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En materia turística parece que se empieza a vislumbrar la luz al final del túnel. Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT) esta actividad creció el año pasado en todo el mundo una media de un 6,7 %.
Los países de economías más avanzadas incrementaron en un 5 % las llegadas de turistas internacionales, mientras que los países emergentes experimentaron una subida de 8 puntos porcentuales. Un ejemplo muy significativo es México cuyo turismo creció de enero a octubre de 2010 un 7,2 %, frente al mismo periodo de 2009. “El primer cuatrimestre de 2010 fue negativo, pero en el segundo y el tercero hubo un repunte fuerte del turismo en México”, ha manifestado al diario mexicano “Reforma” John Kester, gerente del Programa de Tendencias de Mercado y Estrategias de Marketing de la OMT. “Hay recuperación turística en América del Norte (7,8 %) y México se ha aprovechado de esa coyuntura. Creemos que cuando se publiquen los datos de los dos últimos meses de 2010, se confirmará esta tendencia ascendente”, puntualizó Kester.
La violencia ligada al narcotráfico no ha afectado el flujo de turistas que llega al País, pues los visitantes reconocen que los problemas se concentran en ciertas áreas. “En el caso de México, el mercado está familiarizado con el destino y sabe que no todo el país está tocado por la violencia, que los problemas se limitan a ciertas zonas que no suelen ser turísticas. No tiene (la violencia) por qué ser un problema grave si se trata bien”, afirmó. “En el mercado norteamericano, de donde provienen la mayoría de los turistas, la gente conoce México bastante bien, igual que en España, que también saben distinguir, lo que no sucede con otros países emergentes más desconocidos", puntualizó.
Con esta buena noticia bajo el brazo, la secretaria de Turismo (ministra) de México, Gloria Guevara, se ha presentado en Fitur. La
Feria Internacional de Turismo 2011 permanecerá abierta
en Madrid del 19 al 23 de enero. En ella participan 10.500 empresas de la industria turística procedentes de 166 países o regiones. Un dato significativo de este Fitur es el
crecimiento del 3 por ciento registrado en el área empresarial, lo que hace confiar en la recuperación del mercado. La ministra de México, que recibió ayer a la Reina Doña Sofía en el stand de su país, se reunió con el secretario general de la Organización Mundial de Turismo, para explicarle
el objetivo de su gobierno de que en el 2018 México sea una superpotencia turística, es decir, que se encuentre entre los cinco primeros países turísticos.
En la actualidad Francia es el primer país receptor de turismo, seguido de Estados Unidos. El tercer lugar está en disputa entre China, que el año pasado recibió 56 millones de turistas (cifra adelantada por la OMT) y España con 53 millones.
México tuvo en 2010 más de 22 millones de visitantes extranjeros, un 17 % más que el año anterior y la tendencia es al alza. Gloria Guevara expuso al secretario general de la OMT, Taleb Rifai, las tres prioridades que tiene su gobierno en materia turística: Incrementar la competitividad del sector, facilitar el proceso de inversión privada nacional y extranjera, e impulsar zonas turísticas sustentables donde puedan convivir las inversiones con zonas urbanas protegidas.
La ministra también firmó un importante convenio con el director general de Viajes El Corte Inglés, Jesús Nuño de la Rosa, y el director del Consejo de Promoción Turística de México, Rodolfo López Negrete. El acuerdo trata de la campaña
“México 2011” que promocionará el destino para los turistas españoles, que en el último año han aumentado en un 40 % su afluencia al país centroamericano. Nuño de la Rosa, destacó que la campaña de 2011, que cuenta con la colaboración de la aerolínea Aeroméxico y del grupo hotelero Camino Real, es “mucho más ambiciosa” que las anteriores, pues dará mayor presencia a México en los puntos de venta de la agencia y, sobre todo, a través Internet, creando el espacio “Boutique de México”.
FOTO: Acapulco. Foto: Pilar Arcos. En Twitter
@abcviajar.

China no deja de sorprenderme ni un momento. Vuelvo por enésima vez al “Nido” de Pekín, el Estadio Nacional visto y revisto, y me encuentro con
Juan Antonio Samaranch, en figura de cera, eso sí. Este complejo deportivo que debe su apodo a la forma de las vigas de acero que se entrelazan en su exterior, es conocido aquí como “El Orgullo de China”. Fue Premio a la Creatividad otorgado en 2007 por el Museo del Diseño de Londres, y sirvió en 2008 para las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos, además de albergar las pruebas de atletismo y la final de fútbol. Con capacidad para 91.000 espectadores,
después de los JJOO ha seguido generando beneficios, unos 370 millones de yuanes (37 millones de euros), según cifras oficiales. Ha sido el escenario de la Super Copa Italiana, y de grandes espectáculos como la ópera Turandot. Hoy es
el principal atractivo para el ingente turismo interior chino, desbancando del número uno a la Ciudad Prohibida. Ésta recibe diariamente una media de 50.000 visitantes, mientras que al Nido acuden unos 80.000, que sólo por la entrada al recinto (50 yuanes -5 €- por persona) se dejan 4 millones de yuanes (400.000 €). En los bajos de los graderíos “C” me encuentro con una gran sala que parece no haberse acabado de montar todavía. Es un museo olímpico con los objetos más diversos relacionados con los Juegos. Entre todos
destacan las figuras en cera a tamaño natural del los diferentes presidentes del Comité Olímpico Internacional (COI) presididos por la de Juan Antonio Samaranch.
Desde que murió el pasado 21 de abril,
la réplica del que fuera presidente de honor del COI ha visto triplicada la afluencia de visitantes. Conocida la secular costumbre de los chinos de reverenciar a dirigentes, militares y literatos casi como si se tratase de divinidades, incluso levantando en su honor capillas y templos, no extraña que por delante de la figura en cera de Samaranch, sentado en un trono dorado y rojo de emperador, pasen hoy casi más fieles que los que, unos kilómetros más allá, en la Plaza de Tiananmen lo hacen ante el cuerpo embalsamado de Mao Zedong. Y que los de aquí paguen gustosamente 10 yuanes al fotógrafo local por una instantánea junto al “Abuelo Sa”. Y es que “Samalanchi”, como también le llaman, es un gran personaje. En 2009, la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Exterior y la Administración Nacional de Expertos
extranjeros lo eligió como tercer
extranjero en toda la historia con una mayor contribución desinteresada al pueblo chino. Aquí no olvidan que fue una pieza clave para la admisión de China en el COI en 1979 y para la concesión de los JJOO de 2008. “Los chinos son gente que goza de una gran memoria -escribió Samaranch en La Vanguardia en 2008- y que saben mostrar su profundo sentido de la lealtad hacia las personas que en los momentos difíciles han sabido estar a su lado”.
