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De Fernando Pastrano (el 12/01/2010 a las 18:11:48 en Ecuador)
En Puerto Baquerizo Moreno está terminantemente prohibido llevar perros sueltos. No es un capricho del regidor de turno sino una necesidad imperiosa. En esta relativamente pequeña población de menos de 6.000 habitantes, capital de la provincia (archipiélago) de Galápagos, Ecuador, los animales salvajes (mejor sería decir los no domésticos) campan por su respetos, libremente, pacíficamente. Pájaros, cangrejos, iguanas y especialmente los lobos marinos, que superan fácilmente los 200 kilos, se mueven a sus anchas entre el puerto y las casas en primera línea de playa. Los lobos no se meten con nadie, pero tampoco dejan que se metan con ellos. Es raro que ataquen, pero si se acerca uno demasiado a su espacio vital (calculo que a un metro más o menos) lanzan un rugido, que no un aullido a pesar de su nombre, de advertencia. Estoy sentado en un banco del paseo marítimo, la Avenida Charles Darwin, junto a una especie de templete de la música con balaustres de madera. El paseo es ancho y totalmente enlosado. Por la acera deambulan peatones como si nada. A pocos metros pasa la calzada recientemente asfaltada y por ella, de vez en cuando, algunos coches. Paisaje urbano ciento por ciento. Pero en una estrecha franja de tierra sembrada con plantas rastreras que rodea el templete duerme plácidamente boca arriba un león marino que ha ido hasta allí porque le ha dado la gana. Cuando llegué al banco, hace unos minutos, no reparé en un su presencia, pero de repente oí un gruñido parecido al que hace mi perro Chang cuando no quiere ser molestado. Evidentemente yo había traspasado los límites admisibles para un otárido. Un paso atrás... y todo resuelto. Dos no pelean si los dos no quieren. El lobito resopla y vuelve a cerrar los ojos, y yo puedo sentarme tranquilamente a leer el diario del viaje que hizo aquí Darwin en 1835. De las islas Galápagos se ha dicho casi de todo y yo había leído algo de ello. Aún sabiéndolo, lo que más me ha impresionado es esta fauna amable que nos rodea, su "extraordinaria mansedumbre" que la hace aparecer como domesticada, cuando en realidad se trata de una ausencia de miedo, y por lo tanto de agresividad. Y aunque motivos para odiarnos no le faltan a este "lobo de dos pelos", vulgarmente conocido como foca peletera, al poco rato el lobo es ya mi hermano lobo, como el de Gubbio, aunque yo no sea ni de lejos el santo de Asís. Me levanto despacio y, como si fuera una liebre, abre un ojo. Ve que me voy y lo cierra. Me alejo calle arriba cuando empieza a anochecer en este paraíso y no llego a comprobar si además de rugir, gruñir y resoplar, ronca.

"Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad".

"Los motivos del lobo" de Rubén Darío

Más: Delicatessen de la Amazonía.
Panamá de Ecuador. Fotos: Pilar Arcos

 
De Miguel Ángel Barroso (el 13/11/2009 a las 17:58:09 en Argentina)
Dicen que Walt Disney se inspiró en este bosque color canela para su “Bambi”, aunque no hay ciervos por aquí. Lo cierto es que estos árboles de lento crecimiento y fina corteza dorada con manchas blancas, que lanzan sus retorcidas ramas para atrapar al visitante, remiten a un mundo más antiguo, cuando la naturaleza imponía su ley y no existían esas cómodas pasarelas construidas por el hombre. Sorprendería menos ver un dinosaurio que un cervatillo por aquí. El Parque Nacional Los Arrayanes está situado en la península de Quetrihué, en la ribera norte del lago Nahuel Huapi, y puede accederse a él en barco o a pie desde Villa La Angostura (hay un sendero de unos doce kilómetros que también puede recorrerse en bicicleta). También parten hacia allí catamaranes desde Puerto Pañuelo, junto al Llao Llao, uno de los mejores hoteles de Argentina, histórico establecimiento con aspecto de parador de montaña y asomado a un paisaje lacustre que quita el hipo; la excursión suele incluir una visita a la isla Victoria, un plácido y solitario lugar para quedarse un par de días o, directamente, vivir de la prejubilación en su maravillosa hostería asomada al acantilado.

Desde Villa La Angostura hasta San Martín de los Andes, por la bellísima Ruta de los Siete Lagos, la primavera anda revuelta y pinta de blanco el paisaje. Los 110 kilómetros del camino pueden cubrirse en hora y media, pero quién se resiste a las tentaciones que surgen después de cada curva, a los bosques de ñires, coihues y araucarias, a los ríos, a los lagos de nombres tan sugerentes como Hermoso o Espejo. A perder horas (o días) en Villa Traful. San Martín es un remanso de paz donde practicar deportes (de verano y de invierno) y comer chocolate, actividades que no tienen por qué ser incompatibles. El regreso a San Carlos de Bariloche puede hacerse por un tramo de la mítica Ruta 40, la carretera más solitaria de Argentina, una arteria recta e interminable que discurre paralela a los Andes a lo largo de casi 5.000 kilómetros y une once provincias, incluyendo varias de la vasta Patagonia. En algunas zonas el asfalto se transforma en ripio (gravilla). De cuando en cuando, alguna estancia ovina y aldeas sacudidas por el viento nos recuerdan que hay seres humanos en el planeta. La Ruta 40 podría ser una metáfora del valle de lágrimas de este mundo y provocar que el melancólico viera a todos sus fantasmas haciendo auto-stop, pero a veces la introspección no es mala compañía y la carretera se adentra en lugares como el Valle Encantado, con sus pináculos volcánicos apagando la monotonía.

Fotos: Bosque de Arrayanes (arriba) y el Valle Encantado, en la Ruta 40 (abajo).

 
De Fernando Pastrano (el 18/12/2010 a las 17:34:26 en Bahamas)


Leo por internet que aunque la ola de frío va a remitir en los próximos días, en Navacerrada el jueves pasado (16 de diciembre) se registraron 12,3 grados bajo cero, 7,4 bajo cero en Segovia. Y que en Cuba se ha llegado a la increíble temperatura de 1,9 grados. El récord histórico de esta isla tropical está en 0,6 grados en 1996. Una vez en La Habana me contó mi amigo Leonardo Padura que cuando hacía menos de 10 grados (sobre cero) no abrían las escuelas y los niños no iban a clase. Antes de cerrar el ordenador miro la temperatura local: 25 grados, sol, humedad del 54% y ligero viento del E a 19 km/h. No lo dudo y me doy un chapuzón en la playa con cuidado de ponerme antes el protector solar para no quemarme.
Estoy en Gran Exuma, una de las 2.700 islas, islotes y cayos de las Bahamas, un archipiélago que se extiende a lo lago de 800 km. al norte de Cuba y a menos de 300 km. de Florida, pero al que la ola glacial no ha llegado, aunque por aquí se quejan (de vicio) de que hace más “frío” que antes. Las Bahamas, un destino turístico clásico, cuenta con la tercera barrera de coral más larga del mundo y con unas aguas tan cristalinas (esmeraldas, turquesas y cobalto) que ofrecen visibilidad a más de 60 metros de profundidad. Fue aquí donde Cristóbal Colón desembarcó por primera vez en el Nuevo Continente, concretamente en la isla San Salvador, Guanahaní para los indios lucayán. Y dicen las crónicas que fue durante la bajamar, por lo que el almirante las llamó islas de la Bajamar, de ahí a Bahamas hay un solo paso de dos letras. Y en Exumas, una de las más “salvajes” de las Bahamas, se encuentra el complejo hotelero Sandals Emeral Bay, un cinco estrellas de los mejores del Caribe, aunque en pureza geográfica las Bahamas no pertenezcan a este mar.
Sandals (“Sandalias'”en inglés) nació con la filosofía de prestar un servicio completo y de lujo en hoteles de playa. Lo único que tiene que llevar el cliente era las chanclas, el resto lo pone la empresa. Y así es. Un “todo incluido” sin pulseras, pero de verdad. Incluidas bebidas, incluso de importación. Incluidas comidas, incluso en restaurantes a la carta. Incluidas la mayoría de las actividades deportivas. Incluidas hasta las toallas de playa, sin que haya que dejar señal alguna. Dentro de este mar con un agua a 24 grados se me antoja muy lejos Navacerrada.
 
De Fernando Pastrano (el 09/02/2012 a las 17:30:39 en Taiwan)


Dice un proverbio que “Los chinos comen todo lo que tiene cuatro patas y no es una mesa, todo lo que vuela y no es un avión, y todo lo que nada y no es metálico”. Algunos malvados han llegado a incluir que también “todo lo que tiene dos patas y no es un familiar”. Como con todo lo relacionado con China, en Occidente lo primero que pensamos es: “¡Qué barbaridad! ¡Cómo son los chinos!”, sin recordar nuestro refrán “Todo lo que corre, nada o vuela... a la cazuela”. Y es que no somos tan diferentes. Lo que los aforismos indican es que tanto la gastronomía china como la española son muy antiguas y utilizan todo tipo de ingredientes.

En China todo es milenario, la cocina también, y hay que distinguir entre la sencilla comida cotidiana y la rebuscada gastronomía imperial. La gente normal (muchos han pasado mucha hambre) comía lo que podía, como en todas partes, y solían ser platos muy simples. Pero los emperadores, gobernantes absolutos, eran bastante caprichosos y exigían platos originales, diferentes. No era extraño que si el gerifalte no quedaba complacido mandase cortar la cabeza del cocinero. Así que solían rompérsela antes de que se la rebanasen y creaban platos rebuscados. Muchos de ellos han llegado hasta nuestros días, aunque muy pocos se puedan comer en un restaurante normal.

La verdad es que en España hay pocos restaurantes chinos de calidad, incluso hay quien cree que no hay ninguno. Y es que sus propietarios (alguno conozco) van a lo seguro, y lo seguro es una cocina adaptada a nosotros, aunque no sea muy auténtica que digamos.

Antes decían que el problema era la materia prima, difícil de traer desde China. Pero desde que Amsterdam se convirtió en el hub (distribuidor) para las tiendas chinas europeas, ya no sirve esa escusa. Si hay buenos restaurantes chinos en Londres, París o Roma, ¿por qué no en Madrid?

Petit Saigón, en Madrid, es uno de los mejores. Forma parte de la cadena del Tse Yang (hotel Villa Magna), Café Saigón, Le Dragón y Furama. Pero incluso en su página web podemos leer que trabajan la cocina cantonesa, sichuanesa y pequinesa “adaptada al gusto europeo”.

Pues en el Petit Saigón se ha celebrado el Festival de Gastronomía Taiwanesa, acto que también sirvió para presentar en sociedad el sitio de internet Cultura Culinaria en Taiwán una página en siete idiomas, entre ellos el español.

En Taiwán la gastronomía, como todo lo demás, es fundamentalmente de origen chino. A la isla Formosa llegaron en 1949 los seguidores de Chiang Kai-shek, procedentes de todas las provincias chinas. Mutatis mutandis es como si Franco hubiera perdido la guerra civil y se hubiese establecido en Mallorca con sus tropas procedentes de toda España. Esto convirtió a Taiwán en un auténtico crisol de las culturas chinas, incluida la gastronómica, solo comparable a Hong Kong.

En el festival, inaugurado por el representante de Taiwán en España, Javier C. S. Hou, se nos sirvió un menú largo (como todos los banquetes chinos) compuesto por una docena de platos más postres elaborados por el chef ejecutivo del Grupo Saigón, el hongkonés Chiu Kam-hoi, residente en España desde 1979, que nos fue presentado como uno de los mejores cocineros chinos de Europa y el mejor de España. Lo demostró, salvo por el exceso de sal en casi todos los platos, algo que sin duda hizo a propósito para agradar a los paladares españoles.

