Perezas privadas por Eduardo San Martín

Perezas privadas por Eduardo San Martín

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De Eduardo San Martín (el 31/01/2009 a las 11:21:20, en Internacional)

 

No todos han perdido la chaveta con la elección de Obama y sus primeros discursos. Hace unos días, el blog norteamericano Politico que tanta influencia tuvo en la campaña, en general a favor del cambio, echaba sin embargo unas gotas de agua en el vino de la obamanía inaugural con “Siete razones para un escepticismo saludable”.

1.- La falacia del genio: la historia reciente de Estados Unidos nos ha enseñado a ser cautelosos con aquellas figuras que parecen deslizarse por sobre el escenario de la historia. 2.- El instinto gregario, que se suele imponer normalmente a las tradiciones bipartidistas. 3.- Estamos rotos: el descomunal agujero fiscal que producirán tan costosos paquetes de rescate (estamos ya en casi un billón y medio de dólares, y creciendo) dejará poco margen de maniobra en el futuro para otras políticas. 4.- Palabras, palabras, palabras: en algún momento Obama tendrá que tomar decisiones dolorosas contrariando su inclinación declarada de “educar e inspirar” a sus colaboradores. 5.- Casi nunca lleva la contraria a su propio equipo. 6.- Todo el mundo divaga: sin embargo, en esta situación, las posibilidades de que la improvisación resuelva los problemas son muy escasas. Y 7.- Los vigilantes dormitan: en especial los medios de comunicación, que hace tiempo bajaron la guardia. Como ocurrió en el inicio de la guerra de Irak. Son recetas para la cordura en medio de un mar de elogios acríticos. Obama es una esperanza, sobre todo para Estados Unidos. Algo nos tocará también a los demás. Pero un sano escepticismo, sobre éste como sobre otros entusiasmos, es la mejor vacuna para que la caída del guindo, si se produce, sea menos dolorosa.

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De Eduardo San Martín (el 28/01/2009 a las 16:33:05, en Política)
En el programa “Tengo una pregunta para usted” del lunes pasado, Zapatero se salió por las ramas (una vez más) a una pregunta que no ha sido muy comentada a pesar de que plantea un problema muy actual. Me refiero a la que planteó un sacerdote: “¿Cree usted que el embrión es un ser humano?”. En la primera respuesta ZP se fue por la tangente y defendió la necesidad de ampliar la ley del aborto, y bla, bla, bla. El cura le interrumpió y volvió a la carga :”Pero, ¿es el feto un ser humano?”. Salió otra vez por peteneras el presidente hablando de la sentencia del Tribunal Constitucional que, según él, garantiza “el derecho de las mujeres al aborto”. Si ha leído de verdad esa sentencia, ¿cómo puede decir tamaña barbaridad jurídica un presidente del Gobierno que, además, ha sido profesor en una facultad de Derecho? Después volvemos a ese fallo. Debo aclarar primero que no es mi intención plantear el debate en términos morales-religiosos. Allá cada cual con sus creencias. Me voy a limitar a señalar cómo se encuentra la cuestión en España en el plano estrictamente jurídico-constitucional. En la aludida sentencia, de 1985, el TS admitía, es cierto, la constitucionalidad de los tres supuestos de despenalización del aborto, que seguía siendo sin embargo un delito. El sacerdote planteó mal la cuestión porque ningún ordenamiento jurídico, tampoco el nuestro, considera al feto un ser humano titular de derechos. Debió haber preguntado si el embrión es un proyecto de vida humana susceptible de protección jurídica. Y en este punto el TS es tajante:  “El nasciturus es un bien jurídico constitucionalmente protegido por el art. 15 de nuestra norma fundamental”. Y la protección al proyecto de vida del nasciturus prevalece frente al derecho de la madre al libre desarrollo de su personalidad. Y sólo prevalecen sobre ese bien jurídico protegible los derechos de la madre a la vida y a su salud física y mental en los supuestos y con los límites establecidos en la ley. Eso es todo. No hay en nuestra doctrina constitucional nada parecido al derecho al derecho al aborto de las mujeres invocado por el presidente del Gobierno. Al contrario, la vida del nasciturus está protegida por el art. 15 de la Constitución. Por eso, el proyecto del Gobierno de una ley de plazos se va a enfrentar a ese formidable escollo jurídico: el aborto libre en un plazo determinado choca frontalmente con la doctrina del TS, que exige que el derecho a la vida y la salud de la madre esté en riesgo para que prevalezca sobre la vida del nasciturus. Así que ZP no sólo no respondió a la cuestión sino que manipuló la doctrina del TS. Una distorsión que pueden perpetrar las asociaciones pro abortistas (allá ellas) pero nunca él, y menos ante millones de ciudadanos.