Foto:
Pilar Arcos.
Los turistas españoles somos los segundos más "derrochadores" de Europa, después de los irlandeses, cuando viajan al extranjero. Según hemos descubierto en el último Índice de Precios Hoteleros (HPI®) de Hoteles.com (aunque ya lo sospechábamos), los españoles somos muy generosos o derrochadores (elija usted la palabra que prefiera) en los grandes viajes. Ni siquiera la crisis ha bloqueado la tarjeta de crédito cuando salimos al extranjero. Mientras que países como Dinamarca o el Reino Unido han recortado sus gastos en estos tiempos ásperos, en España mantenemos el ritmo en nuestros desplazamientos largos: 116 euros por cada noche de hotel, sólo un euro menos que en 2009. Todos hemos oído cuando viajamos alguna frase del tipo "ya que hemos venido...": los españoles comen bien, compran, eligen hoteles razonables... Ésta es la lista completa de países y de sus gastos.
Irlanda: 121 euros/noche.
España: 116.
Portugal: 115.
Bélgica: 112.
Austria: 112.
Holanda: 108.
Francia: 108.
Noruega: 107.
Alemania: 106.
Dinamarca: 103.
Finlandia: 103.
Suecia: 102.
Reino Unido: 102.
Estas son las cifras en el extranjero. En casa, en cambio, somos bastante menos espléndidos. Cuando nos quedamos dentro de nuestras fronteras, sólo gastamos 87 euros (el año pasado, 88). En otros países sucede al contrario. Los noruegos, por ejemplo, gastan 107 euros en sus desplazamientos largos mientras que invierten 123 euros cuando se quedan en su país.

Días de vino y sombras. Días de mucho calor, incluso cuando ya se están enfriando las ascuas del mundial de fútbol. La ola africana ha dejado paso a tormentas de verano en Galicia. Es lo suyo. La verdad es que
bajo los toldos de una terracita de la plaza de La Leña de Pontevedra uno ni se entera del bochorno. Con una copa de albariño bien fresquito en la mano y unos mejillones al vapor, comprados esta misma mañana en el Mercado Municipal, no hay calores que valgan. Debo de reconocer que yo era de los que decían que “El mejor blanco… es un tinto”, que "El vino blanco no es vino", quizás influido por la sabiduría popular ("Lo bebo tinto y lo orino blanco, ¡será milagro!"), o por la religión ("Vino tinto, sangre de Cristo. Cuanto tiempo hace que no te he visto, y ahora que te veo, Gloria in excelsis Deo"), pero voy cambiando de idea. Todo cambia. Los vinos españoles han cambiado mucho en los últimos años, porque han cambiado mucho las técnicas de los viticultores.
Ya casi no hay rincón de España que no tenga al menos un vino de buena calidad. Y Galicia, volcada en sus blancos (es lo suyo), no es la excepción.
Los vinos de Galicia ya son apreciados en el exterior. En España y en el
extranjero.
Uno de los últimos elogios ha aparecido en "Los Angeles Times", que destaca que el renacimiento de los blancos españoles parte de Galicia. Sólo una pega, sus precios están "a la altura de los de Borgoña".
Las aerolíneas norteamericanas United Airlines escogieron en exclusividad un vino de Martín Códax (el Burgáns 2008) para regar la fiesta que dieron en Los Ángeles tras la pasada entrega de los Óscar. Y por si esto fuera poco, Robert Parker, el gurú internacional del vino, el dios de los taninos, acaba de asegurar en una de sus popularísimas columnas de la revista Wine Advocate, que él mismo dirige, que los vinos blancos gallegos son las estrellas emergentes en el panorama vinícola internacional. Fiándose de su catador en España, Jay Stuart Miller, ha puntuado con notas muy altas los caldos de la Ribeira Sacra.
Parker ha incluido un blanco gallego,
el ribeiro Viña Leiriña 2008 con 91 puntos, entre los diez mejores vinos españoles de menos de 20 dólares la botella. También ha dado 92 puntos al ribeiro blanco Gran Leiriña en una categoría de mayor precio. Podemos decir sin temor a equivocarnos que los blancos gallegos están ya a la altura de los Borgoña, los Riesling o los Chardonnay.
El calor de este año beneficia a la maduración de las uvas de zonas septentrionales, por lo que se auguran unas vendimias extraordinarias en toda Galicia que seguramente darán un vino con un excelente equilibrio entre la acidez y la dulzura de la fruta. Y para que todo el mundo pueda conocerlo, la Sociedad de Imagen y Promoción Turística de Galicia,
Turgalicia, participa en un programa de cooperación internacional con socios portugueses para la puesta en marcha de las
Rutas de los Vinos de Galicia y Norte de Portugal. El proyecto se integra dentro del
Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza España-Portugal, y es cofinanciado por los fondos europeos hasta un 75% del presupuesto total de 1.443.333 euros. En esta iniciativa están integrados cómo socios Turgalicia, la Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (Agader), el ayuntamiento de Ribadavia y la Comissão de Viticultura da Região Vinhos Verdes de Portugal.
Cualquiera de
los bares de La Plaza de la Leña de Pontevedra puede ser un buen punto de partida para esta ruta que recorre las denominaciones de origen Rías Baixas, Ribeiro, Valdeorras, Ribeira Sacra y Monterrey en Galicia, y Vinhos Verdes en el norte de Portugal. ¡Quién dijo calor!
Foto: Puesto de pescados y mariscos en el Mercado Municipal de Pontevedra.
Pilar Arcos.

Uno debe de confesar que le dan un poco de envidia los tunecinos. Hartos de la política partidista y mezquina que nos rodea en España, reconforta ver la alegría, la ilusión, la esperanza y el interés con el que se encara el presente y se busca el futuro en Túnez. Me recuerda a nuestra querida e idolatrada Transición.
