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Lagos Lakers vs Boston Super Eagles
De Aitor Labrador (el 02/06/2010 a las 01:43:08, en Playoffs 2010)
Seguir los playoffs desde Nigeria no resulta fácil. En un país donde el fútbol lo acapara todo (¿les suena de algo?), las portadas y los sueños de una población -que en su inmensa mayoría se desvive por conseguir unos cuantos dólares al día para subsistir- se centran única y exclusivamente en el inicio de ‘su’ Mundial, el primero en la historia en suelo africano, y en el estreno de las Super Eagles contra la Argentina de Leo Messi. Por eso, la NBA se reduce a un entretenimiento reservado a unos cuantos privilegiados. Gracias a un decodificador con el que sintonizar la ESPN y con una modesta conexión a Internet, uno puede intentar estar al día de lo que ocurre en la tierra donde compatriotas como Akeem (aquí le siguen llamando así) Olajuwon, Michael Olowokandi, Ime Udoka o Kenena Azubuike, consiguieron arrancar algún que otro titular. Pero nunca desbancar al Deporte Rey. Eso siempre y cuando, los cortes de luz nuestros de cada día (y más todavía por la noche y en plena temporada de lluvias) no precipiten la cita con Morfeo y le dejen a uno con la miel en los labios. Sin saber qué narices ha podido ocurrir en ese partido que estabas viendo tan a gusto y con la sensación de haber hipotecado unas horas maravillosas de sueño para nada. Pero en fin, un Lakers-Celtics y el mensaje de Emilio desde Nueva York pidiendo un último ‘meneo’ al blog (desde aquí mis disculpas a todos por la falta de actualización) bien merecen un sobreesfuerzo. A oscuras, y con la única compañía de la batería de mi portátil, me lanzo. Porque esta rivalidad de más de medio siglo de existencia es el motivo por el que muchos de los amantes a la mejor liga del planeta nos hemos enganchado a ella para siempre. La culpa la tienen aquellas series tan interminables (en el buen sentido de la palabra) como eternas en la memoria, que nos animaron además a buscar en los libros de dónde venía todo eso. Se habla mucho de los duelos Magic vs Bird, de los enganchones de McHale y Rambis, de la pelea en la pintura de dos iconos de la época como Kareem (con sus ‘googles’) y Parish (el hombre que nos enseñó que un deportista también podía lucir ya no un cero sino dos en su camiseta). Pero esta historia de odios infundados en el parqué, viene de mucho más atrás. Desde que los angelinos hacían honor en su nombre a los lagos de Minnesota. Cuando los Celtics iniciaron una serie interminable de triunfos que les convirtieron en orgullosos. Muchos de ellos, siete entre 1959 y 1969, se forjaron ante unos Lakers malditos, a los que no bastó la presencia de Elgin Baylor (quizás el mejor jugador de la historia sin un anillo con permiso de Barkley, Malone o Stockton), de Jerry West o el fichaje de un fondón Wilt Chamberlain para hacer que los últimos Celtics de Bill Russell doblasen la rodilla en aquel memorable séptimo partido de las series del 69 en el Forum de Inglewood, donde un tal Don Nelson arruinó la fiesta angelina con un recital en el tercer cuarto y una canasta definitiva tan sutil como afortunada. Una afrenta comparable al Maracanazo de Brasil, o al Centenariazo del Bernabéu. Una demostración más de que para ganar un título hay que bajarse del autobús y no levantar los brazos hasta el final. Ya en los ochenta, y después del primer cara a cara en el que los Celtics se cebaron una vez más en la desgracia de los californianos, llegó el momento en el que el ‘showtime’ de los de Pat Riley se impuso a la cohesión de los de K.C. Jones, poniendo un punto y aparte a décadas de frustración. A pesar de los deseos de muchos por enterrar antes de tiempo a Jabbar. Craso error. Otro ejercicio de amnesia. De falta de respeto por aquel jugador que vistiendo aquella maravillosa camiseta verde de los Bucks había sido el único capaz de silenciar el viejo Garden con un sky hook lateral que aún provoca escalofríos al verlo repetido. En esta ocasión, la historia se repite por partida doble. Por una parte, los Celtics ya han tenido su oportunidad para revivir glorias pasadas como en el 84 y volver a disputar una final que parece una recompensa más que justa para un proyecto que todos daban por muertos (como aquél del 69). Y los Lakers buscarán sacarse la espina de las Finales de 2008. Porque qué mejor cancha para celebrar un ‘back to back’ que en el Garden (aunque no sea el viejo). Eso sí, si este modesto plumilla formase parte del staff de Phil Jackson reemplazaría algún video de su rival actual, por el de aquel séptimo partido en el Forum de 1969. O contrataría a Don Nelson (o a Mike Brown y LeBron James) por un día para que les explique a sus jugadores que a los Celtics jamás se les puede dar por muertos. Por muy viejos que sean… |
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