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De Eduardo San Martín (el 26/01/2009 a las 12:44:19, en Internacional)
¿Conocéis ese chiste de Zapatero según el cual Barack Obama es un “socialdemócrata puro”? Pues bien, ayer le respondía una pluma tan autorizada como la de Timothy Garton Ash. Os lo voy a presentar para que vosotros mismos establezcáis las comparaciones que queráis. Garton Ash, profesor de Oxford y politólogo, es uno de los mayores expertos del continente en política europea y relaciones transatlánticas, y escribe regularmente en los grandes periódicos norteamericanos y británicos. En España, sus artículos son publicados en la edición dominical de El País. Así que, ni un ignorante, ni un peligroso reaccionario. Ayer escribía en el New York Times: “Gobierno y mercados tienen ambos un lugar en una sociedad decente, sugirió el presidente Obama en su discurso inaugural, pero pueden convertirse en una fuerza perjudicial si actúan sin ningún control. Lo único que faltó en el discurso de Obama es el nombre de la filosofía política, codificada en el ADN constitucional de Estados Unidos, que propone ese y otros equilibrios: el liberalismo. Como otros muchos discursos de Obama, el que pronunció en su toma de posesión presentó, en sustancia, una mezcla de liberalismo constitucional clásico y de liberalismo igualitario moderno, aunque nunca utilizara el nombre”. (Artículo completo) en www.nytimes.com/2009/01/25/opinion/25gartonash-1-html?). Garton Ash explica luego porque ningún demócrata norteamericano se atreve a pronunciar la palabra liberalismo. Porque se trata de un término polisémico que significa cosas opuestas a un lado y otro del Atlántico: en Estados Unidos, y como consecuencia de la propaganda conservadora de las últimas décadas, se ha convertido en un término peyorativo, algo así “como la unión no sagrada de gobierno grande y fornicación”; mientras que en algunos países europeos, y precedido del prefijo neo, el término liberalismo se asocia con “un capitalismo de corte anglosajón de libre mercado sin regulaciones”. Según el profesor británico, a cuya tesis me sumo, un liberalismo del siglo XXI tendría de los siguientes ingredientes: libertad bajo la ley, un gobierno limitado y que rinda cuentas, mercados, tolerancia, alguna versión de individualismo y universalismo y una cierta noción de igualdad humana, razón y progreso. Lo que constituye, aunque la proporción de cada ingrediente canmbie según las circunstancias, la esencia del constitucionalismo americano desde hace 200 años, “ya sea con el progresismo de izquierda o con la derecha conservadora”. Y que constituye también el núcleo del mensaje político de Obama, quien, concluye Garton Ash, tal vez en su segundo mandato se atreva incluso a rescatar el término. Lo suscribo de la cruz a la fecha, y me hacen sonreír los intentos infantiles de arrimar el ascua del nuevo presidente a la sardina propia aprovechando su tirón popular ante un futuro más negro que el color de su piel.