Libertad, seguridad, tranquilidad, pulgares hacia arriba... han sido los conceptos más repetidos en una presentación del “nuevo” turismo tunecino que acaba de realizarse en Madrid. Mientras hablaban en el estrado Fernando Valmaseda, director general de RV Edipress, y Leila Tekaia, directora de la Oficina Nacional de Turismo de Túnez (ONTT) para España y Portugal, se proyectaron una serie de diapositivas sobre el país magrebí que reflejaban los tópicos del turismo en aquel país, playas, bazares, comidas...
Sin embargo dos imágenes se salían de lo normal. La que mostraba una pintada en una calle de Túnez que decía “¡Vive la liberté!” y otra parecida, pero en inglés: “Thank You Facebook”. Y es que Túnez da las gracias a Facebook por haberle servido de vehículo para llevar a buen puerto la Revolución de los Jazmines que estalló el pasado mes de Enero y acabó con el régimen autocrático de Ben Alí. “Antes -dijo Tekaia- un acto como este lo teníamos que organizar con meses de antelación. La actual libertad de Túnez nos permite hacerlo solo unos pocos días antes”.
El turismo es el gran motor de Túnez. Representa el 7% del PIB y podría llegar al 14%. De él vivían y trabajaban más de 400.000 tunecinos, el 12% de la población activa, pero el miedo por la desinformación de la mayoría de los turistas
extranjeros ha hecho que descienda la actividad turística y que unas 50.000 personas de este sector hayan ido al paro.
Pese a todo, “Túnez no está en guerra”, repetía Valmaseda y corroboraba Tekaia, aunque les consta que en algunas agencias de viajes españolas así se lo han dicho a posibles turistas que buscaban información. La revuelta, ya pasada, no afectó directamente “ni a un solo turista”. “Estamos haciendo limpieza en nuestra casa -aseguraba la directora de la ONTT- y pedimos a los países amigos que nos ayuden a conseguirlo”. En lo que va de año, el turismo europeo ha descendido en Túnez entre un 45 y un 50%. Pero
los españoles parecen más miedosos que los demás y sólo han viajado a este país el 20% de los que lo hicieron el año pasado. Esto se explica porque el turista español es en un 80% excursionista, es decir, no se queda encerrado en el hotel y la playa adyacente y le gusta hacer excursiones por el desierto o los pequeños pueblos. Según se puso de manifiesto en la presentación, el objetivo de cara a la temporada de verano y a largo plazo no es otro que mostrar a tour operadores, futuros visitantes y, a la sociedad en general, que Túnez es seguro, tranquilo y acogedor.
Que el país sigue siendo un destino en el que se pueden encontrar playas de ensueño, restos arqueológicos de múltiples culturas, amplia y variada oferta gastronómica, talasoterapia, windsurf, golf, amenos y típicos festivales, pero también se puede encontrar un pueblo que da la bienvenida a turistas, como siempre ha sido, y que ahora además vive en un clima de paz, armonía, libertad y democracia. ¡Enhorabuena, Túnez!
Leila Tekaia, directora de la Oficina Nacional de Turismo de Túnez (ONTT), junto a una fotografía con una pintada que dice “Gracias Facebook”. FOTO: PILAR ARCOS
Turismo y redes sociales, viajes e internet. El año pasado Navarra pergeñó una campaña excelente con imágenes colgadas por los usuarios de Flickr. La llamaron "Maneras de vivir", y ahí siguen con ella, igual de fresca, con fotografías tomadas por turistas anónimos. En esta edición de
Fitur ha sido Turespaña la que ha mirado a internet. Esta mañana han presentado la campaña "Spain, a country to share", que se resume en una idea: son los usuarios de las redes sociales los que "venden" España con sus comentarios en
Facebook, sus vídeos en
YouTube, sus apuntes en
Twitter. Los responsables de la idea han comentado entusiasmados que la página de Facebook ya suma 4.000 fans en menos de un mes, lo que da idea del potencial de distribución de pistas y sentimientos de este canal, para que cada viajero encuentre un hilo del que tirar, una playa especial, un restaurante que no hay que perderse, una puesta de sol... Las campañas de Turespaña en el
extranjero siempre han tenido fama por su calidad e impacto, por su estilo para sumar la imagen general de España con las locales de cada región o ciudad. Que esta vez hayan apostado por zambullirse en las venas de internet para hacer llegar su mensaje es pues, además de una noticia, una tendencia... Veremos otros ejemplos en próximos meses.
Facebook de
ABC VIAJAR.
Entre todos los tipos de turismo existentes el “turismo de guerra” es uno de los más sorprendentes.
Al turista le mueven muchas cosas a la hora de viajar. Una de ellas es sin duda el morbo. Visitar lugares donde se han producido crímenes, catástrofes, incluso guerras tiene un atractivo especial para algunos. En España hay en marcha rutas que recorren zonas significativas de la guerra civil, como
la “Ruta de las Trincheras” de Sarrión (Teruel) o la “Ruta Orwell” en Alcubierre (Huesca). En Normandía hay visitas guiadas para conmemorar el desembarco aliado del “Día D” (6 de junio de 1944), y los campos de concentración de Auschwitz acogen turistas como si de un siniestro parque temático se tratase. En Vietnam los excombatientes norteamericanos de la guerra (1964-1975) hacen cola ante la entrada de los famosos túneles de Cu Chi, y en Mostar (Bosnia) viajeros en grupo disparan sus cámaras uno tras otro frente a los edificios sin restaurar de las afueras.

Recientemente se ha dado un paso más, una novedad,
ya no solo se visitan los lugares en los que ha habido guerras, sino en los que el conflicto todavía no ha acabado. Y es que otra de las cosas que mueven al turista (cada día más) es el riesgo. Hay riesgos inofensivos, clásicos, como el de echarse a la carretera con lo puesto; riesgos más o menos controlados, como los llamados “deportes de aventura” y su versión más cañera, “deportes extremos”; y el culmen: el turismo de guerra en plena guerra. Hace poco, un reportaje de una televisión danesa mostraba a unos turistas desde lo alto de una colina observando tranquilamente mientras se bebían un refresco como era bombardeada Gaza.
