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Gipuzkoa Turismo y San Sebastián Turismo, se han dado cita conjuntamente en un hotel de Madrid para promocionar su oferta de turismo gastronómico. La que será capital europea de la Cultura en 2016, y la única provincia que cuenta con 16 estrellas Michelín –entre las que figuran ilustres nombres como Arzak, Aduriz, Berasategui y Subijana–, han expuesto ante la prensa especializada en viajes y turismo sus atractivos culinarios como esa “pequeña alta cocina” que son los pintxos; las tradicionales sidrerías, profundamente enraizadas en la cultura rural vasca; los museos gastronómicos, que permiten realizar un recorrido por los principales productos de la provincia; o el prestigioso Basque Culinary Centre de reciente creación, donde la innovación, la formación y la investigación hacen de la comida un auténtico arte.

A la presentación asistieron el Director de Relaciones Externas y Turismo de la Diputación Foral de Gipúzcoa, Roke Akizu, y el Jefe de Unidad de Promoción Turística de la institución foral, Xabier Eleizegi. Por la capital donostiarra, acudieron el Director de San Sebastián Turismo, Manu Narváez, y la Adjunta a Dirección, Isabel Aguirrezabala. Roke Akizu, resaltó la tradición gastronómica de la zona y aseguró que “en cualquier rincón, en cualquier valle de Guipúzcoa, podemos encontrar caseríos, restaurantes y sidrerías donde degustar los platos típicos de la tierra, elaborados a partir de materia prima de excelente calidad”.

Por su parte, Manu Narváez enumeró algunas de las propuestas que el visitante puede encontrar tanto en San Sebastián como en el resto de la provincia. Así recordó que, junto con París, Donostia es la única ciudad del mundo que alberga tres restaurantes con estrellas Michelín. También hizo mención al ambiente de las sidrerías que “ofrece una forma diferente de abordar la gastronomía y relacionarse con las personas que se dan cita en torno a la kupela o barrica de sidra”. “Todo estos recursos -añadió Narváez- se han articulado en escapadas gastronómicas concretas que ofrecen al visitante infinitas posibilidades, para todo tipo de bolsillos, a la hora de descubrir la gastronomía de Guipúzcoa y San Sebastián”.

Las rutas tienen distintos precios, desde 175 euros, con dos noches de hotel, a 75 en un itinario centrado en la zona de pintxos.

Foto: Roke Akizu y Manu Narváez durante la presentación (Foto: P. Arcos)

 
Es el barco de crucero más grande del mundo. Más largo que tres campos de fútbol y con una altitud de 65 metros por encima del nivel del mar. A bordo caben más de 8.000 personas. Pero por lo que destaca es por divertido. Se llama Oasis of the Seas y es la nueva joya de la corona de la naviera Royal Caribbean, una de las compañías más potentes en el sector de los cruceros. Estos días realiza una de sus primeras travesías en las aguas que bañan la costa de Florida. El próximo 5 de diciembre de 2009 realizará el que será su viaje inaugural. Zarpará de Miami, a donde regresará cinco días después, tras haber recorrido exóticos y deliciosos parajes caribeños.

 

La vida a bordo de este coloso de la diversión, construido en unos astilleros finlandeses, en latitudes mucho más frías que las que ahora surca orgulloso, es de lo más placentera y entretenida. Más si uno piensa en lo económico del pasaje básico para embarcar. Por un precio que oscila en torno a los 700 euros, se pueden pasar cinco noches en régimen de pensión completa. En el Oasis no hay tiempo para aburrirse porque hay infinidad de actividades y una amplia oferta lúdica. Saunas y spa, espectáculos teatrales, bares abiertos todo el día, música en vivo y clubes nocturnos, tiovivos, una tirolina con la que volar por encima de la cubierta superior, una piscina enorme en la que hay olas para hacer surf... Por increíble que parezca, aquí cabe de todo.

 

Un día típico comienza con un desayuno opíparo en el Solarium Bistro, un lugar en el que, deleitándose con la contemplación del horizonte marino, se pone uno a tono con un buffet libre de frutas, cereales, tortitas, huevos revueltos, bacon crujiente y salchichas ahumadas, De allí, bien entonado, la mejor opción es bajarse a alguna de las piscinas y jacuzzis que salpican la cubierta de este navío. Ahí puede uno hacer tiempo y beber cuanto quiera en cualquiera de las terrazas, que las hay y muchas. Para comer la oferta también es amplia. En el Oasis hay restaurantes de todo tipo y condición. Aquí se puede degustar desde cocina japonesa hasta italiana.

 

En la construcción de este titán de las vacaciones participaron más de 3.000 operarios. Su inmensidad desprende un aluvión de records. Cuenta con la piscina más profunda en alta mar, la pista de jogging más larga, el único tiovivo original hecho a mano... La inversión realizada por la compañía propietaria supera los 1.400 millones de dólares, una cantidad, que, pese a la crisis económica que todavía hoy lastra la economía mundial, los responsables de Royal Caribbean confían en amortizar rápidamente. Saben que el sector de las vacaciones en cruceros es de los pocos que sortea con con bien los vientos de la difícil coyuntura económica. El número de cruceristas no para de crecer. Viajando y disfrutando en el Oasis of the Seas, no extraña.

