Resultdo de la búsqueda.
Búsqueda por artículos ruta

Seguramente debido a la crisis, la mitad de los españoles que disf
rutarán de vacaciones este año todavía no han decidido a dónde irán. Por eso, muchos organismos oficiales y empresas particulares se han lanzado a la promoción de última hora del mercado nacional.
Viajes El Corte Inglés y la Diputación de Valladolid impulsan una campaña en todo el territorio nacional bajo el lema
“Provincia de Valladolid, mucho que ver contigo”, que tiene como objetivo combinar la estancia de hotel con otras actividades relacionadas con el patrimonio cultural, gastronomía y enología, naturaleza y turismo familiar.
En esta campaña se ofrecen
diferentes alternativas como la de una noche de hotel más entrada al Auditorio Miguel Delibes en la ciudad de Valladolid; dos noches en los Balnearios de Medina del Campo y de Olmedo, o dos noches de turismo rural en Quintanilla de Onésimo o Valbuena del Duero, que incluyen actividades como visitas a museos y castillos o monasterios.
La provincia de Valladolid, aún con su enorme potencial turístico, es en muchas ocasiones un lugar de paso y no un fin en sí mismo. Sin embargo tiene mucho que ofrecer, desde los
vinos de Rueda, Ribera del Duero, Cigales, e incluso de Toro, que alguno de sus viñedos está dentro de la provincia de Valladolid, hasta los múltiples atractivos de la capital con su Museo Nacional de Escultura y sus festivales de música; Peñafiel con su castillo y el Museo del Vino; Olmedo, la Ciudad del Caballero y su Parque Temático del Mudéjar; Urueña, Ciudad del Libro amurallada, que con sólo 240 habitantes cuenta con 11 librerías; Medina del Campo con el castillo de la Mota y los figones asadores de cochinillo y lechazo... ¡Y sus langostinos! Así como lo leen.
Y es que una de las últimas sorpresas medinenses es que, desde hace poco más de un año, en esta ciudad mesetaria se crían langostinos tropicales marinos desde su nacimiento hasta su comercialización. El proyecto, que contempla también la producción de bogavantes, es ya
una realidad a cargo de la empresa Gamba Natural, que cuenta con capital español, noruego y estadounidense, en una nave con 24 piscinas salinizadas a 300 km. del mar más cercano. Cosas veredes, amigo turista...

A nadie escapa que el establecimiento de un vuelo directo incrementa el turismo y las relaciones en general entre los dos puntos de la nueva
ruta. Pues este es el caso de Madrid y Dubai.
La línea aérea Emirates acaba de anunciar su nuevo vuelo non-stop a Dubai que, a partir del próximo 1 de agosto mejorará la comodidad de los pasajeros que viajen a Oriente Medio y abrirá nuevas vías de comercio.
En una rueda de rueda de prensa en el Palacio de los Deportes de Madrid Richard Vaughan, Vicepresidente Senior de la División de Operaciones Comerciales de
Emirates, dijo que "es fantástico encontrarnos en la fase final de los preparativos de nuestro nuevo servicio a Madrid. Sé que hay muchos españoles que estaban esperando este vuelo non-stop a
Dubai y ahora Emirates responde a esta necesidad." Vaughan añadió: "Contamos con la formidable reputación de ofrecer la máxima excelencia en el servicio, y nos esforzamos por estar a la altura de las expectativas.
Estamos ilusionados con llevar pasajeros a Dubai y a más de 100 destinos, y al mismo tiempo traer a España visitantes precedentes de los distintos puntos de nuestra red. Me satisface anunciar que, en estos momentos, las reservas van muy bien."
Otro de los asistentes a la rueda de prensa, Miguel Ángel Oleaga, director del Aeropuerto de Madrid-Barajas, tras agradecer a Emirates su apuesta por Madrid, destacó que en esta decisión
la compañía “ha valorado las ventajas competitivas que ofrece el Aeropuerto de Madrid-Barajas, es decir, una amplia capacidad, unos costes que se encuentran un 46% por debajo de la media europea, y una operación aeroportuaria muy eficiente”. Oleaga reconoció que para tomar la decisión, Emirates “ha valorado las ventajas competitivas que ofrece el Aeropuerto de Madrid-Barajas, es decir, una amplia capacidad, unos costes que se encuentran un 46% por debajo de la media europea, y una operación aeroportuaria muy eficiente”.
El vicepresidente para Europa y Rusia de Emirates, Salem Obaidalla, afirmó que, a pesar de la crisis, la aerolínea espera un incremento "excelente" de su beneficio durante el ejercicio 2010-2011, ya que observan que el tráfico de pasajeros "sigue creciendo de forma sostenida".
Salvador Santos, presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, recordó que esta nueva conexión aérea es fruto de la petición que realizó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en el viaje institucional que realizó, en abril de 2008, a Abu Dhabi y Dubai, acompañada por él mismo y una delegación empresarial valenciana. Santos reiteró que el vuelo directo supondrá
"un impulso al turismo y a las relaciones comerciales entre ambos países". Emirates espera transportar a una combinación de pasajeros de ocio, de trabajo y algunos VFR (siglas en inglés de
Visitas a Amigos y Familiares). Los mercados clave más allá de Dubai incluyen China, Japón, las Filipinas, India, Corea del Sur, el Océano Índico y Australia. La nueva
ruta se cubrirá con un Airbus A330-200, que ofrece 12 asientos en Primera Clase, 42 en Business y 183 en Turista. Las tarifas de la nueva conexión partirán desde los 650 euros en clase turista (183 plazas), los 2.500 euros en clase 'business' (42 plazas) y los 4.500 euros para la primera clase (12 plazas). Además, en estas dos últimas configuraciones se servirá un menú diseñado especialmente por el chef Santi Santamaría. Emirates está formando un equipo de más de 20 empleados locales que se ocupan de las ventas, finanzas, del aeropuerto de Madrid y del departamento de cargo para apoyar la nueva
ruta. En estos momentos hay más de 100 españoles trabajando para el Emirates Group, la mayoría como personal de cabina. Dos de estos integrantes, Elena Marzo y Regina Valcaneras, estuvieron presentes en la rueda de prensa.
Foto:
Pilar Arcos.
Diario de viajes.
Dubai, por Dolores Martínez.

Una inmesa mole de
placer y diversión. Así es como se presenta el «
Oasis of the Seas», el crucero más grande del mundo, que estos días navega de estreno por aguas del Atlántico. La compañía naviera
Royal Caribbean, una de las más potentes del sector, lo presenta estos días a invitados y medios de comunicación, a la espera de que el próximo 5 de diciembre emprenda el que será su viaje inaugural.
Del Oasis of the Seas se pueden decir muchas cosas, pero hay una apreciación que se impone a todas las demás. Es grande, muy grande, es gigantesco. Varado en el puerto de Port Everglades, en Florida, y con sus 16 plantas de altura iluminadas, su estampa es impresionante.
Parece más una luminosa factoría que un buque. Los datos corroboran la impresión visual. El Oasis tiene la longitud de tres campos de fútbol, se eleva 65 metros de altura sobre el nivel del mar y tiene capacidad para albergar a más de 6.000 huéspedes, a los que atienden 2.165 miembros de una tripulación compuesta por gentes de más de 71 países.
La mecánica que propulsa a este
coloso de los mares, construido en los astilleros de STX Europe en Finlandia, la constituyen cuatro hélices transversales capaces de desplegar 7.500 caballos de potencia cada una de ellas. Con eso se consigue que las más de 225.000 toneladas de peso del nuevo buque insignia de Royal Caribbean surquen los mares a más de 22,6 nudos, o lo que es lo mismo, unos 42 kilómetros por hora.
La puesta de largo de este buque llega en medio de un
panorama económico turbulento, pero los responsables de la empresa propietaria están convencidos de la viabilidad y rentabilidad de su inversión. Nada menos que
1.400 millones de dólares ha costado su nueva joya de la corona. Cuando hace cuatro años se encargó su construcción, nada hacía
presagiar el marasmo en el que acabaría por sumirse la economía mundial. Sin embargo, en Royal Caribbean están tranquilos porque este sector en concreto, el de los viajes de crucero, no está sufriendo en demasía la crisis económica y porque su nuevo barco constituye, según dicen, una
"oferta completamente revolucionaria". No sólo por sus dimensiones, sino por su concepto, en Royal Caribbean aseguran que el Oasis of the Seas no será su Titanic.
El navío recorrerá una vez entre definitivamente en servicio las aguas que separan Florida de Haití en
rutas de entre 5 y 8 noches. Y será bastante asequible embarcar en él y alojarse en alguno de sus 2.706 camarotes. El paquete básico, que incluye pensión completa costará en torno a unos 700 euros.
A bordo se podrá disf
rutar de un concepto de crucero diferente, con infinidad de atracciones y actividades que convierten el barco en un reclamo por sí mismo, un parque de ocio en alta mar al que al confort se añade la diversión.

La excelencia de México como destino turístico es tan elevada que, según la ministra de Turismo de aquel país, Gloria Guevara Manzo,
hasta un 97 por ciento de las personas que lo visitan, vuelven. Guevara realiza un viaje de trabajo por España, donde se ha reunido con el secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Taleb Rifai, operadores turísticos y con
el presidente de Grupo Barceló, Simón Pedro Barceló. En una rueda de prensa celebrada en la Embajada Mexicana, la ministra añadió que el número de turistas que visitó su país entre enero y julio de 2010 se elevó a
11,3 millones, es decir, un 5,2 por ciento más que en el mismo período del año anterior. En 2009, México recibió 21,5 millones de turistas. Según Guevara, en 2010 se podrían recuperar los niveles de 2008, uno de los mejores años de la historia, con casi 23 millones de visitantes. En cuanto a los turistas españoles dijo que su número se ha incrementado en un 53 por ciento.
"Sólo comparando julio de este año con julio del año pasado, se ha producido un 58 por ciento más de visitas de españoles". Preguntada por los casos de violencia que se están sucediendo estos día en México, admitió que el país tiene retos importantes pero que “no hay nación que no viva un reto de similar magnitud”. Puntualizó que esos casos de violencia están muy focalizados y que el Gobierno está "comprometido con esta situación y está luchando y avanzando" para su solución. Añadió que la gran mayoría del territorio mexicano, especialmente los destinos turísticos “tienen unos niveles de seguridad tan altos como los lugares más pacíficos del mundo”.
Gloria Guevara y el director general de Iberia, Manuel López Aguilar, han firmado un acuerdo de colaboración para promover conjuntamente las “rutas de México” en España y Europa. Estas
rutas, basadas en "el gran éxito que han tenido este tipo de viajes en Europa" pretenden desarrollar
en México un tipo de turismo que antes no existía.
Las nuevas
rutas son: “La cultura del vino y el acuario del mundo”, “Los tarahumara milenarios”, “La magia de las tradiciones y la naturaleza”, “La cuna de la historia y el romanticismo”, “El arte del tequila y la música bajo el sol”, “Las bellezas huastecas”, “Los mil sabores del mole”, “El misterio y el origen de los mayas”, “Una experiencia virreinal” y “El encuentro fascinante entre la historia y la modernidad”. En la rueda de prensa, el director general adjunto del Consejo de Promoción Turística de México, Rodolfo López Negrete, explicó que la “Marca México” se basa en tres pilares:
la calidez de los mexicanos, el descubrimiento del país más allá de sus playas y la autenticidad de su historia, cultura, gastronomía... "Nos queremos alejar de la imagen del charro, el mariachi y el tequila. No porque no estemos orgullosos de eso, sino porque ofrecemos mucho más”, añadió López Negrete.
El Museo Nacional del Bardo, a unos seis kilómetros del centro de Túnez, está en la agenda de todos los viajeros. No es un secreto. Es quizá el mejor conjunto de mosaicos de todo el Norte de África, y en su interior hay detalles que atraen a curiosos y aficionados, como la imagen (única) de Virgilio con las musas Clio y Melpómene (siglo IV). Unos y otros acaban fascinados por esta mezcla sublime de pintura y piedra. El museo y el palacio que lo alberga, construido para el bey de Túnez, fueron creados a final del siglo XIX. Ya

en el interior, se van los ojos detrás de enormes mosaicos procedentes de las
excavaciones de Cartago, Thuburbo Majus, Duga, Bula Regia, Uthina, Utica, Thysdrus, (El Jem), Sfax, Mahdia... En realidad, el trabajo en esas y otras zonas arqueológicas ha sido tan intenso que lo que vemos sólo es una pequeña parte de lo que hay. Otras joyas están en la Asamblea Nacional e incluso cerca de los yacimientos. El museo, además, está inmerso en
una restauración que comenzó en 2009 y terminará, previsiblemente, a mediados del año próximo. De hecho, en la entrada (4 dinares) leemos que es un precio especial debido a los “trabajos”. Una parte ya está reabierta al público. Mosaicos. Más mosaicos. Escenas de la vida cotidiana, del circo, de los dioses. Una lona de plástico separa la zona pública del secreto de las obras. Y unos dinares bastan para colarnos en esa trastienda del gran museo. En la sala principal del palacio se instalará el mosaico de todos los mosaicos, gigantesco,
“El triunfo de Neptuno”, una especie de cómic de la vida cotidiana, que mide
12,72 x 9,64 metros y pesa 14 toneladas. Aún no se ha colocado ninguna pieza, pero el artesonado y el espacio reservado para el mosaico ya asombra. Cerrada también está la sala de música del bey y sus mujeres,
y la zona del harén, la vida privada, todavía entre andamios. La sala de música del palacio beylical es el espacio del mosaico denominado Catálogo de Barcos, veintiocho barcos con sus nombres en griego o en latín. Y del Mosaico del Banquete, que testimonia la vida de los patricios de la Cartago romana. Más allá del plástico, los grupos de turistas disf
rutan de este exquisito menú de arte, una parte de lo que será, quizá dentro de un año, cuando finalicen las obras.
Fotos: ariba, collage de las salas todavía en obras del Museo del Bardo. Debajo, una zona ya visitable.
Más:
Villa es el rey de la medina de Túnez.
Cosas que pasan cuando se van los cruceros.
"Un balcón en Pekín" es el título que el corresponsal de "Le Monde" puso a su revelador libro sobre los entresijos del poder chino en los años 70-80. Un balcón en Pekín es lo que utilizaron al menos tres fotógrafos (los estadounidenses Jeff Widener (Associated Press) y Charlie Cole (Newsweek), y el británico Stuart Franklin (Magnum-Time), el 5 de junio de 1989 para captar las imágenes de
un hombre enfrentándose a los tanques de Tienanmen que dieron la vuelta al mundo. “Ese tonto me va a fastidiar la foto”, confiesa Widener que pensó al apretar el disparador. Y un balcón en Pekín es lo que tengo hoy ante mis ojos. Probablemente el mismo balcón del Hotel Pekín, desde el que veo los constantes atascos de la avenida de Chang An.
La nube volcánica que trae de cabeza a media humanidad nos ha dejado tirados a un buen número de europeos en la capital china, de ellos muchos españoles. Muchos más de ese centenar que acaba de ir en peregrinación a la Embajada Española pidiendo que se flete un avión especial para volver a la patria, que es sede nada menos que de la Presidencia de Europa. Como si hubiera estallado una guerra o pasado un tsunami. ¿Dónde está la Armada? ¿Va a ser menos que la británica?
Ahora hay muy pocas salidas y todas van por el sur, muy lejos de Bruselas. Lo único que nos queda (y no es poco) es
disfrutar de esta ciudad sorprendente como ninguna. De esta incipiente primavera que hace estallar a los magnolios en flor. De este sol que intenta abrirse paso entre la niebla y la contaminación. De Tienanmen, del Templo del Cielo, del Palacio de Verano, del Monasterio Lamaísta, de la Gran Muralla… Hasta de Wangfujing, la “calle Preciados” pequinesa, y del Mercado de la Seda, donde se oye hablar más español que en ningún otro rincón de la ciudad, y donde los artículos auténticos descontrolados juegan a hacerse pasar por falsificaciones.
Salgo al balcón con la cámara fotográfica. Retrato la avenida de Chang An. “Esos coches me van a estropear la foto”, pienso. Cuando la paso al ordenador compruebo que el encuadre es el mismo, pero con evidentes diferencias… a mejor.

Antes que nada, despejemos las dudas de cualquier jefe o lector suspicaz. Cojonudo, en Montejo de la Sierra, provincia de Madrid, no es ningún exabrupto inapropiado, sino un delicioso dulce compuesto por harina de trigo, margarina vegetal, azúcar glucosa, mantequilla, leche, miel y sal. Nani (en la foto inferior) los lanza a modo de bienvenida a todos los clientes de su panadería. “Ahí va un cojonudo”, y el visitante inadvertido apenas tiene tiempo de recoger al vuelo el dulce regalo. Después de probarlo, no le quedará más remedio que comprar algunos más, un día es un día, y más ahora, en otoño, la temporada alta para Montejo y su hayedo, una rareza tan al sur de la península.

Las hayas viven a sus anchas en Centroeruopa, incluso al norte de España, pero verlas a ochenta kilómetros de Madrid supone una sorpresa todavía mayor que la de la tentación de hojaldre. Cuando el bosque se llena de ocres, a final de octubre o ya entrado noviembre, es casi imposible conseguir una entrada para las
rutas guiadas junto al río Jarama. Hay quien reserva (91 869 70 58,
www.sierradelrincon.org) con meses de antelación, una cita con el otoño en estado puro. Es un paseo de apenas una hora y media, unos tres kilómetros, junto a ejemplares centenarios protegidos desde final de los años ochenta del pasado siglo mediante un sistema de
rutas controladas y limitadas. Al otro lado del río está Guadalajara, la zona sur del bosque, más apropiada para los robles. En la cara norte está el territorio de las hayas, un árbol que tarda una eternidad en prosperar, en hacerse mayor y en lucir todo su esplendor. A la espera de la explosión de ocre, cualquier día es bueno para hacer una parada en la pastelería de Nani y en la senda del hayedo, alfombrada de helechos y hojarasca. El hayedo se encuentra en el corazón de la Reserva de la Biosfera Sierra del Rincón, por lo que, después del camino inevitable quedan muchos otros opcionales, desde recorrer sus pueblos (La Hiruela, Horcajuelo de la Sierra, Montejo de la Sierra, Prádena del Rincón y Puebla de la Sierra) hasta sus sendas menos conocidas. Quien no consiga plaza en el hayedo o ya lo conozca de memoria puede reservar otras
rutas guiadas los sábados y domingos de este otoño, también en el teléfono 91 869 70 58. Seguro que el adjetivo altisonante le cuadra a la perfección al día fuera de la gran ciudad.

Con Carole Bouquet, la actriz francesa ex chica Bond, anunciándose como embajadora desde la portada, una tirada de 900.000 ejemplares y 680 páginas ricas en tentaciones, acaba de ser presentada en el Hotel Orfila de Madrid la Guía 2010 de
Relais&Chateaux. Esta exclusiva asociación de hoteles y restaurantes, nacida en Francia hace 55 años, otorga hoy el prestigio de su sello de calidad a 475 establecimientos repartidos por 57 países del mundo. Y no deja de sumar socios. El hotelero catalán Jaume Tápies, que ha sido reelegido Presidente Internacional de la institución por un nuevo período de cuatro años, dio la bienvenida durante el acto a los 31 nuevos miembros incorporados este año, entre ellos dos españoles: el Palacio de Luces, en Colunga (Asturias), y el Hotel Ferrero, propiedad del tenista Juan Carlos Ferrero, en Bocairent (Valencia), en ambos casos, antiguos edificios restaurados –un palacio del siglo XVI y una masía del XIX- con exquisito encanto. Tan exquisito como muchos de los flamantes integrantes de la familia, como el hotel Sher Bagh, en el Rajastán indio, lujosas tiendas de campaña en un área donde todavía se pueden ver tigres de Bengala; el Neeleshwar Hermitage, también en la India, pero en
Kerala, donde todo está regido por la filosofía Ayurveda; y el Hertelendy Kastely, un imponente palacio húngaro con aguas termales. La filosofía innovadora y amplia que impregna los establecimientos con el sello Relais&Chateaux se refleja en algunas de sus acciones corporativas. Por ejemplo, el aspecto educativo de la sociedad, que tiene una escuela de hostelería donde acuden 2.400 alumnos, con el objetivo de formar nuevos hosteleros y restauradores "para que creen sus propios establecimientos, no para que gestionen los de las grandes cadenas", según palabras de Tápies. O sumarse a una iniciativa de la ONG Seafood choices, gracias a la cual todos los restaurantes y hoteles de la cadena dejarán de servir a partir del 1º de enero productos de mar de especies en peligro de extinción, como el atún rojo. Desde el punto de vista de la gestión comercial, el Presidente de la Asociación anunció una apuesta por las ciudades, ya que hasta ahora la gran mayoría de hoteles Relais&Chateaux están situados fuera de los ámbitos urbanos. El desafío es estar presente en las 50 ciudades más importantes del mundo, aunque para ello se deban cumplir las duras normas que exige la Asociación: este año sólo fueron aceptadas 31 de las 86 propuestas recibidas. Además, en un futuro cercano, Relais&Chateaux se convertirá en tour operador, que podrá reservar itinerarios de viajes en zonas o regiones donde se hallan sus establecimientos. Por fin, y en cuanto a cifras, la Central de Reservas inaugurada en 2005 facturará este año en torno a los 100 millones de euros, con casi un 50% de aumento respecto a 2008. Señal de que cada vez más gente quiere transitar “la
ruta de la Felicidad” que promete Relais&Chateaux en su Guía 2010.
Foto:
Hotel Mas de Torrent.

