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De Aitor Labrador (el 18/04/2010 a las 14:52:41, en Playoffs 2010)

De Kinshasa a Brazzaville. Y de Seattle a Oklahoma City, donde el Thunder afronta sin complejos su eliminatoria ante unos Lakers de capa caída. Los Kevin Durant, Jeff Green, Serge Ibaka y compañía esperan seguir los pasos de aquellos Denver Nuggets de Dikembe Mutombo, que hace 16 años enseñaron al mundo cómo un octavo clasificado puede tumbar a un cabeza de serie en una primera ronda de ‘playoffs’. Fue ante los desaparecidos Seattle SuperSonics, que precisamente podrían ver ‘vengada’ aquella afrenta por la franquicia nacida de sus cenizas y ni más ni menos que ante unos Lakers que no conocen la derrota en sus diez apariciones como mejor equipo del Oeste. La historia se construye a base de retos. 


16 de mayo de 1994. Bajo uno de los aros del Key Arena de Seattle, Dikembe Mutombo captura un rebote y se abraza al balón. Suena la bocina. Y el congoleño se lanza boca arriba sobre el parqué sin soltar la bola. Agarrándola por ambos extremos y levantándola desde el suelo como si de un trofeo se tratase. Dando gracias a la divinidad que le ha ayudado a conquistar un hito histórico y a protagonizar una de las imágenes de la década en la liga. Los Nuggets acaban de convertirse en el primer equipo clasificado en octavo lugar que derrota a un cabeza de serie en la primera ronda de los ‘playoffs’, desde que diez años antes la NBA adoptase el formato actual de emparejamientos.




Su víctima: los añorados Sonics de Seattle, que después de protagonizar su mejor récord en temporada regular (63-19) eran firmes candidatos a iniciar una nueva hegemonía después de la primera retirada de Jordan. Aquel equipo entrenado por George Karl –curiosamente hoy técnico de Denver-, contaba con Gary Payton, Kendall Gill y Shawn Kemp como principales referencias, y aspiraba a emular al que (liderado por Dennis Johnson, Gus Williams y Jack Sikma) había logrado 15 años antes el primer y único anillo de la franquicia. Pero eran otros tiempos. Las series de primera ronda se disputaban a cinco partidos y Denver no se dio por vencido a pesar del 2-0 que campeaba en el global de la eliminatoria tras el primer doble enfrentamiento en Seattle. Fue precisamente en ese momento cuando el entonces técnico de los Nuggets, Dan Issel, dio un vuelco a la moral de sus jugadores. “No tenéis nada que perder”, les alentó en la previa del tercer partido, ya en su pista del McNichols Arena: “El objetivo de jugar una serie de playoffs ya está cumplido”.


Jugadores, técnicos y afición se conjuraron pasando en cuestión de horas de la resignación a la fe más absoluta en su equipo, que logró devolver la serie a Seattle, después de una emocionante prórroga en el cuarto encuentro. El descaro –eran el equipo más joven de la liga- de Robert Pack y de Mahmoud Abdur-Rauf ante toda una estrella como Gary Payton y el poderío interior de Mutombo y sus guardaespaldas LaPhonso Ellis y Brian Williams hicieron el resto y los Nuggets conquistaron el inexpugnable Key Arena.


Desde entonces, sólo dos equipos, los Knicks finalistas en la temporada del ‘lockout’ y los Warriors del ‘We Believe’ en 2007 (estos últimos ya a siete partidos) han sido capaces de seguir el ejemplo de aquellos Nuggets de Mutombo y compañía. Atlanta, en 2008, se quedó a las puertas (4-3) ante los a la postre campeones Celtics. ¿Serán ahora capaces Chicago u Oklahoma City de repetir aquella gesta? Visto lo visto en el primer choque entre Bulls y Cavaliers, a los de Michigan les falta todavía una marcha en ataque para tumbar a LeBron y compañía.


Pero, ¿y ‘el Thunder’? No es por hacer leña del árbol caído. Pero a estos Lakers parece haberles llegado su hora. Malacostumbrados a sobrevivir a costa de las genialidades Kobe y de las tareas de intendencia de un Pau Gasol que volverá a tener que multiplicarse en la pintura ante la enésima ausencia por lesión de Bynum (que ya se entrena), los de Phil Jackson tendrán que vérselas ante un equipo que por juventud y descaro recuerda mucho a aquellos Nuggets del 94.


Con una estrella en ciernes de la liga como Kevin Durant, el jugador más joven en hacerse con el título de máximo anotador de la NBA, y una plantilla nacida a partir del legado de los últimos Sonics (Jeff Green aterrizó en Seattle como número cinco del mismo draft de Durantula en la operación que dio con los huesos de Ray Allen en Boston), en la ruidosa cancha del Ford Center ya se frotan las manos.

Porque a pesar de su teórica bisoñez, los de Scott Brooks han sido durante toda la temporada uno de los equipos con mayor porcentaje de tiros libres (2º por detrás de Dallas con un 80,5%), uno de los más reboteadores (3º, con 43,5 rechaces por partido) y el más taponador de la liga (5,86 ‘gorros’ por partido). Y es que, aunque no lo parezca, la intimidación de hombres como Krstic, Ibaka, Collison o incluso Green, Durant y Sefolosha genera uno de los porcentajes de tiro más pobres en sus rivales (6º, con 44,8%, y sólo por detrás de favoritos otros al anillo como Orlando, Cleveland o los mismos Lakers).


Si a todo esto se le suma el menor acierto de los lanzadores angelinos (del 36,1% en triples de la pasada temporada al 34,1 % de ésta) o la pérdida de mordiente en defensa (de 15,5 robos a apenas 15), por no hablar del ‘roto’ que pueden provocar dos bases como Westbrook y Maynor ante Fisher y Farmar, la imagen de esta serie bien la podría protagonizar otro congoleño –éste de Brazzaville y no de Kinshasa- como Serge Ibaka sobre el parqué del Staples agarrando el balón como si de un trofeo se tratase. ¿Les suena de algo?

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