La prestigiosa editorial
Lonely Planet ha publicado dentro de su colección de guías de viaje (la biblia para muchos viajeros) una dedicada a Afganistán. Según su autor, Paul Crammer, especialista en el mundo islámico, el libro está dirigido a las personas que van a trabajar a Afganistán (trabajos humanitarios, ONG), pero lo cierto es que cada día son más los turistas aventureros (en el sentido más estricto de la palabra) que la compran para orientarse en ese país en el que, según el manual, “el mayor riesgo es que te atropelle un coche”. Y no es la única guía, ya en
2003 Dominic Medley publicó “The Survival Guide to Kabul” (Ed. Bradt) Aunque cueste creerlo, el turismo está renaciendo en Afganistán. Ya existen un par de agencias de viajes en la capital, como la Afghan Logistics & Tours, que regenta Muqim Jamshady, un experto guía. Incluso en Bamiyán, donde los talibanes volaron en 2001 las gigantescas estatuas de Buda talladas en la montaña, se nota la reactivación económica y turística.
Hiromi Yasui, un japonés que viajó por primera vez a Afganistán como fotoperiodista en 1996, ha abierto allí el hotel Ruta de la Seda desde cuyas habitaciones se tiene una vista inmejorable de los huecos donde antes estaban las imágenes budistas y donde pronto se volverán a alzar gracias a la ayuda de la Unesco. “Bamiyan is different” (¿les suena?) es el eslógan escogido por las autoridades locales que se quejan de en el
extranjeros solo hablemos de las “cosas malas” que pasan en su país y del desconocimiento internacional que hay sobre el mismo.
Por eso, exposiciones sobre Afganistán como la que se acaba de inaugurar en Madrid sobre ese país son un instrumento muy valioso para comprender mejor lo que está pasando en esa “Tierra de los Jinetes”. Reveladoras imágenes tomadas en Kabul, Kandahar, Mazar-e Sarif, Herat, Jalalabad y Kunduz, entre otras ciudades, algunas de ellas censuradas en su día por los talibanes, y expuestas en
Casa Asia, Carrera de San Jerónimo, 15. Entrada libre.
PIE DE FOTO: Pareja de pastunes. Foto censurada por los talibanes. De François Fleury
En Twitter: @abcviajar

Nadie hace cola en la calle, pero lo más habitual es no encontrar libre ni uno de los cien asientos con que cuenta el restaurante “Bian Suo”, en el norte de la ciudad de Taipei. Por fuera podría parecernos una hamburguesería más, pero nada más entrar notamos la diferencia.
Las mesas son en realidad bañeras cubiertas por una tapa de cristal y las sillas son auténticos retretes con la tapa bajada. “Bian Suo” significa literalmente “váter”, aunque en inglés hayan dulcificado la traducción como “The Modern Toilet”, una cafetería en la que las servilletas son rollos de papel higiénico y los platos pequeños inodoros o bidés de cerámica.
Las comidas alcanzan formas muy sugerentes, llevándose la palma el postre de mouse de chocolate con forma de pirámide en espiral. Solo le faltan las moscas.
Sin embargo este culto a la escatología naíf no es repugnante, puede, eso sí, que sea empalagoso con una estética entre Hello Kitty y Barbie que hace furor entre los quinceañeros taiwaneses. Esta bien podría ser una de
“Las cien cosas más divertidas que se pueden hacer en Taiwán”, título de un concurso que se ha puesto en marcha en internet para promocionar el turismo en aquella isla y dar a conocer las actividades que más les gusta hacer allí a los
extranjeros ya sean turistas o residentes.
El concurso, organizado por Evergreen Internacional Corporation y
tealit.com, y patrocinado por la Oficina de Turismo de Taiwán, cuenta con un premio principal de 50.000 NT$ (unos 1.300 euros), un segundo premio de 40.000 NT$ (unos 1.000 euros) y tres terceros de 25.000 NT$ (unos 650 euros).
Los extranjeros residentes en Taiwán o los visitantes que quieran participar en el concurso deberán escribir un artículo sobre las cosas más divertidas que a su juicio se pueden hacer en Taiwán y colgarlo
en esta página web. Los textos pueden ir acompañados de fotografías o vídeos, y serán votados por quienes visiten la web y evaluados por un grupo de expertos. La fecha límite para colgar los artículos es el 10 de febrero de 2011. Serán seleccionados 50 finalistas. Los resultados se darán a conocer el 21 de febrero.

A los hombres que gustan de las mujeres vestidas de cuero (porque huelen a coche nuevo) también les gustarían los ascensores de La Mamounia. Por lo mismo. Por ese cuero repujado y nuevo (de hace un año). Por ese olor.
Porque el legendario hotel levantado en 1922 por los arquitectos Henri Prost y Antoine Marchisio es otra vez único. Y el arquitecto e interiorista Jacques García ha vuelto a las esencias. Con todo su lujo desparramado en la inmensidad horizontal del establecimiento.
Tanto La Mamounia como el Royal Mansur (los dos del Rey) basan parte de su exclusividad en la artesanía marroquí integrada con el wifi, la mejor lencería, las chanclas Hawaianas o el spa de Shiseido (ambas fruslerías en La Mamounia). Aunque quizá hoy Churchill habría sido capaz de encontrar otro lugar “encantador” en Marrakech. Y Hitchcock podría haber filmado la cena de Doris Day y James Stewart en otro hotel. Incluso Carmina Ordóñez podría haber elegido otro. Porque la oferta del lujo en Marrakech está a la altura de Londres. Pero
se tiene la impresión de estar en otro mundo tras dos horas de vuelo. Es verdad que Marrakech es accesible para todo tipo de turista. Que la oferta de riads es considerable, que el pijerío de la cosmopolita ciudad roja es asequible. Se puede disfrutar yendo al Grand Café de la Poste y sentir que la gente es la misma que en L’Avenue de Paris. Luego pasar por la Medina y la plaza Jmaa El Fna y volver al riad.
A uno de los muchos que extranjeros enamorados de la ciudad han convertido en hoteles con encanto. La Mamounia también tiene riads. Tres. Con mayordomo y piscina. Y La Sultana es la unión de cinco riads en la Kasbah. Una saga literaria. Cada riad un tomo; cada habitación, un capítulo. Pequeño, delicioso y con lo mejor de la tradición. Por el contrario,
el Bab Hotel, en Guéliz, es moderno. Blanco, de diseño, sin artesonados, minimalista (lo que Sister Parish llamaría tacañería). Cerca del centro pero en un parque de ocho hectáreas, Es Saadi. Una inmensidad con tres hoteles en uno. Entre ellos,
Es Saadi Villas, donde se han alojado Catherine Deneuve o Sigourney Weaver. Y en el Palmeral, la nueva joya del lujo asiático en África:
el Mandarin Oriental Jnan Rahma. El Versalles del Magreb. Antes de la inauguración ya lo hemos visto en ‘Sexo en Nueva York 2’. Un espanto. La película. El cine que ha hecho atractiva La Mamounia en ‘El hombre que sabía demasiado’ no ha hecho atractivo el Mandarin. ¿Pero quién se resistiría?
