Nueve y cuarto. La anochecida visitaba Las Ventas cuando Julio Aparicio asomó por el burladero y, antes de abandonar la plaza, su plaza, pidió a sus compañeros que le cortasen la coleta. El Fandi, padrino de la «ceremonia», le despojó de la castañeta, con Miguel Ángel Perera de testigo.
Detrás, en el callejón, José Ortega Cano, su apoderado, contemplaba la escena a través de sus gafas negras. Azabache había sido la tarde para Aparicio, como los alamares de su vestido fucsia, que se confundía con ese capote mágico que tantas tardes hizo soñar a la afición.
Ayer, solo hubo tres verónicas y media, tres lances que dentro de su imperfección emanaron un aroma torero, ese perfume capaz de trepar por el alma de los tendidos. Pero Aparicio no estuvo, no se sintió cómodo en la muleta con ninguno de sus dos toros. Sus partidarios empujaban, pero fue misión imposible. El corazón del torero dijo que no y la ilusión dejó de latir.
Muchos no se dieron cuenta del corte de coleta, de ese arrebato que a veces les da a los genios pero que parece que esta vez va camino de corte definitivo. Sobraron los almohadillazos, como sobraron esos oles guasones durante su última faena. ¿O tal vez penúltima?
Aunque parece una despedida definitiva, no sabemos si Julio Aparicio volverá a hacer el paseíllo. Pero los que le conocen saben que, tras esta pesadilla (torera, eso sí), el maestro seguirán soñando el toreo, porque como una vez aseguró en una entrevista a ABC, «no podría vivir sin torear ni sin soñar». Hizo esas declaraciones en diciembre de 2003, tras un año «de descanso voluntario».
Antes también se había tomado un impás toreando festivales. Nunca olvidaré esa tarde de mayo de 2002, en Aranjuez, cuando el hijo del maestro de la Fuente del Berro «reapareció» vestido de luces, de grana y oro. Cortó una oreja, pero ¡qué importan las peludas! Ahí lo que importaban eran esas verónicas de seda, esos doblones, esas trincherillas... En mi retina guardo de manera especial una imagen: Curro, el Faraón de Camas, lanzándole una ramita de romero durante la vuelta al ruedo.
O aquel rápido y valeroso regreso en Pontevedra tras su brutal cornada en el cuello en Las Ventas en 2010. Se necesita mucha afición y raza para volver tras un episodio tan dramático.
Claro que en su Madrid -donde, además de esa, sufrió el primer percance «grave» de su carrera en 2008 tras tirarse a matar con el corazón- todos rememoran la histórica faena del 94.
Este martes faltó memoria histórica. Sí, Julio Aparicio no estuvo bien, pero salió con un halo distinto al de su primera actuación en la feria. La tarde no rodó, aunque parecía venir con distinta actitud. Y, sobre todo, para muchos aficionados dejó los momentos de mayor torería. Ahí, en el estribo. O con el capote. O incluso para aliñar al toro.
No, no hubo perfección. Puede que su arrebato haya sido la decisión más acertada, porque en el escalafón hay toreros que se arriman como perros y con ambición ilimitada. Pero la torería no se compra ni se vende. Y la Fiesta también necesita de toreros de su personalidad, capaces de pasar del infierno a la gloria.
Torero, buena suerte, en su nueva andadura.
Aparicio sacó la casta de torero y se cortó la coleta. Porque hace falta tener casta, valor y ser torero para tomar una decisión así después de una tarde tan desafortunada. Hay que tener la cabeza muy fría y los pies muy asentados en la arena para pedirle a sus compañeros de cartel que oficiaran la liturgia del adiós, de la despedida de los ruedos.
Gesto de torero. Yo personalmente he tenido la suerte de ver la mejor cara de Julio Aparicio en varias tardes de gloria. Me ha hecho disfrutar mucho en el tendido, me ha emocionado con su personalidad, con su arte de torero diferente, de torero eterno.
Desde una de sus primeras novilladas en Calahorra, allá por la segunda mitad de los ochenta, hasta el día de su confirmación de alternativa en Las Ventas, sellado ya con letras de oro en los anales del coso madrileño, pasando por faenas que quedaron en mi retina en plazas como Alfaro o Huesca.