Estoy en la aseada oficina de
Mauly Tours en
Moshi, a 850 metros de altura, y Samira, una de las agentes, me mira y me enamora al instante con sus ojos como faros y el almenado blanco y perfecto de sus dientes. Estoy en la arista que conduce a
Stella Point, a 5.500 metros, una semana más tarde, y el recuerdo de Samira no me sirve de antídoto a la hipoxia y el agotamiento. Estoy en la selva, a 2.000 metros, unas horas después de atar los últimos cabos en
Moshi y dejar atrás cafetales y plataneras, y tres colobos, los monos más elegantes del reino animal, me espían desde las ramas de gigantescas coníferas. La trocha embarrada serpentea entre helechos arborescentes bajo cuya sombra los excursionistas dan buena cuenta de su almuerzo: un sándwich, un huevo duro, galletas y zumo. La selva te ensaliva, pero, al menos, no hay mosquitos. Sólo los colobos con su librea negra y blanca.
Godfrey, el guía, ya nos ha enseñado las dos primeras palabras en suajili. Los dos primeros mandamientos del
Kilimanjaro. Pole pole (despacio) y maji (agua). Un paso, y después otro. Un trago, y después otro. Y así hasta el siguiente campamento, y así hasta los tres litros de líquido al día. Godfrey tiene más ascensiones que años, cincuenta y tantos por veintitantos, y el gesto adusto. Los porteadores escuchan su discurso sin rechistar, o repitiendo las dos últimas palabras de cada párrafo, como en un sermón del
Bronx, y tiran para arriba con enormes bultos sobre sus cabezas mientras los mzungus se rezagan, sudorosos e hiperventilando. Godfrey asegura que pone al 98 por 100 de sus clientes en la cumbre, así que cuando le preguntamos sobre nuestras posibilidades nos mira de arriba abajo, y dice: ¿Por qué no?. Se me ocurren algunas razones, pero me callo. No hay acuerdo sobre el porcentaje de huellas dejadas sobre
Uhuru Peak; algunas fuentes hablan de un 40-50 por 100 en la
ruta Marangu, conocida como "
ruta Coca-Cola", la más directa, popular y transitada, y que las estadísticas de Rongai y Machame son mayores, pero quién sabe. Machame es más larga, más rompepiernas, pero también la que permite una mejor aclimatación a la altitud y la que regala las vistas más impresionantes sobre el Kibo, el cráter principal del Kilimanjaro. Además, se duerme en tiendas de campaña, no en refugios, más en contacto con la naturaleza y a salvo de ronquidos y otros sonidos nocturnos si el compañero se concentra en dormir. Esa fue la
ruta que elegimos para atacar la montaña. Pole pole debieron subir dos alemanes de 70 y 71 años. Vemos sus nombres en el libro de registro que hay en Machame Camp (3.000 metros), meta de la primera jornada. El récord, según el guía, está en los 85 años. Abundan los motores diésel. Canadienses, norteamericanos y alemanes.
Estoy escribiendo a la luz de una vela en la tienda-comedor.
Javier me acompaña en silencio. Dice que está reflexionando. Cuando se agota la vela sale a aliviar la vejiga y regresa entusiasmado. No por el éxito de la micción, sino por el cielo. Está lleno de estrellas. El cielo de África.

Cada día de cada semana de cada mes, miles de personas van a
Segovia con dos o tres excusas razonables, incluso grandiosas: el Acueducto, el Alcázar, el paseo desde el Azoguejo hasta la catedral, el atardecer desde el Parador y, por supuesto, la mesa puesta en cualquiera de los restaurantes del camino. O en la N-110 “rica”, la que une Torrecaballeros con Pedraza, Cuéllar o Sepúlveda. Llueven ocres sobre la meseta castellana, con los trigos recién cosechados, el adobe todavía en muchas paredes, el sol implacable del mediodía y, al fondo, las sierras, la de Guadarrama a un lado y la de Ayllón al otro. Nuestra
ruta pasa por esos pueblos, también por Navafría, refrescada por el gran pinar y por las piscinas naturales, pero esta vez no vamos a parar en ninguno de ellos. Nuestro destino es el noreste de la provincia, justo el esquinazo entre Soria, Guadalajara y Segovia. Allí está
la N-110 menos conocida, con Riaza y la estación de l
a Pinilla como banderas, con Ayllón como un pequeño tesoro amurallado todavía casi desconocido, con el soberbio encinar de Saldaña y, tres kilómetros más allá, en Corral de Ayllón, tal vez el mejor cordero asado tradicional/contundente de Segovia, la provincia a la que tantos madrileños viajan cada semana sólo para comer cordero asado. Si usted busca un restaurante al uso, olvide esta recomendación. Si busca incluso un restaurante normal, con su aspecto aseadamente pulcro, también olvide esta recomendación. Y qué decir si busca un sitio romántico y con velas... Olvide... El horno de asar de Pablo Martín y su hijo José Luis es otra cosa. Se esconde en un vieja casa de adobe, con alguna que otra telaraña y un pasillo breve que nos lleva desde la calle desangelada al olor inolvidable de la carne a punto de llegar a su punto. Al otro lado, “Casa Pablito” (921 55 51 44/55 51 72) tiene un bar con tres o cuatro mesas en las que comer, si hemos reservado con tiempo. Sólo cordero y ensalada, como manda la tradición por estas tierras. La mayoría de sus clientes, no obstante, vienen de decenas de pueblos de los alrededores. Llegan en coche, aparcan, entran por el pequeño pasadizo llamados por el olor, se asoman a la boca del horno y ven salir su manjar del mediodía. Luego salen con la cazuela, que devolverán al día siguiente, con el cuarto (“lantero”, con más costillas, o trasero, con más carne) entre las manos, mientras la familia espera en casa el preciado manjar. Los Martín andan en la tarea de construir una nueva casa: un restaurante más grande y otro horno (¿sabrá igual?), pero entre tanto permanece el rincón del gusto. Será difícil encontrar la dirección en muchas guías, aunque tiene grupo en
Facebook, pero háganme caso y olviden por un día la multitud de cualquiera de los famosos destinos cercanos a la capital de la provincia y acérquense a este lugar donde muchos pueblos no superan los cien habitantes. Paseen por los más grandes,
Riaza y
Ayllón, descubran sus plazas porticadas y sus palacetes, o por los cercanos pueblos rojos; prueben el cordero asado de “El churrero”, y luego bájenlo en el cercano encinar de Saldaña, antes de volver a la N-110 y a la N-1. Un plan difícilmente mejorable.
Gipuzkoa Turismo y
San Sebastián Turismo, se han dado cita conjuntamente en un hotel de Madrid para promocionar su oferta de turismo gastronómico. La que será capital europea de la Cultura en 2016, y
la única provincia que cuenta con 16 estrellas Michelín –entre las que figuran ilustres nombres como Arzak, Aduriz, Berasategui y Subijana–, han expuesto ante la prensa especializada en viajes y turismo sus atractivos culinarios como esa “pequeña alta cocina” que son los
pintxos; las tradicionales sidrerías, profundamente enraizadas en la cultura rural vasca; los museos gastronómicos, que permiten realizar un recorrido por los principales productos de la provincia; o el prestigioso
Basque Culinary Centre de reciente creación, donde la innovación, la formación y la investigación hacen de la comida un auténtico arte.
A la presentación asistieron el Director de Relaciones Externas y Turismo de la Diputación Foral de Gipúzcoa, Roke Akizu, y el Jefe de Unidad de Promoción Turística de la institución foral, Xabier Eleizegi. Por la capital donostiarra, acudieron el Director de San Sebastián Turismo, Manu Narváez, y la Adjunta a Dirección, Isabel Aguirrezabala. Roke Akizu, resaltó la tradición gastronómica de la zona y aseguró que “en cualquier rincón, en cualquier valle de Guipúzcoa, podemos encontrar caseríos, restaurantes y sidrerías donde
degustar los platos típicos de la tierra, elaborados a partir de materia prima de excelente calidad”.
Por su parte, Manu Narváez enumeró algunas de las propuestas que el visitante puede encontrar tanto en San Sebastián como en el resto de la provincia. Así recordó que, junto con París, Donostia es la única ciudad del mundo que alberga tres restaurantes con estrellas Michelín. También hizo mención al ambiente de las sidrerías que “
ofrece una forma diferente de abordar la gastronomía y relacionarse con las personas que se dan cita en torno a la kupela o barrica de sidra”. “Todo estos recursos -añadió Narváez- se han articulado en
escapadas gastronómicas concretas que ofrecen al visitante infinitas posibilidades, para todo tipo de bolsillos, a la hora de descubrir la gastronomía de Guipúzcoa y San Sebastián”.
Las
rutas tienen distintos precios, desde 175 euros, con dos noches de hotel, a 75 en un itinario centrado en la zona de pintxos.
Foto: Roke Akizu y Manu Narváez durante la presentación (Foto: P. Arcos)

Días de vino y sombras. Días de mucho calor, incluso cuando ya se están enfriando las ascuas del mundial de fútbol. La ola africana ha dejado paso a tormentas de verano en Galicia. Es lo suyo. La verdad es que
bajo los toldos de una terracita de la plaza de La Leña de Pontevedra uno ni se entera del bochorno. Con una copa de albariño bien fresquito en la mano y unos mejillones al vapor, comprados esta misma mañana en el Mercado Municipal, no hay calores que valgan. Debo de reconocer que yo era de los que decían que “El mejor blanco… es un tinto”, que "El vino blanco no es vino", quizás influido por la sabiduría popular ("Lo bebo tinto y lo orino blanco, ¡será milagro!"), o por la religión ("Vino tinto, sangre de Cristo. Cuanto tiempo hace que no te he visto, y ahora que te veo, Gloria in excelsis Deo"), pero voy cambiando de idea. Todo cambia. Los vinos españoles han cambiado mucho en los últimos años, porque han cambiado mucho las técnicas de los viticultores.
Ya casi no hay rincón de España que no tenga al menos un vino de buena calidad. Y Galicia, volcada en sus blancos (es lo suyo), no es la excepción.
Los vinos de Galicia ya son apreciados en el exterior. En España y en el extranjero.
Uno de los últimos elogios ha aparecido en "Los Angeles Times", que destaca que el renacimiento de los blancos españoles parte de Galicia. Sólo una pega, sus precios están "a la altura de los de Borgoña".
Las aerolíneas norteamericanas United Airlines escogieron en exclusividad un vino de Martín Códax (el Burgáns 2008) para regar la fiesta que dieron en Los Ángeles tras la pasada entrega de los Óscar. Y por si esto fuera poco, Robert Parker, el gurú internacional del vino, el dios de los taninos, acaba de asegurar en una de sus popularísimas columnas de la revista Wine Advocate, que él mismo dirige, que los vinos blancos gallegos son las estrellas emergentes en el panorama vinícola internacional. Fiándose de su catador en España, Jay Stuart Miller, ha puntuado con notas muy altas los caldos de la Ribeira Sacra.
Parker ha incluido un blanco gallego,
el ribeiro Viña Leiriña 2008 con 91 puntos, entre los diez mejores vinos españoles de menos de 20 dólares la botella. También ha dado 92 puntos al ribeiro blanco Gran Leiriña en una categoría de mayor precio. Podemos decir sin temor a equivocarnos que los blancos gallegos están ya a la altura de los Borgoña, los Riesling o los Chardonnay.
El calor de este año beneficia a la maduración de las uvas de zonas septentrionales, por lo que se auguran unas vendimias extraordinarias en toda Galicia que seguramente darán un vino con un excelente equilibrio entre la acidez y la dulzura de la f
ruta. Y para que todo el mundo pueda conocerlo, la Sociedad de Imagen y Promoción Turística de Galicia,
Turgalicia, participa en un programa de cooperación internacional con socios portugueses para la puesta en marcha de las
rutas de los Vinos de Galicia y Norte de Portugal. El proyecto se integra dentro del
Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza España-Portugal, y es cofinanciado por los fondos europeos hasta un 75% del presupuesto total de 1.443.333 euros. En esta iniciativa están integrados cómo socios Turgalicia, la Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (Agader), el ayuntamiento de Ribadavia y la Comissão de Viticultura da Região Vinhos Verdes de Portugal.
Cualquiera de
los bares de La Plaza de la Leña de Pontevedra puede ser un buen punto de partida para esta
ruta que recorre las denominaciones de origen Rías Baixas, Ribeiro, Valdeorras, Ribeira Sacra y Monterrey en Galicia, y Vinhos Verdes en el norte de Portugal. ¡Quién dijo calor!
Foto: Puesto de pescados y mariscos en el Mercado Municipal de Pontevedra.
Pilar Arcos.

En Madrid es una pregunta recurrente. En el Pirineo o en
Sierra Nevada, no, claro. Un puente. Una nevada. Y los trineos en el trastero. ¿Dónde llevamos a los niños a la nieve? Me lo preguntaron cuatro o cinco padres el viernes, al salir del colegio. A Navacerrada o alrededores no se puede, salvo que saltemos de la cama a las seis de la mañana. A partir de las nueve, los carteles de la M-40 anuncian: "Parking de Navacerrada completo". Bien, lo

que voy a hacer ahora (divulgar los sitios que no quieres que se masifiquen) no lo aconseja ningún periodista de viajes, pero es lo que tienen los blogs: se pide sinceridad. Si tiene hijos, quiere nieve y busca un sitio donde casi seguro que podrá aparcar, vaya al Puerto de la Morcuera.
ruta: Carretera de Colmenar (607) hasta Miraflores de la Sierra, y allí, carretera hacia arriba, entre pinares y curvas. Tendrá varias tentaciones para frenar y aparcar, pero todavía no lo haga. Siga hasta llegar a la cima y empiece a bajar ligeramente, hasta que, a la izquierda, encuentro un edificio, un albergue de piedra. Ahí tendrá hueco sin problemas para dejar el coche, y, alrededor, el horizonte blanco para caminar, utilizar el trineo, pasear con el perro o respirar el frío de la mañana. Una vez disf
rutada la borrachera blanca, tendrá dos opciones: o regresar vía Miraflores a Madrid, o seguir bajando el puerto, hasta Rascafría donde podrá comer en cualquier restaurante. Si va con niños, como es el caso, anote esta dirección:
Los calizos. El comedor tiene un inmenso ventanal, y, al otro lado, un jardín tan grande como varios campos de fútbol. Podrá probar sus setas, o sus carnes, y tomar un café hasta bien entrada la tarde, antes de volver a casa...

Dicen que Walt Disney se inspiró en este bosque color canela para su “Bambi”, aunque no hay ciervos por aquí. Lo cierto es que estos árboles de lento crecimiento y fina corteza dorada con manchas blancas, que lanzan sus retorcidas ramas para atrapar al visitante, remiten a un mundo más antiguo, cuando la naturaleza imponía su ley y no existían esas cómodas pasarelas construidas por el hombre. Sorprendería menos ver un dinosaurio que un cervatillo por aquí. El
Parque Nacional Los Arrayanes está situado en la península de Quetrihué, en la ribera norte del lago
Nahuel Huapi, y puede accederse a él en barco o a pie desde Villa La Angostura (hay un sendero de unos doce kilómetros que también puede recorrerse en bicicleta). También parten hacia allí catamaranes desde Puerto Pañuelo, junto al
Llao Llao, uno de los mejores hoteles de Argentina, histórico establecimiento con aspecto de parador de montaña y asomado a un paisaje lacustre que quita el hipo; la excursión suele incluir una visita a la isla Victoria, un plácido y solitario lugar para quedarse un par de días o, directamente, vivir de la prejubilación en su maravillosa
hostería asomada al acantilado.

Desde
Villa La Angostura hasta
San Martín de los Andes, por la bellísima
ruta de los Siete Lagos, la primavera anda revuelta y pinta de blanco el paisaje. Los 110 kilómetros del camino pueden cubrirse en hora y media, pero quién se resiste a las tentaciones que surgen después de cada curva, a los bosques de ñires, coihues y araucarias, a los ríos, a los lagos de nombres tan sugerentes como Hermoso o Espejo. A perder horas (o días) en
Villa Traful. San Martín es un remanso de paz donde practicar deportes (de verano y de invierno) y comer chocolate, actividades que no tienen por qué ser incompatibles. El regreso a
San Carlos de Bariloche puede hacerse por un tramo de la mítica
ruta 40, la carretera más solitaria de Argentina, una arteria recta e interminable que discurre paralela a los Andes a lo largo de casi 5.000 kilómetros y une once provincias, incluyendo varias de la vasta Patagonia. En algunas zonas el asfalto se transforma en ripio (gravilla). De cuando en cuando, alguna estancia ovina y aldeas sacudidas por el viento nos recuerdan que hay seres humanos en el planeta. La
ruta 40 podría ser una metáfora del valle de lágrimas de este mundo y provocar que el melancólico viera a todos sus fantasmas haciendo auto-stop, pero a veces la introspección no es mala compañía y la carretera se adentra en lugares como el Valle Encantado, con sus pináculos volcánicos apagando la monotonía.
Fotos: Bosque de Arrayanes (arriba) y el Valle Encantado, en la
ruta 40 (abajo).
Es el barco de crucero más grande del mundo. Más largo que tres campos de fútbol y con una altitud de 65 metros por encima del nivel del mar. A bordo caben más de 8.000 personas. Pero por lo que destaca es por divertido. Se llama Oasis of the Seas y es la nueva joya de la corona de la naviera Royal Caribbean, una de las compañías más potentes en el sector de los cruceros. Estos días realiza una de sus primeras travesías en las aguas que bañan la costa de Florida. El próximo 5 de diciembre de 2009 realizará el que será su viaje inaugural. Zarpará de Miami, a donde regresará cinco días después, tras haber recorrido exóticos y deliciosos parajes caribeños.
La vida a bordo de este coloso de la diversión, construido en unos astilleros finlandeses, en latitudes mucho más frías que las que ahora surca orgulloso, es de lo más placentera y entretenida. Más si uno piensa en lo económico del pasaje básico para embarcar. Por un precio que oscila en torno a los 700 euros, se pueden pasar cinco noches en régimen de pensión completa. En el Oasis no hay tiempo para aburrirse porque hay infinidad de actividades y una amplia oferta lúdica. Saunas y spa, espectáculos teatrales, bares abiertos todo el día, música en vivo y clubes nocturnos, tiovivos, una tirolina con la que volar por encima de la cubierta superior, una piscina enorme en la que hay olas para hacer surf... Por increíble que parezca, aquí cabe de todo.
Un día típico comienza con un desayuno opíparo en el Solarium Bistro, un lugar en el que, deleitándose con la contemplación del horizonte marino, se pone uno a tono con un buffet libre de frutas, cereales, tortitas, huevos revueltos, bacon crujiente y salchichas ahumadas, De allí, bien entonado, la mejor opción es bajarse a alguna de las piscinas y jacuzzis que salpican la cubierta de este navío. Ahí puede uno hacer tiempo y beber cuanto quiera en cualquiera de las terrazas, que las hay y muchas. Para comer la oferta también es amplia. En el Oasis hay restaurantes de todo tipo y condición. Aquí se puede degustar desde cocina japonesa hasta italiana.
En la construcción de este titán de las vacaciones participaron más de 3.000 operarios. Su inmensidad desprende un aluvión de records. Cuenta con la piscina más profunda en alta mar, la pista de jogging más larga, el único tiovivo original hecho a mano... La inversión realizada por la compañía propietaria supera los 1.400 millones de dólares, una cantidad, que, pese a la crisis económica que todavía hoy lastra la economía mundial, los responsables de Royal Caribbean confían en amortizar rápidamente. Saben que el sector de las vacaciones en cruceros es de los pocos que sortea con con bien los vientos de la difícil coyuntura económica. El número de cruceristas no para de crecer. Viajando y disfrutando en el Oasis of the Seas, no extraña.

Bebemos tanta agua y té por prescripción del guía que la salida nocturna a aliviar la vejiga es obligatoria. Resulta un fastidio, pero no hay forma de aguantarse. Así que me pongo el forro polar y las botas, doy media docena de pasos fuera de la tienda... y procedo. Ya. Lo correcto sería ir a las letrinas. Las hay incluso aceptables (traducción de “aceptables”: que no revuelven el estómago). Quien no soporte esas pequeñas casetas de madera con un agujero en el suelo puede resolver las llamadas de la naturaleza... yendo a la naturaleza. El caso es que... por la noche no hay debate. Combato el frío del momento observando el cielo estrellado y las luces de
Moshi y otras poblaciones que están tres mil metros más abajo. Luego regreso al saco y reinicio la lucha contra el insomnio, cortesía de la altitud.
La etapa más corta de nuestro trekking, preludio del tour de force que empieza esta misma noche, resulta de lo más satisfactoria por la ausencia de turistas. Aunque tiene tramos de duras cuestas completamos el recorrido en apenas dos horas y media. A las 11 de la mañana ya estamos en Barafu Hut (4.600 metros), que podría considerarse el auténtico campo base del
Kilimanjaro. Aquí se sitúa el punto de inflexión de la aventura. Hasta ahora la caminata ha sido una broma si la comparamos con lo que nos espera. Este campamento, rocoso y expuesto, es el menos acogedor de toda la
ruta. Al llegar vemos excursionistas con el rostro descompuesto y caminando torpemente. Gente que ha renunciado a la cumbre. Los porteadores esperan instrucciones de los guías para enfilar cuesta abajo. Nos recibe Livingstone, el camarero de nuestra pequeña expedición, con su sonrisa de anuncio y dos palanganas de “maji moto” (agua caliente) para asearnos. Se esfuerza en enseñarnos palabras en suajili. Al rato vuelve con un termo de té y un plato de palomitas de maíz. “Asante sana” (muchas gracias). El día avanza perezosamente. A las ocho de la tarde nos metemos en la tienda a descansar.
A las 22:30 decido que no puedo dormir más. ¿Más? En realidad, no he pegado ojo. El camarero vendrá dentro de un rato con la “maji moto” para quitarnos las legañas. Voy preparando las cosas con calma. Cuatro capas arriba: dos camisetas térmicas, el forro polar y el chaquetón. Tres abajo, incluyendo el pantalón del pijama. Creo que Godfrey exagera, pero no quiero correr riesgos. Guardo el saco y todo lo que no necesito en la bolsa de viaje y espero en silencio la llamada del risueño Livingstone.

