Es el barco de crucero más grande del mundo. Más largo que tres campos de fútbol y con una altitud de 65 metros por encima del nivel del mar. A bordo caben más de 8.000 personas. Pero por lo que destaca es por divertido. Se llama Oasis of the Seas y es la nueva joya de la corona de la naviera Royal Caribbean, una de las compañías más potentes en el sector de los cruceros. Estos días realiza una de sus primeras travesías en las aguas que bañan la costa de Florida. El próximo 5 de diciembre de 2009 realizará el que será su viaje inaugural. Zarpará de Miami, a donde regresará cinco días después, tras haber recorrido exóticos y deliciosos parajes caribeños.
La vida a bordo de este coloso de la diversión, construido en unos astilleros finlandeses, en latitudes mucho más frías que las que ahora surca orgulloso, es de lo más placentera y entretenida. Más si uno piensa en lo económico del pasaje básico para embarcar. Por un precio que oscila en torno a los 700 euros, se pueden pasar cinco noches en régimen de pensión completa. En el Oasis no hay tiempo para aburrirse porque hay infinidad de actividades y una amplia oferta lúdica. Saunas y spa, espectáculos teatrales, bares abiertos todo el día, música en vivo y clubes nocturnos, tiovivos, una tirolina con la que volar por encima de la cubierta superior, una piscina enorme en la que hay olas para hacer surf... Por increíble que parezca, aquí cabe de todo.
Un día típico comienza con un desayuno opíparo en el Solarium Bistro, un lugar en el que, deleitándose con la contemplación del horizonte marino, se pone uno a tono con un buffet libre de frutas, cereales, tortitas, huevos revueltos, bacon crujiente y salchichas ahumadas, De allí, bien entonado, la mejor opción es bajarse a alguna de las piscinas y jacuzzis que salpican la cubierta de este navío. Ahí puede uno hacer tiempo y beber cuanto quiera en cualquiera de las terrazas, que las hay y muchas. Para comer la oferta también es amplia. En el Oasis hay restaurantes de todo tipo y condición. Aquí se puede degustar desde cocina japonesa hasta italiana.
En la construcción de este titán de las vacaciones participaron más de 3.000 operarios. Su inmensidad desprende un aluvión de records. Cuenta con la piscina más profunda en alta mar, la pista de jogging más larga, el único tiovivo original hecho a mano... La inversión realizada por la compañía propietaria supera los 1.400 millones de dólares, una cantidad, que, pese a la crisis económica que todavía hoy lastra la economía mundial, los responsables de Royal Caribbean confían en amortizar rápidamente. Saben que el sector de las vacaciones en cruceros es de los pocos que sortea con con bien los vientos de la difícil coyuntura económica. El número de cruceristas no para de crecer. Viajando y disfrutando en el Oasis of the Seas, no extraña.

Una inmesa mole de placer y diversión. Así es como se presenta el «Oasis of the Seas», el crucero más grande del mundo, que estos días navega de estreno por aguas del Atlántico. La compañía naviera Royal Caribbean, una de las más potentes del sector, lo presenta estos días a invitados y medios de comunicación, a la espera de que el próximo 5 de diciembre emprenda el que será su viaje inaugural.
Del Oasis of the Seas se pueden decir muchas cosas, pero hay una apreciación que se impone a todas las demás. Es grande, muy grande, es gigantesco. Varado en el puerto de Port Everglades, en Florida, y con sus 16 plantas de altura iluminadas, su estampa es impresionante. Parece más una luminosa factoría que un buque. Los datos corroboran la impresión visual. El Oasis tiene la longitud de tres campos de fútbol, se eleva 65 metros de altura sobre el nivel del mar y tiene capacidad para albergar a más de 6.000 huéspedes, a los que atienden 2.165 miembros de una tripulación compuesta por gentes de más de 71 países.
La mecánica que propulsa a este coloso de los mares, construido en los astilleros de STX Europe en Finlandia, la constituyen cuatro hélices transversales capaces de desplegar 7.500 caballos de potencia cada una de ellas. Con eso se consigue que las más de 225.000 toneladas de peso del nuevo buque insignia de Royal Caribbean surquen los mares a más de 22,6 nudos, o lo que es lo mismo, unos 42 kilómetros por hora.