Por eso valoro más la decisión que tomó ayer después de una actuación negra, como muchas de las que han cosechado toreros de su corte. En su primera corrida de este San Isidro, el pasado día 15, no dejó indiferente a nadie. Las almohadillas que le despidieron tras otro día sin luz, dieron la medida de la decepción de los aficionados que siempre le esperan.
Mi aplauso, y mi respeto, torero.

¡Otra corrida que se va viva! De los seis toros de Baltasar Ibán, cuatro merecieron irse sin orejas. Y si a alguno le parece excesiva la alabanza, me quedo con dos, el segundo y el tercero. Oportunidad de oro que se le va al mexicano Spínola, al catalán Serafín Marín y a Rubén Pinar.
Pero con todo, los cuatro pirmeros fueron para abrir la Puerta Grande más deseada del Toreo. Desgraciadamente, ni por esas. Los de Ibán solo tenían casta y nobleza, solo ofrecían el triunfo a sus matadores... solo. Y como aquel "Fiscal" y sus otros hermanos de Alcurrucén, dejaron para la nada su larga crianza de toro bravo, esas décadas de selección, esos cuatro o cinco años en las dehesas y esos veinte minutos de gloria para su divisa.
Ahora, mientras los toreros se lamen las heridas, queda por lo menos la discusiíon entre los aficionados si fue mejor y más bravo el "Fiscal" de los Hermanos Lozano que le tocó a El Cid, o el "Pistolero" de Ibán que se llevó Marín. ¡Qué pena!
En la imagen, Serafín Marín ante el segundo de la tarde
Lo de Morante de la Puebla es para bien o para mal, es para despertar la máxima expectación y después provocar la mayor de las decepciones, o la mayor de las pasiones. La primera tarde de Morante se saldó con unas verónicas en el quite del perdón. Poco es, pero llegó el ¡morantazo! pleno de personalidad de arte, de lentitud.
Poco fueros esas dos verónicas que despidieron una tarde marcada por esa decepción en que se suelen convertir las tardes en las que se ponen las mayores ilusiones. Mala por descastada al límite la corrida de Juan Pedro Domecq, y muy poco, casi nada por parte de Alejandro Talavante, y una demostración de que el novel mexicano Juan Pablo Sánchez tiene el secreto del temple en sus muñecas.
Y entre todo el ¡morantazo!, que esta vez fue un ¡ay que pena!, más que el siempre esperado ¡cómo ha estao este tío!
En la imagen, Morante ante uno de los toros de Juan Pedro Domecq. Foto: De San Bernardo
Una corrida de Alcurrucén para recordar. La recordará el aficionado y, sobre todo, la recordarán El Cid, Miguel Ángel Perera e Iván Fandiño. Los tres lo tuvieron en la mano. No hay excusas para que no abrieran la Puerta Grande de Las Ventas de par en par.
No hay excusas ante una interesantísima corrida de los núñez de la familia Lozano. Bien hecha, seria, sin estridencias, encastada, con movilidad, y con calidad en sus embestidas. Unos más que otros, pero para los tres toreros hubo opciones inequívocas de triunfo.
Pero que si este miraba -a quién va a mirar, ¿a un señor del tres?-, que si punteaba, que si se quedaba corto, que si patatín que si patatán. Un conjunto para decir aquí mando yo.
Y en el pecado llevará la penitencia El Cid por no cuajar al imponente cuarto, Perera se lamentará de ese bajonazo tras derrochar valor y Fandiño penará por no rematar al segundo de arriba a abajo.
Por fin apareció el toro de Madrid y los toreros los dejaron pasar.
Nueve toros, cinco ganaderías, tres horas de corrida, una oreja para Morenito de Aranda, un gran par de banderillas de Luis Carlos Aranda y un buen tercio de varas a cargo del picador mexicano Nacho Meléndez. ¿Hay quien dé más?