Sube la marea al alba. Una marea negra, jadeante, que no conoce el desaliento. Son los porteadores, equilibristas en los muros de roca. Algunos cargan bultos inverosímiles sobre sus cabezas (entre 15 y 20 kilos de peso, sin contar con sus pertenencias). Casi todos trepan con más rapidez y agilidad que el mzungu que los ha contratado y al que hidratan, alimentan y hacen la cama. Si hay un paso difícil no serán ellos los que caigan, como en las películas de Tarzán, sino el patán llegado de Occidente. El trekking del
Kilimanjaro no presenta grandes complicaciones técnicas; el único paso peligroso de la
ruta Machame se encuentra en Barranco Wall, y es allí donde estos nativos exhiben sus habilidades mientras los demás tenemos que usar las cuatro extremidades para no despeñarnos. Van discretamente equipados en contraste con el uniforme “coronel Tapiocca” del primer mundo. Abundan las camisetas raídas y los forros polares de segunda mano sudados en decenas de ascensiones. Un chaval espabilado puede promocionar a guía asistente y, con suerte, tras cinco años de experiencia y si chapurrea un inglés aceptable, a guía principal. Eso supone más dinero y menos carga a sus espaldas. Desde el punto de vista del hombre blanco políticamente correcto el duro trabajo de los porteadores pisa el terreno de la explotación. Pero las “víctimas” tienen una perspectiva muy distinta y lo ven como una oportunidad económica. Las propinas que cosechan al final del viaje son vitales para la subsistencia de sus familias. Además, sin su concurso las posibilidades del 99 por 100 de los turistas serían remotas. A la marea negra más que a nadie pertenece la montaña.

Acampar en el valle de Karanga (3.930 metros) es opcional, pero muy recomendable para consolidar la aclimatación y quitarse público de encima. La mayoría de montañeros sigue hasta Barafu Hut (4.600 metros), donde tendrán unas pocas horas de descanso antes de afrontar la extenuante etapa de cumbre: salida al filo de la medianoche, 1.300 metros hacia arriba y 3.000 hacia abajo, completando más de 13 horas de marcha. La escala en Karanga tiene premio no sólo desde el punto de vista práctico. La temperatura suave nos permite cenar fuera de la tienda-comedor. Sopa, arroz, pollo, verdura, f
ruta y un termo de té. A nuestra espalda, el Kibo librando su eterna lucha con la niebla. De frente, el Meru y la llanura tanzana bajo una luz crepuscular. En el cielo nacen las nubes, cambian de forma y desaparecen en jirones. Un momento mágico que uno querría envasar como si fuera un elixir de la felicidad; un remedio para las malas rachas.

Lo han confirmado hoy, en Madrid, en uno de los decenas de actos que preceden al frenesí de Fitur (a partir del
19 de enero). La Vuelta a España y Andorra unen sus fuerzas en
un acuerdo de patrocinio para 2011 y de promoción de las veinte rutas cicloturísticas andorranas. Se trata de una red de más de 200 kilómetros a lo largo de veinte puertos de montaña, algunos a casi 2.500 metros de altitud.
La nueva señalización de los recorridos incluye información sobre los kilómetros de la
ruta, el nivel de dificultad, la altura del puerto, el desnivel o sobre el evento ciclista que ha pasado por ese punto. Hay que recordar que esas cuestas empinadas (
Coll d’Ordino, Arcalís, La Rabassa o Engolasters) se han convertido carrera a carrera en iconos de la Vuelta España, el Tour de Francia o la Volta Ciclista a Cataluña.
En la presentación han participado Javier Guillén, director de la
Vuelta a España, e Igor Antón, ciclista del equipo Euskaltel Euskadi, que han elogiado los puertos de montaña andorranos por
la intensidad de sus trazados y la espectacularidad de sus paisajes. Ambos han aplaudido la idea de señalizar las
rutas ciclistas porque incrementará las visitas de los amantes de la bicicleta.
Andorra Turismo también ha presentado la guía “Caminos de Andorra”. Son
54 itinerarios por las 7 parroquias andorranas, que permiten conocer la cultura, la historia y los paisajes más singulares. Los 54 senderos, de diferentes niveles de dificultad, culminan en enclaves andorranos de gran belleza como son lagos, valles, picos y refugios. La guía estará disponible en cuatro idiomas, en formato fichas, una para cada
ruta y donde se especifica información práctica para el senderista: las coordenadas GPS, los tiempos, la distancia total de la
ruta, los niveles de dificultad o detalles sobre puntos de interés del recorrido, historia o toponimia.
Andorra cerró 2010 con unas cifras parecidas a las de 2009:
9,1 millones de visitantes, de los que 4, 5 millones fueron españoles. (@abcviajar)
Toda mi vida he pensado que viajar es un arte que requiere un cierto aprendizaje. Y debo decir, antes que nada, que no he alcanzado todavía a ser maestro en esta disciplina, que sigo siendo un aprendiz. Eso sí: muy aplicado. Por ejemplo, nunca atino a hacer la maleta perfecta, pues siempre le sobra alguna cosa, lo cual genera no pocos inconvenientes porque, como dice un viejo refrán español, «mientras viajas, incluso una pluma pesa demasiado». Otra cosa que me sucede a veces es que me equivoco con los horarios de trenes o aviones y, en consecuencia, los pierdo. E incluso confundo las fechas. En esas ocasiones hay que rehacerlo todo sobre la marcha, improvisar un nuevo rumbo y consolarse con otro refrán, en este caso chino: «Seguir la ruta principal es fácil; pero la gente ama desviarse».
Pero he aprendido, sin embargo, cuestiones sustanciales, que quizás algún día convierta en un humilde y pequeño tratado que llamaría algo así como «Manual para viajeros inocentes». Inocente es una palabra que me gusta y mucho más si la asocio al viajero. Porque largarse mundo adelante con los ojos y los oídos abiertos, sin prejuicios, sin otro ánimo que huir del aburrimiento y aprender cosas nuevas, es un acto de candidez suprema.
Las primeras reflexiones del librito comenzarían con el equipaje. El de ida y el de vuelta. ¿Qué llevar?; pero, además de eso, ¿qué traer y qué no traer? En este caso sí que he aprendido una buena lección: que hay que regresar con menos peso que con el que partimos. A mí, a estas alturas, me parece muy sencillo. Se trata de ir dejando en el camino todo aquello que ya has usado y que se vuelve inservible: libros que has leído, guías que ya no te son útiles, ropa que sabes que no usarás, aquello que metiste en la maleta y no sabes por qué, útiles de aseo que ya no te harán falta, cremas postafeitado, cuando has decidido por fin dejarte la barba, y todo tu botiquín de viaje cuando queden escaso días para el regreso a casa. Al mismo tiempo, hay que seguir a rajatabla una nueva norma: no comprar nada. A ciertas edades, los objetos nos abruman y los «souvenirs» nos aburren. Creo que hay que hacer caso de lo que proponía John Huston. «A mi edad, no compro nada que no se pueda beber».

El
Aeropuerto Dallas-Fort Worth, American Airlines, British Airways e Iberia, han presentado conjuntamente en Madrid su estrategia para 2012. La directora de Marketing del aeropuerto de Dallas, Sharon McCloskey, explicó las características de Fort Worth: más de 7.000 hectáreas; conexiones con 144 destinos de Estados Unidos en tan solo cuatro horas de vuelo; una nueva Terminal D, con más de 200 tiendas, hotel, spa, wifi gratuito a partir de septiembre; y unos voluntarios denominados "embajadores", que ayudan a los pasajeros con problemas o dudas. McCloskey aseguró que
el aeropuerto texano es uno de los más cómodos de Estados Unidos en lo que se refiere a los trámites de llegada, con una espera media de unos 15 minutos frente a otros aeropuertos, como el JFK de Nueva York, en el que se tardan más de 25 minutos.
La directora comercial de American Airlines para España y Portugal, Nieves Rodríguez, reveló que su compañía ha invertido recientemente
1.000 millones de dólares en la renovación de su flota. En este sentido, la aerolínea ha realizado un pedido de 100 aviones Boeing 777-3000, con lo que en 2017 AA tendrá la flota "más joven y moderna" del sector.
Refiriéndose a la
ruta que actualmente une Madrid con Dallas, Rodríguez puntualizó que emplean un Boeing 777 para satisfacer la demanda creciente.
Dallas es ya el tercer destino de Estados Unidos en viajes de negocios.
Por su parte el vicepresidente de Alianzas Estratégicas de Iberia, Juan Alberto Martín, se refirió La "joint business" formada por American Airlines, Bristish Airways e Iberia para el Atlántico Norte, que está estudiando la posibilidad de crear una
ruta directa entre Barcelona y Dallas en la que se utilizaría a Vueling como distribuidor.
Foto: Nieves Rodríguez, directora comercial de American Airlines para España y Portugal, durante la presentación.

El primer mes no viajó nadie. No hubo tiempo, como suele ocurrir en este oficio. ABC VIAJAR fue como uno de esos partos en el taxi, antes de llegar al hospital. Llamamos a la esquiadora María José Rienda, eso sí, para que escribiera algo sobre sus estaciones favoritas, y luego recurrimos a los destinos de la memoria. El segundo mes ya buscamos colaboradores, fotos, redactores de otras secciones, trotamundos convencidos de que, como dejó dicho Matsuo Basho, poeta japonés del siglo XVII, "
todos los días son viaje". Sumamos a la causa, entre otros, a
Rodolfo Chisleanschi, un lujo, ex subdirector de GEO;
Javier Jayme, aventurero incansable;
Javier Carrión, un atlético que siente una (in)explicable melancolía cuando pasa un mes sin pisar un aeropuerto; Gonzalo Cruz, uno de los fotógrafos de España con el cuentakilómetros más alto;
Miguel Ángel Barroso, fascinado por los paisajes abiertos, por las tierras del Norte, por las montañas, por el planeta, pueblo de ballenas; Fernando Pastrano, experto en Oriente, que nos hizo titular Shanghái con tilde. A Ángel Peña,
César Justel,
Pablo G. Mancha,
Manuel Muñiz,
Alicia Arranz, Montse Serrador, Rocío Carrión, Ana Martínez, Elena Pérez, Itziar Reyero, Francisca Ramírez, Roberto Pérez., Emma Sueiro,
Carlos Maribona, Miguel Ángel Barbero y sus campos de golf... Poco a poco, con la ayuda de Alfonso Armada y Juan Ignacio García Garzón, reclutamos también a escritores aficionados a hacer las maletas, y así han tecleado para nosotros
Javier Reverte,
Andrés Ibáñez, Soledad Puértolas,
Eduardo Jordá, Félix Romeo, Manuel Lucena... Una delicatessen al mes no hace daño, broma recurrente. Y entre todos (también Cristina Alonso, en publicidad, y Emma Peña e Icíar Miner en diseño), el bebé llegó al hospital, y luego a casa, y creció, y este mes (
viernes 17, en su kiosco) cumplimos tres años en el papel, y poco más de un año (cien entradas, medio millón de visitas) en este blog perdido en la inmensidad. ABC VIAJAR nos ha permitido conocer un poco más el mundo, y compartirlo con nuestros lectores y anunciantes, ahora también en
Facebook y en
Twitter. Y sólo es el principio, porque el mundo no es un pañuelo y todo el equipo anda cada día a la búsqueda de un nuevo paisaje, de otra emoción, de un trago de vida.

De
Castilla-La Mancha conocemos muchas cosas. Sus vinos, sus espacios naturales, sus parques arqueológicos y esas dos ciudades Patrimonio de la Humanidad (Toledo y Cuenca) en las que bien podríamos pasar una vida. Sin embargo, muchos no saben que a esta inmensa región, cerca de tantos sitios, se puede ir también a descubrir sus spas. En 2007, con la ayuda de la Junta, un grupo de empresarios creó la marca de calidad
"Espacios de Sensaciones". Esta mañana, con el debido rodaje ya hecho, la han presentado en Madrid. Son catorce propuestas, cuatro balnearios y diez hoteles con spa, repartidos por toda la región, en zonas rurales y también en la ciudad. Todos ellos han sido auditados y examinados con una lupa de aumento, lo que según sus responsables, asegura que el cliente se irá satisfecho. Un ejemplo: en el desembarco madrileño de los empresarios ha participado
Adolfo Muñoz, cocinero toledano galardonado con la Medalla al Mérito Turístico 2009 concedida por el Consejo de Ministros. Muñoz ha colaborado con la iniciativa elaborando una serie de menús de desayunos saludables, como el típico castellano-manchego, compuesto por manzana, kiwi, pan de trigo integral, queso manchego joven, zumos de f
rutas, aceite de oliva, tomate, ajo, infusión de hierbas y miel, con un valor energético de 541,23 kcal. y 21,95 mg. de colesterol. Desde el desayuno a la cena, pasando por el bienestar que proporcionan las aguas de los balnearios, todo parece pensado para volver como nuevo a la ciudad. De momento, para ir abriendo boca, dejamos aquí la lista de los que han superado esa selección rigurosa y que ya tienen sus puertas abiertas, quizá para el próximo puente.
Balnearios -Balneario de Benito, en Salobre (Albacete)
-Balneario de Baños de la Concepción en Villatoya (Albacete)
-Balneario de Tus , Yeste (Albacete)
-Balneario Cervantes en Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real)
Hoteles con spa -Hotel Blu Spa de Almansa (Albacete)
-Vera Cruz Plaza Hotel &Spa de Valdepeñas (Ciudad Real)
-Hotel Spa Alarcos de Ciudad Real
-Hotel Spa Niwa de Brihuega (Guadalajara)
-Hotel Hilton Buenavista Toledo
-Hotel Palacio Eugenia de Montijo en Toledo
-Villa Nazules Hotel Hípica Spa en Nambroca (Toledo)
-Hotel Comendador en Carranque (Toledo)
-Alba de Layos& golf Medispa Hotel en Layos (Ciudad Real)
-Spa Rural Ars Vivendi en Segurilla (Toledo)

Que la Amazonía es la mayor cuenca hidrográfica del mundo, ya lo sabíamos. Que el Amazonas es el río más largo, caudaloso, profundo y ancho del planeta, también. Y que sus paisajes, su biodiversidad y las gentes que en ella habitan son únicos. Pero ahora es un poco más oficial al haber sido declarada por la
Fundación New7Wonders como una de las siete nuevas Maravillas Naturales del Mundo. La iniciativa fue lanzada por Perú hace cuatro años.
Este país comparte la Amazonía con Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Surinam y Venezuela, y ha obtenido la distinción por voto popular entre 477 lugares de todo el mundo. Las otras nuevas maravillas son la Bahía de Ha-Long (Vietnam), las Cataratas de Iguazú (Argentina-Brasil), la Isla de Jeju (Corea del Sur), la Isla de Komodo (Indonesia), el río subterráneo del Puerto Princesa (Filipinas) y la Montaña de la Mesa (Sudáfrica). Aunque el concurso ha sido criticado por instituciones como la Unesco, que tiene su propia lista de lugares Patrimonio de la Humanidad, ya que consideran que “se trata de una simple y pura acción de promoción, completamente irrelevante, pues la elección no sigue ningún estándar científico y solo se guía de parámetros turísticos”,
las autoridades peruanas han recibido la distinción con júbilo ya que, aunque promoverá el turismo masivo también servirá para incrementar las medidas de seguridad para alcanzar un turismo sostenible y no invasivo. La directora de Promoción de Turismo de la estatal Promperú, María del Carmen Reparaz, ha

declarado que ahora
“podremos darnos a conocer como un país amazónico, un área que por su grandeza geográfica va a darnos a conocer a nivel mundial”. En la actualidad Perú es reconocido internacionalmente prácticamente sólo como un destino andino en el que la joya del Machu Picchu lo domina todo. Reparaz ha recordado que el río Amazonas nace en los andes del sur de Perú y que “el 60 % del territorio peruano es Amazonía.
A Perú no lo identificaban como país amazónico, pero ahora, detrás de esta elección, se viene un tema muy fuerte de inversión”. Sólo unos días antes de esta designación,
Iberia bautizó en la capital peruana a uno de sus Airbus A-340/600 que hacen la
ruta regular Madrid-Lima con el nombre de “Río Amazonas”. La aerolínea de bandera española vuela de forma ininterrumpida al Perú desde 1963. El “Río Amazonas” es, junto con el “Islas Galápagos” y el “Ciudad de México”, uno de los tres únicos aviones de toda la flota de Iberia que tienen nombres de lugares no españoles.
FOTO 1:
Río Marañón, tributario del Amazonas, cerca de Nauta (Foto: P. Arcos)
FOTO 2:
Ceremonia de bautizo del “Río Amazonas”. De izquierda a derecha: Ángel Valdemoros, director de Ventas Internacionales de Iberia; José Luis Silva, ministro de Comercio Exterior y Turismo de Perú; Javier Sandomingo, embajador de España en Perú; e Iván Vázquez, presidente de la región amazónica de Loreto. (Foto P. Arcos)

Un posible paseo por las playas de
Formentera comienza en la península de Es Trucadors, una larga lengua de arena que se estrecha de sur a norte. En su cara este se halla la playa de Levante; al oeste, hacia el sur, la de Es Cavall d’en Borrás y, a continuación, Illetes. Ésta es la más visitada por los turistas, por su blanca y fina arena, por sus aguas de color turquesa. Estos arenales están dentro del Parque Natural de Ses Salines d’Eivissa i Formentera. Por ello, para visitarlas con vehículo a motor (motocicleta o coche) se tiene que abonar una tasa (dos y cuatro euros, respectivamente. Migjorn es el otro gran arenal de la isla, cinco kilómetros de playa en el sur. Allí no es difícil encontrar rincones solitarios donde poder disf
rutar del sol y el baño. De hecho, esta es una de las playas frecuentadas por los habitantes de la isla y numerosas familias. A continuación de Migjorn, protegida por una zona rocosa y escarpada, aguarda
uno de los rincones más cautivadores, Cala des Mort (en la foto). En la agenda también hay que anotar Cala Saona, un rincón muy familiar, de aguas poco profundas, o la zona litoral de Tramuntana, un tipo de costa rocosa baja que se puede recorrer, siempre con el calzado adecuado, en busca de pequeñas calas de arena. Las viviendas-suite del
Es Ram son, quizá, la oferta más diferente, “hippy deluxe”, y también cara de la isla. Casas reconvertidas en hotel de lujo, en un pinar que desciende hacia el mar, al sur de La Mola. Otra opción exquisita es el hotel-boutique
Gecko Beach Club.
@jfalonso @abviajar

El sol empieza a jugar con la aerodinámica estructura del aeropuerto Charles de Gaulle, fabricar triángulos de sol y sombra, destaca rodillas, pechos, dedos, cráneos, nalgas..., rótulos, expositores, mamparas, travesaños, contrafuertes, plintos... Nubes de Constable se desplazan sobre el ciclorama del horizonte, sobre altos reflectores, chimeneas de peluquerías imaginarias, ese rojo y blanco aduanero que los civilizados cortadores de cabelleras convirtieron en símbolo de su gremio, pero que también ha sido adoptado por los faros, las centrales térmicas, las siderurgias, los que tratan de dejar huella en la cabeza del mundo.
De los 45 grados a la sombra que
Yamena registraba a primeras horas de la tarde del domingo (y que hacía que masticar fuego casi no fuera una metáfora) a los cuatro grados que el comandante de la aeronave de Air France que había despegado del ardiente suelo de Chad a medianoche anunció a sus viajeros al disponerse a tomar tierra en París: para que se abrigaran. Amparados por el mismo meridiano, combados por la misma hora que rige en Yamena y en
París, el contraste entre lo que dejamos atrás y la geografía cotianda pertenece a nuestro precioso ajuar de recuerdos. En la medida en que seamos capaces de ensartarlos en el relato del mundo habremos practicado otra trampilla en el cinturón de castidad de la inteligencia, el que nos adormece en la rutina, el que nos aboca a no averiguar la causa de la riqueza de las naciones, su tejido jurídico, sus tradiciones, la costumbre de hacer negocios, de una historia de la que acaso hayamos sabido extraer al fin algunas valioisas lecciones.
Un vicio perezoso consiste en confundir las partes con el todo y hablar de África como si fuera una única entidad sobre la que volcar piedad, condenación, salvajismo, desolación... y
maravillosos paisajes. Otro, inextricablemente ligado al anterior, sobre todo por quienes se tienen en alta estima y aprecian sus valores morales (aunque no por ello alteran de forma radical las contradiciones de su modo de vida) consiste en atribuir “todos los males de África” a Occidente, al reparto del continente entre las potencias coloniales en la conferencia de Berlín de 1885, y en considerar por lo tanto a los africanos y sus dirigentes como a unos perpetuos menores de edad, víctimas sobre todo de las sucesivas fases de la codicia y la hipocresía que ahora encarnan las compañías multinacionales (lo que no exime de examinar las connivencias entre dictadores y macro-empresas ni en la colusión entre intereses políticos y empresariales: léase El Elíseo y Elf, o Exxon Mobil y la Casa Blanca, hasta ayer mismo, o las empresas chinas y su régimen, nuevo gran actor geopolítico del continente negro a raíz de las insondables necesidades energéticas del gigante asiático).
Pero nos hemos ido muy lejos en esta larga despedida de
Chad, que empezó la mañana del domingo en Iriba, en la base de las tropas polacas del sector norte de la frontera con Sudán, el desayuno con el mayor Darek y la despedida a pie de pista, donde un helicóptero Puma francés recogió al pelotón de periodistas invitados por la Comisión Europea para que pudieran comprobar con sus propios ojos la excdelencia de la misión de apoyo a la ONU en Chad, esa Fuerza Europea (EUFOR) que a partir del 15 de marzo pasó a mando de las Naciones Unidas, y las boinas y cascos respectivos se volvieron azules. Fue un deslumbrante trayecto de una hora, con las puertas correderas corridas, y con una cinta de nylon (y los preceptivos cinturones de seguridad) entre el vértigo y el abismo del Chad a 150 metros de altura, el mirador ideal para observar la textura de los suelos chadianos, la variedad de rojos, amarillo líquen, arena de uadis, sienas, ocres, malvas, arcilla y arbusto... la geometría de las chozas y de los cercos para el ganado, los pozos practicados en el lecho seco de los ríos, los macizos montaños, los derrabes, los cerros, los desfiladeros, las manchas de vegetación como la piel de un animal tan caliente como adormecido.
Los franceses le dieron el relevo a los españoles en la base de Abéché, donde hacen escala diaria los dos C-629 construidos por CASA que, con 80 hombres y mujeres, han prestado apoyo logístico (“aerotáctico” , lo define el teniente coronel L, jefe de la tercera rotación de tropas españolas que el día 15 de marzo empezó a echar el cierre, porque el Gobierno español no consideró necesario traspasar el mando a MINURCAT -el nombre que adoptará a partir de ahora la operación en Chad bajo mando directo de la ONU-. El idioma, y la complicidad nacional, abre puertas insospechadas, como la de la cabina del aparato, que los pilotos Matas y Alvarado franquean al corresponsal, que disf
ruta de la intimidad de ese habitáculo desde el que se domina el espacio y se vela por la seguridad de quienes, en la zona de carga, son llevados en un soplo de un lugar a otro del mundo (de Abéché a Yamena, o de Yamena a París, por ejemplo). Aproximarse a la capital de Chad y aterrizar es un viaje alucinante. Todavía queda una entrevista con dos mujeres de Oxfam junto a la piscina del hotel Meridien, a orillas del río Chari, que sirve de frontera con Camerún, y su inquietud por los problemas intrínsecos de Chad, y con el general francés al mando de las tropas europeas desplegadas en el país rodeado de arena, que defiende la calidad de lo conseguido, anque también reconoce que hay cuatro factores que no son de la incumbencia de ninguna fuerza exterior y que corresponde resolver a las propias autoridades chadianas.
Y queda la noche de Yamena, las calles y callejones sin nombre de barrios de puro adobe, tan míseros como el de París-Congo, que los faros del taxi de B barren como un faro portátil: ahí aparecen ráfagas de la vida que se resiste a tirar la toalla, esas vidas que sorprenden sobre todo a las mujeres del destacamento español, bautizado Sirius: la extraordinaria belleza de las mujeres y de sus vestidos, y la facilidad con la que aflora la sonrisa, y la palabra que parece un contrasentido y una suerte de condescendencia, de ignorancia, pero que acaba convirtiéndose en una verdad incontrovertible: “Con nada, parecen mucho más felices que nosotros”.
¿Para qué viajamos?
Depende de si somos turistas o emigrantes. Al que se da ínfulas literarias le gusta distinguirse del viajante disfrazándose de viajero, cuando en realidad el que viaja para disf
rutar es en realidad un turista (aunque lleve libros de Lawrence Durrell –es hora de releer su «Cuarteto de Alejandría»- o Bruce Chatwin en la maleta o el e-book) mientras que el que viaja para comprar o vender es la versión contemporánea del viajante de Arthur Miller a quien le estalló el sueño americano en las manos y se quitó la vida. La diferencia entre los pueblos prósperos y los que quieren prosperar radica en la necesidad de viajar para poder vivir. Esa diferencia de clase la registró el novelista y poeta catalán David Castillo (de una estirpe en extinción: la de los ácratas): «Turistas o emigrantes».
Nos habíamos habituado al viaje como una demostración de que habíamos coronado el Tourmalet del desarrollo, y hete aquí que
para muchos titulados españoles la única alternativa vuelve a ser Alemania. Y menos mal que allí nos reciben (de momento) con los brazos abiertos: no como a tantos licenciados de Europa del Este que se vieron obligados a subir bombonas a pisos sin ascensor porque en la moderna España no había ocupación a la altura de sus currículos. Si la crisis sirviera al menos para que aprendiéramos: para que nos diéramos cuenta de la fugacidad de la riqueza, de nuestra equiparable condición a los que llegan del sur del Estrecho de Gibraltar: con lo puesto y la valentía de jugárselo todo, la vida incluida, para vivir otra vida mientras haya tiempo. Pero muchos acumulan experiencias sin aprender nada, y repetimos la historia como burros ciegos. No extraña que Pablo M. Díez, corresponsal de ABC en Pekín, pase su Navidad cordobesa ansiando volver a China: porque el malestar y la mala educación han echado raíces en España.
En la
Residencia de Estudiantes de Madrid recuerdan en un libro y una exposición maravillosos las visitas a España de auténticos «viajeros del conocimiento», que viajaban para saber más de nuestra especie. Desde Leo Frobenius y sus lecciones africanas a Howard Carter y la tumba de Tutankhamon. No se la pierdan. Aprendamos con ellos. No hay más raza que la humana.