En el menú destacó el estofado de col china (bei tsai lo), la lubina al vapor (qingzheng feiyu), que en Taiwán se hace con pez volador, y el cerdo Dongpo (nombre de un poeta clásico, algo así como si aquí existiera un codillo Lope de Vega), mítico puchero de Hangzhou con una receta que data de la Dinastía Tang (618-907). Este era el plato preferido de Mao Zedong (aunque los amigos de Taiwán no lo digan) y el mío (con perdón). Todo ello regado con té oolong semifermentado, sin duda el mejor de Taiwán y para mí uno de los mejores del mundo.

Foto: El chef Chiu Kam-hoi muestra sus habilidades con el wok, aunque el hornillo sea plano (Foto P. Arcos)

 
De jfalonso (el 07/02/2011 a las 17:16:55 en Canarias)


La crisis de Túnez y Egipto puede ayudar de forma significativa a las islas Canarias. El Gobierno regional calcula que, hasta Semana Santa, llegarán 300.000 turistas más de los previstos, o 500.000 más que el año pasado. En total, desde diciembre a abril se podría llegar a 4,5 millones de viajeros, "y aún puede que nos quedemos cortos", según ha dicho el viceconsejero de Turismo del Gobierno de Canarias, Ricardo Fernández de la Puente Armas. No es cifra baladí, sino un empujón significativo para una industria indispensable, que en los últimos tiempos había sufrido la competencia barata y nueva de muchos países del Mediterráneo, incluidos los ahora afectados por la crisis política. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los mayoristas han suspendido sus programas con destino Egipto al menos hasta marzo, aunque, en privado, muchos opinan que el impacto se extenderá hasta Semana Santa. Un portavoz del operador turístico TUI Travel, un gigante del turismo en Europa, ha confirmado que la situación en Egipto está provocando un aumento de la demanda turística hacia España para las próximas semanas e incluso para Semana Santa. Entre las islas beneficiadas, cabe destacar Fuerteventura (elegida mayoritariamente por los italianos) y Tenerife (por los franceses). Gran Canaria y La Palma son las preferidas por los alemanes.

 


Que la Amazonía es la mayor cuenca hidrográfica del mundo, ya lo sabíamos. Que el Amazonas es el río más largo, caudaloso, profundo y ancho del planeta, también. Y que sus paisajes, su biodiversidad y las gentes que en ella habitan son únicos. Pero ahora es un poco más oficial al haber sido declarada por la Fundación New7Wonders como una de las siete nuevas Maravillas Naturales del Mundo. La iniciativa fue lanzada por Perú hace cuatro años. Este país comparte la Amazonía con Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Surinam y Venezuela, y ha obtenido la distinción por voto popular entre 477 lugares de todo el mundo. Las otras nuevas maravillas son la Bahía de Ha-Long (Vietnam), las Cataratas de Iguazú (Argentina-Brasil), la isla de Jeju (Corea del Sur), la isla de Komodo (Indonesia), el río subterráneo del Puerto Princesa (Filipinas) y la Montaña de la Mesa (Sudáfrica). Aunque el concurso ha sido criticado por instituciones como la Unesco, que tiene su propia lista de lugares Patrimonio de la Humanidad, ya que consideran que “se trata de una simple y pura acción de promoción, completamente irrelevante, pues la elección no sigue ningún estándar científico y solo se guía de parámetros turísticos”, las autoridades peruanas han recibido la distinción con júbilo ya que, aunque promoverá el turismo masivo también servirá para incrementar las medidas de seguridad para alcanzar un turismo sostenible y no invasivo. La directora de Promoción de Turismo de la estatal Promperú, María del Carmen Reparaz, ha declarado que ahora “podremos darnos a conocer como un país amazónico, un área que por su grandeza geográfica va a darnos a conocer a nivel mundial”. En la actualidad Perú es reconocido internacionalmente prácticamente sólo como un destino andino en el que la joya del Machu Picchu lo domina todo. Reparaz ha recordado que el río Amazonas nace en los andes del sur de Perú y que “el 60 % del territorio peruano es Amazonía. A Perú no lo identificaban como país amazónico, pero ahora, detrás de esta elección, se viene un tema muy fuerte de inversión”. Sólo unos días antes de esta designación, Iberia bautizó en la capital peruana a uno de sus Airbus A-340/600 que hacen la ruta regular Madrid-Lima con el nombre de “Río Amazonas”. La aerolínea de bandera española vuela de forma ininterrumpida al Perú desde 1963. El “Río Amazonas” es, junto con el “islas Galápagos” y el “Ciudad de México”, uno de los tres únicos aviones de toda la flota de Iberia que tienen nombres de lugares no españoles.

FOTO 1:
Río Marañón, tributario del Amazonas, cerca de Nauta (Foto: P. Arcos)

FOTO 2:
Ceremonia de bautizo del “Río Amazonas”. De izquierda a derecha: Ángel Valdemoros, director de Ventas Internacionales de Iberia; José Luis Silva, ministro de Comercio Exterior y Turismo de Perú; Javier Sandomingo, embajador de España en Perú; e Iván Vázquez, presidente de la región amazónica de Loreto. (Foto P. Arcos)

 
De Juan Francisco Alonso (el 07/07/2011 a las 16:11:56 en Baleares)


Un posible paseo por las playas de Formentera comienza en la península de Es Trucadors, una larga lengua de arena que se estrecha de sur a norte. En su cara este se halla la playa de Levante; al oeste, hacia el sur, la de Es Cavall d’en Borrás y, a continuación, Illetes. Ésta es la más visitada por los turistas, por su blanca y fina arena, por sus aguas de color turquesa. Estos arenales están dentro del Parque Natural de Ses Salines d’Eivissa i Formentera. Por ello, para visitarlas con vehículo a motor (motocicleta o coche) se tiene que abonar una tasa (dos y cuatro euros, respectivamente. Migjorn es el otro gran arenal de la isla, cinco kilómetros de playa en el sur. Allí no es difícil encontrar rincones solitarios donde poder disfrutar del sol y el baño. De hecho, esta es una de las playas frecuentadas por los habitantes de la isla y numerosas familias. A continuación de Migjorn, protegida por una zona rocosa y escarpada, aguarda uno de los rincones más cautivadores, Cala des Mort (en la foto). En la agenda también hay que anotar Cala Saona, un rincón muy familiar, de aguas poco profundas, o la zona litoral de Tramuntana, un tipo de costa rocosa baja que se puede recorrer, siempre con el calzado adecuado, en busca de pequeñas calas de arena. Las viviendas-suite del Es Ram son, quizá, la oferta más diferente, “hippy deluxe”, y también cara de la isla. Casas reconvertidas en hotel de lujo, en un pinar que desciende hacia el mar, al sur de La Mola. Otra opción exquisita es el hotel-boutique Gecko Beach Club.

@jfalonso @abviajar

 
De Javier Jayme (el 24/07/2009 a las 16:06:17 en Argentina)
En el norte del país, ocupando buena parte de la provincia de Corrientes, se encuentran los Esteros del Iberá. Considerando su superficie –un millón de hectáreas-, estamos hablando del humedal más extenso de Argentina y del segundo a nivel mundial, sólo por detrás del Gran Pantanal (que comparten Brasil, Paraguay y Bolivia). En su conjunto, con las lomadas de pastizales, los montes de espinal y los parches de la llamada selva paranaense, los Esteros conforman un paisaje acuático singular, donde la vida silvestre se desarrolla al lado de la humana en un ecosistema único.

Nuestro primer contacto con el fascinante universo del Iberá tiene lugar en la Colonia Carlos Pellegrini, un pueblo tranquilo de menos de mil habitantes que lleva el nombre de quien fuera en su momento presidente de Argentina. Llegamos a dicho pueblo desde el Sur, recorriendo 120 kilómetros de ripio en estado normalmente transitable –¡sálvese quien pueda cuando las lluvias acometen con impenitencia!-, previo paso por la ciudad de Mercedes. En la actualidad, las faenas en la Colonia se desplazan fundamentalmente hacia el ecoturismo, actividad que no deja de crecer. Para atender la correspondiente demanda ha florecido en su casco urbano y en su entorno un puñado de hospederías y estancias remodeladas, una de las cuales, Rincón del Socorro, será nuestro hogar durante las próximas veinticuatro horas.

Se sabe que los primeros europeos que llegaron a la zona hoy conocida como “Rincón del Socorro” fueron los jesuitas a finales del siglo XVII. Mucho después, en 1780, Cabral de Alpuane, hijo del gobernador de las Bahamas, se estableció en Corrientes como ganadero y comerciante, convirtiéndose en poco tiempo en el mayor terrateniente de la comarca de Mercedes. Finalmente, en 1850, Carlos III otorgó a la familia Cabral los títulos de propiedad de la estancia Rincón del Socorro, en parte como agradecimiento por la donación que ésta había hecho a la Corona de las campanas de la catedral de Corrientes. Al sobrevenir la depresión de 1890, los Cabral vendieron la estancia a la firma Liebig Meat Extract Co., la cual, hacia 1920, era dueña ya de 250.000 hectáreas de terreno y cerca de 400.000 cabezas de ganado. Estos extremos, junto con las mejoras introducidas en las edificaciones, hicieron del Rincón del Socorro una de las estancias punteras de la provincia de Corrientes antes de cumplirse la primera mitad del siglo XX.

Hoy la estancia pertenece al Conservation Land Trust Argentina, que maneja sus instalaciones y campos aledaños como un santuario de la naturaleza. De reducidas dimensiones pero altamente refinado, Rincón del Socorro cuenta con seis habitaciones en la casa principal y tres alojamientos más en pequeñas cabañas situadas a cincuenta metros de la misma, todas con baño privado. Respecto a las comodidades y servicios, dispone de un amplio vestíbulo, sala de estar exterior, restaurante, terrazas, galerías, salón de juegos, biblioteca –con excelentes ediciones de libros que tratan de la naturaleza, algunos ya clásicos-, piscina, huerta y hasta de un aeródromo con pista de tierra batida para avionetas menudas.

Dependiendo del interés, energía y tiempo disponible de cada huésped, Rincón del Socorro ofrece estas o aquellas actividades, todas orientadas, naturalmente, a la apreciación de la vida silvestre de los esteros. Una de las más interesantes –recomendada por el propio personal de la estancia- es la de los paseos a caballo, incluso si uno no es más que un aprendiz de jinete. Los caballos tienen una gran mansedumbre y los guías son muy competentes. Y los aficionados a las aves tienen aquí la fortuna en sus manos, porque el Rincón es un territorio excelente para su avistamiento, incluido el de algunas especies en peligro de extinción que se refugian en sus sabanas. “Se ha dado el caso de personas que no sentían especial interés y que han salido de aquí transformados en entusiastas ‘bird-watchers’ (observadores de pájaros)”, nos comenta Omar Benítez, jefe de prensa de la Subsecretaría de Turismo de Corrientes, que nos acompaña en esta ocasión. “En el Socorro se puede aprender mucho acerca de las aves, de su hábitat y sus costumbres, de sus migraciones e incluso de sus trinos”, añade.

Con todo, nosotros nos decantamos por recorrer en lancha la famosa laguna Iberá, formada exclusivamente por el agua de las lluvias. Iberá significa, por cierto, “agua brillante”. El vocablo es guaraní (“y” = agua; “verá” = brillo) y da nombre a los esteros. Para nosotros, primerizos en este ambiente y ebrios de expectación, se trata de aguas con duende: decenas de pequeñas y grandes lagunas –las hay de más de 50 kilómetros cuadrados-, canales, islas, suelos secos permanentes, bañados –suelos inundados temporalmente- y embalsados –suelos orgánicos flotantes- que hacen de estos humedales una enciclopedia acuática viviente.

