Casey Stoner no ha sido elegante con Carmelo Ezpeleta, el director ejecutivo del Mundial de motociclismo. El jefe de Dorna le permitió llegar a lo más alto. La empresa que posee los derechos del campeonato ayudó y ayuda a pilotos de muchos países para que la competición no sea un duelo España-Italia. El australiano fue uno de ellos. Como lo han sido los ingleses y los alemanes, que no cuentan con infraestructuras de equipos para presentarles en el gran circo de la moto. El Campeonato de España fue la base para saltar al Mundial. Ahora, Casey dice que deja el motociclismo. Perfecto. Reconoce que añora estar con su mujer y su hija, nacida el mismo día del cumpleaños de Valentino. Todo eso es magnífico. No lo es decir que se marcha del campeonato por el maltrato que sufren los pilotos. Acusa a Dorna de no pensar en ellos. Deja entrever que se les explota. Y critica también a la organización por por aprobar las máquinas CRT, menos electrónicas y más lentas, para abaratar costes en MotoGP. Stoner dispara mal, al lugar equivocado. Si alguien les explota, serán sus escuderías, que les exigen correr para tener a sus pilotos en carrera y lucir sus patrocinadores. Ezpeleta no les pone una pistola en el pecho para que salten a la pista. Si explotarles es saltar al asfalto en varios entrenamientos durante viernes, sábado y domingo por la mañana, pues que entrenen menos y salgan a la carrera con la moto sin puesta a punto. Si explotarles es hacer dos o tres entrenamientos oficiales IRTA entre febrero y abril, pues que no vayan. Pongamos las cosas claras. Stoner está cansado de vivir doscientos ochenta días al año fuera de casa desde hace tres lustros. Es lógico. Pero entonces que no ataque a la organización. Para promocionar los equipos hay que lucirlos con dieciocho carreras, tres entrenamientos oficiales y presentaciones públicas. El australiano lo sabe. Sin apoyos, vivió en una casa rodante en la finca del padre de Alberto Puig. Después de ayudarle Dorna y varios equipos y patrocinios, hoy tiene casa en Suiza, finca en Australia y la vida solucionada. Si no le gustaba este ritmo, que se hubiera bajado de la moto hace diez años. Hoy no tendría ni casa, ni finca ni la vida solucionada. Ni podría decidir dejar de trabajar a los 26 años.
¡Cómo cambian las cosas cuando el futuro aconseja tener un ganador nato! Valentino y Honda Racing Corporation terminaron mal en 2003. Al italiano no le gustó que la escudería dijera que los títulos de 2001, 2002 y 2003 llegaron por la gran superioridad de la moto. Era cierto, pero el campeón también ponía mucho de su parte. La prueba es que el resto de pilotos de la marca no ganaban la corona. En Montmeló, públicamente, Rossi hizo un comentario irónico cuando escuchó a un dirigente de HRC decir que la clave del éxito era la máquina, sin una palabra de mención a los méritos del número uno, que estaba sentado a dos metros. El ídolo no renovó por la casa. Se marchó al enemigo, Yamaha. Y demostró la importancia del jinete en este deporte. Conquistó cuatro entorchados. Ahora, VR46 sufre en Ducati. Y la próxima despedida de Stoner ha puesto a Honda en la tesitura de meditar el fichaje del viejo icono. En Le Mans, con agua, sin la ventaja mecánica, Valentino dejó claro que sigue siendo un grande que puede luchar por el Mundial. Livio Suppo, el hombre que trajo al australiano a HRC, ha roto el hielo. Piensa en la próxima temporada. Manifiesta que sería bonito que Rossi terminara su carrera en la fábrica donde comenzó a triunfar en la cilindrada reina. Su compatriota ha expuesto que continuará en el motociclismo un mínimo de dos campañas. Quizá tres. Si firmara por HRC, volvería a estar en la lucha por la gloria. Tienen que ponerse a hablar. Si los japoneses quieren. El piloto abre la puerta. Busca un colofón dorado.
Lorenzo y Valentino. El rigor y la clase. La fuerza mental y la sabiduría. La valentía y el descaro sobre una moto. Los dos enemigos a muerte de las temporadas 2009 y 2010 vuelven a compartir brillantez en el Mundial. El motociclismo necesita reavivar esta gran guerra, ahora que Stoner se rinde y deja la pelea para los otros gallos del corral.
