Perezas privadas por Eduardo San Martín

Perezas privadas por Eduardo San Martín

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De Eduardo San Martín (el 28/02/2009 a las 16:29:43, en Política)

 

Puesto que estamos en una jornada de reflexión, reflexionemos. Sobre lo que se juegan los partidos, y sobre los que nos jugamos todos los españoles. En Galicia, las dos grandes formaciones políticas españolas se juegan el destino de esta primera mitad de la legislatura. Si el PP recupera la mayoría absoluta, habrá puesto sordina al ruido generado en torno a las sospechas de corrupción generadas en su entorno y tal vez consolide un liderazgo permanentemente puesto en causa. Y, de paso, colocará por primera vez al PSOE de Zapatero ante su primer revés electoral. Y, si ocurre lo contrario, Zapatero sumará una muesca más en sus cananas en el momento más difícil de su mandato y traspasará a la oposición todas las incertidumbres.

En el País Vasco, somos todos los españoles los que nos la estamos jugando. Soy de la opinión de que la transición democrática española no estará completa hasta que el nacionalismo vasco no se vea obligado a ejercer de oposición. Como ya ha ocurrido en Cataluña. Con independencia del signo político del gobierno que suceda a esos nacionalismos. Ninguna sensación más desalentadora para un democracia como la de dar por supuesta la asignación de una parcela de poder a una fuerza política sólo por su arraigo en un determinado territorio. La prueba del nueve del talante democrático de un partido es su disposición a aceptar su paso a la oposición; si es capaz de aceptar las reglas del juego, en lugar de considerar como un patrimonio propio ese poder y una usurpación que lo ejerza otra fuerza política. Confieso que estoy expectante por ser testigo de una experiencia semejante. Me da igual que el socialismo considere la posibilidad de ser gobierno en el País Vasco como una victoria propia. Creo que lo que realmente nos importa, como españoles, es que el PNV sufra la experiencia de hacer política en la oposición. Pura higiene democrática.

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De Eduardo San Martín (el 26/02/2009 a las 11:08:22, en Política)

 

Ni aposta habría resultado más “oportuno” políticamente el desarrollo del sumario instruido por el juez Garzón en torno a supuestas corrupciones en administraciones regidas por el PP. ¿Cómo no pensar en una “mano invisible”, más eficaz en este caso que la que, según Adam Smith, regula los mercados? Las primeras informaciones del caso preparan a tambor batiente unas detenciones que se producen justo en el comienzo de las campañas electorales en Galicia y el País Vasco. Se aludió a un posible intento de fuga. ¿Y qué esperaban, si las informaciones en torno a los posibles imputados ya se habían puesto convenientemente en circulación? Después, la petición de la fiscalía para que el juez se inhiba por la posible implicación de aforados (sin determinar, aunque se filtra el nombre de Camps), coincide con unas encuestas que, en Galicia, no dan los resultados que el estado mayor del PSOE preveía hace poco más de un mes (como mínimo una pérdida de tres escaños por el PP gallego, decían). Y ahora el juez instructor retrasa una decisión sobre el incidente de inhibición (que le obligaría a hacer públicos los nombres de los aforados) hasta el final de la campaña, con el resultado de que los votantes dedicarán el día de reflexión precisamente a eso, a “reflexionar” sobre los nombres que van a aparecer en grandes letras de molde ese mismo día. Pero, por si el juez no se decide finalmente a hacerlos públicos oficialmente antes de la votación, ya se han encargado otros (y él mismo, de forma indirecta) de que vayan apareciendo en estas horas finales de campaña.

Es verdad que Garzón utilizó también su peculiar manejo de los sumarios contra el PSOE de Felipe González. Lo que no quiere decir que la suma de dos errores haga un acierto. La actuación del magistrado en este caso huele fatal. Como la de otros actores del caso. Cuesta trabajo atribuir al azar una tan perfecta sincronización de secuencias. Y eso aún en el caso de que algunas de las filtraciones de los hechos las hubieran realizado, como se ha sugerido, los primeros denunciantes (al parecer ex concejales despechados del PP).

