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Milongas concretas
De Ángel Puerta (el 03/11/2011 a las 17:16:00, en Impertinencias)
Decía Tierno Galván, no se sabe si en un exceso de cinismo o en un arrebato de sinceridad, que “las promesas electorales están para no cumplirse”. En nuestra ya no tan corta experiencia democrática esa aseveración es una obviedad, pero no por eso deja el asunto de ser descorazonador. Tan descorazonador como que nuestra clase política haya alcanzado en los últimos tiempos el rango de “problema” en el listado de principales preocupaciones de los encuestados en las estadísticas oficiales. Bueno, pues algunos no escarmientan. Los ingredientes del festín electoral siguen siendo prácticamente idénticos. Con internet y las redes sociales han cambiado las técnicas de propaganda y el “merchandising”, o sea, el mercadillo de chapas, pegatinas, banderolas, pancartas y chucherías, pero los dóberman, aunque disfrazados de “caperucitos azules”, y los mensajes, en el fondo, siguen siendo los mismos. Hemos mejorado en que algunos candidatos dicen, ahora, que no hacen “promesas” que no puedan cumplir, sino que exponen sus propuestas, lo que implica mucho menos compromiso. De modo que, al final, los programas quedan reducidos a meros catálogos de buenas intenciones en los que dicen lo que van a hacer, pero no se explayan en cómo ni, sobre todo, con qué, salvo generalidades un tanto banales. Por ejemplo, en esta campaña, Rubalcaba tira de nuevo del manido modelo “Robin Hood”, ese de quitárselo a los ricos para dárselo a los pobres, o sea, a los “descamisaos”. Lo de siempre. Por el contrario, vemos en el programa del PP una rebaja de impuestos a los ricos, o sea a los empresarios, dicen los socialistas, porque al fin y al cabo, aducen los populares, son los que crean el empleo productivo. También lo de siempre. Lo que ninguno aclara es quiénes ni cuántos son los ricos ni cuánto se “obtiene” o se “pierde” con estas “subidas” o “bajadas” de impuestos, que unas veces son de izquierdas y otras, de derechas, dependiendo de cómo convenga a cada uno y en cada momento procesal oportuno. Entre tanto folio programático -214 del PP y 149 del PSOE- se puede concluir lo mismo de siempre: que se enfrentan dos modelos de gestionar los impuestos para conseguir unos fines, en muchas cuestiones coincidentes, y en otras, especialmente en las llamadas sociales, claramente divergentes y supeditadas a lo que cada uno entienda por “progreso” o por “libertad”. Los dos cargados de razones a elegir y revolver, y a buen seguro, de buenas intenciones. Pero, “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno y de buenas obras, el del cielo”, reza el dicho popular. Y aquí las obras del PSOE en esta última legislatura, vicepresidida por Rubalcaba, saltan a la vista. Cinco millones de parados y bajadas de sueldos a cientos de miles de pobres funcionarios, pobres jubilados y pobres precarios, mientras se echaba una manita a los banqueros para evitar el caos total, tras una desastrosa gestión que ha dejado la economía española hecha unos zorros. Y Robin Hood, de vacaciones en el palacio de Nottingham. Ahora Rubalcaba intenta desmarcarse de las losas de palacio y volver a los bosques. Rectificar es de sabios; lo difícil es convencer al electorado de que se es tan sabio como para ser capaz de arreglar ahora todo lo que ha contribuido a desarreglar en la última legislatura. Cuestión de credibilidad. Y ni siquiera ahí le ayudan mucho algunos de los suyos, empeñados en tomarnos el pelo con el timo de la “promesa electoral”. Por ejemplo, el ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco, se despachaba estos días con que hay que “desconfiar” de los políticos como Rajoy que “no concretan su oferta electoral”, en referencia a que no dice qué hará con el AVE a Galicia. ¡Pero hombre de Dios! que tampoco el programa del PSOE menciona expresamente ese proyecto. Ni siguiera sería relevante que lo hiciera. Todavía está reciente en la memoria el bombardeo electoral del PSOE en las últimas generales y penúltimas autonómicas con el AVE a Extremadura. Vendieron por activa y por pasiva que estaría terminado en 2010 y a estas alturas ni está ni se le espera, al menos, a corto plazo. Y con el de Galicia y el resto de AVEs, tres cuartas de lo mismo, por mucho que “concreten” los “blanco galván” en campaña electoral. No hay ni un duro para casi nada ni sabemos si lo habrá y mucho menos ahora que la crisis griega ha puesto en jaque a toda la UE, España incluida. Habremos de asumir, dada la situación, que salga quien salga, tendrá que limitarse a hacer lo que pueda con lo que pueda o lo que quede, si queda, y, a ser posible, por consenso con quien pueda, si es que puede, porque aquí cada uno va a lo suyo. Pero el mínimo exigible en campaña electoral es que, al menos, no nos cuenten milongas “prometedoras”. Que, desde la “revelación” de Tierno, cada vez hay menos gente que se chupe el dedo, aunque a algunos políticos todavía les cueste entenderlo. |
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