 
De Fernando Pastrano (el 09/02/2012 a las 17:30:39 en Taiwan)


Dice un proverbio que “Los chinos comen todo lo que tiene cuatro patas y no es una mesa, todo lo que vuela y no es un avión, y todo lo que nada y no es metálico”. Algunos malvados han llegado a incluir que también “todo lo que tiene dos patas y no es un familiar”. Como con todo lo relacionado con China, en Occidente lo primero que pensamos es: “¡Qué barbaridad! ¡Cómo son los chinos!”, sin recordar nuestro refrán “Todo lo que corre, nada o vuela... a la cazuela”. Y es que no somos tan diferentes. Lo que los aforismos indican es que tanto la gastronomía china como la española son muy antiguas y utilizan todo tipo de ingredientes.

En China todo es milenario, la cocina también, y hay que distinguir entre la sencilla comida cotidiana y la rebuscada gastronomía imperial. La gente normal (muchos han pasado mucha hambre) comía lo que podía, como en todas partes, y solían ser platos muy simples. Pero los emperadores, gobernantes absolutos, eran bastante caprichosos y exigían platos originales, diferentes. No era extraño que si el gerifalte no quedaba complacido mandase cortar la cabeza del cocinero. Así que solían rompérsela antes de que se la rebanasen y creaban platos rebuscados. Muchos de ellos han llegado hasta nuestros días, aunque muy pocos se puedan comer en un restaurante normal.

La verdad es que en España hay pocos restaurantes chinos de calidad, incluso hay quien cree que no hay ninguno. Y es que sus propietarios (alguno conozco) van a lo seguro, y lo seguro es una cocina adaptada a nosotros, aunque no sea muy auténtica que digamos.

Antes decían que el problema era la materia prima, difícil de traer desde China. Pero desde que Amsterdam se convirtió en el hub (distribuidor) para las tiendas chinas europeas, ya no sirve esa escusa. Si hay buenos restaurantes chinos en Londres, París o Roma, ¿por qué no en Madrid?

Petit Saigón, en Madrid, es uno de los mejores. Forma parte de la cadena del Tse Yang (hotel Villa Magna), Café Saigón, Le Dragón y Furama. Pero incluso en su página web podemos leer que trabajan la cocina cantonesa, sichuanesa y pequinesa “adaptada al gusto europeo”.

Pues en el Petit Saigón se ha celebrado el Festival de Gastronomía Taiwanesa, acto que también sirvió para presentar en sociedad el sitio de internet Cultura Culinaria en Taiwán una página en siete idiomas, entre ellos el español.

En Taiwán la gastronomía, como todo lo demás, es fundamentalmente de origen chino. A la isla Formosa llegaron en 1949 los seguidores de Chiang Kai-shek, procedentes de todas las provincias chinas. Mutatis mutandis es como si Franco hubiera perdido la guerra civil y se hubiese establecido en Mallorca con sus tropas procedentes de toda España. Esto convirtió a Taiwán en un auténtico crisol de las culturas chinas, incluida la gastronómica, solo comparable a Hong Kong.

En el festival, inaugurado por el representante de Taiwán en España, Javier C. S. Hou, se nos sirvió un menú largo (como todos los banquetes chinos) compuesto por una docena de platos más postres elaborados por el chef ejecutivo del Grupo Saigón, el hongkonés Chiu Kam-hoi, residente en España desde 1979, que nos fue presentado como uno de los mejores cocineros chinos de Europa y el mejor de España. Lo demostró, salvo por el exceso de sal en casi todos los platos, algo que sin duda hizo a propósito para agradar a los paladares españoles.

En el menú destacó el estofado de col china (bei tsai lo), la lubina al vapor (qingzheng feiyu), que en Taiwán se hace con pez volador, y el cerdo Dongpo (nombre de un poeta clásico, algo así como si aquí existiera un codillo Lope de Vega), mítico puchero de Hangzhou con una receta que data de la Dinastía Tang (618-907). Este era el plato preferido de Mao Zedong (aunque los amigos de Taiwán no lo digan) y el mío (con perdón). Todo ello regado con té oolong semifermentado, sin duda el mejor de Taiwán y para mí uno de los mejores del mundo.

Foto: El chef Chiu Kam-hoi muestra sus habilidades con el wok, aunque el hornillo sea plano (Foto P. Arcos)

 
De Fernando Pastrano (el 22/10/2010 a las 17:27:19 en Portugal)