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Se retira en noviembre. Ya no aguanta más este mundo del Mundial de Motociclismo que esconde tanta hipocresía y tantas puñaladas más o menos traperas. La verdad es que el falso mundo de MotoGP no es mayor que las falsedades de cualquier otro deporte profesional. Casey Stoner dejará el Mundial este año porque las dos ruedas es el universo que le ha tocado vivir. Sufrir. Y disfrutar también. Es cierto que el motociclismo posee mentiras que no lucen tanto en el fútbol u otras prácticas. Aquí, en el motociclismo, si no tienes moto no eres nadie. Y si no tienes dinero o apoyo económico para poder recibir una montura decente, no puedes lucir tu valía. A Casey le sucedió eso. Su padre vendió su casa y todas sus pertenencias en Australia y se vino a vivir a la finca del padre de Alberto Puig en Cardedeu, con un "motorhome", para intentar que su hijo demostrara su calidad en el planeta del Mundial. Allí pasaron apreturas. Físicas y económicas. Y Stoner vio cómo costaba recibir una moto buena aunque fuera un gran piloto. Ahora ve a Randy de Puniet y critica que el francés corra con una CRT, sin poder subirse a una máquina buena, porque no tiene apoyos. Siente lo que él sufrió durante varios años, cuando era muy joven. Le criticaron por caerse mucho cuando competía en 125 y en 250. Nadie valoraba que rodaba a tope con una moto inferior. Fue Ducati la que le fichó como segundo piloto, con Capirossi de líder. Y en MotoGP demostró todo su potencial. Arrolló a su jefe, Loris, y conquistó en 2007 la primera corona de la cilindrada grande para la fábrica italiana. Después, en 2010, soportó las críticas y los desencuentros cuando dejó de correr en cuatro grandes premios por su rechazo biológico a la lactosa. Ni Ducati ni los médicos europeos le comprendieron. Dijo que se retiraría si no encontraba solución. Fueron unos doctores australianos, de su confianza, los que descubrieron su problema. Se solventó. Salió adelante. Reapareció a toda marcha. Y miró con desprecio a todos aquellos que le trataron como a un bicho raro. Dejó Ducati, por supuesto. Firmó por Honda. Y en HRC volvió a dejar patente que es el mejor. Ganó su segundo campeonato. Y ahora, líder del Mundial, ha decidido hacer lo que deseaba desde que Adriana se quedó embarazada de Alessandra. La niña nació el 16 de febrero, el día del cumpleaños de Rossi. Y Stoner tuvo claro que a final de temporada dejaría este mundillo que no le gusta. Quiere dedicarse a sus dos mujeres. No aguanta a tanto hipócrita en el "paddock". Quiere vivir como desea. Hace dos años dijo que le gustaría disputar el Mundial sin público en las gradas. No le agradan los actos promocionales ni las relaciones públicas y mercantiles que exige ser un grande. Ahora colgará el mono y se alejará de un Mundial que no le atrae.
Su talento rememora al mejor Rossi. Su valentía es una copia perfecta del viejo campeón. Su calidad camina hacia la conquista del testigo del italiano. Su genialidad para adelantar a tres pilotos en una vuelta y revolucionar una carrera complicada es un compendio de arte y de magia. Marc Márquez es el nuevo ídolo del mundo del motociclismo. El “marketing” de las sensaciones se ha fijado en el ilerdense como nuevo objeto de culto. El propio Marc reconoce que ha presenciado muchos vídeos de Rossi para ver cómo solucionaba los problemas en la pista. Cómo ganar un duelo difícil. Cómo remontar y salvar los muebles incluso con la victoria. Márquez ha tenido en Valentino un espejo. Pero una cosa es soñar y otra hacerlo en el asfalto. Lo mejor de MM93 es que posee las cualidades para conseguir esos retos. Para emular esos triunfos que hunden a los rivales y enmarcan a un campeón. El pupilo de Alzamora ya ha demostrado ese poderío. Su remontada en Estóril, desde el último puesto, le elevó a la gloria hace dos años. Desde entonces, ha confirmado su estrellato. Es un piloto diferente. Ganador. Imprevisible. Solo sale a alcanzar el triunfo. Aldo Drudi, diseñador de los cascos de Valentino, ha elegido a Marc como su nueva meta artística. Aldo es un seguidor del chaval. Le ha conquistado. Le ha llegado al alma. Como le sucedió con VR46. Quiere diseñarle un casco. Desea que el nuevo ídolo de masas lo estrene en el Gran Premio de Montmeló, en junio. El líder del Mundial de Moto2, el campeón de 125 hace dos años, es la nueva imagen del motociclismo. Se la ha ganado a pulso.