Pero la supuesta intencionalidad política de las diligencias sumariales no anula la más que verosímil implicación de representantes del PP en un caso de corrupción y la responsabilidad de la actual dirección del partido, aún por negligencia. Una sospecha no excluye la otra. Ocurre, sin embargo que en este caso, como en muchos otros, se produce una lamentable reacción maniquea: para quienes creen culpable al PP, jueces, fiscales y policía han actuado de forma impecable; y quienes consideran que el magistrado y la fiscalía no han actuado de forma inocente, exculpan de toda responsabilidad al PP. Pues, bien, ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: que cargos del PP sean efectivamente unos corruptos y que el caso se haya manejado con intenciones políticas.

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De Eduardo San Martín (el 24/02/2009 a las 12:15:11, en Política)

Mariano Fernández Bermejo y yo estudiamos juntos en la Facultad de Derecho de Madrid, hace ya unos cuantos años. Mejor guardar este dato bajo secreto a ver si tiene más suerte que algunos sumarios judiciales declarados como tales. No lo recuerdo muy bien de aquella época, pero él si se acordaba relativamente bien de mí y así me lo dijo cuando su figura adquirió relevancia política. Desde entonces no hemos mantenido una relación muy frecuente, pero, a través de algunos contactos personales, hemos desarrollado una corriente de afecto recíproco, por encima de las diferencias que nos podían separar en asuntos concretos. Y esa corriente, al menos en lo que a mí respecta, se mantiene después de la cadena de errores que le han llevado a su dimisión. O su destitución encubierta; que cada cual piense lo que le parezca más verosímil. Yo me inclino por lo segundo.

Bermejo es una persona vehemente, con una ideología de izquierda un tanto esquemática y no muy actualizada, forjada más bien en el aprendizaje universitario que en una experiencia vital que, en su caso, apuntaría más bien en una dirección ideológica opuesta. Y tal vez (y esto constituye una especulación personal) esa contradicción aparente entre sus orígenes y su ideología puede explicar algunos de los errores cometidos, no sólo con la cacería de marras, sino también en sus relaciones con jueces y funcionarios judiciales. Como si subconscientemente pensara que su adscripción política le redimía de ciertas manifestaciones de arrogancia y displicencia.

Sin embargo, de la experiencia de mis conversaciones con él extraigo la conclusión de que Bermejo es más ruido que nueces, que su fiereza aparente tiene algo de impostado y que defendió siempre de buena fe su capacidad y su disposición para resolver los graves problemas que arrastraba la justicia desde décadas atrás y recomponer las relaciones con la oposición para desbloquear las instituciones paralizadas por su falta de renovación. Es evidente que pudieron más sus pulsiones que sus buenas intenciones. Pero quién le nombró ministro lo eligió muy bien sabiendo cómo era. Querían un gladiador, y lo tuvieron. Y hasta hace muy poco le rieron sus desplantes y sus rechiflas contra la oposición. Hasta la huelga de los jueces. Porque ha sido ésta y no una montería la que ha condenado a Bermejo. La inexplicable partida de caza ha proporcionado una magnífica excusa a quien, muy probablemente, quería desembarazarse de él hace ya algún tiempo.

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De Eduardo San Martín (el 21/02/2009 a las 19:00:05, en Cosas de la vida)

El asesinato de la joven sevillana Marta del Castillo evoca un problema que sólo se ha tocado de manera tangencial durante todos estos días de angustia y tragedia: el riesgo de dejar a los adolescentes a solas con su ordenador. Como tal vez sepáis, la pobre niña se relacionaba con los demás fundamentalmente a través del ordenador, por medio de chats, messengers y redes sociales. Muchos de nuestros adolescentes se han creado de esta manera una especie de burbuja de la que los mayores, y los padres en primer lugar, están completamente ausentes.

