Perezas privadas por Eduardo San Martín

Perezas privadas por Eduardo San Martín

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De Eduardo San Martín (el 31/03/2010 a las 09:24:25, en Política)

A su pesar, pero por negligencia propia, los (muchos) políticos decentes de España se convierten con bastante frecuencia en cooperadores necesarios de la ola de desprestigio que sitúa a la clase política en general en el tercer lugar de las preocupaciones de los españoles. Se quejan esos políticos honrados de que no se puede extender la sospecha de la corrupción a todos ellos sin distitnción porque se trata de un cáncer que sólo afecta a una muy proporción muy pequeña de cargos públicos. Pequeña, pero muy relevante, como muestra el caso, infecto según todos los indicios, del ex presidente balear Jaume Matas.

 Se quejan, y con razón, pero con demasiada frecuencia contribuyen a extender esa sombra de sospecha cuando no reaccionan con la suficiente prontitud y energía a los delitos cometidos por alguno de los suyos. No hacía falta ser un juez de instrucción especialmente meticuloso para percibir en el asunto Matas el aroma pestilente que desprenden los peores casos de corrupción. Y ha tenido que llegar su catastrófica comparecencia ante el juez para que el presidente del PP se permita una declaración, bastante matizada por cierto, de distanciamiento respecto del personaje. No se explica, por otra parte, que el ex tesorero del partido, Jesús Bárcenas, imputado por el caso Gürtel, siga disfrutando del amparo, y hasta de la simpatía, de muchos de los dirigentes de su partido.

Los peores enemigos de un partido no son los partidos contrarios, ni los periodistas, ni los ciudadanos que no les votan. Son los corruptos que operan en su interior aprovechándose de una especie de ley de silencio que sólo se rompe cuando las evidencias se hacen insoportables. Mientras los elementos sanos de los partidos no se comporten de otra manera, expulsando sin contemplaciones a sus elementos podridos cuando los indicios sean lo suficientemente graves como para no tener que esperar una resolución judicial, el pueblo llano tendrá razones suficientes para juzgar a todos los políticos con idéntica severidad. Aunque parezca injusto. La invocación obsesiva de la "presunción de inocencia" se ha convertido en una cínica fórmula de exculpación que se aplica indiscriminadamente tanto a los sospechosos dudosos como a los delicuentes habituales. Que no se quejen entonces.

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Las cuestiones identitarias son sólo la sexta de las preocupaciones de los catalanes. El dato figura en una reveladora encuesta que publica hoy El Periódico de Cataluña. Justo castigo a la deriva nacionalista de los socialistas catalanes, que, traicionando algunos de los principios más queridos de la izquierda de siempre, se entregaron a una carrera identitaria que les ha alejado a pasos agigantados de la renovación del poder. No ganaron nada en la orilla nacionalista (siempre es preferible el original a la copia) y se dejaron mucho de su crédito en la orilla contraria. Uno recuerda aún cuando el candidato Montilla, en la campaña de las elecciones de 2006, abogaba por dejar de lado las cuestiones referidas a la identidad para ocuparse de los problemas reales de los ciudadanos. Exactamente los contrario de lo que ha puesto en práctica desde el poder. Con el resultado paradójico de que quien se ha beneficiado de esa deriva ha sido justamente el nacionalismo moderado, que no ha engañado a nadie y que, frente al desgobierno del tripartito, aparece como una opción deseable, incluso para los nos nacionalistas.

La encuesta constituye una enmienda a la totalidad al tripartito catalán, que ha confundido el culo con las témporas. Según los datos del estudio, cuando la legislatura echó a andar, en enero del 2007, el paro preocupaba a un 20,9% de los catalanes. Hoy son el 63,8%, mientras que ocho de diez catalanes considera que la situación ha empeorado durante el último año. Puede que la catastrófica gestión de los efectos de la nevada de hace unas semanas haya influido en la contundencia de los datos, pero los autores de la encuesta trazan una línea permanente en el tiempo, que convierte estos resultados en algo estructural y no simplemente coyuntural. Los nacionalistas de CiU no son santo de mi devoción (ningún nacionalismo, tampoco el español), aunque siento aprecio personal por algunos de sus dirigentes. Pero lo que me congratula es que los ciudadanos manden a su casa a los gobernantes que lo hacen mal, sin tentarse la ropa sobre la alternativa que viene después. Siempre dispondrán de otros cuatros años para comprobar si se equivocaron. Esa, y no otra, es la esencia de la democracia (K. Popper).