Llega un tonto, dice una tontería y van todos los borregos detrás. Se le ocurre a un inglés publicar que Valentino se retira a final de temporada y el bulo se convierte en bomba. Quien diga que Rossi se retira es que no conoce al viejo campeón. No se irá del Mundial sin hacer una buena campaña. Una demostración de su calidad. El año pasado sufrió con una moto de segunda, la Ducati. Ahora sigue con la misma montura y no ha mejorado. Espera probar un nuevo motor dentro de dos semanas que le permita acercarse a las Honda de Stoner y Pedrosa y a la Yamaha de Lorenzo. En todo caso, el 1 de enero de 2013 tiene previsto un nuevo contrato, por uno o dos años, para plasmar sus últimos golpes de calidad en el campeonato. Le falta decidir equipo y máquina. Tiene la tentación de fichar por la Yamaha satélite de la escudería Techt3, un prototipo que corre igual que el de Jorge, líder de la marca. Lo que es seguro es que competirá durante más tiempo y será más competitivo. El paddock también lo espera. El gran circo no es lo mismo sin el brillo de Rossi. Se ha hecho un icono de este deporte. Su carácter le ha erigido en un ídolo. No solo ganaba, sino que gustaba. Dentro y fuera de la pista. Hacerse con esa imagen es muy difícil. No hay nadie que le sustituya en poderío mediático. Valentino es el motociclismo.
Sabe manejar las carreras como los grandes. Las lee como si fuera uno de sus ídolos, Rossi. Ataca para romper la fila como si fuera su otro icono, Pedrosa.
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La Pérfida Albion recupera su esplendor en la pista. Inglaterra dominó el motociclismo a mediados del siglo pasado, pero en los años setenta perdió su reinado a manos de los italianos, los españoles y los estadounidenses, hasta perder toda su leyenda. Ahora, inesperadamente, ha surgido un hombre hecho a sí mismo que ha recuperado la ilusión de los británicos. Cal Crutchlow (Coventry, 1985) triunfa en el Mundial después de una trayectoria forjada en el Supersport. Fuerte, grande, rudo, hace nueve años era un gran delantero centro en las divisiones inferiores del Aston Villa. Entre los trece y los diecisiete años compaginó su amor por las motos con su rendimiento como goleador. Quería ser el nuevo Michael Owen, del que tenía un póster en su habitación. A los dieciséis años se enfrentó a Wayne Rooney, que jugaba en el Everton juvenil. Marcaron dos tantos cada uno. Podía haber sido un buen futbolista profesional. Pero decidió hacerse piloto. Realizó una carrera deportiva más difícil. En 2010 ascendió al equipo Yamaha Tech3, la segunda escudería de Yamaha. Ahora compite con Pedrosa, Stoner y Lorenzo por los podios. Su agresividad es comparable a su seguridad. Su serenidad tutea a su voluntad. No deja de intentar adelantamientos a todos sus adversarios, sin mirar si son monturas oficiales o segundonas. Los rivales le consideran un peligro porque no se detiene ante nadie. Su personalidad arrolla en el asfalto. Dani sufrió su acoso en Jerez hasta él último suspiro. Es un martillo pilón que sabe obtener rendimiento de su máquina. Cal superó a las Honda de Bautista y Bradl, a la Yamaha oficial de Spies y a la M1 satélite de Dovizioso. Ha presentado sus credenciales para quitar el sitio a Ben Spies. O se irá a Honda. Ofertas hay. Es un diamante en bruto que necesita un equipo oficial a su lado. Después de tres años en los que Lorenzo, Stoner, Valentino y Pedrosa monopolizaron las fotos del campeonato, Crutchlow es una inyección que revoluciona el box y rompe el orden establecido.
