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Semana Santa, blanca y en bikini en Cerler
De Ángel Collado (el 18/03/2010 a las 14:19:45, en Esquí)
En Sierra Nevada hay un manto blanco de 5 metros de espesor (como si fueran las Rocosas), en el Pirineo aragonés sólo las tres estaciones de Aramón (Cerler, Formigal y Panticosa) suman 240 kilómetros esquiables con más de dos metros de nieve polvo y en el Pirineo catalán Baqueira Beret cuenta con sus 110 kilómetros de pistas garantizados para varias semanas. Hasta en la Sierra de Madrid y en Somosierra (La Pinilla) hay nieve de sobra para lo que quede de temporada, un final de temporada de incertidumbre pese a las magníficas condiciones que ofrecen todos los centros invernales.
Ha nevado tanto pero tan a destiempo, casi siempre en fines de semana, fiestas y puentes señalados, que el mundo de la nieve —estaciones, hosteleros y aficionados al esquí— viven como nunca pendientes del calendario, los pronósticos del tiempo y los síntomas de la pertinaz crisis que todo atenaza. Como siempre por estas fechas pero en grado de obsesión. El tiempo ha sido tan malo en diciembre, enero, febrero y los primeros días de marzo —tormentas de nieve, temporales de viento y fríos polares— en todas las cordilleras que la mayoría de los esquiadores ansían disfrutar de la nieve, pero con un poco de sol. La tregua que las borrascas han dado estos días ha permitido a los empresarios afrontar un buen puente de San José, pero tienen en el aire la Semana Santa.
Los aficionados al deporte blanco aguardan a las previsiones meteorológicas hasta última hora para decidirse a rematar la temporada. Aunque empiece a entrar la primavera y suban las temperaturas, la nieve, sin problemas de espesores este año, aguanta bien en las pistas más altas de las estaciones.
Nieve dura a primera hora, polvo a media mañana y «pasta» a partir del medio día es el menú propio de finales de marzo y primeros de abril en nuestras cordilleras. No es una dieta perfecta pero casi garantiza media jornada, o al menos 4 horas de esquí. Algo que no se ha dado más de dos día seguidos durante este año. Conviene esperar a las previsiones meteorológicas. Y para los que duden entre la playa y la montaña que tengan en cuenta el fin de temporada (10-11 de abril) con fiesta en Cerler: concurso de descenso, con premios, para los que se atreven a deslizarse en bikini o calzón de baño —mejor que braga náutica— sólo para fanáticas/fanáticos. Verlo para creerlo. El año pasado fue un éxito.