Y es que la riqueza biológica del Iberá sorprende a los científicos: 1.600 especies vegetales, 128 variedades de peces, 40 de anfibios, 59 de reptiles, 344 de aves y 57 de mamíferos. En el elenco zoológico figuran algunos campeones de los récords. Tal es el caso del carpincho, el roedor más grande del mundo (¡75 kg.!), cuyos hábitos acuáticos le mantienen casi siempre cerca de las charcas, y del mono carayá, considerado el más ruidoso del Planeta –sus potentes gritos se oyen a varios kilómetros-, adaptado a la vida en los árboles, donde también duerme, por lo que raramente baja a tierra; o del ciervo de los pantanos, el mayor de los suramericanos (2 m. de longitud y 150 kg. de peso); o de la boa curiyú, la más grande de Argentina (se cita un caso de 7 m., aunque los ejemplares de más de 3 m. no son comunes); o, para concluir, del sapo cururú, el de mayor tamaño del país (más de 20 cm.).

Por supuesto, el Iberá no es África, ni sus bestias más enormes resisten la comparación en tamaño con los reyes de la fauna del Continente Negro. Pero pocos sitios permiten un contacto tan fácil y cercano con los animales salvajes como los esteros correntinos. Y, al evocar los masificados safaris fotográficos de Kenia y Tanzania, nuestro paseo fluvial por la laguna Iberá todavía se nos hace más precioso por íntimo, tranquilo y solitario, amén de por exótico.

Es difícil transmitir lo que sentimos al ver surgir al yacaré (caimán) negro entre la verde y flotante alfombra de los camalotes, contemplando, confiado y en total quietud, el paso de nuestra lancha; o al distinguir al jabirú –la mayor de las cigüeñas del orbe, con sus 1,7 metros de envergadura- acechando los secretos de la laguna desde su nido en las alturas de un árbol próximo. Aunque el instante realmente mágico llega cuando el Sol tiñe de luces crepusculares las aguas calmas, suspendiendo el presente en una inmovilidad sin tiempo, como si, por último, hubiésemos alcanzado el Ivy Maranéÿ de los guaraníes, la Tierra sin Mal, exenta de todas las miserias de este mundo.

ESTANCIA RINCÓN DEL SOCORRO
Mercedes (3470), Provincia de Corrientes, Argentina. Tel.: +54 3782 497073 ibera@delsocorro.com www.rincondelsocorro.com

 
De Fernando Pastrano (el 01/12/2011 a las 15:05:01 en Isla Mauricio)


Como todas las mañanas bajo a la playa y a la sombra de palapas y cocoteros leo la prensa. Es la actividad más arriesgada que me permito. Hoy veo en el periódico local L'Express que isla Mauricio, este paraíso del turismo de sol y playa pero sobre todo del turista que busca tranquilidad y mar, acogió en 2010 a 935.000 turistas, un 7,3% más que en el año anterior, una cifra record en toda su historia. Y que durante este año ha vuelto a experimentar un aumento, esta vez del 4,3% a pesar de la crisis económica que azota a Europa y siendo el europeo el principal mercado turístico de esta isla. Mauricio parece desconocer la crisis y espera recibir en 2011 a 980.000 turistas para rebasar en 2012 la paradigmática cifra del millón. En la playa de Flic en Flac, donde me encuentro y como en el resto del país, la lengua que más se oye partout es el francés, no solo porque sea oficial sino porque la inmensa mayoría de los turistas (unos 300.000) son franceses. Esta facilidad para la comunicación es posiblemente uno de los principales alicientes para los viajeros galos, unido a la falta de jet lag, pues a Mauricio y Europa sólo les separan en invierno tres horas más aquí que allí. Aspecto este último del que nos beneficiamos también los turistas españoles, unos 15.000 al año. El mercado europeo representa en Mauricio el 62% del total. Pero el mercado asiático, como en todo el mundo, está experimentando un fuerte crecimiento, concretamente del 21,5%, lo que ha hecho que ya sean 66.950 los turistas asiáticos, de los que el 92% son chinos. A isla Mauricio tampoco le afecta la crisis del ladrillo. A la lista de los 115 hoteles registrados oficialmente, con una capacidad de 24.018 camas, acaba de añadirse este mismo año el hotel Long Beach, uno de los mejores de la isla, propiedad de Sun Resorts, uno de los grupos hoteleros más importantes del Océano Índico. El Long Beach ha sido inmediatamente incluido en la lista de los Cien Mejores Hoteles del Mundo confeccionada por el Sunday Times Magazine. Para colmo, la ocupación media no baja del 63%. Apuro mi zumo de papaya (excelente para el estómago, oiga) y declino una vez más la invitación de mi amigo Jacques para montar en su caballo. Ya lo he dicho, la máxima aventura que me permito es leer periódicos. Locales, eso sí.

Foto: Playa de Flic en Flac en isla Mauricio (Foto: Pilar Arcos)

 
De Javier Carrión (el 08/04/2010 a las 14:10:01 en Tailandia)


Leonardo di Caprio descubrió estas islas para el gran público en 2000. Gracias a su película “La playa”, uno de los títulos menos lucidos de su exitosa filmografía, este archipiélago formado por seis islas en el mar de Andamán, al sur de Tailandia, se convirtió en un paraje idílico y buscado por los turistas que anhelaban sus bahías de ensueño y sus cuevas y calas escondidas guarnecidas por unos acantilados que cortaban la respiración. Los pescadores del lugar, que se jugaban y sigue jugándose el tipo en las cuevas marinas buscando nidos de golondrina –sirven para preparar una sopa muy cara y apreciada como delicia gastronómica en China-, tuvieron que aprender desde entonces a sortear todo tipo de embarcaciones de recreo y de mayor tamaño cargadas de curiosos deseosos de ver “in situ” el espectáculo bajo el mar de ídolos moros, peces payaso, peces ballesta, peces unicornio, damiselas, langostas y todo tipo de corales blandos y gorgonias, o ya en la superficie, de los monos y los cientos de aves exóticas.

Hoy, diez años después, las Phi Phi siguen maravillando por sus aguas poco profundas, que constituyen un gran reclamo para estos buceadores y amantes del “snorkeling”, pero su pocos habitantes prefieren no acordarse del equipo de rodaje del filme que dejó la isla Phi Phi Lee en tan mal estado que una sentencia obligó a la productora a reponer el medioambiente de la isla. Un tractor había remodelado y aplanado la playa, dejándola muy inestable, varios cocoteros fueron plantados y para mayor indignación de la población local el equipo de post producción “inventó” una montaña falsa que desvirtuaba el paisaje real.

Afortunadamente el desgraciado tsunami que afectó en diciembre de 2004 al archipiélago permitió restaurar después de forma natural el estado de esa “playa de cine” herida que vuelve a brillar en todo su esplendor, aunque con más testigos. A quien se anime a viajar a este paraíso, hoy menos virgen y más turístico y sólo accesible por mar desde Krabi, le conviene saber que Phi Phi Lee y Phi Phi Don son las dos islas más importantes del archipiélago. La primera, más pequeña y deshabitada, donde se rodó el filme del protagonista de “Titanic” y también “La isla de las cabezas cortadas” con Geena Davis al frente del reparto, mantiene todavía algunos paisajes intactos –no perderse su laguna interior ideal para el baño- y la segunda, dotada con un puerto al que pueden acceder los ferries, está urbanizada con bungalows, hoteles y otras instalaciones turísticas.

 
De Juan Francisco Alonso (el 29/06/2011 a las 14:07:24 en Viajar)
Hoteles sin lloros. Sin gritos. Hoteles para ir en pareja, o con amigos, pero en cualquier caso sin niños. Los “Adult Only” crecen como la espuma en las cuatro esquinas del mapa turístico. En España, en el Caribe, en la playa y en las ciudades. En realidad, la moda del “solo adultos” se corresponde con la diversificación de la oferta, con el cuidado de todos los públicos, los más numerosos -famalias, sol y playa-, y los pequeños, los que buscan una mezcla de paz, wellness, cenas románticas y dulces sorbos de felicidad.

MALLORCA O FUERTEVENTURA
El Barceló Illetas Albatros (Illetas, Calviá) se acaba de reconvertir a la fórmula “Adults Only”, tras una inversión de seis millones de euros que han servido para darle una vuelta al hotel. Todas las habitaciones tienen colchón doble, sábanas de algodón blanco de 200 hilos, TV de pantalla plana, WiFi gratis, ducha tipo raindance y diseño en blancos y gris, y, en las habitaciones superiores, bañeras dobles de hidromasaje. El spa tiene vistas al mar. Para el el verano han preparado sesiones de DJ´s, showrooms de moda, desfiles y fiestas en la piscina. Barceló tiene otro hotel similar en la playa de Jandía, Fuerteventura, el Barceló Jandía Club Premium.

IBIZA
El Ushuaïa Ibiza Beach Club se halla junto a la playa d’En Bossa, y mezcla el ambiente de DJ’s, música y chicas/os guapas/os, junto a un arenal excelente. Entre las instalaciones del hotel, una piscina de agua dulce en forma de lago en la terraza y otra tipo río que serpentea entre los jardines. El Ushuaïa está pensado para aficionados a la música, para participar en sus sesiones o incluso para grabar sus propias mezclas en un estudio insonorizado, para amateurs o profesionales. 

TENERIFE
Abama Golf & Spa Resort, complejo hotelero de gran lujo en Tenerife, acaba de poner en marcha sus villas “sólo para adultos” con servicios VIP. Estas villas se encuentran alejadas del edificio principal, rodeadas de jardines botánicos, bajando por la ciudadela principal hacia el océano. Además de disfrutar de las mismas comodidades que en las habitaciones de la ciudadela, esta exclusiva calle de Villas dispone de acceso a una piscina exclusiva, vistas al Atlántico desde las habitaciones del piso superior, cama con dosel y, en algunas, un techo alto e inclinado con vigas expuestas. Tienen servicio completo de habitaciones, así como un “buggy” para desplazarse por el complejo.

DE JAMAICA A BRASIL
La cadena Iberostar también ha desarrollado una línea “solo para adultos”, para mayores de catorce años, con dos hoteles específicos en Mallorca (El Hotel Jardín del Sol y el Royal Cupido), uno en Gran Canaria, y otros siete de la categoría Grand Collection en Jamaica, Dominicana, Cuba, México, Brasil y Tenerife. En todos los casos, los hoteles están pensados “solo para dos”, desde los postres en un “sensual cornet” hasta la zona de spa y wellness, o las actividades deportivas para practicar en pareja.

DOMINICANA
Las playas de arena blanca de Punta Cana, esas con las que soñamos los días malos de invierno, acogen el nuevo NH Royal Beach, un resort “todo incluido” con un servicio personalizado “solo para adultos”. En la provincia dominicana de Altagracia, frente a tres kilómetros de blandas dunas en Playa Bávaro, este hotel cuenta con 369 enormes habitaciones y cuatro espectaculares suites, de 118 metros cuadrados, todas con terraza. En el centro de wellness encontramos apetecibles tratamientos de estética y salud: aromaterapia, masajes, “rituales de agua”... y clases de yoga, taichí y meditación. En la misma isla, el Majestic Elegance Club se dirige igualmente a los adultos, “sin ninguna excepción”.

DE MADRID A BALEARES
Meliá llama, como sus competidores, a los adultos. Acaba de lanzar una propuesta para enamorados: el hotel ME en Madrid, en colaboración con Bijoux Indiscrets y sus productos de diseño erótico, que estarán en todas las suites. ME busca viajeros con un gusto especial por el arte y el diseño, por la cocina y la música internacional. Una nueva filosofía presente en sus establecimientos de Madrid, Barcelona, Cancún, Cabo San Lucas (México) y, pronto, Londres y Viena. Sol Meliá tiene cuatro hoteles en España reconvertidos a la fórmula “Adults Only”. El Meliá de Mar, en la idílica cala de Illetas (Mallorca), se acaba de reinventar este año, transformándose en hotel para mayores de 15 años. Todas las habitaciones tienen cafetera Nespresso, base para el iPod, teléfono inalámbrico... Además, las llamadas “The Level” incluyen otras prestaciones como el “check in” privado en la habitación, acceso gratuito al YHI Spa, servicio diario de bar y snaks en el lounge privado o camas balinesas en el área chill out privada de la piscina. El Sol Ibiza, el Sol Menorca y el Sol Cala Blanca tampoco admiten niños.