“Quien duerme una noche conmigo / es mi secreto / pero si insisten les digo / el miedo vive conmigo”. Este fado que popularizase la inconmensurable Amalia Rodrigues suena mágico en la cálida noche del Algarve, a sólo 85 km. de Huelva. Subo por la Rúa da Galera, la antigua judería de la localidad de Tavira, y ya casi he llegado a la pousada que ocupa los recintos del antiguo convento agustino de Graça. Allí he quedado para cenar con unos amigos y la voz de la fadista de nuevo se abre paso por el aire obscuro con olor a alecrín. Ya en el comedor, antiguo refectorio con artesonados del s. XVII, la joven cantante solaza a los turistas con la inevitable “É uma casa portuguesa, com certeza! / É, com certeza, uma casa portuguesa!” Ana Marques, 28 años, es una de las nuevas voces del fado portugués, una de las mejores. Atrás quedó la vieja generación de la Rodrigues, Alfredo Marceneiro y Fernando Farinha. Incluso sus sucesores como Maria Teresa de Noronha, Lucília do Carmo y su hijo Carlos do Carmo. Ahora el fado de calidad se llama Mariza, Camané, Mafalda Arnauth... Y ya están ahí, empujando con fuerza, Vanessa Ferreira y Hélder Coelho, por ejemplo, pero sobre todos está Ana Marques, una garganta privilegiada y un sentimiento hondo. No en vano nació en Lagos, en pleno Algarve, la Andalucía portuguesa. Y sus rasgos, incluso su acento, no pueden ser más andaluces-morunos. Me cuenta Ana que su vocación por el fado fue tardía, que hasta los 18 años no se decidió. Que antes tocaba los teclados con un grupo de música pop y que le daba mucha vergüenza cantar en público. Hoy ya ha publicado su primer disco de fados: “Alma e voz”. Habla un “portuñol” más que aceptable, durante unos cuantos años trabajó para una empresa de muebles de cocina con negocios en España y hablaba a menudo por teléfono con ellos. Domina -me dice entre risas- el vocabulario de las encimeras, los tiradores, los cajones, las bisagras... Vuelve a reír, siempre ríe, mientras se acaricia con coquetería los pendientes de filigrana de oro típicos de Nazaré. Le gusta veranear en La Manga, en Los Alcázares, donde el mar no es tan bravío como en este finisterre del Cabo de San Vicente. Reverencia a Amalia, admira a Mariza y le gusta la voz de Isabel Pantoja. Apuramos una copa de tinto del Duoro -temperatura amibiente, por la voz- mientras me canta bajito “Desde Ayamonte hasta Faro se oye este fado por las tabernas...” intentando recordar la letra completa de “María la Portuguesa” de Carlos Cano, otra de sus debilidades. Ana Marques, desde hoy mismo, es una de las mías.

FOTO: Ana Marques en la Pousada de Tavira. Por Pilar Arcos.

 
De Juan Francisco Alonso (el 29/06/2011 a las 14:07:24 en Viajar)
Hoteles sin lloros. Sin gritos. Hoteles para ir en pareja, o con amigos, pero en cualquier caso sin niños. Los “Adult Only” crecen como la espuma en las cuatro esquinas del mapa turístico. En España, en el Caribe, en la playa y en las ciudades. En realidad, la moda del “solo adultos” se corresponde con la diversificación de la oferta, con el cuidado de todos los públicos, los más numerosos -famalias, sol y playa-, y los pequeños, los que buscan una mezcla de paz, wellness, cenas románticas y dulces sorbos de felicidad.

MALLORCA O FUERTEVENTURA
El Barceló Illetas Albatros (Illetas, Calviá) se acaba de reconvertir a la fórmula “Adults Only”, tras una inversión de seis millones de euros que han servido para darle una vuelta al hotel. Todas las habitaciones tienen colchón doble, sábanas de algodón blanco de 200 hilos, TV de pantalla plana, WiFi gratis, ducha tipo raindance y diseño en blancos y gris, y, en las habitaciones superiores, bañeras dobles de hidromasaje. El spa tiene vistas al mar. Para el el verano han preparado sesiones de DJ´s, showrooms de moda, desfiles y fiestas en la piscina. Barceló tiene otro hotel similar en la playa de Jandía, Fuerteventura, el Barceló Jandía Club Premium.

IBIZA
El Ushuaïa Ibiza Beach Club se halla junto a la playa d’En Bossa, y mezcla el ambiente de DJ’s, música y chicas/os guapas/os, junto a un arenal excelente. Entre las instalaciones del hotel, una piscina de agua dulce en forma de lago en la terraza y otra tipo río que serpentea entre los jardines. El Ushuaïa está pensado para aficionados a la música, para participar en sus sesiones o incluso para grabar sus propias mezclas en un estudio insonorizado, para amateurs o profesionales. 

TENERIFE
Abama Golf & Spa Resort, complejo hotelero de gran lujo en Tenerife, acaba de poner en marcha sus villas “sólo para adultos” con servicios VIP. Estas villas se encuentran alejadas del edificio principal, rodeadas de jardines botánicos, bajando por la ciudadela principal hacia el océano. Además de disfrutar de las mismas comodidades que en las habitaciones de la ciudadela, esta exclusiva calle de Villas dispone de acceso a una piscina exclusiva, vistas al Atlántico desde las habitaciones del piso superior, cama con dosel y, en algunas, un techo alto e inclinado con vigas expuestas. Tienen servicio completo de habitaciones, así como un “buggy” para desplazarse por el complejo.

DE JAMAICA A BRASIL
La cadena Iberostar también ha desarrollado una línea “solo para adultos”, para mayores de catorce años, con dos hoteles específicos en Mallorca (El Hotel Jardín del Sol y el Royal Cupido), uno en Gran Canaria, y otros siete de la categoría Grand Collection en Jamaica, Dominicana, Cuba, México, Brasil y Tenerife. En todos los casos, los hoteles están pensados “solo para dos”, desde los postres en un “sensual cornet” hasta la zona de spa y wellness, o las actividades deportivas para practicar en pareja.

