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Hay una foto en blanco y negro en la que se ve al pintor Paul Klee sobre los lomos de una mula, junto a su amigo August Macke y a un guía local, frente a la mezquita de Kairuán (Túnez). Falta Louis Moillet, que también participó en aquel viaje ilustrado -abril, 1914- desde las verdes montañas de Suiza a la ocre planicie de esta zona de África. Klee lleva corbata y traje, lo que visto con ojos de hoy desentona con el paisaje, como si algo no estuviera en su lugar. El uniforme del turista 2010 es menos alambicado, apenas pantalón corto y camiseta, y una cámara que dispara incansable, voraz.
Los primeros viajeros ilustrados, en cambio, abandonaban el territorio conocido de Europa con una esponja virgen en la mirada, dispuestos a traerse el mundo en su libreta de notas, en sus pinceles. Klee, Macke y Moillet embarcaron en Marsella con destino Túnez para realizar una pequeña excursión de apenas doce días.
Visitaron Cartago, Sidi Bou Said, Túnez o Kairuán, donde Klee se llenó de color. Dicen los expertos que en aquel viaje corto cambió la historia de la pintura del siglo XX. Regresó con veinte acuarelas y doce dibujos. Esta tarde, en Sidi Bou Said, la foto no puede ser en blanco y negro. Estamos en las calles azules y blancas que pasearon los pintores suizos, entre otros muchos artistas atrapados por la perfecta mezcla de Grecia y Al Andalus conseguida en estas calles, esencia de Mediterráneo. A Paul Klee le influyó más el ocre que el azul, pero no cuesta imaginarle fumando frente al mar, cien años atrás, o en las callejuelas de la Medina de la ciudad santa de Kairuán.
"El color me posee. No tengo necesidad de seguirlo, yo lo sé. Ese es el camino en este momento afortunado: el color y yo no somos más que uno solo. Soy pintor", escribió en su diario sobre aquellos días. Sidi Bou Said es hoy un nido de turistas que seguramente nada tienen en común con los poetas y pintores de principios del siglo XX, pero incluso así el atardecer sobre estas calles empedradas que se descuelgan sobre el mar resulta mágico. Basta una taza de té y dejar pasar el tiempo, a espaldas de lo que ocurre más abajo, en el territorio de los vendedores de cerámica y de los compradores ávidos de recuerdos… Como si los recuerdos se pudieran empaquetar.
Toma 3.
Visita secreta al gran museo de los mosaicos.
Toma 2.
villa es el rey en la medina de Túnez.
Toma 1.
Cosas que pasan cuando se van los cruceros.

El turista dispara y mira lo que no hay. Busca otro enfoque de las
termas de Antonino, en Cartago (Túnez), y vuelve a disparar, luz día, 200 ISO. En la pantalla sólo se ven piedras, el rastro de los tiempos de gloria, cuando estas termas eran tan bellas como las de Caracalla. El turista camina unos pasos, todavía sobrecogido (por lo que se ve, eso que tantas veces ha leído en los libros de historia) y por lo que no está (agosto, y apenas media docena de turistas en todo el recinto). En silencio, con el arrullo del mar al frente y
las murallas vigilantes del palacio presidencial a la izquierda, camina despacio por lo que fue el sótano, recuperado tras años de excavaciones. Allí debía estar el gimnasio, aquí el frigidarium. Huele a sol y a mar, y sólo se oye el clic-clic de la Nikon. Las termas de Antonino es la primera estación del largo paseo por los yacimientos de Cartago. No está de más ser previsor y haberle dicho al taxista que nos espere. A pleno sol, el aire acondicionado del coche revive a los
viajeros exhaustos por el sol y por la belleza, por este impagable viaje al pasado, más de dos mil años atrás, como nos decían en el colegio: cartagineses contra romanos, Aníbal y sus elefantes, las guerras púnicas, los vándalos que todo lo destrozaron. Ezdine sonríe. Ça va bien? Oui, ça va. Y luego, la pregunta ingenua del cliente. ¿No hay pocos turistas? El taxista suelta una carcajada.
“Hace una hora había 3.500 personas aquí, y dentro de una hora habrá otras 3.500. Hoy vienen tres barcos a Cartago. Esto es una tregua en medio de la tempestad”. Ezdine hace negocio con los cruceros. Está al acecho cuatro días a la semana. Sabe que en el barco hay clientes ansiosos por ver mucho en poco tiempo, que debe ser algo parecido a emborracharse antes de que empiece la fiesta. Sesenta dinares, dos horas.
Un paseo por las termas, el anfiteatro, el Museo Nacional y quizá Sidi Bou Said, el pueblo azul y blanco, apasionada postal del Mediterráneo. Allí va el turista también, a comer una jarra de cordero, un recipiente de barro tapado en el que se ha cocido a fuego lento la carne y las verduras. Todavía es pronto y en Sidi Bou Said siempre hay que quedarse al atardecer. Para entonces, hará tiempo que los cruceros habrán puesto rumbo a otro puerto.
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El hotel
Taj Mahal de Bombay es más viejo que su vecina Puerta de la India, testigo de la marcha/fuga de las últimas tropas británicas en 1948. La Puerta, un arco de basalto frente al mar de Arabia, fue inaugurada en 1924 para conmemorar la visita a la India de Jorge V y la reina Mary (la del barco), que había tenido lugar en 1911. El legendario hotel, de 1903, es fruto de las ambiciones de Jamseti N. Tata, que quería para Bombay un gran hotel como los de las más importantes capitales del mundo (la leyenda adorna la historia con su expulsión de un hotel en la época colonial y el Taj como venganza). Sus corredores, donde se ven las fotos en blanco y negro de Alfred Hitchcock, John Lennon y Yoko Ono, la Reina Isabel y el Duque de Edimburgo o Naipaul, famosos clientes, demuestran que lo ha sido. Que lo es. Uno de los miembros con más encanto de
The Leading Hotels of the World. Como el Adlon de Berlín, con el que comparte vistas a una puerta de renombre ( la de Brandemburgo en el alemán). La gran diferencia es que el Adlon desapareció y se reconstruyó en el mismo solar como uno de esos falsos edificios parisinos de Las Vegas. El Taj es el mismo de siempre. Con sus cuervos de siempre.
La Puerta de la India también se convirtió en testigo lejano de la llegada por mar de los terroristas que hace poco más de un año convirtieron la caótica, intensa y viva ciudad de Bombay en un infierno. El Taj Mahal Palace & Towers fue uno de los blancos elegidos el 26 de noviembre de 2008 (otro lo fue el Oberoi. lujoso pero insípido, donde Esperanza Aguirre se estaba registrando).
Mara
villa arquitectónica que mezcla estilos árabe, oriental y florentino, sus techos de alabastro, columnas de onyx y alfombras de seda soportaron sesenta horas de tiros, explosiones, incendios y toma de rehenes. El 21 de diciembre, gracias a la torre construida en los años 70, el hotel volvió a abrir. Para la primavera de 2010 se prepara la gran reinauguración. Mientras, en las vallas de protección que rodean el hotel, junto a una foto de su majestuosa cúpula, se lee que están trabajando para restaurar un símbolo imperecedero de Mumbai (como en todos sitios hay tontos nacionalistas, el nombre de la ciudad ha cambiado). Un símbolo con accesos de seguridad reforzados. Un símbolo en cuyos baños públicos siempre hay alguien que te abre el grifo o aprieta el dispensador de jabón.

Una brisa felizmente persistente alivia el calor de agosto en esta esquina de Túnez. Hace sol, pero
los surfistas vuelan con asombrosa facilidad sobre las olas del Mediterráneo y las palmeras bailan delicadamente junto a las ventanas de nuestro hotel, el
Barceló Cartago, un hallazgo cerca de cualquier sitio. A unos minutos en taxi de los yacimientos de Cartago, del azul y blanco de Sidi Bou Said o del imán de la medina de Túnez. Los turistas buscan aquí playa e historia, tal vez, pero también (o sobre todo) compras.
Están en la puerta bab el-Bahr, preparados para la “guerra”, con la mochila sobre la barriga, los bolsillos bien cerrados y la mente alerta para regatear el tiempo necesario (nunca será suficiente). Cae el sol a media mañana, pero el viento, suave, agradable, no cesa. Perfecto para caminar. La medina fue fundada por los árabes a mediados del siglo VII, y es una ciudad dentro de la ciudad, u
na telaraña de callejuelas en las que la vida bulle, huele y se detiene de una forma diferente. Todo se vende, todo tiene un precio, aunque nadie sabe exactamente cuál. Depende de la habilidad del comprador. Cerámica, cuero, falsificaciones, un té a la sombra de un callejón. Y camisetas, muchas,
con el rojo y el 7 bien a la vista. En la medina de Túnez,
villa es el rey. Dos niños abren los ojos entusiasmados. Miran aquí y allá. Ven algún 9 de Torres, y, medio escondido, un Xavi Hernández. Poco más. Salvo
villa, siempre
villa. “¿La quieres? Son 60 dinares (31,5 euros)”, pregunta el vendedor. Y a partir de ahí, el juego. “¿Cuánto vale?”, “Así es imposible”,
“Tú estás loco”, “A ese precio no quiero la camiseta”, “¿Quieres un té?, vamos a hablar”. El precio ya ha bajado a la mitad, y aún parece carísimo, aún queda otra media hora de trabajo. “¿De verdad quieres comprar?”, “Quiero... si es un precio bueno de verdad”,
“Dime tu mejor oferta”. Los niños se retiran y murmuran: “Esto es peor que nadar tres kilómetros”. Y, alrededor, la vida, las callejuelas llenas, la Gran Mezquita, fundada en el año 732, un pollo con cuscús tan barato que el estómago sospecha. Y vuelta a la realidad, a
villa, España campeona del mundo, todos lo saben, todos lo proclaman. Campeones del mundo. “¿Y la camiseta?” “¿Hacemos negocio?” Al final, el espectáculo termina: 40 dinares (21 euros) por tres camisetas.
El turista se siente satisfecho, el vendedor también. “Pareces catalán”, bromea, mientras la brisa regresa, y el olor a cuscús, y el murmullo que envuelve este otro mundo, tan lejos de la España de
villa.
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El Museo Nacional del Bardo, a unos seis kilómetros del centro de Túnez, está en la agenda de todos los viajeros. No es un secreto. Es quizá el mejor conjunto de mosaicos de todo el Norte de África, y en su interior hay detalles que atraen a curiosos y aficionados, como la imagen (única) de Virgilio con las musas Clio y Melpómene (siglo IV). Unos y otros acaban fascinados por esta mezcla sublime de pintura y piedra. El museo y el palacio que lo alberga, construido para el bey de Túnez, fueron creados a final del siglo XIX. Ya

en el interior, se van los ojos detrás de enormes mosaicos procedentes de las
excavaciones de Cartago, Thuburbo Majus, Duga, Bula Regia, Uthina, Utica, Thysdrus, (El Jem), Sfax, Mahdia... En realidad, el trabajo en esas y otras zonas arqueológicas ha sido tan intenso que lo que vemos sólo es una pequeña parte de lo que hay. Otras joyas están en la Asamblea Nacional e incluso cerca de los yacimientos. El museo, además, está inmerso en
una restauración que comenzó en 2009 y terminará, previsiblemente, a mediados del año próximo. De hecho, en la entrada (4 dinares) leemos que es un precio especial debido a los “trabajos”. Una parte ya está reabierta al público. Mosaicos. Más mosaicos. Escenas de la vida cotidiana, del circo, de los dioses. Una lona de plástico separa la zona pública del secreto de las obras. Y unos dinares bastan para colarnos en esa trastienda del gran museo. En la sala principal del palacio se instalará el mosaico de todos los mosaicos, gigantesco,
“El triunfo de Neptuno”, una especie de cómic de la vida cotidiana, que mide
12,72 x 9,64 metros y pesa 14 toneladas. Aún no se ha colocado ninguna pieza, pero el artesonado y el espacio reservado para el mosaico ya asombra. Cerrada también está la sala de música del bey y sus mujeres,
y la zona del harén, la vida privada, todavía entre andamios. La sala de música del palacio beylical es el espacio del mosaico denominado Catálogo de Barcos, veintiocho barcos con sus nombres en griego o en latín. Y del Mosaico del Banquete, que testimonia la vida de los patricios de la Cartago romana. Más allá del plástico, los grupos de turistas disfrutan de este exquisito menú de arte, una parte de lo que será, quizá dentro de un año, cuando finalicen las obras.
Fotos: ariba, collage de las salas todavía en obras del Museo del Bardo. Debajo, una zona ya visitable.
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Cosas que pasan cuando se van los cruceros.