(En Twitter, @jfalonso, @abcviajar)

 
De Alfonso Armada (el 18/06/2009 a las 13:43:42 en Galicia)


Empecé a ver con otros ojos el mar de Vigo cuando, sin que nadie me hubiera avisado, me vi a bordo del «Nautilus» fletado por Julio Verne navegando por la ría de mi infancia para abastecerse del oro de los galeones españoles hundidos por la corsaria flota inglesa en el estrecho de Rande. Aquellas «20.000 leguas de viaje submarino» me confirmaron lo que ya entonces empezaba a sospechar: que la literatura te permite alcanzar todos los sueños. El de las islas Cíes tardó un poco más en materializarse. En aquel entonces, hablo de los años sesenta y setenta del siglo pasado, en el astillero que había fundado mi abuelo, carpintero de ribera, y que había botado hermosos transbordadores de madera que hacía la ruta entre Vigo, Cangas y Moaña, prestaba servicio una lancha como remolcador. Hija menos airosa de otra que nos hizo navegar por la ría de Martín Codax cuando todavía llevaba perrera (léase flequillo), en «la lancha» nos llevaba mi padre a pescar fanecas en enclaves marcados por «mariñeiros» tan avezados como Comesaña, y sobre todo a fondear frente a la playa de Barra (la mejor arena de la ría) para pasar la noche. Desde allí casi palpábamos al atardecer la silueta maravillosa de las islas Cíes. Emparentamos con la familia Freire gracias a que un hermano de mi madre, capitán de la mercante y de la pesquera, casó con la hija más guapa de la familia propietaria de Vapores de Pasaje, y empezó la adolescencia. Recuerdo cuando el barco de más eslora de la pequeña flota de Vapores se engalanaba con las mismes luces de colores de las fiestas populares de las aldeas gallegas para surcar de noche la ría, acercarse a besar las Cíes y hacer que los enamorados y los adolescentes (a veces eran los mismos) se ensoñaran contemplando el perfil azul de unas islas que sirven de centinela de la Ría y defienden Vigo de las grandes olas y los monstruos marinos que habitaban desde tiempo inmemorial el mar tenebroso, el que levanta sus farallones líquidos más allá de Finisterre. Llamadas Siccae (áridas) en la antigüedad, por allí pasaron los romanos, hospedó a monjes durante siglos y acabó siendo puerto de abrigo y base estratégica para las codicias de Francis Drake, pirata al servicio de la corona británica, lo que contribuyó a que las islas acabaran despobladas. Volvió a cobrar vida con salazones y fareros, hasta que en esos sesenta en que ahora echa el áncora la memoria se quedaron otra vez sin almas. La más hermosa de las tres, según los ojos mixtificadores de la memoria, es la de Monteagudo, o isla Norte, separada de la costa y del ariete de cabo de Home (cabo de Hombre) por un mar bravo que enseguida llaman de Fora (mar de Fuera), mar temible. En la parte más recogida de la isla se encuentra la playa de Rodas. Allí acampó casi el primer amor cuando empezó la juventud a fabricar recuerdos. Pero esa es otra historia. (Foto: Miguel Muñiz)

 
De Fernando Pastrano (el 07/02/2011 a las 13:26:16 en China)


Nadie hace cola en la calle, pero lo más habitual es no encontrar libre ni uno de los cien asientos con que cuenta el restaurante “Bian Suo”, en el norte de la ciudad de Taipei. Por fuera podría parecernos una hamburguesería más, pero nada más entrar notamos la diferencia. Las mesas son en realidad bañeras cubiertas por una tapa de cristal y las sillas son auténticos retretes con la tapa bajada. “Bian Suo” significa literalmente “váter”, aunque en inglés hayan dulcificado la traducción como “The Modern Toilet”, una cafetería en la que las servilletas son rollos de papel higiénico y los platos pequeños inodoros o bidés de cerámica.

Las comidas alcanzan formas muy sugerentes, llevándose la palma el postre de mouse de chocolate con forma de pirámide en espiral. Solo le faltan las moscas. Sin embargo este culto a la escatología naíf no es repugnante, puede, eso sí, que sea empalagoso con una estética entre Hello Kitty y Barbie que hace furor entre los quinceañeros taiwaneses. Esta bien podría ser una de “Las cien cosas más divertidas que se pueden hacer en Taiwán”, título de un concurso que se ha puesto en marcha en internet para promocionar el turismo en aquella isla y dar a conocer las actividades que más les gusta hacer allí a los extranjeros ya sean turistas o residentes.

El concurso, organizado por Evergreen Internacional Corporation y tealit.com, y patrocinado por la Oficina de Turismo de Taiwán, cuenta con un premio principal de 50.000 NT$ (unos 1.300 euros), un segundo premio de 40.000 NT$ (unos 1.000 euros) y tres terceros de 25.000 NT$ (unos 650 euros). Los extranjeros residentes en Taiwán o los visitantes que quieran participar en el concurso deberán escribir un artículo sobre las cosas más divertidas que a su juicio se pueden hacer en Taiwán y colgarlo en esta página web. Los textos pueden ir acompañados de fotografías o vídeos, y serán votados por quienes visiten la web y evaluados por un grupo de expertos. La fecha límite para colgar los artículos es el 10 de febrero de 2011. Serán seleccionados 50 finalistas. Los resultados se darán a conocer el 21 de febrero.

 
De jfalonso (el 22/12/2010 a las 13:23:04 en Viajar)


Verano en isla Mauricio
En realidad, siempre es verano en el Índico, aunque agosto es el mes más frío y tormentoso del año. Nuestro invierno es su verano, cuando la isla se parece más a esa postal idílica con la que todos soñamos los días grises. Allí acaba de reabrir sus puertas (en noviembre) el Trou aux Biches Resort, tras una reforma completa que ha durado dieciocho meses. Es un hotel amplio, de 337 habitaciones, situado a pie de una de las mejores playas del noroeste de la isla, con opciones para todas las necesidades: para parejas (habitaciones junior suite, algunas con piscina privada, terraza y acceso a la playa) o familias, villas de dos o tres habitaciones que son residencias privadas con las ventajas de tener al alcance de la mano los servicios generales de este gotel de la cadena Beachcomber. No hay vuelo directo, y el paquete con cualquier agencia no suele ser barato (a partir de 2.000 euros), pero todos los sueños tienen un precio.

Relais&Chateaux llega a Santiago
A Quinta da Auga es el nuevo hotel de la cadena Relais & Chateaux en España. La familia de Lorenzo García descubrió esta fábrica de papel del siglo XVIII, rodeada por el río Sar, y decidió restaurarla en 2003. Se halla a dos kilómetros del centro de Santiago de Compostela, y cuenta con cuarenta y cinco habitaciones, todas decoradas de forma distinta con antigüedades y obras de arte. Su restaurante Filigrana elabora una cocina tradicional gallega basada en los mejores productos de temporada. 981 534 636.

Dormir en un árbol
Uno de los lugares más originales en los que pasar el fin de año o cualquier otro día. Tree Hotel, en Harads (Suecia), surge de una colaboración única entre algunos de los principales diseñadores y arquitectos de Escandinavia para crear un concepto de vivienda singular y divertida. Este hotel ha abierto sus puertas este año y consta de seis “habitaciones” totalmente diferentes en diseño y forma. Los huéspedes escuchan el susurro del viento al pasar por las copas de los árboles, el olor a bosque, el cantar de los pájaros cuando despierta el día.

Un crucero en los Mares del Sur
El Pacífico Sur (Tahití, Moorea, Bora Bora), el paraíso al que huyeron exploradores y navegantes como James Cook o pintores como Paul Gauguin, es otro de esos horizontes que merece la pena ver al menos una vez en la vida. El Royal Princess, un barco pequeño, de 710 pasajeros, realizará trece cruceros por esta zona hasta la primavera de 2011. Uno de ellos sale el 29 de este mes del puerto de Papeete, con once días de navegación por delante. La Penthouse Suite con balcón cuesta 3.699 euros, aunque también se pueden encontrar camarotes con balcón desde 900 euros por persona (más 279 euros de tasas). El viaje incluye dos días completos en Bora Bora. 

El barco más grande del mundo
Acaba de salir de los astilleros y de ser inaugurado oficialmente en Miami. El Allure of the Seas, de Royal Caribbean, es el nuevo crucero más grande del mundo, con 16 cubiertas, capacidad para 5.400 pasajeros en 2.700 camarotes y organizado en siete vecindarios diferentes. Este barco alternará itinerarios de siete noches en el Caribe occidental (con escalas en Haití, Jamaica y México) y el Caribe Oriental (con paradas en Bahamas, St. Maarten y St. Thomas) con salida desde Port Everglades en Fort Lauderdale, Florida. El fin de año estará en el Caribe oriental. 



Cerca de Salvador de Bahía
Una novedad en la Reserva Natural de Imbassí, a 45 minutos de Salvador de Bahía. Fiesta Hotel Group inauguró a primeros de noviembre un “todo incluido” cinco estrellas, el primero de la compañía en Suramérica, en un entorno de postal, naturaleza y playas vírgenes, bañado por el mar de la Costa dos Cocqueiros y atravesado por el río que le da nombre. 

Placeres de invierno en Bruselas
En Europa, a final de diciembre, hace frío, pero sus estampas de la Navidad tradicional, de los mercadillos, de olor a gofres, compensa el abrigo y la bufanda. Hay mercadillos en casi todas las ciudades, y quien los descubre suele volver. Esta vez elegimos Bruselas, el corazón de Europa, que pone en marcha un programa bautizado como “Plaisirs d'Hiver”, hasta el 2 de enero. Decoración específica, 240 puestos en el mercado de Navidad, iluminación y animación en la calle y, por supuesto, su famosa pista de patinaje de más de sesenta metros de largo (precio, 6 euros la hora; niños, 4). En Gante, por cierto, la pista de patinaje está abierta hasta el 16 de enero.

Cien años de la Gran Vía
Este año, como bien sabemos, la Gran Vía madrileña celebra su centenario. Uno de sus símbolos arquitectónicos más famosos es el edificio Carrión, construido por Alberto Feduchi, creador también del InterContinental Madrid en 1953. Para celebrar la ocasión, este hotel ha preparado una Gala Especial Aniversario de la Gran Vía con música en vivo y sorpresas de Año Nuevo. Los chefs han preparado un menú de seis platos, que incluye delicias como foie gras, lubina y solomillo. Precio de la Gala de Nochevieja, sin alojamiento: adultos, 450 euros; niños, 146; cotillón, 175. Información: 91 700 73 71.

Noche chic, en Biarritz
Para esta propuesta hay que sacar de nuestro armario lo mejor de lo mejor. El fantástico Hotel du Palais, miembro de “The Leading Hotels of The World”, nos traslada al ambiente chic y selecto de las fiestas que celebraban la realeza europea y las estrellas del cine a finales del XIX. Y como telón de fondo, la ciudad de Biarritz, que iluminará la noche con espectaculares fuegos artificiales. El menú lo elabora el chef (estrella Michelin) Jean Marie Gautier. El precio está a la altura de las circunstancias: cena de gala, 550 euros por persona. 

