Lo que algunos vendieron como el “efecto Rubalcaba” parece que se va transformado en el “defecto Rubalcaba”. No le sale ni una. En cuanto abre la boca se la tapan recordándole su pasado vicepresidencial en el Gobierno del caos. Hasta quienes le prestaron la muleta en los momentos en que más cojeaba ese Ejecutivo, con excepción de los agraciados “abertzales”, le niegan ahora el más mínimo empujoncito a la silla de ruedas de convaleciente en que ha dejado Zapatero al partido y a su candidato. Bien es sabido que para el Gobierno la culpa de la pésima situación en que nos encontramos ha sido siempre de otros, fundamentalmente, de los mercados y sus contubernios y de los “antipatriotas” de la oposición. El candidato socialista y ex vicepresidente del Gobierno abunda en lo mismo, pero con más cohetes. Ahora que la inmensa mayoría de las comunidades ya no están en poder del PSOE, resulta que la culpa de todo es, también, de las autonomías. El último ejemplo es el de las cifras del paro del mes de septiembre. La Seguridad Social ha perdido en ese mes 64.956 cotizantes y la Secretaria de Estado de Empleo, Mari Luz Rodríguez, y el de Seguridad Social, Octavio Granado, jaleados por Rubalcaba, el resto del partido y los sindicatos, lo achacan a los “ajustes” que están haciendo las autonomías, especialmente las gobernadas por el PP, que son casi todas. Obvian, por ejemplo que los populares apenas llevan un par de meses de ejercicio y los datos revelan que en los últimos 12 meses las afiliaciones a la Seguridad Social han descendido en 235.918 cotizantes, lo que en buena lógica viene a significar que cuando esas autonomías eran gobernadas por el PSOE también perdían empleo, aún sin aplicar “ajustes”. Ajustes que, por otro lado, se habían impuesto tanto el Gobierno de la Nación como los autonómicos, según reconoce la vicepresidente Salgado. Por mucho que se empeñen los secretarios de Estado en apoyar la campaña de Rubalcaba hay datos del informe que no cuadran con sus intereses. Resulta que sólo tres comunidades registran un descenso del desempleo y por este orden: Castilla-La Mancha, Canarias y La Rioja. Curiosamente, la primera y la tercera están gobernadas por el PP. Por el contrario, las que registran mayor aumento de parados es Andalucía, gobernada por el PSOE y, al parecer, sin “ajustes”, y Cataluña, gobernada por CiU.
Ajustar el desbarajuste
Por otro lado, la mayoría de esos “ajustes”, dicen las propias comunidades, se deben, entre otras cosas, a la reducción de consejerías, cargos y coches oficiales y a la eliminación de asesores, “chiringuitos” de colocación de amiguetes, familiares y compañeros de partido y a la supresión de empresas públicas, de las que todavía quedan cerca de 4.000. Efectivamente, ese es un despilfarro autonómico del que son culpables todas las comunidades, incluidas las del PSOE. De modo que, por supuesto que los “ajustes” de ese “desbarajuste” producen daños colaterales en cuanto al aumento del paro, pero tampoco está el contribuyente por la labor de seguir sufragando tanto “enchufado” ni tanto ente parasitario. Pero por ahí no va la cosa. Lo fundamental para el PSOE, su candidato y sus, todavía, secretarios de Estado, es que los “ajustes” autonómicos se traducen en “recortes” en prestaciones básicas, como educación o sanidad. Sin embargo, parece que tampoco cuadran algunas cuentas. Según los datos del propio Ministerio de Trabajo referidos a septiembre que maneja el PP, el desempleo en educación se ha reducido en 37.363 personas, de las que 2.610 corresponden a la Comunidad de Madrid, una de las más acosadas por los sindicatos por los, cuanto menos contradictorios, “recortes” en educación.
Tampoco importa, para el PSOE lo importante de verdad es que las comunidades, ahora que no son suyas, también son culpables. No es de extrañar pues que los del PP y los de CiU se hayan puesto de uñas con el Gobierno y con el ex vicepresidente y candidato Rubalcaba. Duran Lleida, el de CiU, decía estos días, sin tapujos, que es “vergonzoso e impresentable” que el Gobierno y su candidato echen la culpa del paro a los ajustes en las autonomías, cuando ellos han sido incapaces de adoptar las medidas adecuadas para impedir que haya casi cinco millones de parados o incapaces de pagar las deudas contraídas con algunas de las asfixiadas autonomías, entre ellas la catalana. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, no le andaba a la zaga: “es una vergüenza” que ahora nos salgan con estas, viene a decir, y rubrica con que uno de los muñidores de la idea, el secretario de Estado Octavio Granado, “tiene mucha cara”. Vamos, que a Rubalcaba, el del “efecto”, no le sale una y cuando le sale, le estampan en plena papeleta electoral lo de la escasez de “vergüenza” y el exceso de “cara”. Y, encima, se le rebela el ala izquierda del partido para buscarse hueco en las listas; le endosan una ración de “ardor guerrero” pro USA con lo del escudo antimisiles y, por si fuera poco, le intentan meter un golazo de “campeonato” con la “presunción de culpabilidad” en un asunto de “trinque” del ministro José Blanco, que fue, precisamente, quien más abusó de esta práctica con el “caso Gürtel”. Lo dicho, a Rubalcaba no le sale ni una.