Hace años empezamos a llamarla "mountain bike" por que su origen está en Estados Unidos en los años 70, concretamente
en las montañas de California. Era una máquina ligera y multifuncional que derivaba de la bicicleta clásica pero estaba destinada a no erosionar el terreno, como lo hacía la bicicleta de cross, y a no contaminar como la motocicleta.
A España no llegó hasta finales de los años 80 y en menos de 30 años, la BTT (Bicicleta Todo Terreno) se ha implantado como una
modalidad deportiva de primer orden.
En 1990, la UCI (Unión Ciclística Internacional), organismo que regula el ciclismo a nivel mundial, lo ha reconocido como deporte oficial, siendo Francia e Italia las potencias mundiales.
El subdirector de la Agència Catalana de Turisme, Patrick Torrent y el técnico de promoción de la Federación Catalana de Ciclismo, Manel Herrando,
acaban de presentar en Madrid “TransCatalunya”, una
ruta de largo recorrido que enlaza los centros BTT que forman parte de la red de Centres BTT Catalunya. Los diversos itinerarios TransCatalunya están unidos entre sí de manera que permiten recorrer prácticamente toda Cataluña.
Toda la ruta suma más de 1.200 km., con desniveles acumulados (subidas) por etapa de entre 40 y 2.800 metros y una duración aproximada de 120 horas. El resultado es un gran itinerario lineal apto para recorrer por etapas. Que puede realizarse con la ayuda de medidores GPS (Global Positioning System) ya que está totalmente “georreferenciada”.
En
esta página web se puede descargar los archivos de datos GPS de todos los itinerarios y de cada etapa, así como los mapas con la
ruta, ficha técnica y descripción de los recorridos.
TransCatalunya utiliza las amplias posibilidades que ofrece la naturaleza en Cataluña para recorrer en bicicleta caminos de extraordinaria variedad que van del mar a la alta montaña, pasando por valles y llanuras. Un valor paisajístico al que hay que sumar una gran riqueza arquitectónica y cultural que convierte alguno de los trayectos en
rutas de enorme interés en todos los sentidos. Así, los ciclistas que se embarquen en la aventura de TransCatalunya
podrán descubrir el paisaje del Valle de Arán, dar una vuelta por los impresionantes barrancos de la sierra de Cadí o adentrarse por la Cataluña central en el valle de Sau-Collsacabra. En tierras leridanas, en el Montsec, recorrerán diferentes
rutas por los embalses de la Noguera y en la costa del Maresme, muy cerca de Barcelona, podrán trazar un camino entre las ermitas y los caminos del Montnegre.
Los Centros BTT Catalunya son espacios de libre acceso con un mínimo de 100 kilómetros de circuitos señalizados para bicicleta todo terreno. Todos parten de un punto de acogida que ofrece servicios para los ciclistas como sanitarios y duchas y para la bicicleta como parking y alquiler para bicicletas, áreas de lavado o talleres de reparación, entre otros, y que, al mismo tiempo funciona como pequeña oficina de turismo. Es el lugar donde se facilita información turística de la zona, disponible en varios idiomas y información de las
rutas del Centro BTT. Catalunya, cuenta actualmente con
una red de 17 centros BTT, con 295
rutas de diferente nivel de dificultad y más de 6.200 km señalizados. El proyecto de Centros BTT Catalunya, pionero a nivel estatal, está cogestionado por la Agència Catalana de Turisme, el Consell Català de l’Esport y la Federació Catalana de Ciclisme. Más información de los Centros BTT Catalunya en
www.btt.catalunya.com
La Agència Catalana de Turisme es el organismo de promoción turística de la Generalitat de Catalunya. Nacida en 2009, en substitución del Consorcio Turismo de Catalunya, es un órgano de carácter público-privado cuyo objetivo fundamental es la promoción turística de la comunidad catalana. Precisamente, con el fin de acercar la oferta turística de Cataluña a las agencias de viaje y tour operadores, la Agència Catalana de Turisme ha organizado un ciclo de ocho presentaciones de sus productos turísticos estrella en Madrid entre los meses de mayo y octubre. Destinos de Turismo Familiar, TransCatalunya, Patrimomio de la Humanidad;
ruta de los 4 genios, Festival de Jazz de San Sebastián, Castells de frontera, Cases Fonda y Wellnes son las propuestas escogidas.

No, no me refiero al puente que cruza el madrileño río Manzanares como prolongación del Paseo de Santa María de la Cabeza.
Estoy en la capital de la República Checa, sobre el puente que cruza el río Moldova escuchando una de las mejores bandas callejeras de jazz.
Siempre se ha dicho, por lo que ya es un lugar común, que la única forma de disf
rutar de una ciudad, de conocerla a fondo, es callejear por ella. En el caso de Praga este tópico es una auténtica realidad. Sobre todo porque se trata de una ciudad no demasiado grande y porque alguna de sus calles más antiguas e interesantes son peatonales y solo a pie se pueden recorrer. Bueno, para hacer honor a la realidad habría que decir
a pie, en bicicleta o en segway, esa especie de patín eléctrico con dos ruedas paralelas que ya proliferan aquí como en tantos otros lugares.
En la capital checa el Puente de Carlos puede que sea junto con la Plaza de la Ciudad Vieja el lugar más visitado por los turistas. En ambos proliferan los grupos de músicos callejeros de los más variados estilos. Puede que la primera vez que pase por el puente que lleva el nombre del rey Carlos IV de Luxemburgo no les de mayor importancia y no preste demasiada atención a su excelente versión de “When the Saints Go Marching In”, pero a la segunda o tercera, o la cuarta... vez que los oiga, sobre todo si ya no hay tantos espectadores rodeándolos, reparará sin duda en ellos y hasta puede que les compre su CD.
Jan Krtitel Novák, el cantante y jefe de la Bridge Band, se muestra satisfecho con la reciente disposición del Consejo Municipal de permitir las actuaciones artísticas en los espacios públicos de la ciudad, pero recuerda que ellos son de los más antiguos y que ya tocaban allí antes de la Revolución de Terciopelo de 1989. Ahora, después de dos años de protestas populares, la concejala de Cultura, Aleksandra Udzenija, ha manifestado que músicos, cantantes, acróbatas y demás artistas podrán ejercer libremente sus actividades al aire libre. El arte en sus múltiples variedades toman las calles de Praga. Pie de foto: La
Foto: Bridge Band en el Puente de Carlos, Praga. (Foto: Pilar Arcos)

En Sierra Nevada hay un manto blanco de 5 metros de espesor (como si fueran las Rocosas), en el
Pirineo aragonés sólo las tres estaciones de
Aramón (Cerler, Formigal y Panticosa) suman 240 kilómetros esquiables con más de dos metros de nieve polvo y en el Pirineo catalán Baqueira Beret cuenta con sus 110 kilómetros de pistas garantizados para varias semanas. Hasta en la Sierra de Madrid y en Somosierra (La Pinilla) hay nieve de sobra para lo que quede de temporada, un final de temporada de incertidumbre pese a las magníficas condiciones que ofrecen todos los centros invernales.
Ha nevado tanto pero tan a destiempo, casi siempre en fines de semana, fiestas y puentes señalados, que el mundo de la nieve —estaciones, hosteleros y aficionados al esquí— viven como nunca pendientes del calendario, los pronósticos del tiempo y los síntomas de la pertinaz crisis que todo atenaza. Como siempre por estas fechas pero en grado de obsesión. El tiempo ha sido tan malo en diciembre, enero, febrero y los primeros días de marzo —tormentas de nieve, temporales de viento y fríos polares— en todas las cordilleras que la mayoría de los esquiadores ansían disf
rutar de la nieve, pero con un poco de sol. La tregua que las borrascas han dado estos días ha permitido a los empresarios afrontar un buen puente de San José, pero tienen en el aire la Semana Santa.
Los aficionados al deporte blanco aguardan a las previsiones meteorológicas hasta última hora para decidirse a rematar la temporada. Aunque empiece a entrar la primavera y suban las temperaturas, la nieve, sin problemas de espesores este año, aguanta bien en las pistas más altas de las estaciones.
Nieve dura a primera hora, polvo a media mañana y «pasta» a partir del medio día es el menú propio de finales de marzo y primeros de abril en nuestras cordilleras. No es una dieta perfecta pero casi garantiza media jornada, o al menos 4 horas de esquí. Algo que no se ha dado más de dos día seguidos durante este año. Conviene esperar a las previsiones meteorológicas. Y para los que duden entre la playa y la montaña que tengan en cuenta el fin de temporada (10-11 de abril) con
fiesta en Cerler: concurso de descenso, con premios, para los que se atreven a deslizarse en bikini o calzón de baño —mejor que braga náutica— sólo para fanáticas/fanáticos. Verlo para creerlo. El año pasado fue un éxito.
Hoteles sin lloros. Sin gritos. Hoteles para ir en pareja, o con amigos, pero en cualquier caso sin niños. Los “Adult Only” crecen como la espuma en las cuatro esquinas del mapa turístico. En España, en el Caribe, en la playa y en las ciudades. En realidad, la moda del “solo adultos” se corresponde con la diversificación de la oferta, con el cuidado de todos los públicos, los más numerosos -famalias, sol y playa-, y los pequeños, los que buscan una mezcla de paz, wellness, cenas románticas y dulces sorbos de felicidad.
MALLORCA O FUERTEVENTURA
El
Barceló Illetas Albatros (Illetas, Calviá) se acaba de reconvertir a la fórmula “Adults Only”, tras una inversión de seis millones de euros que han servido para darle una vuelta al hotel. Todas las habitaciones tienen colchón doble, sábanas de algodón blanco de 200 hilos, TV de pantalla plana, WiFi gratis, ducha tipo raindance y diseño en blancos y gris, y, en las habitaciones superiores, bañeras dobles de hidromasaje. El spa tiene vistas al mar. Para el el verano han preparado sesiones de DJ´s, showrooms de moda, desfiles y fiestas en la piscina. Barceló tiene otro hotel similar en la playa de Jandía, Fuerteventura, el Barceló Jandía Club Premium.
IBIZA
El
Ushuaïa Ibiza Beach Club se halla junto a la playa d’En Bossa, y mezcla el ambiente de DJ’s, música y chicas/os guapas/os, junto a un arenal excelente. Entre las instalaciones del hotel, una piscina de agua dulce en forma de lago en la terraza y otra tipo río que serpentea entre los jardines. El Ushuaïa está pensado para aficionados a la música, para participar en sus sesiones o incluso para grabar sus propias mezclas en un estudio insonorizado, para amateurs o profesionales.
TENERIFE
Abama Golf & Spa Resort, complejo hotelero de gran lujo en Tenerife, acaba de poner en marcha sus villas “sólo para adultos” con servicios VIP. Estas villas se encuentran alejadas del edificio principal, rodeadas de jardines botánicos, bajando por la ciudadela principal hacia el océano. Además de disf
rutar de las mismas comodidades que en las habitaciones de la ciudadela, esta exclusiva calle de Villas dispone de acceso a una piscina exclusiva, vistas al Atlántico desde las habitaciones del piso superior, cama con dosel y, en algunas, un techo alto e inclinado con vigas expuestas. Tienen servicio completo de habitaciones, así como un “buggy” para desplazarse por el complejo.
DE JAMAICA A BRASIL
La cadena
Iberostar también ha desarrollado una línea “solo para adultos”, para mayores de catorce años, con dos hoteles específicos en Mallorca (El Hotel Jardín del Sol y el Royal Cupido), uno en Gran Canaria, y otros siete de la categoría Grand Collection en Jamaica, Dominicana, Cuba, México, Brasil y Tenerife. En todos los casos, los hoteles están pensados “solo para dos”, desde los postres en un “sensual cornet” hasta la zona de spa y wellness, o las actividades deportivas para practicar en pareja.
DOMINICANA
Las playas de arena blanca de Punta Cana, esas con las que soñamos los días malos de invierno, acogen el nuevo
NH Royal Beach, un resort “todo incluido” con un servicio personalizado “solo para adultos”. En la provincia dominicana de Altagracia, frente a tres kilómetros de blandas dunas en Playa Bávaro, este hotel cuenta con 369 enormes habitaciones y cuatro espectaculares suites, de 118 metros cuadrados, todas con terraza. En el centro de wellness encontramos apetecibles tratamientos de estética y salud: aromaterapia, masajes, “rituales de agua”... y clases de yoga, taichí y meditación. En la misma isla, el
Majestic Elegance Club se dirige igualmente a los adultos, “sin ninguna excepción”.
DE MADRID A BALEARES
Meliá llama, como sus competidores, a los adultos. Acaba de lanzar una propuesta para enamorados: el
hotel ME en Madrid, en colaboración con Bijoux Indiscrets y sus productos de diseño erótico, que estarán en todas las suites. ME busca viajeros con un gusto especial por el arte y el diseño, por la cocina y la música internacional. Una nueva filosofía presente en sus establecimientos de Madrid, Barcelona, Cancún, Cabo San Lucas (México) y, pronto, Londres y Viena.
Sol Meliá tiene cuatro hoteles en España reconvertidos a la fórmula “Adults Only”. El Meliá de Mar, en la idílica cala de Illetas (Mallorca), se acaba de reinventar este año, transformándose en hotel para mayores de 15 años. Todas las habitaciones tienen cafetera Nespresso, base para el iPod, teléfono inalámbrico... Además, las llamadas “The Level” incluyen otras prestaciones como el “check in” privado en la habitación, acceso gratuito al YHI Spa, servicio diario de bar y snaks en el lounge privado o camas balinesas en el área chill out privada de la piscina. El Sol Ibiza, el Sol Menorca y el Sol Cala Blanca tampoco admiten niños.
(En Twitter, @jfalonso, @abcviajar)

Empecé a ver con otros ojos el mar de Vigo cuando, sin que nadie me hubiera avisado, me vi a bordo del «Nautilus» fletado por Julio Verne navegando por la ría de mi infancia para abastecerse del oro de los galeones españoles hundidos por la corsaria flota inglesa en el estrecho de Rande. Aquellas «20.000 leguas de viaje submarino» me confirmaron lo que ya entonces empezaba a sospechar: que la literatura te permite alcanzar todos los sueños. El de las Islas Cíes tardó un poco más en materializarse.
En aquel entonces, hablo de los años sesenta y setenta del siglo pasado, en el astillero que había fundado mi abuelo, carpintero de ribera, y que había botado hermosos transbordadores de madera que hacía la
ruta entre Vigo, Cangas y Moaña, prestaba servicio una lancha como remolcador. Hija menos airosa de otra que nos hizo navegar por la ría de Martín Codax cuando todavía llevaba perrera (léase flequillo), en «la lancha» nos llevaba mi padre a pescar fanecas en enclaves marcados por «mariñeiros» tan avezados como Comesaña, y sobre todo a fondear frente a la playa de Barra (la mejor arena de la ría) para pasar la noche. Desde allí casi palpábamos al atardecer la silueta maravillosa de las Islas Cíes.
Emparentamos con la familia Freire gracias a que un hermano de mi madre, capitán de la mercante y de la pesquera, casó con la hija más guapa de la familia propietaria de Vapores de Pasaje, y empezó la adolescencia. Recuerdo cuando el barco de más eslora de la pequeña flota de Vapores se engalanaba con las mismes luces de colores de las fiestas populares de las aldeas gallegas para surcar de noche la ría, acercarse a besar las Cíes y hacer que los enamorados y los adolescentes (a veces eran los mismos) se ensoñaran contemplando el perfil azul de unas islas que sirven de centinela de la Ría y defienden Vigo de las grandes olas y los monstruos marinos que habitaban desde tiempo inmemorial el mar tenebroso, el que levanta sus farallones líquidos más allá de Finisterre. Llamadas Siccae (áridas) en la antigüedad, por allí pasaron los romanos, hospedó a monjes durante siglos y acabó siendo puerto de abrigo y base estratégica para las codicias de Francis Drake, pirata al servicio de la corona británica, lo que contribuyó a que las islas acabaran despobladas. Volvió a cobrar vida con salazones y fareros, hasta que en esos sesenta en que ahora echa el áncora la memoria se quedaron otra vez sin almas. La más hermosa de las tres, según los ojos mixtificadores de la memoria, es la de Monteagudo, o isla Norte, separada de la costa y del ariete de cabo de Home (cabo de Hombre) por un mar bravo que enseguida llaman de Fora (mar de Fuera), mar temible. En la parte más recogida de la isla se encuentra la playa de Rodas. Allí acampó casi el primer amor cuando empezó la juventud a fabricar recuerdos. Pero esa es otra historia.
(Foto: Miguel Muñiz)

La ribera del Duero es un brochazo verde en el ocre de Castilla. El coche serpentea entre trigales ya cosechados y pequeños pueblos de adobe y tejas, bajo el cielo intensamente azul de agosto, cuando, de repente, llegan las primeras manchas de verde, los girasoles, el maíz y las vides. Estamos llegando a
San Esteban de Gormaz (Soria), una localidad que trepa desde el río a las ruinas del viejo castillo, de origen musulmán con reformas cristianas. Y entre arriba y abajo, la interesante iglesia de San Miguel, construida en 1081. El verde, la sombra de la alameda y el puente de piedra invitan a quedarse al menos un rato. En la ribera a la altura de San Esteban hay casas con
jardines inmensos y embarcadero propio, casi como en Miami. No necesitan piscina, porque en esta zona el agua es apta para el baño, así que todo es tan sencillo como zambullirse desde el jardín de casa, ejercitar un rato los músculos y luego tomar el aperitivo en el porche. Esta mañana, muy cerca, una docena de niños aprende a sobrevivir cuando vuelca su piragua. Un monitor de
Duero Aventura (676 10 40 97) repite el movimiento una y otra vez. Hunde la piragua, el alumno respira, se mueve bajo el agua y, al cabo, rápidamente, recupera la línea horizontal. Alrededor, algunos bañistas cruzan el Duero a nado, lo que da otra perspectiva al verano. En
zona de vinos (podemos comprarlos en
Casa Romano. Puerta de Castilla, nº 2. 975350180), también podemos disf
rutar del agua.
Entre todos los tipos de turismo existentes el “turismo de guerra” es uno de los más sorprendentes.
Al turista le mueven muchas cosas a la hora de viajar. Una de ellas es sin duda el morbo. Visitar lugares donde se han producido crímenes, catástrofes, incluso guerras tiene un atractivo especial para algunos. En España hay en marcha
rutas que recorren zonas significativas de la guerra civil, como
la “ruta de las Trincheras” de Sarrión (Teruel) o la “ruta Orwell” en Alcubierre (Huesca). En Normandía hay visitas guiadas para conmemorar el desembarco aliado del “Día D” (6 de junio de 1944), y los campos de concentración de Auschwitz acogen turistas como si de un siniestro parque temático se tratase. En Vietnam los excombatientes norteamericanos de la guerra (1964-1975) hacen cola ante la entrada de los famosos túneles de Cu Chi, y en Mostar (Bosnia) viajeros en grupo disparan sus cámaras uno tras otro frente a los edificios sin restaurar de las afueras.