En la Medina. La Mamounia. El
legendario hotel, reinaugurado hace un año, aúna lujo, tradición y chic. Hasta los pasillos, con un fotógrafo por planta, merecen la pena.
En la Kasbah. La Sultana.
Cinco riads convertidos en uno de los ‘Small Luxury Hotels’ que recomiendan las modelos internacionales. Lo mejor, la terraza. 360 grados al esplendor de la ciudad de Marrakech.
En el Palmeral. Mandarin Oriental Jnan Rahma. El último en llegar. Lujo asiático, del excesivo, a los pies del Atlas. Entre lo más destacado, el templo de yoga para practicar en grupo o en privado con un maestro yogui.

La noche se disfruta en la planta 63 del hotel
The Address, en el corazón del Dawntown Burj Dubai, donde, según dicen se encuentra el kilómetro cuadrado más exclusivo del mundo. Allí arriba, en un hábitat tecnoculto, toman whisky de malta o brindan con Moët jóvenes ejecutivos que horas antes mantenían el tipo en sus sillas «Vitra» pese a oír, un días más, las caídas de las bolsas de Nueva York o Singapur. Nos recomiendan este templo de la noche dubaití dos glamurosas ejecutivas y la verdad es que el consejo no defrauda. Para alcanzarlo hay que tomar dos ascensores que aterrizan en un espacio de granito negro con cuarzo reflectante que imita con magnífico gusto al firmamento; quizá porque lo tenga más cerca que la tierra. El bar se llama «Neos», una contracción de las palabras griegas nuevo y amanecer, y sus vistas de 360 grados son espectaculares, como no podían ser de otra forma. Desde las ventanas que van del techo al suelo, y sin más protección que la del cristal, se contempla el rascacielos Burj Dubai, aunque para descubrir toda su altura aún hay que lanzar más la vista al cielo. Aquí acude la «gente guapa» de Dubai y huelga decir que la práctica totalidad de los consumidores —en este país sólo se sirve alcohol en los hoteles a precios similares a los de España— son
extranjeros mientras se pueden contar con los dedos de una mano los nativos, hombres y sólo hombres, acompañados por guardaespaldas. Dubai permanece abierta hasta el amanecer...

Bajo un gran forillo que representaba el Palacio del Potala,
emblema universal del Tíbet, el Conjunto de Cantos y Danzas de esa Región Autónoma inauguró en el Teatro de Madrid la
“Semana de la Cultura Tibetana de China 2010”, auspiciada por la Oficina de Información del Consejo de Estado de China, el Gobierno Popular de la Región Autónoma del Tíbet y la Embajada China en España. Presentación que se repetirá en Valencia donde la “semana” se prolongará hasta el 25 de noviembre. Fundado en 1958,
este grupo de bailarines y cantantes de primera línea está compuesto por unos 180 artistas de los cuales una treintena se ha desplazado hasta España. Folclore de colores chillones y música extraña al oído occidental. El público madrileño agradeció alguna interpretación hispana, como “La Paloma”, habanera de Sebastián Iradier, que sonó muy familiar en la flauta del solista Tseten.
Folclore pastoril y acrobático, modernizado, poco fiel a la tradición pero que sirve perfectamente para introducirnos en un mundo cada día menos lejano y misterioso gracias al creciente turismo internacional. Durante los tres primeros trimestres del 2010, llegaron al Tíbet
5,8 millones de viajeros, según la agencia Xinhua (Nueva China), lo que supone un incremento de un 24,5 % con respecto al año anterior. Esto se debe tanto a la política de promoción del Tíbet como a la
primera línea ferroviaria inaugurada en 2006 y al buen funcionamiento de los cinco aeropuertos de la región: Lhasa, Nyingchi, Qamdo, Ngari y Xigaze. En plena crisis internacional, China espera que el número de turistas que visitan el Tíbet alcance los 6,5 millones al acabar el año. Para completar esta introducción a la cultura del “Techo del Mundo”, se ha programado también la exposición fotográfica “
Paisajes de la Tierra Nevada” en el Círculo de Lectores de Madrid (Calle O´Donnell, 19), en la que se exhiben más de 80 obras de conocidos fotógrafos chinos y
extranjeros y más de 30 “tankas”, pinturas tradicionales budistas realizadas sobre rollos de tela. Asimismo, un grupo de tibetólogos se reunió con chinos residentes en Madrid en la Asociación de Chinos de Ultramar. Phurbu Tsering, vicepresidente del Instituto de Administración de la Región Autónoma del Tíbet y presidente de la delegación, habló de la modernización del Tíbet. Agradeció esta intervención Ye Yulan, presidenta de la Asociación de Chinos de Ultramar de España, quien señaló que gracias a actos como este “podremos explicar mejor lo que es el Tíbet a nuestros amigos
extranjeros”. El día 16 tuvo lugar en la Facultad de Medicina de la Universidad Europea de Madrid una conferencia en la que se explicaron las teorías básicas de la medicina tibetana, para algunos tan diferente de la tradicional china como de la occidental. En la presentación de la semana, el viceministro de la Oficina de Información del Consejo de Estado de China, Dong Yunhu, señaló que “las gentes de esa tierra (Tíbet) son grandes amantes de la vida, y han creado una cultura que supone una de las perlas de la nación china". Por su parte, el presidente de la
Asociación de Amigos de China, Jesús Osuna Sanz, dijo que los españoles tendríamos que ver al Tíbet “con cariño”, ya que fue un español, el viajero y escritor navarro Benjamín de Tudela (1130-1173), quien habló por primera vez del Tíbet en Europa. El embajador de China en España, Zhu Bangzao, indicó que las actividades de esta semana “desvelarán la belleza de esta joya de la civilización china y facilitará el conocimiento de esta región en España”.
La Semana de la Cultura Tibetana, fundada en 2001, tiene como objetivo mostrar al mundo un panorama del Tíbet por medio de eventos artísticos y culturales. Hasta la fecha se ha realizado en Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Bélgica, Tailandia, Italia, Dinamarca, Austria, Rusia y Hong Kong.