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De Eduardo San Martín (el 24/01/2009 a las 19:06:13, en Política)
Seguimos con el fratricidio del PP de Madrid, porque es un asunto que, a la vista de vuestros comentarios, deja al descubierto muchos ángulos para el análisis. De la atribulada derecha española, en especial. La gran paradoja de la democracia es que, siendo los partidos las instituciones encargadas por la Constitución de servir de vehículo a la representación popular, sólo pueden funcionar eficazmente con una organización interna muy jerarquizada y nada democrática. A mí no me gusta, pero tampoco me entusiasma que se haga de noche y eso sucede todos los días. Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran. Los que seguís este blog, conocéis más o menos mi opinión sobre Zapatero. Hay que reconocerle sin embargo el mérito (o lo que sea) de haber “pacificado” un partido con mano de hierro después de haber sido recibido como un “Bambi” por los dinosaurios del PSOE. No le tembló el pulso, ni se le descompuso esa sonrisa que es casi una mueca, para conformar una dirección a su imagen y semejanza y para jubilar a la vieja guardia. Hecho que, aunque sólo fuera por razones generacionales, detesté en su momento, pero del que hoy debo admitir que resultó imprescindible para afirmar su liderazgo y, de paso, para cohesionar el partido, aunque sea en torno a unas ideas que, en mi opinión, “traicionan” algunos de los principios del socialismo solidario y universal que a muchos pudo habernos seducido en nuestra juventud. Aznar hizo algo parecido, allá por 1989, cuando aterrizó, desde Valladolid, en un partido cuyos armarios andaban repletos de cadáveres y en el que decenas de dagas se escondían tras las puertas de su sede de la calle Génova. Rajoy ha dispuesto de muchos plazos de gracia, y de la comprensión de quienes sabían de la dificultad del empeño, para haber hecho algo parecido. Y siempre se ha quedado a unos cuantos metros del objetivo. Hoy parece ya demasiado tarde, lo que lamento porque creo que España necesita de una derecha unida, moderna y eficaz. Y mucho más ahora. No se atrevió en su momento a alejarse de determinados medios de comunicación que siempre conspiraron para derribarle por la única razón de que eran ellos quienes querían dirigir a la derecha española. Creía que enfrentarse a ellos le restaría apoyos electorales. ¿Alguna vez se paró a pensar por qué su techo de valoración popular nunca ha superado los cuatro puntos? La gente aprecia los rasgos de autoridad, aunque confiese otra cosa. Y a Rajoy le ha faltado más de un puñetazo sobre la mesa y le han sobrado muchas contemplaciones. ¿De verdad cree que puede llegar a 2012 en estas condiciones? Coitado.
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De Eduardo San Martín (el 21/01/2009 a las 17:56:17, en Política)
Me pedís alguno de vosotros que dé mi opinión sobre el asunto de espionaje en la Comunidad de Madrid. Vaya por delante mi criterio para que no exista ninguna duda: me parece deleznable, creo que alguien tendría que haber dimitido a estas alturas y pienso que el espectáculo que está dando el PP en Madrid no se lo merecen los millones de honrados votantes españoles que han depositado su confianza en ese partido. He tenido la oportunidad de hablar hoy mismo con alguien que tiene bastante que ver con la publicación de esas informaciones. A estas alturas, ni ellos mismos –quienes estás realizando esta información, quiero decir– conocen las implicaciones últimas del embrollo, ni quién está disparando contra quién en esta sórdida historia. Lo que sí es seguro es que, cualquiera que fuera el origen y el propósito de ese grupo de “espías irregulares” al servicio de un consejero de la Comunidad, han terminado disparándose entre sí. Hecho que no constituye ninguna novedad en el PP madrileño. Rajoy ha perdido varias oportunidades de “limpiar” su partido, la última después del congreso del PP de Valencia. Se hubiera encontrado con muchas resistencias, pero habría tenido el favor de la opinión pública. No lo ha hecho, y ahora, con varias citas electorales por delante muy complicadas para él (Galicia, País Vasco, europeas) probablemente no tenga margen maniobra para hacerlo. Lo cierto es que, tal como están pintando las cosas para el Gobierno (el último varapalo del socialista Almunia al optimismo patológico del presidente es espectacular), con un vicepresidente económico que ha tirado la toalla (ver entrevista en El País del domingo), una oposición fuerte, unida y con un discurso inequívoco, habría tenido una oportunidad clara. Y no habría sido malo para el pueblo español que, en estas horas difíciles, habría dispuesto de una alternativa política para poder confrontar posibles soluciones a la crisis. Como nos comentaba hoy mismo Pepe Blanco a un grupo de periodistas: “Yo rezo todos los días a la Virgen para que mantenga a Rajoy en su puesto”. El líder del PP, convertido en la gran esperanza del PSOE. ¡Que panorama! Que nos dejen votar en Estados Unidos.