Recientemente se ha dado un paso más, una novedad,
ya no solo se visitan los lugares en los que ha habido guerras, sino en los que el conflicto todavía no ha acabado. Y es que otra de las cosas que mueven al turista (cada día más) es el riesgo. Hay riesgos inofensivos, clásicos, como el de echarse a la carretera con lo puesto; riesgos más o menos controlados, como los llamados “deportes de aventura” y su versión más cañera, “deportes extremos”; y el culmen: el turismo de guerra en plena guerra. Hace poco, un reportaje de una televisión danesa mostraba a unos turistas desde lo alto de una colina observando tranquilamente mientras se bebían un refresco como era bombardeada Gaza.
La prestigiosa editorial
Lonely Planet ha publicado dentro de su colección de guías de viaje (la biblia para muchos viajeros) una dedicada a Afganistán. Según su autor, Paul Crammer, especialista en el mundo islámico, el libro está dirigido a las personas que van a trabajar a Afganistán (trabajos humanitarios, ONG), pero lo cierto es que cada día son más los turistas aventureros (en el sentido más estricto de la palabra) que la compran para orientarse en ese país en el que, según el manual, “el mayor riesgo es que te atropelle un coche”. Y no es la única guía, ya en
2003 Dominic Medley publicó “The Survival Guide to Kabul” (Ed. Bradt) Aunque cueste creerlo, el turismo está renaciendo en Afganistán. Ya existen un par de agencias de viajes en la capital, como la Afghan Logistics & Tours, que regenta Muqim Jamshady, un experto guía. Incluso en Bamiyán, donde los talibanes volaron en 2001 las gigantescas estatuas de Buda talladas en la montaña, se nota la reactivación económica y turística.
Hiromi Yasui, un japonés que viajó por primera vez a Afganistán como fotoperiodista en 1996, ha abierto allí el hotel
ruta de la Seda desde cuyas habitaciones se tiene una vista inmejorable de los huecos donde antes estaban las imágenes budistas y donde pronto se volverán a alzar gracias a la ayuda de la Unesco. “Bamiyan is different” (¿les suena?) es el eslógan escogido por las autoridades locales que se quejan de en el extranjeros solo hablemos de las “cosas malas” que pasan en su país y del desconocimiento internacional que hay sobre el mismo.
Por eso, exposiciones sobre Afganistán como la que se acaba de inaugurar en Madrid sobre ese país son un instrumento muy valioso para comprender mejor lo que está pasando en esa “Tierra de los Jinetes”. Reveladoras imágenes tomadas en Kabul, Kandahar, Mazar-e Sarif, Herat, Jalalabad y Kunduz, entre otras ciudades, algunas de ellas censuradas en su día por los talibanes, y expuestas en
Casa Asia, Carrera de San Jerónimo, 15. Entrada libre.
PIE DE FOTO: Pareja de pastunes. Foto censurada por los talibanes. De François Fleury
En Twitter: @abcviajar

Quien desee conocer la zona norte del Gran Buenos Aires –la más hermosa y exclusiva de esta provincia, con sus grandes mansiones de época y sus country clubs-, tiene
una cita obligada con Tigre, localidad que debe su denominación a una raza de felinos, los yaguaretés o tigres americanos, antaño abundantes en la región y hoy extinguidos. Colonizado hacia 1580, este emporio, ciertamente coqueto y pintoresco, oficia de
puerta de entrada al delta del Paraná, el tercero más grande del planeta (17.500 kilómetros cuadrados de superficie y 320 de longitud) y el único entre los de su tamaño cuyas aguas no van a parar directamente al mar, ya que se vierten antes en el río de la Plata.
La
Agencia de Desarrollo Turístico de Tigre nos ha invitado amablemente a visitar su ciudad. Partimos, pues, de Buenos Aires en esta mañana, que se anuncia lluviosa.
Desde el famoso Obelisco de la Avenida 9 de Julio hasta nuestro destino sólo hay 32 kilómetros; un corto y sugestivo trayecto viable todo el año, bien sea por tierra o en los barcos que, soltando amarras en la dársena norte de Puerto Madero, navegan el río de la Plata. Dentro de la primera opción, una alternativa altamente recomendable al colectivo número 60 –el autobús más famoso de la capital- o al taxi (al remis, como le llaman por estos pagos) es el tren eléctrico, inaugurado en 1916, cuya marcha, paralela a la corriente fluvial, proporciona unas vistas excelentes y evita los atascos circulatorios.
Por sus bellezas naturales y por su cercanía a la gran capital,
el delta del Paraná, uno de los lugares más interesantes de toda Argentina, atrae cada día a gente deseosa de pasar aquí unas vacaciones o un simple fin de semana. Pese a extenderse entre los 32º y los 34º sur, su escasa altitud y la abundancia de grandes espejos de agua generan un microclima propio de latitudes tropicales. Los palmares de pindó, por ejemplo, abundan en uno de sus brazos, el Paraná de Las Palmas, así bautizado por los colonos europeos debido a tal circunstancia. Éstos, por su parte, introdujeron plantas que modificaron sensiblemente el paisaje original. Hoy, prestando la debida atención,
distinguimos exotismos vegetales como el papiro –el mismo que usaban los faraones para escribir en el delta del Nilo-, identificable por su fino tallo y su plumerillo en la punta. De Nueva Zelanda vino el formio; de Europa, la madreselva; de Japón, la ligustrina –actualmente convertida en plaga- y del Himalaya llegó el sauce llorón, incorporado ya al horizonte paranaense como si fuera un endemismo.
Tigre, sin duda su reclamo más llamativo, conforma un destino turístico no comparable a ningún otro dentro de la provincia de Buenos Aires. La villa, delimitada por los ríos Luján, Reconquista y Tigre, es
una perla arquitectónica decimonónica que subsiste en medio de un universo anfibio y desconcertante. Efectivamente, la Venecia de Argentina –nombre que muchos le adjudican- se alza en un dédalo de islas y caños rebosante de especies vegetales, tanto autóctonas como exóticas, que colorean el ambiente (amén de purificar el aire bonaerense) y por el que únicamente sus moradores consiguen orientarse.
Verónica, la representante de la Agencia, nos recibe en Puerto de Frutos. Ninguna visita a Tigre es completa si se soslaya este lugar, el cual debe su nombre a que, hacia 1900, esta zona del delta fuera elegida para establecer quintas de producción agrícola, sobre todo de f
rutales. “Las islas contaban también con aserraderos y talleres de carpintería” nos va contando Verónica, “y manufacturaban maderas, conservas, embutidos y licores”. Hoy
los artesanos de Puerto de Frutos siguen trabajando la madera, además del mimbre y otros elementos, transformándolos en bellos objetos decorativos y artísticos. La entrada a los obradores es gratuita y la feria artesanal permanece abierta toda la semana.
A principios del siglo XX, participando del esplendor de la Belle Époque, Tigre se enriqueció con obras de arquitectura notables y se convirtió en el reducto veraniego de la oligarquía porteña. No obstante, la explosión turística tuvo lugar mediada dicha centuria, con el florecimiento de hosterías, clubes de remo y otros servicios que congregaban a miles de bonaerenses los fines de semana. En la actualidad,
la Venecia de Argentina se impone como una buena opción para pasar el verano sin alejarse de la gran ciudad. Su señuelo es que no hace falta ir al mar para disf
rutar del agua. Entre sus ofertas hay unas cuantas gratuitas, como visitar alguna de sus reservas ecológicas; a precios asequibles, como recorrer los caños en lancha, pescar al atardecer y surcar el aire haciendo kite surf; o poco comunes, como alquilar una cabaña en la copa de un árbol y navegar en kayak a la luz de la Luna.
El delta del Paraná crece a razón de 90 metros al año, sumando nuevas tierras a este universo ensimismado, especie de refugio salvaje en el que el agua lo es todo: razón esencial del encanto de los cayos, pero también fuente de obstáculos e incomodidades. En Tigre la vida de los isleños transcurre en este eterno contencioso de amor-desamor por el agua. Entre las singularidades de su mundo ribereño encontramos la lancha-ambulancia, la lancha-almacén y las lanchas-basurero, contratadas por cada grupo de vecinos para abaratar costos. Hasta 1952 hubo un banco flotante e incluso una iglesia que se mecía sobre la corriente con capacidad para quince feligreses, una sacristía, comedor y cinco camarotes para el sacerdote y la tripulación. Pero aquí la vida cotidiana apenas ha cambiado desde sus primeros tiempos. Algunos puentes, hoy como ayer, son levadizos para que puedan pasar las chatas (chalanas) cargadas de materiales de construcción; y los perros, más que de una a otra vereda, se ladran de orilla a orilla, sin atinar a encontrarse. Las islas sostienen a unos 6.000 habitantes fijos, acaso una cifra ideal para mantenerlas como un mundo aparte, próximo, sí, a Buenos Aires, pero con otras necesidades y otro modo de vivir.

A los hombres que gustan de las mujeres vestidas de cuero (porque huelen a coche nuevo) también les gustarían los ascensores de La Mamounia. Por lo mismo. Por ese cuero repujado y nuevo (de hace un año). Por ese olor.
Porque el legendario hotel levantado en 1922 por los arquitectos Henri Prost y Antoine Marchisio es otra vez único. Y el arquitecto e interiorista Jacques García ha vuelto a las esencias. Con todo su lujo desparramado en la inmensidad horizontal del establecimiento.
Tanto La Mamounia como el Royal Mansur (los dos del Rey) basan parte de su exclusividad en la artesanía marroquí integrada con el wifi, la mejor lencería, las chanclas Hawaianas o el spa de Shiseido (ambas fruslerías en La Mamounia). Aunque quizá hoy Churchill habría sido capaz de encontrar otro lugar “encantador” en Marrakech. Y Hitchcock podría haber filmado la cena de Doris Day y James Stewart en otro hotel. Incluso Carmina Ordóñez podría haber elegido otro. Porque la oferta del lujo en Marrakech está a la altura de Londres. Pero
se tiene la impresión de estar en otro mundo tras dos horas de vuelo. Es verdad que Marrakech es accesible para todo tipo de turista. Que la oferta de riads es considerable, que el pijerío de la cosmopolita ciudad roja es asequible. Se puede disf
rutar yendo al Grand Café de la Poste y sentir que la gente es la misma que en L’Avenue de Paris. Luego pasar por la Medina y la plaza Jmaa El Fna y volver al riad.
A uno de los muchos que extranjeros enamorados de la ciudad han convertido en hoteles con encanto. La Mamounia también tiene riads. Tres. Con mayordomo y piscina. Y La Sultana es la unión de cinco riads en la Kasbah. Una saga literaria. Cada riad un tomo; cada habitación, un capítulo. Pequeño, delicioso y con lo mejor de la tradición. Por el contrario,
el Bab Hotel, en Guéliz, es moderno. Blanco, de diseño, sin artesonados, minimalista (lo que Sister Parish llamaría tacañería). Cerca del centro pero en un parque de ocho hectáreas, Es Saadi. Una inmensidad con tres hoteles en uno. Entre ellos,
Es Saadi Villas, donde se han alojado Catherine Deneuve o Sigourney Weaver. Y en el Palmeral, la nueva joya del lujo asiático en África:
el Mandarin Oriental Jnan Rahma. El Versalles del Magreb. Antes de la inauguración ya lo hemos visto en ‘Sexo en Nueva York 2’. Un espanto. La película. El cine que ha hecho atractiva La Mamounia en ‘El hombre que sabía demasiado’ no ha hecho atractivo el Mandarin. ¿Pero quién se resistiría?
En la Medina. La Mamounia. El
legendario hotel, reinaugurado hace un año, aúna lujo, tradición y chic. Hasta los pasillos, con un fotógrafo por planta, merecen la pena.
En la Kasbah. La Sultana.
Cinco riads convertidos en uno de los ‘Small Luxury Hotels’ que recomiendan las modelos internacionales. Lo mejor, la terraza. 360 grados al esplendor de la ciudad de Marrakech.
En el Palmeral. Mandarin Oriental Jnan Rahma. El último en llegar. Lujo asiático, del excesivo, a los pies del Atlas. Entre lo más destacado, el templo de yoga para practicar en grupo o en privado con un maestro yogui.

El viaje ha sido largo, pero intenso y fructífero. Treinta años, treinta ediciones, han servido para convertir una modesta reunión de profesionales del turismo en una cita imprescindible de la idustria de todo el mundo. En 1981 participaron en FITUR 1.500 empresas de 37 nacionalidades. Este año, en plena crisis, se cuentan más de 12.000 empresas y 170 países. Durante
cinco días de enero —esta vez, una semana antes de lo que era norma—, hasta el domingo, los pabellones de Ifema son un escaparate lleno de tentaciones. Pequeñas y grandes ideas para disf
rutar.
El año que empieza (en el calendario y en FITUR) está lleno de propuestas ligadas al «momento oportuno». Es la ocasión de poner pies en el
Camino de Santigo, porque no habrá otro Xacobeo hasta 2021. Es la hora de colocar la brújula en
Suráfrica, porque España está ante una oportunidad única de ganar un mundial, y porque safari y fútbol se antoja una combinación difícilmente mejorable. Y, para las escapadas cortas, qué mejor que
Estambul, una de las capitales culturales europea de 2010. O, más cerca, Caravaca de la Cruz. Y, si por el contrario prefiere las expediciones largas, es también el año de los países iberoamericanos, como México o Colombia, que celebran el Bicentenario de su independencia.
En estos días se multiplican los estudios/análisis sobre el comportamiento de los viajeros. ¿Con qué destinos soñamos? O mejor aún, ¿a cuáles de ellos podemos ir? He aquí algunas tendencias en las que hay más consenso: más vacaciones en España, el Medio Oriente y el Este de Europa ganan adeptos, cada vez hay más viajes donde se unen ocio y negocio, más internet para vender y también como valor añadido para los clientes de los hoteles, más influencia de los foros de opinión tipo TripAdvisor, más cruceros, más pequeños caprichos (spas, restaurantes...) para suplir el descenso de los desplazamientos largos...
En FITUR, desde mañana y hasta el domingo, podemos encontrar propuestas para cualquier sueño y, con los pies en el suelo, para cualquier bolsillo. Desde aquellas destinadas a los cinéfilos, como la exposición de Tim Burton en el Moma de Nueva York, a las pensadas para aficionados al deporte, al mar (en febrero) o a la Fórmula 1 (a final de junio), por citar dos de las apuestas de la Comunidad valenciana. En los pabellones de Ifema, basta mirar para dejarse guiar por las primeras impresiones o por una suma interminable de argumentos.
FITUR 2010 incorpora las propuestas de Uganda, Ghana, Belice, Kuwait y Abu Dhabi, y, a tono con la «moda verde», abordará el debate sobre la sostenibilidad en el entorno hotelero con el monográfico «Fitur Green». Se pretende una mirada más detenida a África, en el foro INVESTOUR, y una mayor conexión con las nuevas tecnologías (vídeos y relación con los usuarios en Facebook y YouTube. FITUR, a los treinta, vuelve a lanzar su anzuelo sobre los viajeros. Allí nos vemos todos.
1. XXXI edición de
Fitur: 75.000 metros cuadrados, diez pabellones, más de 10.500 empresas procedentes de 166 países, un 2 por ciento más que en la edición anterior.
2. Iberia regresa a la feria dos años después.
3. AVE Madrid-Valencia: en cualquier momento del año.
4. Brasil está de moda. En 2014, Mundial de Fútbol; en 2016, Juegos Olímpicos. Las doce ciudades que serán las sedes del Mundial tienen un lugar destacado en el stand brasileño en Fitur.
5. Centroamérica crece en hoteles de lujo y en vuelos directos desde España.
6. La catedral de
Santiago cumple 800 años.
7. La exposición «
Cádiz 1812» se inaugurará en el segundo semestre.
8. Centenario de la expedición liderada por el noruego Roald Amundsen al Polo Sur a bordo del Fram.
9. Hay que visitar Trujillo. Allí nació Orellana hace 500 años.
10. Destino, Capital Cultural de 2016: Burgos, Córdoba, Las Palmas, Segovia, San Sebastián, Zaragoza.
11. Machu Pichu, Perú. Fue redescubierto por Hiram Bingham en 1911.
12. Nuevos países en Fitur: Nueva Zelanda, Pakistán, Congo y Guinea Conakry.
13. New York, New York. La estatua de la Libertad se inauguró hace 125 años.
14. Turismo gay: más espacio en Fitur, más negocio, más propuestas.
15. Nuevo centro Niemeyer en Avilés.
16. Año Victor Horta: 150 aniversario del máximo representante del art nouveau en Bélgica.
17. En octubre se estrenará Tintin, la película de Spielberg. ¿Qué tal una
ruta del cómic por
Bruselas?
18. De abril a septiembre, Miró en la Tate Modern de Londres.
19. El 29 de abril, boda real en la Abadía de Westminster.
20. La quinta edición de «
La Rioja Tierra Abierta» nos lleva a Alfaro.
21. El paso de cebra de la londinense Abbey Road, famoso por ser la portada de un álbum de los Beatles, acaba de ser declarado por el Gobierno británico como lugar de «importancia cultural e histórica».
22. Madrid Fusión, del 25 al 27 de enero. Turismo gastronómico en la capital.
23. De junio a octubre, siete noches en blanco en otras siete ciudades de Europa. La de Madrid, en septiembre.
24. Turku (Finlandia) y Tallin (Estonia), capitales europeas de la cultura 2011.
25. Al corazón del Teatro Nacional de Praga, con motivo del 130 aniversario de la primera función que se celebró en este edificio neorrenacentista.
26. Nuevo
Transcantábrico Gran Lujo. Realizará el itinerario Santiago de Compostela-San Sebastián o viceversa. Estará compuesto de cuatro salones y siete coches cama, cada uno con dos suites.
27. Hamburgo, Ciudad Verde europea en 2011. Sus innumerables zonas ajardinadas y parques hacen de esta ciudad la más verde de Alemania, un destino perfecto en primavera.
28. En octubre, 200 años del nacimiento de Franz Liszt. Excusa para un viaje musical.
29. El Museo
Carmen Thyssen-Bornemisza de Málaga, en el palacio de Villalón, abrirá sus puertas en primavera.
30. El Parador de Lorca (Murcia), en las inmediaciones de una alcazaba musulmana, abrirá a mediados de año.
31. El
Alma de Córdoba, visitas nocturnas a la Mezquita.
32. La cadena Hilton inaugura su hotel número 200 en Europa... en Bulgaria.
33. La Isla de Sal, en Cabo Verde, un destino para descubrir.
Sol Meliá abre su tercer hotel en este rincón del Atlántico.
34. Una escapada al Bedford, el hotel de Richard Gere cerca de Nueva York.
35. Bacara organiza viajes para aprender a hacer (buenas) fotos, un curso realizado en el destino elegido, por ejemplo Tanzania.
36. rutas del Vino de España presenta en Fitur sus nuevas
rutas certificadas: La Garnacha (Campo de Borja), Lleida y Ribera del Duero.
37. Del 24 al 26 de junio, Valencia, Fórmula 1.
38. Buenos Aires, Capital Mundial de Libro en 2011.
39. El Museo Van Gogh de Ámsterdam presenta la exposición Picasso en París, 1900-1907. Del 18 de febrero al 29 de mayo.
40. En marzo, las máscaras del Carnaval, por ejemplo en Tenerife (del 2 al 13). (Imagen: portada de ABC VIAJAR, 19 de enero).
@abcviajar
Hice el
Camino de Santiago en el 93, el primer año del Pelegrín y del Xacobeo reinventado como fenómeno de atracción cultural y turística. No recuerdo de quién fue la idea de emprender aquel viaje entre amigos, una caminata de ciento y pico de kilómetros, mochila a cuestas, con la feliz perspectiva de arribar la Plaza del Obradoiro convertidos en peregrinos. Mentiría si dijese que no esperaba divertirme —el nuestro no era un viaje de expiación ni de sacrificio— , pero tampoco esperaba aprender nada de la aventura. Y, sin embargo, lo hice. Descubrí el raro valor del silencio en grupo, que permite al andante iniciar una lúcida conversación consigo mismo. Experimenté una nueva impresión del paisaje de mi tierra, con el sol filtrándose en el laberinto vegetal de los helechos, y atardeceres imposibles con el sol teñido de color rojo sobre la línea definida del Finis Terrae. Pude explicar a los venidos de otras tierras que cuando los robledales se llaman carballeiras tienen otro color y otro sonido, y que el olor de las flores del tojo es tan intenso y puro como el de las rosas búlgaras. Viví como un regalo inesperado la solidaridad entre los caminantes, y participé de una ruidosa expresión de alegría colectiva cuando, en mitad de un mediodía tórrido, encontramos una generosa fuente de piedra donde se improvisó una fiesta entre desconocidos. Hice amigos eternos a los que no volví a ver nunca, hablé con gentes dispares cuyas vidas nada tenían que ver con la mía, y lo hice con la certeza de estar hermanada con ellos por la rara experiencia del peregrinaje, por la salida intempestiva de las estrellas antes de llegar al albergue, por las ampollas de los pies – mal endémico del peregrino – por los músculos cansados y los cambios de temperatura que son una constante en la tierra gallega. Tras las jornadas de caminata, la primera visión de las torres de Compostela desde el Monte del Gozo tiene mucho de epifanía, de augurio de triunfo. Al llegar a la Plaza del Obradoiro —que es la más hermosa del mundo— , supe que estaba viviendo un momento que tendría para siempre un lugar de privilegio en el complicado mapa de los recuerdos. No importa cuantas veces se haya visto la fachada soberbia de la catedral, la torre de cuento de la Berenguela, la sinfonía de piedra del palacio de Raxoi o el frente del Hostal de los Reyes Católicos: cuando se llega allí tras hacer el Camino, siempre se ve por vez primera. Y al traspasar el Pórtico de la Gloria, con el cuerpo cosido a agujetas y los pies estragados, es imposible no creer, siquiera unos segundos, en eso que se llama milagro. Yo he visto a un ateo convencido llevarse la mano al corazón al ver la obra colosal del maestro Mateo, a un agnóstico de libro buscando el abrazo del apóstol, a un descreído de nación posar la mano con los ojos húmedos en las ramas sinuosas del árbol de Jesé antes de tocar con su cabeza el cráneo de piedra del Santo dos Croques. Y es que en ese momento se aprende que el prodigio del que tanto se ha oído hablar no está en una barca de piedra que llegó, siguiendo la guía de las estrellas, a las tierras venturosas de Iria Flavia. Lo extraordinario es saber que esa
ruta del Campus Stellae es el mismo Camino que siguieron, durante siglos, miles y miles de desconocidos animados por algo a lo que ni siquiera sabían poner nombre. Los que han hecho el camino de Satiago ya saben de lo que hablo. Los que no, seguro que intuyen lo que se pierden. Marta Rivera de la Cruz (Lugo, 1970). Finalista del premio Planeta en 2006, con "El tiempo de los prodigios". En 2009 ha publicado "La importancia de las cosas".