El menú del Gers, foie-gras
Gimont, Seissan, Samatan, Fleurance… Desde noviembre hasta marzo los mercados de los pueblos del departamento del Gers, al sur de Francia, venden productos de foie caseros. La gente acude para comprar foie-gras enteros o caparazón de pato sin hígado. Estos mercados son únicos en Francia. El Gers presume de su foie-gras y otros productos nobles sacados del pato y de la oca, criados al aire libre y con maíz. Una tradición que nos permite saborear los aromas de una cocina gascona sorprendente por su inventiva.

Suiza: glaciares, esquí y Churchill
La postal blanca no puede faltar entre los planes de fin de año. Nos vamos al glaciar Aletsch para descubrir una lengua de hielo de veintitrés kilómetros. Es una autopista blanca que zigzaguea entre las altas cumbres del conjunto de montañas Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn, en el sur de Suiza. Desde el mirador de Bettmerhorn, a tres mil metros de altura, este inmenso glaciar alpino se nos antoja una especie en peligro de extinción. Los glaciares son masas de hielo formadas por la compactación de la nieve. Un bellísimo prodigio de la naturaleza, incluido por la Unesco en su listado de Patrimonio de la Humanidad. En los alrededores, las estaciones de Zermatt o Sass Fee. Y para dormir, el Pro Natura Zentrum Aletsch alquila las habitaciones de la residencia Cassel, donde se alojó Winston Churchill. En las afueras de Riederalp.

 
De Juan Francisco Alonso (el 08/06/2009 a las 13:17:42 en Maldivas)


Miren esta foto. Desde el cielo, Malé, capital de Maldivas, recuerda a El Álamo, una estación término amenazada por la inmensidad del océano. Ahí abajo viven unas 105.000 personas —casi un tercio de la población del país—, de momento a salvo, al abrigo de un muro de hormigón de tres metros de altura. Pero Malé es la única de las 1.200 islas de Maldivas (más de doscientas de ellas habitadas) que dispone de una red de seguridad para los malos tiempos que los analistas del clima les auguran. El 80 por ciento de esas islas sólo sobresale un metro sobre el nivel del mar. Poco margen para la enorme amenaza del cambio climático y la subida del nivel del agua. Miren otra vez esta foto, pero con los ojos de la imaginación. Para cientos de miles de turistas cada año, no es El Álamo, sino Eldorado, un paraíso del que cuesta un potosí salir cuando termina esa semana de belleza y paz en una isla que es un hotel que es una playa, rodeados de aguas trasparentes para bucear y paisajes limpios para olvidar el mundo. El aeropuerto está en una pequeña isla a tiro de piedra de Malé, y desde ahí los viajeros, preferiblemente en pareja y sin ordenador, con no demasiada ropa, se dirigen al sitio de su recreo. En un futuro más o menos próximo, dicen que a lo largo de este siglo, todo eso estará en peligro. De hecho, el presidente Mohamed Nasheed anunció tras ser elegido, a final del año pasado, que dedicaría parte del dinero del turismo (más del 20 por ciento del PIB) a un fondo destinado a comprar una tierra de acogida en Sri Lanka, India o Australia. En el peor escenario, los refugiados del clima tendrían que encontrar otra tierra prometida.

 
De Javier Jayme (el 10/05/2010 a las 13:09:31 en Argentina)


Quien desee conocer la zona norte del Gran Buenos Aires –la más hermosa y exclusiva de esta provincia, con sus grandes mansiones de época y sus country clubs-, tiene una cita obligada con Tigre, localidad que debe su denominación a una raza de felinos, los yaguaretés o tigres americanos, antaño abundantes en la región y hoy extinguidos. Colonizado hacia 1580, este emporio, ciertamente coqueto y pintoresco, oficia de puerta de entrada al delta del Paraná, el tercero más grande del planeta (17.500 kilómetros cuadrados de superficie y 320 de longitud) y el único entre los de su tamaño cuyas aguas no van a parar directamente al mar, ya que se vierten antes en el río de la Plata.

 La Agencia de Desarrollo Turístico de Tigre nos ha invitado amablemente a visitar su ciudad. Partimos, pues, de Buenos Aires en esta mañana, que se anuncia lluviosa. Desde el famoso Obelisco de la Avenida 9 de Julio hasta nuestro destino sólo hay 32 kilómetros; un corto y sugestivo trayecto viable todo el año, bien sea por tierra o en los barcos que, soltando amarras en la dársena norte de Puerto Madero, navegan el río de la Plata. Dentro de la primera opción, una alternativa altamente recomendable al colectivo número 60 –el autobús más famoso de la capital- o al taxi (al remis, como le llaman por estos pagos) es el tren eléctrico, inaugurado en 1916, cuya marcha, paralela a la corriente fluvial, proporciona unas vistas excelentes y evita los atascos circulatorios.

Por sus bellezas naturales y por su cercanía a la gran capital, el delta del Paraná, uno de los lugares más interesantes de toda Argentina, atrae cada día a gente deseosa de pasar aquí unas vacaciones o un simple fin de semana. Pese a extenderse entre los 32º y los 34º sur, su escasa altitud y la abundancia de grandes espejos de agua generan un microclima propio de latitudes tropicales. Los palmares de pindó, por ejemplo, abundan en uno de sus brazos, el Paraná de Las Palmas, así bautizado por los colonos europeos debido a tal circunstancia. Éstos, por su parte, introdujeron plantas que modificaron sensiblemente el paisaje original. Hoy, prestando la debida atención, distinguimos exotismos vegetales como el papiro –el mismo que usaban los faraones para escribir en el delta del Nilo-, identificable por su fino tallo y su plumerillo en la punta. De Nueva Zelanda vino el formio; de Europa, la madreselva; de Japón, la ligustrina –actualmente convertida en plaga- y del Himalaya llegó el sauce llorón, incorporado ya al horizonte paranaense como si fuera un endemismo.

Tigre, sin duda su reclamo más llamativo, conforma un destino turístico no comparable a ningún otro dentro de la provincia de Buenos Aires. La villa, delimitada por los ríos Luján, Reconquista y Tigre, es una perla arquitectónica decimonónica que subsiste en medio de un universo anfibio y desconcertante. Efectivamente, la Venecia de Argentina –nombre que muchos le adjudican- se alza en un dédalo de islas y caños rebosante de especies vegetales, tanto autóctonas como exóticas, que colorean el ambiente (amén de purificar el aire bonaerense) y por el que únicamente sus moradores consiguen orientarse.

Verónica, la representante de la Agencia, nos recibe en Puerto de Frutos. Ninguna visita a Tigre es completa si se soslaya este lugar, el cual debe su nombre a que, hacia 1900, esta zona del delta fuera elegida para establecer quintas de producción agrícola, sobre todo de frutales. “Las islas contaban también con aserraderos y talleres de carpintería” nos va contando Verónica, “y manufacturaban maderas, conservas, embutidos y licores”. Hoy los artesanos de Puerto de Frutos siguen trabajando la madera, además del mimbre y otros elementos, transformándolos en bellos objetos decorativos y artísticos. La entrada a los obradores es gratuita y la feria artesanal permanece abierta toda la semana.

A principios del siglo XX, participando del esplendor de la Belle Époque, Tigre se enriqueció con obras de arquitectura notables y se convirtió en el reducto veraniego de la oligarquía porteña. No obstante, la explosión turística tuvo lugar mediada dicha centuria, con el florecimiento de hosterías, clubes de remo y otros servicios que congregaban a miles de bonaerenses los fines de semana. En la actualidad, la Venecia de Argentina se impone como una buena opción para pasar el verano sin alejarse de la gran ciudad. Su señuelo es que no hace falta ir al mar para disfrutar del agua. Entre sus ofertas hay unas cuantas gratuitas, como visitar alguna de sus reservas ecológicas; a precios asequibles, como recorrer los caños en lancha, pescar al atardecer y surcar el aire haciendo kite surf; o poco comunes, como alquilar una cabaña en la copa de un árbol y navegar en kayak a la luz de la Luna.

El delta del Paraná crece a razón de 90 metros al año, sumando nuevas tierras a este universo ensimismado, especie de refugio salvaje en el que el agua lo es todo: razón esencial del encanto de los cayos, pero también fuente de obstáculos e incomodidades. En Tigre la vida de los isleños transcurre en este eterno contencioso de amor-desamor por el agua. Entre las singularidades de su mundo ribereño encontramos la lancha-ambulancia, la lancha-almacén y las lanchas-basurero, contratadas por cada grupo de vecinos para abaratar costos. Hasta 1952 hubo un banco flotante e incluso una iglesia que se mecía sobre la corriente con capacidad para quince feligreses, una sacristía, comedor y cinco camarotes para el sacerdote y la tripulación. Pero aquí la vida cotidiana apenas ha cambiado desde sus primeros tiempos. Algunos puentes, hoy como ayer, son levadizos para que puedan pasar las chatas (chalanas) cargadas de materiales de construcción; y los perros, más que de una a otra vereda, se ladran de orilla a orilla, sin atinar a encontrarse. Las islas sostienen a unos 6.000 habitantes fijos, acaso una cifra ideal para mantenerlas como un mundo aparte, próximo, sí, a Buenos Aires, pero con otras necesidades y otro modo de vivir.

 
De Fernando Pastrano (el 31/08/2010 a las 12:44:35 en Ecuador)


Se llama Víctor Hugo pero los únicos miserables que ha visto en su vida estaban en las chabolas-palafitos de los Guasmos de Guayaquil. No tendrá más de veinticinco años y se gana la vida, según me dice "bastante bien", llevando en su panga a turistas como yo. No quiere abandonar su tierra, las islas Galápagos, aunque tiene parientes que están trabajando en Madrid. "Mire usted, si el turismo baja, puedo pescar y no me muero de hambre. Yo aquí tengo de todo lo que necesito y sobre todo... tranquilidad". Las pangas son unas barcas a motor, una especie de esquifes como el que utilizaba el capitán Ahab para perseguir a aquella obsesión blanca llamada Moby Dick, o el del viejo pescador cubano ideado por Hemingway en pos de un pez tan enorme como quimérico. Esta es menos literaria, más moderna, equipada con un potente motor fuera borda, y sólo tarda diez minutos en atravesar el brazo de mar que separa el Puerto de Villamil, en la galapagueña isla Isabela, del islote de Las Tintoreras. A excepción de dos playas, una de arena blanca y otra de piedras negras, toda esta islita, de origen volcánico como el resto de las Galápagos, está formada por lava del tipo AA, negra, reciente, áspera, amenazadora, pero que se puede recorrer sin dificultad alguna gracias a unos caminitos abiertos entre las rocas cortantes de los que no hay que salirse. Paseo tranquilo por este paisaje lunar habitado por centenares de iguanas terrestres que allí, sin depredador alguno, se reproducen con total normalidad. Son tan confiadas que hay que tener cuidado para no pisarlas. Aguas limpias, turquesas, casi siempre mansas, ideales para la navegación y el snorkel. Para la contemplación de lobos marinos, pingüinos, tortugas, iguanas marinas y los tiburones de aleta blanca que dan nombre al islote. Pero no todo es idílico, muy cerca de aquí, frente a la isla de Santa Cruz, el 17 de marzo pasado encalló la goleta “Alta” con 16 turistas canadienses y 8 tripulantes. Llevaba unos 14.000 litros de diésel en sus bodegas. Aunque todas las personas fueron rescatadas, se temió por el vertido del combustible. Era un susto más ya que en junio de 2009 en sólo cuatro días otros dos barcos derramaron petróleo cerca de Puerto Ayora. Y en enero de 2001 de un buque cisterna escaparon 600.000 litros que produjeron una marea negra de 1.200 km² cerca de Puerto Baquerizo. El archipiélago de las Galápagos es un paraíso en constante peligro. En 1978 fue el primer lugar del mundo declarado Patrimonio de la Humanidad, pero a partir de 2007 se temió por su futuro y la Unesco lo puso en la lista de sitios en peligro. El turismo, la introducción de animales invasores, entre ellos los domésticos, y los propios habitantes de las islas podrían acabar con este edén en el que Darwin desarrolló su teoría evolucionista. Por fortuna, el Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, tras comprobar la situación, acaba de retirar a las Galápagos de esa lista nefasta de "bienes en peligro". Un respiro momentáneo, pero no definitivo. Víctor Hugo habla y no muy bien de los políticos con respecto al medio ambiente. En su panga, junto a la proa, un cartel pintado a mano reza: "NO VOTAR BASURA". Quiero pensar que no es una errata.

