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Las fobias y las cosas de comer
De Eduardo San Martín (el 17/07/2009 a las 12:23:41, en Política)

Comienzo por la pregunta que me hace Josefina al final del post anterior. Yo no amo a Cataluña, ni a Asturias ni a España. Amo a muchos catalanes, asturianos y españoles, y a otros cuantos los detesto. Coincido básicamente con el criterio expuesto por algunos de los asiduos de este blog en el sentido de que lo que me interesa el interés de los ciudadanos de cada comunidad y no el de unos supuestos intereses (o derechos) de los territorios, que para mí simplemente no existen. Cataluña, Madrid o Baleares no contribuyen más que otras comunidades a las arcas del Estado: los contribuyentes ricos de esos territorios pagan lo mismo que los contribuyentes ricos de otras regiones, e igual sucede con sus ciudadanos con menos recursos. Lo único que ocurre es que en Cataluña, Madrid y Baleares hay más contribuyentes con posibles y más empresas con beneficios que en otras comunidades. ¿Por qué sus gobiernos deben recibir más, o menos, que los demás para financiar unas prestaciones que deben ser iguales en toda España? Esa y no otra es la cuestión.

Por esa misma razón, es especialmente irritante que se alienten los recelos de los ciudadanos de una comunidad hacia los de otra denunciando supuestas fobias, que puede que las haya (como siempre las ha habido entre vecinos) pero que no son el centro del debate (Recomiendo por cierto la lectura de la columna de Carlos Herrera hoy en ABC). ¿Quién contribuye más al enfrentamiento de ciudadanos de distintos territorios: quien expresa abiertamente su discrepancia con los gobernantes o los partidos de una determinada comunidad o quien califica esas discrepancias como ataques despiadados contra toda la comunidad? ¿Por qué determinados partidos, en especial los nacionalistas, pero también algunos socialistas (para desconsuelo de la izquierda de toda la vida), tienden a confundir sus programas, proyectos y aspiraciones con los de toda la comunidad en la que operan? Que una parte se constituya en la representación genuina de la identidad del todo tiene un nombre en política, que me callo para no echar más leña al fuego. Quienes tachan de catalonofobos o andalucifobos a quienes discrepan de un reparto que piensan que favorece a ambas comunidades (porque de ello se han ufanado, por otra parte, sus propios gobernantes) deberían, por coherencia, calificar de madrileñófobos a quienes disientan de la posición mantenida por el gobierno de Esperanza Aguirre o gallegófobos a quienes critiquen la defendida por la Xunta actual. Puro disparate. Se trata de argumentos defensivos a los que acuden aquellos que no tienen otras razones que ofrecer a quienes, con toda justicia, pueden sentirse perjudicados por el nuevo sistema de financiación autonómica. Porque hay preguntas elementales en el aire que siguen sin responder quienes echan mano de las fobias para evitar que hablemos en serio de las cosas de comer.