Teoría conspirativa contra teoría conspirativa. Si el presidente Zapatero y los sindicatos sugieren una conjunción de voluntades CEOE-PP en el órdago patronal que condujo al descarrilamiento del diálogo social por algunas reuniones y declaraciones públicas de Gerardo Díaz Ferrán, ¿sería excesivo interpretar como una confabulación de signo opuesto la inequívoca alianza Gobierno-sindicatos en la mesa negociación y la asunción por el primero de las “líneas rojas” de los segundos como límites de la negociación? Que cada cual juzgue como le mejor le plazca. A mí una cosa me parece clara: que la dimensión del cabreo de Zapatero por la frustración del acuerdo es directamente proporcional a los réditos que esperaba obtener de una imagen de los tres interlocutores firmando un acuerdo con el PP fuera de foco. Me sumo a la opinión de quienes sostienen, a un lado y otro de la funesta línea de fractura nacional, que la situación de nuestra economía, y en especial la del empleo, exige un gran acuerdo político del que no se puede quedar fuera ninguno de los dos grandes partidos: el resto de los invitados son necesarios pero no indispensables.
Y permitidme que dedique un párrafo final a Contador y a las guarradas que le han hecho durante las últimas semanas en el Tour. Parto de dos relatos seleccionados entre otros muchos, el de ABC y el de El País. Lo que todos habíamos imaginado se queda corto. Y ahí va otra teoría conspirativa a partir de lo que se ha sabido: la organización (francesa) del Tour no soportaba que las tres últimas ediciones las ganaran tres desconocidos petits espagnols, con lo que ello significaba de amenaza para la explotación comercial de la marca; de manera que pactaron con la vieja gloria su vuelta a las carreteras y lo incluyeron, con la complicidad de Bruynnel, en el mismo equipo de Contador para “neutralizar” al único ciclista capaz de frustrar esos planes. Si Armstrong hubiera cogido el maillot amarillo en la contrarreloj por equipos o en la etapa de los abanicos, lo que no ocurrió por décimas de segundos, Contador estaría ahora mismo digiriendo su amargura en la habitación del hotel. Lo de la confusión del himno puede ser un error, pero, aunque no buscada, representaba la última humillación impuesta a un ganador que ni la organización ni su equipo querían. No contaban con la paciencia, la fortaleza psicológica y la superioridad física del petit espagnol de Pinto. Con un par. En la próxima edición Armstrong tendrá un año más y Contador un equipo propio. Que les den al tejano soberbio, al belga hipócrita y al acomplejado director de la prueba.