Hace unos días, un compañero de trabajo con hijos quinceañeros me decía que había sido convocado al colegio donde estudian y allí, junto con otros padres en la misma situación, fueron alertados de los graves riesgos que comporta dejar a los hijos a solas en su cuarto con el ordenador. Y les recomendaban que procuraran estar siempre presentes cuando el niño trabajara con su pc. Como es sabido, muchas de las redes de pederastia se han establecido aprovechando la ingenuidad de niños sin suficiente criterio para distinguir la malas compañías en la red. Pero, como hemos sabido por el caso de Marta del Castillo, el único riesgo no es ese.

Pues bien, justo cuando recordaba estas reflexiones leo en The Economist de esta semana la experiencia de unos de sus periodistas sobre el mismo asunto. Y cuenta como hace unos días rechazó una oferta de su proveedor de Internet para extender el radio de acción de su router inalámbrico a todas las habitaciones de la casa. Actualmente, la señal sólo llega desde su despacho hasta la zona de estar. No a los dormitorios. Razón esgrimida, de acuerdo con los consejos obtenidos en libros y otros testimonios: no quiere que su hija adolescentes maneje el ordenador a solas en su cuarto de dormir para evitar malas influencias fuera del control de la mirada de sus padres. Me parece una recomendación sencilla a seguir en estos casos: situad vuestro router en un lugar donde su señal no alcance al dormitorio de vuestros hijos.

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De Eduardo San Martín (el 19/02/2009 a las 19:37:32, en Política)

 

 

 

 

 

Qué decir de todo lo que está pasando. Ya sabéis lo que pienso de determinadas coincidencias. También de la negligencia de la actual dirección del PP en limpiar, hace ya mucho tiempo, su propia casa. Por decencia, pero también para no ofrecer blancos débiles a sus adversarios ni dejar liebres sueltas para cazadores ávidos de presas. El PP se defiende, y tiene derecho a ello, pero se equivoca muchas veces en los medios. El espectáculo de esta tarde en la Asamblea de Madrid alimenta la distancia de muchos ciudadanos respecto de sus representantes políticos.

Pero a mí una de las cosas que más me preocupa es la deriva inquisitorial que adquieren normalmente en España unas simples diligencias judiciales en estadio embrionario. Una simple referencia en el sumario a un personaje público (por ejemplo, una conversación grabada a una persona de ética dudosa en la que esta formula una acusación no probada) se convierte automáticamente en una pieza de imputación contrastada. Conozco personalmente al presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, y me cuesta creer que acepte 50.000 euros en trajes de Milano. ¡Qué cutrez! Ni trajes o cualquier otra cosa. Pero una presunta choriza pillada en una grabación formula esa acusación y Camps se convierte de inmediato en un sospechoso. Para los fiscales y para el respetable ¡Cuántas de esas implicaciones o acusaciones no se han quedado en aguas de borrajas una vez que ha avanzado la instrucción! Pero, a ojos de la opinión pública, a la que no se recuerda la inanidad de esas acusaciones cuando llega el momento, esos personajes han quedado marcados para siempre. Recuerdo las acusaciones formuladas, en los años ochenta, contra el entonces presidente de Castilla-León, Demetrio Madrid. Dimitió para defenderse y luego fue absuelto. Nunca volvió a la política. Tal vez por asco.

El establishment judicial tiene una enorme responsabilidad en estos juicios paralelos y en la filtraciones selectivas que orientan la investigación periodística hacia determinados nombres. A estas alturas, y después de lo que ha llovido en este y otros muchos casos, es imperdonable que ninguna investigación interna en ese sentido haya llegado casi nunca a una conclusión. Y con esto basta por hoy.