 
De Juan Francisco Alonso (el 18/01/2011 a las 12:36:56 en Viajar)
1. XXXI edición de Fitur: 75.000 metros cuadrados, diez pabellones, más de 10.500 empresas procedentes de 166 países, un 2 por ciento más que en la edición anterior. 2. Iberia regresa a la feria dos años después. 3. AVE Madrid-Valencia: en cualquier momento del año. 4. Brasil está de moda. En 2014, Mundial de Fútbol; en 2016, Juegos Olímpicos. Las doce ciudades que serán las sedes del Mundial tienen un lugar destacado en el stand brasileño en Fitur. 5. Centroamérica crece en hoteles de lujo y en vuelos directos desde España. 6. La catedral de Santiago cumple 800 años. 7. La exposición «Cádiz 1812» se inaugurará en el segundo semestre. 8. Centenario de la expedición liderada por el noruego Roald Amundsen al Polo Sur a bordo del Fram. 9. Hay que visitar Trujillo. Allí nació Orellana hace 500 años. 10. Destino, Capital Cultural de 2016: Burgos, Córdoba, Las Palmas, Segovia, San Sebastián, Zaragoza. 11. Machu Pichu, Perú. Fue redescubierto por Hiram Bingham en 1911. 12. Nuevos países en Fitur: Nueva Zelanda, Pakistán, Congo y Guinea Conakry. 13. New York, New York. La estatua de la Libertad se inauguró hace 125 años. 14. Turismo gay: más espacio en Fitur, más negocio, más propuestas. 15. Nuevo centro Niemeyer en Avilés. 16. Año Victor Horta: 150 aniversario del máximo representante del art nouveau en Bélgica. 17. En octubre se estrenará Tintin, la película de Spielberg. ¿Qué tal una ruta del cómic por Bruselas? 18. De abril a septiembre, Miró en la Tate Modern de Londres. 19. El 29 de abril, boda real en la Abadía de Westminster. 20. La quinta edición de «La Rioja Tierra Abierta» nos lleva a Alfaro. 21. El paso de cebra de la londinense Abbey Road, famoso por ser la portada de un álbum de los Beatles, acaba de ser declarado por el Gobierno británico como lugar de «importancia cultural e histórica». 22. Madrid Fusión, del 25 al 27 de enero. Turismo gastronómico en la capital. 23. De junio a octubre, siete noches en blanco en otras siete ciudades de Europa. La de Madrid, en septiembre. 24. Turku (Finlandia) y Tallin (Estonia), capitales europeas de la cultura 2011. 25. Al corazón del Teatro Nacional de Praga, con motivo del 130 aniversario de la primera función que se celebró en este edificio neorrenacentista. 26. Nuevo Transcantábrico Gran Lujo. Realizará el itinerario Santiago de Compostela-San Sebastián o viceversa. Estará compuesto de cuatro salones y siete coches cama, cada uno con dos suites. 27. Hamburgo, Ciudad Verde europea en 2011. Sus innumerables zonas ajardinadas y parques hacen de esta ciudad la más verde de Alemania, un destino perfecto en primavera. 28. En octubre, 200 años del nacimiento de Franz Liszt. Excusa para un viaje musical. 29. El Museo Carmen Thyssen-Bornemisza de Málaga, en el palacio de Villalón, abrirá sus puertas en primavera. 30. El Parador de Lorca (Murcia), en las inmediaciones de una alcazaba musulmana, abrirá a mediados de año. 31. El Alma de Córdoba, visitas nocturnas a la Mezquita. 32. La cadena Hilton inaugura su hotel número 200 en Europa... en Bulgaria. 33. La isla de Sal, en Cabo Verde, un destino para descubrir. Sol Meliá abre su tercer hotel en este rincón del Atlántico. 34. Una escapada al Bedford, el hotel de Richard Gere cerca de Nueva York. 35. Bacara organiza viajes para aprender a hacer (buenas) fotos, un curso realizado en el destino elegido, por ejemplo Tanzania. 36. Rutas del Vino de España presenta en Fitur sus nuevas rutas certificadas: La Garnacha (Campo de Borja), Lleida y Ribera del Duero. 37. Del 24 al 26 de junio, Valencia, Fórmula 1. 38. Buenos Aires, Capital Mundial de Libro en 2011. 39. El Museo Van Gogh de Ámsterdam presenta la exposición Picasso en París, 1900-1907. Del 18 de febrero al 29 de mayo. 40. En marzo, las máscaras del Carnaval, por ejemplo en Tenerife (del 2 al 13). (Imagen: portada de ABC VIAJAR, 19 de enero).  @abcviajar
 
De Alfonso Armada (el 12/05/2009 a las 11:56:52 en Chad)


Iriba, viernes. No es fácil escribir en medio del desierto, sentado en un repecho de arena, con el crepúsculo devorándose a sí mismo a una velocidad inaudita, con una grupo de combate polaco instalando tiendas de campaña al pie de un cerro aprovechando las últimas briznas de claridad mientras montan la primera guardia en lo alto del promontorio y todo el polvo de las pistas de arena chadianas grabado como un mapa en la cara de quienes hemos venido a ver qué se cocía en este auténtico agujero negro de África central, uno de los lugares más opacos de la Tierra, y no en sentido precisamente metafórico: desde el espacio, los satélites han comprobado que esta región es una de las menos iluminadas del mundo: cuando la noche cae sobre el Chad la oscuridad resultante es magnífica para el olvido, para el crimen, para la lasitud, y también para contemplar (como en Somalia) uno de los firmamentos más cuajados de estrellas.

La Vía Láctea es generosa y a los más pobres les da más preciosa leche que a nadie. Como el Chad es un espacio paradójico (aunque en olvido todavía le gana su vecino del sur, la República Centroafricana: todavía más desdeñada) y de su inmensa superficie apenas dispone de un 2,8 de tierras cultivables (con un ínfimo 0,02 por ciento de cosechas periódicas: sorgo, arroz, patatas, tapioca y algodón), la sequía y las plagas de langostas se ceban con un país que también ha encontrado en el petróleo una maldición: con contratos leoninos a favor de empresas estadounidenses (como Exxon Mobil) y Chinas, buena parte de los beneficios de los 156.000 barriles diarios que exporta desde 2004 los destina a el régimen a comprar fidelidades entre sus muchos enemigos y sobre todo armas (el gasto en educación equivale al 1,9 por ciento del Producto Interior Bruto), mientras que a Defensa dedica el 4,2 del PIB), la media de hijos por mujer es de 5,4, que acaso compensa que de cada mil nacimientos mueren cien) y un 80 por ciento de su población está por debajo de los índices que le sirven a las Naciones Unidas para trazar el umbral de la pobreza.

El día amaneció temprano. Había que subirse a un avión de carga construido por la empresa española CASA, mantenido y pilotado por españoles adscritos a la Fuerza Euopea (Eufor) con una misión rimbombante (proteger la distribución de la ayuda humanitaria en el Este del Chad, prestar apoyo a las organizaciones no gubernamentales que la distribuyen y atienden a los más de 450.000 refugiados sudaneses y desplazados internos, y en general proteger a la población de la miríada de grupos rebeldes, que a menudo se confunden con bandidos (aunque hay quien piensa que el jefe de todos los bandidos es el propio presidente de la República, que mantiene a su propio país en la miseria y que depende de Francia para mantenerse en el poder). El avión aterrizó dos horas después en Abéché, donde los franceses cuentan con la segunda base aérea más importante del país después de la de Yamena. Allí embarcamos en un helicóptero ruso, que tras hora y media de navegación a media altura (lo que permitía contemplar la aridez del terreno, y las marcas dejadas por los ueds, que se desbordan en la estación de las lluvias) nos depositó en Iriba, sede del batallón polaco que se encarga de vigilar este vaston rincón del noreste chadiano, junto a la arbitraria, porosa, invisible frontera con el Darfur sudanés. Provistos de pesados chalecos antibalas (método ideal para adelgazar en el árido clima chadiano) y cascos, además de raciones de combate del glorioso ejército que tantas derrotas ha sufrido a manos de su poderosos vecinos europeos (la Gran Rusia al este, la Gran Alemania al oeste) iniciamos la patrulla cuando el sol más fiero estaba. Dejamos los alminares, tapias de adobe, escuelas y callejas de arena de Iriba para internarnos en el desierto. Era un convoy de cuatro blindados con cañón disuasorio de 21 milímetros y tres todoterreno. Por sabana, bosque bajo y puro desierto, observados por nómadas desde sus cabañas de caña y adobe, rebaños de cabras, burros que rebuznan como rebuznaban en España los burros que han ido desapareciendo de nuestra vida y de nuestra memoria, dromedarios y camellos, cuando el crepúsculo comenzó a insinuarse nos detuvimos al pie de un cerro no muy lejos de la villa (por llamarle de alguna forma) de Bihai, y a unos siete kilómetros de la frontera con Sudán. Levantamos nuestras tiendas de campaña individuales con la ayuda de los bruscos y al mismo tiempo amigables soldados polacos (muchos reenganchados de las guerras de Irak y Afganistán a este frente difuso -y mucho menos peligroso- en el corazón muerto de África). Parecían tumbas para una noche, y abrimos las raciones de combate, que algún exquisito combatiente francés dijo que no eran mejores que lo que comía su perro: latas de comida con cierto sabor a atún, cierto sabor a pollo, cierto sabor a paté innombrable, pero que mata el hambre cuando no hay agua con la quitarse las capas de polvo del camino, y sólo para beber, lavarse los dientes, quitarse capas de mugre de los pómulos y de los párpados.

Como cuentan en las novelas y en las películas, la temperatura se desploma en la noche del desierto, pero antes de dormir sobre el duro y amigable suelo africano todavía hicimos una patrulla nocturna en dos de los blindados: nos acercamos hasta el campo de refugiados de Oure Cassoni, donde se hacinan unos 30.000 sudaneses que han venido a ponerse a salvo a este lado de la artificiosa frontera. Gracias a los visores nocturnos que nos prestaron los soldados pudimos ver la película en blanco y negro de los muros de adobe, las chozas levantadas con lonas del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (que no reconoce el asentamiento porque va contra sus principios: se opone al levantamiento de campos junto a la frontera del país de origen, porque entiende que los refugiados está expuestos al hostigamiento y a la inseguridad -no en vano sirven de camuflaje a los grupos rebeldes que, en este caso, combaten al régimen del general Omar Al Bashir- y prefiere que se organicen a varias decenas de kilómetros de la linde, aunque los que han huido prefieren alejarse lo menos posible de su país, de sus casuchas y de sus tierras, porque su único sueño es volver). Aunque eran más de las once de la noche, vimos un comité de recepción formado por niños que se dirigía con las manos en alto hacia nosotros. ¿Qué hacían levantados a esa hora? Pero algo o alguien les disuadión y a medio camino volvieron sobre sus pasos. Con la media luna blanqueando los caminos, sacando instantáneas misteriosas de los arbustos y de las piedras, todo el desierto parecía una radiografia de la luna. Unos burros sobresaltados por nuestro paso rebuznaron como almas en pena. Al regresar al campamento cerca de la medianoche, casi todo el mundo dormía. Agotados, caímos en un profundo sueño ajenos a los escorpiones, arañas y otra fauna que se esconde en estos pedregales. A las seis, salimos de nuestras tumbas individuales.