La noche se disf
ruta en la planta 63 del hotel
The Address, en el corazón del Dawntown Burj Dubai, donde, según dicen se encuentra el kilómetro cuadrado más exclusivo del mundo. Allí arriba, en un hábitat tecnoculto, toman whisky de malta o brindan con Moët jóvenes ejecutivos que horas antes mantenían el tipo en sus sillas «Vitra» pese a oír, un días más, las caídas de las bolsas de Nueva York o Singapur. Nos recomiendan este templo de la noche dubaití dos glamurosas ejecutivas y la verdad es que el consejo no defrauda. Para alcanzarlo hay que tomar dos ascensores que aterrizan en un espacio de granito negro con cuarzo reflectante que imita con magnífico gusto al firmamento; quizá porque lo tenga más cerca que la tierra. El bar se llama «Neos», una contracción de las palabras griegas nuevo y amanecer, y sus vistas de 360 grados son espectaculares, como no podían ser de otra forma. Desde las ventanas que van del techo al suelo, y sin más protección que la del cristal, se contempla el rascacielos Burj Dubai, aunque para descubrir toda su altura aún hay que lanzar más la vista al cielo. Aquí acude la «gente guapa» de Dubai y huelga decir que la práctica totalidad de los consumidores —en este país sólo se sirve alcohol en los hoteles a precios similares a los de España— son extranjeros mientras se pueden contar con los dedos de una mano los nativos, hombres y sólo hombres, acompañados por guardaespaldas. Dubai permanece abierta hasta el amanecer...
Iriba, viernes. No es fácil escribir en medio del desierto, sentado en un repecho de arena, con el crepúsculo devorándose a sí mismo a una velocidad inaudita, con una grupo de combate polaco instalando tiendas de campaña al pie de un cerro aprovechando las últimas briznas de claridad mientras montan la primera guardia en lo alto del promontorio y todo el polvo de las pistas de arena chadianas grabado como un mapa en la cara de quienes hemos venido a ver qué se cocía en este auténtico
agujero negro de África central, uno de los lugares más opacos de la Tierra, y no en sentido precisamente metafórico: desde el espacio, los satélites han comprobado que esta región es una de las menos iluminadas del mundo: cuando la noche cae sobre el Chad la oscuridad resultante es magnífica para el olvido, para el crimen, para la lasitud, y también para contemplar (como en Somalia) uno de los firmamentos más cuajados de estrellas.
La Vía Láctea es generosa y a los más pobres les da más preciosa leche que a nadie. Como el Chad es un espacio paradójico (aunque en olvido todavía le gana su vecino del sur, la República Centroafricana: todavía más desdeñada) y de su inmensa superficie apenas dispone de un 2,8 de tierras cultivables (con un ínfimo 0,02 por ciento de cosechas periódicas: sorgo, arroz, patatas, tapioca y algodón), la sequía y las plagas de langostas se ceban con un país que también ha encontrado en el petróleo una maldición: con contratos leoninos a favor de empresas estadounidenses (como Exxon Mobil) y Chinas, buena parte de los beneficios de los 156.000 barriles diarios que exporta desde 2004 los destina a el régimen a comprar fidelidades entre sus muchos enemigos y sobre todo armas (el gasto en educación equivale al 1,9 por ciento del Producto Interior Bruto), mientras que a Defensa dedica el 4,2 del PIB), la media de hijos por mujer es de 5,4, que acaso compensa que de cada mil nacimientos mueren cien) y un 80 por ciento de su población está por debajo de los índices que le sirven a las Naciones Unidas para trazar el umbral de la pobreza.
El día amaneció temprano. Había que subirse a un avión de carga construido por la empresa española CASA, mantenido y pilotado por españoles adscritos a la Fuerza Euopea (Eufor) con una misión rimbombante (proteger la distribución de la ayuda humanitaria en el Este del Chad, prestar apoyo a las organizaciones no gubernamentales que la distribuyen y atienden a los más de 450.000 refugiados sudaneses y desplazados internos, y en general proteger a la población de la miríada de grupos rebeldes, que a menudo se confunden con bandidos (aunque hay quien piensa que el jefe de todos los bandidos es el propio presidente de la República, que mantiene a su propio país en la miseria y que depende de Francia para mantenerse en el poder). El avión aterrizó dos horas después en Abéché, donde los franceses cuentan con la segunda base aérea más importante del país después de la de Yamena. Allí embarcamos en un helicóptero ruso, que tras hora y media de navegación a media altura (lo que permitía contemplar la aridez del terreno, y las marcas dejadas por los ueds, que se desbordan en la estación de las lluvias) nos depositó en Iriba, sede del batallón polaco que se encarga de vigilar este vaston rincón del noreste chadiano, junto a la arbitraria, porosa, invisible frontera con el Darfur sudanés. Provistos de pesados chalecos antibalas (método ideal para adelgazar en el árido clima chadiano) y cascos, además de raciones de combate del glorioso ejército que tantas derrotas ha sufrido a manos de su poderosos vecinos europeos (la Gran Rusia al este, la Gran Alemania al oeste) iniciamos la patrulla cuando el sol más fiero estaba. Dejamos los alminares, tapias de adobe, escuelas y callejas de arena de Iriba para internarnos en el desierto. Era un convoy de cuatro blindados con cañón disuasorio de 21 milímetros y tres todoterreno. Por sabana, bosque bajo y puro desierto, observados por nómadas desde sus cabañas de caña y adobe, rebaños de cabras, burros que rebuznan como rebuznaban en España los burros que han ido desapareciendo de nuestra vida y de nuestra memoria, dromedarios y camellos, cuando el crepúsculo comenzó a insinuarse nos detuvimos al pie de un cerro no muy lejos de la villa (por llamarle de alguna forma) de Bihai, y a unos siete kilómetros de la frontera con Sudán. Levantamos nuestras tiendas de campaña individuales con la ayuda de los bruscos y al mismo tiempo amigables soldados polacos (muchos reenganchados de las guerras de Irak y Afganistán a este frente difuso -y mucho menos peligroso- en el corazón muerto de África). Parecían tumbas para una noche, y abrimos las raciones de combate, que algún exquisito combatiente francés dijo que no eran mejores que lo que comía su perro: latas de comida con cierto sabor a atún, cierto sabor a pollo, cierto sabor a paté innombrable, pero que mata el hambre cuando no hay agua con la quitarse las capas de polvo del camino, y sólo para beber, lavarse los dientes, quitarse capas de mugre de los pómulos y de los párpados.
Como cuentan en las novelas y en las películas, la temperatura se desploma en la noche del desierto, pero antes de dormir sobre el duro y amigable suelo africano todavía hicimos una patrulla nocturna en dos de los blindados: nos acercamos hasta el campo de refugiados de Oure Cassoni, donde se hacinan unos 30.000 sudaneses que han venido a ponerse a salvo a este lado de la artificiosa frontera. Gracias a los visores nocturnos que nos prestaron los soldados pudimos ver la película en blanco y negro de los muros de adobe, las chozas levantadas con lonas del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (que no reconoce el asentamiento porque va contra sus principios: se opone al levantamiento de campos junto a la frontera del país de origen, porque entiende que los refugiados está expuestos al hostigamiento y a la inseguridad -no en vano sirven de camuflaje a los grupos rebeldes que, en este caso, combaten al régimen del general Omar Al Bashir- y prefiere que se organicen a varias decenas de kilómetros de la linde, aunque los que han huido prefieren alejarse lo menos posible de su país, de sus casuchas y de sus tierras, porque su único sueño es volver). Aunque eran más de las once de la noche, vimos un comité de recepción formado por niños que se dirigía con las manos en alto hacia nosotros. ¿Qué hacían levantados a esa hora? Pero algo o alguien les disuadión y a medio camino volvieron sobre sus pasos. Con la media luna blanqueando los caminos, sacando instantáneas misteriosas de los arbustos y de las piedras, todo el desierto parecía una radiografia de la luna. Unos burros sobresaltados por nuestro paso rebuznaron como almas en pena. Al regresar al campamento cerca de la medianoche, casi todo el mundo dormía. Agotados, caímos en un profundo sueño ajenos a los escorpiones, arañas y otra fauna que se esconde en estos pedregales. A las seis, salimos de nuestras tumbas individuales.
El sol empezó a asomarse a una velocidad de vértigo. Nos vimos y nos las desamos para meter los sacos y las tiendas en sus fundas (los polacos volvieron a armarse de paciencia), tomamos café y galletas duras como piedras ablandadas con la leche condensada de las raciones de combate, y reemprendimos la aventura. Primero un lago del que sobresalían troncos secos. Llegó un rebaño formado de decenas de ovejas que balaban con la unanimidad de las nuestras, manejadas por un pastor sin perro que había pasado la noche junto al agua mansa y cobriza. El campo de refugiados no estaba lejos. Hablamos con el jefe del destacamento de la policía chadiana que se encarga de “la seguridad” del campo: 20 hombres para 30.000 almas. Un imposible. Confesó que les ruegan a los rebeldes del JEM, quizá el grupo más nutrido y relevante que combate contra el régimen de Jartum en Darfur, que dejen sus armas a la entrada del campo (un campo con mil puerta) cada vez que acuden a visitar a sus familiares. La falacia y el juego quedaron en evidencia cuando acertó a pasar una “pick up” artillada con seis “rebeldes” a bordo: calzados con chancletas, con turbantes de oro y oliva, y kaláshnikovs en torno a una ametralladora de 14 milímetros, no ocultaban, como sus compatriotas del campo, su alegría por la orden de búsqueda y captura dictada por la Corte Penal Internacional contra su gran enemigo, el presidente sudanés, Al Bashir, aunque está por ver quién será capaz de ponerle el cascabel al gato, y si haciendo un gran bien (poner fin a la impunidad que reina en Darfur desde hace casi seis años, con 300.000 muertos y casi tres millones de desplazados y refugiados, condenar al régimen islamista y militar de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad) muchos seguirán sufriendo o morirán por la reacción b
rutal del Ejército sudanés y sus despiadados jinetes árabes, los famosos “yanyauid” (diablos montados). Junto al campo, bajo el sol implacable del mediodía, un grupo de niños y niños que no supera los diez años, se encarga de fabricar con las manos desnudas y una pala más grande que ellos ladrillos de adobe, vigilados por sus amos sudaneses: hombres esbeltos y delgados, con cara de pocos amigos, que sólo hablan árabe y visten túnicas de un blanco deslumbrante (tienen quien se las lave) y un ostensible látigo en la mano: seguro que no tratan mejor a los niños que a los escaldados burros, que se extrañan de que alguien les quiera palmear el lomo sin ánimo injurioso.
Sobrevivir es un empeño arduo en estas tierras del Sahel africano. Pero todo se hace todavía más duro por culpa de la guerra, los regímenes despiadados que no sólo no se cuidan de sus ciudadanos (súbditos despojados de cualquier derecho), sino que les convierten en carne de cañón, parias en su propia tierra, o náufragos en el desierto, refugiados obligados a huir para salvar el pellejo, evitar la violación, que los niños sean vendidos como esclavos, mano de obra barata, guerrillas infames. Emprendemos el regreso a través de Bahai, un villorrio desperdigado por lomas de arena que el viento arremolina contra las tapias de adobe, no sin antes pasar por una escuela. Los niños nos reciben como suelen en África, con la mano tendida (pero no para pedir: en eso son los chadianos y los sudaneses tan dignos como los somalíes, sino para saludar) y la sonrisa franca. Regresar a la base del batallón polaco en Iriba, un fortín de terraplenes, torretas, reflectores y alambradas, cuando la luz empieza a declinar, es como alojarse en un hotel de cuatro estrellas: después de la aventura nocturna, y con el polvo de dos días de periplo por el desierto, el agua fresca redime como más que un bautizo, y no digamos la comida en el gran comedor que parece un remedo de los palacetes del XIX polaco, donde los oficiales cortejaban a las damas y hablaban un distinguido francés. Otro espejismo. La comida (carne cubierta de hojas de col bañadas con salsa de ternera) es un plato delicioso para rusos, ucranianos y polacos que devoramos con el placer y el hambre de los náufragos de arena. Cuadriculado por contenedores alineados como viviendas que a su vez hacen de calles, un poste sirve de punto de referencia para todos los que nos sentimos perdidos aquí: Varvosia, 4.105 kilómetros, y otra decena de ciudades polacas, donde ahora sigue mandando el invierno. La noche ya es tan intrincada como la de ayer, pero aquí se ven muchas menos estrellas, y no por la luna, sino por el run-run de los reflectores eléctricos. Mañana también tenemos otro día de patrulla.
Dónde. ESTANCIA VILLA MARÍA EQUESTRIAN & GOLF STATES - RESORT Av. Pereda s/n – Máximo Paz (1812) – Ezeiza – Buenos Aires – Argentina Oficina de reservas, tel.: +5411 6091 2064
info@estanciavillamaria.com
Saliendo de Buenos Aires en autobús y tras 45 minutos de recorrido por autopista hacia el Sur, llegamos a
Villa María. La entrada a la estancia se realiza a través de un camino asfaltado, orillado a derecha e izquierda por árboles altísimos y de lujuriante frondosidad. Viniendo del tráfago y del ajetreo urbano de la capital, el corto paseo bajo esta casi centenaria bóveda vegetal se nos antoja un bálsamo para nuestros sentidos, un apacible y bucólico preludio a la visión de cuento de hadas, inesperada por chocante, que nos aguarda a su término: la del edificio principal, imponente y majestuosa construcción en estilo Tudor con revestimiento de ladrillo a la vista, aditivos normandos en las cubiertas y detalles neogóticos en las puertas y en las arcadas ojivales. Nuestras miradas suben por las fachadas hasta toparse con los largos faldones de tejas planas, de color terracota, enriquecidos con múltiples lucernas, chimeneas y hasta con una torre solitaria. En suma: nos hallamos ante una suerte de orgulloso sucedáneo, pongamos por caso, del célebre castillo de Balmoral en tierras escocesas... ¡Rayos y truenos! Pero ¿estamos o no estamos en Argentina?
Josefina Cayol, la actual propietaria -una rubia dorada de mediana edad, porte refinado y modales sosegados- nos recibe en los bien arreglados jardines, frente a la escalinata central, dispuesta a iniciarnos en las bondades de su soberbia mansión. “El propósito de desarrollar un lifestyle resort de lujo”, comienza diciéndonos nuestra anfitriona, mientras nos ofrece unos refrescos en el espacioso vestíbulo –cielo raso con vigas de madera expuestas, amplios sofás de época, suelo con losas blancas y negras en damero-, “se consolidó a fines del 2007, gracias al apoyo de Fiducia Capital Group, una compañía dedicada a invertir y desarrollar negocios de real estate world class; se trata del primer proyecto de este tipo llevado a cabo en Argentina”.
Conservando su estilo centenario, fiel reflejo de la tradición ganadera pampeana, Estancia Villa María subió velozmente los escalones del éxito. Josefina nos informa de que su fundador, Vicente Pereda, adquirió las tierras en los últimos años del siglo XIX con fines agropecuarios. Al poco tiempo, Villa María era ya el primer centro de reunión de cabañeros, antecedente de la Sociedad Rural Argentina. En 1919, su hijo Celedonio construyó la casa actual como residencia de verano con planos del célebre arquitecto Alejandro Bustillo, el cual respetó la usanza de la aristocracia porteña, empeñada en levantar sus villas extramuros en estilos pintorescos. Una constante en las obras de este maestro constructor fue su especial sensibilidad para capitalizar las bondades de cada paisaje. A este respecto, Villa María no es una excepción; su planta, muy alargada, prioriza la idea de proporcionar las mejores visuales del parque de 74 hectáreas –fiel reproducción de una campiña inglesa- que la rodea.
En el interior, los diferentes salones se suceden entrelazados por arcadas, recreando un clima casi medieval. Antaño, contigua al vestíbulo, estaba la capilla; hoy ese espacio se ha convertido en un pequeño sector para degustar bebidas y tragos. También hay una sala de juegos, cuya atmósfera nos invita a disf
rutar de la cuidada selección de puros de la Estancia Villa María. Dos escaleras de mármol llevan al piso superior, el cual cuenta con una decena de dormitorios; desde cada uno de ellos, las vistas al exterior son incomparables.
Concluida la visita al château y sus aledaños, llega la hora del almuerzo. Josefina ha dispuesto que nos lo sirvan en la Galería, una sala cuadrada que conforma la esquina noroeste en la planta baja, abierta al exterior por cinco arcos de medio punto sin cristales y forrados por dentro y por fuera de lustrosa hiedra pulcramente recortada. El lugar es fresco, coqueto y con espléndidas panorámicas del parque original, sus árboles y su laguna. En cuanto a la comida, consiste –¡cómo no!- en la típica parrillada a base de carnes de res, cordero y lechón. Eso sí, con el especial toque culinario de Villa Maria. “En nuestra cocina destacan los platos de autor”, nos insiste Josefina, “inspirados en recetas argentinas de comienzos del siglo XX preparadas con técnicas propias de la cocina mediterránea y de la campiña francesa”.
Tenemos la tarde libre para curiosear a nuestras anchas. Claro que, con el estómago a reventar, lo que nos tienta es dormitar en el elegante vestíbulo, cómodamente arrellanados en uno de sus múltiples sofás y acunados por la suave música de fondo, apenas un susurro que desgrana melodías de siempre... Una tentación de la que nos libra nuestra anfitriona ofreciéndose a llevarnos de excursión en un carruaje tirado por caballos. O sea: a pasear a la antigua usanza, sin prisas y sin más sonidos a nuestro alrededor que los de la vieja y sabia naturaleza.
El itinerario atraviesa la denominada Arboleda, una de las atracciones más señaladas de Villa María. Son 624 hectáreas arboladas con más de 20.000 ejemplares que incluyen 350 especies diferentes propias de la zona templada. La exquisita combinación de altos volúmenes boscosos, unida al intenso colorido de la fronda –cambiante a lo largo de las estaciones- conforma un patrimonio paisajístico de primer orden, que ronda ya los cien años de antigüedad.
Bellezas naturales aparte, la potente oferta de actividades deportivas convierte a Villa María en un exclusivo club de campo, el más importante del sur bonaerense y uno de los más sobresalientes de Argentina a nivel internacional. Su club de tenis está dirigido nada menos que por Guillermo Vilas, probablemente el mejor tenista que ha dado el país; el centro ecuestre profesional, a cargo de George Morris –director del equipo ecuestre de Estados Unidos (USET) y la Asociación Ecuestre Americana- cuenta con picadero cerrado, pista de salto olímpica y 25 kilómetros de senderos para ejercitar la hípica; el campo de golf –7.250 yardas de longitud y 18 hoyos con par 72- es apto tanto para jugadores principiantes como de alto handicap. Pero lo que más aprecia Josefina son las cuatro canchas del Black Watch Polo Club; lo cual no nos extraña, tras enterarnos de que sus excelentes aptitudes como jinete las rentabiliza precisamente jugando al polo, deporte del que es una apasionada y una de las contadas mujeres que aquí lo practican.
Estancia Villa María se ofrece, en suma, como un lugar sereno y bucólico, anticipo confortable de la infinita pampa argentina, con jardines primorosamente diseñados y una naturaleza generosa que hace ostensible su belleza sin narcisismos.
No hay mejor símbolo de la felicidad que un niño unido al mar. Los humanos creemos pertenecer a la tierra, pero tal vez es un falso espejismo. En realidad, bien podríamos pertenecer al mar. Puede que un día comprendamos que somos peces, criaturas nacidas para vivir en el agua, y quizás entonces escribamos una historia humana más feliz. Ahora, al pensar en esa utopía, siento no vivir en ese tiempo lejano para poder disfrutarlo y luego contarlo. Por eso, el gran viaje de mi vida, que recuerdo todos y cada uno de los inicios del verano como si hubiera sucedido ayer mismo, fue aquel en que me llevaron por primera vez a ver el mar. Yo tenía once años y era un niño madrileño harto de veranos de fuego en los secarrales castellanos. Fui con mi hermano Jose, dos años menor que yo, a pasar un mes a un pueblo del interior de Galicia, en la provincia de Pontevedra, en donde mi tío Antonio tenía una casa entre bosques de pinos y viñedos de uva negra. Un día, mi tío nos anunció que iba a llevarnos a la ciudad de Vigo para que viésemos el mar. Y la siguiente mañana, nublada y húmeda, tomamos un autocar de línea en Puenteareas. Cosa de media hora después, al llegar a la cima de una loma de la carretera, vimos tenderse delante del vehículo la línea gris cobriza del inmenso océano. ¡Que hermoso espectáculo!. ¡Cómo me brincó el corazón! Cuando llegamos a la playa, mi hermano y yo corrimos hacia el mar, metimos el dedo en el agua y lo chupamos. Y el gran milagro se produjo como esperábamos: ¡sabía salada! Desde entonces, sé bien que pertenezco al mar y que nacer en Madrid fue una equivocación de la Naturaleza. Me gusta verlo, navegarlo, mecerme en sus brazos. Y me hace sentirme inmortal. Como si siguiera siendo un niño que lo cabalga sobre las olas.
Por las calles de Verín ya se oyen las chocas (cencerros) que serán protagonistas del Domingo de Corredoiro, que este año cae el 27 de febrero. Están ensayando los cigarrones del carnaval. Verín es una población de Orense, a orillas del río Támega (que precisamente significa Corriente de Agua),
famosa por sus vinos, sus aguas y sus “entriodos” (“entradas” a la primavera o carnavales). Se encuentra al pie de la fortaleza de Monterrei que da origen a la comarca del mismo nombre y al valle que permaneció cerrado durante siglos y que luego fue (y es) paso obligado hacia Portugal y Castilla. Localidad enjundiosa pues aquí se instaló en el siglo XV
la primera imprenta de Galicia y aquí confluyen dos caminos jacabeos, el Portugués y el de la Vía de la Plata. La gastronomía verinesa es sencilla y contundente, desarrollada en lareiras (hornos) de granito.
En el
Parador de Turismo se pueden degustar desde las empanadas, el lacón y el bacalao, hasta el pan de centeno, los pimientos y las filloas. El vino es todo un capítulo aparte. El microclima del valle, con temperaturas extremas que alcanzan diferencias de hasta 30 grados, dan unas uvas famosas desde hace siglos. De aquí salieron las primeras cepas españolas que llegaron a California.
La denominación de origen Monterrei abarca excepcionales blancos frescos y afrutados con variedades autóctonas como la godello y la treixadura, y tintos con cuerpo a base de mencía, arauxa (tempranillo) y bastardo. Cabe destacar la bodega
Terra do Gargalo, liderada por el diseñador verinés Roberto Verino, cuyo nombre real es Manuel Roberto Mariño Fernández, pero que adoptó el apellido Verino para subrayar su origen.
¡Y que decir de sus aguas! Verín ha sido durante siglos un tradicional lugar de veraneo por la calidad y cantidad de sus manantiales medicinales que ya eran un elemento sagrado para celtas y romanos.
La comarca dispone de seis fuentes mineromedicinales: Fontenova, Caldeliñas, Sousas, Fonte do Sapo, Requeixo y Cabreiroá. Esta últina acaba de presentar en Madrid
“Magma”, un agua mineral embotellada que contiene unas finas burbujas (agujas) que se forman al filtrarse el agua de lluvia con el gas de combustión del magma subterráneo. Cuando tocan el suelo, las gotas inician un proceso que dura más de 200 años. Primero descienden por las grietas de las rocas, filtrándose por sucesivas capas de granito y cuarcitas.
A 3.000 metros de profundidad, el agua alcanza los 100ºC y en ebullición se mezcla con el gas carbónico que escapa del magma terrestre por la falla de Regua Verín. Es entonces cuando “Magma” adquiere sus finas burbujas de gas carbónico natural y enormes presiones la empujan de nuevo hacia la superficie. Tras el segundo proceso de filtrado que se produce al ascender, se extrae a 150 metros de profundidad. Carnavales, aguas y vinos. Tres tesoros juntos en Verín, pero no revueltos.
Foto: Castillo de Monterrei en Verín (Orense). Foto: Pilar Arcos