Coincidiendo con la reciente inauguración del vuelo directo Madrid-Dallas de American Airlines, Phillip Jones, presidente de la Oficina de Convenciones y Turismo de aquella localidad sureña, ha pasado por Madrid para promocionar su ciudad. Dallas es bastante desconocida en España. Más allá del magnicidio de Kennedy, la serie de televisión, el petróleo y los cowboys sabemos muy poco de ella. Jones, que no se encuentra cómodo con los tópicos, reconoce que el turismo «tradicional» genera todavía muchos ingresos. «El Museo del Sexto Piso -nos comenta- enclavado en el lugar desde el que Oswald disparó en 1963 contra el presidente de Estados Unidos, recibe cada año a 600.000 turistas». Y el rancho Southfork, por el que J.R. Paseaba sus fechorías, es todavía uno de los puntos turísticos más visitados de la región. Sin embargo la «Gran D» (como se conoce a Dallas) quiere olvidar ese pasado tópico con una serie de nuevos atractivos. Los turistas de todo el mundo que van a Dallas encuentran un destino con una gran variedad en compras, atracciones para toda la familia, cultura y golf. Con el primer centro comercial de Estados Unidos -Highland Park
village- la ciudad ha sido llamada con frecuencia «el lugar de nacimiento del shopping». En el Suroeste de Estados Unidos, Dallas es el lugar en donde dicen los expertos que se compra mejor. Las opciones para quemar la Visa son innumerables, algunos de los lugares favoritos son NorthPark Center –el centro comercial más grande del Norte de Texas- West
village y uno de los más famosos: Galleria Dallas, que además tiene pista de patinaje y nuevas tiendas dedicadas a los más pequeños. Jones nos asegura que muchos turistas van a Dallas buscando descuentos en marcas y moda de los mejores diseñadores y se encuentran con la sorpresa de que allí los precios son más bajos que en otras ciudades de Estados Unidos. Si a esto unimos el ventajoso cambio con el dólar (1€ = 1,5$), para Jones no hay duda de que se trata de un auténtico paraíso para las compras. «Nueva York, California y Florida son los tres principales destinos estadounidenses para los españoles -asegura- a partir de ahora Dallas se colocará en el cuarto». Más información:
www.visitdallas.com

Dicen que Walt Disney se inspiró en este bosque color canela para su “Bambi”, aunque no hay ciervos por aquí. Lo cierto es que estos árboles de lento crecimiento y fina corteza dorada con manchas blancas, que lanzan sus retorcidas ramas para atrapar al visitante, remiten a un mundo más antiguo, cuando la naturaleza imponía su ley y no existían esas cómodas pasarelas construidas por el hombre. Sorprendería menos ver un dinosaurio que un cervatillo por aquí. El
Parque Nacional Los Arrayanes está situado en la península de Quetrihué, en la ribera norte del lago
Nahuel Huapi, y puede accederse a él en barco o a pie desde
villa La Angostura (hay un sendero de unos doce kilómetros que también puede recorrerse en bicicleta). También parten hacia allí catamaranes desde Puerto Pañuelo, junto al
Llao Llao, uno de los mejores hoteles de Argentina, histórico establecimiento con aspecto de parador de montaña y asomado a un paisaje lacustre que quita el hipo; la excursión suele incluir una visita a la isla Victoria, un plácido y solitario lugar para quedarse un par de días o, directamente, vivir de la prejubilación en su maravillosa
hostería asomada al acantilado.

Desde
villa La Angostura hasta
San Martín de los Andes, por la bellísima
Ruta de los Siete Lagos, la primavera anda revuelta y pinta de blanco el paisaje. Los 110 kilómetros del camino pueden cubrirse en hora y media, pero quién se resiste a las tentaciones que surgen después de cada curva, a los bosques de ñires, coihues y araucarias, a los ríos, a los lagos de nombres tan sugerentes como Hermoso o Espejo. A perder horas (o días) en
villa Traful. San Martín es un remanso de paz donde practicar deportes (de verano y de invierno) y comer chocolate, actividades que no tienen por qué ser incompatibles. El regreso a
San Carlos de Bariloche puede hacerse por un tramo de la mítica
Ruta 40, la carretera más solitaria de Argentina, una arteria recta e interminable que discurre paralela a los Andes a lo largo de casi 5.000 kilómetros y une once provincias, incluyendo varias de la vasta Patagonia. En algunas zonas el asfalto se transforma en ripio (gra
villa). De cuando en cuando, alguna estancia ovina y aldeas sacudidas por el viento nos recuerdan que hay seres humanos en el planeta. La Ruta 40 podría ser una metáfora del valle de lágrimas de este mundo y provocar que el melancólico viera a todos sus fantasmas haciendo auto-stop, pero a veces la introspección no es mala compañía y la carretera se adentra en lugares como el Valle Encantado, con sus pináculos volcánicos apagando la monotonía.
Fotos: Bosque de Arrayanes (arriba) y el Valle Encantado, en la Ruta 40 (abajo).

Dice un proverbio que
“Los chinos comen todo lo que tiene cuatro patas y no es una mesa, todo lo que vuela y no es un avión, y todo lo que nada y no es metálico”. Algunos malvados han llegado a incluir que también “todo lo que tiene dos patas y no es un familiar”. Como con todo lo relacionado con China, en Occidente lo primero que pensamos es: “¡Qué barbaridad! ¡Cómo son los chinos!”, sin recordar nuestro refrán “Todo lo que corre, nada o vuela... a la cazuela”. Y es que no somos tan diferentes. Lo que los aforismos indican es que
tanto la gastronomía china como la española son muy antiguas y utilizan todo tipo de ingredientes.
En China todo es milenario, la cocina también, y hay que distinguir entre la sencilla comida cotidiana y la rebuscada gastronomía imperial. La gente normal (muchos han pasado mucha hambre) comía lo que podía, como en todas partes, y solían ser platos muy simples.
Pero los emperadores, gobernantes absolutos, eran bastante caprichosos y exigían platos originales, diferentes. No era extraño que si el gerifalte no quedaba complacido mandase cortar la cabeza del cocinero. Así que solían rompérsela antes de que se la rebanasen y creaban platos rebuscados. Muchos de ellos han llegado hasta nuestros días, aunque muy pocos se puedan comer en un restaurante normal.
La verdad es que en España hay pocos restaurantes chinos de calidad, incluso hay quien cree que no hay ninguno. Y es que sus propietarios (alguno conozco) van a lo seguro, y lo seguro es una cocina adaptada a nosotros, aunque no sea muy auténtica que digamos.
Antes decían que el problema era la materia prima, difícil de traer desde China. Pero desde que Amsterdam se convirtió en el hub (distribuidor) para las tiendas chinas europeas, ya no sirve esa escusa.
Si hay buenos restaurantes chinos en Londres, París o Roma, ¿por qué no en Madrid?
Petit Saigón, en Madrid, es uno de los mejores. Forma parte de la cadena del Tse Yang (hotel
villa Magna), Café Saigón, Le Dragón y Furama. Pero incluso en su
página web podemos leer que trabajan la cocina cantonesa, sichuanesa y pequinesa “adaptada al gusto europeo”.
Pues en el Petit Saigón se ha celebrado el Festival de Gastronomía Taiwanesa, acto que también sirvió para presentar en sociedad el sitio de internet
Cultura Culinaria en Taiwán una página en siete idiomas, entre ellos el español.
En Taiwán la gastronomía, como todo lo demás, es fundamentalmente de origen chino. A la isla Formosa llegaron en 1949 los seguidores de Chiang Kai-shek, procedentes de todas las provincias chinas. Mutatis mutandis es como si Franco hubiera perdido la guerra civil y se hubiese establecido en Mallorca con sus tropas procedentes de toda España.
Esto convirtió a Taiwán en un auténtico crisol de las culturas chinas, incluida la gastronómica, solo comparable a Hong Kong.
En el festival, inaugurado por el representante de Taiwán en España, Javier C. S. Hou, se nos sirvió un menú largo (como todos los banquetes chinos) compuesto por una docena de platos más postres elaborados por el chef ejecutivo del Grupo Saigón, el hongkonés Chiu Kam-hoi, residente en España desde 1979, que nos fue presentado como uno de los mejores cocineros chinos de Europa y el mejor de España. Lo demostró, salvo por el exceso de sal en casi todos los platos, algo que sin duda hizo a propósito para agradar a los paladares españoles.
En el menú destacó el estofado de col china (bei tsai lo), la lubina al vapor (qingzheng feiyu), que en Taiwán se hace con pez volador, y el cerdo Dongpo (nombre de un poeta clásico, algo así como si aquí existiera un codillo Lope de Vega), mítico puchero de Hangzhou con una receta que data de la Dinastía Tang (618-907). Este era el plato preferido de Mao Zedong (aunque los amigos de Taiwán no lo digan) y el mío (con perdón). Todo ello regado con té oolong semifermentado, sin duda el mejor de Taiwán y para mí uno de los mejores del mundo.
Foto: El chef Chiu Kam-hoi muestra sus habilidades con el wok, aunque el hornillo sea plano (Foto P. Arcos)
En aquellos días en Estados Unidos, a finales de los sesenta, una chispa provocaba cualquier incendio. En la calle, convertida en trinchera, clamaban al cielo antimilitaristas, el clan de la contracultura y los defensores de los derechos civiles, entre otros grupos que hacían añicos el estado oficial de las cosas. En el pub
«Stonewall Inn», en Greenwich
village,
Nueva York, los ánimos también andaban alborotados. Allí solían citarse homosexuales, hostigados a menudo por la policía, dos grupos entonces irreconciliables, un polvorín que tenía una mecha corta. El 28 de junio de 1969, hace ahora cuarenta años, sucedió lo inevitable: una redada más feroz de lo normal, noches de protestas y fuego y una señal en el libro de la historia. En los disturbios de Stonewall arranca la lucha por los derechos de los gays.
En el Ayuntamiento de Nueva York, la ciudad de
«Sexy money»,
«Sexo en NY» y
«Gossip Girl», han creído que en el pasado podía haber beneficios para el presente, y se han embarcado en una campaña de promoción global (en el Reino Unido, España o Canadá, entre otros mercados) para impulsar el turismo gay. La llaman «Peregrinación del Arcoiris» y durará casi todo el año, aunque la cita clave será del 20 al 28 de junio, en recuerdo de los acontecimientos de Stonewall. Esa mezcla de turismo y señas de identidad sexual se ha reflejado en un documental, «Out in the City», que puede verse en
nycgo.com/gay.
En Europa, el «turismo gay» también mueve montañas (de dinero). En la primavera alemana, por tirar de un ejemplo, se preparan tres grandes paradas. En
Berlín, el desfile suele reunir a medio millón de asistentes (este año, el 27 de junio); en
Colonia, la cifra media que acuden a la Rudolfplatz se acerca al millón (5 de julio), y en
Stuttgart, al cabo, la cita se anuncia para el 1 de agosto.
Una mañana de invierno, ya no recuerdo cómo, llegué en coche al Camino Calvente, a los pies de la ciudad de Ronda. Nunca había visto Ronda desde abajo, en contrapicado, y me asaltó una sensación que sólo sabría definir como el «vértigo inverso», porque el mareo no lo provocaba un abismo que parecía arrastrarte hacia abajo, sino otra clase de abismo que ascendía hacia el cielo, un abismo vertical. Y ese otro abismo te hacía creer que tú también estabas ascendiendo, porque te había invadido una misteriosa plenitud espacial que te levantaba del suelo y te llevaba hacia arriba, primero hacia las rocas y la ciudad, y luego hacia el cielo, y luego quizá hacia un lugar que estaba más allá del cielo, más lejos aún, un lugar que sólo podría existir en la esfera de lo que nunca sabremos qué es. Al poeta Rilke le pasó algo parecido en Ronda, donde estuvo dos meses en el invierno de 1912-1913, hospedado en la habitación 208 del hotel Reina Victoria (ahora hay allí un pequeño museo). En Ronda creyó oír a las montañas cantando salmos, y admiró las flores de los almendros, e imaginó que la ciudad era un gigante de rocas que cruzaba el riachuelo por el Puente Nuevo, «igual que San Cristóbal con el niño Jesús». La huella de Rilke ha sido tan intensa en Ronda que hay una «Inmobiliaria Rilke» y hasta una «Autoescuela Rilke». Y según me cuenta un psiquiatra amigo mío, cada año y medio salta un suicida desde el Puente Nuevo, buscando acaso convertirse en un ángel rilkeano que se libere para siempre del peso del mundo. «Todo ángel es terrible», nos advirtió Rilke en su «Primera elegía». En el Museo Taurino de Ronda he visto un traje de luces con motivos aztecas, diseñado por John Fulton, el pintor norteamericano que quiso ser torero y mezclaba sangre de toro en los pigmentos de sus cuadros. Un día vi a Antonio Ordóñez caminando con su mujer por la calle Sevilla. Me pregunté si alguna vez había llevado aquel traje de luces en alguna plaza de México, buscando ese «vértigo inverso» que hacía creer a los aficionados que estaban ascendiendo hacia el cielo. Igual que le pasó a Rilke. E igual que me pasó a mí a los pies del gigante de rocas, cuando la ciudad me arrastró hacia arriba, siempre hacia arriba.