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De Eduardo San Martín (el 18/02/2009 a las 07:16:01, en Política)

Vaya por delante que no creo que los representantes de un poder del estado tengan derecho de huelga, y los jueces lo son. Aunque no exista una ley específica del derecho de huelga, que sigue regulada por un decreto de finales de los años setenta, sí se niega expresamente a los funcionarios. ¿Lo son los jueces y magistrados? El Consejo de Poder Judicial se salió por la tangente cuando se tuvo que pronunciar sobre los servicios mínimos y dijo que la huelga de los jueces “no tiene efectos jurídicos”. Pero, insisto, en mi opinión, un poder del Estado, como el Parlamento o el Gobierno, no pueden declararse en huelga.

Dicho esto, la huelga convocada para hoy por dos asociaciones de jueces no va de recursos, ni de oficinas. Va sobre todo de confianza. La que los magistrados, tanto lo que van a la huelga como los que no, han retirado al Gobierno. Por qué ahora, se pregunta el ministro, cuando, según dice, su Gobierno es que el más ha invertido en justicia en los últimos tiempos y el que ha creado más plazas de jueces y fiscales. Porque la falta abrumadora de medios en la justicia es sólo el contexto. Y fel fino olfato del ministro cazador lo tenía que haber detectado desde hace ya algún tiempo. ¿Desde cuándo? Desde el asunto del asesinato de Mari Luz y las acusaciones vertidas contra el juez Tirado. Como escribo hoy en mi periódico, hay un proverbio chino que reza que cuando un dedo señala a la luna sólo los estúpidos se fijan en el dedo. Pero el dedo acusador de este Gobierno es demasiado alargado, además de irritante e injusto. Y no señala a la luna sino al lucero del alba. A un chivo expiatorio, casi siempre. Cuando el respetable pide cabezas por un crimen deleznable, por una catástrofe o una negligencia grave, el dedo acusador del Gobierno apunta siempre hacia otros –jueces o banqueros–, nunca hacia sí mismo.

El Gobierno señaló al juez Tirado, y no sólo pidió responsabilidades, que las había, sino que dictó a sus compañeros magistrados exactamente lo que quería. Al menos tres años de inhabilitación, exigieron la vicepresidenta (que es magistrada) y el ministro de Justicia (que es fiscal). Y para dar ejemplo, sancionaron exageradamente a una secretaria judicial. Para la inmensa mayoría de los demás jueces, de todas las ideologías, el Gobierno desviaba las iras desatadas por el asesinato, de forma irresponsable y populista, hacia un juez que pudo ser negligente pero en absoluto responsable del caos judicial que podía explicar (nunca justificar) el error. Pero el Gobierno sigue en sus trece y de ahí la huelga. A pesar de la”generosidad” presupuestaria de este ministerio.

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De Eduardo San Martín (el 16/02/2009 a las 09:10:54, en Internacional)

A Hugo Chávez no se le cae el nombre de Simón Bolívar de la boca. Denomina “bolivariana” a su pretendida “revolución” con una imprecisión conceptual que debe más al pastiche intelectual que al rigor en los términos. Porque si de verdad fuera “bolivariano”, Chávez nunca habría convocado el referéndum de ayer en virtud del cual podrá presentarse indefinidamente a unas elecciones. “Nada es tan peligroso –escribía el Libertador–, como dejar permanecer a una misma persona en el poder”. Hay un Bolívar que Chávez no ha querido leer y al que jamás citará en público. Como aquél que recuerda: “Huid del país donde uno solo ejerza todo el poder. Es un país de esclavos”.

Y, sin embargo, un 54 por ciento de los venezolanos ha votado sí en el referéndum del domingo. Chávez es de esos personajes estrafalarios que ocupan momentáneamente el vacío de poder dejado por unos partidos tradicionales corrompidos y a los que después resulta prácticamente imposible desalojar del poder porque, para cuando aquellos partidos “resucitan”, esos personajes a los que se juzgaba esperpénticos y pasajeros han tejido con los dineros públicos una red de intereses y de clientelismo tan poderosa que mantienen cautivo una parte sustancial del voto. Lo más parecido que hemos tenido en España es a Jesús Gil, quién llegó al poder a hombros de sus ciudadanos por el fracaso de los partidos convencionales, no perdió desde entonces ninguna votación, vació las arcas del ayuntamiento de Marbella y sólo se le pudo arrebatar la alcaldía cuando le condenaron y metieron en la cárcel.

