Las acciones de Bankia sufren el típico correcalles de títulos bajo sospecha e incertidumbre Hace diez meses salieron a bolsa con importante descuento sobre su valor teórico contable. Cotizaron a 3,75€ que suponían un valor para el banco de unos 7.500 millones de euros. De entonces acá no ha parado de caer hasta 1,1€ (mínimo ayer) y 1,3€ de valor d e cierre. A lo largo de la sesión de ayer la acción registró precios entre 1,47€ a las 12:15 del mediodía y 1,1€ a primera hora de la mañana. En total se intercambiaron 20 millones de acciones (frente a una media de cinco millones diarias a lo largo del año) por valor de 26 millones de euros que suponen el 2,5% del total negociado en el IBEX. Esas 20 millones de acciones significan el 1% de Bankia. Poco negocio que arma mucho alboroto, entre otras razones porque detrás hay casi 400.000 pequeños accionistas que tienen motivos para sentirse estafados.
¿Cuál es el precio posible o razonable para esas acciones? Antes del recate su valor se aproximaba mucho a cero, aunque el mercado no lo haya reflejado. Con los nuevos ajustes el banco ha perdido sus recursos propios, aunque no lo ha reconocido, al acercarse a la insolvencia. Pero el Estado ha prometido socorro con 12.000 millones que recompondrán el patrimonio y habilitarán otro plazo para recomponer la entidad.
Los accionistas tienen dos posibilidades, vender cuanto antes, el precio de hoy puede ser el mejor en mucho tiempo, u olvidarse de esa inversión y esperar, con mucha calma, que los nuevos gestores hagan buena la inversión del estado para poder venderla en un futuro. No es probable que a corto plazo las actuales acciones Bankia recuperen el valor anterior ya que aun con la ampliación, lograr rentabilidad para repartir dividendos llevará bastantes años.
La presentación que de la crisis de Bankia hizo su nuevo presidente el pasado sábado fue aséptica, flemática, sin mirar atrás, como disculpando, pero precisando que su trabajo es enderezar un desastre sin mirar el pasado. Pero requerir al Tesoro, y rápido, 24.000 millones de euros, la mayor parte de los mismos sin soporte presupuestario o caja de la que tirar, exige algo más que esa presentación.
Goirigolzarri ofreció el aperitivo de lo que debe ser una explicación de fuste. Máxime cuando el ministro que gestiona el problema hizo, dos días antes, una presentación en el Parlamento sin entrar en el fondo y sin exponer la gravedad del caso. Porque 24.000 millones de euros son demasiados euros como para que no se den muchas más explicaciones y con carácter de urgencia. ¿Cómo va a disponer el gobierno de todos esos fondos sin una explicación detallada en el Parlamento?
A renglón seguido las agencias de rating degradaron a los bancos españoles con carácter general y sin entrar en detalles. ¿Tiene sentido la rebaja de rating aplicado a una entidad como Bankinter? Hay una sobrerreacción bajista, con castigos preventivos, que complican la salida de la crisis.
Los discursos “mitineros” de los dirigentes políticos a lo largo del fin de semana pertenecen a un mundo distinto y distante del real. Los del PSOE con el IBI de la iglesia como argumento y los del Gobierno con un discurso triunfalista sin sustancia se alejan de la inquietud de los ciudadanos que no entienden tanto recorte, pero al mismo tiempo tanto dinero para taponar la sangría financiera.
Los 24.000 millones de Bankia marcan un hito, alarman a los ciudadanos y perjudican las expectativas. Es más urgente que nunca una explicación muy detallada y al Goiri el sábado solo fue el aperitivo.
La horquilla es inquietante, los presuntos expertos, que fallan más que los cohetes de feria, dicen que a los bancos españoles les hacen falta entre 10.000 y 100.000 millones de euros (adicionales a los 200.000 que ya han anotado los balances) para recuperar la normalidad y la salud. Entre diez y cien es como no decir nada, entre el suelo y el techo, incluso con dudas acerca del techo.