En
Phuket, la isla
tailandesa que sufriera el terrible tsunami de 2004, nadie se acuerda, o no quiere acordarse, del desastre natural. La normalidad ha vuelto a la isla, eso sí, salpicada de paneles de color azul con el aviso “Zona de riesgo de tsunami”. Se ven en los lugares más afectados para recomendar a la gente que “en caso de terremoto suba a las zonas más altas o se dirija hacia el interior”. El tsunami regeneró el ecosistema de la isla más grande de
Tailandia y ahora luce en todo su esplendor. Conscientes sus habitantes del maravilloso crisol de palmeras, cocoteros, aguas transparentes y playas blancas, les preocupa bastante más la crisis global que también ha llegado aquí como a todo el mundo. Pero el que quiera relax y playas maravillosas no debe dudarlo. Este es y sigue siendo, aunque lo pongan en entredicho algunos como Fernando Sánchez Dragó que aseguran haber “descubierto” la isla en los sesenta, un paraíso para disf
rutar del sol, de sus amaneceres y sus atardeceres rojos, las compras, los masajes thai, la GENTE -con mayúscula-… y hasta se puede emular a Roger Moore, el mejor James Bond después del primero y más auténtico Sean Connery, en la isla Ko Tapu, donde rodara en 1974 varias secuencias de “El hombre de la pistola de oro”. Este islote, uno de los muchos que componen el Parque Nacional Marino de Phang-Nga, ha pasado a llamarse “Isla de James Bond”, demostrando que el buen olfato publicitario también existe en el mundo asiático. La roca que emerge del agua mide unos 200 metros de alto y sirve de reclamo a miles de turistas que, pacientemente, con sus cámaras digitales posan ante ella…

ABC VIAJAR, el mensual de Viajes de ABC, vuelve este viernes al kiosco con un puñado de destinos para disf
rutar con la imaginación o para dejarse tentar y organizar una escapada. En primer lugar, elegimos Dominicana, el calor y el color cuando a Europa se aproxima la caricia áspera del frío. Rodolfo Chisleanschi recorre la costa norte, entre Puerto Plata y la península de Samaná. Y, quien prefiera una opción más cercana, puede quedarse en Gante, ciudad de Flandes que
estrena museo. O en Glasgow, que en noviembre tiene una de las noches más animadas de Europa. En España, pasamos cuarenta y ocho horas en Sevilla. Nos lo cuenta Félix Machuca, esritor y periodista sevilla que conoce la ciudad como la palma de la mano. Los paisajes de otoño los buscamos en La Rioja, con Pablo G. Mancha. Y además, estrenamos sección, Vinos&Gourmet. Al cabo, placeres de la vida.

Por fin estamos a los pies del
Burj al Arab, el hotel más estrellado del mundo. Y decimos por fin, no porque nos vayamos a alojar en una de sus
202 suites – ya nos gustaría, pero los entre 1.400 y los 24.000 euros que cuesta una noche son razones de peso—, sino porque, al igual que la Torre Eiffel, gana al natural. Impresiona ver que, en efecto, es una vela al viento de
321 metros clavada en una isla artificial en las aguas del
Golfo Pérsico.
Admiramos su desafiante arquitectura desde la playa pública de Jumeirah de Dubai, y sólo desde aquí, porque, como gran tesoro, La Torre de los Árabes o Burj al Arab
se protege de los curiosos. El paso lo tiene reservado a sus huéspedes, que es lo mismo que decir a millonarios. Sólo ellos caminan sobre granito azul de Brasil, mármol es de Carrara o de Statutario (el que empleó Miguel Ángel es sus esculturas), y bajo techos revestidos de láminas de oro de 22 kilates de la India. O duermen en
camas giratorias ante pantallas de cine privado.
En este hábitat de lo superlativo —nos resistimos a llamarlo lujo— se encuentra
el único restaurante submarino del mundo, el Al Mahara, del que destaca, más que su cocina, una columna central convertida en un impresionante acuario en el que viven, junto a singulares especies, dos tiburones, lo que permite disf
rutar de las fauces del escualo mientras las propias devoran a otros peces, también muy preciados.
Casi por arte de magia, y gracias a un ascensor que se eleva seis metros por segundo, en un instante se alcanza otro de los restaurantes, el Al Muntaha, una
torre de vigía de 200 metros de altura, desde la que deben dar
ganas de comerse el mundo. Pero para ello es necesario que, cuando se realice la reserva, se insista en que la mesa esté situada en la primera fila, es decir, junto a la gran cristalera, porque, como en el anterior, en el Al Muntaha se disf
ruta más de la vista que del gusto.
Después de este tránsito por lo superlativo, ponemos
los pies en la tierra. Y de nuevo sobre la playa de Jumeirah, donde grupos de extranjeras disf
rutan del atardecer al igual que unos nativos de ellas.
Llegada ya la noche, La Torre de los Árabes o Burj Al Arab vuelve a provocar con
juegos de colores. La vela cambia del rojo, al azul, al verde, al malva...
Mañana viajamos a otro color, el del desierto
El escritor Andrés Ibáñez elabora su particular guía de Nueva York, llena de consejos sabios. Si pasa esta Semana Santa allí, ésta puede ser su hoja de ruta
No es una ciudad monumental, es una ciudad vertical y nuestros ojos no perciben bien lo vertical. Suba a un rascacielos, al Empire State, al 666 de la Quinta avenida, al bar circular del Marriot Marquis. Vaya a Central Park: sobre todo, por la esquina sudeste. Olvídese de las guías turísticas. Vaya a los museos si le gusta el arte. Vaya al museo de Historia Natural si desea ver totems indios, pero no pierda el tiempo ni en Macy's, ni en Bloomingdale's, ni en Grand Central, ni en Tiffany's, ni en Wall Street, ni en el South Seaport. Asómese a Times Square, que es como Blade Runner nos prometió que sería el futuro. No pierda una mañana en ir a ver la Estatua de la Libertad, no se vaya a New Jersey a comprar ropa en una tienda muy barata y, por Dios bendito, ¡olvídese de Brooklyn! Lo mejor de Brooklyn es el puente, y eso simplemente porque desde allí arriba se ve Manhattan. Nueva York es Manhattan, y con Manhattan tiene suficiente para toda una vida. Pasee. Observe a la gente. Coja el Metro y sienta el verdadero latido de la ciudad. NuevaYork es un espejismo, y como tal, está cambiando continuamente. El Meat District es ahora una zona muy elegante, y en el Lower East Side uno encuentra cafés y librerías maravillosos. Vaya a Union Square y baje por Broadway. El East Village sigue siendo exótico y fascinante. Soho está tomado por los turistas. Pasee por Canal Street y coma en un restaurante chino, pero no olvide los maravillosos dinerso coffee shops con sus cartas interminables. Desayune French Toasts. Sólo usted puede saber qué desea ver en NuevaYork porque sólo usted sabe qué es lo que le incita y le conmueve. Sea lo que sea, búsquelo. Y tenga cuidado, porque es posible que lo encuentre.

El paisaje entre la meseta de Shira y Barranco Camp es deslumbrante. Nadie podría negar en estas soledades la primitiva belleza de las rocas torturadas, de esos ocres en apariencia monocordes y que, sin embargo, están llenos de matices. El camino discurre entre torres de lava petrificadas y laderas salpicadas de bombas volcánicas. Un caos tan ordenado que parece un decorado dispuesto por los espíritus del
Kilimanjaro. Pienso que si alguna vez se inventara una máquina del tiempo se podría viajar al origen de las cosas que admiramos; esto valdría tanto para un volcán como para las pirámides de Egipto. H

emos salido temprano y apretado el paso para dejar a los turistas atrás y disf
rutar de la caminata sin interferencias. Sólo algunos porteadores nos pasan como una exhalación. El
monte Meru (4.566 metros) nos cubre las espaldas. Algunos lo utilizan como piedra de toque antes de afrontar el Kili, aunque en el esfuerzo se pueden quemar más naves de la cuenta. Además, la
ruta Machame te pone al nivel del Meru antes de llegar a la jornada decisiva. En la travesía de hoy invertimos en aclimatación alcanzando los 4.530 metros en Lava Tower para luego descender a los 3.950 de Barranco Camp. La niebla nos envuelve mientra bajamos por coladas polvorientas, y el suelo se va cubriendo poco a poco de vegetación. Hasta llegar al asombro. Junto al campamento nos recibe un bosque de senecios gigantes, esculturas vivas de un mundo perdido y misterioso. Algunos ejemplares superan los cinco metros de altura. Cualquier criatura extinguida que se asomara entre sus tallos no desentonaría en absoluto. A sus pies, las fálicas lobelias atraen con su verdor a aves que buscan insectos y néctar. Al finalizar la etapa la bruma vespertina cede y sale el sol, descubriendo el Kibo, que parece un coloso inalcanzable con esas nieves perpetuas que sedujeron a soñadores, geógrafos y literatos. Un blanco que refulge en la distancia, un faro en mitad de la salvaje sabana africana. Pero el hielo tiene los días contados. Los glaciares del Kilimanjaro cubrían 12 kilómetros cuadrados hace un siglo; hoy apenas llegan a los 2 km², y los científicos piensan que se habrán derretido en 2020. “Oferta: últimas nieves en el Kilimanjaro” podría ser un buen reclamo turístico. El calentamiento global encabeza la lista de sospechosos, pero también se apunta a la escasez de precipitaciones y que el volcán, tal vez, esté despertando de nuevo. Si fuera así no sería necesaria una máquina del tiempo para rebobinar y ver la tormenta de fuego con que empezó todo... Aunque habría que salir por piernas.

Desde bastante antes de traspasar la puerta el olor a f
ruta nos envuelve. Dentro mucho más. Es un olor espeso, dulzón, que se me antoja que podría llegar a colocarnos si no salimos a tiempo para respirar. El recinto es un edificio antiguo, amplio, luminoso, una construcción de piedra en la que se reparten como en un damero varios estanques o piscinitas de granito. En cada una de ellas,
un pequeño mar de uvas tintas que sobrepasa en altura los tobillos de unos mozalbetes que en grupos de cinco y cogidos por los hombros parecen bailar una parsimoniosa danza milenaria. Estamos en la
Quinta da Pacheca, una de las fincas más importantes junto al Duero, en Portugal. Asistimos a
la tradicional pisada de la uva que se realiza todos los años tras la vendimia. Cuatro o cinco días en los que estos muchachos (hoy casi todos son inmigrantes rumanos, cosas de la globalización) se recorrerán varios kilómetros yendo y viniendo, estrujando el agraz con las plantas de los pies sin irse más allá de cinco metros. Lo que antes era una faena más de estas tierras de vino y rosas hoy forma parte de la oferta turística internacional. Además de los rumanos, algunos guiris de pago saltan al depósito mostrando sus blancuzcas canillas recién lavadas y sin contener una risita nerviosa se ponen a pisotear el arrope de vid. La Quinta da Pacheca, llamada así porque su propietaria del siglo XVIII era Doña Mariana Pacheco Pereira, se encuentra en
Peso de Régua, una localidad ribereña del Duoro (aquí no les gusta decir de la Ribera del Duero). "Régua" porque su trazado es recto como una "régua" (regla) y "Peso" porque aquí desde hace siglos se pesa la uva autóctona, casi toda de la cepa touriga nacional. De Régua zarpaban los rabelos, barcos de madera y a vela, hoy casi desaparecidos, que bajaban por el Duero hasta O Porto (El Puerto) donde el oporto era, y es, distribuido por todo el mundo.
Las chalupas han sido sustituidas por camiones cisterna, pero los pisadores, aunque de otras latitudes, siguen dándole al talón. Hasta dentro de seis meses no se les irá el color rojizo de los pies. ¿Hasta cuándo tendremos las paredes del estómago teñidas del ámbar y el rubí de estos oportos?
Foto.
Gonzalo Cruz.

Con los ojos cerrados diría que estoy saboreando una fina mousse de canela y nueces cargadita de mantequilla y con unas bolitas duras que no saben a nada en especial. Pero no nos engañemos, no es así. Estoy en Archidona, la ciudad más antigua fundada por los españoles en el oriente ecuatoriano (1560), a 180 kilómetros de Quito, en la puerta de ese «océano verde» que es la Amazonía (7 millones de km², ¡catorce Españas!) que produce el 20 por ciento del oxígeno de la Tierra. Cuando le conté a mi guía, Mateo Ponce, que nuestra Archidona primigenia, la de Málaga, es famosa por sus porras y su cipote me respondió jacarandoso que no sabía si ésta de Ecuador tenía falos tan eminentes, pero que en materia gastronómica era bastante singular y que si quería lo podía comprobar. Dicho y hecho. Paró el todoterreno a la izquierda de la carretera E45, que atraviesa la población en dirección a Tena, junto a unas barracas de madera que hacen las funciones de pequeñas tabernas. En el exterior, unas parrillas sobre las cuales se encuentran unos paquetitos hechos con hojas y atados con hebras. En un cartel escrito a mano se ofrece «Hoy caldo de pollo criollo, maito de pollo y chontacuro» «Si quieres algo auténticamente de monte —me sugiere Mateo— prueba los chontacuros». Por un dólar, la patrona que lleva una niña a la espalda, me da uno de esos envoltorios. Al abrirlo me encuentro con tres gusanos bien hermosos cocinados a fuego lento. Son los chontacuros, del quechua «chonta» palmera y «kuru» gusano. Una larva comestible de un escarabajo. Su aspecto es el de un gusano de seda gordo (llega a medir 7 cm. de largo) que tras ser cocinado al vapor en su propio jugo se vuelve amarillento, con la textura y el sabor de la mantequilla y un retrogusto (¿o se dice postgusto?) a canela, nuez y otros frutos secos. Pura proteína. Las bolitas duras insípidas son las cabezas, que desecho disimuladamente. El poeta y gastrónomo Julio Pazos (Baños, 1944) ha glosado este tipo de cocina llamada de los envueltos: «tamales, humitas, chigüiles, ayacas, ayampacos, maitos y quimbolitos». Los libros de cocina ecuatoriana hablan de los patacones y los chifles (plátanos fritos, los primeros machacados), del seco (guiso) de pollo o de chivo, del cebiche (macerado en limón) de pescado y/o camarones (gambas), del chupé (caldo) de gallina o de corvina, del babaco (una f
ruta parecida a la papaya) en almíbar, e incluso del cuy, un conejo (de Indias) que alimenta las mesas festivas y el morbo de los melindres, pero nada dicen de los chontacuros. Y sin embargo doy fe de que, remilgos aparte, son una delicatessen propia de un restaurante con estrellas Michelin. Los indios alaban sus supuestas cualidades curativas (aparato digestivo, bronquios, articulaciones, circulación sanguínea...) y algún capitalino perspicaz se los ha llevado a Quito para comercializarlos en aceites milagrosos. A mí, simplemente me gusta su sabor. Cuando volvamos de la selva le pediré a Mateo que vuelva a parar aquí para saborear otra vez un maito de chontacuros. Acompañados de una cerveza Pilsener todavía estarían mejor.
Más:
Panamá es de Ecuador.
Fotos:
Pilar Arcos.

La arqueología china está doblemente de enhorabuena en España. El equipo que descubrió los guerreros de terracota de Xian recibió el pasado 22 de octubre el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por dar a conocer una de las fuentes más ricas de información sobre la civilización china. Ahora,
el Premio Casa Asia 2010, en su séptima edición, ha sido concedido ex aequo al proyecto Internacional de Dunhuang (China) y al senador filipino Eduardo J. Angara. En concreto, el proyecto de Dunhuang ha sido premiado por "su ingente labor en la recuperación, conservación y exposición de información e imágenes de los manuscritos, pinturas y textiles hallados en la ciudad china de Dunhuang y de la
ruta de la Seda, por medio de internet y del fomento de programas educativos y de investigación". El
Proyecto Internacional de Dunhuang, creado en 1994, es un plan multidisciplinar para investigar, catalogar, y conservar los manuscritos y materiales hallados en la ciudad china de Dunhuang, una fuente frágil pero muy rica de información sobre la religión, el comercio, la cultura y la vida social en la
ruta de la Seda. Pero lo que quizás haga al IDP merecedor de este premio sea el haber creado una gran base de datos digitalizada y de acceso libre on-line con
información e imágenes sobre decenas de miles de pinturas, cerámicas, textiles, manuscritos y mapas históricos, a disposición de investigadores, académicos y usuarios en general. El proyecto, dirigido por Susan Whitfield, cuenta con fondos externos y su sede está en la Biblioteca Británica, aunque cuenta con la colaboración de otros centros documentales en China, Japón, Rusia y Alemania. Atractivo turístico de primer orden, en las afueras de Dunhuang, ciudad de la provincia suroccidental de Gansu, se alza la montaña de Minsha. En su ladera terrosa y casi vertical se encuentran
las célebres Grutas budistas de Mogao. Unas 500 cavidades excavadas entre los siglos IV y XIV a lo largo de dos kilómetros y dispuestas en 5 hileras. La más impresionante de todas es sin duda la cueva número 96. Desde el exterior parece una gran pagoda, ya que a la pared de la montaña se le ha adosado una construcción de madera con tejados curvos de nueve pisos. En el interior conserva
una escultura de Buda de 35 metros de altura. Las conocidas entre los turistas como las
"Cuevas de los Mil Budas" fueron descubiertas en 1900 cuando se encontraban prácticamente enterradas por la arena del desierto del Gobi. Escondían el mayor conjunto de obras de arte budistas del mundo y el que ha llegado hasta nuestro días en mejor estado de conservación. Destacan unos
10.000 escritos que suponen el archivo de papel más antiguo y grande del mundo entre los que se encuentra el libro impreso más antiguo, el Sutra del Diamante, cuyo origen data del año 868. La mayoría de estos documentos están en chino, aunque también los hay en tibetano, uigur y otros idiomas centroasiáticos. Desde 1987,
las cuevas de Mogao están reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Paz, tranquilidad, servicio exquisito, tropicales playas inmaculadas… Placeres delicados para gente con la madurez necesaria para disf
rutarla: el deleite no es tan fácil. Iberostar ha elegido con tino el lugar para presentar la campaña de relanzamiento de su marca. Inaugurado en 2007 como buque insignia de la línea The Grand Collection de Iberostar, el Grand Hotel Paraíso es un lugar de ensueño en la playa que lleva el mismo (prometedor) nombre en la Riviera Maya mexicana. En él se rodaron los anuncios publicitarios de la campaña, con todo un señor al frente: Antonio Banderas. La semana pasada, el actor (y mucho más) malagueño, nos habló de los detalles.
A 20 minutos del aeropuerto, el
Iberostar Grand Hotel Paraíso es un inmenso centro de investigación (aplicada, bien aplicada) del deleite. Habitaciones amplias con terrazas deliciosas –esas mecedoras…-, restaurantes repletos de todo, el servicio exquisito, piscinas que se pierden en el horizonte, la presencia exuberante pero controlada de la selva, la arena de la playa que se confunde con el césped del jardín, las aguas turquesas del Caribe, spas interminables, un campo de golf para desperezar el esqueleto… Y, sobre todo, la tranquilidad. Iberostar define los siete hoteles de su The Grand Collection como
“propiedades cinco estrellas sólo para adultos”, con el objetivo de “ofrecer a sus clientes más exigentes unas vacaciones de lujo en un entorno elegante y relajado”. ¿Se entiende? Nada de juventud divino tesoro. Además, para el que quiera un poco más de movimiento, el Grand Paradiso forma parte del complejo Iberostar Paraíso en Rivera Maya, junto a otros cuatro hoteles. Todos comparten una gran zona de ocio que incluye centro comercial y un espectacular centro de convenciones de casi dos mil metros cuadrados. Fue allí, precisamente, donde el viaje al paraíso hizo ayer su última escala, con la presentación de la campaña de relanzamiento de marca de Iberostar.
La elección de la Riviera Maya –frente a los establecimientos de Jamaica, República Dominicana, Tenerife…- es, entre otras cosas, divulgativa. El presidente de la compañía, Miguel Fluxá, explicó que el alud de información sobre la plaga de violencia que asola México no llega bien discriminada al exterior, donde los lectores de prensa olvidan que leen sobre un país de más de cien millones de habitantes: la violencia del narcotráfico está bien localizada, y
en zonas como Cancún la sensación es de total seguridad. Y el otro gran problema de México, la gripe A, es ya poco más que un lejano (y extraño: ¿qué pasó realmente?) recuerdo. El completo de los hoteles de la zona no deja lugar a dudas: el miedo se ha disipado. Más tranquilidad, pues, y madurez. Un estado de placidez que culminó con la aparición en la rueda de prensa de la nueva imagen de Iberostar:
Antonio Banderas. La estrella. Absolutamente encantador. Dinámico y encantador, a caballo siempre entre proyectos varios, sin problemas para “jugar” con el reportero del CQC, mostró los divertidos anuncios que ha rodado en el Hotel Paradiso. Un seductor. Pero con algo más. A punto de cumplir unos magníficos 50 años (en agosto, como él mismo recordó), se conserva en una forma envidiable pero además deja asomar un notable poso de madurez. Explicó su compromiso con Iberostar en clave de compromiso social que no descarta -al contrario, implica- la excelencia empresarial, y no rehuyó ninguna pregunta.
Un tipo maduro, en fin. Con estilo. Que lee a Faulkner y Savater, estrena vino propio en Ribera del Duero y acaba de rodar a las órdenes de Woody Allen. Resulta evidente que sabe disf
rutar de la vida. Pero no de cualquier manera. El Paraíso es un destino lejano: hay que caminar un poco antes de llegar, muchachos.