No son nada tontos. Al contrario, son sumamente astutos y sobreviven porque las elites políticas tradicionales cometen el error de menospreciarlos por arribistas. Las prisas de Chávez por convocar este referéndum (las próximas elecciones no tendrán lugar hasta 2012) responden a esa astucia. El presidente venezolano sabe que los tiempos del dispendio petrolero (en los que ha utilizado los inmensos beneficios provocados por unos precios estratosféricos para comprar voluntades) se acaban. El gobierno calcula unos precios de 60 dólares para sostener los presupuestos, pero el crudo anda ahora por los 40 y no parece que vaya a subir mientras la demanda mundial sigue con encefalograma plano. Los estudiantes lideran por ahora la revuelta contra el “caudillo” (todo un símbolo). Pero probablemente, si siguen así las cosas, no tarden mucho en echarse a las calles muchos de los que auparon a Chávez al poder y le han mantenido mientras la vaca del poder les seguía dando de mamar.

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De Eduardo San Martín (el 13/02/2009 a las 12:24:01, en Política)

Sobre

Sobre el asunto de las operaciones de caza y las aficiones cinegéticas de la clase judicial, tres rápidos apuntes para estimular el debate.

1.- El Partido Popular puede denunciar si quiere una operación de “caza y captura” por parte de la fiscalía, el juez y el Gobierno. Mi opinión es que, sin embargo, mientras maneje indicios y no pruebas sólidas, su reacción ha sido desproporcionada, aunque creo que dispone de razones sobradas para tener más de una mosca detrás de la oreja. Mi experiencia profesional me dice que en el mundo político-judicial las coincidencias son raras. Ahora bien, puede que haya muchos cazadores dispuestos a disparar sus escopetas contra el PP (¡qué otra cosas puedes esperar de tus oponentes políticos!), pero éstos no se cobrarían ninguna pieza si tú no dejas demasiadas liebres expuestas a los disparos. Y la dirección actual del PP ha dejado pasar demasiado tiempo sin barrer la casa. ¿Cómo es posible que después de que la dirección nacional hubiera cortado relaciones en 2004 con los corruptos, éstos hayan seguido trabajando para distintas administraciones de los populares durante todos estos años?

2.-La asistencia de Garzón y Bermejo a una cacería en plena operación judicial es del todo impresentable, aunque la invitación fuera cursada por un antiguo concejal del PP. Alegan los defensores del Gobierno que nadie se va a conspirar a un acto más o menos público porque habría otras ocasiones más discretas de hacerlo. ¿Y por qué no? Insisto: las sospechas que puedan suscitar esa otra coincidencia cinegética puede que no sean razón suficiente para una reacción desaforada, pero la “apariencia objetiva” de falta de imparcialidad es una causa tasada de recusación. El que un juez sea amigo o pariente de un encausado no presupone que vaya a fallar en su favor, pero la ley, en razón de esa “apariencia objetiva”, no le deja hacerlo. Para preservar la limpieza “objetiva” del proceso.

