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barceló vende viajes. Pero no solo. Y estancias en hoteles. Pero no solo. Los vende de otra manera. Experiencias, les gusta decir. Han cambiado muchas de sus oficinas (el 30 por ciento por ahora) para convertirlas en tiendas, diseño puro. Y no se han quedado ahí. La empresa quiere transformar ahora los folletos, a menudo laberínticos, tan habituales de esas agencias. De momento han sacado a la calle dos revistas anuales que merece la pena ver, aunque no pensemos ir a ningún lugar, por el simple gusto de pasar las páginas, primorosamente editadas.
"Viajeros barceló" fue la primera (244 páginas), y ahora llega la hermana pequeña, Escapadas
barceló (172 págs.), dos publicaciones únicas en el sector. Nos quieren vender sus viajes, claro, pero en principio y a falta de saber qué haremos en las siguientes vacaciones, nos sentimos pagados por el mimo con el que cuidan las revistas. En las páginas de este trabajo, coordinado por Clemente Corona, director del departamento de Diseño de Viajes, concepto también nuevo, encontramos más de 110 propuestas llenas de detalles absolutamente infrecuentes en los folletos de las agencias. Cambian las formas, también el fondo. Proponen una tienda, un spa, un bar nuevo e imprescindible. Y, al lado, desde luego, el precio medio que nos costaría la escapada con su mediación.Imaginación contra la crisis.

El nuevo
barceló Saïdia fue inaugurado a mediados de junio, quizá un poco antes de tiempo para aprovechar el verano. Desde entonces, durante un par de meses, fue de boca en boca por los foros de internet. Quizá ha sido el hotel sobre el que más se ha escrito en el recibidor del verano, y no siempre para bien. Por eso, cuando
Germán nos dejó en la recepción, inmensa, decorada como un palacio árabe, teníamos más dudas que certezas. Y ya se sabe que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar (Vargas Llosa). En el caso del turismo, como cuando se compra una casa, el rodaje, los meses de funcionamiento, pulen los desperfectos. Sólo que la temporada alta no admite espera. Y aquí estábamos, en agosto, a pleno sol, con el hotel lleno, el examen de Selectividad. La gran apuesta de la excelente cadena
barceló en el nuevo Mediterráneo es
un cinco estrellas “todo incluido” lleno de detalles tradicionales árabes en la decoración, con cerámica en los suelos, tonos rosados y rojizos en las fachadas, alfombras, sombras como puertos para descansar, media docena de piscinas, instalaciones amplias, wifi gratis y una construcción a lo ancho y no a lo alto. “Un hotelazo”, nos dijo alguien antes de venir. “Un hotelazo bellísimo”, añadió alguien más. Y es verdad. Una competencia seria para el Mediterráneo español: gran calidad a muy buen precio. Y casi todo ya en funcionamiento, con la ayuda de cuarenta empleados españoles. En el inmenso restaurante sobra comida, con muchas recetas tradicionales de cordero y postres con los que tirar por la borda la operación bikini, más un par de restaurantes bajo reserva, un italiano y el Al-Andalus. Aún falta por inaugurar el snack bar de la playa, por si entra hambre entre horas. Es un kiosco de madera con una espectacular vista sobre el mar y sobre el arenal: catorce kilómetros en los que poder pasear, nadar o disfrutar del sol sin agobio alguno. El hotel tiene una salida directa a la playa y, allí, una zona acotada con hamacas y toallas para sus clientes. En el horizonte cercano, las
Chafarinas, vigiladas por militares españoles, en otro tiempo el hogar de la foca monje Peluso. La animación es perfecta para las familias: kid club, zonas de juegos, piscinas con poca profundidad... Incluso por la noche, en el show time, siempre hay un aperitivo cosido con el cancionero infantil. Eso sí, los jóvenes que viajen solos y busquen una fiebre “caribeña” de ron y salsa hasta el amanecer, aquí no la encontrarán. En cambio, las parejas o las familias que prefieran piscina, playa, paz e instalaciones excelentes habrán descubierto un refugio inesperado, rodeado por un campo de golf de dieciocho hoyos, un puerto deportivo situado a dos kilómetros y, de vuelta a la habitación, un spa en el que olvidar el mundo con un masaje bereber y el dulce runrún del agua. El nuevo
barceló ha arrancado, con las peculiaridades de la cultura marroquí en el servicio, pero con los problemas de la línea de salida resueltos.