
En privado, José Bono le llama Ho Chi Minh. Por esa permanente sonrisa oriental y enigmática que dibujan sus ojos achinados y de la que nunca puedes decir si su dueño está de acuerdo con lo que dices o se está acordando de toda tu familia. Es José Montilla, y para muchos de sus compañeros de partido ha dejado de ser un enigma: ha arrumbado sus orígenes obreristas e igualitarios y ha sucumbido a los cantos de sirenas del catalanismo pequeñoburgués. Montilla, con Corbacho, Manuela de Madre y otros, venían de la sección catalana del PSOE que, en 1977, se fusionó con una pequeña formación socialista autóctona, formada por vástagos de la burguesía catalanista con aspiraciones de izquierda de salón, para formar el actual PSC. Los “coroneles” del antiguo PSOE lograron durante todos estos años mantener el equilibrio entre las dos almas del partido y, más importante, el control del aparato. Al final, le ganaron el pulso al mismísimo Maragall, egregio representante del sector catalanista (por no decir directamente nacionalista). Pero, llegados al poder, y obligados a mantener una alianza poco natural con el independentismo republicano, se han mudado de trinchera. Y ante el riesgo de que el TC recorte el estatuto en aspectos importantes, se ponen al frente de la manifestación nacionalista.
En mi opinión, no hay en ese gesto ni un ápice de convicción y sí mucho oportunismo electoral. El tripartito se desmorona cuando comienza el año de las elecciones catalanas y las posibilidades de que el PSC siga presidiendo el gobierno de la Generalitat son muy escasas. Así que Montilla se pone la venda antes de la herida, en un intento desesperado por rentabilizar el victimismo resultante aún a costa de enfrentarse a las instituciones del Estado y, si llega el caso, al propio PSOE. ¿En qué vericueto mental se perdió ese Montilla que en el inicio de su mandato prometía dejar de lado las querellas indentitarias para centrarse en solucionar los problemas de los ciudadanos? En la sociedad líquida que vivimos (Zygmunt Bauman), cada vez importan menos los principios y más el marketing electoral. Pero al menos ahora ya sabemos lo que significa la sonrisa de Montilla

El personaje de Montilla responde al “forastero” que llega a la gran ciudad, y que tras integrarse en un grupo de poder, su meta se encuentra en la “llegada” al barrio donde “vive” la oligarquía. La elite del poder. Pero no solo para” vivir” en ese barrio, sino para integrarse como uno mas. Y eso cuesta renunciar a todos aquellos “principios” y “orígenes” de juventud.
El ejemplo lo tiene en Felipe González y aquello de “antes socialistas que marxistas”.
De
pachi
(Enviando 12/01/2010 @ 14:28:11)

Los partidos denominados socialdemócratas tienden a buscar sus “caladeros” por el centro hacia la derecha, los de la izquierda los tienen agotados ¿Alguien piensa que un partido comunista puede gobernar en alguna democracia del mundo?
De hecho esos otros “vástagos” de la derecha burguesa centralista, caso Gallardon entre otros, están siendo respetados por los medios afines al PSOE, por si “cae” en un futuro una posible alianza.
Lo del poder “corrompe” es una de las grandes verdades de la humanidad.
De
pachi
(Enviando 12/01/2010 @ 14:29:00)

Hay mucha gente que reclama que Montilla(por impersonar la idea) sea fiel a los principios y consignas del Psoe (partido de ámbito estatal) por encima de las demandas sociales catalanas y se sorprende ante la posibilidad que no lo sea. De hecho el Psoe se ha visto arrastrado (quizás involuntariamente) por los pasos del PP, un partido que para obtener votos se ha apoyado en la demonificación de los españoles "diferentes" (llamándoles a diario nacionalistas, excluyentes, periféricos, xenófobos, boycoteables, secesionistas, etc.). Gente que desconoce Cataluña (pero que quizás conoce bien lo que persigue) espera que Montilla actúe como ellos esperan. Pero Montilla, a pesar de ser nacido en Córdoba, vive en Cataluña y conoce mejor la realidad de los ciudadanos catalanes, y estos aspiran a ser lo que son sin necesidad de aguantar consejos (e insultos y desprecios) desde la barrera.
De
Arturo
(Enviando 12/01/2010 @ 16:24:05)

"¿Alguien piensa que un partido comunista puede gobernar en alguna democracia del mundo? "
¿Por qué no?
Si una mayoría de ciudadanos así lo quiere...
En eso consiste la democracia, pachi.
Y aunque hoy en día el comunismo defiende principios muy alejados de la realidad de los países democráticos, eso no supone ningún impedimento para nada. Sólo hay que ver el apoyo que tienen las ideas religiosas en todo el mundo, para entender que el ser humano no basa toda su vida en el realismo.
De
Némesis
(Enviando 12/01/2010 @ 16:29:59)

Democracia tal como la entendemos, no solo es el gobierno de las mayorías, es el respeto hacia las minorías,
Sino seria una dictadura apoyada por una mayoría.
Claro que etimológicamente se presta a todo, y para todos los regimenes hasta para los comunistas, como en la Alemania del oeste, o en la Venezuela actual, por mencionar algunos,
Si nos ponemos a ver, el III Imperio Alemán de Hitler, también era democrático, en ese sentido. Luego no es la palabra, es como se usa y sus limitaciones de poder.
De
Viriato
(Enviando 12/01/2010 @ 22:28:14)

Montilla como otros muchos, piensan como Quevedo, ande yo caliente y ríase la gente,
Mucho se habla de la adición al tabaco, al alcohol, a las drogas, pero la mayor adicción es la del poder, y solo los insensatos piensan después de mi el diluvio.
Lo que parecía ser un gran acierto en 1978, lo han convertido en la comedia de los disparates, hoy parece que el formar una nación moderna, justa y democrática, solo fue una utopia, gracias políticos sin convicciones, o peor sin con solo ambiciones.
De
Viriato
(Enviando 12/01/2010 @ 22:44:38)