En un momento en el que todo el ingenio es poco para relanzar los productos turísticos, ya sea a través de iniciativas individuales,
rutas turísticas o agrupaciones mancomunadas, la
Red de Ciudades y Villas Medievales, integrada por doce municipios de la Península Ibérica que van desde el Alentejo portugués a Gupúzcoa, acaba de presentar en Madrid
los atractivos turísticos de esta alianza aglutinada en torno al legado del Medievo. Más de 200 profesionales del turismo y la cultura se dieron cita en el hotel Mercure Santo Domingo de Madrid para conocer de primera mano la oferta turística de cada una de las doce localidades. Con la presencia de los máximos representantes de
Almazán, Consuegra, Coria, Estella-Lizarra, Hondarribia, Laguardia, Olivenza, Pedraza, Sigüenza, Sos del Rey Católico, Marvão y Vila Viçosa, Aitor Kerejeta, Alcalde de Hondarribia y Presidente de la Red de Ciudades y Villas Medievales, destacó “la curiosidad que ha despertado el proyecto entre un público que apenas la conocía, pero que la ha recibido como una propuesta turística diferente que, a partir de ahora, estará muy presente”. Durante el acto, que estuvo amenizado por el grupo de teatro Vitela, se anunció la celebración del
IV Concurso Internacional de Pinchos y Tapas Medievales, que se celebrará en la villa portuguesa de Marvão los próximos días 5 y 6 de Noviembre. El Teniente de Alcalde y Concejal de Turismo de esta localidad candidata a convertirse en Patrimonio de la Humanidad, José Manuel Pires, dijo que su ciudad “tendrá el honor de recibir en su castillo medieval a once grandes chefs llegados de toda la península”. Los cocineros Santos García Verdes, del Restaurante La Granja de Alcuneza de Sigüenza, y José Miguel Moreda Artola, de Bar Gran Sol de Hondarribia, mostraron a los presentes sus habilidades culinarias con creaciones como el “solomillo de ternera sobre lecho de verdura con suquet de setas y foie” o el “estofado de hongos con crema de puerro, crema de berza, huevo mollete de codorniz y aire de espinaca”, actualización de una receta medieval . Durante la presentación, Consuegra aportó el vino blanco Añil (macabeo), con D.O. La Mancha de la Bodega Vitivinícola de Tomelloso; Estella-Lizarra llevó el rosado Gran Feudo Sobre Elías, D.O. Navarra, de las Bodegas Chivite; y Laguardia, de la Rioja Alavesa, el tinto crianza ya clásico de las Bodegas Campillo. El agua mineral Font Vella fue ofrecida por la villa de Sigüenza.
SALAMANCA. Alrededor de Unamuno. El
Ayuntamiento de Salamanca se volcará este año con el 75 aniversario de la muerte de Miguel de Unamuno, un bilbaíno que encontró en Salamanca su patria espiritual. Habrá un amplio programa de actividades culturales y literarias en las que se dará a conocer su figura y su obra. La primera exposición se inauguró el pasado 31 de diciembre en el zaguán del Ayuntamiento, y allí permanecerá todo el año. Además, habrá representaciones teatrales de algunas de sus obras, lecturas colectivas, ediciones especiales.
NAVARRA. Castillos y fortalezas. Navarra plantea tres propuestas relacionadas con la historia en esta edición de Fitur: la nueva
ruta de los Castillos y Fortalezas, y dos aniversarios sonoros, la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) y la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla (1512).
MASPALOMAS, 50 aniversario. El Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria) se centra este año en la celebración del cincuentenario de la creación del destino turístico
Maspalomas Costa-Canaria (1962-2012).
PAÍS VASCO. Cena romántica bajo las estrellas. La Cuadrilla de Zuia y la Asociación de Desarrollo Rural Gorbeialde presentan en Fitur «Gorbeia Central Park», una propuesta que permitirá disf
rutar de experiencias como un amanecer a gran altura, una cena romántica bajo las estrellas o el silencio nocturno de los bosques. El nombre es un guiño al Central Park de New York, y agrupa a municipios como Areatza, Zeanuri, Orozko, Legutio, Zuia o Zigoitia. En total hay diecinueve ideas de turismo alternativo en la naturaleza.
EXTREMADURA. Territorios de corcho. La Red Europea de Territorios Corcheros (
Retercork), formada por 58 entidades de España, Portugal, Italia y Francia, se presenta este año en Fitur. Dicho proyecto, que se lleva a cabo en las comunidades autónomas de Extremadura, Andalucía, Cataluña, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana busca consolidar la singularidad e identidad propia de las zonas corcheras y hacer de ello un nuevo elemento de desarrollo turístico.
Cinco días de crucero. Pullmantur ofrece este año un nuevo minicrucero, de cinco días y cuatro noches, a bordo del buque Sovereign. La salida, desde Barcelona, será el 27 de marzo, con escala en Ajaccio (Córcega), Livorno (Toscana) y Villefranche (Provenza). Desde 156 euros.
Regresa el Al Andalus. El
embrujo andalusí y el glamour de la belle époque se suman en este tren turístico que recorrerá Andalucía entre mayo y diciembre (excepto julio y agosto). La compañía ha programado viajes de seis días y cinco noches en un itinerario que arranca y termina en Sevilla, y que pasa por Córdoba, Baeza, Úbeda, Granada, Ronda, Cádiz, Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda.
El año del Titanic. La estrella de la
agenda irlandesa en 2012 será el Titanic, con motivo del centenario del viaje inaugural del barco más famoso del mundo, construido en los astilleros de Belfast. El Titanic Belfast Experience abrirá al público el 2 de abril y promete un fascinante recorrido por su historia: desde la concepción del proyecto hasta el descubrimiento de los restos del naufragio. Y su hundimiento, claro, una de capítulos más conmovedores de principios del siglo XX.
Federico el Grande, en Alemania. La Fundación de los palacios y jardines prusianos de Berlín-Brandeburgo (SPSG) celebra el tercer centenario del nacimiento de Federico el Grande con una gran exposición sobre su vida, su obra y su reinado. El Palacio de Rheinsberg, al norte de Brandeburgo, alojó al heredero al trono entre 1736 y 1740 y será otra de las sedes de aniversario, con conciertos y charlas en su honor. La
agenda de actos va del 28 de abril al 28 de octubre.
Yeosu 2012. Entre el 12 de mayo y el 12 de agosto se celebra en
Yeosu (Corea del Sur) la exposición internacional Expo Yeosu 2012. Participarán 106 países, entre ellos España, y se centrará en la gestión del mar. Una exposición ecológica que procura un desarrollo sostenible. La Expo es una excusa para viajar a un país que es foco de modernidad tecnológica y de tradición en las costumbres.
Petra: bicentenario de su nueva vida. La ciudad labrada en piedra por el pueblo nabateo golpea con un puñetazo de belleza a los visitantes. En el siglo I de nuestra era allí vivían unos 20.000 habitantes. Varios terremetos la dejaron vacía hacia los siglos VIII y XII. Luego resurgió como estación de caravanas hasta el siglo XV, poco a poco olvidada, hasta el año 1812, cuando el explorador suizo Johan Burchard logró que los beduinos le condujesen a la
mítica ciudad.
Año Klimt. En Austria, este es el año de
Gustav Klimt, genio de la pintura y pionero del arte moderno en los albores del siglo XX, en el 150 aniversario de su nacimiento (1862-1918). Klimt pasó la mayor parte de su vida en Viena. Muchas de sus obras están en los museos de la ciudad.
Juana de Arco. En Francia la protagonista del año es Juana de Arco, en el 600 aniversario de su nacimiento (1412-2012). En Orléans se prepara una exposición sobre su figura, con el objetivo de reunir 600 obras, 600 cuadros de Juana de Arco realizados por artistas de Orléans, de Francia y de Navarra.
Guimarâes, capital de la Cultura. Guimarães, una ciudad llena de historia, planea un año de efervescencia cultural como Capital Europea de la Cultura (junto con Maribor, en Eslovenia). Habrá cine, teatro, arquitectura, reflexión y cientos de eventos y propuestas en estas calles que fueron la primera capital de Portugal, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Brusselicious, para chuparse los dedos. Turismo de Flandes también presenta sus novedades en Fitur, entre ellas Brusselicious, el año temático dedicado a la gastronomía, y Track, un evento que convertirá Gante en la ciudad de la música a partir del 12 de mayo y hasta septiembre. Treinta artistas internacionales contemporáneos actuarán en museos y otros espacios públicos.
DISNEYLAND PARÍS o FUTUROSCOPE, aniversarios. Desde abril de 2012 hasta 2014,
Disneyland París celebra sus primeras dos décadas.
Futuroscope (Poitiers), por su parte, cumple un cuarto de siglo.
@jfalonso @abcviajar

Un tapiz de papel picado (recortado) color naranja cubre toda la pared. A sus pies, en cuatro niveles, una multitud de objetos desenfadados, llenos de color y expresividad:
flores de cempasúchil (tagetes, “la flor de los muertos”), frutas, calaveras, velas, muñecos, bebidas, ropa... todo lo que le gustaba al difunto, todo lo que pueda recordar al difunto. Como una foto del actor Gaspar Henaine, más conocido como “Capulina”, fallecido hace un par de meses. Pues es al “rey del humorismo blanco” a quien se ha querido dedicar este año el Altar de Muertos del Centro México Madrid. “Con su humor crecimos toda una generación de mexicanos”, recordó Javier Aranda, director para Europa del
Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), quien definió estos festejos como
“La gran celebración de la vida en compañía de nuestros muertos”. Y todo presidido, no podía ser de otra manera, por una imagen de la Virgen de Guadalupe. El Día de Muertos es una de las fiestas más importantes de México. Declarada por la Unesco como
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es una tradición que nació en época precolombina y ha sabido adaptarse hasta llegar hasta nuestros días con más fuerza que nunca. Color y alegría para recordar a los que se fueron y que, según la creencia popular, vuelven para visitarnos y comen y beben con sus familiares como cuando estaban vivos. Los festejos del Día de Muertos comienzan el 31 de octubre, cuando se pone una ofrenda en cada casa a esperar la llegada de las ánimas. A la mañana siguiente, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, llegan las de los niños y el 2 de noviembre, Día de Muertos, llegan las de los adultos. Conocer cómo se monta un altar del Día de Muertos, participar en un concurso de “calaveritas literarias”, disf
rutar de la puesta en escena de una obra teatral alusiva a este festejo o asistir a una velada musical michoacana son las diversas ofertas que ha organizado estos días en Madrid el CPTM en España, en colaboración con el Centro México (calle Alameda, 3), según nos comunicó su director, Juan Diego Jasso. Otro altar similar pero diferente, dedicado a otro gran cómico mexicano, Cantinflas, en el centenario de su nacimiento, estará instalado
en el Instituto de México (Carrera de San Jerónimo, 46) hasta el 7 de noviembre. Y un tercero, en memoria de escritores iberoamericanos fallecidos recientemente (Ricardo Rojas, Jorge Semprún, Eliseo Alberto, Ernesto Sábato, Carlos Monsiváis, José Saramago, Miguel Delibes, Antonio Alatorre, Alí Chumacero) y del editor Ricardo Navarro Rincón, estará colocado en la librería Juan Rulfo (Fernando El Católico, 86) desde el 29 de octubre hasta el 3 de noviembre.

"¡Ese Carlitos!", grita la platea. Claque o espontáneos, quién lo sabe. Carlitos no es Gardel, pero como si lo fuera. Mismo pelo engominado, mismos gestos, misma presencia imponente en el escenario, misma voz (o así queremos creerlo). Y suenan sus clásicos. "Mi Buenos Aires querido", "Volver", "El día que me quieras"... (El día que me quieras no habrá más que armonías, será clara la aurora y alegre el manantial. Traerá quieta la brisa rumor de melodías y nos darán las fuentes su canto de cristal. El día que me quieras endulzará sus cuerdas el pájaro cantor, florecerá la vida, no existirá el dolor... La noche que me quieras desde el azul del cielo, las estrellas celosas nos mirarán pasar y un rayo misterioso hará nido en tu pelo, luciérnaga curiosa que verá que eres mi consuelo). En la
Esquina Carlos Gardel, en la capital argentina, se pueden degustar platos llamados "Rubias de Nueva York", "Me da pena confesarlo" y "Recuerdo malevo" mientras se disf
ruta del espectáculo. Aquí estuvo en tiempos el Chanta Cuatro, restaurante y hotel familiar donde Carlitos Gardel, el de verdad, solía reunirse con sus amigos a cenar, cantar miolongas, echar unas risas... o, simplemente, dejar pasar la noche hasta el alba. El lugar está situado en el barrio del Abasto, el del mercado que respiraba trabajo de día y tango de noche, y allí esta música hecha de puro sentimiento se convirtió a finales del siglo XIX en la banda sonora del pueblo.
Tal vez aquel pueblo al que cantó Gardel fuera el mismo que Evita arengó desde un balcón de la Casa Rosada, la tropa de descamisados que la convirtió en una santa, aunque en este caso no exista la misma unanimidad que con el "zorzal criollo". El recorrido del
Museo Evita empieza con la muerte y, en consecuencia, el nacimiento del mito de Eva Perón. Mito blanco y mito negro, defensora de los humildes y cómplice de una mentira que se sostuvo mientras las vacas fueron gordas. Que el visitante saque sus propias conclusiones. Ana María, guía del museo, no toma partido, pero sí tiene una frase favorita del personaje: "Cuando los ricos piensan en los pobres... piensan en pobre". Es decir, su hoja de
ruta es la limosna y la conmiseración en vez de acortar distancias. No está claro que Evita se aplicara el cuento. En el primer gobierno (1946-52) de Juan Domingo Perón en Argentina sobraba la plata y Evita repartió juguetes y neveras entre los menesterosos propios y ajenos, tanto que su fama traspasó fronteras. Como primera dama glamourosa y carismática hizo historia mucho antes de la llegada de Jackie Kennedy, y sus discursos y personalidad agigantaban su corta estatura física. Dejó un cadáver joven y, visto lo visto, sólo le faltó ganar el Nobel de la Paz por sus buenas intenciones. Su tumba es la más visitada en el impresionante cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires. Una placa con su efigie incluye la frase: "Volveré... y seré millones". Ana María afirma que Evita nunca dijo eso. Pero los mitos adquieren vida propia más allá de la verdad o la razón.

El nuevo Barceló Saïdia fue inaugurado a mediados de junio, quizá un poco antes de tiempo para aprovechar el verano. Desde entonces, durante un par de meses, fue de boca en boca por los foros de internet. Quizá ha sido el hotel sobre el que más se ha escrito en el recibidor del verano, y no siempre para bien. Por eso, cuando
Germán nos dejó en la recepción, inmensa, decorada como un palacio árabe, teníamos más dudas que certezas. Y ya se sabe que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar (Vargas Llosa). En el caso del turismo, como cuando se compra una casa, el rodaje, los meses de funcionamiento, pulen los desperfectos. Sólo que la temporada alta no admite espera. Y aquí estábamos, en agosto, a pleno sol, con el hotel lleno, el examen de Selectividad. La gran apuesta de la excelente cadena Barceló en el nuevo Mediterráneo es
un cinco estrellas “todo incluido” lleno de detalles tradicionales árabes en la decoración, con cerámica en los suelos, tonos rosados y rojizos en las fachadas, alfombras, sombras como puertos para descansar, media docena de piscinas, instalaciones amplias, wifi gratis y una construcción a lo ancho y no a lo alto. “Un hotelazo”, nos dijo alguien antes de venir. “Un hotelazo bellísimo”, añadió alguien más. Y es verdad. Una competencia seria para el Mediterráneo español: gran calidad a muy buen precio. Y casi todo ya en funcionamiento, con la ayuda de cuarenta empleados españoles. En el inmenso restaurante sobra comida, con muchas recetas tradicionales de cordero y postres con los que tirar por la borda la operación bikini, más un par de restaurantes bajo reserva, un italiano y el Al-Andalus. Aún falta por inaugurar el snack bar de la playa, por si entra hambre entre horas. Es un kiosco de madera con una espectacular vista sobre el mar y sobre el arenal: catorce kilómetros en los que poder pasear, nadar o disf
rutar del sol sin agobio alguno. El hotel tiene una salida directa a la playa y, allí, una zona acotada con hamacas y toallas para sus clientes. En el horizonte cercano, las
Chafarinas, vigiladas por militares españoles, en otro tiempo el hogar de la foca monje Peluso. La animación es perfecta para las familias: kid club, zonas de juegos, piscinas con poca profundidad... Incluso por la noche, en el show time, siempre hay un aperitivo cosido con el cancionero infantil. Eso sí, los jóvenes que viajen solos y busquen una fiebre “caribeña” de ron y salsa hasta el amanecer, aquí no la encontrarán. En cambio, las parejas o las familias que prefieran piscina, playa, paz e instalaciones excelentes habrán descubierto un refugio inesperado, rodeado por un campo de golf de dieciocho hoyos, un puerto deportivo situado a dos kilómetros y, de vuelta a la habitación, un spa en el que olvidar el mundo con un masaje bereber y el dulce runrún del agua. El nuevo Barceló ha arrancado, con las peculiaridades de la cultura marroquí en el servicio, pero con los problemas de la línea de salida resueltos.

La tripulación del vuelo IB 8792 lleva un día largo. San Sebastián, Madrid, Melilla. Desde las cinco y media en pie. Y aún queda la operación regreso. A las doce, cuando el sol ya calienta pero no ahoga, el pájaro bimotor se posa en esta esquina de Europa, de África, del Mediterráneo, tres en uno. Es un aeropuerto modelo familiar, una terminal-sala de estar a la que se llega andando desde la escalerilla del avión, y en la que apenas caben un par de cintas mecánicas por las que deben dar vueltas las maletas. Eso y una ventanilla de alquiler de coches, y, en la puerta, media docena de taxis. Bien, estamos aceptablemente lejos de la T4, caras radiantes, primeros días de agosto, vacaciones, bermudas y gafas de sol, el tercero de Larsson, esa extraña felicidad “sin”: sin móvil, sin tráfico, sin órdenes, sin despertador. Es hora de recoger el coche. Quien haya sido previsor, lo habrá alquilado por teléfono, en Rent Car Melilla: 639196660. Los precios por un día para llegar a Saïdia, el nuevo complejo turístico abierto en Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, rondan los 60 euros, según el modelo, más otros 30 como penalización por dejar el vehículo en otra ciudad. Y con la evidente incomodidad de gestionar sin ayuda las colas de la frontera, el control médico (nos tomarán la temperatura para comprobar que no tenemos gripe A, alabado sea Alá), con el sellado del pasaporte y con la primera avalancha de vendedores de aire. “Déjeme ayudarle con la maleta”. Hay otra opción, claro, siempre hay otra opción. La nuestra se llama Germán, propietario de
Delfi Aventura (609587668), un loco de las motos, los todoterreno y las excursiones por el desierto, seiscientos kilómetros al sur. “¿Vienes en septiembre?”. Germán nació en Málaga, pero lleva toda la vida en Melilla. Desde aquí organiza grandes
rutas, camino de los oasis y las dunas, o pequeños desplazamientos, como el nuestro, de Melilla a Saïdia, por cien euros, para el que utiliza dos vehículos. El primero, desde el aeropuerto hasta la frontera. Allí nos bajamos, evitamos la cola de los coches, pasamos la prueba de la temperatura (un termómetro digital que verifica que no tenemos la gripe A, alabado sea Alá otra vez), sellamos el pasaporte y subimos al segundo coche, que espera en Marruecos, un trámite de quince minutos que podía haber sido de una o dos horas. De Melilla a
Marruecos, del trabajo a la paz de los días sin
nada que hacer. Unos 70 kilómetros más allá (léase hora y media de camino), la playa, el nuevo Mediterráneo,
ese proyecto que inauguró Mohamed VI a mediados de junio en el que se han invertido más de mil millones de euros. De momento hay dos hoteles abiertos, el
Barceló y el
Iberostar, pero pronto habrá más, y apartamentos, otra competencia para el sol y playa español. Eso será dentro de algún tiempo. Hoy todavía es un descubrimiento. Hoy, la inmensa playa de 14 kilómetros aún está casi desierta.
Búsqueda por fotografías ruta
Fotografía no encontrada
Copyright © Diario ABC, S.L., Madrid, 2009.