De
Castilla-La Mancha conocemos muchas cosas. Sus vinos, sus espacios naturales, sus parques arqueológicos y esas dos ciudades Patrimonio de la Humanidad (Toledo y Cuenca) en las que bien podríamos pasar una vida. Sin embargo, muchos no saben que a esta inmensa región, cerca de tantos sitios, se puede ir también a descubrir sus spas. En 2007, con la ayuda de la Junta, un grupo de empresarios creó la marca de calidad
"Espacios de Sensaciones". Esta mañana, con el debido rodaje ya hecho, la han presentado en Madrid. Son catorce propuestas, cuatro balnearios y diez hoteles con spa, repartidos por toda la región, en zonas rurales y también en la ciudad. Todos ellos han sido auditados y examinados con una lupa de aumento, lo que según sus responsables, asegura que el cliente se irá satisfecho. Un ejemplo: en el desembarco madrileño de los empresarios ha participado
Adolfo Muñoz, cocinero toledano galardonado con la Medalla al Mérito Turístico 2009 concedida por el Consejo de Ministros. Muñoz ha colaborado con la iniciativa elaborando una serie de menús de desayunos saludables, como el típico castellano-manchego, compuesto por manzana, kiwi, pan de trigo integral, queso manchego joven, zumos de frutas, aceite de oliva, tomate, ajo, infusión de hierbas y miel, con un valor energético de 541,23 kcal. y 21,95 mg. de colesterol. Desde el desayuno a la cena, pasando por el bienestar que proporcionan las aguas de los balnearios, todo parece pensado para volver como nuevo a la ciudad. De momento, para ir abriendo boca, dejamos aquí la lista de los que han superado esa selección rigurosa y que ya tienen sus puertas abiertas, quizá para el próximo puente.
Balnearios -Balneario de Benito, en Salobre (Albacete)
-Balneario de Baños de la Concepción en
villatoya (Albacete)
-Balneario de Tus , Yeste (Albacete)
-Balneario Cervantes en Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real)
Hoteles con spa -Hotel Blu Spa de Almansa (Albacete)
-Vera Cruz Plaza Hotel &Spa de Valdepeñas (Ciudad Real)
-Hotel Spa Alarcos de Ciudad Real
-Hotel Spa Niwa de Brihuega (Guadalajara)
-Hotel Hilton Buenavista Toledo
-Hotel Palacio Eugenia de Montijo en Toledo
-
villa Nazules Hotel Hípica Spa en Nambroca (Toledo)
-Hotel Comendador en Carranque (Toledo)
-Alba de Layos& golf Medispa Hotel en Layos (Ciudad Real)
-Spa Rural Ars Vivendi en Segurilla (Toledo)

Que la Amazonía es la mayor cuenca hidrográfica del mundo, ya lo sabíamos. Que el Amazonas es el río más largo, caudaloso, profundo y ancho del planeta, también. Y que sus paisajes, su biodiversidad y las gentes que en ella habitan son únicos. Pero ahora es un poco más oficial al haber sido declarada por la
Fundación New7Wonders como una de las siete nuevas Mara
villas Naturales del Mundo. La iniciativa fue lanzada por Perú hace cuatro años.
Este país comparte la Amazonía con Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Surinam y Venezuela, y ha obtenido la distinción por voto popular entre 477 lugares de todo el mundo. Las otras nuevas mara
villas son la Bahía de Ha-Long (Vietnam), las Cataratas de Iguazú (Argentina-Brasil), la Isla de Jeju (Corea del Sur), la Isla de Komodo (Indonesia), el río subterráneo del Puerto Princesa (Filipinas) y la Montaña de la Mesa (Sudáfrica). Aunque el concurso ha sido criticado por instituciones como la Unesco, que tiene su propia lista de lugares Patrimonio de la Humanidad, ya que consideran que “se trata de una simple y pura acción de promoción, completamente irrelevante, pues la elección no sigue ningún estándar científico y solo se guía de parámetros turísticos”,
las autoridades peruanas han recibido la distinción con júbilo ya que, aunque promoverá el turismo masivo también servirá para incrementar las medidas de seguridad para alcanzar un turismo sostenible y no invasivo. La directora de Promoción de Turismo de la estatal Promperú, María del Carmen Reparaz, ha

declarado que ahora
“podremos darnos a conocer como un país amazónico, un área que por su grandeza geográfica va a darnos a conocer a nivel mundial”. En la actualidad Perú es reconocido internacionalmente prácticamente sólo como un destino andino en el que la joya del Machu Picchu lo domina todo. Reparaz ha recordado que el río Amazonas nace en los andes del sur de Perú y que “el 60 % del territorio peruano es Amazonía.
A Perú no lo identificaban como país amazónico, pero ahora, detrás de esta elección, se viene un tema muy fuerte de inversión”. Sólo unos días antes de esta designación,
Iberia bautizó en la capital peruana a uno de sus Airbus A-340/600 que hacen la ruta regular Madrid-Lima con el nombre de “Río Amazonas”. La aerolínea de bandera española vuela de forma ininterrumpida al Perú desde 1963. El “Río Amazonas” es, junto con el “Islas Galápagos” y el “Ciudad de México”, uno de los tres únicos aviones de toda la flota de Iberia que tienen nombres de lugares no españoles.
FOTO 1:
Río Marañón, tributario del Amazonas, cerca de Nauta (Foto: P. Arcos)
FOTO 2:
Ceremonia de bautizo del “Río Amazonas”. De izquierda a derecha: Ángel Valdemoros, director de Ventas Internacionales de Iberia; José Luis Silva, ministro de Comercio Exterior y Turismo de Perú; Javier Sandomingo, embajador de España en Perú; e Iván Vázquez, presidente de la región amazónica de Loreto. (Foto P. Arcos)
Leonardo di Caprio descubrió estas islas para el gran público en 2000. Gracias a su película “La playa”, uno de los títulos menos lucidos de su exitosa filmografía, este archipiélago formado por seis islas en el mar de Andamán, al sur de Tailandia, se convirtió en un paraje idílico y buscado por los turistas que anhelaban sus bahías de ensueño y sus cuevas y calas escondidas guarnecidas por unos acantilados que cortaban la respiración. Los pescadores del lugar, que se jugaban y sigue jugándose el tipo en las cuevas marinas buscando nidos de golondrina –sirven para preparar una sopa muy cara y apreciada como delicia gastronómica en China-, tuvieron que aprender desde entonces a sortear todo tipo de embarcaciones de recreo y de mayor tamaño cargadas de curiosos deseosos de ver “in situ” el espectáculo bajo el mar de ídolos moros, peces payaso, peces ballesta, peces unicornio, damiselas, langostas y todo tipo de corales blandos y gorgonias, o ya en la superficie, de los monos y los cientos de aves exóticas.

Hoy, diez años después,
las Phi Phi siguen maravillando por sus aguas poco profundas, que constituyen un gran reclamo para estos buceadores y amantes del “snorkeling”, pero su pocos habitantes prefieren no acordarse del equipo de rodaje del filme que dejó la isla Phi Phi Lee en tan mal estado que una sentencia obligó a la productora a reponer el medioambiente de la isla. Un tractor había remodelado y aplanado la playa, dejándola muy inestable, varios cocoteros fueron plantados y para mayor indignación de la población local el equipo de post producción “inventó” una montaña falsa que desvirtuaba el paisaje real.
Afortunadamente el desgraciado tsunami que afectó en diciembre de 2004 al archipiélago permitió restaurar después de forma natural el estado de esa “playa de cine” herida que vuelve a brillar en todo su esplendor, aunque con más testigos. A quien se anime a viajar a este paraíso, hoy menos virgen y más turístico y sólo accesible por mar desde Krabi, le conviene saber que Phi Phi Lee y Phi Phi Don son las dos islas más importantes del archipiélago. La primera, más pequeña y deshabitada,
donde se rodó el filme del protagonista de “Titanic” y también “La isla de las cabezas cortadas” con Geena Davis al frente del reparto, mantiene todavía algunos paisajes intactos –no perderse su laguna interior ideal para el baño- y la segunda, dotada con un puerto al que pueden acceder los ferries, está urbanizada con bungalows, hoteles y otras instalaciones turísticas.
Hoteles sin lloros. Sin gritos. Hoteles para ir en pareja, o con amigos, pero en cualquier caso sin niños. Los “Adult Only” crecen como la espuma en las cuatro esquinas del mapa turístico. En España, en el Caribe, en la playa y en las ciudades. En realidad, la moda del “solo adultos” se corresponde con la diversificación de la oferta, con el cuidado de todos los públicos, los más numerosos -famalias, sol y playa-, y los pequeños, los que buscan una mezcla de paz, wellness, cenas románticas y dulces sorbos de felicidad.
MALLORCA O FUERTEVENTURA
El
Barceló Illetas Albatros (Illetas, Calviá) se acaba de reconvertir a la fórmula “Adults Only”, tras una inversión de seis millones de euros que han servido para darle una vuelta al hotel. Todas las habitaciones tienen colchón doble, sábanas de algodón blanco de 200 hilos, TV de pantalla plana, WiFi gratis, ducha tipo raindance y diseño en blancos y gris, y, en las habitaciones superiores, bañeras dobles de hidromasaje. El spa tiene vistas al mar. Para el el verano han preparado sesiones de DJ´s, showrooms de moda, desfiles y fiestas en la piscina. Barceló tiene otro hotel similar en la playa de Jandía, Fuerteventura, el Barceló Jandía Club Premium.
IBIZA
El
Ushuaïa Ibiza Beach Club se halla junto a la playa d’En Bossa, y mezcla el ambiente de DJ’s, música y chicas/os guapas/os, junto a un arenal excelente. Entre las instalaciones del hotel, una piscina de agua dulce en forma de lago en la terraza y otra tipo río que serpentea entre los jardines. El Ushuaïa está pensado para aficionados a la música, para participar en sus sesiones o incluso para grabar sus propias mezclas en un estudio insonorizado, para amateurs o profesionales.
TENERIFE
Abama Golf & Spa Resort, complejo hotelero de gran lujo en Tenerife, acaba de poner en marcha sus
villas “sólo para adultos” con servicios VIP. Estas
villas se encuentran alejadas del edificio principal, rodeadas de jardines botánicos, bajando por la ciudadela principal hacia el océano. Además de disfrutar de las mismas comodidades que en las habitaciones de la ciudadela, esta exclusiva calle de
villas dispone de acceso a una piscina exclusiva, vistas al Atlántico desde las habitaciones del piso superior, cama con dosel y, en algunas, un techo alto e inclinado con vigas expuestas. Tienen servicio completo de habitaciones, así como un “buggy” para desplazarse por el complejo.
DE JAMAICA A BRASIL
La cadena
Iberostar también ha desarrollado una línea “solo para adultos”, para mayores de catorce años, con dos hoteles específicos en Mallorca (El Hotel Jardín del Sol y el Royal Cupido), uno en Gran Canaria, y otros siete de la categoría Grand Collection en Jamaica, Dominicana, Cuba, México, Brasil y Tenerife. En todos los casos, los hoteles están pensados “solo para dos”, desde los postres en un “sensual cornet” hasta la zona de spa y wellness, o las actividades deportivas para practicar en pareja.
DOMINICANA
Las playas de arena blanca de Punta Cana, esas con las que soñamos los días malos de invierno, acogen el nuevo
NH Royal Beach, un resort “todo incluido” con un servicio personalizado “solo para adultos”. En la provincia dominicana de Altagracia, frente a tres kilómetros de blandas dunas en Playa Bávaro, este hotel cuenta con 369 enormes habitaciones y cuatro espectaculares suites, de 118 metros cuadrados, todas con terraza. En el centro de wellness encontramos apetecibles tratamientos de estética y salud: aromaterapia, masajes, “rituales de agua”... y clases de yoga, taichí y meditación. En la misma isla, el
Majestic Elegance Club se dirige igualmente a los adultos, “sin ninguna excepción”.
DE MADRID A BALEARES
Meliá llama, como sus competidores, a los adultos. Acaba de lanzar una propuesta para enamorados: el
hotel ME en Madrid, en colaboración con Bijoux Indiscrets y sus productos de diseño erótico, que estarán en todas las suites. ME busca viajeros con un gusto especial por el arte y el diseño, por la cocina y la música internacional. Una nueva filosofía presente en sus establecimientos de Madrid, Barcelona, Cancún, Cabo San Lucas (México) y, pronto, Londres y Viena.
Sol Meliá tiene cuatro hoteles en España reconvertidos a la fórmula “Adults Only”. El Meliá de Mar, en la idílica cala de Illetas (Mallorca), se acaba de reinventar este año, transformándose en hotel para mayores de 15 años. Todas las habitaciones tienen cafetera Nespresso, base para el iPod, teléfono inalámbrico... Además, las llamadas “The Level” incluyen otras prestaciones como el “check in” privado en la habitación, acceso gratuito al YHI Spa, servicio diario de bar y snaks en el lounge privado o camas balinesas en el área chill out privada de la piscina. El Sol Ibiza, el Sol Menorca y el Sol Cala Blanca tampoco admiten niños.
(En Twitter, @jfalonso, @abcviajar)
Verano en isla Mauricio
En realidad, siempre es verano en el Índico, aunque agosto es el mes más frío y tormentoso del año. Nuestro invierno es su verano, cuando la isla se parece más a esa postal idílica con la que todos soñamos los días grises. Allí acaba de reabrir sus puertas (en noviembre) el
Trou aux Biches Resort, tras una reforma completa que ha durado dieciocho meses. Es un hotel amplio, de 337 habitaciones, situado a pie de una de las mejores playas del noroeste de la isla, con opciones para todas las necesidades: para parejas (habitaciones junior suite, algunas con piscina privada, terraza y acceso a la playa) o familias,
villas de dos o tres habitaciones que son residencias privadas con las ventajas de tener al alcance de la mano los servicios generales de este gotel de la cadena Beachcomber. No hay vuelo directo, y el paquete con cualquier agencia no suele ser barato (a partir de 2.000 euros), pero todos los sueños tienen un precio.
Relais&Chateaux llega a Santiago
A Quinta da Auga es el nuevo hotel de la cadena Relais & Chateaux en España. La familia de Lorenzo García descubrió esta fábrica de papel del siglo XVIII, rodeada por el río Sar, y decidió restaurarla en 2003. Se halla a dos kilómetros del centro de Santiago de Compostela, y cuenta con cuarenta y cinco habitaciones, todas decoradas de forma distinta con antigüedades y obras de arte. Su restaurante Filigrana elabora una cocina tradicional gallega basada en los mejores productos de temporada. 981 534 636.
Dormir en un árbol
Uno de los lugares más originales en los que pasar el fin de año o cualquier otro día.
Tree Hotel, en Harads (Suecia), surge de una colaboración única entre algunos de los principales diseñadores y arquitectos de Escandinavia para crear un concepto de vivienda singular y divertida. Este hotel ha abierto sus puertas este año y consta de seis “habitaciones” totalmente diferentes en diseño y forma. Los huéspedes escuchan el susurro del viento al pasar por las copas de los árboles, el olor a bosque, el cantar de los pájaros cuando despierta el día.
Un crucero en los Mares del Sur
El Pacífico Sur (Tahití, Moorea, Bora Bora), el paraíso al que huyeron exploradores y navegantes como James Cook o pintores como Paul Gauguin, es otro de esos horizontes que merece la pena ver al menos una vez en la vida. El Royal Princess, un barco pequeño, de 710 pasajeros, realizará trece cruceros por esta zona hasta la primavera de 2011. Uno de ellos sale el 29 de este mes del puerto de Papeete, con once días de navegación por delante. La Penthouse Suite con balcón cuesta 3.699 euros, aunque también se pueden encontrar camarotes con balcón desde 900 euros por persona (más 279 euros de tasas).
El viaje incluye dos días completos en Bora Bora.
El barco más grande del mundo
Acaba de salir de los astilleros y de ser inaugurado oficialmente en Miami. El
Allure of the Seas, de Royal Caribbean, es el nuevo crucero más grande del mundo, con 16 cubiertas, capacidad para 5.400 pasajeros en 2.700 camarotes y organizado en siete vecindarios diferentes. Este barco alternará itinerarios de siete noches en el Caribe occidental (con escalas en Haití, Jamaica y México) y el Caribe Oriental (con paradas en Bahamas, St. Maarten y St. Thomas) con salida desde Port Everglades en Fort Lauderdale, Florida. El fin de año estará en el Caribe oriental.
Cerca de Salvador de Bahía
Una novedad en la Reserva Natural de Imbassí, a 45 minutos de Salvador de Bahía.
Fiesta Hotel Group inauguró a primeros de noviembre un “todo incluido” cinco estrellas, el primero de la compañía en Suramérica, en un entorno de postal, naturaleza y playas vírgenes, bañado por el mar de la Costa dos Cocqueiros y atravesado por el río que le da nombre.
Placeres de invierno en Bruselas
En Europa, a final de diciembre, hace frío, pero sus estampas de la Navidad tradicional, de los mercadillos, de olor a gofres, compensa el abrigo y la bufanda. Hay mercadillos en casi todas las ciudades, y quien los descubre suele volver. Esta vez elegimos
Bruselas, el corazón de Europa, que pone en marcha un programa bautizado como “Plaisirs d'Hiver”, hasta el 2 de enero. Decoración específica, 240 puestos en el mercado de Navidad, iluminación y animación en la calle y, por supuesto, su famosa pista de patinaje de más de sesenta metros de largo (precio, 6 euros la hora; niños, 4). En Gante, por cierto, la pista de patinaje está abierta hasta el 16 de enero.
Cien años de la Gran Vía
Este año, como bien sabemos, la Gran Vía madrileña celebra su centenario. Uno de sus símbolos arquitectónicos más famosos es el edificio Carrión, construido por Alberto Feduchi, creador también del InterContinental Madrid en 1953. Para celebrar la ocasión, este hotel ha preparado una Gala Especial Aniversario de la Gran Vía con música en vivo y sorpresas de Año Nuevo. Los chefs han preparado un menú de seis platos, que incluye delicias como foie gras, lubina y solomillo. Precio de la Gala de Nochevieja, sin alojamiento: adultos, 450 euros; niños, 146; cotillón, 175.
Información: 91 700 73 71.
Noche chic, en Biarritz
Para esta propuesta hay que sacar de nuestro armario lo mejor de lo mejor. El fantástico
Hotel du Palais, miembro de “The Leading Hotels of The World”, nos traslada al ambiente chic y selecto de las fiestas que celebraban la realeza europea y las estrellas del cine a finales del XIX. Y como telón de fondo, la ciudad de Biarritz, que iluminará la noche con espectaculares fuegos artificiales. El menú lo elabora el chef (estrella Michelin) Jean Marie Gautier. El precio está a la altura de las circunstancias: cena de gala, 550 euros por persona.
El menú del Gers, foie-gras
Gimont, Seissan, Samatan, Fleurance… Desde noviembre hasta marzo los mercados de los pueblos del departamento del Gers, al sur de Francia, venden productos de foie caseros. La gente acude para comprar foie-gras enteros o caparazón de pato sin hígado.
Estos mercados son únicos en Francia. El Gers presume de su foie-gras y otros productos nobles sacados del pato y de la oca, criados al aire libre y con maíz. Una tradición que nos permite saborear los aromas de una cocina gascona sorprendente por su inventiva.
Suiza: glaciares, esquí y Churchill
La postal blanca no puede faltar entre los planes de fin de año. Nos vamos al glaciar Aletsch para descubrir una lengua de hielo de veintitrés kilómetros. Es una autopista blanca que zigzaguea entre las altas cumbres del conjunto de montañas Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn, en el sur de Suiza. Desde el mirador de Bettmerhorn, a tres mil metros de altura, este inmenso glaciar alpino se nos antoja una especie en peligro de extinción. Los glaciares son masas de hielo formadas por la compactación de la nieve. Un bellísimo prodigio de la naturaleza, incluido por la Unesco en su listado de Patrimonio de la Humanidad. En los alrededores, las estaciones de Zermatt o Sass Fee. Y para dormir, el
Pro Natura Zentrum Aletsch alquila las habitaciones de la residencia Cassel, donde se alojó Winston Churchill. En las afueras de Riederalp.

