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De Ramón R. Carrero (el 24/04/2009 a las 16:27:48, en Primera Ronda)
En este deporte tan dado a los números hay una perogrullada que de repetida suena a vieja. En los Playoffs de la NBA los partidos más importantes suelen ser los impares; el primero por razones obvias, el tercero deshace un empate(2-1) o consolida una victoria (3-0), el quinto es siempre el definitivo (4-1) o deja al perdedor al margen del abismo(3-2) y el séptimo siempre que se juega hay un empate en 3 ya sí que es el todo por el todo.

La pasada madrugada se jugaron tres terceras jornadas, y para bien del espectáculo y desgracia de los cardiacos, ninguna eliminatoria ni mucho menos se ha decidido.

 Ya lo decían Lit, tan californianos como los Lakers y parece que arrastrados por la maldición del estribillo de My own worst enemy “No me sorprende, soy mi peor enemigo porque de vez en cuando saco toda la mierda que llevo dentro” Y anoche los de Phil Jackson la sacaron de la forma que suelen: kobedependencia, pasividad en los rebotes y pérdida de concentración en los momentos clave. Kobe Bryant falló él solo 19 lanzamientos (sólo encestó 5 de 24), los Jazz capturaron 15 rebotes más que el conjunto angelino y los de púrpura y oro se dejaron encajar un parcial de 28 a 18 en el último cuarto. Pese a todo, el equipo de Jerry Sloan sólo ganó por dos puntos.

Es tan grande la superioridad de los Lakers sobre el resto de equipos del Oeste, que tiene que hacer un partido nefasto (y el otro equipo, el de su vida) para perder. El problema es que estas situaciones se dan con más frecuencia de la deseable. La pasada madrugada sólo Gasol (20-9, aunque con 6 tiros libres fallados) y Lamar Odom (21 puntos y 14 rechaces) mantuvieron el tipo en otra nueva «noche triste» para los angelinos en Salt Lake City. Pau y los suyos pierden una oportunidad de oro para encarrilar la eliminatoria, y con la inyección de moral que les proporciona la victoria, los Jazz son favoritos para empatar a dos la ronda. A destacar por parte de los locales la salvaje actuación de Carlos Boozer; el jugador de Alaska consiguió 23 puntos y 22 (!) rebotes.

 
En Dallas, los Mavericks arrollaron a unos Spurs lastrados por la dura defensa de Nowitzki y compañía y unos porcentajes de tiro aciagos. Nada que destacar en un partido aburrido de una eliminatoria idem; dos equipos sin opciones reales al título que se aproximan al final de sus respectivos ciclos, luchando para caer en Playoffs con la mayor dignidad posible.

Y en la Costa Este los aficionados al baloncesto estamos siendo testigos de una de las batallas más apasionantes de los últimos años. Un león viejo, herido y medio cojo pero aún temible (Boston) luchando contra el joven gallito de la manada, tan ágil como arrogante (Chicago). Pero no sólo el encanto de este duelo entre la vieja y la nueva guardia del Este alimenta pasiones: el horroroso arbitraje, el carisma de los jugadores (desde la furia bersaker de Ben Gordon a Ray Allen, el asesino silencioso) o la torpe labor de los entrenadores están haciendo de esta serie un clásico instantáneo.

Paul Pierce, el guerrero que se ha echado a las espaldas a su equipo a falta de Kevin Garnett, dio toda una bofetada en toda la cara a los Bulls, secando a John Salmons y anotando unos sólidos 24 puntos para un marcador final 107-86 . La humillación que han sufrido los Bulls en su propia cancha perdiendo por 21 promete un cuarto partido aún más emocionante e impredecible. Lo contaremos en este blog.
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