La puesta de largo de este buque llega en medio de un panorama económico turbulento, pero los responsables de la empresa propietaria están convencidos de la viabilidad y rentabilidad de su inversión. Nada menos que 1.400 millones de dólares ha costado su nueva joya de la corona. Cuando hace cuatro años se encargó su construcción, nada hacía presagiar el marasmo en el que acabaría por sumirse la economía mundial. Sin embargo, en Royal Caribbean están tranquilos porque este sector en concreto, el de los viajes de crucero, no está sufriendo en demasía la crisis económica y porque su nuevo barco constituye, según dicen, una "oferta completamente revolucionaria". No sólo por sus dimensiones, sino por su concepto, en Royal Caribbean aseguran que el Oasis of the Seas no será su Titanic. 
El navío recorrerá una vez entre definitivamente en servicio las aguas que separan Florida de Haití en rutas de entre 5 y 8 noches. Y será bastante asequible embarcar en él y alojarse en alguno de sus 2.706 camarotes. El paquete básico, que incluye pensión completa costará en torno a unos 700 euros.
A bordo se podrá disfrutar de un concepto de crucero diferente, con infinidad de atracciones y actividades que convierten el barco en un reclamo por sí mismo, un parque de ocio en alta mar al que al confort se añade la diversión.

Coincidiendo con la reciente inauguración del vuelo directo Madrid-Dallas de American Airlines, Phillip Jones, presidente de la Oficina de Convenciones y Turismo de aquella localidad sureña, ha pasado por Madrid para promocionar su ciudad. Dallas es bastante desconocida en España. Más allá del magnicidio de Kennedy, la serie de televisión, el petróleo y los cowboys sabemos muy poco de ella. Jones, que no se encuentra cómodo con los tópicos, reconoce que el turismo «tradicional» genera todavía muchos ingresos. «El Museo del Sexto Piso -nos comenta- enclavado en el lugar desde el que Oswald disparó en 1963 contra el presidente de Estados Unidos, recibe cada año a 600.000 turistas». Y el rancho Southfork, por el que J.R. Paseaba sus fechorías, es todavía uno de los puntos turísticos más visitados de la región. Sin embargo la «Gran D» (como se conoce a Dallas) quiere olvidar ese pasado tópico con una serie de nuevos atractivos. Los turistas de todo el mundo que van a Dallas encuentran un destino con una gran variedad en compras, atracciones para toda la familia, cultura y golf. Con el primer centro comercial de Estados Unidos -Highland Park Village- la ciudad ha sido llamada con frecuencia «el lugar de nacimiento del shopping». En el Suroeste de Estados Unidos, Dallas es el lugar en donde dicen los expertos que se compra mejor. Las opciones para quemar la Visa son innumerables, algunos de los lugares favoritos son NorthPark Center –el centro comercial más grande del Norte de Texas- West Village y uno de los más famosos: Galleria Dallas, que además tiene pista de patinaje y nuevas tiendas dedicadas a los más pequeños. Jones nos asegura que muchos turistas van a Dallas buscando descuentos en marcas y moda de los mejores diseñadores y se encuentran con la sorpresa de que allí los precios son más bajos que en otras ciudades de Estados Unidos. Si a esto unimos el ventajoso cambio con el dólar (1€ = 1,5$), para Jones no hay duda de que se trata de un auténtico paraíso para las compras. «Nueva York, California y Florida son los tres principales destinos estadounidenses para los españoles -asegura- a partir de ahora Dallas se colocará en el cuarto». Más información: www.visitdallas.com
Dicen que Walt Disney se inspiró en este bosque color canela para su “Bambi”, aunque no hay ciervos por aquí. Lo cierto es que estos árboles de lento crecimiento y fina corteza dorada con manchas blancas, que lanzan sus retorcidas ramas para atrapar al visitante, remiten a un mundo más antiguo, cuando la naturaleza imponía su ley y no existían esas cómodas pasarelas construidas por el hombre. Sorprendería menos ver un dinosaurio que un cervatillo por aquí. El Parque Nacional Los Arrayanes está situado en la península de Quetrihué, en la ribera norte del lago Nahuel Huapi, y puede accederse a él en barco o a pie desde Villa La Angostura (hay un sendero de unos doce kilómetros que también puede recorrerse en bicicleta). También parten hacia allí catamaranes desde Puerto Pañuelo, junto al Llao Llao, uno de los mejores hoteles de Argentina, histórico establecimiento con aspecto de parador de montaña y asomado a un paisaje lacustre que quita el hipo; la excursión suele incluir una visita a la isla Victoria, un plácido y solitario lugar para quedarse un par de días o, directamente, vivir de la prejubilación en su maravillosa hostería asomada al acantilado.