Quien desee conocer la zona norte del Gran Buenos Aires –la más hermosa y exclusiva de esta provincia, con sus grandes mansiones de época y sus country clubs-, tiene
una cita obligada con Tigre, localidad que debe su denominación a una raza de felinos, los yaguaretés o tigres americanos, antaño abundantes en la región y hoy extinguidos. Colonizado hacia 1580, este emporio, ciertamente coqueto y pintoresco, oficia de
puerta de entrada al delta del Paraná, el tercero más grande del planeta (17.500 kilómetros cuadrados de superficie y 320 de longitud) y el único entre los de su tamaño cuyas aguas no van a parar directamente al mar, ya que se vierten antes en el río de la Plata.
La
Agencia de Desarrollo Turístico de Tigre nos ha invitado amablemente a visitar su ciudad. Partimos, pues, de Buenos Aires en esta mañana, que se anuncia lluviosa.
Desde el famoso Obelisco de la Avenida 9 de Julio hasta nuestro destino sólo hay 32 kilómetros; un corto y sugestivo trayecto viable todo el año, bien sea por tierra o en los barcos que, soltando amarras en la dársena norte de Puerto Madero, navegan el río de la Plata. Dentro de la primera opción, una alternativa altamente recomendable al colectivo número 60 –el autobús más famoso de la capital- o al taxi (al remis, como le llaman por estos pagos) es el tren eléctrico, inaugurado en 1916, cuya marcha, paralela a la corriente fluvial, proporciona unas vistas excelentes y evita los atascos circulatorios.
Por sus bellezas naturales y por su cercanía a la gran capital,
el delta del Paraná, uno de los lugares más interesantes de toda Argentina, atrae cada día a gente deseosa de pasar aquí unas vacaciones o un simple fin de semana. Pese a extenderse entre los 32º y los 34º sur, su escasa altitud y la abundancia de grandes espejos de agua generan un microclima propio de latitudes tropicales. Los palmares de pindó, por ejemplo, abundan en uno de sus brazos, el Paraná de Las Palmas, así bautizado por los colonos europeos debido a tal circunstancia. Éstos, por su parte, introdujeron plantas que modificaron sensiblemente el paisaje original. Hoy, prestando la debida atención,
distinguimos exotismos vegetales como el papiro –el mismo que usaban los faraones para escribir en el delta del Nilo-, identificable por su fino tallo y su plumerillo en la punta. De Nueva Zelanda vino el formio; de Europa, la madreselva; de Japón, la ligustrina –actualmente convertida en plaga- y del Himalaya llegó el sauce llorón, incorporado ya al horizonte paranaense como si fuera un endemismo.
Tigre, sin duda su reclamo más llamativo, conforma un destino turístico no comparable a ningún otro dentro de la provincia de Buenos Aires. La
villa, delimitada por los ríos Luján, Reconquista y Tigre, es
una perla arquitectónica decimonónica que subsiste en medio de un universo anfibio y desconcertante. Efectivamente, la Venecia de Argentina –nombre que muchos le adjudican- se alza en un dédalo de islas y caños rebosante de especies vegetales, tanto autóctonas como exóticas, que colorean el ambiente (amén de purificar el aire bonaerense) y por el que únicamente sus moradores consiguen orientarse.
Verónica, la representante de la Agencia, nos recibe en Puerto de Frutos. Ninguna visita a Tigre es completa si se soslaya este lugar, el cual debe su nombre a que, hacia 1900, esta zona del delta fuera elegida para establecer quintas de producción agrícola, sobre todo de frutales. “Las islas contaban también con aserraderos y talleres de carpintería” nos va contando Verónica, “y manufacturaban maderas, conservas, embutidos y licores”. Hoy
los artesanos de Puerto de Frutos siguen trabajando la madera, además del mimbre y otros elementos, transformándolos en bellos objetos decorativos y artísticos. La entrada a los obradores es gratuita y la feria artesanal permanece abierta toda la semana.
A principios del siglo XX, participando del esplendor de la Belle Époque, Tigre se enriqueció con obras de arquitectura notables y se convirtió en el reducto veraniego de la oligarquía porteña. No obstante, la explosión turística tuvo lugar mediada dicha centuria, con el florecimiento de hosterías, clubes de remo y otros servicios que congregaban a miles de bonaerenses los fines de semana. En la actualidad,
la Venecia de Argentina se impone como una buena opción para pasar el verano sin alejarse de la gran ciudad. Su señuelo es que no hace falta ir al mar para disfrutar del agua. Entre sus ofertas hay unas cuantas gratuitas, como visitar alguna de sus reservas ecológicas; a precios asequibles, como recorrer los caños en lancha, pescar al atardecer y surcar el aire haciendo kite surf; o poco comunes, como alquilar una cabaña en la copa de un árbol y navegar en kayak a la luz de la Luna.
El delta del Paraná crece a razón de 90 metros al año, sumando nuevas tierras a este universo ensimismado, especie de refugio salvaje en el que el agua lo es todo: razón esencial del encanto de los cayos, pero también fuente de obstáculos e incomodidades. En Tigre la vida de los isleños transcurre en este eterno contencioso de amor-desamor por el agua. Entre las singularidades de su mundo ribereño encontramos la lancha-ambulancia, la lancha-almacén y las lanchas-basurero, contratadas por cada grupo de vecinos para abaratar costos. Hasta 1952 hubo un banco flotante e incluso una iglesia que se mecía sobre la corriente con capacidad para quince feligreses, una sacristía, comedor y cinco camarotes para el sacerdote y la tripulación. Pero aquí la vida cotidiana apenas ha cambiado desde sus primeros tiempos. Algunos puentes, hoy como ayer, son levadizos para que puedan pasar las chatas (chalanas) cargadas de materiales de construcción; y los perros, más que de una a otra vereda, se ladran de orilla a orilla, sin atinar a encontrarse. Las islas sostienen a unos 6.000 habitantes fijos, acaso una cifra ideal para mantenerlas como un mundo aparte, próximo, sí, a Buenos Aires, pero con otras necesidades y otro modo de vivir.

A los hombres que gustan de las mujeres vestidas de cuero (porque huelen a coche nuevo) también les gustarían los ascensores de La Mamounia. Por lo mismo. Por ese cuero repujado y nuevo (de hace un año). Por ese olor.
Porque el legendario hotel levantado en 1922 por los arquitectos Henri Prost y Antoine Marchisio es otra vez único. Y el arquitecto e interiorista Jacques García ha vuelto a las esencias. Con todo su lujo desparramado en la inmensidad horizontal del establecimiento.
Tanto La Mamounia como el Royal Mansur (los dos del Rey) basan parte de su exclusividad en la artesanía marroquí integrada con el wifi, la mejor lencería, las chanclas Hawaianas o el spa de Shiseido (ambas fruslerías en La Mamounia). Aunque quizá hoy Churchill habría sido capaz de encontrar otro lugar “encantador” en Marrakech. Y Hitchcock podría haber filmado la cena de Doris Day y James Stewart en otro hotel. Incluso Carmina Ordóñez podría haber elegido otro. Porque la oferta del lujo en Marrakech está a la altura de Londres. Pero
se tiene la impresión de estar en otro mundo tras dos horas de vuelo. Es verdad que Marrakech es accesible para todo tipo de turista. Que la oferta de riads es considerable, que el pijerío de la cosmopolita ciudad roja es asequible. Se puede disfrutar yendo al Grand Café de la Poste y sentir que la gente es la misma que en L’Avenue de Paris. Luego pasar por la Medina y la plaza Jmaa El Fna y volver al riad.
A uno de los muchos que extranjeros enamorados de la ciudad han convertido en hoteles con encanto. La Mamounia también tiene riads. Tres. Con mayordomo y piscina. Y La Sultana es la unión de cinco riads en la Kasbah. Una saga literaria. Cada riad un tomo; cada habitación, un capítulo. Pequeño, delicioso y con lo mejor de la tradición. Por el contrario,
el Bab Hotel, en Guéliz, es moderno. Blanco, de diseño, sin artesonados, minimalista (lo que Sister Parish llamaría tacañería). Cerca del centro pero en un parque de ocho hectáreas, Es Saadi. Una inmensidad con tres hoteles en uno. Entre ellos,
Es Saadi villas, donde se han alojado Catherine Deneuve o Sigourney Weaver. Y en el Palmeral, la nueva joya del lujo asiático en África:
el Mandarin Oriental Jnan Rahma. El Versalles del Magreb. Antes de la inauguración ya lo hemos visto en ‘Sexo en Nueva York 2’. Un espanto. La película. El cine que ha hecho atractiva La Mamounia en ‘El hombre que sabía demasiado’ no ha hecho atractivo el Mandarin. ¿Pero quién se resistiría?
En la Medina. La Mamounia. El
legendario hotel, reinaugurado hace un año, aúna lujo, tradición y chic. Hasta los pasillos, con un fotógrafo por planta, merecen la pena.
En la Kasbah. La Sultana.
Cinco riads convertidos en uno de los ‘Small Luxury Hotels’ que recomiendan las modelos internacionales. Lo mejor, la terraza. 360 grados al esplendor de la ciudad de Marrakech.
En el Palmeral. Mandarin Oriental Jnan Rahma. El último en llegar. Lujo asiático, del excesivo, a los pies del Atlas. Entre lo más destacado, el templo de yoga para practicar en grupo o en privado con un maestro yogui.