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De Eduardo San Martín (el 20/01/2009 a las 09:18:16, en Internacional)
¿No os parece bastante empalagosa esa machacona referencia de los dirigentes europeos, y en especial de nuestro presidente Zapatero, a la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, como si fuera el esperado mesías que fuera a redimirnos de todos los males pasados? En los dos o tres últimos días, el nombre de Obama no se caído de la boca de nuestro presidente para atribuirles poderes casi taumatúrgicos en la resolución de casi todos los graves problemas de hoy: Oriente Medio, Afganistán o la crisis económica internacional. Supongo que una intervención más decidida de la nueva administración en Palestina, sobre todo moderando a Israel, podrá ayudar a avanzar en el camino de la paz en aquella región, pero nuestra crisis económica, la de España, no nos la arregla nadie de fuera. Una cosa es que la capacidad de tracción de la economía americana pueda echar una mano, y otra muy distinta es que la crisis en España tiene unas especificidades que sólo podemos resolverlas nosotros. Lo digo ayer Almunia en la rectificación que hizo a las ya pésimas previsiones del Gobierno: la crisis inmobiliaria (que es sólo nuestra) nos hará salir de la crisis más tarde que los demás y a un coste de desempleo el doble de la media europea. Y contra esa realidad, poco podrá el pobre Obama. En la actitud de los líderes europeos respecto del nuevo presidente americano hay algo de papanatismo aldeano, que supone en todo caso el reconocimiento implícito del liderazgo de Estados Unidos (sea cual sea su presidente: la irritación general que provocaba Bush era la cruz de la misma moneda). Pero, en el caso de Zapatero hay además un sentimiento de vindicación personal: me llevaba fatal con Bush porque era un cretino belicista que me trataba con desplantes por retirar la tropas de Irak y otras minucias, mientras que con este afroamericano liberal y progre todo irá sobre ruedas. Ya veremos. Obama ha prometido colaborar con todos, pero, que nadie se engañe, el nuevo presidente enarbola para su presidencia el mismo lema que todos sus antecesores: “America first”. En cualquier caso, bienvenido sea Obama. En los pésimos tiempos que corren, la esperanza es una condición no suficiente pero necesaria. Y Obama ha sabido transmitir a su país y a todo el mundo una ilusión por el futuro de la que estábamos ayunos desde hace mucho tiempo. “God bless Obama and God bless the United States o America” (Por cierto, qué alboroto no se produciría en España si nuestros dirigentes concluyesen sus discursos con esta invocación a Dios que, en Estados Unidos, utilizan todos en política: blancos y negros, conservadores y liberales, hombres y mujeres)
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De Eduardo San Martín (el 18/01/2009 a las 14:59:03, en Cosas de la vida)
Como se han producido algunos comentarios a un paréntesis incluido en mi post anterior sobre la metedura de pata de la diputada del PP Monserrat Nebrera a propósito del “acento” de la ministra Magdalena Álvarez, aprovecho la oportunidad para comentar el asunto desde otro punto de vista, ya que no lo hice en su momento. No si conocéis la figura del “acto fallido”. Se denomina así a la expresión que, producto de un aparente lapsus linguae, revela en realidad el pensamiento profundo del sujeto sobre el asunto en cuestión. Lo de la diputada Nebrera es un buen ejemplo de “acto fallido”: un error aparente en el uso del término “acento” lo que revelaba, a mi juicio, era un claro prejuicio subconsciente contra el pueblo andaluz. Se trata de un prejuicio muy extendido a lo largo de la historia en otras regiones de España, especialmente en las del norte. Lo digo con todas las consecuencias: existe un racismo más o menos consciente muy extendido en gran parte de España contra Andalucía y los andaluces. Un racismo supuestamente amable que atribuye al pueblo andaluz cierta gracia en el hablar y pocas ganas de trabajar. Esto de asignar características antropomórficas a los pueblos deriva en estereotipos cargados de desprecio: unos son avariciosos, otros desconfiados, los de más allá son aburridos y los acullá, simpáticos pero holgazanes (los andaluces). El empeño de contemplar a los sujetos colectivos como individuos (y atribuirles derechos, virtudes y defectos) encaja en la filosofía del volkgeist (espíritu de los pueblos) de Herder, que derivó en lo peor del nacionalismo y, de ahí, al nazismo de los años treinta del siglo pasado. No digo que exista un hilo conductor entre Herder y Hitler, pero cuando se juega con el fuego del espíritu de los pueblos siempre se puede provocar un incendio. Mientras los estereotipos regionales se limiten a las disputas castizas entre ciudadanos de distintos territorios, pase. Pero sepamos que en el fondo de esas apreciaciones late un etnicismo profundo que puede derivar en juegos nada florales.
