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Una de cariño verdadero
De Ángel Puerta (el 29/09/2011 a las 17:27:24, en El puchero de las habas)
En cuanto surge algo sobre AVEs o infraestructuras para fuera de Cataluña a algunos nacionalistas se les sube a cien la bilirrubina. Y como estos días se está hablando de estos asuntos, andan con la bilis un tanto revuelta. Desde hace tiempo no escatiman esfuerzos en criticar y oponerse a cualquier inversión que se anuncie, por ejemplo, para los AVE a Galicia o Extremadura. El argumento viene a ser siempre el mismo: si estamos en crisis hay que invertir sólo en lo que pueda ser rentable y, como dudan que estas líneas vayan a serlo, pues se oponen y sugieren que esos cuartos se dediquen a cosas verdaderamente rentables, como, por ejemplo, a sus conexiones con Francia o al corredor mediterráneo. Posiblemente lleven razón en que aquí nos hemos pasado con lo de tener más AVEs que papagayos tiene toda la Amazonia, máxime cuando, además, su rentabilidad está más que en entredicho, pero queda feo y un puntillo egoísta que lo critiquen justo quienes ya disponen de esa infraestructura. Es comprensible que cada comunidad reclame su parte de la tarta. Otra cosa es lo cara que vaya a salir cada porción y que no haya un duro para pagarlas. Y en esos cálculos anda ahora el todavía ministro de Fomento, José Blanco, al reconocer que “probablemente hemos cometido un exceso de planificación por tratar de extender todos los modos de transporte a todos los territorios sin analizar su capacidad de generar rentabilidad social y económica”. Se refería a que la conexión por AVE entre Palencia y Cantabria, por ejemplo, no se va a poder hacer en estos momentos de crisis y que con un “talgo” van que chutan. Y poco más o menos, lo mismo con los tres corredores ferroviarios de mercancías previstos. Lo decía el presidente extremeño, José Antonio Monago, hace unos días: “no hay ni un duro para un eje, como para pensar en dos y mucho menos en tres”. Lo mismo se temía el hasta ahora portavoz adjunto de CiU en el Congreso, Pere Macías, al vaticinar “un mix” entre el corredor central y el mediterráneo. Y acertó. Apenas un par de días después, Blanco se destapa con que ahora la apuesta del Ministerio es que el corredor mediterráneo y el central se unan, mediante un “mallado”, es decir con diversas incorporaciones al eje central desde el litoral mediterráneo y confluyan en el centro logístico de Zaragoza y desde allí optar a las distintas salidas hacia Francia por País Vasco, Aragón o Cataluña. Un sucedáneo, dice Macías, para que el corredor mediterráneo pase por Madrid. Ya estamos con los contubernios. Y para colmo, se acaba de inaugurar la llegada del tren de cercanías a la T-4 del aeropuerto madrileño de Barajas. Para qué queremos más. Ahí tenemos a Macías denunciando la “desigualdad” con que el Gobierno trata a los aeropuertos de Barajas y El Prat. Parece olvidar que el Estado ha invertido más de 1.200 millones en la nueva terminal del aeropuerto barcelonés, lo que le ha permitido importantes incrementos en el tráfico de pasajeros, porcentualmente por encima de Barajas, y que haya sido calificado recientemente como el mejor aeropuerto de Europa. O los 1.000 millones invertidos, según el Ministerio de Fomento, en los trenes de cercanías de Cataluña o que ha sido la comunidad con mayor inversión ejecutada por Fomento desde 2004 con un total presupuestado de casi 15.000 millones de euros. Da igual, los nacionalistas siempre tendrán un agravio que sacarse de la chistera.
A pasar la gorra
Decía el presidente de la Generalitat, Artur Mas, hace unos días que “la relación entre Cataluña y el resto de España, en vez de ser de estima, acabará convirtiéndose en una relación sólo de intereses”. Vaya novedad. Es lo que lleva intentando el nacionalismo catalán desde tiempos inmemoriales: acabar con todo lo que huela al amigo español en Cataluña, salvo en lo esencial, o sea, en mantener al resto de España como mercado en el que vender el grueso de sus “exportaciones”. O sea, por el interés te quiero, Andrés. Y, encima, reclama estima exhibiendo su habitual y rentable “victimismo”, alentado por el síndrome de Calimero, aquel pollito de la tele que siempre terminaba sus intervenciones con el consabido “nadie me comprende, nadie me quiere, no hay justicia”. Quizá lleven razón, pero deberían reconocer, al menos, que es poco comprensible que anden negando el pan y la sal, por ejemplo, a los AVE para Galicia o Extremadura o a las infraestructuras para Madrid o el agua para Valencia, Murcia y Almería y, encima, se les quiera con pasión. No parece la forma más adecuada para procurarse estimas. El ex presidente de Cantabria, el regionalista Miguel Ángel Revilla, ponía el dedo en la llaga el pasado fin de semana en un acto electoralista para su intento de desembarcar en el Congreso de los diputados. Advertía que va a luchar por que el AVE llegue a Cantabria porque “es el tren de alta velocidad más rentable del norte de España”. “Hay café para todos”, dice Revilla, empeñado en dar la batalla para que “no haya que esperar a firmar unos presupuestos porque los catalanes y los vascos hayan pasado la gorra antes”. “Todos somos iguales, se acabaron los privilegios y lo de amenazar con separatismos”, concluye. Como se ve, los nacionalismos excluyentes y secesionistas no son precisamente el mejor bálsamo para buscarse estimas. Los nacionalistas deberían comprender que el cariño verdadero ni se compra ni se vende y empezar a cambiar de copla, porque la suya de siempre ya no vende ni en el “top manta”. |
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