Perezas privadas por Eduardo San Martín

Perezas privadas por Eduardo San Martín

ABC.es
\\ Inicio : Histórico por meses (Invertir orden)
Artículos en este blog en orden cronológico.
 
 
De Eduardo San Martín (el 30/10/2008 a las 14:29:02, en Política)
Les aseguraba Zapatero el otro día a sus compañeros de partido, a puerta cerrada, que si ponía tanto empeño en estar presente en la cumbre de Washington era por una razón ideológica: porque quería ofrecer en esa magna reunión un punto de vista “progresista y socialdemócrata” para una solución a la crisis. De acuerdo, está en su derecho. Ahora bien, ¿no habíamos quedado en que parte de las causas del colapso financiero se debe precisamente al exceso de ideología con la que algunos gobiernos impregnaron sus relaciones (o falta de ellas) con el mundo financiero? Yo, de momento, dejaría toda ideología fuera de los mercados. Más adelante, cuando haya que afrontar la crisis económica profunda que se nos viene encima, entonces que decidan los electores qué solución ideológica es la mejor para salir de ella. En cualquier caso, no parece muy edificante la imagen de un presidente de Gobierno mendigando un puesto en esa cumbre. Si la reunión responde a un formato preestablecido (el G 20) en el que no estábamos ante de la crisis, ¿por qué darse de cabezadas contra ese muro, colocando a sus otros colegas jefes de Gobierno en un difícil compromiso? ¿Por qué España sí y no otros países con méritos comparables? Si creemos de verdad en la Unión Monetaria Europea, ¿acaso no estamos ya representados por el presidente de su Consejo de Ministro y el de la Comisión? Y si esa cumbre puede, a pesar de todo, modificar su composición por voluntad de las potencias, ¿a qué ha dedicado Zapatero su tiempo en política exterior durante todos estos años pasados como para que ahora, en una pocas semanas, deba emprender esa angustiosa romería en busca de un puesto entre los grandes? ¿No tuvo tiempo durante toda la legislatura anterior para hacerlo? A mí me gustaría que mi país, por dignidad, estuviera presente en esa cumbre; pero, también por dignidad, no a cualquier precio.
Artículo (p)Enlace Comentario Comentario (6)  Histórico Histórico  Imprimir Imprimir
 
De Eduardo San Martín (el 27/10/2008 a las 18:19:06, en Economía)
Una segunda incursión en el asunto de Buffett y la inversión en Bolsa. No apuesto nada, Lola Garrido (comentario 12 a mi anterior artículo), porque estoy seguro de perder. Nunca he ganado nada y, como casi todo el mundo, en esta crisis me he dejado una parte, afortunadamente pequeña, de mis ahorrillos. La invitación que se hace en el título del post que precede a este comentario (“No se arrugue, compre acciones ahora”) es simplemente retórica. No estoy proponiendo seriamente a la gente que corra como loca a colocar su dinero, el poco o mucho que le quede, en la Bolsa. Lo que quiero destacar con el ejemplo de Buffett es que quien gana, en estas y otras facetas de la vida, son aquellos que saben situarse a contracorriente, que huyen de la senda marcada por la manada y toman sus decisiones en función de sus intereses y sus cálculos, y no por lo que se deduce del comportamiento de una mayoría. Las mayorías, lo sabemos muy bien, se equivocan con bastante frecuencia. Casi todos (al menos los que confiamos nuestro dinero a profesionales no para hacernos ricos, sino para conservar como mínimo su poder de compra en el futuro) hemos perdido porque nosotros y nuestros asesores hemos seguimos las fantasías fiscales de unos iluminados de Wall Street. Y ahora no vamos a ganar porque estamos aterrorizados, porque sentimos pánico por lo que aún puede venir y porque todo el mundo hace lo mismo: retirar de los mercados lo poco que le queda y aguantar el chaparrón. Pues bien, lo que nos enseña el ejemplo de Buffett es que, siguiendo a la mayoría (que es un forma muy arraigada de pereza privada) nos equivocamos en el pasado y podemos estar equivocándonos también ahora. Eso era todo. Nada menos.
Artículo (p)Enlace Comentario Comentario (3)  Histórico Histórico  Imprimir Imprimir
 