Todas las estimaciones que se han hecho sobre el llamado “agujero” de bancos y cajas han sido cortas. Vamos por cuatro fases de rescate y las cuatro han sido insuficientes, inacabadas. El ministro de Economía ha sido razonablemente convincente esta tarde en la comisión del Parlamento; se ha echado encima la crisis, ha criticado con prudencia decisiones del pasado, ha considerado inadecuadas las preferentes colocadas a particulares, la salida a bolsa de Bankia… pero todo eso es pasado, lo que interesa ahora es cuanto falta, donde falta y cuando se alcanzará el punto cero.
El ministro insiste en que esta crisis la debe pagar el sector, que el Estado puede adelantar fondos para recuperarlos más tarde. Es probable, pero no es seguro. Dice que Bankia-BFA necesitan otros 7.500 millones y que las otras entidades con problemas se pueden encajar con varias opciones.
Y el presidente Rajoy dice que no hace falta mucho dinero para resolver el problema. Pero si falta poco, ¿Cómo es que no lo han resuelto… cómo es que hay tanta incertidumbre y preocupación? Algunos externos dicen que pueden faltar hasta cien mil millones, una cantidad inasumible para España que obligaría a pedir ayuda. Pero aunque fuera la mitad lo que hace falta, también se requeriría ayuda exterior. El gobierno quiere aparentar serenidad, seguridad, pero no convence, hay dudas razonables y el silencio del sector no ayuda.
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La llegada a bolsa de Facebook supone otro libreto más para el espectáculo de los valores tecnológicos, con alta combustión de capital. Salió al mercado como un cohete, con alza de hasta el 13% en pocas horas (hasta 45 dólares la acción) para buscar inmediatamente precios más pacíficos, menos emocionantes, que anoche andaban por los 33 dólares. Fiasco, dicen algunos. Aunque quizá no sea para tanto.
Un valor por encima de los cien mil millones de dólares para una compañía que factura bastante menos que esa cifra y cuyos beneficios están en la centésima parte, es mucho valor, demasiado valor por mucho glamour que tenga el negocio.
El valor futuro de Facebook está por ver, compara mal con los otros tres gigantes de las nuevas tecnologías (Microsoft, Google y Apple) con modelos de negocio más maduros y prometedores. Facebook ha ido al mercado en un momento complicado y con mucho papel en oferta. Quienes han colocado se han llevado buenas plusvalías, y quienes han entrado de nuevos, en busca de esas mismas plusvalías, van a tener que esperar. Lo inversores se han vuelto más cautos, descuentan futuro con prudencia, con mayor racanería que antes.
Lo de Facebook no es un fiasco, solo que salió muy caro y se impone el principio de realidad, porque cien veces beneficios, son demasiadas veces.
El presidente español y la canciller de Alemania han dado un paseo en barca en Chicago, con intérpretes y ayudante alrededor. Ambos se habían visto de manera más formal días atrás en Berlín y mantienen una línea caliente a través de ayudantes bien avenidos. La conclusión del viaje en barco es que Merkel entiende y apoya la política del gobierno español y así lo reflejan los diarios españoles. Pero eso, ¿cómo se traduce a hechos concretos? ¿Comprará el BCE bonos españoles?
Para el gobierno español Merkel es más importante que el nuevo presidente francés, especialmente tras ese comentario de Hollande acerca de un posible apoyo del fondo europeo de rescate para recapitalizar la banca española que aquí ha caído mal porque lo ha dicho un francés (y socialista). La opción de Rajoy es Merkel y a ella corresponde anunciar cualquier posible ayuda.
Por distintas razones Rajoy ha tomado distancia respecto a Monti y a Hollande, una pareja que quiere empujar a la canciller hacia posiciones más abiertas que las que viene sosteniendo estos últimos años.
Rajoy insiste en un discurso sencillo, casi obvio, reitera que hace lo que entiende que es mejor para España y que los amigos alemanes están de acuerdo. Pero no es suficiente, lo resultados no llegan.
Monti ha tendido la mano, por segunda vez, a Rajoy, como aliado mediterraneo,y le ha invitado a la reunión de Roma con merkel y hollande, en junio, previa a la cumbre de Bruselas de fin de mes. Es una mini cumbre de "grandes" en laque conviene estar.
Las fotos del picnic de Chicago trasladan una sensación superficial, ligera, poco ajustada a los sentimientos de los ciudadanos cada día más preocupados por el futuro. Las fotos de estas cumbres son preceptivas, pero ayudan poco a que la gente recupere la confianza.