DOMINICANA
Las playas de arena blanca de Punta Cana, esas con las que soñamos los días malos de invierno, acogen el nuevo NH Royal Beach, un resort “todo incluido” con un servicio personalizado “solo para adultos”. En la provincia dominicana de Altagracia, frente a tres kilómetros de blandas dunas en Playa Bávaro, este hotel cuenta con 369 enormes habitaciones y cuatro espectaculares suites, de 118 metros cuadrados, todas con terraza. En el centro de wellness encontramos apetecibles tratamientos de estética y salud: aromaterapia, masajes, “rituales de agua”... y clases de yoga, taichí y meditación. En la misma isla, el Majestic Elegance Club se dirige igualmente a los adultos, “sin ninguna excepción”.

DE MADRID A BALEARES
Meliá llama, como sus competidores, a los adultos. Acaba de lanzar una propuesta para enamorados: el hotel ME en Madrid, en colaboración con Bijoux Indiscrets y sus productos de diseño erótico, que estarán en todas las suites. ME busca viajeros con un gusto especial por el arte y el diseño, por la cocina y la música internacional. Una nueva filosofía presente en sus establecimientos de Madrid, Barcelona, Cancún, Cabo San Lucas (México) y, pronto, Londres y Viena. Sol Meliá tiene cuatro hoteles en España reconvertidos a la fórmula “Adults Only”. El Meliá de Mar, en la idílica cala de Illetas (Mallorca), se acaba de reinventar este año, transformándose en hotel para mayores de 15 años. Todas las habitaciones tienen cafetera Nespresso, base para el iPod, teléfono inalámbrico... Además, las llamadas “The Level” incluyen otras prestaciones como el “check in” privado en la habitación, acceso gratuito al YHI Spa, servicio diario de bar y snaks en el lounge privado o camas balinesas en el área chill out privada de la piscina. El Sol Ibiza, el Sol Menorca y el Sol Cala Blanca tampoco admiten niños.

(En Twitter, @jfalonso, @abcviajar)

 
De Alberto Sotillo (el 29/06/2009 a las 13:43:41 en Galicia)
A Lugo capital hay que venir con niebla. Levantarse temprano y llegar hasta la muralla para verla envuelta en ese cendal de nubes que echan a correr sobre las almenas como fantasmagóricos atletas. Los lucenses rinden culto a su nebulosa muralla romana con la convicción de que, si un día cayera, sería el fin del mundo. El fin del mundo de los lucenses. En Lugo es inimaginable la vida sin una muralla romana, recorrida por los románticos espectros de la niebla a primera hora de la mañana, y sin el aperitivo a mediodía de su calle de los vinos. Es el ciclo de la vida de la ciudad: uno amanece sobrecogido de misterio ante los nebulosos espectros la capital, pero a mediodía contempla cómo sale el sol y las tiendas se animan... y hay que salir a celebrarlo con los amigos: a tomar unos vinos y dejarse regalar las mejores tapas de España en la rúa Nova y la plaza del Campo. «Y para comer, Lugo», dice su lema turístico. Con razón. Asediada cada brumosa mañana por trasgos y espectros, el lucense siente necesidad de amarrarse a tierra con el culto a la buena cocina, a la sólida repostería, a la lenta tertulia a media tarde en la Plaza Mayor. Como si temiera correr el destino de Castroforte del Baralla, la quinta provincia gallega imaginada por Torrente Ballester, que igual descendía a tierra que levitaba y desaparecía entre las nubes.
 
De jfalonso (el 22/12/2010 a las 13:23:04 en Viajar)


Verano en isla Mauricio
En realidad, siempre es verano en el Índico, aunque agosto es el mes más frío y tormentoso del año. Nuestro invierno es su verano, cuando la isla se parece más a esa postal idílica con la que todos soñamos los días grises. Allí acaba de reabrir sus puertas (en noviembre) el Trou aux Biches Resort, tras una reforma completa que ha durado dieciocho meses. Es un hotel amplio, de 337 habitaciones, situado a pie de una de las mejores playas del noroeste de la isla, con opciones para todas las necesidades: para parejas (habitaciones junior suite, algunas con piscina privada, terraza y acceso a la playa) o familias, villas de dos o tres habitaciones que son residencias privadas con las ventajas de tener al alcance de la mano los servicios generales de este gotel de la cadena Beachcomber. No hay vuelo directo, y el paquete con cualquier agencia no suele ser barato (a partir de 2.000 euros), pero todos los sueños tienen un precio.

Relais&Chateaux llega a Santiago
A Quinta da Auga es el nuevo hotel de la cadena Relais & Chateaux en España. La familia de Lorenzo García descubrió esta fábrica de papel del siglo XVIII, rodeada por el río Sar, y decidió restaurarla en 2003. Se halla a dos kilómetros del centro de Santiago de Compostela, y cuenta con cuarenta y cinco habitaciones, todas decoradas de forma distinta con antigüedades y obras de arte. Su restaurante Filigrana elabora una cocina tradicional gallega basada en los mejores productos de temporada. 981 534 636.

Dormir en un árbol
Uno de los lugares más originales en los que pasar el fin de año o cualquier otro día. Tree Hotel, en Harads (Suecia), surge de una colaboración única entre algunos de los principales diseñadores y arquitectos de Escandinavia para crear un concepto de vivienda singular y divertida. Este hotel ha abierto sus puertas este año y consta de seis “habitaciones” totalmente diferentes en diseño y forma. Los huéspedes escuchan el susurro del viento al pasar por las copas de los árboles, el olor a bosque, el cantar de los pájaros cuando despierta el día.