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De Eduardo San Martín (el 09/03/2010 a las 10:59:10, en Política)

Con su credibilidad en declive sostenido y con su partido cada vez más atrás en las encuestas (en la última, publicada el domingo por El País, que no destacaba el dato en sus titulares principales, el PP aventaja ya al PSOE en 6,1 puntos), el presidente del Gobierno perdió ayer una oportunidad inmejorable para cambiar, siquiera ligeramente, el rumbo de su segundo mandato en la entrevista que anoche transmitió TVE.

No voy a entrar en el detalle de sus declaraciones porque no hay en ellas nada que no forme parte de un discurso archiconocido y prefiero detenerme en algunas consideraciones de tipo general.

1.- Zapatero no estuvo a la altura de las preguntas, que planteaban problemas concretos de actualidad y que exigían respuesta claras y concisas. Divagó con largas frases etéreas y practicó casi siempre el método Ollendorf. Ya saben: "¿De dónde vienes? Manzanas traigo".

2.- Como han destacado hoy algunos comentaristas nada conservadores, Zapatero se instaló en un discurso moral ("Me siento personalmente responsable de cada parado") cuando lo que se le pedía eran respuestas políticas para una situación muy grave. A los millones de parados españoles no les importa si el presidente llora por ellos todas las noches, sino si tiene soluciones para su situación, con independencia de quien es o no responsable de su situación.

3.-Apostó explícitamente por la continuidad de su equipo y de sus polìticas, los mismos que han provocado la confusión de los últimos meses. Es cierto que ningún jefe de Gobierno puede desautorizar públicamente su propio Gobierno anunciando cambios inmediatos, pero podría haberse reservado al menos esa posibilidad para realizar un guiño a quienes, dentro de su propio electorado, se desperan con la sensación de parálisis actual. Mi opinión, que ya he expresado en otras ocasiones, es que el problema es él y no su gobierno.

4.- Incurrió una vez más en una imperdonable falta de respeto a la división de poderes a propósito del caso Garzón. Invocó los servicios del juez a la causa antiterrorista, y citó los juicios contrarios de la oposición, para defender la idoneidad de su intervención. Pero lo que estaba en cuestión no era la trayectoria del juez sino la independencia del poder judicial para tomar las decisiones que crea convenientes respecto de los procedimientos en curso y, en ese sentido, las declaraciones del domingo de Zapatero, que podría haber hecho en cualquier otro momento, resultaban cuanto menos inoportunas. Los juicios de valor de la oposición podrán ser o no criticables, pero no tienen la misma implicación: es el gobierno y no la oposición quien encarna el poder ejecutivo del Estado.

5.- En conjunto, resultó una entrevista (no por culpa de los entrevistadores) aburrida, previsible y decepcionante, sobre todo para quienes están deseando volver a confiar en un Zapatero que cada vez les ofrece menos motivos para hacerlo. Los demás, hace tiempo que perdieron cualquier esperanza.

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De Eduardo San Martín (el 05/03/2010 a las 11:26:37, en Política)

Mañana trataré en mi artículo en ABC de las evidencias de las relaciones entre las narcoguerrilla colombiana de las FARC y el régimen de Hugo Chávez, por un lado, y de las FARC con ETA por otro.

Para que vayáis abriendo boca os enlazo con dos los documentos utilizados.

El primero es un extenso y meticuloso reportaje del periodista británico John Carlin publicado en El País en dociembre de 2007.

El segundo es este video de un Informe Semanal de TVE difundido seis meses después.

 

Son dos de los lados del triángulo Venezuela-FARC-ETA que ha cerrado el juez Eloy Velasco en su reciente auto. Pero Moratinos no se da por enterado.

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De Eduardo San Martín (el 03/03/2010 a las 10:44:07, en Política)

No parece que el futuro de Patxi López y de su gobierno en el País Vasco interese a muchos, a juzgar por los escasos comentarios que ha provocado una reflexión sobre el asunto un año después de las elecciones que lo hicieron posible. No me extraña, pero lo lamento.

El gobierno de Patxi López simboliza alguna de las cosas que tanto echamos de menos en esta España convulsa de hoy: la posibilidad de alternancia en comunidades en la que se enquistan gobiernos clientelares a los que parece imposible desalojar el poder; la formalización de pactos entre los dos grandes partidos nacionales con el objeto superior de proclamar la supremacía de las leyes y la defensa de las instituciones del estado democrático; una forma de gobierno más pendiente de los problemas de los ciudadanos y de eliminar las causas de la crispación que de alimentar trasnochadas chácharas identitarias; y la moderación, el diálogo y la cooperación como principales harramientas. Vengo pensando desde hace unos meses que, si PSOE y PP nacionales fueran liderados en estos momentos por Patxi López y Alberto Núñez Feijóo, los dos hombres que emergieron de los comicios del 1 de marzo de 2009, probablemente nos encontraríamos en una España diferente a pesar de la crisis. O por causa precisamente de la crisis. Pero, qué le vamos a hacer. Aquí y ahora, lo que mueve al comentario es el morbo de la trifulca, por mucho que los comentaristas de ocasión digan aborrecer de ella. Así que volvamos al cuadrilátero.