El acuerdo alcanzado en el ministerio de Hacienda entre el gobierno y sus equivalentes autónomos hace viable el objetivo de déficit pactado con Bruselas para este año. Los ahorros incorporados al gasto estatal en los Presupuestos en trámite, más los asumidos por las comunidades autónomas, sustentan como objetivo posible la rebaja del 8,5 al 5,3% del PIB el déficit total de España para este año. Tres puntos menos significa unos 35.000 millones dee menor gasto.
Los acuerdos pactado ayer aportan un ahorro posible de hasta 19.000 millones, que unidos a los que ya ha impuesto el gobierno justifican mantener el objetivo como posible.
La reunión en Hacienda no ha estado exenta de tensiones políticas y aritméticas, pero concluyó con un acuerdo que evita la rueda habitual de descalificaciones político-partidistas que tanto desalientan a los ciudadanos.
El tono del ministro de Hacienda al concluir la reunión era menos grave de lo habitual, más confiado y tranquilizador que en otros ocasiones. La conferencia de prensa ha sido amplia, distendida y con buen rollo. En resumen, lo mejor de la semana. También la visita a las croquetas del “Manolo” que hizo Rajoy a media mañana, parece que por iniciativa del presidente del Congreso que interpretó que un rato de aire urbano y normalidad le iba bien al agobiado presidente del gobierno.
Lo que ayer parecía un disparate ahora se ve como verosímil; lo que hoy parece imposible, mañana puede ser probable. La tendencia no puede ser peor; o quizá si, puede serlo a poco que se pongan a ello. El ritmo informativo de los últimos ocho días es vertiginoso para quienes están embarcados en el euro.
Grecia ya está fuera de control y lo que se debate ahora es cómo hacer el desacople, como sacar a los griegos del euro. Operación nada fácil sin daños graves para todos. El expediente de expulsión no está previsto en los Tratados de manera que solo es posible un divorcio amistoso, de mutuo acuerdo, con capitulaciones bastante complicadas.
Si un nuevo gobierno griego que salga de las urnas consigue fortaleza política suficiente, puede optar por repudiar la deuda (infrecuente en la historia, pero no imposible), aislarse y buscar su propio camino de salida del agujero. La probabilidad de que así ocurra es baja, pero no imposible. Abriría una etapa de inseguridad e inestabilidad, nada conveniente para España.
Los problemas de credibilidad que padece España, tan desproporcionados como evidente, no pueden desvincularse del caso griego, pero tampoco vincularse como efecto de esa causa. De momento España está instalada en el pánico al futuro, incluidos los que gobiernan que reconocen que estamos en manos de Europa, que solo con remedios que vengan de Europa habrá salvación; que desde aquí lo que podía hacerse ya se ha hecho, al emnos eso dice Guidos, agotado en pocos meses.
El gobierno Rajoy llegó con autoridad, con votos, con poder... pero sin proyecto consistente y adecuado a los problemas con los que se enfrenta. Escudarse en el argumento de la herencia recibida puede aliviar el espíritu, pero solo es una excusa que no desvanece los problemas, todo lo contrario los agranda y complica.
La solución no es un gobierno de concentración, que por si mismo no arregla nada; la clave es un gobierno que tome el control y que trasmita a la sociedad que está la cargo y que sabe lo que hace. Puede ser de mayoría o de concentración, pero eso es accidental. Sencillo de exponer, pero bastante más complicado de ejecutar.
La otra crisis bancaria, la de los años 80, que desde el banco de España gestionó con éxito Mariano Rubio (que tiene pendiente reconocimiento de sus servicios a España) con Aristóbulo de Juan en las calderas, no ha servido de lección, ni de guía para gestionar la crisis actual que se parece mucho a la otra. Todas las crisis bancarias son semejantes, aunque las causas sean distintas.
En este caso se cumple la tesis de Galbraith de que las lecciones de las crisis se olvidan cuando pasan un par de décadas. Aquí olvidaron la experiencia anterior y pasaron de ella. Aluden al caso sueco, al británico, al norteamericano… y olvidan el nuestro, que fue modelo de estudio en los organismos internacionales y en todos los casos posteriores.