3.- Muchos de los sumarios instruidos por Garzón, recientes y pasados, suscitan serias dudas. También este. En primer lugar, la pertinencia y urgencia de las detenciones, justo en este momento. El auto habla de riesgo inminente de fuga. Pero la actuaciones se iniciaron hace nada menos que quince meses y las grabaciones inculpatorias son de hace ya algún tiempo. ¿No había materia para haberlas realizadas antes? Insisto, me cuesta creer en las coincidencias. En segundo, es dudosa la competencia de la Audiencia Nacional en este caso. Se dice que se trata de delitos cometidos en distintas comunidades. Pero hay otros sumarios tal vez más importantes, con derivaciones en varios territorios (la operación Malaya sin ir más lejos) que siguen en sus juzgados naturales. ¿Por qué la fiscalía anticorrupción decidió llevar precisamente este caso al juzgado de Garzón? Y en tercer lugar, ¿por qué el juez evita cuidadosamente mencionar en el auto a ningún cargo público por su nombre? La propia Comunidad de Madrid ha destituido, con pruebas contundentes, a un consejero que aparece mencionado en las grabaciones y en las actuaciones. ¿Por qué Garzón no lo cita ni le llama a declarar? Porque se trata de un aforado y eso le obligaría a trasladar las diligencias al Tribunal Superior de Justicia de Madrid, y eso es lo último que quiere el magistrado, al menos mientras pueda sacar a un caso tan suculento todo el jugo que le permita su gigantesca vanidad.

Quedan probablemente otros ángulos interesantes. Pero espero que los expongáis vosotros porque esto se está haciendo ya muy largo.

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De Eduardo San Martín (el 11/02/2009 a las 14:00:53, en Política)

Vuelvo después de una breve ausencia (estoy aprendiendo a enriquecer este blog tanto estéticamente como en contenidos), pero lo hago a tiempo para terciar en el debate parlamentario de ayer, que tuve la paciencia de tragarme en su integridad. Mi impresión es los líderes de los dos grandes partidos actuaron movidos más por la necesidad que por la virtud.

En el caso del presidente del Gobierno porque ofrece ahora un gran pacto nacional al que le obliga una recesión cuyo fondo ni él mismo sabe donde se encuentra. Ayer mismo, y casi a la misma hora, Solbes volvía a reconocer en Bruselas (como ya lo hizo hace unas semanas en una entrevista en El País) que su Gobierno ha hecho ya “todo el esfuerzo que podía hacer” en política fiscal. Hay que recordar que el propio Solbes prevé un déficit fiscal de casi el 6% para finales de este año (otras previsiones hablan de un 7%). De forma que cuando al Gobierno se le agotan los recursos fiscales para atajar la crisis entonces invoca un gran pacto nacional. No entraba tal oferta en sus planes cuando Zapatero pensaba que podía salir sólo de la crisis (sin tener que compartir un éxito eventual) endeudando al Estado hasta las cejas para salvar a los bancos. Él mismo reconoció ayer que esos rescates pueden no ser suficiente, que habrá que cambiar el modelo de crecimiento económico, que tendrán que emprendese reformas estructurales. Lo que digo, necesidad y no virtud.

Lo mismo pienso de Rajoy. Su intervención, sin concesiones y con las reiteraciones propias del discurso del PP de todos estos meses (el Gobierno engañó en su día y ahora no sabe lo que hacer), parecía obedecer más a la situación interna en su partido como consecuencia del asunto de los espías y el de la corrupción en la Comunidad de Madrid, que a los contenidos concretos del debate de ayer. Mi opinión es que Rajoy perdió volvió a perder la oportunidad de presentar al Congreso y a los ciudadanos un plan alternativo de salida de la crisis. Estaba en su derecho de rechazar el pacto, obligado por las circunstancias, que ahora le ofrece Zapatero. Pero, a continuación, tendría que haber expuesto su oferta. Es cierto que su partido ha ido haciendo propuestas aisladas al hilo de los acontecimientos. Lo que ayer muchos echamos de menos es un plan sistemático de conjunto, con esas y otras medidas, que pudiera ser visualizado como una alternativa plausible a la oferta del Gobierno. Pero Rajoy pensaba más en las aflicciones de su partido que en las propuestas de Zapatero. Y en esos casos, leña al mono y prietas las filas. Necesidad y no virtud. Sólo la diputada canaria Ana Oramas se acercó, sin papeles escritos, a lo que son las preocupaciones reales de los ciudadanos.