Desde Villa La Angostura hasta San Martín de los Andes, por la bellísima Ruta de los Siete Lagos, la primavera anda revuelta y pinta de blanco el paisaje. Los 110 kilómetros del camino pueden cubrirse en hora y media, pero quién se resiste a las tentaciones que surgen después de cada curva, a los bosques de ñires, coihues y araucarias, a los ríos, a los lagos de nombres tan sugerentes como Hermoso o Espejo. A perder horas (o días) en Villa Traful. San Martín es un remanso de paz donde practicar deportes (de verano y de invierno) y comer chocolate, actividades que no tienen por qué ser incompatibles. El regreso a San Carlos de Bariloche puede hacerse por un tramo de la mítica Ruta 40, la carretera más solitaria de Argentina, una arteria recta e interminable que discurre paralela a los Andes a lo largo de casi 5.000 kilómetros y une once provincias, incluyendo varias de la vasta Patagonia. En algunas zonas el asfalto se transforma en ripio (gravilla). De cuando en cuando, alguna estancia ovina y aldeas sacudidas por el viento nos recuerdan que hay seres humanos en el planeta. La Ruta 40 podría ser una metáfora del valle de lágrimas de este mundo y provocar que el melancólico viera a todos sus fantasmas haciendo auto-stop, pero a veces la introspección no es mala compañía y la carretera se adentra en lugares como el Valle Encantado, con sus pináculos volcánicos apagando la monotonía.
Fotos: Bosque de Arrayanes (arriba) y el Valle Encantado, en la Ruta 40 (abajo).
El pasado sábado, en un perdido rincón de la provincia de Jujuy, al norte de Argentina, ocurrió un pequeño y fugaz milagro: la música de Ludwig van Beethoven y Félix Mendelsshon se elevó entre los cerros de Purmamarca, a 2.350 metros sobre el nivel del mar, para deleitar a un público entregado que soportó estoicamente el viento frío y ovacionó a la violinista francesa Virginie Robilliard, y la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán, dirigida por Gustavo Guersman. Fue durante la jornada final del II Festival de Música La Comarca, una iniciativa original, diferente, que nació en 2008 gracias al entusiasmo y el esfuerzo del propio Guersman y de Guillermo Assaf, director del hotel La Comarca, en cuyos jardines tuvo lugar el concierto.
Con el fondo sin igual del Cerro de los Siete Colores, seguramente la mayor maravilla natural de esta zona cercana a la frontera con Bolivia, y ante unas 600 personas llegadas desde distintos puntos de Jujuy, las provincias cercanas e incluso desde Buenos Aires (distante 1.700 kilómetros), el concierto comenzó con la Sinfonía Nº 4 en La mayor, opus 90, “Italiana”, de Mendelsshon, y tuvo su momento cumbre con la interpretación del Concierto para violín y orquesta en Re mayor, opus 61, única obra para ese instrumento compuesta por Beethoven.
“Estoy convencido que ha sido la primera vez que este Concierto se toca al aire libre, porque su complejidad exige una gran concentración, que se logra mejor en una sala cerrada”, comentaba el director, Gustavo Guersman, después de la presentación. De hecho, el día anterior, y durante la primera jornada del Festival, las mismas obras fueron ejecutadas en la iglesia de San Francisco de San Salvador de Jujuy, la capital de la provincia. Allí se reunieron alrededor de mil personas, demostrando la excelente respuesta que obtienen este tipo de iniciativas.
“La Comarca tiene todo para ser uno de los festivales más importantes de Argentina e incluso de América Latina”, dijo a su vez en perfecto español Virginie Robilliard, una vez que había expuesto sobre el escenario su indiscutible talento con el violín. Dueña de una contagiosa fuerza interpretativa y una enorme capacidad de comunicación con el público, la instrumentista nacida en Lyon coincidió con Guersman en señalar la perfecta conjunción entre música y naturaleza que permite el Festival de Purmamarca. Y terminó de meterse al público en el bolsillo durante los bises, al interpretar dos temas de la música folclórica local.