De Eduardo San Martín (el 23/10/2008 a las 18:50:17, en Economía)
¿Saben quién es Warren Buffett? Pues, además de ser uno de los hombres más ricos de Estados Unidos y uno de sus más destacados filántropos (a la altura de Bill Gates), pasa por ser una de las personas de quien Barack Obama escucha muchos consejos en materia de Economía y candidato a ocupar un puesto destacado en la nueva administración si aquél gana las elecciones. ¿Y saben que aconseja Buffett en estos tiempos de crisis? Comprar acciones en Bolsa. ¿Paradójico? En absoluto. Lo razonaba en un reciente artículo publicado en The New York Times (nytimes.com, sección de opinión del día 17 de octubre): “Una simple regla dicta mis compras: sé temeroso cuando otros son codiciosos, y sé codicioso cuando otros tiene miedo”. Cuando todo el mundo se volvía loco en Wall Street, Buffett se refugió en bonos del tesoro, y ahora, cuando todos salen despavoridos, él está comprando masivamente en los mercados de acciones. Su tesis es que hay que aprovechar esta oportunidad, porque la Bolsa volverá a subir incluso antes de que cambie el rumbo de la economía. Durante la Gran Depresión, ocho meses después de que la Bolsa de Nueva York alcanzara su cota más baja (el 8 de julio de 1932) tomaba posesión Franklin Roosevelt y empezaba a percibirse el cambio. Pues bien, para entonces la bolsa había recuperado ya un 30%. “Si esperas a los ruiseñores, se te habrá pasado la primavera”, dice Buffett. Naturalmente, siempre que se invierta en acciones a largo plazo, más allá de los altibajos del mercado.¿Lo peor? Quedarse con el dinero en la cuenta. En el plazo de una década o menos, los valores habrán registrado rentabilidades muy superiores a las del dinero. Así que siga el consejo de alguien que lo sabe todo de esto: vacíe el calcetín y compre acciones. Ni él ni yo llevamos comisión.
Artículo (p)Enlace Comentario Comentario (16)  Histórico Histórico  Imprimir Imprimir
 
De Eduardo San Martín (el 21/10/2008 a las 16:49:49, en Cosas de la vida)
Resulta estremecedor que tres chavales, uno de ellos menor de edad, quemen viva a una indigente en un cajero de Barcelona, después de vejarla y de acosarla, en unas escenas que fueron registradas por la cámara del local y que se han vuelto a ver, en toda su aterradora crueldad, durante el juicio en el que se ha juzgado a los autores. Resulta una desfachatez que los dos reos echen ahora la culpa al menor ya juzgado, a sabiendas de que la responsabilidad de este último está limitada por la legislación penal, y ello a pesar de la nítida explicitud de las imágenes aludidas. Resulta injustificable la actitud del padre de unos de los presuntos asesinos, que dice pedir perdón a la sociedad para, a renglón seguido, culpar a ésta de la situación de la víctima, “quién hubiera muerto de una forma u otra” como consecuencia de su exclusión social. Pero, entre tanta miseria, un aspecto de esta sórdida historia me parece especialmente execrable: la conducta de familia de la asesinada. Tres años antes de su muerte, María Rosario Endrinal se separó de sus parientes por su adicción a las drogas y al alcohol. Vivió en la indigencia todo ese tiempo sin que, aparentemente, sus familiares se ocuparan de ella. Después del asesinato, su cadáver esperó durante meses a que alguien lo reclamara. Pero ahora, al olor de las indemnizaciones, la familia se persona en la causa y pide 120.000 euros (20 millones de pesetas) de recompensa. Suculenta tajada para quien dejó abandonada a su suerte a María Rosario, que al final murió como un perro. Carroñeros.
Artículo (p)Enlace Comentario Comentario (32)  Histórico Histórico  Imprimir Imprimir
 
De Eduardo San Martín (el 19/10/2008 a las 20:26:06, en Política)

Si uno quisiera conocer las causas reales de la crisis financiera que nos ha caído encima como una maldición, ¿de quién se fiaría más, del jefe del Gobierno o del jefe de los banqueros? Horas después de que Zapatero volviera a insistir en que “la crisis viene de Estados Unidos y se va a superar gracias a la Unión Europea y a su capacidad de coordinación europea”, Emilio Botín, presidente del Santander y un hombre que algo debe entender del asunto, le contradecía palmariamente: “El origen de la crisis no está en un mercado concreto, como el americano, ni se ciñe a un negocio especial, como las hipotecas suprime; activaron la crisis, pero no la causaron”. Y entonces, ¿cuál es la causa? Aquí Botín hace acto de contrición y se señala con el dedo: “El problema ha sido el mismo que ha originado otras crisis anteriores: los excesos y la pérdida de referentes de la banca”. Y ¡qué quieren que les diga!, yo me fío más de Botín que de Zapatero. Sobre todo porque la declaración del presidente del Santander implica una confesión de parte y, en estos tiempos que todo el mundo mira hacia otra parte, ese gesto tiene un valor muy especial.

En la sentencia de Zapatero sobre la causa de la crisis conviven un reflejo subconsciente, una ingenuidad y un espejismo. El reflejo es resultado de la propensión maniquea de una gran parte de la engreída izquierda europea a culpar de todos los males del mundo al gigante americano (por no hablar del sistema capitalista, pero eso es asunto para otra reflexión) y, en especial, a la actual administración. Y en ese capítulo, Zapatero es uno de los primeros de la fila. ¿Tendrá algo que ver en ese reflejo la obsesión del presidente español por justificar permanentemente la retirada de las tropas españolas de Irak? La ingenuidad hace referencia a la pretensión de que esta crisis se va a superar “gracias a la Unión Europea”. ¿Sin contar con Estados Unidos ni China? Menos lobos. En esta coyuntura, o cuentan todos o no se salva nadie. Y el espejismo alude a la “capacidad de coordinación” europea. Antes de que se adoptase un plan de rescate (más o menos) común, después de semanas de desconcierto, el espectáculo de los distintos gobierno europeos (¡sálvese quién pueda!) fue deplorable. Hasta que un disminuido Gordon Brown les puso a todos en fila. Lo dicho: Botín sabe de lo que habla; Zapatero habla de lo que le gustaría que fuera. Yo no le confiaría mis dineros. Lo malo que es la Agencia Tributaria no me deja.