Valentino se ha quitado la careta. Ha expuesto por fin lo que todo el “paddock” sabía y solo él podía confirmar. No rinde con la Ducati porque las características de esta moto son totalmente incompatibles con su forma de pilotar. Rossi es un ganador que necesita una máquina que entre bien en curva para aprovechar sus manos de oro y su agresividad como piloto. Con esa técnica adelantó a Lorenzo en la mítica carrera de Montmeló, en 2009, con un interior de genio. Es el mejor ejemplo de su carrera. De sus virtudes. Esa calidad la ha utilizado siempre para colarse por los interiores y desplazar a rivales como Biaggi, Gibernau, Stoner y el propio Jorge. La Ducati le impide manejarse con esa facilidad. La máquina tiene problemas en el tren delantero y es demasiado rígida para el italiano. A VR46 le iba perfectamente la Yamaha, porque la creó él mismo a su imagen y semejanza. Ahora corre en una montura que le impide demostrar su valía. Hubo un momento, en marzo, que pensó que la “roja” estaba bien, porque funcionó bien en un test de Sepang. Fue un espasmo. No lo repitió en otros circuitos. Hace dos años, Valentino decidió marcharse de Yamaha porque Lorenzo le ganó con esa misma moto. Cuestión de orgullo. Ahora paga el precio. Audi, nueva dueña de Ducati, tiene el reto de hacer un prototipo como al campeón le gusta. ¿Cuánto tiempo requiere? El dilema es si el ídolo aguantará.
Valentino se ha quitado la careta. Ha expuesto por fin lo que todo el “paddock” sabía y solo él podía confirmar. No rinde con la Ducati porque las características de esta moto son totalmente incompatibles con su forma de pilotar. Rossi es un ganador que necesita una máquina que entre bien en curva para aprovechar sus manos de oro y su agresividad como piloto. Con esa técnica adelantó a Lorenzo en la mítica carrera de Montmeló, en 2009, con un interior de genio. Es el mejor ejemplo de su carrera. De sus virtudes. Esa calidad la ha utilizado siempre para colarse por los interiores y desplazar a rivales como Biaggi, Gibernau, Stoner y el propio Jorge. La Ducati le impide manejarse con esa facilidad. La máquina tiene problemas en el tren delantero y es demasiado rígida para el italiano. A VR46 le iba perfectamente la Yamaha, porque la creó él mismo a su imagen y semejanza. Ahora corre en una montura que le impide demostrar su valía. Hubo un momento, en marzo, que pensó que la “roja” estaba bien, porque funcionó bien en un test de Sepang. Fue un espasmo. No lo repitió en otros circuitos. Hace dos años, Valentino decidió marcharse de Yamaha porque Lorenzo le ganó con esa misma moto. Cuestión de orgullo. Ahora paga el precio. Audi, nueva dueña de Ducati, tiene el reto de hacer un prototipo como al campeón le gusta. ¿Cuánto tiempo requiere? El dilema es si el ídolo aguantará.