El sol empezó a asomarse a una velocidad de vértigo. Nos vimos y nos las desamos para meter los sacos y las tiendas en sus fundas (los polacos volvieron a armarse de paciencia), tomamos café y galletas duras como piedras ablandadas con la leche condensada de las raciones de combate, y reemprendimos la aventura. Primero un lago del que sobresalían troncos secos. Llegó un rebaño formado de decenas de ovejas que balaban con la unanimidad de las nuestras, manejadas por un pastor sin perro que había pasado la noche junto al agua mansa y cobriza. El campo de refugiados no estaba lejos. Hablamos con el jefe del destacamento de la policía chadiana que se encarga de “la seguridad” del campo: 20 hombres para 30.000 almas. Un imposible. Confesó que les ruegan a los rebeldes del JEM, quizá el grupo más nutrido y relevante que combate contra el régimen de Jartum en Darfur, que dejen sus armas a la entrada del campo (un campo con mil puerta) cada vez que acuden a visitar a sus familiares. La falacia y el juego quedaron en evidencia cuando acertó a pasar una “pick up” artillada con seis “rebeldes” a bordo: calzados con chancletas, con turbantes de oro y oliva, y kaláshnikovs en torno a una ametralladora de 14 milímetros, no ocultaban, como sus compatriotas del campo, su alegría por la orden de búsqueda y captura dictada por la Corte Penal Internacional contra su gran enemigo, el presidente sudanés, Al Bashir, aunque está por ver quién será capaz de ponerle el cascabel al gato, y si haciendo un gran bien (poner fin a la impunidad que reina en Darfur desde hace casi seis años, con 300.000 muertos y casi tres millones de desplazados y refugiados, condenar al régimen islamista y militar de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad) muchos seguirán sufriendo o morirán por la reacción brutal del Ejército sudanés y sus despiadados jinetes árabes, los famosos “yanyauid” (diablos montados). Junto al campo, bajo el sol implacable del mediodía, un grupo de niños y niños que no supera los diez años, se encarga de fabricar con las manos desnudas y una pala más grande que ellos ladrillos de adobe, vigilados por sus amos sudaneses: hombres esbeltos y delgados, con cara de pocos amigos, que sólo hablan árabe y visten túnicas de un blanco deslumbrante (tienen quien se las lave) y un ostensible látigo en la mano: seguro que no tratan mejor a los niños que a los escaldados burros, que se extrañan de que alguien les quiera palmear el lomo sin ánimo injurioso.

Sobrevivir es un empeño arduo en estas tierras del Sahel africano. Pero todo se hace todavía más duro por culpa de la guerra, los regímenes despiadados que no sólo no se cuidan de sus ciudadanos (súbditos despojados de cualquier derecho), sino que les convierten en carne de cañón, parias en su propia tierra, o náufragos en el desierto, refugiados obligados a huir para salvar el pellejo, evitar la violación, que los niños sean vendidos como esclavos, mano de obra barata, guerrillas infames. Emprendemos el regreso a través de Bahai, un villorrio desperdigado por lomas de arena que el viento arremolina contra las tapias de adobe, no sin antes pasar por una escuela. Los niños nos reciben como suelen en África, con la mano tendida (pero no para pedir: en eso son los chadianos y los sudaneses tan dignos como los somalíes, sino para saludar) y la sonrisa franca. Regresar a la base del batallón polaco en Iriba, un fortín de terraplenes, torretas, reflectores y alambradas, cuando la luz empieza a declinar, es como alojarse en un hotel de cuatro estrellas: después de la aventura nocturna, y con el polvo de dos días de periplo por el desierto, el agua fresca redime como más que un bautizo, y no digamos la comida en el gran comedor que parece un remedo de los palacetes del XIX polaco, donde los oficiales cortejaban a las damas y hablaban un distinguido francés. Otro espejismo. La comida (carne cubierta de hojas de col bañadas con salsa de ternera) es un plato delicioso para rusos, ucranianos y polacos que devoramos con el placer y el hambre de los náufragos de arena. Cuadriculado por contenedores alineados como viviendas que a su vez hacen de calles, un poste sirve de punto de referencia para todos los que nos sentimos perdidos aquí: Varvosia, 4.105 kilómetros, y otra decena de ciudades polacas, donde ahora sigue mandando el invierno. La noche ya es tan intrincada como la de ayer, pero aquí se ven muchas menos estrellas, y no por la luna, sino por el run-run de los reflectores eléctricos. Mañana también tenemos otro día de patrulla.

 
De Fernando Pastrano (el 30/01/2012 a las 11:38:23 en Japón)


Anda estos días por España una delegación de representantes del Gobierno Metropolitano de Tokio, dirigida por Hideki Yokoyama, tratando de promocionar el turismo a esa ciudad, que es tanto como decir al Japón. Tenían que haberlo hecho hace un año pero el terremoto del 11 de marzo lo desaconsejó. Casi once meses después se ha podido realizar gracias a la labor de Taeko Ueda, de la Oficina de Representación Turística de Tokio, que funciona en Madrid desde 2006. Según algunos expertos, como el portal de búsqueda de viajes Skyscanner, al contrario de lo que pudiera parecer, los desastres naturales tienen un efecto positivo en el turismo que visita esos países. Se suelen citar los casos de Tailandia e islandia. El país asiático ha duplicado el número de turistas tras el devastador tsunami de 2001, y en islandia, el volcán Eyjafjallajökull, cuyas cenizas cerraron el tráfico aéreo europeo en 2010, ha pasado de ser un perfecto desconocido a uno de los destinos turísticos más solicitados de la isla. Al parecer influye en ello la solidaridad, el deseo de ayudar a la recuperación del lugar, y también una curiosidad no exenta de morbo. Esta hipótesis podría ser válida también para Japón. Por el terremoto y sobre todo por el miedo a la radiactividad que escapó de la central de Fukushima, el turismo extranjero descendió en un 60%. De los 8,6 millones (de ellos 44.000 españoles) contabilizados en abril de 2010, se pasó a los 5,15 millones (14.000 españoles) en abril de 2011. Sin embargo los últimos datos de noviembre pasado indican que el descenso ya era sólo del 13%. El turismo en Japón se recupera, pero el país sigue estando muy lejos de España, lo que hace que siga sin ser un destino frecuentado por los españoles. Y es que, como ya dijeron a principios de los 90 No me pises que llevo chanclas: “Miá questá lehos Hapón”. Y lo sigue estando fundamentalmente en tres aspectos. En el geográfico, evidentemente. Pero los 9.000 km. que nos separan podrían paliarse si hubiera vuelos directos. Durante doce años los hubo, concretamente hasta 1998. Cuando en 2007 Japan Airlines (JAL) se incorporó a la alianza OneWorld, a la que también pertenece Iberia, se rumoreó que podrían restablecerse. No ha sido así. También está muy lejos en el sentido económico. Japón es famoso por su alto nivel de vida, pero también por su alto nivel de precios. Al parecer este problema se ha suavizado en cierta medida desde la aparición del euro, no tanto porque Japón rebajase su nivel como porque España elevó el suyo. Las diferencias ahora son menores. Y en tercer lugar esta muy lejos culturalmente. Y esta característica que podría parecer negativa (el turista español podría sentirse desplazado, Lost in Translation, y no comprender lo que le rodea), es quizá uno de los mayores señuelos de Japón. Su exotismo es una singularidad que a poco que los medios de información nos esforcemos en explicar podría tranformarse en un potente atractivo. En resumidas cuentas, hay que acercar Japón a España... y viceversa.

 
De Javier Carrión (el 30/03/2009 a las 11:36:37 en Tailandia)
En Phuket, la isla tailandesa que sufriera el terrible tsunami de 2004, nadie se acuerda, o no quiere acordarse, del desastre natural. La normalidad ha vuelto a la isla, eso sí, salpicada de paneles de color azul con el aviso “Zona de riesgo de tsunami”. Se ven en los lugares más afectados para recomendar a la gente que “en caso de terremoto suba a las zonas más altas o se dirija hacia el interior”. El tsunami regeneró el ecosistema de la isla más grande de Tailandia y ahora luce en todo su esplendor. Conscientes sus habitantes del maravilloso crisol de palmeras, cocoteros, aguas transparentes y playas blancas, les preocupa bastante más la crisis global que también ha llegado aquí como a todo el mundo. Pero el que quiera relax y playas maravillosas no debe dudarlo. Este es y sigue siendo, aunque lo pongan en entredicho algunos como Fernando Sánchez Dragó que aseguran haber “descubierto” la isla en los sesenta, un paraíso para disfrutar del sol, de sus amaneceres y sus atardeceres rojos, las compras, los masajes thai, la GENTE -con mayúscula-… y hasta se puede emular a Roger Moore, el mejor James Bond después del primero y más auténtico Sean Connery, en la isla Ko Tapu, donde rodara en 1974 varias secuencias de “El hombre de la pistola de oro”. Este islote, uno de los muchos que componen el Parque Nacional Marino de Phang-Nga, ha pasado a llamarse “isla de James Bond”, demostrando que el buen olfato publicitario también existe en el mundo asiático. La roca que emerge del agua mide unos 200 metros de alto y sirve de reclamo a miles de turistas que, pacientemente, con sus cámaras digitales posan ante ella…
 


A ratos las nubes tapan el pico del cerro Hauthal (1.501m) y a ratos se desvanecen. Para acabar de empezar el otoño austral de la Patagonia, las montañas tienen todavía bastante nieve. Más abajo la lengua escarpada, voraz, inquieta del Glaciar Perito Moreno aparece como una cenefa de hielo. El silencio es denso, aplastante, sólo comparable al que sigue a un terremoto lejos de las poblaciones. Antes o después de los seísmos todos los animales huyen, los que viven cerca de este glaciar son sigilosos, como el gato montés, el hurón, el huemul, y no digamos el puma o el cóndor. Este último es el único que se deja ver, siempre de paso. Se suponía que en estos hielos eternos no había vida, no es así. En 2005 se descubrió que en pequeñas oquedades habita un insecto de no más de centímetro y medio de longitud parecido a las tijeretas. Se le ha bautizado como “dragón de la Patagonia” y trae de cabeza a los entomólogos pues su hemolinfa contiene un potente anticongelante que, de poderse aislar, sería de gran ayuda en los trasplantes humanos. Pero no es un silencio absoluto, cada pocos minutos se producen desprendimientos de la masa helada. Primero se oye, amplificado, algo parecido a cuando se desgaja con la mano una rodaja de sandía. Es cuando se parte el hielo. Luego, como un seco latigazo. Es cuando cae al agua. Un agua que por fría es muy densa y que forma olas. Contemplo la escena de frente, desde la orilla, sentado en una roca. Si se cayera todo el glaciar de una vez produciría un tsunami que me arrastraría, pero ni se me ocurre pensarlo. Estoy solo, absorto en esta sinfonía de colores: celeste, cobalto, índigo, marino, añil, turquesa, zarco, violeta... de intensidad directamente proporcional a la presión a la que han sido sometidos los cristales del hielo. “Me enveneno de azules”. De repente me ha venido a la cabeza esta película de Francisco Regueiro de principios de los 70, creo. La verdad es que no recuerdo nada de ella aparte del título y una excelente fotografía en tonos azules, claro, del maestro José Luis Alcaine que se adelantó en más de veinte años a la más conocida “Tres colores: Azul” que protagonizaba Juliette Binoche. Estoy solo porque el resto del grupo se ha ido a pasear por la lengua de hielo, una idea que no me agrada. No quiero mancillar con los crampones de mis botas lo que sin duda debe de ser territorio sagrado, como tampoco lo hice en la roca australiana de Uluru, que, por cierto, ahora me doy cuenta de que parece un glaciar de arenisca roja. Allí, a los aborígenes anangu no les gusta que los turistas la huellen bajo sus pies, aquí a los indios tehuelches tampoco les agradaría, si no fuera porque prácticamente han acabado con ellos. Irónicamente, el perito Moreno de carne y hueso (Francisco Pascasio Moreno, 1852-1919) nunca llegó a ver estos hielos aunque anduvo mucho tiempo por aquí como comisionado de Buenos Aires para delimitar las cuestionadas fronteras con Chile. Cuentan algunos guías locales (no se si será una leyenda) que un turista gringo les preguntó en cierta ocasión por el “pequeño perro negro” del parque. “No, aquí no hay perros”, le contestaron. “Sí, sí, yo lo he visto en internet”, insistía el extranjero mientras se lo mostraba en su iPhone. En el traductor on line aparecía “little black dog” como traslación de “perrito moreno”. Se lo juro.

