Perezas privadas por Eduardo San Martín

Perezas privadas por Eduardo San Martín

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De Eduardo San Martín (el 29/12/2010 a las 09:29:15, en Economía)

Resumen del año que acaba y anuncio para el que comienza: lo peor de la crisis no ha pasado. Ello no ocurrirá antes de que hayamos advertido en toda su gravedad la certeza de que costará generaciones recuperar los años de esplendor, si es que llegamos a verlo alguna vez. De falso esplendor, en realidad, porque, como escribía hace unos meses un admirado compañero, durante ese tiempo “vivimos como ricos con dinero prestado”. Así que, cuando se acabó el casino, sólo quedaron las deudas.

Y, en el entretanto, estamos perdiendo una generación: unos, porque abandonaron sus estudios al olor del empleo y el dinero fácil, y ahora, sin trabajo y sin dinero, carecen de conocimientos para buscar un empleo alternativo; y otros, porque perseveran en sus estudios y éstos no se ajustan a las necesidades de las empresas, o porque empresarios de corta vista prefieren pegarse un tiro en el pie y son incapaces de ofrecer un empleo de calidad y estable a miles de jóvenes con una formación excepcional, con lo que será difícil superar esa falta de competitividad que es el peor mal de nuestra economía: no pudiendo competir en precios porque estamos en el euro, tampoco lo podremos hacer en calidad sin una mano de obra experta y cualificada. Hace un par de semanas, The Economist publicaba un cuadro desolador: somos los campeones del mundo en desempleo juvenil (un 40 por ciento), pero la tendencia se acentúa en todo el mundo.

Y a partir de esa realidad, toda una cascada de consecuencias perversas: los jóvenes se emancipan tarde, no consumen ni ahorran, no fundan una familia; la vida biológica se alarga, y la laboral, se acorta; la población envejece; el modelo social europeo, nuestra mejor contribución a la humanización de la economía de mercado, se tambalea, y con él, tal vez la propia Europa. Cuando hayamos digerido todo eso y actuemos en consecuencia, entonces habrá pasado lo peor de la crisis.

¿Mi mejor deseo para 2012? Que me esté equivocando.

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En una entrevista que publicó en su revista cuando Julian Assange, el fundador de Wikileaks, aún andaba escondido, el director de Time Magazine, Richard Stengel, le preguntaba si creía que todos los secretos son perjudiciales e innecesarios, y Assange respondía que creía en la necesidad de mantener secretas sus propias fuentes y que ello le producía muchas molestias. Y comentaba Stengel: “Hay algo de hipocresía en defender el secreto con el fin de combatirlo y más ingenuidad, e incluso peligro, en sugerir que el mundo es un lugar más seguro sin ningún secreto en absoluto”. Que se sepa, Stengel no pertenece al Tea Party, ni está a sueldo de los halcones del departamento de Estado o de la CIA.

Así pues, y tal vez para decepción de todos los feligreses que le siguen incondicionalmente, y le pagan las fianzas y los escondites, el mártir de la transparencia universal es un celoso guardián de sus propios secretos, de mantener una zona vedada a la transparencia en torno a su propia cruzada. Por ejemplo:

--Cuando dice que va a seguir con “su trabajo”, a qué se refiere exactamente. Servir de descorchador a un funcionario desleal no parece propiamente un trabajo, aunque se trate de una actividad. De dudosa honestidad, por cierto. ¿Cuál es el "trabajo" de Asssange?

--Cuáles son las fuentes de financiación de su página y si en alguna ocasión ha pagado a alguien por la recepción de sus filtraciones.

--Cuál es la naturaleza de los acuerdos “secretos” pactados con los cinco diarios internacionales que aceptaron publicar sus filtraciones. Y las condiciones fijadas en los mismos.

--Quién pagó la fianza de 280.000 euros (unos 45 millones de la extintas pesetas) para obtener la libertad provisional en Londres.

--Si, como asegura, es totalmente inocente de los cargos de agresión sexual que se le formulan en Suecia, por qué intenta por todos los medios no comparecer ante la justicia de aquél país, que no es precisamente Sudán o el Irán de los ayatolas.

Hasta sus más conspicuos adoradores deben admitir que hay algo en Assange --en su mirada, en sus palabras, en su pasado-- que resulta no poco inquietante. ¿Sabremos alguna vez toda la verdad en torno a este contemporáneo debelador de los poderosos?

