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Que la Amazonía es la mayor cuenca hidrográfica del mundo, ya lo sabíamos. Que el
amazonas es el río más largo, caudaloso, profundo y ancho del planeta, también. Y que sus paisajes, su biodiversidad y las gentes que en ella habitan son únicos. Pero ahora es un poco más oficial al haber sido declarada por la
Fundación New7Wonders como una de las siete nuevas Maravillas Naturales del Mundo. La iniciativa fue lanzada por Perú hace cuatro años.
Este país comparte la Amazonía con Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Surinam y Venezuela, y ha obtenido la distinción por voto popular entre 477 lugares de todo el mundo. Las otras nuevas maravillas son la Bahía de Ha-Long (Vietnam), las Cataratas de Iguazú (Argentina-Brasil), la Isla de Jeju (Corea del Sur), la Isla de Komodo (Indonesia), el río subterráneo del Puerto Princesa (Filipinas) y la Montaña de la Mesa (Sudáfrica). Aunque el concurso ha sido criticado por instituciones como la Unesco, que tiene su propia lista de lugares Patrimonio de la Humanidad, ya que consideran que “se trata de una simple y pura acción de promoción, completamente irrelevante, pues la elección no sigue ningún estándar científico y solo se guía de parámetros turísticos”,
las autoridades peruanas han recibido la distinción con júbilo ya que, aunque promoverá el turismo masivo también servirá para incrementar las medidas de seguridad para alcanzar un turismo sostenible y no invasivo. La directora de Promoción de Turismo de la estatal Promperú, María del Carmen Reparaz, ha

declarado que ahora
“podremos darnos a conocer como un país amazónico, un área que por su grandeza geográfica va a darnos a conocer a nivel mundial”. En la actualidad Perú es reconocido internacionalmente prácticamente sólo como un destino andino en el que la joya del Machu Picchu lo domina todo. Reparaz ha recordado que el río
amazonas nace en los andes del sur de Perú y que “el 60 % del territorio peruano es Amazonía.
A Perú no lo identificaban como país amazónico, pero ahora, detrás de esta elección, se viene un tema muy fuerte de inversión”. Sólo unos días antes de esta designación,
Iberia bautizó en la capital peruana a uno de sus Airbus A-340/600 que hacen la ruta regular Madrid-Lima con el nombre de “Río
amazonas”. La aerolínea de bandera española vuela de forma ininterrumpida al Perú desde 1963. El “Río
amazonas” es, junto con el “Islas Galápagos” y el “Ciudad de México”, uno de los tres únicos aviones de toda la flota de Iberia que tienen nombres de lugares no españoles.
FOTO 1:
Río Marañón, tributario del amazonas, cerca de Nauta (Foto: P. Arcos)
FOTO 2:
Ceremonia de bautizo del “Río amazonas”. De izquierda a derecha: Ángel Valdemoros, director de Ventas Internacionales de Iberia; José Luis Silva, ministro de Comercio Exterior y Turismo de Perú; Javier Sandomingo, embajador de España en Perú; e Iván Vázquez, presidente de la región amazónica de Loreto. (Foto P. Arcos)

Con los ojos cerrados diría que estoy saboreando una fina mousse de canela y nueces cargadita de mantequilla y con unas bolitas duras que no saben a nada en especial. Pero no nos engañemos, no es así. Estoy en Archidona, la ciudad más antigua fundada por los españoles en el oriente ecuatoriano (1560), a 180 kilómetros de Quito, en la puerta de ese «océano verde» que es la Amazonía (7 millones de km², ¡catorce Españas!) que produce el 20 por ciento del oxígeno de la Tierra. Cuando le conté a mi guía, Mateo Ponce, que nuestra Archidona primigenia, la de Málaga, es famosa por sus porras y su cipote me respondió jacarandoso que no sabía si ésta de Ecuador tenía falos tan eminentes, pero que en materia gastronómica era bastante singular y que si quería lo podía comprobar. Dicho y hecho. Paró el todoterreno a la izquierda de la carretera E45, que atraviesa la población en dirección a Tena, junto a unas barracas de madera que hacen las funciones de pequeñas tabernas. En el exterior, unas parrillas sobre las cuales se encuentran unos paquetitos hechos con hojas y atados con hebras. En un cartel escrito a mano se ofrece «Hoy caldo de pollo criollo, maito de pollo y chontacuro» «Si quieres algo auténticamente de monte —me sugiere Mateo— prueba los chontacuros». Por un dólar, la patrona que lleva una niña a la espalda, me da uno de esos envoltorios. Al abrirlo me encuentro con tres gusanos bien hermosos cocinados a fuego lento. Son los chontacuros, del quechua «chonta» palmera y «kuru» gusano. Una larva comestible de un escarabajo. Su aspecto es el de un gusano de seda gordo (llega a medir 7 cm. de largo) que tras ser cocinado al vapor en su propio jugo se vuelve amarillento, con la textura y el sabor de la mantequilla y un retrogusto (¿o se dice postgusto?) a canela, nuez y otros frutos secos. Pura proteína. Las bolitas duras insípidas son las cabezas, que desecho disimuladamente. El poeta y gastrónomo Julio Pazos (Baños, 1944) ha glosado este tipo de cocina llamada de los envueltos: «tamales, humitas, chigüiles, ayacas, ayampacos, maitos y quimbolitos». Los libros de cocina ecuatoriana hablan de los patacones y los chifles (plátanos fritos, los primeros machacados), del seco (guiso) de pollo o de chivo, del cebiche (macerado en limón) de pescado y/o camarones (gambas), del chupé (caldo) de gallina o de corvina, del babaco (una fruta parecida a la papaya) en almíbar, e incluso del cuy, un conejo (de Indias) que alimenta las mesas festivas y el morbo de los melindres, pero nada dicen de los chontacuros. Y sin embargo doy fe de que, remilgos aparte, son una delicatessen propia de un restaurante con estrellas Michelin. Los indios alaban sus supuestas cualidades curativas (aparato digestivo, bronquios, articulaciones, circulación sanguínea...) y algún capitalino perspicaz se los ha llevado a Quito para comercializarlos en aceites milagrosos. A mí, simplemente me gusta su sabor. Cuando volvamos de la selva le pediré a Mateo que vuelva a parar aquí para saborear otra vez un maito de chontacuros. Acompañados de una cerveza Pilsener todavía estarían mejor.
Más:
Panamá es de Ecuador.
Fotos:
Pilar Arcos.