Y lo tuvieron fácil. Acabo de repasar más de una docena de artículos que a lo largo de estos tres últimos años, del 2008 al 2012, ha escrito Aristóbulo en Expansión, amen de otros documentos elaborados por él en circuitos más reducidos. Si le hubieran hecho algún caso, si hubieran leído y entendido esos textos, esa docena y media de personas que han gestionado tan mal esta crisis hubieran planteado otros procedimientos más sencillos y más eficaces. ¿Por qué no lo hicieron? No soy capaz de entenderlo, quizá por suficiencia o por cobardía.
Así que por poco, por no escuchar la voz de la experiencia, el coste de esta crisis en términos monetarios y, también de credibilidad, va a ser elevado, nos condena a varios años más de recesión. Lo que entonces, hace 30 años, se hizo bien (no solo respecto a crisis financiera, también la política y económica) ahora se hace mal, con carácter muy general. Podrían rectificar, no sería complicado, basta con escuchar a las personas adecuadas, a las competentes; y con pensar en términos de nación, de interés general y no de partido o de pandilla.
La continuidad de Sarkosy hubiera significado mantener el rumbo del pacto fiscal en Europa, con sus ajustes y reformas. El triunfo de Hollande cambiará las tendencias menos de lo que muchos imaginan, pero abre expectativas, entre otras la posibilidad de un realineamiento de las posiciones europeas. Frente al mensaje inequívoco de ajuste el nuevo presidente propone otro adicional, que no significa alternativo, con énfasis en el crecimiento. El discurso del sur frente al rigor del norte, un cierto catolicismo tolerante frente al luteranismo de los países fríos, aunque conviene dejar la religión al margen de la contienda política partidista para evitar equívocos y extravíos.
Hollande es una incógnita, un libro abierto sin final escrito. El personaje carece de experiencia política de gobierno aunque ha pasado muchos años en la sala de máquinas del socialismo francés. Sobre su carácter hay distintas versiones, la del ingenioso bromista, ocurrente y divertido, a la del burócrata sin carisma y sin ideas. Mitterrand le dijo hace treinta años, aguarde, ya llegará su momento. Y Mitterrand tenía olfato, aunque a Hollande casi se le pasó el arroz y en varias veces tomó el picaporte de salida de la política.
En el plazo de unos días, antes de que acabe la próxima semana el nuevo Presidente de Francia ocupará el solemne despacho en el Eliseo para tomar decisiones que serán sometidas a escrutinio riguroso: el caso griego, el alcance del “pacto fiscal”, la estrategia de crecimiento… son asuntos sobre los que el nuevo presidente tendrá que pronunciarse antes de verano, antes de la cumbre de Bruselas prevista para la última semana de junio. Y previamente tendrá que exponer y adoptar las primeras medidas para hacer frente a la crisis en Francia, que serán decisivas para el desenlace de las elecciones legislativas del 10 y 17 de junio que pueden otorgar a Hollande margen de maniobra para gobernar sin oposición insuperable o condenarle a una cohabitación que no será nueva en la República, pero que complica las decisiones.
En resumen, se abre un nuevo capítulo en la historia de Francia y de Europa que les afecta a ellos, pero también a los demás socios y vecinos.
Alguna emisora de radio, con apresuramiento, sin mirar las series, anuncia que los datos de paro y de afiliación a la Seguridad Social conocidos hace unos minutos son buenos, esperanzadores por primera vez en muchos años. Pero no es así, son malos, como los de hace muchos meses. Abril suele ser un mes propicio al empleo, lo fue el año pasado (64.000 parados menos) y el anterior (24.000), frente a los seis mil menos de este año. Y respecto a la Seguridad Social, el dato ajustado, desestacionalizado, que es el que hay que mirar para analizar, también es malo, 175.000 menos que dejan la referencia en 16,96 millones de afiliados, el peor dato desde hace ¡ocho años!.
El descrédito de la economía española radica en las insoportables e inexplicables cifras de paro, que más que doblan la media de la zona euro, de la OCDE y de cualquier otra área de comparación. Una tasa superior a la griega.
La caída de afiliación, aunque la media del mes es algo superior (19.000) a la del mes anterior, pone en riesgo el equilibrio de la caja de pensiones, además del agujero que viene de años atrás en la del aseguramiento del paro. Este es un dato importante para el conjunto de las cuentas públicas, una vez que el Presupuesto pretende cerrar el año a cero en la Seguridad Social, objetivo que a estas alturas del año parece muy improbable.