Anda estos días por España una delegación de representantes del Gobierno Metropolitano de Tokio, dirigida por Hideki Yokoyama, tratando de promocionar el turismo a esa ciudad, que es tanto como decir al Japón. Tenían que haberlo hecho hace un año pero el terremoto del 11 de marzo lo desaconsejó. Casi once meses después se ha podido realizar gracias a la labor de Taeko Ueda, de la
Oficina de Representación Turística de Tokio, que funciona en Madrid desde 2006. Según algunos expertos, como el portal de búsqueda de viajes Skyscanner, al contrario de lo que pudiera parecer,
los desastres naturales tienen un efecto positivo en el turismo que visita esos países. Se suelen citar los casos de Tailandia e Islandia. El país asiático ha duplicado el número de turistas tras el devastador tsunami de 2001, y en Islandia, el volcán Eyjafjallajökull, cuyas cenizas cerraron el tráfico aéreo europeo en 2010, ha pasado de ser un perfecto desconocido a uno de los destinos turísticos más solicitados de la isla.
Al parecer influye en ello la solidaridad, el deseo de ayudar a la recuperación del lugar, y también una curiosidad no exenta de morbo. Esta hipótesis podría ser válida también para Japón. Por el terremoto y sobre todo por el miedo a la radiactividad que escapó de la central de Fukushima, el turismo
extranjero descendió en un 60%. De los 8,6 millones (de ellos 44.000 españoles) contabilizados en abril de 2010, se pasó a los 5,15 millones (14.000 españoles) en abril de 2011. Sin embargo
los últimos datos de noviembre pasado indican que el descenso ya era sólo del 13%. El turismo en Japón se recupera, pero el país sigue estando muy lejos de España, lo que hace que siga sin ser un destino frecuentado por los españoles. Y es que, como ya dijeron a principios de los 90 No me pises que llevo chanclas: “Miá questá lehos Hapón”. Y lo sigue estando fundamentalmente en tres aspectos. En el geográfico, evidentemente. Pero los 9.000 km. que nos separan podrían paliarse si hubiera vuelos directos. Durante doce años los hubo, concretamente hasta 1998. Cuando en 2007 Japan Airlines (JAL) se incorporó a la alianza OneWorld, a la que también pertenece Iberia, se rumoreó que podrían restablecerse. No ha sido así. También está muy lejos en el sentido económico.
Japón es famoso por su alto nivel de vida, pero también por su alto nivel de precios. Al parecer este problema se ha suavizado en cierta medida desde la aparición del euro, no tanto porque Japón rebajase su nivel como porque España elevó el suyo. Las diferencias ahora son menores. Y en tercer lugar esta muy lejos culturalmente. Y esta característica que podría parecer negativa (el turista español podría sentirse desplazado, Lost in Translation, y no comprender lo que le rodea), es quizá uno de los mayores señuelos de Japón.
Su exotismo es una singularidad que a poco que los medios de información nos esforcemos en explicar podría tranformarse en un potente atractivo. En resumidas cuentas, hay que acercar Japón a España... y viceversa.

A ratos las nubes tapan el pico del cerro Hauthal (1.501m) y a ratos se desvanecen. Para acabar de empezar el otoño austral de la Patagonia, las montañas tienen todavía bastante nieve.
Más abajo la lengua escarpada, voraz, inquieta del Glaciar Perito Moreno aparece como una cenefa de hielo. El silencio es denso, aplastante, sólo comparable al que sigue a un terremoto lejos de las poblaciones. Antes o después de los seísmos todos los animales huyen,
los que viven cerca de este glaciar son sigilosos, como el gato montés, el hurón, el huemul, y no digamos el puma o el cóndor. Este último es el único que se deja ver, siempre de paso. Se suponía que en estos hielos eternos no había vida, no es así. En 2005 se descubrió que en pequeñas oquedades habita un insecto de no más de centímetro y medio de longitud parecido a las tijeretas. Se le ha bautizado como “dragón de la Patagonia” y trae de cabeza a los entomólogos pues su hemolinfa contiene un potente anticongelante que, de poderse aislar, sería de gran ayuda en los trasplantes humanos.
Pero no es un silencio absoluto, cada pocos minutos se producen desprendimientos de la masa helada. Primero se oye, amplificado, algo parecido a cuando se desgaja con la mano una rodaja de sandía. Es cuando se parte el hielo. Luego, como un seco latigazo. Es cuando cae al agua. Un agua que por fría es muy densa y que forma olas. Contemplo la escena de frente, desde la orilla, sentado en una roca. Si se cayera todo el glaciar de una vez produciría un tsunami que me arrastraría, pero ni se me ocurre pensarlo. Estoy solo, absorto en esta sinfonía de colores: celeste, cobalto, índigo, marino, añil, turquesa, zarco, violeta... de intensidad directamente proporcional a la presión a la que han sido sometidos los cristales del hielo. “Me enveneno de azules”. De repente me ha venido a la cabeza esta película de Francisco Regueiro de principios de los 70, creo. La verdad es que no recuerdo nada de ella aparte del título y una excelente fotografía en tonos azules, claro, del maestro José Luis Alcaine que se adelantó en más de veinte años a la más conocida “Tres colores: Azul” que protagonizaba Juliette Binoche. Estoy solo porque el resto del grupo se ha ido a pasear por la lengua de hielo, una idea que no me agrada.
No quiero mancillar con los crampones de mis botas lo que sin duda debe de ser territorio sagrado, como tampoco lo hice en la roca australiana de Uluru, que, por cierto, ahora me doy cuenta de que parece un glaciar de arenisca roja. Allí, a los aborígenes anangu no les gusta que los turistas la huellen bajo sus pies, aquí a los indios tehuelches tampoco les agradaría, si no fuera porque prácticamente han acabado con ellos. Irónicamente, el perito Moreno de carne y hueso (Francisco Pascasio Moreno, 1852-1919) nunca llegó a ver estos hielos aunque anduvo mucho tiempo por aquí como comisionado de Buenos Aires para delimitar las cuestionadas fronteras con Chile. Cuentan algunos guías locales (no se si será una leyenda) que un turista gringo les preguntó en cierta ocasión por el “pequeño perro negro” del parque. “No, aquí no hay perros”, le contestaron.
“Sí, sí, yo lo he visto en internet”, insistía el extranjero mientras se lo mostraba en su iPhone. En el traductor on line aparecía “little black dog” como traslación de “perrito moreno”. Se lo juro.