En 1998 estuvo a punto de perder la vida en el Gran Premio de Gran Bretaña, cuando su moto rodó por el peligroso descenso de Donington Park. Coqueteó con la muerte durante muchas horas. No le afectó en su rendimiento. No dejó de arriesgar. Las grandes escuderías nunca le dieron el liderazgo para triunfar con una moto ganadora. Fue el segundo piloto en Yamaha y en Ducati. Y se ganó siempre su sitio en el Mundial de MotoGP. Por su entrega. Por su sabiduría. Carlos Checa dejó el Mundial de Motociclismo en 2007 y saltó a las Superbikes. Tenía 35 años. Con 39 fue campeón del mundo. Y ahora, camino de los 40, es líder del campeonato 2012. “El Toro” es el mejor espejo para los chavales. No ha parado de jugarse la vida desde que era un niño. Hoy es mejor piloto que cuando competía en MotoGP. Su amor por la moto es admirable. Corre porque le gusta, no porque sea su profesión. En el estreno del Mundial de Superbikes 2012 vivió el grave accidente de Joan Lascorz en Imola. El joven de la Kawasaki número 17 se estrelló a 200 kilómetros por hora. Sufrió una desviación de la sexta vértebra cervical. “Jumbo” continúa hospitalizado en Barcelona, esperando el milagro de recuperar una mayor movilidad en sus miembros. Checa superó aquella terrible situación y ganó el gran premio italiano. Supo desmarcarse de la preocupación. Y dedicó su victoria a su compatriota. Ahora, desde Assen, donde se dispone a disputar la segunda carrera de la temporada, Checa manda ánimos a “Jumbo”. Para Joan, Carlos es un ejemplo de lo que es perseguir una ambición hasta conseguirla. “El Toro” aspira a adjudicarse el Gran Premio de Holanda frente a Biaggi mientras piensa en su compañero. “Él tiene otra carrera que ganar”. El veterano campeón español sabe desmarcarse de esos sentimientos para poder seguir corriendo y no pensar en el peligro que todos afrontan a 300 kilómetros por hora. Vive el mejor momento de su vida. Solo se retirará cuando los rivales se lo digan en la pista. Actualmente, Checa les dice muchas cosas a los jóvenes en el asfalto. Les apabulla. Su sacrificio es un espejo para los deportistas.
Cristina Fernández de Kirchner expropia la división argentina de Repsol. Comete un expolio. Un robo. Pero no podrá con los pilotos que han hecho grande a Repsol en el mundo de las dos ruedas. Claro, ella no sabe lo que es competir en buena lid y triunfar como Repsol ha hecho desde que Ángel Nieto triunfó en 1971 con la R en su carenado. Ángel, que se buscaba los patrocinadores pateando puertas, de Tabacalera a Repsol, pidiendo a Televisión Española que hiciera eco de sus éxitos. Claro, la Kirchner no sabe nada de lo que es ganar por méritos propios como hacía Nieto, que salía el último y adelantaba a treinta. Desde 1971, la petrolera comenzó un camino de apoto a los pilotos que hoy se centra en el Mundial de Motociclismo y en raids como el Dakar. En 1994 formó el equipo Repsol Honda, en la lucha por conquistar el campeonato de la cilindrada reina. Lo hizo con Doohan. Y con Crivillé. Y con Hayden. Veintisiete títulos mundiales ha celebrado la empresa desde hace 41 años: cuatro en MotoGP, seis en 500, cuatro en 250, ocho en 125, uno en 80 y cuatro en 50. Stoner obtuvo el último, el año pasado. Y la empresa continuará este trabajo de éxitos en el futuro, aunque la presidenta argentina la esqulme. Ahora mismo, Márquez y Viñales son líderes en Moto2 y Moto3 con la R como patrocinador. Pedrosa y Casey son segundo y tercero en el Mundial de MotoGP. Repsol seguirá con el patrocinio deportivo. Deportivo, qué palabra. ¿La Kirchner sabrá algo de eso?
Después de debutar en Qatar con un pobre resultado, décimo, amenazó con irse de Ducati en plena temporada. Dijo que la moto no corría y que no veía soluciones. Se alimentó el rumor de que el próximo año se buscaría otro equipo. Esto será verdad, porque ha dicho que correrá hasta 2014, pero ahora ya se ha bajado del pulpito. Admite que no está siendo competitivo. Que no sabe cómo rendir con esta máquina y que los demás sí van rápido. La sexta posición de Hayden, otrora su Sancho Panza, le ha sacado los colores. Nicky, que ganó un Mundial con dos meras victorias, hace funcionar mejor la montura italiana. Valentino adujo que él no se jugaba la vida para hacer un sexto. Pues ha entendido que deberá hacerlo, porque si se pasea le adelantará hasta un chaval de minimotos.