El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, acaba de desmentir por la radio que su organización esté proponiendo el contrato precario para jóvenes (¡hasta los 30 años!) que ayer propuso alguien de su organización y del que hoy se hacen eco todos los periódicos. Más parece una rectificación de las que tanto practica el Gobierno (lanzo un globo sonda y luego recojo carrete si suscita un clamor en su contra) que un lapsus del directivo de la CEOE en cuestión.

Confieso que cuando leí anoche la noticia no salía de mi asombro. Existe un diagnóstico compartido sobre uno de los peores males del mercado laboral español: la dualidad y la excesiva temporalidad. De los cuales se derivan otros dos: la falta de competitividad y de productividad. La inestabilidad en el empleo que provoca la excesiva temporalidad y la incesante rotación en los puestos de trabajo impide el progreso en la formación de los trabajadores y da como resultado una mano de obra de escasa calidad, que es el único factor en el que las economías desarrolladas, como la nuestra, pueden defenderse en el mercado global de la agresividad de las exportaciones de países que compiten en precios. Yo he oído este razonamiento a la propia CEOE, y de ahí la propuesta generalizada (aunque el Gobierno parece sordo a este respecto) de que lo que se tiene que fomentar es la estabilidad en el puesto de trabajo a través de un nuevo tipo de contrato indefinido, más flexible en las condiciones de entrada y de salida.

Me congratulo de la rectificación de Díaz Ferrán, pero sigo con la mosca detrás de la oreja. Me preocupa que se les haya ocurrido siquiera. Los contratos de inserción (para los primeros empleos de trabajadores de menos de 20 o 22 años) tienen una justificación. En los momentos actuales, en los que quienes demandan empleo son trabajadores con hasta 20 años de experiencia, eso parece una broma de mal gusto.

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De Eduardo San Martín (el 01/03/2010 a las 13:14:34, en Política)

Coincide el aniversario del primer Ejecutivo vasco sin representación nacionalista con la caída de un nuevo jefe militar de ETA. Dos circunstancias que conviene, sin embargo, no relacionar no vaya que ser que el árbol del entusiasmo nos impide ver un bosque mucho más complejo que lo que sugieren las apariencias.

 El alumbramiento del gobierno de Patxi López no fue fácil, su presente no es exultante y su futuro es incierto. Afirma hoy en una entrevista en ABC el líder del PP en el País Vasco, Antonio Basagoiti, que "el mayor riesgo del Pacto (PP-PSE en el País Vasco) se llama Zapatero". Según cuenta la crónica subterránea de hace un año, Patxi López sostuvo un pulso duro con el presidente del Gobierno, que prefería entonces, y sigue prefiriendo, un acuerdo PSE-PNV. Con un PNV más centrado, que presta además su apoyo parlamentario al gobierno del PSOE en Madrid, Zapatero puede armarse de razones para intentar dar por acabada una experiencia que no le entusiasma en cuanto las circunstancias lo permitan. Los resultados del último euskobarómetro, en el que una mayoría clara de los vascos sigue desaprobando la coalición de facto, desalienta a un gobierno que cree haber devuelto la normalidad a una tierra atribulada por décadas de violencia y fortalece a quienes conspiran contra el acuerdo desde su misma constitución. 

Las últimas detenciones de jefes de ETA subrayan la perseverancia de un gobierno humillado por la "peineta" que le hicieron los terroristas durante la última tregua, una actitud que es anterior al vuelco de poder en el País Vasco. Las declaraciones de hoy mismo de Rubalcaba son inequívocas al respecto. No parece que, con este gobierno, espoleado por la frustración, puede haber marcha atrás. Las detenciones refuerzan el aislamiento político de los grupos afines a ETA en el que el gobierno de Patxi López ha empeñado gran parte de sus primeros esfuerzos. Pero una eventual consecuencia última de ese proceso, la reintegración del nacionalismo radical a la vida política, cambiaría probablemente la geometría de poder en la que hoy se asienta su Ejecutivo. Nos adelantamos mucho, pero un breve excurso por el mundo de las paradojas probables ayuda a relativizar las seguridades del presente.

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