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De Eduardo San Martín (el 14/12/2010 a las 10:29:17, en Política)

Pregunta: ¿es necesario el estado de alarma para evitar un nuevo plante de los controladores durante las fiestas de Navidad? Respuesta: sí, es necesario porque sólo de esa manera se puede militarizar a esos empleados públicos. Nueva pregunta: ¿pero es necesario militarizar a los controladores para evitar su sabotaje? Respuesta: pues, claro. ¿Pues claro? Más bien oscuro.

A un controlador militarizado que desobedezca una orden se le aplica el código penal militar; si un controlador no militarizado hace lo mismo le aplican las normas penales de la Ley de Navegación Aérea. La diferencia de las penas contempladas es mínima. ¿Entonces? Una razón confesable: que la presencia militar en las torres de control actúa de elemento disuasorio. Una segunda, no confesada: con el estado de alarma aplicado a un colectivo despreciable a los ojos del público, el Gobierno recupera una imagen de autoridad cuya ausencia le estaba destrozando en las encuestas.

Pero el estado de alarma provoca alarma de puertas afuera. ¿Qué estará pasando en esta España que tiene que recurrir a los cuarteles para que funcionen los aeropuertos?, se preguntarán por ahí fuera. Lo que no es una buena pregunta cuando nuestro crédito exterior toca fondo por la desconfianza hacia nuestra deuda y hacia la voluntad política del Gobierno de resolver los problemas económicos de fondo, y por la sombra proyectada sobre el éxito de nuestros deportistas. La prórroga del estado de alarma no ayuda a recuperar la imagen de país serio por la que fuimos tanto tiempo elogiados. Y además, es innecesaria a los fines para los que se invoca. Al menos en mi opinión.

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De Eduardo San Martín (el 12/12/2010 a las 12:26:31, en Cosas de la vida)

Ahora sabemos que los atletas detenidos no sólo se dopaban para conseguir mejores marcas (una debilidad de la naturaleza humana sometida a la extraordinaria presión del progreso constante), sino que algunos de ellos traficaban con esas mismas sustancias y obtenían como camellos pingües beneficios económicos que ocultaban en paraísos fiscales.

 De lo que se trataba, pues, no era de engañar al resto de atletas, a los aficionados y a sus propios cuerpos, sino de montar un negocio con la venta de sustancias dopantes, además del lucro que los mentirosos obtenían directamente (becas, conferencias, invitaciones y retribuciones por nuevas marcas) por sus records tramposos. Nada de eso tiene que ver con la vulnerabilidad a la tentación de traspasar los límites por las exigencias, a veces irracionales, del altius, citius, fortius, sino con algo mucho más mezquino y más bellaco: el enriquecimiento criminal.

Y sobre las alusiones que algunos hacéis a mi artículo de ayer en ABC, “Bajo la superficie”, no quería llevar la metáfora más allá de algunos aspectos que me ofrecían la oportunidad de reflexionar sobre la vulnerabilidad de una democracia cuyo éxito es más aparente de los que estaríamos dispuestos a admitir hace sólo unos años. En ambos casos, bajo la superficie discurren oscuras corrientes que la minan, pero la naturaleza de una y otra son muy distintas. Aunque en ambos casos tenemos la oportunidad de redimirnos, y el tiempo necesario para hacerlo.

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La escuela (española) se instala en la mediocridad. Estancados en la mediocridad. Una rara coincidencia une hoy a dos grandes de la prensa española, El País y ABC, a la hora de juzgar los resultados del informe PISA sobre la educación en los países de la OCDE. Basta con que leáis los detalles en cualquiera de ellos: las conclusiones son parecidas.

 Las posibilidades de renovar algún día nuestro modelo económico y de encontrar puestos de trabajo adecuados para el 40 por ciento de nuestros jóvenes que se encuentran en paro actualmente están en la enseñanza que seamos capaces de proporcionarles. Y esas posibilidades se nos están escapando de la mano a chorros. ¡A pesar de lo cual, qué poca atención prestamos a ese auténtico agujero negro de nuestra sociedad en comparación con el tiempo que desperdiciamos glosando las declaraciones y contradeclaraciones, a menudo insustanciales y absolutamente prescindibles, de nuestros representantes políticos!

