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MLK Day, el legado de Joe Lapchick
De Aitor Labrador (el 19/01/2010 a las 06:18:22, en Old School)

 

Un año más, Estados Unidos ha recordado la figura del Doctor Martin Luther King. Una conmemoración que en los últimos tiempos ha alcanzado cotas de festividad nacional, a la altura del cinematográfico Día de Acción de Gracias. Y como no podía ser de otra forma, la NBA también se ha unido a la fiesta cuando se está a punto de cumplir el 60º aniversario de sus primeros casos de integración racial.

 

Fue en el draft de 1950, cuando en una liga exclusiva para blancos, Walter Brown, dueño de los Boston Celtics, anunció la elección en segunda ronda de Charles Chuck Cooper. “Walter, ¿acaso no sabes que se trata de un jugador de color?”, le preguntaron. “No me importa si es a rayas, a cuadros o a lunares”, contestó. Acto seguido, Washington Capitols y New York Knicks siguieron su ejemplo y ficharon a Earl Big Cat Lloyd y a Nat Sweetwater Clifton. Este último, en medio de la perplejidad general, fue recibido con los brazos abiertos en el Madison por el técnico Joe Lapchick y el presidente Ned Irish, quien previamente había llegado a amenazar con abandonar la NBA si los equipos no aprobaban la integración de otras razas en la Liga.

 

 

Ese mismo verano, Harold Hunter (que posteriormente se convirtió en el primer seleccionador estadounidense de raza negra) firmó, pero no pasó el corte del training camp de los Tri-Cities Blackhawks, equipo que meses más tarde se hizo con los servicios del ex jugador de los Globetrotters, Hank DeZonie, quien apenas pudo disputar cinco partidos, discriminado por su técnico.

 

En los albores de la década de los cincuenta, la NBA daba sus primeros pasos tras la ‘OPA hostil’ de la BAA (Basketball Association of America) sobre una NBL (National Basketball League), que año tras año vio cómo sus mejores franquicias (Minneapolis Lakers, Rochester Royals, Fort Wayne Zollner Pistons, Syracuse Nationals, Tri-Cities Blackhawks …) cambiaban de bando y pasaban a formar parte de un campeonato que ya contaba con equipos como Boston Celtics, New York Knicks, Philadelphia Warriors o Baltimore Bullets.

 

Eran tiempos difíciles para los afroamericanos, que ante la irrupción de pioneros como Joe Louis en el boxeo o de Jackie Robinson en el béisbol comenzaban a vislumbrar la posibilidad de la integración en las grandes ligas profesionales. De hecho, dos franquicias de la NBL (Toledo JimWhite Chevrolets y Chicago StudebakerFlyers) tuvieron que recurrir a jugadores de los Harlem Globetrotters para completar sus plantillas durante la II Guerra Mundial.

 

Hoy, sin embargo, en las 30 franquicias de la NBA apenas se llega al centenar de jugadores blancos (91 de 360), y la mayor parte de ellos proceden de Europa, Asia, Sudamérica u Oceanía. La supremacía de la raza negra en la mejor liga del mundo es indiscutible. Al menos en lo que a jugadores se refiere. Los banquillos y los despachos ya son harina de otro costal. Mientras que el multimillonario Robert Johnson (Bobcats) sigue como único propietario negro en la Liga, 23 de los 30 entrenadores jefe son blancos. ¿Estamos pues ante un caso de integración selectiva?

 


 

Los pioneros

Desde principios de siglo, el baloncesto se había convertido en una de las actividades deportivas predilectas de iglesias evangelistas y asociaciones culturales para afroamericanos.

 

Todo comenzó un 2 de noviembre de 1902, con la participación, casi por casualidad de Harry ‘Bucky’ Lew, un joven negro de familia acomodada, en un partido en Marlborough (Massachussets). A escasos kilómetros del centro donde diez años antes, el Doctor Naismith había ideado las reglas de un nuevo deporte llamado “balón cesto”, Bucky, que acompañaba de sus compañeros del Lowell High School tuvo que saltar a la pista ante la lesión de uno de los jugadores de su equipo.

 

“El entrenador estaba dispuesto a jugar cuatro contra cinco, pero los aficionados se volvieron locos, gritando que me dejasen jugar. Eso fue lo que lo hizo posible”, recordó más tarde. Aquel partido fue el detonante para que en las principales ciudades del país comenzasen a proliferar equipos integrados única y exclusivamente por jugadores negros. El arranque de la Black Fives Era.

 

En 1907, el New York Age –el diario nacional más popular entre la comunidad negra- creó el Colored Basketball World’s Championship (CBWC), un título honorífico que premiaba al mejor equipo de la temporada en función de sus resultados y del criterio de sus cronistas. Pero la pasión por el basket no se reducía tan sólo al área de la Gran Manzana.