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De Eduardo San Martín (el 16/01/2009 a las 11:34:37, en Deportes)
Decididamente el verbo dimitir nunca se conjuga en España en primera persona del singular o del plural. En estos últimos días se había planteado en el campo de la política (por cierto, menudo cable le ha echado Monserrat Nebrera, del PP catalán, a la ministra de Fomento cuando ésta se encontraba con el agua al cuello), y hoy en el de los deportes. Suponiendo que los amaños del presidente del Real Madrid tengan algo que ver con el deporte. En mi opinión, Ramón Calderón no sólo debe dimitir inmediatamente, sino que debería ser llevado también ante la justicia. Como socio del Real Madrid me siento avergonzado del bochornoso espectáculo ofrecido por ésta y pasadas directivas: unos ponen pies en polvorosa al menor síntoma de desaprobación social (Florentino) y otros ganan las elecciones en los juzgados para después manipular las asambleas con tal de permanecer en el cargo (Calderón). ¿Qué habremos hecho para merecer esto? Los polvos que nos están llevando a estos lodos (recuérdese que en el Barça el año pasado, cuando las cosas no iban bien, hubo acusaciones graves contra su presidente e incluso se forzó un referendum de socios) está en haber permitido en su momento que a algunos clubs de fútbol (los dos mencionados y creo que también el Athletic de Bilbao) se quedaran al margen del régimen general de las sociedades anónimas y se crease para ellos una especie de “isla legal” con la denominación de sociedades anónimas deportivas. Pero ¿cómo es posible que una sociedad como el Real Madrid, con 70.000 socios (es decir, propietarios), un patrimonio multimillonario y una facturación anual de miles de millones no tenga consejo de administración ni junta de accionistas? ¿Cómo es posible que en una sociedad de esas dimensiones las decisiones importantes (la aprobación de las cuentas anuales, como en el caso que nos ocupa) se realicen a través de compromisarios elegidos por sorteo, se convoquen asambleas sin ningún control y las votaciones se hagan a mano alzada? Mientras determinados clubs sigan siendo islas de impunidad al margen de las leyes que se aplican a todos seguirán sucediendo cosas así. Lástima por fútbol.
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De Eduardo San Martín (el 14/01/2009 a las 20:44:26, en Política)
No puede ser que la ofensiva de los jueces contra el Gobierno se deba exclusivamente a una reacción corporativa por la sanción al juez Tirado en el “caso Mariluz”, tal como pretende el ministro de Justicia. Tampoco que se deba a un hartazgo del colectivo judicial por la incuria en que se encuentran la carrera, porque esa situación se arrastra desde hace décadas y no hay una razón aparente para que sea “precisamente ahora” cuando tenga que hacerse expresa esa protesta, y menos aún en los términos de radicalidad en que se manifiesta. Hay dos datos que hacen aún más difícil de explicar el punto al que llegado el enfrentamiento: primero, que han transcurrido apenas unos meses desde que Gobierno y la oposición celebraban la constitución, por fin, de un nuevo Consejo General del Poder Judicial en medio del alborozo general; segundo, que la protesta contra el Gobierno ha unido a las asociaciones judiciales de todos los colores, un consenso insólito que rara vez se ha producido. Algo más profundo late bajo esas protestas, que no pueden explicarse con argumentos simplificadores. Voy a dar mi opinión, que someto a todo tipo de reservas. La crisis se remonta, en efecto al “caso Mariluz”, cuando aún ejercía el anterior consejo. Los jueces, de todos los colores ya entonces, entendieron como una intromisión inaceptable las presiones del poder político (del Gobierno y la oposición) contra sus resoluciones, que decían adoptadas de acuerdo con las normas vigentes. Con acentos claramente populistas y con intenciones electoralistas mal disimuladas, políticos de los grandes partidos desviaron las justas iras de la gente contra los jueces para preservarse a sí mismos de la ola de indignación que suscitó el caso. Hablaron de que “no tolerarían” ( ¿y quién son ellos?) una condena leve, prometieron