Los del sistema financiero es urgente, pero lo del paro es decepcionante.
El Presidente Rajoy ha pedido al Banco Central Europeo que sostenga la liquidez del mercado, que, sin perder de vista la inflación, mantenga una política monetaria expansiva. No es una demanda original, todos los países del euro con problemas de crecimiento (Alemania años atrás) reclaman carburante monetario.
Y el presidente del BCE ha sugerido a Rajoy que “si necesita…pida; que lo que haya que hacer… se haga”. Los banqueros centrales suelen hablar elíptico aunque se les entiende casi todo. Draghi le dice al gobierno español que no vacile, que si hay problemas en el sector financiero… se tomen en serio la restructuración, a fondo, y que se hacen falta recursos les pidan.
Pero pedir puede interpretarse como debilidad, y este gobierno necesita aparentar fortaleza y soberanía, especialmente tras las gatadas de los gobiernos argentino y boliviano.
Han sido varias las voces que desde Bruselas requieren al gobierno para que acelere la reforma financiera y despeje dudas sobre la fortaleza del sistema financiero español. Y el avance del informe del FMI concreta las entidades con problemas, que no son pocas ya que representan casi una cuarta parte del sistema.
Finalmente parece que el ministro Guindos, responsable de esa materia en sustitución del banco de España que parece desaparecido en combate, ha aceptado y entendido que hay que aislar los malos activos en un estacionamiento ad hoc (un banco malo, llamado de otra manera)pero necesita encontrar los fondos necesarios, preferiblemente en el mercado.
En pocos días tendremos noticias de si alguien asume ese encargo y a qué precio. Y simultáneamente los bancos con problemas, darán otra vuelta de tuerca a la consolidación del sector con nuevas fusiones. Para finales de verano la operación rescate bancario debería estar culminada en cuanto a diseño, la digestión necesitará años.
El INE confirma, con matiz de centésimas, las estimaciones del banco de España acerca de la economía española en el primer trimestre del 2012. Peor de lo esperado, recesión efectiva, dos datos negativos para el PIB intertrimestral (-0,3%) e interanual (-0,4%). Los barruntos de recuperación de la segunda mitad del 2009, tras una caída en vertical el semestre anterior (-4% anual, la mayor caída de la historia reciente) fueron espejismo que apenas duró unos meses.
El dibujo de la curva del PIB durante el último cuatrienio apunta una W casi perfecta. Seis trimestres de caída (2008 y medio 2009), otros siete de modesta recuperación (medio 2008, 2009 y arranque del 2010),que en ningún caso llegó al 1%, y los cuatro siguientes (desde la primavera de 2011) nuevo descenso que puede prolongarse durante lo que resta de año. No hemos recuperado el nibel de PIB real del 2006. Una catástrofe.
Conocer la realidad, diagnosticarla (decir la verdad en términos morales) es una condición previa, necesaria y no suficiente para un diseño eficaz de la política económica y su desempeño. Y ese diagnóstico hoy dice que la recesión es un hecho en España y en buena parte de Europa. Una estrategia de recorte del déficit, que pasa por ajustes en los gastos, es inevitable; pero no puede ser suicida. Sin crecimiento no se reducirá el déficit y para crecer habrá que estimular la economía.
La “agenda para el crecimiento” de la que empieza a hablar en Europa es tan decisiva como la “consolidación fiscal”, hay que sorber y soplar, un ejercicio para gente muy habilidosa.
Los datos de la EPA del primer trimestre confirman los registrados en las oficinas de empleo. La destrucción de ocupación caracteriza la actual recesión con 365.000 empleos menos durante el primer trimestre del año, cuatro mil al día. Las previsiones macroeconómicas del gobierno, y el consenso del mercado, quedan seriamente comprometidas con los datos de desempleo del trimestre pasado. En tres meses está hecha la mitad del camino al infierno previsto para todo el año. Y lo peor es que no hay el menor signo de recuperación, todo lo contrario.
La población activa está estancada desde hace tres años (23,1 millones), la ocupada (17,4 millones) retrocede a los niveles del año 2004 y los parados (5,6 millones) alcanzan una cifra sideral, insostenible en una sociedad con un mínimo de autoestima y respeto por sus componentes.
