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A qué huele Virginia Woolf
De José Luis Perdomo (el 10/11/2009 a las 17:12:24, en Vida digital)
e-book Era un adolescente cuando aquel profesor de matemáticas al que apodábamos "el Boda" me despojó del segundo volumen de las obras completas de Edgar Allan Poe. Tendría yo unos quince años y un profesor que decía "boda la pizada" en lugar de "borra la pizarra" me cazó, en plena apoteosis neperiana, atrincherado al fondo de la clase leyendo El gato negro, un relato firmado por uno de los primeros escritores profesionales norteamericanos, huérfano, desheredado, pobre, viudo, alcohólico y supersticioso. En un colegio católico, esto suponía la inmediata expulsión de clase y, aún peor, el requisamiento del tomo, que quedaría custodiado por el jefe de estudios en su despacho hasta que mis padres fuesen a hablar con él.

Tras varios días de exhaustivas inspecciones en los que comprobé que el despacho, con su puerta y sus ventanas enrejadas, era inexpugnable, y varias largas noches observando el vacío que aquel gran volumen había dejado en la biblioteca familiar, decidí reemplazar el ejemplar con dos obras de Baudelaire y Lovecraft -lo más parecido que encontré, inocente, creyendo que la similitud de los autores contribuiría al engaño- y aguardar a que escampase. Para el Boda yo había pasado de ser héroe a villano; de ser el llamado a la palestra cuando el resto de alumnos no lograba resolver una ecuación a ser un olvidado casi buñueliano, la verg�enza de una estirpe de empresarios, gente de bien, el ejemplo vivo de la displicencia. Su ego nunca superó mi afrenta; mis calificaciones tampoco.

Gracias a los curas descubrí que había vida más allí de la colección familiar y empecé a frecuentar la biblioteca pública, de la que tomé prestado El gato negro y otras obras de Poe. Gracias a la biblioteca llegué a los mares del sur de Jack London, ayudé a una golondrina a desguazar a un príncipe tetrapléjico y fui cómplice del
asesinato de dos ancianas en San Petersburgo. Oscar Wilde, Dostoyevski, Proust, Whitman, Capote, Sartre, Hesse, Cela, Delibes... El tiempo me puso en el camino de grandes profesores como Juan Eslava Galán o Miguel Florián, gente sencilla, sensible, inteligente, de la que aprendí el gusto por los clásicos. Llegaron las lecturas prohibidas, la búsqueda de material censurado, Lautreamont y otros proscritos, gente rara y deliciosa con la que pasar las mejores veladas invocando al insomnio.

Siendo un adolescente sol�a separar los libros que leía, anotaba reflexiones en ellos, los etiquetaba minuciosamente, los agrupaba en listas y finalmente los colocaba, como el cazador que exhibe sus trofeos, en la repisa de mi habitación como recuerdos disecados de mis correrías nocturnas. Poco a poco, tras el incidente en Los Salesianos, dejé de sentir afecto por los libros como objeto. Una vez usados los prestaba a alg�n amigo y los olvidaba, o los devolvía a su lugar de origen sin notas ni señales de su paso por mis manos. Aprendí a vivir sin libros, sin papel. Perdí el olfato.

De los libros que he vivido, que nunca serán demasiados, sólo conservo aquéllos que sus autores me dedicaron.

Con los ojos vendados no sabría distinguir, lo confieso, una primera edición de Madame Bovary de un reciente Premio Planeta. Desconozco ese universo de olores y texturas del que muchos se presumen, seguramente con razón, grandes gourmets. No sé a qué huele el papel tras cinco siglos y no he probado la celulosa. Las librerías de viejo me producen el mismo rechazo que las tiendas de animales, esos orfanatos impregnados de olor a miedo, pienso y excrementos. Sigo creyendo que la meca de cualquier libro es la memoria del lector, el lugar sacrosanto en el que los olores de Proust, los sabores de Hesse o las inquietudes de Thomas Mann germinan y conocen nuevas densidades con el paso de los años. El papel con que un día maniataron las ideas no me interesa, no es sino una suerte de mortaja tomada de prestado a una naturaleza exhausta por una industria que no narra la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus oficinas de cemento en el corazón de los bosques.

Por primera vez, tras la aparición de los copistas, el soporte no será un impedimento para llevar el conocimiento a todas las personas de una forma eficaz; el coste en términos ecológicos será mínimo en comparación con los derivados del uso del papel. Por sí solo, éste sería un argumento más que convincente para apostar por los nuevos formatos, como en el pasado el hombre apostara por la imprenta, pero los beneficios de su uso no terminan aquí. Podremos viajar en compañía de decenas de libros, mover bibliotecas enteras con un click, realizar complejas consultas en cuestión de segundos, documentarnos sobre los temas más singulares en cualquier momento y lugar -posibilidad que ya nos brinda la red- y, con la llegada de los lectores con energía solar, llevar con nosotros a una isla desierta nuestras obras favoritas, si aún quedan islas desiertas.