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De Eduardo San Martín (el 08/02/2009 a las 13:00:19, en Internacional)

Bien, nos queda la Alianza de Civilizaciones entre los temas de debate sugeridos en este blog. Intentaré ser breve, aunque no es fácil. Para empezar, discrepo del término. Para mí, civilización sólo hay una; la que ha ido construyendo la especie humana a lo largo de toda su historia, con aportaciones de infinidad de culturas, credos y códigos de valores. En lo que a mí respecta, la civilización tal como la conocemos en estos momentos hunde sus raíces en las conquistas de la Ilustración y del pensamiento moderno, la universalidad, el valor supremo de la razón y del libre pensamiento frente a la oscuridad y el tribalismo. Es cierto que, sobre todo en el siglo pasado, los sueños de la razón (que diría Francisco de Goya) crearon monstruos insoportables: el estalinismo, el nazismo y alguno más. No importa, sigo reivindicando la vigencia del pensamiento moderno frente a la inanidad e insustancialidad de las distintas corrientes posmodernas.

 

Por lo tanto, habría que hablar más bien de diálogo de culturas, de sistemas de pensamiento o de creencias religiosas. Pero aquí surge otro obstáculo: ni las culturas, ni las religiones dialogan entre sí. Ni las sociedades que las encarnan. Sólo lo pueden hacer, de una manera eficaz y a los fines que se declaran (evitar conflictos violentos entre las distintas partes), las naciones y los estados a través de sus representantes. Pero ni los estados de mayoría budista, sintoísta, confucionista o hinduista (que son unos cuantos y muy poblados) han sentido la necesidad de dialogar con otros sobre sus diferencias religiosas y ningún conflicto internacional se ha derivado de ese hecho. Así que al final, esa pomposa Alianza de Civilizaciones que se propugna es entre estados de raíz islámica y estados democráticos occidentales de tradición cristiana. Lo que deja fuera a más de la mitad de la “civilización humana”. Pero es que además, y a pesar de que la ONU ha adoptado la iniciativa en términos nominales, casi ningún país importante de ambos campos se ha interesado por la iniciativa, de tal forma la montaña levantada por Zapatero ha parido el mísero ratoncito de unas convocatorias periódicas en las que se reúnen representantes de los gobiernos de España y Turquía, y a veces Irán, junto con algunos intelectuales agradecidos que, de esa manera, añaden algunos “bolos” más a sus ya lucrativas actividades extra académicas. En eso ha quedado todo.

Los conflictos internacionales actuales no son producto de diferencias entre culturas o religiones (o civilizaciones, en el caso de que diésemos el término por bueno). Tienen sus raíces en acontecimientos concretos que tienen que ver con la caída del imperio otomano, la descolonización de Oriente Medio y África, la entronización de elites occidentalizadas corruptas en países musulmanes, la alienación de multitudes en esos países por un extremismo religioso que les ofrecía consuelo para sus desgracias y una asistencia social que les negaba el Estado, y así sucesivamente. No sigo porque esto se está haciendo muy largo. Pero cualquiera de vosotros puede deducir cuáles son los verdaderos remedios a estos males, más que sentarse en torno a una mesa camilla dos veces al año a hablar de las diferencias históricas entre el cristianismo y el islam.

(o civilizaciones, en el caso de que diésemos el término por bueno). Tienen sus raíces en acontecimientos concretos que tienen que ver con la caída del imperio otomano, la descolonización de Oriente Medio y África, la entronización de elites occidentalizadas corruptas en países musulmanes, la alienación de multitudes en esos países por un extremismo religioso que les ofrecía consuelo para sus desgracias y una asistencia social que les negaba el Estado, y así sucesivamente. No sigo porque esto se está haciendo muy largo. Pero cualquiera de vosotros puede deducir cuáles son los verdaderos remedios a estos males, más que sentarse en torno a una mesa camilla dos veces al año a hablar de las diferencias históricas entre el cristianismo y el islam.
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