 José Antonio Maria destaca dos de los asuntos más preocupantes de la enseñanza en España: la insoportable cifra de fracaso escolar (el 30 por ciento) y el escaso promedio de excelencia de nuestros alumnos. Pero la solución no está en el dinero ni en los grandes planes de estudio, no sólo. Finlandia, que es el país europeo que se sitúa en los primeros puestos en todos los informes PISA elaborados hasta ahora, no es el país que más gasta. Pero lo que invierte no lo hace en grandes instalaciones, ni en material escolar superfluo; lo hace sobre todo en la formación y la remuneración de los maestros. Tampoco pierde mucho tiempo en grandes planes educativos. Como decía una autoridad educativa finesa hace unos años, los programas educativos de su país caben en un folio. La clave: la autonomía de los centros y la autoridad, el prestigio y la solvencia de sus maestros. Y para ello no hacen falta grandes pactos de Estado, como el que los grandes partidos de España han sido incapaces de firma en treinta años. Basta con que cada uno de ellos, cuando se encuentre en el Gobierno, convierta la educación en una prioridad de su acción política, lo que no ha sido el caso por desgracia en todos estos años de democracia.

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De Eduardo San Martín (el 04/12/2010 a las 18:45:36, en Política)

Dos reflexiones rápidas sobre el motín (no puede calificarse otra manera) de los controladores. La primera es que es el Gobierno no debe aceptar la reincorporación de los controladores como un final del conflicto. Lo que ha ocurrido es muy grave y debe asegurarse de que no volverá a ocurrir. Ningún empleado público debe disponer de los medios suficientes para paralizar un país a su voluntad, por muy fundadas que sean sus reclamaciones (lo que no era el caso). No deberíamos haber llegado a la militarización: habrá que cambiar la ley para que no sea necesario recurrir a ese extremo en una situación semejante. Por otro lado, la privatización de Aena debería proporcionar la oportunidad de pensar en la privatización del control aéreo: es casi seguro que los controladores no se habrían lanzado a las barricadas si su patrón no fuera el Estado. Ni cobrarían los sueldos que cobran. Muchos servicios esenciales se pueden proporcionar a la sociedad desde la empresa privada, con las mismas garantías. En el Reino Unido, por ejemplo, sus más importantes aeropuertos son gestionados por empreas españolas.

La segunda reflexión es que, en estas circunstancias, todo el mundo debe ponerse detrás del Gobierno; sin matices. Ya habrá tiempo de discutir lo que se hizo mal o medio bien. La historia tiende a repetirse y podría poner en evidencia en el futuro a quien hoy regatea sus apoyos.

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De Eduardo San Martín (el 02/12/2010 a las 11:32:24, en Internacional)

Queridos contertulios del blog, no os veo especialmente animados a comentar el cablegate organizado por las filtraciones de Wikileaks de las comunicaciones reservadas del departamento de Estado norteamericano. Y, sin embargo, el asunto plantea dilemas de primera magnitud sobre las relaciones de los poderes públicos y los medios de comunicación y ciudadanos en general: el de derecho a la información versus el principio de seguridad; el de la transparencia frente al de la eficacia de la acción diplomática; el de la difusión de material obtenido ilegalmente….

Pero hoy voy por otro registro. Algunos analistas del mundo anglosajón, como el columnista del Financial Times, Philip Stephens, estiman que lo que revelan los documentos filtrados es que “el poder americano está declinando realmente”, por oposición a un editorial reciente del New York Times en el que este defendía que los papeles publicados “revelan un cierto embarazo, pero muestran también una diplomacia que es generalmente apropiada y, en ocasiones, hábil”. 

El articulista británico sostiene, por el contrario, que lo que se pone de manifiesto es que la única superpotencia mundial necesita meterse en todos los charcos, pero no puede esperar ayuda de nadie: Netanyahu quiere que EEUU bombardee Irán, pero no pone nada de su parte para reanudar las conversaciones con los palestinos; Rusia se opone al proyecto nuclear de Irán tanto como el que más, pero espera que le paguen por su cooperación; los europeos abroncan a Estados Unidos por su tratamiento de los sospechosos de terrorismo pero no ayuda a que las cosas cambien.

El poder americano se desvanece en un mundo de estados emergentes, proliferación nuclear y terrorismo internacional. “Otra cuestión es si debiéramos congratularnos por ello. Wikileaks y sus 250.000 cables nos han permitido un vistazo sobre algunas de las alternativas. ¿Qué es una pequeña argucia diplomática, nos podemos preguntar, frente a, por ejemplo, una carrera nuclear en Oriente Medio”.

Muchos en Europa sí se congratularán, aunque nuestros paralizados gobiernos no formulen ninguna alternativa multipolar seria al poder de Estados Unidos. ¿Y qué nos van a contestar desde allí cuando, una vez más, acudamos a ellos para nuestro rescate? It’s your business.

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