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El humo no ciega mis ojos
De Eduardo San Martín (el 04/01/2010 a las 14:56:28, en Cosas de la vida)

Soy fumador. No compulsivo –apenas un par de puros medianos al día— pero fumador al fin y al cabo, por mucho que me empeñe en engañar a mi familia, a mi médico y a mí mismo. Ahora bien el humo no ciega mis ojos: no se nos debe permitir que nos convirtamos, además de en suicidas potenciales, en homicidas involuntarios. Por esa razón, el mayor reproche que se podía hacer a la legislación vigente es que se quedaba a medio camino, pecaba de ambigüedad y trasladaba a los restauradores, entre otros colectivos, la responsabilidad de equivocarse y de poner en riesgo sus negocios si no acertaban con la opción adecuada para su local. La revisión de la ley que ahora se propone el Gobierno viene, pues, a reparar esos fallos. Como la administración disuelve el dilema prohibiendo fumar en todos los lugares públicos cerrados, nadie podrá obtener ventaja, o asumir un riesgo, por permitir o no el fumeteo. A partir de ahora, elegiremos el restaurante por la calidad de su comida o de su servicio, y no por si nos dejan fumar un puro a los postres. Con lo cual, los restauradores pondrán más énfasis en lo primero, que es lo que se trata, y todos saldremos ganando. Eso sí, a muchos de ellos, que invirtieron sumas importantes para adaptar sus locales hace sólo unos meses, les han  provocado un daño irreparable. Tal vez debería estudiarse alguna forma de compesar esos gastos, hoy inútiles.

 Pero ojo con los excesos. Parece que se discute también la posibilidad de extender la prohibición a amplios espacios descubiertos, como estadios de fútbol y similares, donde el riesgo de fumar pasivamente me parece mínimo. De lo sublime a lo ridículo a veces sólo hay un paso. Ayer supe que en un campo de golf de la Comunidad Valenciana se ha prohibido fumar en todo el recorrido. ¿Porque se ensucian los greens con las colillas? Ustedes me dirán…