Artículo (p)Enlace Comentario Comentario (3)  Histórico Histórico  Imprimir Imprimir
 
De Eduardo San Martín (el 14/10/2008 a las 11:33:57, en Opinion)

Sea mi primer post de este nuevo blog para explicar la razón de su cabecera "Perezas Privadas". Y para ello, os remito a un artículo que publiqué hace un par de años en ABC aunque constituya una pedantería copmenzar por citarse a uno mismo. Prometo no reincidir en el futuro: Ahí va:

"OPINIONES públicas, perezas privadas. La frase es de Nietzsche, quien advertía que, así como del perezoso puede decirse que mata el tiempo, «una época que basa su salud en la opinión pública, es decir en las perezas privadas», puede llegar a morir «realmente de una vez». Por pereza privada, el filósofo alemán entendía el resultado de ese mecanismo en virtud del cual los hombres, individualmente considerados, dimiten de sus propios criterios privados para hacer descansar sus puntos de vista sobre una anónima y difusa «opinión pública» que les libera de cualquier compromiso. A más opinión pública, así construida, más «conocimiento inútil», sentenciaba el gran periodista y escritor liberal francés Jean-François Revel, recientemente desaparecido. El fenómeno no es nuevo. Pero en un mundo en que gobiernos, partidos o grandes empresas definen sus estrategias en función de los dictados de esa masa informe, son especialmente inquietantes las «perezas privadas» de quienes tendrían la obligación de alzar su voz por encima del «aura mediocritas» de una sociedad indolentemente parapetada tras los sacos terreros de la «vox populi». Pero ¿representa realmente a la voz del pueblo esa tan cacareada «vox populi»? Giovanni Sartori ha teorizado sobre la conformación de la opinión pública a través del medio de masas por excelencia de nuestro tiempo. «La televisión —escribía el profesor italiano en 1998— se muestra como portavoz de una opinión pública que es en realidad el eco de su propia voz». Y citaba a continuación al periodista y escritor norteamericano Mark Herstgaard: «Los sondeos de opinión mandan. Continuamente se pregunta a 500 norteamericanos para que nos digan, a los otros 250 millones de norteamericanos, lo que debemos pensar». Es falso, pues, que la televisión se limite a reflejar los cambios en curso. «En realidad, la televisión refleja cambios que, en gran medida, promueve e inspira», concluía Sartori. Añadamos a la televisión la radio, y en especial algunas de sus voces, además de determinados sondeos de opinión hechos a la medida, en los que las preguntas predeterminan muchas de las respuestas; sumémosle a todo ello el fenómeno de los confidenciales que circulan por la red, y estaremos describiendo las fuentes de las que, en España, se nutre una opinión pública a la que se atribuye pomposamente la condición de «árbitro de la verdad». Con mucha más exactitud, la escuela liberal europea de posguerra consideraba la tal opinión pública como «una forma irresponsable de poder». Irresponsable en virtud de su anonimato y de su vulnerabilidad frente a la manipulación. En un estado liberal, pues, se corren grandes riesgos cuando los gobernantes ajustan sus decisiones a los veredictos de lo que se identifica como opinión pública. A no ser que lo que se quiera evitar sea, precisamente, confrontar esas decisiones con la única opinión responsable que debe ser tenida en cuenta en una democracia representativa, y que no es otra que aquella que se expresa a través de sus instancias de mediación política y social, sometidas a un sistema público de fiscalización. El Gobierno que preside Rodríguez Zapatero puede prescindir del apoyo y de la opinión del Partido Popular para seguir el itinerario y los plazos que él mismo se ha marcado «a fin de ver el fin de la violencia». Es su derecho. Y su riesgo. Pero si lo que pretende es, como sugieren algunos de sus colaboradores, sustituir esa compañía por «el apoyo mayoritario de la opinión pública española al proceso de paz», entonces pisamos terreno cenagoso. Ninguna opinión pública se resiste al embeleso de las grandes palabras. Y paz es una de las más seductoras. Cuando todo esto comenzaba escribí que, por desgracia, hay mucha gente normal dispuesta a que se pague un precio por la paz. La misma probablemente que, en situaciones extremas, estaría a favor de la pena de muerte. Así que no convirtamos a las opiniones públicas en árbitros de la política. Los dirigentes responsables no gobiernan a favor de mayorías emocionales."

Hasta aquí la cita, que, como veréis, trata de una defensa del criterio propio frente a los dictados de la llamada "opinión pública", que muchas veces nadie sabe cómo se ha formado. Viva, pues, el libre pensamiento y animaos todos.

 

Artículo (p)Enlace Comentario Comentario (12)  Histórico Histórico  Imprimir Imprimir
 
Página: 1
Copyright © Diario ABC, S.L., Madrid, 2008.