Esta revolución imparable sólo está encontrando el rechazo de algunos autoproclamados defensores de la ley y el orden cultural; una ley y un orden hechos a la medida de modelos anacrónicos de vida y negocio, con el amor a la celulosa como excusa y el conservadurismo de una industria caduca como cómplice necesario. Como si Lorca o Shakespeare no hubiesen hecho en vida otra cosa que decorar papeles con los que tender muros que los separasen de los lectores.

Yo no sé a qué huele el papel. No soy perito en talas ni sé de las bondades cognitivas del pino. Asumo la beatificación de la fibra como la defensa del último bastión de un negocio cultural que permite convertir en panes las réplicas de un contenido mediante su venta en soporte vegetal. No sé a qué huele el papel, desconozco su aroma y me temo que ya nunca lo descubriré. Tendré que conformarme, qué remedio, con saber a qué huele Virginia Woolf una mañana de otoño sobre un lecho de fértil hojarasca.
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Precioso artículo y muy buen alegato en favor de los nuevos soportes. Seguro que llegará un día en el que un texto como este será aplicable a los ebooks y los nuevos formatos...
De  David  (Enviando 10/11/2009 @ 18:06:08)
Buen principio. Sorprendente. Hablando de libros, esas cosas tan antiguas y necesarias.
De  Leandro Pérez Miguel  (Enviando 10/11/2009 @ 18:06:55)
Algo complejo de leer, ha costado. Demasiadas hipérboles.
Un ruego al señor Perdona.. No escriba en los libros de las bibliotecas ni se los lleve a casa, por favor. Conviértase en un lector respetuoso.
De  David  (Enviando 10/11/2009 @ 18:58:35)
Lo peor de todo es que algunos de esos libros distraidos por el señor Perdomo de la biblioteca han ido a parar a mi casa. Los tendré que digitalizar, cualquiera se los devuelve.
Estupendo artículo.
De  Juan  (Enviando 10/11/2009 @ 23:25:19)
Buen texto, José. A mí me gustan los libros y disfruto de la literatura en todos los formatos porque me gusta que circulen las ideas, -si es gratis mejor-, por eso la web es un paraíso para los nuevos escritores. Pero hay mucha gente que identifica literatura con libros y para que se rompa el hechizo con el formato faltan años.
De  MM  (Enviando 11/11/2009 @ 03:46:22)
¡Gracias por vuestros comentarios!
De  Perdomo  (Enviando 11/11/2009 @ 10:01:20)
No solamente me alegro de poder leerte desde hoy.
Y no solamente me complace estar tan de acuerdo con ese primer texto.

Es que, además, tiene una poesía exquisita.
De  Hernán C.  (Enviando 11/11/2009 @ 11:56:35)
Después de leer apresuradamente, pues he pinchao el enlace en plena jornada laboral y viendo que el texto se alargaba, he tenido que leer de dos en dos líneas y finalmente me he quedado con 2 o 3 sensaciones.

Una: muy buen post, perdomo. Me ha encantado como lo has contado.

Otra: Se que es cuestión de tiempo que todos terminemos leyendo en soporte electrónico, lo sé. Pero yo (que he leido muchos menos libros que tu) si conozco como huelen los libros, como huelen las bibliotecas, el calor que desprenden. Me cuesta aceptar que sólo es cuestion de tiempo. más bien, me da mucha pena.

tres: que grande Juan Eslava Galán.

Es mentira que lo haya leido corriendo. Es más, lo he leido 2 veces para no perder detalle

Felicidades Per, buen texto.
De  Lola R  (Enviando 11/11/2009 @ 12:37:10)
Un placer leer el artículo y una pena (como dice Lola) que las bibliotecas se acaben convirtiendo en espacios virtuales.
De  Lidia Güerre  (Enviando 11/11/2009 @ 13:06:05)
Buen artículo. Te va liando hasta llevarte al huerto. Felicidades.
De  Cisco  (Enviando 11/11/2009 @ 13:53:27)
Gracias por escribir tan bellamente este amor por los libros. Ha escrito a colores. Me lo imaginé en sus noches en el bosque de la literatura. Poderosas imágenes.
De  Osvaldo Osorio  (Enviando 11/11/2009 @ 16:26:25)
Ante todo, felicidades por el magnífico artículo, me ha encantado.

