
«Yesterday» las paredes tenían oídos. La tele soñaba en color y sólo vestía dos canales. Una noche, un señor muy serio apareció en pantalla y dijo “españoles, Franco ha muerto”, y nuestra península isquémica empezó a moverse como la isla de Lost. Brassens en las calles. Champán en las tabernas. Sin ira libertad. Aquella resaca duró cinco años. Pronto pudimos abrir las ventanas, hablar sin recato en casa y también en los cafés y en las peluquerías. Fue hermoso comprobar que, cuando despertamos, las palabras aún seguían allí, agradecidas. Conocimos el diálogo y sólo el exabrupto monologuista de las bombas lapa nos hacía recordar a aquel señor tan serio.
Con epidural llegó la democracia; olor a sábanas limpias. Saludamos a los vecinos, descubrimos Gibraltar, veraneamos en Torremolinos. Y los vecinos no eran informadores del régimen, y los ingleses no eran piratas, y en Torremolinos ¡se hacía topless! Pasamos del UHF al VHS. Del gris al naranjito. Compramos Malta. Llegó la movida y aprendimos a mirar a los ojos de la gente y a besarnos libremente y a tocarnos impúdicamente los unos a los otros en los pubs, en las callejas, por las esquinas; en el cine «La ley del deseo».
Las transiciones políticas son polvos de una noche; las económicas, matrimonios mal avenidos; las socioculturales, en cambio, duran toda la vida. Como Teseo, el español mayor de treinta es un héroe expatriado, un transeúnte; siempre maleta en mano sorteando fronteras imaginarias, pateando carreteras comarcales, burlando alevosos controles de autenticidad con el temor latente a la etiqueta: rojo cabrón fascista hijo de puta nacionalista. Condenado a derrotar al minotauro en cada tertulia y a habitar eternamente las medianías más vulgares y abstrusas del intelecto humano.
Desempolvamos nuestros temores para volverlos a empolvar. Una y otra vez, como si la repetición del acto reviviera nuestras conquistas y nos devolviese una identidad amputada. Nuestra cosmología es estrecha y ancha la enredadera que nos invita ahora a una transición más compleja, universal. Pronto no hay más veredas que horadar ni más memoria que espetar. El transeúnte se plantará sobre la piedra; al final del sendero conocido abrirá su diccionario bipolar. Pronto no quedan respuestas. Una nueva generación viene cantando por los arrabales de la libertad que conquistamos y no supimos colonizar. Es tiempo de ser siendo.

Perdomo, gurú de la postmodernidá, ¿qué me estás desayunando, que me hablas tan raro?. Voy a tener que ilustrarme previamente para comer de tus palabras, so poeta.
De
Cesitar
(Enviando 09/12/2009 @ 18:14:17)

No hay mayor transeúnte que el internauta consumado; un poco como tú, José Luis.
Se ve que es cierto que escribes tan bien como decía David.
De
Víctor Escribano
(Enviando 09/12/2009 @ 19:11:22)

La verdadera transición aún está por venir, quizás esa más compleja y universal a la que te refieres, Pepe. Nos queda tanto camino por recorrer.
De
Blogpocket
(Enviando 09/12/2009 @ 20:24:36)

Bomarzo, Víctor, ¡gracias!
Cesítar, me salpicó agua después de las 12 y ya sabes que eso me sienta muy mal :)
Blogpocket, Luis, así es, esto no ha hecho más que comenzar... Gracias.
De
Perdomo
(Enviando 11/12/2009 @ 15:11:16)

Lo malo es que en estos tiempos de Fama, Gran Hermano, Sálvame, GCQ, PTE, KIH, la creatividad está por los suelos y la fuerza de las ideas yace enterrada bajo toneladas de mercantilismo. Por cierto, te has olvidado de aquel gran tema de Siniestro que decía "las tetas de mi novia tienen...."
De
santi
(Enviando 11/12/2009 @ 16:53:56)