La intención de Guillermo Assaf, organizador del evento, es consolidar el Festival año tras año para equipararlo a los de Ushuaia y Bariloche, los otros dos de música clásica que se celebran en la Argentina. Sin dudas, la creciente respuesta del público, 250 personas asistieron en 2008, y el incomparable marco de los cerros juegan a su favor.

Nieves de Pellegrin sube por la estrecha y resbaladiza trocha con la ayuda de un bastón y cargando con sus casi ochenta años y sus recuerdos. Su pelo es como su nombre, como el lugar por donde se deslizaron el amor y la juventud. A pesar de lo empinado del sendero la anciana tiene el suficiente resuello para explicarnos la flora de la montaña andina. Después de unos minutos llegamos al Cementerio del Montañés, a los pies del Cerro López, cerca de San Carlos de Bariloche, el lugar de reposo de alpinistas que amaron estas escarpadas cumbres. Algunos murieron jóvenes mientras trataban de conquistarlas; otros, como Gino, el marido de Nieves, fallecieron en la cama después de una larga e intensa vida. Miembro del primer equipo nacional argentino de esquí, Gino de Pellegrin fue una de las glorias de una actividad que echó raíces en Bariloche, como saben bien los aficionados a los deportes de invierno que no soportan el verano en el hemisferio norte. "Aquí estoy otra vez, flaco, la cuesta todavía no puede conmigo", le dice Nieves a su esposo. Los cementerios nos seducen. Tal vez por la misma razón que explica el éxito de las esquelas en los periódicos (las leemos, ergo seguimos vivos). O porque sabemos que la Parca vendrá a buscarnos tarde o temprano y nos gusta explorar las fincas de los demás por si nos dan alguna idea. La del Cementerio del Montañés, con vistas al Parque Nacional Nahuel Huapi, es original, aunque la vegetación termina por reclamar lo que es suyo y las cruces y las lápidas apenas resisten su abrazo. "Papá, te fuiste donde querías", dice una placa. "Apoyaste tu cabeza en las rocas... No supiste morir de otra forma que no fuera en tu montaña. Te amamos". Nieves baja por el camino pasito a pasito, y se detiene en una curva porque ha descubierto una orquídea silvestre de intenso color amarillo. Se despide de los visitantes, que aprietan el paso. Anochece y hacia el Cerro López asciende una cordada de ánimas.
Foto: Nieves de Pellegrin con un alpinista en el Cementerio del Montañés.
De Castilla-La Mancha conocemos muchas cosas. Sus vinos, sus espacios naturales, sus parques arqueológicos y esas dos ciudades Patrimonio de la Humanidad (Toledo y Cuenca) en las que bien podríamos pasar una vida. Sin embargo, muchos no saben que a esta inmensa región, cerca de tantos sitios, se puede ir también a descubrir sus spas. En 2007, con la ayuda de la Junta, un grupo de empresarios creó la marca de calidad "Espacios de Sensaciones". Esta mañana, con el debido rodaje ya hecho, la han presentado en Madrid. Son catorce propuestas, cuatro balnearios y diez hoteles con spa, repartidos por toda la región, en zonas rurales y también en la ciudad. Todos ellos han sido auditados y examinados con una lupa de aumento, lo que según sus responsables, asegura que el cliente se irá satisfecho. Un ejemplo: en el desembarco madrileño de los empresarios ha participado Adolfo Muñoz, cocinero toledano galardonado con la Medalla al Mérito Turístico 2009 concedida por el Consejo de Ministros. Muñoz ha colaborado con la iniciativa elaborando una serie de menús de desayunos saludables, como el típico castellano-manchego, compuesto por manzana, kiwi, pan de trigo integral, queso manchego joven, zumos de frutas, aceite de oliva, tomate, ajo, infusión de hierbas y miel, con un valor energético de 541,23 kcal. y 21,95 mg. de colesterol. Desde el desayuno a la cena, pasando por el bienestar que proporcionan las aguas de los balnearios, todo parece pensado para volver como nuevo a la ciudad. De momento, para ir abriendo boca, dejamos aquí la lista de los que han superado esa selección rigurosa y que ya tienen sus puertas abiertas, quizá para el próximo puente.
