El portavoz de Sanidad del PSOE en Castilla-La Mancha, Fernando Mora, ha instado al Gobierno popular de Dolores de Cospedal a “retornar a la sensatez en la política” a raíz de que el nuevo Ejecutivo haya apuntado la posibilidad de llevar a sus antecesores a los tribunales si se confirma que, tras perder las elecciones, altos cargos socialistas de la Junta hicieron desaparecer numerosos documentos oficiales que podrían comprometer su gestión al frente de la misma. Mora añade que la oposición política “no está para ser machacada ni exterminada”. Que mala es la memoria selectiva. Seguramente Mora ha olvidado como recibieron los socialistas a Cospedal en la región, llamándola “paracaidista”. Cómo salían en tromba a descalificarla a la más mínima ocasión, incluso entrando en cuestiones personales. Cómo los socialistas han intentado en las dos últimas legislaturas establecer un “cordón sanitario” en torno al PP para borrarlo de la vida pública. O cómo, incluso, al final de la legislatura el PSOE y la Junta de Castilla-La Mancha llegaron a colocar a Cospedal la etiqueta de “traidora” a la Comunidad por no seguir al dictado las políticas de agua que le interesaban a Barreda. Que ahora salga Mora pidiendo “sensatez” y que no les “machaquen” en la oposición suena un tanto hipócrita, aunque el razonamiento sea loable. La sensatez en política no es sólo deseable sino que debería ser imprescindible. Y lo de no “machacar” a la oposición debería estar en el ADN de los talantes democráticos, al fin y al cabo, la democracia ideal se fundamenta en la saludable alternancia en el poder. Pero ambas cuestiones se quedan en agua de borrajas cuando no se predican con el ejemplo. Y esta, desgraciadamente, no es una democracia ideal ni la fineza ha sido, precisamente, una característica de la acción política en Castilla-La Mancha ni por el Gobierno ni por la oposición, aunque Mora se empeñe en convencernos de que nos hemos caído de un guindo.
“Rinconetes y cortadillos”
El comienzo de legislatura en Castilla-La Mancha es más de lo de siempre solo que con los papeles cambiados y en un panorama de “tierra quemada”. Los populares empezaron por denunciar la “herencia” recibida del Gobierno de Barreda. Ni un “puto duro”, como dice Esperanza Aguirre, y más “trampas” que una película de chinos, además de una región con uno de los peores índices de paro y con el mayor déficit de todas las comunidades. Y esto les escoció a los socialistas. Los populares han hecho públicas, además, sus sospechas de que han destruido documentación “sensible” que podría comprometer la gestión socialista y anuncian su intención, incluso, de llevar el asunto a los tribunales si se corroboran sus sospechas. Esto ya, no es que le escueza, es que les irrita. Pero en democracia es lo que hay, que al final se sabe casi todo y si ha habido irregularidades en la gestión, es buenísimo para el ciudadano de a pie y para el contribuyente en general que se sepa y se depuren las responsabilidades políticas o penales que correspondan. Es bueno para la credibilidad del sistema, por mucho que irrite a los socialistas, que, sin duda, harán lo mismo que los populares cuando les llegue el momento del relevo. Por eso en este país de “rinconetes y cortadillos”, tampoco es muy saludable una “sensatez” absoluta que tiente a los políticos a pactar tapadillos de vergüenzas y pelillos a la mar de conveniencia. Un poco de “machaque” no viene mal, siempre que la sangre no llegue al río.
Sensateces de conveniencia
En este comienzo de legislatura en Castilla-La Mancha tampoco los socialistas se han andado con chiquitas, o sea, con “sensateces”. Un ejemplo de ello fue que empezaron por denunciar que Cospedal, después de anunciar austeridad, había subido el sueldo a los suyos. La presidente de la Junta lo niega. Afirma que lo que ha hecho es subir del nivel 28 al