Un crucero en los Mares del Sur
El Pacífico Sur (Tahití, Moorea, Bora Bora), el paraíso al que huyeron exploradores y navegantes como James Cook o pintores como Paul Gauguin, es otro de esos horizontes que merece la pena ver al menos una vez en la vida. El Royal Princess, un barco pequeño, de 710 pasajeros, realizará trece cruceros por esta zona hasta la primavera de 2011. Uno de ellos sale el 29 de este mes del puerto de Papeete, con once días de navegación por delante. La Penthouse Suite con balcón cuesta 3.699 euros, aunque también se pueden encontrar camarotes con balcón desde 900 euros por persona (más 279 euros de tasas). El viaje incluye dos días completos en Bora Bora. 

El barco más grande del mundo
Acaba de salir de los astilleros y de ser inaugurado oficialmente en Miami. El Allure of the Seas, de Royal Caribbean, es el nuevo crucero más grande del mundo, con 16 cubiertas, capacidad para 5.400 pasajeros en 2.700 camarotes y organizado en siete vecindarios diferentes. Este barco alternará itinerarios de siete noches en el Caribe occidental (con escalas en Haití, Jamaica y México) y el Caribe Oriental (con paradas en Bahamas, St. Maarten y St. Thomas) con salida desde Port Everglades en Fort Lauderdale, Florida. El fin de año estará en el Caribe oriental. 



Cerca de Salvador de Bahía
Una novedad en la Reserva Natural de Imbassí, a 45 minutos de Salvador de Bahía. Fiesta Hotel Group inauguró a primeros de noviembre un “todo incluido” cinco estrellas, el primero de la compañía en Suramérica, en un entorno de postal, naturaleza y playas vírgenes, bañado por el mar de la Costa dos Cocqueiros y atravesado por el río que le da nombre. 

Placeres de invierno en Bruselas
En Europa, a final de diciembre, hace frío, pero sus estampas de la Navidad tradicional, de los mercadillos, de olor a gofres, compensa el abrigo y la bufanda. Hay mercadillos en casi todas las ciudades, y quien los descubre suele volver. Esta vez elegimos Bruselas, el corazón de Europa, que pone en marcha un programa bautizado como “Plaisirs d'Hiver”, hasta el 2 de enero. Decoración específica, 240 puestos en el mercado de Navidad, iluminación y animación en la calle y, por supuesto, su famosa pista de patinaje de más de sesenta metros de largo (precio, 6 euros la hora; niños, 4). En Gante, por cierto, la pista de patinaje está abierta hasta el 16 de enero.

Cien años de la Gran Vía
Este año, como bien sabemos, la Gran Vía madrileña celebra su centenario. Uno de sus símbolos arquitectónicos más famosos es el edificio Carrión, construido por Alberto Feduchi, creador también del InterContinental Madrid en 1953. Para celebrar la ocasión, este hotel ha preparado una Gala Especial Aniversario de la Gran Vía con música en vivo y sorpresas de Año Nuevo. Los chefs han preparado un menú de seis platos, que incluye delicias como foie gras, lubina y solomillo. Precio de la Gala de Nochevieja, sin alojamiento: adultos, 450 euros; niños, 146; cotillón, 175. Información: 91 700 73 71.

Noche chic, en Biarritz
Para esta propuesta hay que sacar de nuestro armario lo mejor de lo mejor. El fantástico Hotel du Palais, miembro de “The Leading Hotels of The World”, nos traslada al ambiente chic y selecto de las fiestas que celebraban la realeza europea y las estrellas del cine a finales del XIX. Y como telón de fondo, la ciudad de Biarritz, que iluminará la noche con espectaculares fuegos artificiales. El menú lo elabora el chef (estrella Michelin) Jean Marie Gautier. El precio está a la altura de las circunstancias: cena de gala, 550 euros por persona. 

El menú del Gers, foie-gras
Gimont, Seissan, Samatan, Fleurance… Desde noviembre hasta marzo los mercados de los pueblos del departamento del Gers, al sur de Francia, venden productos de foie caseros. La gente acude para comprar foie-gras enteros o caparazón de pato sin hígado. Estos mercados son únicos en Francia. El Gers presume de su foie-gras y otros productos nobles sacados del pato y de la oca, criados al aire libre y con maíz. Una tradición que nos permite saborear los aromas de una cocina gascona sorprendente por su inventiva.

Suiza: glaciares, esquí y Churchill
La postal blanca no puede faltar entre los planes de fin de año. Nos vamos al glaciar Aletsch para descubrir una lengua de hielo de veintitrés kilómetros. Es una autopista blanca que zigzaguea entre las altas cumbres del conjunto de montañas Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn, en el sur de Suiza. Desde el mirador de Bettmerhorn, a tres mil metros de altura, este inmenso glaciar alpino se nos antoja una especie en peligro de extinción. Los glaciares son masas de hielo formadas por la compactación de la nieve. Un bellísimo prodigio de la naturaleza, incluido por la Unesco en su listado de Patrimonio de la Humanidad. En los alrededores, las estaciones de Zermatt o Sass Fee. Y para dormir, el Pro Natura Zentrum Aletsch alquila las habitaciones de la residencia Cassel, donde se alojó Winston Churchill. En las afueras de Riederalp.

