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La trampa de Afganistán
De Eduardo San Martín (el 06/09/2009 a las 09:31:07, en Internacional)
Después del ataque sufrido esta semana por nuestras tropas en Afganistán, el gobierno español estudia, según la ministra de Defensa, el envío de refuerzos. Unos 200 soldados más que añadir a los 800 que ya se encuentran allí. En otras circunstancias, se trataría de una medida razonable, teniendo en cuenta que, con ese envío de tropas, de lo que se trata, antes de nada, es de aumentar la seguridad del destacamento español. En mi opinión, debe hacerse. En otros momentos, he abogado por un mayor compromiso de España con el esfuerzo militar que 42 países están llevando a cabo en Afganistán. Y sigo pensando que, al menos por el momento, la intervención internacional en aquél país sigue mereciendo la pena. Pero entiendo que las opiniones públicas de los países que intervienen en la misión empiecen a estar hasta el moño, sobre todo después del fiasco de las últimas elecciones, que probablemente van a confirmar en el poder a un gobierno infectado por la corrupción, que ha perdido la batalla del control de una gran parte de la población en beneficio de grupos de insurgentes (hablar de talibanes en todos los casos no deja de ser una generalización engañosa) que se están ganado la obediencia de las poblaciones locales por las buenas (asistencia social, orden y trabajo) o por las malas (extorsión y amenazas). Según una encuesta reciente, sólo el 18 por ciento de los americanos creen que la guerra se está ganando, menos de una tercera parte es favorable al envío de más tropas y dos tercios de los consultados creen que Estados Unidos acabará retirándose sin ganar la guerra, frente a un 35 por ciento que piensa que la victoria aún es posible. Imagino que los resultados no serían muy diferentes si la encuesta se hubiera realizado en España. Estados Unidos, España y el resto de los países presentes en Afganistán se ven atrapados en un dilema endiablado: no nos podemos retirar de Afganistán, al menos durante unos cuanto años porque la alternativa de un país dominado una vez más por el radicalismo islámico, y su posible extensión a Pakistán, es aterradora; pero, para vencer, se necesita de un cambio de estrategia que exige más dinero y más hombres sobre el terreno, y vara alta sobre un gobierno poco fiable para el que tampoco disponemos del alternativa. Obligados a elegir entre lo peor y lo pésimo, los gobiernos implicados no van a encontrar siquiera el consuelo del apoyo en sus propios países. No me gustaría encontrarme en su pellejo. |
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