“¿Lima? No gracias. No me gusta. Es muy ácida”. Con este juego de palabras los limeños más críticos suelen referirse a su ciudad.
Fundada en 1535 por Francisco de Pizarro como Ciudad de los Reyes, la capital del Perú (así, con el artículo determinado, que por estas tierras aún no ha llegado la nefasta moda de suprimirlos) es hoy una urbe activa, en constante cambio, con unos 9 millones de habitantes.
Fueron los conquistadores quienes preguntaron a los indios ychmas por el nombre de aquel río y recibieron como respuesta “Rimac” (pronunciado “Limac”), que en realidad quiere decir “Hablador” por los muchos cantos rodados que arrastraba. Junto a él construyeron una ciudad con un plano de tablero de ajedrez, trazado que aún perdura. Llegar a Lima por avión desde Madrid es pasarse doce horas en vuelo, tres de ellas sobre
el insolente verdor de la Amazonía que se acaba de repente en los Andes, y pasar sin solución de continuidad al ocre terroso y desértico de la ciudad de Fray Escoba.
Esta capital, como todas, se divide en barrios, pero aquí, puede que como en ninguna parte, los distritos son muy diferentes entre sí. Sólo su centro histórico
(“El Damero de Pizarro”: Plaza Mayor, Catedral, Palacio de Gobierno, Casa Aliaga...) fue suficiente para que la Unesco lo declarase
Patrimonio de la Humanidad en 1988. El Rimac, otro de los más vetustos, con la Plaza de Toros de Acho (1768), la más antigua de América. El Barrio Chino, donde la comunidad asiática es la más numerosa después de la Estados Unidos y Canadá. Barranco, hoy el barrio bohemio y hace décadas el balneario preferido por el pijerío limeño. En su viaducto se inspiró Chabuca Granda para componer su canción “Puente de los suspiros”.
Miraflores, sin duda el distrito turístico y hotelero por excelencia. San Isidro,
la “ciudad jardín” de Lima, cuajada de parques y chalets residenciales... Y pegados a ellos los barrios pobres que se fueron creando según Lima crecía desordenadamente más allá de la cuadrícula inicial. Los llamados eufemísticamente “Pueblos Jóvenes” (PPJJ) que empezaron a colonizar la falda de los cerros y hoy trepan por ellos. Carabayllo, con su controvertida central nuclear. Pachacámac, donde las chabolas en pleno desierto parecen intentar devorar uno de los centros arqueológicos más interesantes del Perú. El Agustino, una especie de Pozo del Tío Raimundo vallecano donde el padre Chiqui, una especie de sosia del Padre Llanos, apoyó en los años 80 el movimiento musical AgustiRock para sacar a los jóvenes de la droga y la delincuencia.
villa María del Triunfo, cuyo mayor producto de exportación son las “peperas”, jóvenes prostitutas especialistas en seducir a hombres mayores, meterlos en algún garito y “pepearlos”, es decir, ponerles somníferos en la bebida para desvalijarlos.
Dos Limas reales, pero contrapuestas. La una en alza y la otra en decadencia, sobre todo desde que se acabara con el terrorismo que arruinó a la ciudad y al país entero en los años 80. Desde entonces Lima ha cambiado mucho hasta ser considerada por la Unesco como
la 18ª ciudad más bella del mundo. Mientras me tomo un pisco sour en el centenario
café Cordano, muy cerca de la Plaza Mayor, hoy tomada por una pantalla gigante para ver los partidos del mundial y por los carritos de Coca Cola que lo patrocinan, recuerdo las sabias palabras del jefe de cabina de la aerolínea
Taca Perú, César Soto, un auténtico filósofo del viaje y de la vida, que lanzó a sus pasajeros por la megafonía del avión poco antes de aterrizar: “Quiero darles la bienvenida a Lima: capital gastronómica del mundo, tierra del cebiche, del pisco y del pisco sour, así como también del lomo saltado, la causa limeña, la chicha morada, el pollo a la brasa, los anticuchos, el suspiro, etc. No olvide visitar el centro histórico, su famosa catedral. Si quiere ir de compras vaya a Miraflores y si está corto de dinero, pude ir a Gamarra o a los Polvos Azules. Si quiere un poco de romanticismo vaya a Barranco a caminar por el Puente de los Suspiros. Nunca deje de sonreir por más extraño que sea el motivo. Quiero recordarles que sonrían y piensen bonito al pasar sus controles de migración y aduanas.
Cuando se piensa bonito todo sucede bonito. Tome su paso por la Aduana como si hubiera hecho un deporte extremo. La vida es muy corta: perdone rápido, bese lento y ame intensamente. Y nunca deje de sonreír por más extraño que le parezca el motivo. La vida tal vez no sea la fiesta que esperábamos, pero mientras estemos acá solo nos queda bailar”.
FOTO:
PILAR ARCOS.