cambiar las normas, la vicepresidenta y el ministro de Justicia vinieron a decir que “esto no se acaba aquí”, sancionaron con dos años a una funcionaria administrativa para “dar ejemplo” y ejercer aún más presión ,y finalmente cambiaron el propio consejo con el ánimo de revocar la primera decisión. Y bien, el Gobierno no ha podido tolerar que el nuevo Consejo, en el que existe ahora una mayoría llamada “progresista”, no se haya avenido a sus propósitos. La nueva oleada de declaraciones descalificatorias ha hecho rebosar el vaso. Lo que está en juego es nada menos que la división de poderes en una sociedad democrática. Puede que los jueces se hayan equivocado, pero habrá que poner sobre la mesa argumentos estrictamente jurídicos, y no invocar “la voz calle”, para rebatir sus resoluciones. Así es como funcionan las cosas en una democracia. De todas maneras, el Gobierno debería haber ponderado cómo es posible que dos consejos con composiciones tan diversas puedan llegar a la misma conclusión. ¿O es que existe una conspiración universal de jueces para dejar en ridículo al Gobierno? ¿No será que, de acuerdos con las normas vigentes, esa conclusión es una de las más plausibles? La convocatoria de los jueces se produce en ese contexto, cualquiera que sea el motivo inmediato invocado. Sólo en términos de una pugna entre poderes del Estado puede explicarse el enconamiento de los jueces y la transversalidad de sus protestas. Por una vez, los jueces de distintas asociaciones han decidido en conciencia, aunque se hayan equivocado, y no obedeciendo las consignas de los partidos que los propusieron, y eso es algo que los partidos no pueden soportar. Pero es bueno para la democracia, opino yo. Aunque se hayan equivocado.
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De Eduardo San Martín (el 12/01/2009 a las 19:39:56, en Internacional)
Confieso que, en los primeros días de los ataques israelíes contra Gaza, me mostré dispuesto a entender las razones que podían justificar el ejercicio de un derecho de respuesta. Entre 30 y 40 misiles disparados diariamente contra la población civil israelí desde mediados de diciembre, fecha en la que Hamás decidió no prorrogar la tregua en vigor, eran unas buenas razones. Vino después la cuestión de la proporcionalidad. Un debate estéril, desde mi punto de vista. Porque, ¿qué respuesta israelí habría sido proporcionada? ¿Los mismos cuarenta misiles diarios disparados contra la población civil palestina de Gaza? A estas alturas sumarían unos 700 u 800 cohetes y el número de muertos sería aún mayor. La cuestión no va de proporcionalidad; el asunto es que un país que se dice civilizado no puede responder a la provocación terrorista con las mismas armas. El terrorismo nos interpela permanentemente sobre la vigencia de nuestros principios, y su victoria consiste en que no encontremos otra respuesta a sus provocaciones que la ley del Talión. Pero, después del bombardeo de la escuela de la ONU del martes de la semana pasada, todas esas consideraciones se desvanecen. Ya no hay derecho de respuesta ni proporcionalidad que valga. Una atrocidad de esas proporciones, y las que han venido después, sobrepasan cualquier discusión académica sobre los acontecimientos. Por esa razón, la manifestación del domingo en Madrid tenía una clara razón de ser (no algunas de sus pancartas). Decenas de miles de personas pidiendo el fin de tanta muerte inocente es una muestra de activismo moral. Pena que ese activismo sólo circule en una dirección. La sinceridad en los propósitos de los convocantes del domingo estaría fuera de toda duda si se hubieran movilizado con la misma energía cuando terroristas suicidas mataban a decenas de otros inocentes en discotecas de ciudades israelíes o cuando comenzaron a llover cohetes sobre los tejados de apacibles hogares cerca de la frontera. Son los mismos que se irritan hasta el paroxismo con las acciones de Bush, pero le ríen las gracias al dictador Castro. Doble lenguaje y doble moral. Las conductas se juzgan no por lo que son sino por sus autores. Maniqueísmo en estado puro. Una venda para la inteligencia.
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