El glaciar Perito Moreno y el cerro Hauthal en la Patagonia argentina (Foto: Pilar Arcos)

El Mediterráneo no es sólo un mar ni un universo geográfico y, si me apuran, tampoco únicamente una cultura. El Mediterráneo es, antes que otra cosa, una forma de concebir la existencia que supone la presencia del mar y de una cultura singular. No es tampoco una dieta, sino una forma de enfocar el ludismo. No es un espacio físico, sino una abstracción sensorial. No es una fe, es un instinto. Pero es, sobre todo, en mi opinión, una expresión casi literaria de fe en la vida. «Yo nací entre la miseria y la luz», escribía Albert Camus. Y entre la miseria y la luz, como en toda la obra de Camus, en el Mediterráneo siempre ganó la luz. ¿Qué otra forma de optimismo vital hubiera podido alumbrar esa gran conquista humana que es la democracia?.
Hayas nacido en Cairo, en Alicante, en Izmir, Creta, Mallorca, Argel, Trieste, Chipre, Split, Beirut, Venecia o Marsella, no serás
extranjero en ninguna tierra mediterránea. Y aunque no hables italiano, croata, árabe, turco o francés, hay algo que te hará entenderte con todos quienes viven en las cercanías de ese mar, porque lo que prima en todos ellos es una manera de concebir la vida. Yo camino por los puertos del Mediterráneo, con las manos en los bolsillos, igual que lo haría un marinero nacido en Fenicia, crecido en Sicilia y contratado por un barco francés. Y la gente me saluda en veinte idiomas. Nunca he sido un extraño en Grecia, ni en Italia, ni el sur francés, ni en las costas de Túnez, de Argelia, de Marruecos, de Siria o de Egipto. El Mediterráneo se extiende más allá de sus costas. Yo creo que París es casi tan mediterránea como Barcelona,
Cádiz tan mediterránea como Estambul y desde luego que lo es Madrid. ¿Quién mide cuáles son las fronteras espirituales del más viejo de los mares? No hay que olvidar, de todos modos, como escribía Fernand Braudel, que en este universo «lo plural siempre se opone a lo singular: hay diez, veinte, cien Mediterráneos y cada uno de ellos está a su vez subdividido».
Por lo mismo, el Mediterráneo podría tener muchos símbolos. Yo me quedo con ese perfil mordido por los siglos del Partenón de Atenas, que levita en los aires, a la orilla del mar, como una nave de piedra, cual si fuera la nave de Peter Pan.

Situada
en el noroeste de la región autónoma Zhuang de la provincia de Guangxi, Guilin, la principal de las localidades bañadas por el incomparable río Li, ronda actualmente el millón de habitantes. En España –y seguramente en el resto de Europa- no dudaríamos en catalogarla como un gran núcleo urbano. Pero estamos en China y aquí es otro el rasero. “Sí, para nosotros es una población pequeña”, nos confirma el Sr. Zhang, guía e intérprete local de la China Internacional Travel. “Guilin”, añade, “no es ni mucho menos como Harbin”.
Y es que el Sr. Zhang, alias Cristóbal –versión españolizada de su intraducible nombre asiático-, como nos ha autorizado a llamarle, es oriundo de Harbin, activa metrópoli que sobrepasa los seis millones de almas, allá en la lejana Manchuria. “La población de mi ciudad es precisamente la cifra estándar de las grandes capitales de China; tengan en cuenta que somos un país con 1.300 millones de personas”, concluye. Y uno, imbuido por el tópico de
una Manchuria fría y desértica por donde cabalgaban las hordas de Gengis Khan, experimenta serias dificultades para poner imagen a esta Harbin desmesurada, moderna y hormigueante que se empeña en pintarnos.
Pero hablábamos de la “pequeña” Guilin y de su grande –grandioso sería el término apropiado- reclamo turístico:
el Lijiang (río Li). Otrora capital de la provincia de Guangxi –en 1914 la ciudad de Nanning le arrebató tal condición-, Guilin tiene 2.110 años de historia y una naturaleza peculiar constituida por verdes colinas jorobadas, ríos y lagos de aguas claras, enormes cuevas calcáreas y bellísimos roquedales. Con semejante patrimonio natural y cultural no resulta tan extraño que en 1981 el gobierno de Pekín la pusiera, mediante decreto, bajo protección especial, nada menos que junto a tres de las “grandes”: Pekín, Hangzhou y Suzhou En China lo resumen con un proverbio:
“Las colinas y los ríos de Guilin son los mejores bajo el cielo”. Y, ciertamente, no es ninguna hipérbole. En su mismo centro, el Pico Duxiu (Belleza Única), conocido como
“el Pilar nº 1 del sur de China”, se erige en inestimable atalaya, tiesa y campaniforme cual lomo de dragón petrificado. Y en la confluencia de los ríos Li y Taohua, la colina de Xiangbi (Trompa de Elefante) –cuyas calizas forman una espaciosa bóveda sobre las aguas que puede asemejarse, en efecto, a uno de tales proboscídeos sorbiéndolas con su apéndice nasal- es el símbolo de Guilin. Pero a donde apunta en este caso el citado proverbio es a una atracción que no es añadida, sino sustancial y de cuento de hadas. Porque entre Guilin y Yangshuo, el río Li culebrea por un paisaje kárstico sin igual, un caos de domos calizos desiguales y con aspecto antediluviano, verdadero prodigio de la naturaleza, a no dudar uno de los lugares más hechiceros de cuantos existen en el mundo. “Cien millas del Lijiang, cien millas de galería de arte”, insiste otro refrán. Y es que este paraje excepcional ha inspirado, antaño y hogaño, a bardos, vates y pintores. Han Yu, el gran poeta de los tiempos de la dinastía Tang, escribió acerca del Lijiang: "El río serpentea como una cinta de seda azul, mientras las colinas, erectas como horquillas de verde jade, se complacen en su abrazo”.
Debido a su apabullante belleza escénica el Lijiang va camino de convertirse en un destino estelar del turismo mundial. Así que, ante todo, un consejo: se debe visitar cuanto antes. La recomendación va especialmente dirigida a quienes gusten de viajar por países a los que la industria turística aún no ha conseguido atiborrar de lugares comunes, platos o danzas típicas y demás estigmas de la masificación a granel. Actualmente, los barcos que en tres o cuatro horas recorren los 62 kilómetros entre Guilin y Yangshuo comienzan a perseguirse unos a otros por las aguas corriente abajo. Con todo, el impacto humano todavía es moderado y no merma en el ambiente ese encanto, por completo insustituible, de lo virginal. Pero ¿por cuánto tiempo más?
