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De compras por la Gran Vía
De Eduardo San Martín (el 12/09/2009 a las 21:09:04, en Política)
Con Antonio Brufau, presidente de Repsol, haciendo de escolta hasta al aeropuerto al histriónico presidente venezolano es difícil resistirse a la tentación de vincular la visita a España de Hugo Sánchez con la participación de la empresa española en la explotación de ese enorme depósito de gas recientemente descubierto en Venezuela, el mayor de América del sur y uno de los mayores del mundo. Y, puestos a cavilar, esa relación recuerda, salvada las distancias, al gran contrato negociado por la petrolera británica BP con el régimen libio, que estaría en el origen del polémico traslado a su país, desde una prisión escocesa, de Alí al Megrahi, el único inculpado en la matanza aérea de Lockerbie que cumplía condena. Evidentemente no es lo mismo “comprar” una visita a un país respetable en un momento de popularidad decreciente que enviar a casa a un condenado por múltiple asesinato, pero ambos hechos ilustrarían lo vulnerable que resultan determinados gobiernos en horas bajas (el británico y el español) a ceder a las “insinuaciones” de sátrapas de cuyos caprichos depende la fortuna o el infortunio de las empresas extranjeras establecidas en sus países. Los gobiernos están obligados a defender los intereses de sus compañías en el exterior. Pero preferiría pensar que los acuerdos de Repsol con la petrolera venezolana no tienen nada que ver con la visita de Chávez a España. Defiendo que nuestro país debe mantener buenas relaciones con Venezuela, pero para ello no son indispensables determinados gestos de empalagosa cortesía con los que el facundo presidente sudamericano sólo busca mejorar su imagen en el exterior y en su propio país. ¡El jugo que le puede sacar a esa fotografía con el rey, como ya hizo con la que consiguió el año pasado en Marivent después del incidente del “que te calles”! En los últimos cuatro años, el nivel de nuestras relaciones con Estados Unidos ha sido muy elevado y los gobernantes de ambos países apenas se vieron en encuentros ocasionales. Por no hablar de los muchos otros países en los cuales trabajan tantas empresas españolas y con cuyos gobernantes no se despliegan gestos innecesarios de fingida (¿o no?) complicidad. En fin, ya sé que no es fácil tratar con ciertos energúmenos pero dejo aquí constancia de mi desagrado. Por cierto, vaya racha: Berlusconi, Chávez y la semana que viene Netanyahu. A eso se le llama una buen a agenda internacional. |
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