La polémica generada en su enfrentamiento con la fábrica de Borgo Panigale ha provocado discusiones en toda Italia. Se ha dado cuenta de que muchos le critican a él. Y ha echado el freno verbal. El freno real lo lleva de serie en su actual prototipo de mil centímetros cúbicos. Eso comenta. Pero ahora asegura que buscará lo mejor con la escudería. Veremos hasta cuando. Porque Ducati vive en plena venta a Audi por 755 millones de euros y la fábrica tardará en mejorar su prototipo de MotoGP. VR no suele tener paciencia. Ningún campeón la tiene. Deberá darlo todo en el Gran Premio de España, que se disputa el día 29 en Jerez. Es un circuito con mucha curva, técnico, donde las diferencias mecánicas se notan menos. Pero a la marca roja nunca le fue bien.
¡Qué mal encajan los campeones los malos momentos! Acostumbrados a tener lo mejor, cuando la ayuda no es la misma no aceptan competir a un nivel menor. Valentino Rossi tiene partida en dos a Italia. Critica a Ducati por su nulo éxito en la creación de la nueva montura de mil centímetros cúbicos y no acepta que él también tiene culpa. Su ingeniero de toda la vida, Jeremy Burgess, que le hizo triunfar en Honda y en Yamaha, le dice que la Duquesa será guapa con un poco de paciencia y de cariño, en las próximas carreras. Pero VR46 no aguanta. Dice que la Duchiesa es fea y que el próximo año creará un equipo privado con una Ducati ajena al grupo oficial. Muchos tifosi le alaban, porque piensan que él no tiene culpa del desastre. Y otros tantos le critican, porque argumentan que Hayden, con la otra Ducati oficial, ha sido sexto en Qatar. El italiano no pasó de la décima posición. Se justificó diciendo que él no se jugará la vida por un sexto puesto. Leña al mono. Campeón por última vez en 2010, Valentino cometió el error de abandonar Yamaha por el orgullo herido de verse superado por Lorenzo. Desde que fichó por Ducati corre con una moto "Fever" que era un buen regalo de Navidad para los niños, pero nunca una máquina para volver a ser el número uno. Valentino se marchó de Yamaha porque Jorge le quitó el primer puesto, pero si se hubiera comido el orgullo habría continuado en la pelea y hoy estaría codeándose con el español por el título. En Ducati lleva dos años de purgatorio, a medio metro del infierno. Y Agostini pone la polémica al rojo vivo. Le comenta que hay que saber retirarse a tiempo. Lo que faltaba.
Fue el peor piloto de Ducati en el Gran Premio de Qatar, que significó el estreno del Mundial. Hasta Barberá osó meterle la moto y echarle de la pista. Valentino acabó décimo en la carrera. Y hasta el gorro en el box. Afirma que la Ducati de chasis de aluminio, al estilo japonés, tampoco funciona. Rindió bien en algunos test de pretemporada, pero el italiano comprobó después que la moto no evolucionó igual en los entrenamientos de Jerez. Mientras Yamaha cada vez iba mejor a los mandos de Lorenzo, la máquina roja no volaba. VR46 ha puesto el grito en el cielo y ha manifestado que así no puede continuar. Jeremy Burgess, su ingeniero de toda la vida, le ha dicho que él confía menos en el trabajo de los mecánicos que ellos mismos. Lo cierto es que el campeón ha pedido mejoras para el Gran Premio de España, que se celebra el 29 de abril, y es posible que no reciba más que algunas piezas. Le prometen una evolución para la tercera prueba del año, el Gran Premio de Portugal, el 6 de mayo. Y el veterano emperador del motociclismo no se lo cree. Sus críticos, que los tiene, le acusan de no pelear por un mejor puesto, como hizo Hayden al alcanzar la sexta plaza. Valentino afirma que él no se juega la vida para ser sexto, sino para luchar por el triunfo. Aunque Nicky también fue campeón del mundo. La verdad es que la Ducati no rueda y Rossi tampoco corre con la mejor motivación. Se rumorea que negocia con Coca Cola para que le patrocine una Ducati privada en 2013. Coca Cola ya es su sponsor actualmente. Sería un mal final en sus relaciones con la fábrica italiana. Valentino también tiene que demostrar más en esta apuesta. Por ejemplo, sí, haber competido con Hayden por el sexto lugar, como subrayan quienes no le quieren. Hace cuatro años, cierto es, no habría tirado la toalla en una carrera. ¿Será la edad? Treinta y tres años no perdonan en este deporte tan duro.