Balnearios
-Balneario de Benito, en Salobre (Albacete)
-Balneario de Baños de la Concepción en Villatoya (Albacete)
-Balneario de Tus , Yeste (Albacete)
-Balneario Cervantes en Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real)
Hoteles con spa
-Hotel Blu Spa de Almansa (Albacete)
-Vera Cruz Plaza Hotel &Spa de Valdepeñas (Ciudad Real)
-Hotel Spa Alarcos de Ciudad Real
-Hotel Spa Niwa de Brihuega (Guadalajara)
-Hotel Hilton Buenavista Toledo
-Hotel Palacio Eugenia de Montijo en Toledo
-Villa Nazules Hotel Hípica Spa en Nambroca (Toledo)
-Hotel Comendador en Carranque (Toledo)
-Alba de Layos& golf Medispa Hotel en Layos (Ciudad Real)
-Spa Rural Ars Vivendi en Segurilla (Toledo)
"¡Ese Carlitos!", grita la platea. Claque o espontáneos, quién lo sabe. Carlitos no es Gardel, pero como si lo fuera. Mismo pelo engominado, mismos gestos, misma presencia imponente en el escenario, misma voz (o así queremos creerlo). Y suenan sus clásicos. "Mi Buenos Aires querido", "Volver", "El día que me quieras"... (El día que me quieras no habrá más que armonías, será clara la aurora y alegre el manantial. Traerá quieta la brisa rumor de melodías y nos darán las fuentes su canto de cristal. El día que me quieras endulzará sus cuerdas el pájaro cantor, florecerá la vida, no existirá el dolor... La noche que me quieras desde el azul del cielo, las estrellas celosas nos mirarán pasar y un rayo misterioso hará nido en tu pelo, luciérnaga curiosa que verá que eres mi consuelo). En la Esquina Carlos Gardel, en la capital argentina, se pueden degustar platos llamados "Rubias de Nueva York", "Me da pena confesarlo" y "Recuerdo malevo" mientras se disfruta del espectáculo. Aquí estuvo en tiempos el Chanta Cuatro, restaurante y hotel familiar donde Carlitos Gardel, el de verdad, solía reunirse con sus amigos a cenar, cantar miolongas, echar unas risas... o, simplemente, dejar pasar la noche hasta el alba. El lugar está situado en el barrio del Abasto, el del mercado que respiraba trabajo de día y tango de noche, y allí esta música hecha de puro sentimiento se convirtió a finales del siglo XIX en la banda sonora del pueblo.
Tal vez aquel pueblo al que cantó Gardel fuera el mismo que Evita arengó desde un balcón de la Casa Rosada, la tropa de descamisados que la convirtió en una santa, aunque en este caso no exista la misma unanimidad que con el "zorzal criollo". El recorrido del Museo Evita empieza con la muerte y, en consecuencia, el nacimiento del mito de Eva Perón. Mito blanco y mito negro, defensora de los humildes y cómplice de una mentira que se sostuvo mientras las vacas fueron gordas. Que el visitante saque sus propias conclusiones. Ana María, guía del museo, no toma partido, pero sí tiene una frase favorita del personaje: "Cuando los ricos piensan en los pobres... piensan en pobre". Es decir, su hoja de ruta es la limosna y la conmiseración en vez de acortar distancias. No está claro que Evita se aplicara el cuento. En el primer gobierno (1946-52) de Juan Domingo Perón en Argentina sobraba la plata y Evita repartió juguetes y neveras entre los menesterosos propios y ajenos, tanto que su fama traspasó fronteras. Como primera dama glamourosa y carismática hizo historia mucho antes de la llegada de Jackie Kennedy, y sus discursos y personalidad agigantaban su corta estatura física. Dejó un cadáver joven y, visto lo visto, sólo le faltó ganar el Nobel de la Paz por sus buenas intenciones. Su tumba es la más visitada en el impresionante cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires. Una placa con su efigie incluye la frase: "Volveré... y seré millones". Ana María afirma que Evita nunca dijo eso. Pero los mitos adquieren vida propia más allá de la verdad o la razón.