, son una delicatessen propia de un restaurante con estrellas Michelin. Los indios alaban sus supuestas cualidades curativas (aparato digestivo, bronquios, articulaciones, circulación sanguínea...) y algún capitalino perspicaz se los ha llevado a Quito para comercializarlos en aceites milagrosos. A mí, simplemente me gusta su sabor. Cuando volvamos de la selva le pediré a Mateo que vuelva a parar aquí para saborear otra vez un maito de chontacuros. Acompañados de una cerveza Pilsener todavía estarían mejor.
Más: Panamá es de Ecuador.
Fotos: Pilar Arcos.