 
De Javier Jayme (el 29/05/2009 a las 11:55:40 en Argentina)


Dónde. ESTANCIA VILLA MARÍA EQUESTRIAN & GOLF STATES - RESORT Av. Pereda s/n – Máximo Paz (1812) – Ezeiza – Buenos Aires – Argentina Oficina de reservas, tel.: +5411 6091 2064 info@estanciavillamaria.com

Saliendo de Buenos Aires en autobús y tras 45 minutos de recorrido por autopista hacia el Sur, llegamos a Villa María. La entrada a la estancia se realiza a través de un camino asfaltado, orillado a derecha e izquierda por árboles altísimos y de lujuriante frondosidad. Viniendo del tráfago y del ajetreo urbano de la capital, el corto paseo bajo esta casi centenaria bóveda vegetal se nos antoja un bálsamo para nuestros sentidos, un apacible y bucólico preludio a la visión de cuento de hadas, inesperada por chocante, que nos aguarda a su término: la del edificio principal, imponente y majestuosa construcción en estilo Tudor con revestimiento de ladrillo a la vista, aditivos normandos en las cubiertas y detalles neogóticos en las puertas y en las arcadas ojivales. Nuestras miradas suben por las fachadas hasta toparse con los largos faldones de tejas planas, de color terracota, enriquecidos con múltiples lucernas, chimeneas y hasta con una torre solitaria. En suma: nos hallamos ante una suerte de orgulloso sucedáneo, pongamos por caso, del célebre castillo de Balmoral en tierras escocesas... ¡Rayos y truenos! Pero ¿estamos o no estamos en Argentina?

Josefina Cayol, la actual propietaria -una rubia dorada de mediana edad, porte refinado y modales sosegados- nos recibe en los bien arreglados jardines, frente a la escalinata central, dispuesta a iniciarnos en las bondades de su soberbia mansión. “El propósito de desarrollar un lifestyle resort de lujo”, comienza diciéndonos nuestra anfitriona, mientras nos ofrece unos refrescos en el espacioso vestíbulo –cielo raso con vigas de madera expuestas, amplios sofás de época, suelo con losas blancas y negras en damero-, “se consolidó a fines del 2007, gracias al apoyo de Fiducia Capital Group, una compañía dedicada a invertir y desarrollar negocios de real estate world class; se trata del primer proyecto de este tipo llevado a cabo en Argentina”.

Conservando su estilo centenario, fiel reflejo de la tradición ganadera pampeana, Estancia Villa María subió velozmente los escalones del éxito. Josefina nos informa de que su fundador, Vicente Pereda, adquirió las tierras en los últimos años del siglo XIX con fines agropecuarios. Al poco tiempo, Villa María era ya el primer centro de reunión de cabañeros, antecedente de la Sociedad Rural Argentina. En 1919, su hijo Celedonio construyó la casa actual como residencia de verano con planos del célebre arquitecto Alejandro Bustillo, el cual respetó la usanza de la aristocracia porteña, empeñada en levantar sus villas extramuros en estilos pintorescos. Una constante en las obras de este maestro constructor fue su especial sensibilidad para capitalizar las bondades de cada paisaje. A este respecto, Villa María no es una excepción; su planta, muy alargada, prioriza la idea de proporcionar las mejores visuales del parque de 74 hectáreas –fiel reproducción de una campiña inglesa- que la rodea.

En el interior, los diferentes salones se suceden entrelazados por arcadas, recreando un clima casi medieval. Antaño, contigua al vestíbulo, estaba la capilla; hoy ese espacio se ha convertido en un pequeño sector para degustar bebidas y tragos. También hay una sala de juegos, cuya atmósfera nos invita a disfrutar de la cuidada selección de puros de la Estancia Villa María. Dos escaleras de mármol llevan al piso superior, el cual cuenta con una decena de dormitorios; desde cada uno de ellos, las vistas al exterior son incomparables.

Concluida la visita al château y sus aledaños, llega la hora del almuerzo. Josefina ha dispuesto que nos lo sirvan en la Galería, una sala cuadrada que conforma la esquina noroeste en la planta baja, abierta al exterior por cinco arcos de medio punto sin cristales y forrados por dentro y por fuera de lustrosa hiedra pulcramente recortada. El lugar es fresco, coqueto y con espléndidas panorámicas del parque original, sus árboles y su laguna. En cuanto a la comida, consiste –¡cómo no!- en la típica parrillada a base de carnes de res, cordero y lechón. Eso sí, con el especial toque culinario de Villa Maria. “En nuestra cocina destacan los platos de autor”, nos insiste Josefina, “inspirados en recetas argentinas de comienzos del siglo XX preparadas con técnicas propias de la cocina mediterránea y de la campiña francesa”.

Tenemos la tarde libre para curiosear a nuestras anchas. Claro que, con el estómago a reventar, lo que nos tienta es dormitar en el elegante vestíbulo, cómodamente arrellanados en uno de sus múltiples sofás y acunados por la suave música de fondo, apenas un susurro que desgrana melodías de siempre... Una tentación de la que nos libra nuestra anfitriona ofreciéndose a llevarnos de excursión en un carruaje tirado por caballos. O sea: a pasear a la antigua usanza, sin prisas y sin más sonidos a nuestro alrededor que los de la vieja y sabia naturaleza.