Se llama Víctor Hugo pero los únicos miserables que ha visto en su vida estaban en las chabolas-palafitos de los Guasmos de Guayaquil. No tendrá más de veinticinco años y se gana la vida, según me dice "bastante bien",
llevando en su panga a turistas como yo. No quiere abandonar su tierra,
las islas Galápagos, aunque tiene parientes que están trabajando en Madrid.
"Mire usted, si el turismo baja, puedo pescar y no me muero de hambre. Yo aquí tengo de todo lo que necesito y sobre todo... tranquilidad". Las pangas son unas barcas a motor, una especie de esquifes como el que utilizaba el capitán Ahab para perseguir a aquella obsesión blanca llamada Moby Dick, o el del viejo pescador cubano ideado por Hemingway en pos de un pez tan enorme como quimérico. Esta es menos literaria, más moderna, equipada con un potente motor fuera borda, y sólo tarda diez minutos en atravesar
el brazo de mar que separa el Puerto de villamil, en la galapagueña isla Isabela, del islote de Las Tintoreras. A excepción de dos playas, una de arena blanca y otra de piedras negras, toda esta islita, de origen volcánico como el resto de las Galápagos, está formada por lava del tipo AA, negra, reciente, áspera, amenazadora, pero que se puede recorrer sin dificultad alguna gracias a unos caminitos abiertos entre las rocas cortantes de los que no hay que salirse.
Paseo tranquilo por este paisaje lunar habitado por centenares de iguanas terrestres que allí, sin depredador alguno, se reproducen con total normalidad. Son tan confiadas que hay que tener cuidado para no pisarlas. Aguas limpias, turquesas, casi siempre mansas, ideales para la navegación y el snorkel. Para la contemplación de lobos marinos, pingüinos, tortugas, iguanas marinas y los tiburones de aleta blanca que dan nombre al islote. Pero no todo es idílico, muy cerca de aquí, frente a la isla de Santa Cruz, el 17 de marzo pasado encalló la goleta “Alta” con 16 turistas canadienses y 8 tripulantes. Llevaba unos 14.000 litros de diésel en sus bodegas. Aunque todas las personas fueron rescatadas, se temió por el vertido del combustible. Era un susto más ya que en junio de 2009 en sólo cuatro días otros dos barcos derramaron petróleo cerca de Puerto Ayora. Y en enero de 2001 de un buque cisterna escaparon 600.000 litros que produjeron una marea negra de 1.200 km² cerca de Puerto Baquerizo.
El archipiélago de las Galápagos es un paraíso en constante peligro. En 1978 fue el primer lugar del mundo declarado Patrimonio de la Humanidad, pero a partir de 2007 se temió por su futuro y la Unesco lo puso en la lista de sitios en peligro. El turismo, la introducción de animales invasores, entre ellos los domésticos, y los propios habitantes de las islas podrían acabar con este edén en el que Darwin desarrolló su teoría evolucionista.
Por fortuna, el Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, tras comprobar la situación, acaba de retirar a las Galápagos de esa lista nefasta de "bienes en peligro". Un respiro momentáneo, pero no definitivo. Víctor Hugo habla y no muy bien de los políticos con respecto al medio ambiente. En su panga, junto a la proa, un cartel pintado a mano reza: "NO VOTAR BASURA". Quiero pensar que no es una errata.
1. XXXI edición de
Fitur: 75.000 metros cuadrados, diez pabellones, más de 10.500 empresas procedentes de 166 países, un 2 por ciento más que en la edición anterior.
2. Iberia regresa a la feria dos años después.
3. AVE Madrid-Valencia: en cualquier momento del año.
4. Brasil está de moda. En 2014, Mundial de Fútbol; en 2016, Juegos Olímpicos. Las doce ciudades que serán las sedes del Mundial tienen un lugar destacado en el stand brasileño en Fitur.
5. Centroamérica crece en hoteles de lujo y en vuelos directos desde España.
6. La catedral de
Santiago cumple 800 años.
7. La exposición «
Cádiz 1812» se inaugurará en el segundo semestre.
8. Centenario de la expedición liderada por el noruego Roald Amundsen al Polo Sur a bordo del Fram.
9. Hay que visitar Trujillo. Allí nació Orellana hace 500 años.
10. Destino, Capital Cultural de 2016: Burgos, Córdoba, Las Palmas, Segovia, San Sebastián, Zaragoza.
11. Machu Pichu, Perú. Fue redescubierto por Hiram Bingham en 1911.
12. Nuevos países en Fitur: Nueva Zelanda, Pakistán, Congo y Guinea Conakry.
13. New York, New York. La estatua de la Libertad se inauguró hace 125 años.
14. Turismo gay: más espacio en Fitur, más negocio, más propuestas.
15. Nuevo centro Niemeyer en Avilés.
16. Año Victor Horta: 150 aniversario del máximo representante del art nouveau en Bélgica.
17. En octubre se estrenará Tintin, la película de Spielberg. ¿Qué tal una ruta del cómic por
Bruselas?
18. De abril a septiembre, Miró en la Tate Modern de Londres.
19. El 29 de abril, boda real en la Abadía de Westminster.
20. La quinta edición de «
La Rioja Tierra Abierta» nos lleva a Alfaro.
21. El paso de cebra de la londinense Abbey Road, famoso por ser la portada de un álbum de los Beatles, acaba de ser declarado por el Gobierno británico como lugar de «importancia cultural e histórica».
22. Madrid Fusión, del 25 al 27 de enero. Turismo gastronómico en la capital.
23. De junio a octubre, siete noches en blanco en otras siete ciudades de Europa. La de Madrid, en septiembre.
24. Turku (Finlandia) y Tallin (Estonia), capitales europeas de la cultura 2011.
25. Al corazón del Teatro Nacional de Praga, con motivo del 130 aniversario de la primera función que se celebró en este edificio neorrenacentista.
26. Nuevo
Transcantábrico Gran Lujo. Realizará el itinerario Santiago de Compostela-San Sebastián o viceversa. Estará compuesto de cuatro salones y siete coches cama, cada uno con dos suites.
27. Hamburgo, Ciudad Verde europea en 2011. Sus innumerables zonas ajardinadas y parques hacen de esta ciudad la más verde de Alemania, un destino perfecto en primavera.
28. En octubre, 200 años del nacimiento de Franz Liszt. Excusa para un viaje musical.
29. El Museo
Carmen Thyssen-Bornemisza de Málaga, en el palacio de
villalón, abrirá sus puertas en primavera.
30. El Parador de Lorca (Murcia), en las inmediaciones de una alcazaba musulmana, abrirá a mediados de año.
31. El
Alma de Córdoba, visitas nocturnas a la Mezquita.
32. La cadena Hilton inaugura su hotel número 200 en Europa... en Bulgaria.
33. La Isla de Sal, en Cabo Verde, un destino para descubrir.
Sol Meliá abre su tercer hotel en este rincón del Atlántico.
34. Una escapada al Bedford, el hotel de Richard Gere cerca de Nueva York.
35. Bacara organiza viajes para aprender a hacer (buenas) fotos, un curso realizado en el destino elegido, por ejemplo Tanzania.
36. Rutas del Vino de España presenta en Fitur sus nuevas rutas certificadas: La Garnacha (Campo de Borja), Lleida y Ribera del Duero.
37. Del 24 al 26 de junio, Valencia, Fórmula 1.
38. Buenos Aires, Capital Mundial de Libro en 2011.
39. El Museo Van Gogh de Ámsterdam presenta la exposición Picasso en París, 1900-1907. Del 18 de febrero al 29 de mayo.
40. En marzo, las máscaras del Carnaval, por ejemplo en Tenerife (del 2 al 13). (Imagen: portada de ABC VIAJAR, 19 de enero).
@abcviajar
Iriba, viernes. No es fácil escribir en medio del desierto, sentado en un repecho de arena, con el crepúsculo devorándose a sí mismo a una velocidad inaudita, con una grupo de combate polaco instalando tiendas de campaña al pie de un cerro aprovechando las últimas briznas de claridad mientras montan la primera guardia en lo alto del promontorio y todo el polvo de las pistas de arena chadianas grabado como un mapa en la cara de quienes hemos venido a ver qué se cocía en este auténtico
agujero negro de África central, uno de los lugares más opacos de la Tierra, y no en sentido precisamente metafórico: desde el espacio, los satélites han comprobado que esta región es una de las menos iluminadas del mundo: cuando la noche cae sobre el Chad la oscuridad resultante es magnífica para el olvido, para el crimen, para la lasitud, y también para contemplar (como en Somalia) uno de los firmamentos más cuajados de estrellas.
La Vía Láctea es generosa y a los más pobres les da más preciosa leche que a nadie. Como el Chad es un espacio paradójico (aunque en olvido todavía le gana su vecino del sur, la República Centroafricana: todavía más desdeñada) y de su inmensa superficie apenas dispone de un 2,8 de tierras cultivables (con un ínfimo 0,02 por ciento de cosechas periódicas: sorgo, arroz, patatas, tapioca y algodón), la sequía y las plagas de langostas se ceban con un país que también ha encontrado en el petróleo una maldición: con contratos leoninos a favor de empresas estadounidenses (como Exxon Mobil) y Chinas, buena parte de los beneficios de los 156.000 barriles diarios que exporta desde 2004 los destina a el régimen a comprar fidelidades entre sus muchos enemigos y sobre todo armas (el gasto en educación equivale al 1,9 por ciento del Producto Interior Bruto), mientras que a Defensa dedica el 4,2 del PIB), la media de hijos por mujer es de 5,4, que acaso compensa que de cada mil nacimientos mueren cien) y un 80 por ciento de su población está por debajo de los índices que le sirven a las Naciones Unidas para trazar el umbral de la pobreza.
El día amaneció temprano. Había que subirse a un avión de carga construido por la empresa española CASA, mantenido y pilotado por españoles adscritos a la Fuerza Euopea (Eufor) con una misión rimbombante (proteger la distribución de la ayuda humanitaria en el Este del Chad, prestar apoyo a las organizaciones no gubernamentales que la distribuyen y atienden a los más de 450.000 refugiados sudaneses y desplazados internos, y en general proteger a la población de la miríada de grupos rebeldes, que a menudo se confunden con bandidos (aunque hay quien piensa que el jefe de todos los bandidos es el propio presidente de la República, que mantiene a su propio país en la miseria y que depende de Francia para mantenerse en el poder). El avión aterrizó dos horas después en Abéché, donde los franceses cuentan con la segunda base aérea más importante del país después de la de Yamena. Allí embarcamos en un helicóptero ruso, que tras hora y media de navegación a media altura (lo que permitía contemplar la aridez del terreno, y las marcas dejadas por los ueds, que se desbordan en la estación de las lluvias) nos depositó en Iriba, sede del batallón polaco que se encarga de vigilar este vaston rincón del noreste chadiano, junto a la arbitraria, porosa, invisible frontera con el Darfur sudanés. Provistos de pesados chalecos antibalas (método ideal para adelgazar en el árido clima chadiano) y cascos, además de raciones de combate del glorioso ejército que tantas derrotas ha sufrido a manos de su poderosos vecinos europeos (la Gran Rusia al este, la Gran Alemania al oeste) iniciamos la patrulla cuando el sol más fiero estaba. Dejamos los alminares, tapias de adobe, escuelas y callejas de arena de Iriba para internarnos en el desierto. Era un convoy de cuatro blindados con cañón disuasorio de 21 milímetros y tres todoterreno. Por sabana, bosque bajo y puro desierto, observados por nómadas desde sus cabañas de caña y adobe, rebaños de cabras, burros que rebuznan como rebuznaban en España los burros que han ido desapareciendo de nuestra vida y de nuestra memoria, dromedarios y camellos, cuando el crepúsculo comenzó a insinuarse nos detuvimos al pie de un cerro no muy lejos de la
villa (por llamarle de alguna forma) de Bihai, y a unos siete kilómetros de la frontera con Sudán. Levantamos nuestras tiendas de campaña individuales con la ayuda de los bruscos y al mismo tiempo amigables soldados polacos (muchos reenganchados de las guerras de Irak y Afganistán a este frente difuso -y mucho menos peligroso- en el corazón muerto de África). Parecían tumbas para una noche, y abrimos las raciones de combate, que algún exquisito combatiente francés dijo que no eran mejores que lo que comía su perro: latas de comida con cierto sabor a atún, cierto sabor a pollo, cierto sabor a paté innombrable, pero que mata el hambre cuando no hay agua con la quitarse las capas de polvo del camino, y sólo para beber, lavarse los dientes, quitarse capas de mugre de los pómulos y de los párpados.
Como cuentan en las novelas y en las películas, la temperatura se desploma en la noche del desierto, pero antes de dormir sobre el duro y amigable suelo africano todavía hicimos una patrulla nocturna en dos de los blindados: nos acercamos hasta el campo de refugiados de Oure Cassoni, donde se hacinan unos 30.000 sudaneses que han venido a ponerse a salvo a este lado de la artificiosa frontera. Gracias a los visores nocturnos que nos prestaron los soldados pudimos ver la película en blanco y negro de los muros de adobe, las chozas levantadas con lonas del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (que no reconoce el asentamiento porque va contra sus principios: se opone al levantamiento de campos junto a la frontera del país de origen, porque entiende que los refugiados está expuestos al hostigamiento y a la inseguridad -no en vano sirven de camuflaje a los grupos rebeldes que, en este caso, combaten al régimen del general Omar Al Bashir- y prefiere que se organicen a varias decenas de kilómetros de la linde, aunque los que han huido prefieren alejarse lo menos posible de su país, de sus casuchas y de sus tierras, porque su único sueño es volver). Aunque eran más de las once de la noche, vimos un comité de recepción formado por niños que se dirigía con las manos en alto hacia nosotros. ¿Qué hacían levantados a esa hora? Pero algo o alguien les disuadión y a medio camino volvieron sobre sus pasos. Con la media luna blanqueando los caminos, sacando instantáneas misteriosas de los arbustos y de las piedras, todo el desierto parecía una radiografia de la luna. Unos burros sobresaltados por nuestro paso rebuznaron como almas en pena. Al regresar al campamento cerca de la medianoche, casi todo el mundo dormía. Agotados, caímos en un profundo sueño ajenos a los escorpiones, arañas y otra fauna que se esconde en estos pedregales. A las seis, salimos de nuestras tumbas individuales.
El sol empezó a asomarse a una velocidad de vértigo. Nos vimos y nos las desamos para meter los sacos y las tiendas en sus fundas (los polacos volvieron a armarse de paciencia), tomamos café y galletas duras como piedras ablandadas con la leche condensada de las raciones de combate, y reemprendimos la aventura. Primero un lago del que sobresalían troncos secos. Llegó un rebaño formado de decenas de ovejas que balaban con la unanimidad de las nuestras, manejadas por un pastor sin perro que había pasado la noche junto al agua mansa y cobriza. El campo de refugiados no estaba lejos. Hablamos con el jefe del destacamento de la policía chadiana que se encarga de “la seguridad” del campo: 20 hombres para 30.000 almas. Un imposible. Confesó que les ruegan a los rebeldes del JEM, quizá el grupo más nutrido y relevante que combate contra el régimen de Jartum en Darfur, que dejen sus armas a la entrada del campo (un campo con mil puerta) cada vez que acuden a visitar a sus familiares. La falacia y el juego quedaron en evidencia cuando acertó a pasar una “pick up” artillada con seis “rebeldes” a bordo: calzados con chancletas, con turbantes de oro y oliva, y kaláshnikovs en torno a una ametralladora de 14 milímetros, no ocultaban, como sus compatriotas del campo, su alegría por la orden de búsqueda y captura dictada por la Corte Penal Internacional contra su gran enemigo, el presidente sudanés, Al Bashir, aunque está por ver quién será capaz de ponerle el cascabel al gato, y si haciendo un gran bien (poner fin a la impunidad que reina en Darfur desde hace casi seis años, con 300.000 muertos y casi tres millones de desplazados y refugiados, condenar al régimen islamista y militar de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad) muchos seguirán sufriendo o morirán por la reacción brutal del Ejército sudanés y sus despiadados jinetes árabes, los famosos “yanyauid” (diablos montados). Junto al campo, bajo el sol implacable del mediodía, un grupo de niños y niños que no supera los diez años, se encarga de fabricar con las manos desnudas y una pala más grande que ellos ladrillos de adobe, vigilados por sus amos sudaneses: hombres esbeltos y delgados, con cara de pocos amigos, que sólo hablan árabe y visten túnicas de un blanco deslumbrante (tienen quien se las lave) y un ostensible látigo en la mano: seguro que no tratan mejor a los niños que a los escaldados burros, que se extrañan de que alguien les quiera palmear el lomo sin ánimo injurioso.
Sobrevivir es un empeño arduo en estas tierras del Sahel africano. Pero todo se hace todavía más duro por culpa de la guerra, los regímenes despiadados que no sólo no se cuidan de sus ciudadanos (súbditos despojados de cualquier derecho), sino que les convierten en carne de cañón, parias en su propia tierra, o náufragos en el desierto, refugiados obligados a huir para salvar el pellejo, evitar la violación, que los niños sean vendidos como esclavos, mano de obra barata, guerrillas infames. Emprendemos el regreso a través de Bahai, un villorrio desperdigado por lomas de arena que el viento arremolina contra las tapias de adobe, no sin antes pasar por una escuela. Los niños nos reciben como suelen en África, con la mano tendida (pero no para pedir: en eso son los chadianos y los sudaneses tan dignos como los somalíes, sino para saludar) y la sonrisa franca. Regresar a la base del batallón polaco en Iriba, un fortín de terraplenes, torretas, reflectores y alambradas, cuando la luz empieza a declinar, es como alojarse en un hotel de cuatro estrellas: después de la aventura nocturna, y con el polvo de dos días de periplo por el desierto, el agua fresca redime como más que un bautizo, y no digamos la comida en el gran comedor que parece un remedo de los palacetes del XIX polaco, donde los oficiales cortejaban a las damas y hablaban un distinguido francés. Otro espejismo. La comida (carne cubierta de hojas de col bañadas con salsa de ternera) es un plato delicioso para rusos, ucranianos y polacos que devoramos con el placer y el hambre de los náufragos de arena. Cuadriculado por contenedores alineados como viviendas que a su vez hacen de calles, un poste sirve de punto de referencia para todos los que nos sentimos perdidos aquí: Varvosia, 4.105 kilómetros, y otra decena de ciudades polacas, donde ahora sigue mandando el invierno. La noche ya es tan intrincada como la de ayer, pero aquí se ven muchas menos estrellas, y no por la luna, sino por el run-run de los reflectores eléctricos. Mañana también tenemos otro día de patrulla.
Dónde. ESTANCIA
villa MARÍA EQUESTRIAN & GOLF STATES - RESORT Av. Pereda s/n – Máximo Paz (1812) – Ezeiza – Buenos Aires – Argentina Oficina de reservas, tel.: +5411 6091 2064
info@estanciavillamaria.com
Saliendo de Buenos Aires en autobús y tras 45 minutos de recorrido por autopista hacia el Sur, llegamos a
villa María. La entrada a la estancia se realiza a través de un camino asfaltado, orillado a derecha e izquierda por árboles altísimos y de lujuriante frondosidad. Viniendo del tráfago y del ajetreo urbano de la capital, el corto paseo bajo esta casi centenaria bóveda vegetal se nos antoja un bálsamo para nuestros sentidos, un apacible y bucólico preludio a la visión de cuento de hadas, inesperada por chocante, que nos aguarda a su término: la del edificio principal, imponente y majestuosa construcción en estilo Tudor con revestimiento de ladrillo a la vista, aditivos normandos en las cubiertas y detalles neogóticos en las puertas y en las arcadas ojivales. Nuestras miradas suben por las fachadas hasta toparse con los largos faldones de tejas planas, de color terracota, enriquecidos con múltiples lucernas, chimeneas y hasta con una torre solitaria. En suma: nos hallamos ante una suerte de orgulloso sucedáneo, pongamos por caso, del célebre castillo de Balmoral en tierras escocesas... ¡Rayos y truenos! Pero ¿estamos o no estamos en Argentina?
Josefina Cayol, la actual propietaria -una rubia dorada de mediana edad, porte refinado y modales sosegados- nos recibe en los bien arreglados jardines, frente a la escalinata central, dispuesta a iniciarnos en las bondades de su soberbia mansión. “El propósito de desarrollar un lifestyle resort de lujo”, comienza diciéndonos nuestra anfitriona, mientras nos ofrece unos refrescos en el espacioso vestíbulo –cielo raso con vigas de madera expuestas, amplios sofás de época, suelo con losas blancas y negras en damero-, “se consolidó a fines del 2007, gracias al apoyo de Fiducia Capital Group, una compañía dedicada a invertir y desarrollar negocios de real estate world class; se trata del primer proyecto de este tipo llevado a cabo en Argentina”.
Conservando su estilo centenario, fiel reflejo de la tradición ganadera pampeana, Estancia
villa María subió velozmente los escalones del éxito. Josefina nos informa de que su fundador, Vicente Pereda, adquirió las tierras en los últimos años del siglo XIX con fines agropecuarios. Al poco tiempo,
villa María era ya el primer centro de reunión de cabañeros, antecedente de la Sociedad Rural Argentina. En 1919, su hijo Celedonio construyó la casa actual como residencia de verano con planos del célebre arquitecto Alejandro Bustillo, el cual respetó la usanza de la aristocracia porteña, empeñada en levantar sus
villas extramuros en estilos pintorescos. Una constante en las obras de este maestro constructor fue su especial sensibilidad para capitalizar las bondades de cada paisaje. A este respecto,
villa María no es una excepción; su planta, muy alargada, prioriza la idea de proporcionar las mejores visuales del parque de 74 hectáreas –fiel reproducción de una campiña inglesa- que la rodea.
En el interior, los diferentes salones se suceden entrelazados por arcadas, recreando un clima casi medieval. Antaño, contigua al vestíbulo, estaba la capilla; hoy ese espacio se ha convertido en un pequeño sector para degustar bebidas y tragos. También hay una sala de juegos, cuya atmósfera nos invita a disfrutar de la cuidada selección de puros de la Estancia
villa María. Dos escaleras de mármol llevan al piso superior, el cual cuenta con una decena de dormitorios; desde cada uno de ellos, las vistas al exterior son incomparables.
Concluida la visita al château y sus aledaños, llega la hora del almuerzo. Josefina ha dispuesto que nos lo sirvan en la Galería, una sala cuadrada que conforma la esquina noroeste en la planta baja, abierta al exterior por cinco arcos de medio punto sin cristales y forrados por dentro y por fuera de lustrosa hiedra pulcramente recortada. El lugar es fresco, coqueto y con espléndidas panorámicas del parque original, sus árboles y su laguna. En cuanto a la comida, consiste –¡cómo no!- en la típica parrillada a base de carnes de res, cordero y lechón. Eso sí, con el especial toque culinario de
villa Maria. “En nuestra cocina destacan los platos de autor”, nos insiste Josefina, “inspirados en recetas argentinas de comienzos del siglo XX preparadas con técnicas propias de la cocina mediterránea y de la campiña francesa”.
Tenemos la tarde libre para curiosear a nuestras anchas. Claro que, con el estómago a reventar, lo que nos tienta es dormitar en el elegante vestíbulo, cómodamente arrellanados en uno de sus múltiples sofás y acunados por la suave música de fondo, apenas un susurro que desgrana melodías de siempre... Una tentación de la que nos libra nuestra anfitriona ofreciéndose a llevarnos de excursión en un carruaje tirado por caballos. O sea: a pasear a la antigua usanza, sin prisas y sin más sonidos a nuestro alrededor que los de la vieja y sabia naturaleza.
El itinerario atraviesa la denominada Arboleda, una de las atracciones más señaladas de
villa María. Son 624 hectáreas arboladas con más de 20.000 ejemplares que incluyen 350 especies diferentes propias de la zona templada. La exquisita combinación de altos volúmenes boscosos, unida al intenso colorido de la fronda –cambiante a lo largo de las estaciones- conforma un patrimonio paisajístico de primer orden, que ronda ya los cien años de antigüedad.
Bellezas naturales aparte, la potente oferta de actividades deportivas convierte a
villa María en un exclusivo club de campo, el más importante del sur bonaerense y uno de los más sobresalientes de Argentina a nivel internacional. Su club de tenis está dirigido nada menos que por Guillermo Vilas, probablemente el mejor tenista que ha dado el país; el centro ecuestre profesional, a cargo de George Morris –director del equipo ecuestre de Estados Unidos (USET) y la Asociación Ecuestre Americana- cuenta con picadero cerrado, pista de salto olímpica y 25 kilómetros de senderos para ejercitar la hípica; el campo de golf –7.250 yardas de longitud y 18 hoyos con par 72- es apto tanto para jugadores principiantes como de alto handicap. Pero lo que más aprecia Josefina son las cuatro canchas del Black Watch Polo Club; lo cual no nos extraña, tras enterarnos de que sus excelentes aptitudes como jinete las rentabiliza precisamente jugando al polo, deporte del que es una apasionada y una de las contadas mujeres que aquí lo practican.
Estancia
villa María se ofrece, en suma, como un lugar sereno y bucólico, anticipo confortable de la infinita pampa argentina, con jardines primorosamente diseñados y una naturaleza generosa que hace ostensible su belleza sin narcisismos.