El glaciar Perito Moreno y el cerro Hauthal en la Patagonia argentina (Foto: Pilar Arcos)

 
De Dolores Martínez (el 17/03/2009 a las 11:17:00 en Dubai)
Por fin estamos a los pies del Burj al Arab, el hotel más estrellado del mundo. Y decimos por fin, no porque nos vayamos a alojar en una de sus 202 suites – ya nos gustaría, pero los entre 1.400 y los 24.000 euros que cuesta una noche son razones de peso—, sino porque, al igual que la Torre Eiffel, gana al natural. Impresiona ver que, en efecto, es una vela al viento de 321 metros clavada en una isla artificial en las aguas del Golfo Pérsico.

Admiramos su desafiante arquitectura desde la playa pública de Jumeirah de Dubai, y sólo desde aquí, porque, como gran tesoro, La Torre de los Árabes o Burj al Arab se protege de los curiosos. El paso lo tiene reservado a sus huéspedes, que es lo mismo que decir a millonarios. Sólo ellos caminan sobre granito azul de Brasil, mármol es de Carrara o de Statutario (el que empleó Miguel Ángel es sus esculturas), y bajo techos revestidos de láminas de oro de 22 kilates de la India. O duermen en camas giratorias ante pantallas de cine privado.

En este hábitat de lo superlativo —nos resistimos a llamarlo lujo— se encuentra el único restaurante submarino del mundo, el Al Mahara, del que destaca, más que su cocina, una columna central convertida en un impresionante acuario en el que viven, junto a singulares especies, dos tiburones, lo que permite disfrutar de las fauces del escualo mientras las propias devoran a otros peces, también muy preciados.
Casi por arte de magia, y gracias a un ascensor que se eleva seis metros por segundo, en un instante se alcanza otro de los restaurantes, el Al Muntaha, una torre de vigía de 200 metros de altura, desde la que deben dar ganas de comerse el mundo. Pero para ello es necesario que, cuando se realice la reserva, se insista en que la mesa esté situada en la primera fila, es decir, junto a la gran cristalera, porque, como en el anterior, en el Al Muntaha se disfruta más de la vista que del gusto.
Después de este tránsito por lo superlativo, ponemos los pies en la tierra. Y de nuevo sobre la playa de Jumeirah, donde grupos de extranjeras disfrutan del atardecer al igual que unos nativos de ellas.
Llegada ya la noche, La Torre de los Árabes o Burj Al Arab vuelve a provocar con juegos de colores. La vela cambia del rojo, al azul, al verde, al malva...
Mañana viajamos a otro color, el del desierto



 
De Fernando Pastrano (el 07/06/2010 a las 10:54:14 en China)
He llegado a esta ciudad en barco. Al avistar tierra, primero parecía que me acercaba a una isla dominada por un gran volcán, pero no. Luego vi una fortaleza china que parecía sacada de una película de Zhang Yimou, tampoco. Inmediatamente me encontré ante el Coliseo romano, pero no era Roma; ante la Esfinge, pero no era El Cairo; y en lo que parecía un canal de Amsterdam con sus casas torcidas de inconfundibles fachadas, pero no, no estaba en Amsterdam porque enseguida llegué a Bourbon Street, con sus clubs de jazz, pero tampoco era Nueva Orleans.

Un poco aturdido he recalado por fin en lo que sin duda tiene que ser Venecia. Ved la foto: el canal, la góndola, los gondolieri, el puente, las ventanas ojivales góticas... todo lo delata... pero tampoco. Se trata de Macao, a sólo 65 km. de Hong Kong, antiguo enclave portugués en Extremo Oriente que en 1999 volvió a la soberanía china como Región Administrativa Especial dotada de una gran autonomía.

Desde la liberalización del juego de azar en 2003 (antes era un monopolio de la STDM, Sociedade de Turismo e Diversões de Macau) los casinos han proliferado como hongos hasta alcanzar la cifra, en absoluto definitiva, de 33. Y prácticamente cada uno de ellos va asociado a un hotel y a un centro lúdico, una especie de parque temático, la mayoría reproduciendo una ciudad de cualquier parte del mundo. Me encuentro, claro está, en el Venetian Macao Resort, Hotel & Casino, el casino más grande del mundo, copiado punto por punto del Venetian Las Vegas, y éste a su vez de la ciudad italiana de los canales.

El edifico es colosal, aunque solo tenga tres plantas, pero ocupa un total de 64.000 metros cuadrados (en lo que cabrían aparcados 90 jumbos Boeing 747) con 3.000 suites, 30 restaurantes, 350 tiendas de las mejores marcas mundiales, un centro de convenciones de 110.000 metros cuadrados, un estadio para 15.000 personas y un modernísimo teatro, dotado de los últimos adelantos en movimiento de escenarios, en el que ahora mismo el Cirque du Soleil representa a diario su espectáculo «Zaia».

El casino, el auténtico leitmotiv de todo este tinglado, tiene 870 mesas de juego y 3.500 máquinas tragaperras que no dan abasto. Macao parece no sufrir la crisis internacional. Aquí me dicen que es gracias a una abundante liquidez y a la facilidad crediticia de que disponen los jugadores, la inmensa mayoría procedentes de Hong Kong y otros lugares de China, donde el juego aún está prohibido. Así, el pasado mes de mayo los casinos de Macao registraron unas ganancias record de 17.000 millones de patacas (unos 1.700 millones de euros), cifra que dobla a la del mismo mes de 2009. Desde hace 4 años Macao ha superado a Las Vegas como mayor ciudad de juego del mundo. Aquí estoy tomándome un capuccino macchiato junto al Campanile en plena plaza de San Marcos macaense mientras alguien canta «O sole mio» con acento australiano bajo un cielo azul con escasas nubes, que es en realidad un techo pintado (estamos en un inmenso sótano) un auténtico trampantojo (trompe l'oeil) veneciano que como se descuiden los vénetos superará cualquier día en atracción turística a la citta dell'amore.

Foto: Pilar Arcos.

 
De Fernando Pastrano (el 20/09/2010 a las 10:41:14 en Seychelles)


Acaba de pasar por Madrid el presidente de las islas Seychelles, James A. Michel. No ha venido de turismo, ni de compras, aunque la puerta de su hotel estuviera a sólo diez metros de la de unos grandes almacenes. Se ha reunido con el rey y con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para promover las inversiones españolas en las islas en sectores como las energías renovables (eólicas, “de las que España es una potencia”, nos dijo Michel) o el turismo, así como en impulsar el sector pesquero. Ambos políticos manifestaron su deseo de reforzar y aumentar las inversiones de las empresas españolas turísticas en las Seychelles. El presidente del archipiélago nos dijo que próximamente su país abrirá en Madrid una oficina de turismo y que está trabajando para que se establezcan vuelos directos chárter entre los dos países. Siempre se ha hablado en el extranjero de las Seychelles (y con razón) como de un paraíso turístico. Últimamente, cada vez que los medios se refieren a ese país aparece el problema de la piratería marítima, asunto que ha ocupado buena parte de esta visita. Trasladamos esta cuestión a James A. Michel y nos responde que hay que separar en todo momento ambas cuestiones. Que es verdad que la piratería en aguas del Golfo de Adén es un problema importante y que Seychelles y España tienen que trabajar de forma conjunta para combatirlo. Que ambos gobiernos coinciden en la necesidad de que el problema sea abordado conjuntamente por la ONU, la UE y la OTAN. Pero que las Seychelles es un archipiélago de 115 islas que ocupan una extensión total de 453 km², diseminadas a lo largo de 1.600 kilómetros, más distancia que la que hay entre Madrid y París. Vamos, Michel nos vino a decir que desde las Seychelles no se ven los piratas, que no hay piratas en la costa.

Playa de la isla Denis, una de las mejores de las Seychelles y del mundo. Foto: Pilar Arcos.

Este blog es candidato a la categoría … de los premios Bitácoras. Podéis votar en esta dirección.

 


El nuevo Barceló Saïdia fue inaugurado a mediados de junio, quizá un poco antes de tiempo para aprovechar el verano. Desde entonces, durante un par de meses, fue de boca en boca por los foros de internet. Quizá ha sido el hotel sobre el que más se ha escrito en el recibidor del verano, y no siempre para bien. Por eso, cuando Germán nos dejó en la recepción, inmensa, decorada como un palacio árabe, teníamos más dudas que certezas. Y ya se sabe que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar (Vargas Llosa). En el caso del turismo, como cuando se compra una casa, el rodaje, los meses de funcionamiento, pulen los desperfectos. Sólo que la temporada alta no admite espera. Y aquí estábamos, en agosto, a pleno sol, con el hotel lleno, el examen de Selectividad. La gran apuesta de la excelente cadena Barceló en el nuevo Mediterráneo es un cinco estrellas “todo incluido” lleno de detalles tradicionales árabes en la decoración, con cerámica en los suelos, tonos rosados y rojizos en las fachadas, alfombras, sombras como puertos para descansar, media docena de piscinas, instalaciones amplias, wifi gratis y una construcción a lo ancho y no a lo alto. “Un hotelazo”, nos dijo alguien antes de venir. “Un hotelazo bellísimo”, añadió alguien más. Y es verdad. Una competencia seria para el Mediterráneo español: gran calidad a muy buen precio. Y casi todo ya en funcionamiento, con la ayuda de cuarenta empleados españoles. En el inmenso restaurante sobra comida, con muchas recetas tradicionales de cordero y postres con los que tirar por la borda la operación bikini, más un par de restaurantes bajo reserva, un italiano y el Al-Andalus. Aún falta por inaugurar el snack bar de la playa, por si entra hambre entre horas. Es un kiosco de madera con una espectacular vista sobre el mar y sobre el arenal: catorce kilómetros en los que poder pasear, nadar o disfrutar del sol sin agobio alguno. El hotel tiene una salida directa a la playa y, allí, una zona acotada con hamacas y toallas para sus clientes. En el horizonte cercano, las Chafarinas, vigiladas por militares españoles, en otro tiempo el hogar de la foca monje Peluso. La animación es perfecta para las familias: kid club, zonas de juegos, piscinas con poca profundidad... Incluso por la noche, en el show time, siempre hay un aperitivo cosido con el cancionero infantil. Eso sí, los jóvenes que viajen solos y busquen una fiebre “caribeña” de ron y salsa hasta el amanecer, aquí no la encontrarán. En cambio, las parejas o las familias que prefieran piscina, playa, paz e instalaciones excelentes habrán descubierto un refugio inesperado, rodeado por un campo de golf de dieciocho hoyos, un puerto deportivo situado a dos kilómetros y, de vuelta a la habitación, un spa en el que olvidar el mundo con un masaje bereber y el dulce runrún del agua. El nuevo Barceló ha arrancado, con las peculiaridades de la cultura marroquí en el servicio, pero con los problemas de la línea de salida resueltos.

 

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