La colina de los Cinco Dedos, la de la Serpiente Fluvial, el pico del Verde Loto,
la roca de la Mujer Anhelante (de que su esposo retorne), la restinga del Manto Amarillo, el farallón de los Nueve Caballos… Las curiosidades y las sorpresas se suceden sin interrupción en este desfile de rutilantes senos de la madre tierra, original laberinto de súbitas verticalidades lujuriantes de verdor.
Y de este modo arribamos a Yangshuo, final del trayecto. En esta última década, la afluencia anual –en aumento- de visitantes ha mutado la tradicional y milenaria fisonomía agrícola de esta villa (sus arrozales, amén de sus peculiaridades orográficas, aparecen en los billetes de 20 yuanes) por la moderna y actual de un mercadillo al aire libre. Lo cual ha generado una insólita amalgama cultural, de la que Cristóbal nos da una pincelada:
“Nosotros decimos ahora que Yangshuo es una aldea global, porque aquí los chinos hablan otros idiomas y los extranjeros hablan el chino”.
Pues para nosotros Yangshuo es parada… y compras (que no fonda). En su cada día más famosa calle Xijie –mil metros de longitud por ocho de anchura- los estilos oriental y occidental se reparten por igual entre sus edificios, bares, posadas, cafeterías y tiendas diversas. Otro tanto podemos afirmar de los artículos en venta:
los puestos que exhiben preciosos juegos de té, figurillas de buda y fulares de seda alternan con los que ofrecen mochilas y prendas alpinas de Goretex o relojes de imitación de marcas caras a precios irrisorios.
Entretanto, los viejos pescadores locales, sombrero cónico de juncos trenzados en la cabeza y percha de bambú sobre los hombros, se pasean ociosos por el muelle. Llevan sus cormoranes, que durante años adiestraron en la captura de presas en el río, posados en sendos extremos de la percha. Ambos, hombres y aves, desempeñan hoy otro oficio menos laborioso y más lucrativo:
dejarse fotografiar por los visitantes a cambio de algunos yuanes. A veces éstos les solicitan la percha –con los cormoranes, por supuesto- para ejercer de estrafalarios protagonistas de la instantánea de turno. Y uno, si está atento, sorprende el gesto digno de los ancianos marineros al cedérsela con resignación no exenta de la beatífica sonrisa oriental.

Buenos Aires a finales del verano austral está radiante de sol otoñal.
Ciudad ideal para pasear y a la vez imposible de recorrer a pie. Ideal por la belleza "europea" de sus calles, por la amabilidad de sus gentes. Imposible por las enormes distancias entre muchos de sus 48 barrios habitados por tres millones de personas que llegan a los 13 si contabilizamos a todos los que deambulan a diario por el Gran Buenos Aires. Barrios con nombres tan familiares hasta para los que nos los conocen como
Chacarita, Recoleta, La Boca, San Telmo. Precisamente por San Telmo me he dado una vuelta hoy. Ese San Telmo de calles adoquinadas que fue en su día el origen de la ciudad porteña. Y me he sentado un rato en el banco que está entre las calles Chile y Defensa con una jovencita llamada Mafalda. No es de carne y hueso, sino una escultura-cómic del personaje de Quino, que vivió muy cerca de allí. Pero la sensación era la de un dejá-vu, algo familiar. Imposible no recordar con añoranza cuando en los años 70 esperábamos con impaciencia la aparición periódica de los libritos de Lumen con las tiras de esta niña y su familia (
Guille, Manolito, Felipe y Susanita) y a los que la dictadura franquista obligó a colocar una banda que decía "Para adultos". Con la lagrimita intentando salir he seguido por el barrio y he ido a parar a lo que fue un antiguo almacén y hoy es un restaurante-tanguería repleto de turistas
extranjeros. A mí (siempre lo he reconocido) me gusta ser turista, también viajero. Se complementan.
El Viejo Almacén es ese sitio en el que en 1978 la Reina Doña Sofía pidió que le cantaran Cambalache, "El que no llora no mama y el que no afana es un gil". Hoy nadie ha interpretado ese tango, pero sí un buen repertorio de los más clásicos. ¡Qué sería sin Buenos Aires sin los tangos! Esa música arrabalera que nació a finales del s. XIX. Y qué sería de nosotros, los turistas de la ciudad rioplatense, sin locales como el Viejo Almacén que es, como dice la letra de la canción de la que tomó su nombre,
"Donde van los que tienen perdida la fe".

Acaba de pasar por Madrid el presidente de las islas Seychelles, James A. Michel. No ha venido de turismo, ni de compras, aunque la puerta de su hotel estuviera a sólo diez metros de la de unos grandes almacenes. Se ha reunido con el rey y con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para promover las inversiones españolas en las islas en sectores como las energías renovables (eólicas, “de las que España es una potencia”, nos dijo Michel) o el turismo, así como en impulsar el sector pesquero. Ambos políticos manifestaron su deseo de reforzar y aumentar las inversiones de las empresas españolas turísticas en las Seychelles.
El presidente del archipiélago nos dijo que próximamente su país abrirá en Madrid una oficina de turismo y que está trabajando para que se establezcan
vuelos directos chárter entre los dos países. Siempre se ha hablado en el
extranjero de las Seychelles (y con razón) como de un paraíso turístico. Últimamente, cada vez que los medios se refieren a ese país aparece el problema de la piratería marítima, asunto que ha ocupado buena parte de esta visita. Trasladamos esta cuestión a James A. Michel y nos responde que hay que separar en todo momento ambas cuestiones. Que es verdad que la piratería en aguas del Golfo de Adén es un problema importante y que Seychelles y España tienen que trabajar de forma conjunta para combatirlo. Que ambos gobiernos coinciden en la necesidad de que el problema sea abordado conjuntamente por la ONU, la UE y la OTAN. Pero que las Seychelles es un archipiélago de 115
islas que ocupan una extensión total de 453 km², diseminadas a lo largo de 1.600 kilómetros, más distancia que la que hay entre Madrid y París. Vamos, Michel nos vino a decir que desde las Seychelles no se ven los piratas, que no hay piratas en la costa.
Playa de la isla Denis, una de las mejores de las Seychelles y del mundo. Foto: Pilar Arcos.
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