ABC VIAJAR, el mensual de Viajes de ABC, vuelve este viernes al kiosco con un puñado de destinos para disfrutar con la imaginación o para dejarse tentar y organizar una escapada. En primer lugar, elegimos Dominicana, el calor y el color cuando a Europa se aproxima la caricia áspera del frío. Rodolfo Chisleanschi recorre la costa norte, entre Puerto Plata y la península de Samaná. Y, quien prefiera una opción más cercana, puede quedarse en Gante, ciudad de Flandes que
estrena museo. O en Glasgow, que en noviembre tiene una de las noches más animadas de Europa. En España, pasamos cuarenta y ocho horas en Se
villa. Nos lo cuenta Félix Machuca, esritor y periodista se
villa que conoce la ciudad como la palma de la mano. Los paisajes de otoño los buscamos en La Rioja, con Pablo G. Mancha. Y además, estrenamos sección, Vinos&Gourmet. Al cabo, placeres de la vida.
El escritor Andrés Ibáñez elabora su particular guía de Nueva York, llena de consejos sabios. Si pasa esta Semana Santa allí, ésta puede ser su hoja de ruta
No es una ciudad monumental, es una ciudad vertical y nuestros ojos no perciben bien lo vertical. Suba a un rascacielos, al Empire State, al 666 de la Quinta avenida, al bar circular del Marriot Marquis. Vaya a Central Park: sobre todo, por la esquina sudeste. Olvídese de las guías turísticas. Vaya a los museos si le gusta el arte. Vaya al museo de Historia Natural si desea ver totems indios, pero no pierda el tiempo ni en Macy's, ni en Bloomingdale's, ni en Grand Central, ni en Tiffany's, ni en Wall Street, ni en el South Seaport. Asómese a Times Square, que es como Blade Runner nos prometió que sería el futuro. No pierda una mañana en ir a ver la Estatua de la Libertad, no se vaya a New Jersey a comprar ropa en una tienda muy barata y, por Dios bendito, ¡olvídese de Brooklyn! Lo mejor de Brooklyn es el puente, y eso simplemente porque desde allí arriba se ve Manhattan. Nueva York es Manhattan, y con Manhattan tiene suficiente para toda una vida. Pasee. Observe a la gente. Coja el Metro y sienta el verdadero latido de la ciudad. NuevaYork es un espejismo, y como tal, está cambiando continuamente. El Meat District es ahora una zona muy elegante, y en el Lower East Side uno encuentra cafés y librerías maravillosos. Vaya a Union Square y baje por Broadway. El East
village sigue siendo exótico y fascinante. Soho está tomado por los turistas. Pasee por Canal Street y coma en un restaurante chino, pero no olvide los maravillosos dinerso coffee shops con sus cartas interminables. Desayune French Toasts. Sólo usted puede saber qué desea ver en NuevaYork porque sólo usted sabe qué es lo que le incita y le conmueve. Sea lo que sea, búsquelo. Y tenga cuidado, porque es posible que lo encuentre.

Situada
en el noroeste de la región autónoma Zhuang de la provincia de Guangxi, Guilin, la principal de las localidades bañadas por el incomparable río Li, ronda actualmente el millón de habitantes. En España –y seguramente en el resto de Europa- no dudaríamos en catalogarla como un gran núcleo urbano. Pero estamos en China y aquí es otro el rasero. “Sí, para nosotros es una población pequeña”, nos confirma el Sr. Zhang, guía e intérprete local de la China Internacional Travel. “Guilin”, añade, “no es ni mucho menos como Harbin”.
Y es que el Sr. Zhang, alias Cristóbal –versión españolizada de su intraducible nombre asiático-, como nos ha autorizado a llamarle, es oriundo de Harbin, activa metrópoli que sobrepasa los seis millones de almas, allá en la lejana Manchuria. “La población de mi ciudad es precisamente la cifra estándar de las grandes capitales de China; tengan en cuenta que somos un país con 1.300 millones de personas”, concluye. Y uno, imbuido por el tópico de
una Manchuria fría y desértica por donde cabalgaban las hordas de Gengis Khan, experimenta serias dificultades para poner imagen a esta Harbin desmesurada, moderna y hormigueante que se empeña en pintarnos.
Pero hablábamos de la “pequeña” Guilin y de su grande –grandioso sería el término apropiado- reclamo turístico:
el Lijiang (río Li). Otrora capital de la provincia de Guangxi –en 1914 la ciudad de Nanning le arrebató tal condición-, Guilin tiene 2.110 años de historia y una naturaleza peculiar constituida por verdes colinas jorobadas, ríos y lagos de aguas claras, enormes cuevas calcáreas y bellísimos roquedales. Con semejante patrimonio natural y cultural no resulta tan extraño que en 1981 el gobierno de Pekín la pusiera, mediante decreto, bajo protección especial, nada menos que junto a tres de las “grandes”: Pekín, Hangzhou y Suzhou En China lo resumen con un proverbio:
“Las colinas y los ríos de Guilin son los mejores bajo el cielo”. Y, ciertamente, no es ninguna hipérbole. En su mismo centro, el Pico Duxiu (Belleza Única), conocido como
“el Pilar nº 1 del sur de China”, se erige en inestimable atalaya, tiesa y campaniforme cual lomo de dragón petrificado. Y en la confluencia de los ríos Li y Taohua, la colina de Xiangbi (Trompa de Elefante) –cuyas calizas forman una espaciosa bóveda sobre las aguas que puede asemejarse, en efecto, a uno de tales proboscídeos sorbiéndolas con su apéndice nasal- es el símbolo de Guilin. Pero a donde apunta en este caso el citado proverbio es a una atracción que no es añadida, sino sustancial y de cuento de hadas. Porque entre Guilin y Yangshuo, el río Li culebrea por un paisaje kárstico sin igual, un caos de domos calizos desiguales y con aspecto antediluviano, verdadero prodigio de la naturaleza, a no dudar uno de los lugares más hechiceros de cuantos existen en el mundo. “Cien millas del Lijiang, cien millas de galería de arte”, insiste otro refrán. Y es que este paraje excepcional ha inspirado, antaño y hogaño, a bardos, vates y pintores. Han Yu, el gran poeta de los tiempos de la dinastía Tang, escribió acerca del Lijiang: "El río serpentea como una cinta de seda azul, mientras las colinas, erectas como horquillas de verde jade, se complacen en su abrazo”.
Debido a su apabullante belleza escénica el Lijiang va camino de convertirse en un destino estelar del turismo mundial. Así que, ante todo, un consejo: se debe visitar cuanto antes. La recomendación va especialmente dirigida a quienes gusten de viajar por países a los que la industria turística aún no ha conseguido atiborrar de lugares comunes, platos o danzas típicas y demás estigmas de la masificación a granel. Actualmente, los barcos que en tres o cuatro horas recorren los 62 kilómetros entre Guilin y Yangshuo comienzan a perseguirse unos a otros por las aguas corriente abajo. Con todo, el impacto humano todavía es moderado y no merma en el ambiente ese encanto, por completo insustituible, de lo virginal. Pero ¿por cuánto tiempo más?
La colina de los Cinco Dedos, la de la Serpiente Fluvial, el pico del Verde Loto,
la roca de la Mujer Anhelante (de que su esposo retorne), la restinga del Manto Amarillo, el farallón de los Nueve Caballos… Las curiosidades y las sorpresas se suceden sin interrupción en este desfile de rutilantes senos de la madre tierra, original laberinto de súbitas verticalidades lujuriantes de verdor.
Y de este modo arribamos a Yangshuo, final del trayecto. En esta última década, la afluencia anual –en aumento- de visitantes ha mutado la tradicional y milenaria fisonomía agrícola de esta
villa (sus arrozales, amén de sus peculiaridades orográficas, aparecen en los billetes de 20 yuanes) por la moderna y actual de un mercadillo al aire libre. Lo cual ha generado una insólita amalgama cultural, de la que Cristóbal nos da una pincelada:
“Nosotros decimos ahora que Yangshuo es una aldea global, porque aquí los chinos hablan otros idiomas y los extranjeros hablan el chino”.
Pues para nosotros Yangshuo es parada… y compras (que no fonda). En su cada día más famosa calle Xijie –mil metros de longitud por ocho de anchura- los estilos oriental y occidental se reparten por igual entre sus edificios, bares, posadas, cafeterías y tiendas diversas. Otro tanto podemos afirmar de los artículos en venta:
los puestos que exhiben preciosos juegos de té, figurillas de buda y fulares de seda alternan con los que ofrecen mochilas y prendas alpinas de Goretex o relojes de imitación de marcas caras a precios irrisorios.
Entretanto, los viejos pescadores locales, sombrero cónico de juncos trenzados en la cabeza y percha de bambú sobre los hombros, se pasean ociosos por el muelle. Llevan sus cormoranes, que durante años adiestraron en la captura de presas en el río, posados en sendos extremos de la percha. Ambos, hombres y aves, desempeñan hoy otro oficio menos laborioso y más lucrativo:
dejarse fotografiar por los visitantes a cambio de algunos yuanes. A veces éstos les solicitan la percha –con los cormoranes, por supuesto- para ejercer de estrafalarios protagonistas de la instantánea de turno. Y uno, si está atento, sorprende el gesto digno de los ancianos marineros al cedérsela con resignación no exenta de la beatífica sonrisa oriental.