 

Mientras en Nueva York, clubes como el Smart Set Athletic Club, el Alpha Physical Culture Club o el St. Christopher’s Club, fundaron la Olympian Athletic League (de 1907 a 1909), en Washington DC los chicos de la YMCA de la calle 12 (que más tarde pasaron a integrar el equipo de la Universidad de Howard) lograron acabar en 1910 con la hegemonía neoyorquina en el CBWC, tras imponerse en el Casino de Manhattan y ante 3.000 espectadores a los bicampeones del Smart Set. La rivalidad y la expectación eran máximas.

 

Un año después, la Monticello Athletic Association de Pittsburgh colocó la primera piedra de lo que a inicios de la década de los veinte se convirtió en la primera gran hegemonía del baloncesto afroamericano, ya bajo el nombre de Loendi Big Five, encadenando cuatro títulos de la CBWC. En aquel emblemático equipo sobresalía un base anotador llamado Cumberland Posey, quien incluso llegó a falsificar su identidad, haciéndose llamar Charles Cumbert, para poder jugar para la Universidad de Duquesne.

 

New York ‘Rens’ y su rivalidad con los Original Celtics

Heridos en su orgullo, los cuatro principales equipos del área metropolitana de Nueva York se reunieron en 1920 en torno a la Metropolitan Basketball Association, que un año después sufrió la expulsión de uno de sus integrantes, los Spartan Braves, debido a que dos de sus jugadores Frank Forbes y Leon Monde habían participado el verano anterior en una liga de béisbol.

 

Esta circunstancia obligó a su propietario, entrenador y jugador, Bob Douglas a buscar financiación para el equipo. Finalmente, el Casino Renaissence de Harlem accedió a acoger los partidos de los Braves, y Douglas, con la tinta del contrato aún fresca, se dedicó a  fichar a los mejores jugadores del momento (Charles Tarzan Cooper, Clarence Fats Jenkins, John Isaacs…) para su nueva formación, los New York Renaissence.

 

 

En cuestión de meses, los Rens se convirtieron en un auténtico fenómeno de masas. En 1924 se apuntaron la victoria en los Colored Basketball World Championships.  Sus jugadores, que cobraban salarios entre los 800 y los 1.000 dólares mensuales, llegaban a jugar dos o tres partidos al día en interminables giras por todo el país, donde para su desgracia volvían a darse de bruces con una realidad que les obligaba a comer y dormir en el autobús. La América profunda seguía siendo racista con un equipo, que era capaz de convocar a 15.000 espectadores en sus partidos de exhibición.

 

Fue en estas giras donde se forjó su sana e histórica rivalidad con otro de los equipos más emblemáticos de la ciudad, The Original Celtics, nacidos una década antes en el seno de la comunidad irlandesa de Nueva York. El morbo de sus duelos representaba la lucha entre razas, en la que por norma general los Rens solían salir victoriosos.

 

Mientras tanto, el baloncesto de raza blanca comenzó a disfrutar en 1925 de su primera liga nacional, de la American Basketball League (ABL), que negó la participación de los Rens. Como muestra de solidaridad, los Celtics, liderados por un joven Joe Lapchick, declinaron inicialmente la invitación de la ABL y se dedicaron a hacer caja en sus giras con los Rens hasta su posterior entrada en la Liga en 1926.

 

En años posteriores, el equipo de Harlem continuó con sus giras triunfales, como la de 1933 en la que logró 86 victorias en 88 partidos, o la de 1939, en la que se proclamaron campeones de un oficioso World Professional Basketball Tournament. En este tiempo, los ‘Rens’ lograron derrotar a los campeones de la ABL como los propios Celtics, Philadelphia SPHARS o los Indianápolis Kautskys. Ése fue su mensaje de integración, de dignidad para una raza: "Debemos jugar en vuestra liga porque somos iguales (o mejores) que vosotros".-

 

La II Guerra Mundial les obligó a trasladarse momentáneamente a Washington DC, donde bajo la denominación de Washington Bears lograron un nuevo World Professional Basketball Tournament en 1943. Tres años después, con el nacimiento de la BAA, Joe Lapchick -ahora como técnico de los recién nacidos New York Knicks- lanzó un nuevo guiño a su antiguo y respetado rival negro, solicitando a la nueva liga la inclusión del equipo de Harlem. Tampoco pudo ser. Y los Rens tuvieron que conformarse con pasar en 1948 a la devaluada NBL, en la que apenas aguantaron un año antes de su desaparición. Entonces, sólo faltaban unos meses para aquel verano de 1950, en el que Lapchick finalmente se salió con la suya y dio el paso definitivo para la integración (selectiva o no) de la raza negra en la liga profesional de baloncesto.