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Rumanía: en el parque temático de la sal
De Cruz Morcillo (el 26/09/2009 a las 17:45:15, en Rumanía)
Cada semana tres sacerdotes descienden los 138 escalones de madera que les adentran en la boca de la mina de sal de Praid, en el corazón de Transilvania, para oficiar su misa en una capilla levantada a 300 metros de profundidad. Un acto de fe. El lunes toca cura católico, el miércoles, ortodoxo y el viernes, calvinista. Predicar y repartirse la parroquia: los rumanos para el ortodoxo mientras sus dos colegas sacramentales se apañan con los fieles húngaros, mayoría histórica y dominante en la región rumana asociada al legendario conde Drácula. Istva, el magiar-guía, cuenta que si la sal de la mina fuera de uso culinario (la producción es industrial) serviría para abastecer las despensas de la población mundial durante cien años. Quizá no exagera. No es fácil encontrar cloruro sódico en las entrañas de la tierra hasta 2.762 metros de profundidad. A la de Praid la llaman la mina-seta por su peculiar forma y la explotan como parque temático kitsch donde igual te echas una partida de ping-pong que te reconfortas con un guiso de tocino antes de que las mentadas escaleras acaben con todo el aire de tus pulmones en el ascenso. En la panza de la seta curativa –cuatro horas dentro diez días y adiós asma- huele a salazón de Cádiz. Va a resultar que la auténtica Alianza de Civilizaciones tiene nombre de sal. |
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