El itinerario atraviesa la denominada Arboleda, una de las atracciones más señaladas de Villa María. Son 624 hectáreas arboladas con más de 20.000 ejemplares que incluyen 350 especies diferentes propias de la zona templada. La exquisita combinación de altos volúmenes boscosos, unida al intenso colorido de la fronda –cambiante a lo largo de las estaciones- conforma un patrimonio paisajístico de primer orden, que ronda ya los cien años de antigüedad.

Bellezas naturales aparte, la potente oferta de actividades deportivas convierte a Villa María en un exclusivo club de campo, el más importante del sur bonaerense y uno de los más sobresalientes de Argentina a nivel internacional. Su club de tenis está dirigido nada menos que por Guillermo Vilas, probablemente el mejor tenista que ha dado el país; el centro ecuestre profesional, a cargo de George Morris –director del equipo ecuestre de Estados Unidos (USET) y la Asociación Ecuestre Americana- cuenta con picadero cerrado, pista de salto olímpica y 25 kilómetros de senderos para ejercitar la hípica; el campo de golf –7.250 yardas de longitud y 18 hoyos con par 72- es apto tanto para jugadores principiantes como de alto handicap. Pero lo que más aprecia Josefina son las cuatro canchas del Black Watch Polo Club; lo cual no nos extraña, tras enterarnos de que sus excelentes aptitudes como jinete las rentabiliza precisamente jugando al polo, deporte del que es una apasionada y una de las contadas mujeres que aquí lo practican.

Estancia Villa María se ofrece, en suma, como un lugar sereno y bucólico, anticipo confortable de la infinita pampa argentina, con jardines primorosamente diseñados y una naturaleza generosa que hace ostensible su belleza sin narcisismos.

 
De Dolores Martínez (el 17/03/2009 a las 11:17:00 en Dubai)
Por fin estamos a los pies del Burj al Arab, el hotel más estrellado del mundo. Y decimos por fin, no porque nos vayamos a alojar en una de sus 202 suites – ya nos gustaría, pero los entre 1.400 y los 24.000 euros que cuesta una noche son razones de peso—, sino porque, al igual que la Torre Eiffel, gana al natural. Impresiona ver que, en efecto, es una vela al viento de 321 metros clavada en una isla artificial en las aguas del Golfo Pérsico.

Admiramos su desafiante arquitectura desde la playa pública de Jumeirah de Dubai, y sólo desde aquí, porque, como gran tesoro, La Torre de los Árabes o Burj al Arab se protege de los curiosos. El paso lo tiene reservado a sus huéspedes, que es lo mismo que decir a millonarios. Sólo ellos caminan sobre granito azul de Brasil, mármol es de Carrara o de Statutario (el que empleó Miguel Ángel es sus esculturas), y bajo techos revestidos de láminas de oro de 22 kilates de la India. O duermen en camas giratorias ante pantallas de cine privado.

En este hábitat de lo superlativo —nos resistimos a llamarlo lujo— se encuentra el único restaurante submarino del mundo, el Al Mahara, del que destaca, más que su cocina, una columna central convertida en un impresionante acuario en el que viven, junto a singulares especies, dos tiburones, lo que permite disfrutar de las fauces del escualo mientras las propias devoran a otros peces, también muy preciados.
Casi por arte de magia, y gracias a un ascensor que se eleva seis metros por segundo, en un instante se alcanza otro de los restaurantes, el Al Muntaha, una torre de vigía de 200 metros de altura, desde la que deben dar ganas de comerse el mundo. Pero para ello es necesario que, cuando se realice la reserva, se insista en que la mesa esté situada en la primera fila, es decir, junto a la gran cristalera, porque, como en el anterior, en el Al Muntaha se disfruta más de la vista que del gusto.
Después de este tránsito por lo superlativo, ponemos los pies en la tierra. Y de nuevo sobre la playa de Jumeirah, donde grupos de extranjeras disfrutan del atardecer al igual que unos nativos de ellas.
Llegada ya la noche, La Torre de los Árabes o Burj Al Arab vuelve a provocar con juegos de colores. La vela cambia del rojo, al azul, al verde, al malva...
Mañana viajamos a otro color, el del desierto



