
Hoy recibí un e-mail de la tienda de electrónica en la que encargué un teclado la semana pasada. Me facilitaban un enlace hacia una página en la que podía supervisar el estado del envío. Accedí. En la página en cuestión, del vendedor, se explicaba que el paquete, de setecientos cincuenta gramos y cuarenta centímetros de envergadura, había salido de la planta de ensamblaje, en China, el 21 de junio. Ese mismo día pasó la aduana. Llegó al almacén central de una distribuidora alemana de productos de importación el día 22. Fue etiquetado con mi nombre y domicilio y partió, por carretera, hacia Madrid.
Era el último dato reportado por la compañía de transportes a la tienda de electrónica. Se me suministraba, además, un código de seguimiento del envío. Con curiosidad cabalística busqué la web de la empresa de transportes para introducir la combinación; la encontré, copié los trece dígitos y pulsé “Aceptar”. En pantalla aparecieron nuevos datos sobre la compra: Permaneció custodiada en un almacén de Pozuelo de Alarcón antes de ser trasladada a una nave industrial a las afueras de Madrid, donde aguardaba para ser recogida y entregada posteriormente en mi domicilio en el transcurso de la mañana del día 25 de junio.
No falta mucho -pensé- para que podamos también observar, en tiempo real, un puntito móvil sobre el callejero que representa la ubicación exacta del paquete, del mismo modo que
en Londres ya es posible saber en qué lugar se encuentra cada tren de Metro. Para que tengamos la puerta de casa abierta y el bolígrafo preparado para firmar el recibí, momentos antes de que el repartidor pronuncie nuestro nombre... Es posible que en ese instante, mientras esperamos que el empleado dé sus últimos pasos y pise nuestra alfombra, nos preguntemos en qué lugar del camino perdimos el norte: la expectación; aunque es más probable que nos limitemos, como autómatas, a cerrar el círculo que se abrió en China publicando desde nuestro teléfono móvil «Ya llegó el pedido».

Si, Yo estoy investigando sobre el tema y he encontrado que lo estan usando en videojuegos para poder dar clases en colegios. Dando clases de estadisticas a traves de videojuegos, un juego en el cual el alumno ve las consecuencias de lo que hace en el juego y posteriormente lo evalua estadisticamente. Si deseas leer mas, aqui tengo el articulo completo y un analisis. El paper se llama "virtual worlds"
realtime20.blogspot....
Saludos
De
Fernando Lovera
(Enviando 28/06/2011 @ 00:32:23)