Resultdo de la búsqueda.

He llegado a esta ciudad en barco. Al avistar tierra, primero parecía que me acercaba a una isla dominada por un gran volcán, pero no. Luego vi una fortaleza china que parecía sacada de una película de Zhang Yimou, tampoco.
Inmediatamente me encontré ante el Coliseo romano, pero no era Roma; ante la Esfinge, pero no era El Cairo; y en lo que parecía un canal de Amsterdam con sus casas torcidas de inconfundibles fachadas, pero no, no estaba en Amsterdam porque enseguida llegué a Bourbon Street, con sus clubs de jazz, pero tampoco era Nueva Orleans.
Un poco aturdido he recalado por fin en lo que sin duda tiene que ser Venecia. Ved la foto: el canal, la góndola, los gondolieri, el puente, las ventanas ojivales góticas... todo lo delata... pero tampoco.
Se trata de Macao, a sólo 65 km. de Hong Kong, antiguo enclave portugués en Extremo Oriente que en 1999 volvió a la soberanía china como Región Administrativa Especial dotada de una gran autonomía.
Desde la liberalización del juego de azar en 2003 (antes era un monopolio de la STDM, Sociedade de Turismo e Diversões de Macau)
los casinos han proliferado como hongos hasta alcanzar la cifra, en absoluto definitiva, de 33. Y prácticamente cada uno de ellos va asociado a un hotel y a un centro lúdico, una especie de parque temático, la mayoría reproduciendo una ciudad de cualquier parte del mundo. Me encuentro, claro está, en el
Venetian Macao Resort, Hotel & casino, el
casino más grande del mundo, copiado punto por punto del Venetian Las Vegas, y éste a su vez de la ciudad italiana de los canales.
El edifico es colosal, aunque solo tenga tres plantas, pero ocupa un total de 64.000 metros cuadrados (en lo que cabrían aparcados 90 jumbos Boeing 747) con 3.000 suites, 30 restaurantes, 350 tiendas de las mejores marcas mundiales, un centro de convenciones de 110.000 metros cuadrados, un estadio para 15.000 personas y un modernísimo teatro, dotado de los últimos adelantos en movimiento de escenarios, en el que ahora mismo el Cirque du Soleil representa a diario
su espectáculo «Zaia».
El casino, el auténtico leitmotiv de todo este tinglado, tiene 870 mesas de juego y 3.500 máquinas tragaperras que no dan abasto. Macao parece no sufrir la crisis internacional. Aquí me dicen que es gracias a una abundante liquidez y a la facilidad crediticia de que disponen los jugadores, la inmensa mayoría procedentes de Hong Kong y otros lugares de China, donde el juego aún está prohibido. Así, el pasado mes de mayo los
casinos de Macao registraron unas ganancias record de 17.000 millones de patacas (unos 1.700 millones de euros), cifra que dobla a la del mismo mes de 2009. Desde hace 4 años Macao ha superado a Las Vegas como mayor ciudad de juego del mundo. Aquí estoy tomándome un capuccino macchiato junto al Campanile en plena plaza de San Marcos macaense mientras alguien canta «O sole mio» con acento australiano bajo un cielo azul con escasas nubes, que es en realidad un techo pintado (estamos en un inmenso sótano) un auténtico trampantojo (trompe l'oeil) veneciano que como se descuiden los vénetos superará cualquier día en atracción turística a la citta dell'amore.
Foto:
Pilar Arcos.