En una tarde tan larga, uno se pregunta que si sobran tantos toros en el campo por aquello del descenso de festejos en los últimos años, ¿tan difícil es encontrar una corrida normal para Las Ventas? Por los problemas que que se viven día sí y otro también en los corrales, parece que dar con una corrida idónea para Madrid es tarea casi imposible, empezando por la presentación.
Lo de este lunes 21 de mayo fue impresentable, un insulto a los aficionados que se mantienen fieles a sus abonos. La afición madrileña, que llena todas las tardes la plaza no se merece el baile de corrales, las corridas que llegan a última hora fuera de tipo y de la mínima garantía, los remiendos incomprensibles y los sobreros sorprendentes.
El Fundi vivió en la tarde del domingo su día más amargo. Escuchar los tres avisos, retirarse al callejón dejando en el ruedo a su segundo enemigo a merced de los cabestros para volver a los corrales, no era lo que el torero de Fuenlabrada imaginaba para la que se anunciaba como su última tarde en Las Ventas. El Fundi se llevó el peor lote de la grande y ayuna de casta corrida de Guardiola, pero eso seguro que no le compensa la desesperación de dejarse un toro vivo en Madrid, el que podía ser el último, el último trago, el que nunca hubiese querido beber. No estuvo bien con ese cuarto toro, lo brindó al público y la faena no despegó en ningún momento. De ahí los fallos a espadas, el toro cada vez más complicado, más orientado, y tapado para descabellar, pegando arreones. Un aviso, otro, el fatídico tercero... Y el mundo encima. Lo que le faltaba a la tarde, porque los toreros ya se ganaron algo más que el respeto de todos con el compromiso de salir a torear bajo el aguacero. El Fundi pagó cara esa tremenda imprudencia, y sus compañeros Uceda Leal y Rubén Pinar pelearon como pudieron contra el agua, el barro y los complicadísimos guardiolas.Para El Fundi, desde la empresa de Las Ventas le llegó pronto la compensación a ese mal trago: tendrá oportunidad de despedirse de otra manera en la Feria de Otoño. Que ese día pueda poner el final que desea a su carrera.
Y a mí que me parece que la corrida de Torrestrella se les ha ido viva a los toreros. Cada uno con sus cosas, toros y toreros no rayaron a la misma altura. Seis torrestrellas imponentes, preciosos los dos burracos primero y segundo, un lujo el sardo que cerró plaza, bajo un poco el altón y lavadito de cara quinto. Todos dieron opciones a sus matadores, muchas. nobleza en sus embestidas, y aunque faltó un punto de pujanza, la vuelta al ruedo que dio Matías Tejela tras matar al segundo, sabe a poco.
Y eso que Tejela anduvo muy bien con el capote e intermitente pero con buen nivel manejando la muleta.
El francés Juan Bautista se paso de pulcritud y corrección, demasiado. Y si nos acordamos del mexicano Payo mejor olvidar, pues su tarde fue de las de marcar en negro.
El tormentón que cayó minutos antes de comenzar la corrida no hacia presagiar nada bueno, pero los de Torrestrella, con todos los peros que se les quieran y puedan poner, guardaban mejores cosas que les hicieron los toreros, Tejela incluido.
Una semana de San isidro, y una semana de pasión. De pasíón sin pasión, que es lo peor. El aburrimiento ha imperado en este primer tercio de la Feria madrileña y como culpable el ganado. ¿Único culpable? Pues no, que salvo honorosas excepciones, entre los coletudos también ha habido adocenamiento e indolencia.
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Castella, Manzanares y Talavante disparan la expectación
rosario pérez / madrid Día 17/05/2012 - 14.15h
LAS-VENTAS.COM
Este burraco cerrará plaza Ya aguardan en chiqueros los toros de Victoriano del Río -el tercero con el hierro de Cortés- que se lidiarán esta tarde en el cartel estrella de San Isidro. Máxima expectación había en el sorteo y en los alrededores de la plaza a la caza de una entrada.
Se hacían apuestas por quién se llevaría la oreja a la mano esta tarde. Había sobre todo división de opiniones entre José María Manzanares y Alejandro Talavante.
