Entre las cualidades del nacionalismo catalán, si es que tiene alguna, no figura, precisamente, la de hacer amigos. Siempre encuentran la ocasión para meter un dedo en el ojo del vecino y casi siempre por cuestiones de dinero. Esto cada vez se parece más a un cuento por entregas. Cuando no es por el agua del Ebro, es por los AVEs “ajenos” o por las infraestructuras de “fuera”. Ahora la tienen liada con los aragoneses de la Franja, a quienes les niegan atención hospitalaria en las zonas más próximas de Lérida, después de que hace apenas un año les negaran también la expedición de recetas a pacientes crónicos de Aragón en la costa turística de Tarragona. La nueva afrenta coincide prácticamente con el rifirrafe que se ha montado a cuenta de las declaraciones de Duran Lleida sobre el PER en Andalucía y Extremadura, lo que le ha valido que ayer mismo el Parlamento extremeño aprobara por unanimidad (PP, PSOE e IU) una declaración institucional de reprobación al dirigente de CiU.
Ahora toca el PER
La cosa empezó, según Duran, porque la consejera de Salud de la Junta de Andalucía, la socialista María Jesús Montero, se había despachado con que mientras que en Cataluña se cierran asilos, ella inaugura residencias. También son ganas de tocar la “gaita”, cuando, precisamente, Andalucía tampoco está para tirar cohetes ni para dar muchas lecciones de ahorro y gestión de los fondos públicos. El caso es que le faltó tiempo a Duran para espetarle a bocajarro que mientras “un agricultor catalán no puede coger alguna fruta porque no le sale a cuenta”, en otros sitios de España, “con nuestra contribución, reciben un PER para que pasen el resto de la jornada en el bar de su pueblo”. Luego intentó matizar sus palabras, poco menos, que con aquello de que baila sevillanas en la intimidad, pero ya estaba liada la parda y los “foros” echando chispas con un “mix” de sardana y fandango. Que si menos “embajaditas” y más inversión en sanidad y servicios sociales; que si menos bulerías y más “currar”. En fin, lo de siempre, con los tópicos de siempre y cada uno con sus razones. Por supuesto que lo del PER es, todavía, imprescindible para que sobrevivan muchas familias del campo andaluz o extremeño, pero tan cierto como que ese sistema tiene más trampas que una película de chinos y mas golfos adosados que mejillones cebra los canales del Ebro, por lo que no vendría mal una mejora de la “inspección”, incluso, para que mejore la imagen de ambas regiones en el resto de España. Y, por supuesto, que la contribución de los catalanes a la caja común es muy importante, pero tan cierto como que también son los que más se benefician de las ventas en el mercado español o que no son los únicos que contribuyen a esa caja común ni, desde luego, los únicos que trabajan en España, por mucho que insistan los nacionalistas en adoctrinar a sus cachorros en que los catalanes son los que producen y el resto de los españoles son unos “vagazos” que se limitan a robarles la cartera. Aquí trabaja todo el que puede, que no es poco para los tiempos que corren, pero esa es la idea interesada que va cuajando en buena parte de la sociedad catalana. Los datos y su análisis, sin embargo, son contradictorios, no ya entre los especialistas de medios de fuera de Cataluña, todos “fachas” en el imaginario que les han vendido a los jóvenes nacionalistas, sino, incluso, entre los propios medios catalanes. Por ejemplo, en artículos sobre este asunto, se puede ver en La Vanguardia algunos con la tesis del “robo de la cartera”, profusamente aderezada con cifras más o menos reales o interpretadas a conveniencia, mientras que en El Periódico podemos encontrar la teoría contraria, apoyada en datos, incluso, de ilustres economistas catalanes.
Subsidio y subvención
Sigue siendo el eterno debate. El ex presidente de Extremadura y secretario general del los socialistas regionales, Guillermo Fernández Vara, reflexionaba estos días, en respuesta a Duran, sobre por qué se debe considerar al PER como un peyorativo “subsidio” y al dinero que se emplea en mantener la planta de automoción de Martorell como un aleccionador “apoyo a la innovación”. No es la primera vez que Vara y Duran se tiran de la lengua. A primeros de mayo, en vísperas de las autonómicas, el dirigente nacionalista catalán emplazó al entonces todavía presidente autonómico extremeño a debatir sobre “la solidaridad interterritorial en España”, que Duran y los nacionalistas consideran injusta después de 30 años de subvención permanente. Vara, que sostiene que, según la Constitución, “la solidaridad no es entre territorios sino entre ciudadanos”, aceptó el reto y, además, envidó a pares: propuso dos debates, uno en Extremadura y otro en Cataluña. Bueno, pues han pasado ya casi seis meses y algunos todavía estamos esperando ese interesante debate. Habría que recordar a ambos que “amagar y no dar, es de cobardes”, como dice el refrán.