La tasa media de paro en España roza el 25%, con un 33% en Andalucía que parece una tasa incompatible con una sociedad que funciona con aparente normalidad. O las cifras están adulteradas o la realidad es virtual. Las familias con todos sus miembros en paro alcanzan la cifra de 1,7 millones, otro dato incompatible con una social normalizada.
Otro dato evidente, la llegada de inmigrantes ha acabado, los saldos son negativos, más salidas que entradas. Durante los últimos doce meses la población extranjera residente, estimada por la EPA, cayó en cien mil personas (de 4,7 a 4,6) y su ocupación baja en 223.000 personas (de 2,5 millones a 2,2). Los parados extranjeros crecen en 150.000 (de 1,15 a 1,3 millones). De los 5,6 millones de parados el 23% son extranjeros residentes, porcentaje que se reduce a la mitad si nos referimos a los ocupados.
En resumen un nuevo dato negro. Negrísimo, de empleo que ratifica que la recesión es real, profunda y rabiosamente antisocial.
El FMI ha analizado los bancos españoles (y las cajas) para concluir que hacen falta recursos adicionales y que hay algunas entidades en apuros a las que hay que regenerar. Del informe se conocen las conclusiones y el gobierno español ha preferido adelantarlas sin esperar la publicación oficial del documento pasados unos meses.
Da una de cal y otra de arena, por un lado reconoce la fortaleza de buena parte del sistema financiero español, empezando por las tres primeras grandes entidades que representan casi la mitad del sistema y por otra docena de entidades de menor tamaño que suponen otro 30%. El problema reside en el 20% que ha pesar de haber acometido fusiones, integraciones, ajustes… no ha limpiado las casas y siembra dudas en los mercados sobre la viabilidad de esas instituciones, lo cual pesa sobre el conjunto.
Lo que queda claro es que estamos en tiempo de descuento, que los ajustes llegan con retraso y sin suficiencia. Y el FMI añade que hace falta poner más dinero y que solo puede salir de los recursos públicos locales (Presupuesto) y de ayudas externas de la Unión Europea o del propio FMI.
El gobierno español le tiemblan las piernas a la hora de buscar esos fondos y las bendiciones pertinentes de Europa y los organismos internacionales. Tendrán que hacerlo, antes o después, cuanto más tarden el coste será mayor.
Popular, Bilbao, Bankinter, Santander, Sabadell informarán esta semana de sus resultados trimestrales y, sobre todo, darán a conocer la formulación de sus cuentas tras las exigencias del gobierno y el banco de España para poner punto final a la crisis financiera y despejar las dudas sobre la capacidad del sistema para volver a la normalidad y neutralizar los efectos de la burbuja inmobiliaria.
Banesto y Caixa, que suelen anticipar tendencia, han respondido a las exigencias de las autoridades ampliando dotaciones a costa de dejar los beneficios en cantidades simbólicas, unas decenas de millones de euros para el primer trimestre. La entidad catalana que significa la mayor organización financiera española, con cuota del 15%, ha hecho ajustes con dotaciones y resultados, sin recurrir a ventas significativas de activos. Incluso ha incrementado su posición en el segundo banco portugués que no pasa por el mejor momento por las dificultades de ese país.
En el caso de Banesto ha sido la matriz (Santander) la que ha socorrido al filial adquiriendo activos inmobiliarios y la participación en una de las compañías de seguros del grupo. Las cuentas de Banesto reflejan el proceso de desendeudamiento de empresas y familias y la caída del crédito, es decir las dificultades del negocio financiero en un mercado atascado y con tipos a la baja.
De las cuentas que conoceremos esta semana tienen interés las de Popular y Bankinter por cuanto su negocio es local y sus cuentas reflejan la realidad del mercado español. Ambos han sufrido en Bolsa descensos de más del 60% en año y medio, pero deberían ser los primeros en tocar fondo. Finalmente quedan los dos grandes, BBVA y Santander, cuyo negocio en España significa, respectivamente, el 30 y el 20% del total, pero que acumulan cada uno el 15% de la actividad financiera española. Las cuentas de los cuatros merecen análisis detallado.
Al margen quedan las entidades problemáticas que significan el 25% del sector y para las que es cada día es más urgente encontrar salida y acomodo,
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