Manzanares, triunfador indiscutible de la temporada 2011, ya ha conquistado el trono de la Feria de Abril y el año pasado cruzó el umbral de la Puerta Grande de Las Ventas. Talavante también sabe lo que es la gloria madrileña. Y a por ella viene en una tarde de luto y oro, con el abuelo recién enterrado y con la fortaleza suficiente para rescatar ilusiones al natural.
Menos se hablaba de Sebastián Castella -ganador de la Oreja de Oro de la Corrida de la Prensa 2011-, hasta que la voz de un aficionado advirtió: «¡Mucho ojito con el francés..!»
Pues eso, ojito, ojito con el trío. Se respira rivalidad: un torero del Comando Cero frente a dos del G-10, entre los que también se espera competencia en el ruedo.
La suerte está echada. Ahora solo faltan que los de negro embistan. Y los de Victoriano del Río lo harán en este orden:
1º. Jarretero, de 533 kilos.
2º. Jubilada, de 545 kilos.
3º. Curioso, de 542 kilos (el único con el hierro de Toros de Cortés).
4º. Orador, de 570 kilos.
5º. Guasón, de 534 kilos.
6º. Lastimado, de 570 kilos.

Por fin se firmó el estreno más esperado de la temporada: el de José Tomás, que vuelve a los ruedos el 25 de junio en la Feria de Badajoz después de torear su última corrida el pasado septiembre en el cierre de Barcelona.
Esta especie de regreso aúna un aliciente superior: la figura de Galapagar rivalizará con El Juli en lo que se convierte, de momento, en el duelo de la temporada estival. Los toros pertenecerán a la ganadería de Domingo Hernández-Garcigrande en un cartel con múltiples connotaciones: José Tomás, torero que ha marcado su propio territorio en la Fiesta, se mide con Julián López, quien este año ha comenzado su particular batalla en los ruedos en la búsqueda de un mercado taurino-televisivo más equitativo. Pero El Juli está pagando caro el precio de esa lucha: se ha quedado fuera de las principales ferias, Valencia, Sevilla y Madrid. Por eso, el próximo 25-J, en pleno San Juan, la afición espera que haya máxima competencia entre dos grandes que, por motivos distintos aunque hoy no tan distantes, no se han anunciado en las ferias de primera en lo que va de año. Padilla, que abre terna y reapareció en Olivenza tras su brutal cornada en el rostro, no será un convidado de piedra.
El empresario José Cutiño -al que le llueven los plácemes por llevarse el Gordo taquillero en tiempos de crisis- es claro: «El torero que más cobra es el más rentable». En su opinión, «esta "reaparición", que se ha cerrado sin problemas, supondrá que en una temporada tan difícil no se pierdan abonados ni dinero. Ha tenido el gesto de premiar a la afición de Extremadura y de convertir San Juan -donde esperan anunciar el día 26 a Morante, Manzanares y Talavante- en el centro taurino mundial».
También el alcalde, Miguel Ángel Celdrán, agradece al madrileño que «haya escogido Badajoz -coso en el que toreó por última vez en 2009-, lo que tendrá una gran repercusión económica y publicitaria». Desde el momento en que se conoció la noticia, comenzaron a fluir las reservas hoteleras. «¡Es increíble su tirón!».
Su apoderado, Salvador Boix, califica el cartel «de máximo nivel, un gran acierto, con El Juli y Padilla, en su año». Con este encontrón con El Juli -como hizo por última vez en 2008 en Barcelona o antes en Ávila y casi 40 tardes en su primera época-, se demuestra que «torea con todos; si no lo hace con alguien es porque no quiere el otro o no los acartelan».
La temporada del torero de Galapagar será corta, toreará poquitas corridas, aunque son muchos los pretendientes que le rondan. Los tiene en de Norte a Sur, de Este a Oeste... Sí, José Tomás es el de mayor caché de la actualidad, pero dicen muchas empresas que compensa. Ya lo dice el refrán, a veces lo barato sale caro. Y lo caro no es tanto porque genera expectación, ilusión, pasión...

En medio de la bestial crisis, son muchos los empresarios que intentan arrimarse a José Tomás para aupar la cifra de abonos en las ferias, que este año se han visto sensiblemente reducidos en todas las plazas.