 
De Fernando Pastrano (el 04/01/2010 a las 11:11:05 en Ecuador)
Con los ojos cerrados diría que estoy saboreando una fina mousse de canela y nueces cargadita de mantequilla y con unas bolitas duras que no saben a nada en especial. Pero no nos engañemos, no es así. Estoy en Archidona, la ciudad más antigua fundada por los españoles en el oriente ecuatoriano (1560), a 180 kilómetros de Quito, en la puerta de ese «océano verde» que es la Amazonía (7 millones de km², ¡catorce Españas!) que produce el 20 por ciento del oxígeno de la Tierra. Cuando le conté a mi guía, Mateo Ponce, que nuestra Archidona primigenia, la de Málaga, es famosa por sus porras y su cipote me respondió jacarandoso que no sabía si ésta de Ecuador tenía falos tan eminentes, pero que en materia gastronómica era bastante singular y que si quería lo podía comprobar. Dicho y hecho. Paró el todoterreno a la izquierda de la carretera E45, que atraviesa la población en dirección a Tena, junto a unas barracas de madera que hacen las funciones de pequeñas tabernas. En el exterior, unas parrillas sobre las cuales se encuentran unos paquetitos hechos con hojas y atados con hebras. En un cartel escrito a mano se ofrece «Hoy caldo de pollo criollo, maito de pollo y chontacuro» «Si quieres algo auténticamente de monte —me sugiere Mateo— prueba los chontacuros». Por un dólar, la patrona que lleva una niña a la espalda, me da uno de esos envoltorios. Al abrirlo me encuentro con tres gusanos bien hermosos cocinados a fuego lento. Son los chontacuros, del quechua «chonta» palmera y «kuru» gusano. Una larva comestible de un escarabajo. Su aspecto es el de un gusano de seda gordo (llega a medir 7 cm. de largo) que tras ser cocinado al vapor en su propio jugo se vuelve amarillento, con la textura y el sabor de la mantequilla y un retrogusto (¿o se dice postgusto?) a canela, nuez y otros frutos secos. Pura proteína. Las bolitas duras insípidas son las cabezas, que desecho disimuladamente. El poeta y gastrónomo Julio Pazos (Baños, 1944) ha glosado este tipo de cocina llamada de los envueltos: «tamales, humitas, chigüiles, ayacas, ayampacos, maitos y quimbolitos». Los libros de cocina ecuatoriana hablan de los patacones y los chifles (plátanos fritos, los primeros machacados), del seco (guiso) de pollo o de chivo, del cebiche (macerado en limón) de pescado y/o camarones (gambas), del chupé (caldo) de gallina o de corvina, del babaco (una fruta parecida a la papaya) en almíbar, e incluso del cuy, un conejo (de Indias) que alimenta las mesas festivas y el morbo de los melindres, pero nada dicen de los chontacuros. Y sin embargo doy fe de que, remilgos aparte, son una delicatessen propia de un restaurante con estrellas Michelin. Los indios alaban sus supuestas cualidades curativas (aparato digestivo, bronquios, articulaciones, circulación sanguínea...) y algún capitalino perspicaz se los ha llevado a Quito para comercializarlos en aceites milagrosos. A mí, simplemente me gusta su sabor. Cuando volvamos de la selva le pediré a Mateo que vuelva a parar aquí para saborear otra vez un maito de chontacuros. Acompañados de una cerveza Pilsener todavía estarían mejor.

Más: Panamá es de Ecuador.

Fotos: Pilar Arcos.

 
De J. I. García Garzón (el 23/06/2009 a las 10:23:39 en Festivales)
El azar ha querido establecer una sutil concordancia entre festival y estival. Solo les diferencia la letra efe. De fiesta, naturalmente. Hay festivales en otras épocas del año, pero en verano su renovada y bulliciosa geografía invade los mapas con profusión de feliz pandemia, pues la estación es levadura para los bríos del ánimo y determina una propensión a lo jocundo. Los festivales concretan la alquimia que logra enhebrar en la misma aguja alegría estacional y pasión artística. Son al tiempo escaparate y celebración, dominio de la creación y espacio de reflexión, foro de la exigencia y ámbito del asombro. Sus programaciones pueblan los sueños de muchas noches de verano. En el territorio de lo escénico, bulle un buen número de citas que conforman una constelación. Una red que ilumina escenarios del uno al otro confín del territorio nacional. Puede decirse que —aunque hay otros fulgores: el barcelonés Grec (del 20 de este mes al 2 de agosto) u Olite (del 17 de julio al 1 de agosto), por ejemplo— esa constelación es bipolar porque en ella parpadean intensamente dos estrellas grandes por su dimensión e historia: Mérida y Almagro, ambas con la vitola de «teatro clásico». El primero celebra su 55 edición (del 27 de este mes y el 30 de agosto) con una propuesta cargada de anzuelos para paladares teatrales: Miguel Narros dirige una «Fedra» flamenca en la que las palabras de Eurípides y Racine convocan a Enrique Morente, Lola Greco y Javier Barón, entre otros; El Brujo presenta su versión de «El evangelio de San Juan»; Animalario ofrece el banquete caníbal del shakespeariano «Tito Andrónico»; la compañía rumana Rada Stanca se sumerge en «Las metamorfosis» de Ovidio; del latino Plauto, la todoterreno Tamzim Townsend pone en escena «Los gemelos», con Marcial Álvarez al frente del reparto; Georges Lauvadant acude con «Edipo» de Sófocles, y Tomaz Pandur cocina una «Medea» de Eurípides con súper Blanca Portillo en el papel de la vengadora. Almagro abre del 2 a 26 de julio su edición número 32, cuyo menú se centra principalmente en nuestro teatro áureo. Hay nada menos que diecisiete montajes de obras de Lope de Vega, entre ellos: cuatro de «Fuenteovejuna» (Compañía Joven del Sur, la japonesa Ksec Act, Rakatá y Mefisto Teatro), «Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo», a cargo de la compañía Micomicón, y «¿De cuando acá nos vino?» y «La Estrella de Sevilla», ambas por la CNTC. Amén de exquisiteces como «El encuentro entre Pascal y Descartes», de Jean-Claude Brisville, servido por José María Flotats, un cervantino «Quijote» a cargo del Teatro de la Juventud de la mítica Fontanka, un «Somewhere... La Mancha» montado por Irina Brook, y mucho, mucho más. Soñemos pues con el teatro en cualquier noche del verano.
 

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