Yo, como apuntan algunos y algunas por ahí, soy de los que gusta leer un libro sobre papel. Además, espero que las nuevas tecnologías no desplacen este viejo formato y lo sustituyan por otros más próximos a los nuevos tiempos, la verdad.

De todas formas, pase lo que pase, siempre podremos decir querido amigo, que nos quedará "El Boda" (lo confundí al principio con "El Bola", otro bueno).
De  Cesitar  (Enviando 11/11/2009 @ 17:33:19)
Vaya Sorpresa! Es un gusto leerte, y en menuda tribuna!!! :D Mucha suerte con esta nueva andadura, Sr. Perdomo.
De  Raúl García  (Enviando 11/11/2009 @ 18:05:49)
Hernán, gracias por pasarte, compañero.

Lola, Lidia. De algún modo estoy radicalizando mi postura en pos del debate. Yo también he pasado muchas horas en bibliotecas y creo que, más allá de los libros, el poder conectar con otra gente sí es insustituible.

Cisco, muchas gracias. A ver si coincidimos pronto.

Cesitar, "el bola" merecería una novela más que un artículo... ¿y de George qué me dices? ;)

Raúl, bienvenido, que eres como el Guadiana :)
De  Perdomo  (Enviando 12/11/2009 @ 02:38:06)
Le ha salido a Juan José Millas un serio competidor. Dedícate, además a novelista.
De  Mari Carmen  (Enviando 12/11/2009 @ 07:58:55)
Wow he de confesarte que he alucinado con este artículo no sabía que eras capaz de algo tan genial! Y no es que te menospreciase pero es que lo que has escrito me parece alucinante! desde ya me convierto en fiel seguidor de esta columna electrónica sin olor a celulosa :)
De  zordor  (Enviando 12/11/2009 @ 10:44:57)
Buen debate, buen post, buena literatura, buenos personajes. No es lo mismo ver la película en un cine que un televisor, no es lo mismo ver un partido de fútbol en un estadio que en el salón de tu casa, son diferentes perspectivas y, por tanto, complementarias. Excluir alguna de ellas sería un gravísimo error de la evolución humana!!
De  Santi  (Enviando 12/11/2009 @ 11:43:53)
¡Y todavía hay literatos que echan pestes de las nuevas tecnologías! ¡Allá ellos! ¡Enhorabuena por tu primer post, compi! ;)
De  Blogpocket  (Enviando 12/11/2009 @ 18:13:35)
Buena defensa del ebook, más práctico y más ecológico que el papel; pero nunca la lectura sobre un medio digital (por muy preparado que esté para ello) se acercará al tacto del papel. El tacto del papel es cálido y con sabor añejo...
Pero para gustos los colores. Enhorabuena por tu nuevo blog.
De  Javier  (Enviando 12/11/2009 @ 21:26:10)
Rodrigo (Zordor, #16), muchas gracias (por la presión), jaja. Ibamos a ponerle "miradoret" al blog, tú me entiendes ;)

Santi y Javier, hace 15 años casi nadie escribía con ordenador y había multitud de escritores y periodistas que se negaban al cambio. ¿Cuántos de los que hoy defienden el papel siguen trabajando con máquinas de escribir? Pregunto, ¿vosotros utilizáis máquina de escribir?

Blogpocket, ¡gracias!
De  Perdomo  (Enviando 16/11/2009 @ 11:07:07)
Lo cuentas tan bien que dan ganas de estar de acuerdo contigo
De  Antonio  (Enviando 17/11/2009 @ 07:29:38)
¡Qué maravillosa forma de escribir !
Realmente es para sentirse orgulloso de ti.
Fdo: Mauricio (Aida)
De  Santi  (Enviando 20/11/2009 @ 15:06:03)
Da la sensación de que eres para los libros como uno de esos catadores que saben paladear el vino y desentrañar el misterio de su "bouquet" apenas con un sorbo. Qué pena no haberte conocido antes para servirme de maestro de lectura
De  ´Luis  (Enviando 25/11/2009 @ 17:54:04)
Santi, Luis, ¡gracias! (tampoco es para tanto)
De  Perdomo  (Enviando 26/11/2009 @ 16:23:38)
Como Luis no se aclara con las nuevas tecnologías, dejo traza de su blog, que también tiene mucho mérito e intuyo, os llevaréis muy bien en el tema de la cata.
De  Juan  (Enviando 01/12/2009 @ 23:12:44)
Juan, ¿cuál es el blog?
De  Perdomo  (Enviando 02/12/2009 @ 00:39:32)
poco se puede añadir a lo que ya han dicho otros... genial, José Luis.
De  Graciela  (Enviando 21/01/2010 @ 17:25:18)
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