Para la mayoría, el caché es lo de menos. «José Tomás lo vale, y le esperamos como agua de mayo», dice un empresario a ABC. Todos le pretenden: desde los Postigo a Cutiño o a Simón Casas. Precisamente por los mentideros taurinos se apunta a que es el empresario de Valencia (y Madrid, y Nimes...) el que más posibilidades tiene para llevarse el gato al agua.
La empresa de Valencia está a la espera de que José Tomás dé una respuesta después de varias conversaciones con Salvador Boix. Llamamos al apoderado y le hacemos la pregunta del millón: ¿Arrancará su temporada en la capital del Turia? «En breve habrá noticias. Prefiero no hacer comentarios».
Boix ni confirma ni desmiente, pero su voz deja entrever que pronto se despejará la incógnita. De momento, Casas y su equipo tienen la feria abierta y en compás de espera. Es más, ABC ha podido saber que, en función de si José Tomás torea finalmente, el ciclo finalizará el 25 o el 29 de Julio.
De cerrarse el acuerdo -que la empresa espera conocer ya esta semana-, Valencia acogería de nuevo un acontecimiento taurino. Si julio del pasado año se convirtió en epicentro taurino con la reaparición de la figura madrileña tras su gravísima cornada en Aguascalientes, este supondría una inyección taquillera y de pasiones para los múltiples seguidores del torero.
Una marea blanca se precipitaba por la calle de Alcalá en dirección a la Cibeles. Muchos habían aparcado cerca de Velázquez. Por tan afamada calle desfilaron múltiples madridistas que se disponían a celebrar el triunfo de su equipo.
En ese paseíllo hacia la gloria blanca, tropezaron con una estatua vestida de purísima y oro. ¡Era la vaca Verónica! Diseñada por Pilar Oñate para la exposición Cow Parade en 2009, ha sido adquirida por la Fundación Wellington en la subasta para proyectos solidarios.
La vaca Verónica, apostada frente a tan torerísimo hotel -en el que se enfundarán de luces muchas de las figuras que acuden a San Isidro-, saluda con el capote a todo aquel que pasa por el Wellington.
Con su enorme trapío y simpática pose, pocos se resisten a fotografiarse con Verónica, que no es una vaca cualquiera. Este jueves blanco alguno se atrevió, bajo la lluvia, a abrigarla con la bufanda madridista, como hiciera Casillas con la diosa Cibeles.
Una marea blanca se precipitaba por la calle de Alcalá en dirección a la Cibeles. Muchos habían aparcado cerca de Velázquez. Por tan afamada calle desfilaron múltiples madridistas que se disponían a celebrar el triunfo de su equipo.
En ese paseíllo hacia la gloria blanca, tropezaron con una estatua vestida de purísima y oro. ¡Era la vaca Verónica! Diseñada por Pilar Oñate para la exposición Cow Parade en 2009, ha sido adquirida por la Fundación Wellington en la subasta para proyectos solidarios.
La vaca Verónica, apostada frente a tan torerísimo hotel -en el que se enfundarán de luces muchas de las figuras que acuden a San Isidro-, saluda con el capote a todo aquel que pasa por el Wellington.
Con su enorme trapío y simpática pose, pocos se resisten a fotografiarse con Verónica, que no es una vaca cualquiera. Este jueves blanco alguno se atrevió, bajo la lluvia, a abrigarla con la bufanda madridista, como hiciera Casillas con la diosa Cibeles.
Conforme se desarrolla la temporada, uno comienza a entender todo el lío del G-10, los derechos de televisión, los vetos empresariales, la unión de las figuras contra la crisis... que jalonaron el invierno. Todo se explica ahora, se veía venir. Si la recaudación de los cines está cayendo en picado, si los campos de fútbol también se resienten en sus entradas... ¡Es la crisis! Y con la experiencia de la pasada temporada, lo veían venir, ¡vaya si lo veían! Veían venir que las taquillas se iban a resentir. Como en Valencia en Fallas, como el Domingo de Resurrección en una plaza como Málaga con un cartelazo, como ahora en las primeras corridas de la Feria de Abril sevillana.
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