En un momento en el que todo el ingenio es poco para relanzar los productos turísticos, ya sea a través de iniciativas individuales, rutas turísticas o agrupaciones mancomunadas, la
Red de Ciudades y villas Medievales, integrada por doce municipios de la Península Ibérica que van desde el Alentejo portugués a Gupúzcoa, acaba de presentar en Madrid
los atractivos turísticos de esta alianza aglutinada en torno al legado del Medievo. Más de 200 profesionales del turismo y la cultura se dieron cita en el hotel Mercure Santo Domingo de Madrid para conocer de primera mano la oferta turística de cada una de las doce localidades. Con la presencia de los máximos representantes de
Almazán, Consuegra, Coria, Estella-Lizarra, Hondarribia, Laguardia, Olivenza, Pedraza, Sigüenza, Sos del Rey Católico, Marvão y Vila Viçosa, Aitor Kerejeta, Alcalde de Hondarribia y Presidente de la Red de Ciudades y
villas Medievales, destacó “la curiosidad que ha despertado el proyecto entre un público que apenas la conocía, pero que la ha recibido como una propuesta turística diferente que, a partir de ahora, estará muy presente”. Durante el acto, que estuvo amenizado por el grupo de teatro Vitela, se anunció la celebración del
IV Concurso Internacional de Pinchos y Tapas Medievales, que se celebrará en la villa portuguesa de Marvão los próximos días 5 y 6 de Noviembre. El Teniente de Alcalde y Concejal de Turismo de esta localidad candidata a convertirse en Patrimonio de la Humanidad, José Manuel Pires, dijo que su ciudad “tendrá el honor de recibir en su castillo medieval a once grandes chefs llegados de toda la península”. Los cocineros Santos García Verdes, del Restaurante La Granja de Alcuneza de Sigüenza, y José Miguel Moreda Artola, de Bar Gran Sol de Hondarribia, mostraron a los presentes sus habilidades culinarias con creaciones como el “solomillo de ternera sobre lecho de verdura con suquet de setas y foie” o el “estofado de hongos con crema de puerro, crema de berza, huevo mollete de codorniz y aire de espinaca”, actualización de una receta medieval . Durante la presentación, Consuegra aportó el vino blanco Añil (macabeo), con D.O. La Mancha de la Bodega Vitivinícola de Tomelloso; Estella-Lizarra llevó el rosado Gran Feudo Sobre Elías, D.O. Navarra, de las Bodegas Chivite; y Laguardia, de la Rioja Alavesa, el tinto crianza ya clásico de las Bodegas Campillo. El agua mineral Font Vella fue ofrecida por la
villa de Sigüenza.
SALAMANCA. Alrededor de Unamuno. El
Ayuntamiento de Salamanca se volcará este año con el 75 aniversario de la muerte de Miguel de Unamuno, un bilbaíno que encontró en Salamanca su patria espiritual. Habrá un amplio programa de actividades culturales y literarias en las que se dará a conocer su figura y su obra. La primera exposición se inauguró el pasado 31 de diciembre en el zaguán del Ayuntamiento, y allí permanecerá todo el año. Además, habrá representaciones teatrales de algunas de sus obras, lecturas colectivas, ediciones especiales.
NAVARRA. Castillos y fortalezas. Navarra plantea tres propuestas relacionadas con la historia en esta edición de Fitur: la nueva Ruta de los Castillos y Fortalezas, y dos aniversarios sonoros, la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) y la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla (1512).
MASPALOMAS, 50 aniversario. El Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria) se centra este año en la celebración del cincuentenario de la creación del destino turístico
Maspalomas Costa-Canaria (1962-2012).
PAÍS VASCO. Cena romántica bajo las estrellas. La Cuadrilla de Zuia y la Asociación de Desarrollo Rural Gorbeialde presentan en Fitur «Gorbeia Central Park», una propuesta que permitirá disfrutar de experiencias como un amanecer a gran altura, una cena romántica bajo las estrellas o el silencio nocturno de los bosques. El nombre es un guiño al Central Park de New York, y agrupa a municipios como Areatza, Zeanuri, Orozko, Legutio, Zuia o Zigoitia. En total hay diecinueve ideas de turismo alternativo en la naturaleza.
EXTREMADURA. Territorios de corcho. La Red Europea de Territorios Corcheros (
Retercork), formada por 58 entidades de España, Portugal, Italia y Francia, se presenta este año en Fitur. Dicho proyecto, que se lleva a cabo en las comunidades autónomas de Extremadura, Andalucía, Cataluña, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana busca consolidar la singularidad e identidad propia de las zonas corcheras y hacer de ello un nuevo elemento de desarrollo turístico.
Cinco días de crucero. Pullmantur ofrece este año un nuevo minicrucero, de cinco días y cuatro noches, a bordo del buque Sovereign. La salida, desde Barcelona, será el 27 de marzo, con escala en Ajaccio (Córcega), Livorno (Toscana) y Villefranche (Provenza). Desde 156 euros.
Regresa el Al Andalus. El
embrujo andalusí y el glamour de la belle époque se suman en este tren turístico que recorrerá Andalucía entre mayo y diciembre (excepto julio y agosto). La compañía ha programado viajes de seis días y cinco noches en un itinerario que arranca y termina en Se
villa, y que pasa por Córdoba, Baeza, Úbeda, Granada, Ronda, Cádiz, Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda.
El año del Titanic. La estrella de la
agenda irlandesa en 2012 será el Titanic, con motivo del centenario del viaje inaugural del barco más famoso del mundo, construido en los astilleros de Belfast. El Titanic Belfast Experience abrirá al público el 2 de abril y promete un fascinante recorrido por su historia: desde la concepción del proyecto hasta el descubrimiento de los restos del naufragio. Y su hundimiento, claro, una de capítulos más conmovedores de principios del siglo XX.
Federico el Grande, en Alemania. La Fundación de los palacios y jardines prusianos de Berlín-Brandeburgo (SPSG) celebra el tercer centenario del nacimiento de Federico el Grande con una gran exposición sobre su vida, su obra y su reinado. El Palacio de Rheinsberg, al norte de Brandeburgo, alojó al heredero al trono entre 1736 y 1740 y será otra de las sedes de aniversario, con conciertos y charlas en su honor. La
agenda de actos va del 28 de abril al 28 de octubre.
Yeosu 2012. Entre el 12 de mayo y el 12 de agosto se celebra en
Yeosu (Corea del Sur) la exposición internacional Expo Yeosu 2012. Participarán 106 países, entre ellos España, y se centrará en la gestión del mar. Una exposición ecológica que procura un desarrollo sostenible. La Expo es una excusa para viajar a un país que es foco de modernidad tecnológica y de tradición en las costumbres.
Petra: bicentenario de su nueva vida. La ciudad labrada en piedra por el pueblo nabateo golpea con un puñetazo de belleza a los visitantes. En el siglo I de nuestra era allí vivían unos 20.000 habitantes. Varios terremetos la dejaron vacía hacia los siglos VIII y XII. Luego resurgió como estación de caravanas hasta el siglo XV, poco a poco olvidada, hasta el año 1812, cuando el explorador suizo Johan Burchard logró que los beduinos le condujesen a la
mítica ciudad.
Año Klimt. En Austria, este es el año de
Gustav Klimt, genio de la pintura y pionero del arte moderno en los albores del siglo XX, en el 150 aniversario de su nacimiento (1862-1918). Klimt pasó la mayor parte de su vida en Viena. Muchas de sus obras están en los museos de la ciudad.
Juana de Arco. En Francia la protagonista del año es Juana de Arco, en el 600 aniversario de su nacimiento (1412-2012). En Orléans se prepara una exposición sobre su figura, con el objetivo de reunir 600 obras, 600 cuadros de Juana de Arco realizados por artistas de Orléans, de Francia y de Navarra.
Guimarâes, capital de la Cultura. Guimarães, una ciudad llena de historia, planea un año de efervescencia cultural como Capital Europea de la Cultura (junto con Maribor, en Eslovenia). Habrá cine, teatro, arquitectura, reflexión y cientos de eventos y propuestas en estas calles que fueron la primera capital de Portugal, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Brusselicious, para chuparse los dedos. Turismo de Flandes también presenta sus novedades en Fitur, entre ellas Brusselicious, el año temático dedicado a la gastronomía, y Track, un evento que convertirá Gante en la ciudad de la música a partir del 12 de mayo y hasta septiembre. Treinta artistas internacionales contemporáneos actuarán en museos y otros espacios públicos.
DISNEYLAND PARÍS o FUTUROSCOPE, aniversarios. Desde abril de 2012 hasta 2014,
Disneyland París celebra sus primeras dos décadas.
Futuroscope (Poitiers), por su parte, cumple un cuarto de siglo.
@jfalonso @abcviajar
El azar ha querido establecer una sutil concordancia entre festival y estival. Solo les diferencia la letra efe. De fiesta, naturalmente. Hay festivales en otras épocas del año, pero en verano su renovada y bulliciosa geografía invade los mapas con profusión de feliz pandemia, pues la estación es levadura para los bríos del ánimo y determina una propensión a lo jocundo. Los festivales concretan la alquimia que logra enhebrar en la misma aguja alegría estacional y pasión artística. Son al tiempo escaparate y celebración, dominio de la creación y espacio de reflexión, foro de la exigencia y ámbito del asombro. Sus programaciones pueblan los sueños de muchas noches de verano. En el territorio de lo escénico, bulle un buen número de citas que conforman una constelación. Una red que ilumina escenarios del uno al otro confín del territorio nacional. Puede decirse que —aunque hay otros fulgores: el barcelonés
Grec (del 20 de este mes al 2 de agosto) u
Olite (del 17 de julio al 1 de agosto), por ejemplo— esa constelación es bipolar porque en ella parpadean intensamente dos estrellas grandes por su dimensión e historia: Mérida y Almagro, ambas con la vitola de «teatro clásico». El
primero celebra su 55 edición (del 27 de este mes y el 30 de agosto) con una propuesta cargada de anzuelos para paladares teatrales: Miguel Narros dirige una «Fedra» flamenca en la que las palabras de Eurípides y Racine convocan a Enrique Morente, Lola Greco y Javier Barón, entre otros; El Brujo presenta su versión de «El evangelio de San Juan»; Animalario ofrece el banquete caníbal del shakespeariano «Tito Andrónico»; la compañía rumana Rada Stanca se sumerge en «Las metamorfosis» de Ovidio; del latino Plauto, la todoterreno Tamzim Townsend pone en escena «Los gemelos», con Marcial Álvarez al frente del reparto; Georges Lauvadant acude con «Edipo» de Sófocles, y Tomaz Pandur cocina una «Medea» de Eurípides con súper Blanca Portillo en el papel de la vengadora.
Almagro abre del 2 a 26 de julio su edición número 32, cuyo menú se centra principalmente en nuestro teatro áureo. Hay nada menos que diecisiete montajes de obras de Lope de Vega, entre ellos: cuatro de «Fuenteovejuna» (Compañía Joven del Sur, la japonesa Ksec Act, Rakatá y Mefisto Teatro), «Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo», a cargo de la compañía Micomicón, y «¿De cuando acá nos vino?» y «La Estrella de Se
villa», ambas por la CNTC. Amén de exquisiteces como «El encuentro entre Pascal y Descartes», de Jean-Claude Brisville, servido por José María Flotats, un cervantino «Quijote» a cargo del Teatro de la Juventud de la mítica Fontanka, un «Somewhere... La Mancha» montado por Irina Brook, y mucho, mucho más. Soñemos pues con el teatro en cualquier noche del verano.

El pasado sábado, en un perdido rincón de la provincia de
Jujuy, al norte de Argentina, ocurrió un pequeño y fugaz milagro: la música de Ludwig van Beethoven y Félix Mendelsshon se elevó entre los cerros de Purmamarca, a 2.350 metros sobre el nivel del mar, para deleitar a un público entregado que soportó estoicamente el viento frío y ovacionó a la violinista francesa Virginie Robilliard, y la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán, dirigida por Gustavo Guersman. Fue durante la jornada final del
II Festival de Música La Comarca, una iniciativa original, diferente, que nació en 2008 gracias al entusiasmo y el esfuerzo del propio Guersman y de Guillermo Assaf, director del hotel La Comarca, en cuyos jardines tuvo lugar el concierto.
Con el fondo sin igual del
Cerro de los Siete Colores, seguramente la mayor mara
villa natural de esta zona cercana a la frontera con Bolivia, y ante unas 600 personas llegadas desde distintos puntos de Jujuy, las provincias cercanas e incluso desde Buenos Aires (distante 1.700 kilómetros), el concierto comenzó con la Sinfonía Nº 4 en La mayor, opus 90, “Italiana”, de Mendelsshon, y tuvo su momento cumbre con la interpretación del Concierto para violín y orquesta en Re mayor, opus 61, única obra para ese instrumento compuesta por Beethoven.
“Estoy convencido que ha sido la primera vez que este Concierto se toca al aire libre, porque su complejidad exige una gran concentración, que se logra mejor en una sala cerrada”, comentaba el director, Gustavo Guersman, después de la presentación. De hecho, el día anterior, y durante la primera jornada del Festival, las mismas obras fueron ejecutadas en la iglesia de San Francisco de San Salvador de Jujuy, la capital de la provincia. Allí se reunieron alrededor de mil personas, demostrando la excelente respuesta que obtienen este tipo de iniciativas.
“La Comarca tiene todo para ser uno de los festivales más importantes de Argentina e incluso de América Latina”, dijo a su vez en perfecto español Virginie Robilliard, una vez que había expuesto sobre el escenario su indiscutible talento con el violín. Dueña de una contagiosa fuerza interpretativa y una enorme capacidad de comunicación con el público, la instrumentista nacida en Lyon coincidió con Guersman en señalar la perfecta conjunción entre música y naturaleza que permite el Festival de Purmamarca. Y terminó de meterse al público en el bolsillo durante los bises, al interpretar dos temas de la música folclórica local.
La intención de Guillermo Assaf, organizador del evento, es consolidar el Festival año tras año para equipararlo a los de Ushuaia y Bariloche, los otros dos de música clásica que se celebran en la Argentina. Sin dudas, la creciente respuesta del público, 250 personas asistieron en 2008, y el incomparable marco de los cerros juegan a su favor.
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