\\ Inicio : Artículo : Imprimir
Iverson, la respuesta gaseosa
De Aitor Labrador (el 08/12/2009 a las 03:51:30, en All Stars)
Finalmente tenía corazón… ¿o es que es tan buen actor? Allen Iverson rompió a llorar en su presentación, en su regreso a los Sixers. “Todo lo que quiero hacer es jugar a baloncesto”, se sinceró a la televisión oficial de la NBA. Su retirada sonó a renuncio, a un bulo que nadie llegó a tomarse en serio y que él mismo no tardó en desmentir, aconsejado por “mi mujer y mis amigos”.

Luces, cámara, acción… La cuna del Philly sound y de algunos dignos herederos de su legado como The Roots era hasta ayer una ciudad desencantada. Y sus Sixers, aquel equipo que les hizo tocar el cielo en los 80 de la mano del Doctor J, Maurice Cheeks, Mo Malone y tantos otros, un equipo a la deriva a pesar de los intentos de la franquicia por recuperar el crédito perdido rescatando del olvido su viejo logo.

Nueve derrotas consecutivas y la ausencia de una estrella de peso en la liga (con perdón de André Iguodala) tenían la culpa. Pero sólo con la presencia de Iverson, el Wachovia Center volvió a presentar un ambiente de gala. Y eso, que la estrella casi se lo pierde, puesto que “el tráfico” demoró su llegada al vestuario media hora. A sólo 61 minutos para el salto inicial.

Entonces, las prisas para cambiarse y saltar al parqué, donde su ex compañero Aaron McKie –ahora como asistente de Eddie Jordan- le esperaba para la práctica de tiro. Ambiente de gala en el Wachovia. Pancartas de bienvenida. Vítores… y la locura general en la presentación en la que The Answer sacó a relucir sus dotes interpretativas.



El beso al parqué, al escudo en el círculo central. El público otra vez, rendido a sus pies. Finalmente se había salido con la suya y había encontrado un equipo tan desahuciado como para garantizarle un puesto como titular. El dónde era lo de menos, por mucho que lo quisiese camuflar como el regreso del hijo pródigo. ¿O es que horas antes no se había dejado querer por los Celtics y por media liga?

Su llegada eso sí, satisface de momento a todas las partes. Al propio Iverson, porque gracias a esta maniobra vuelve a alimentar su ego volviendo a verse en las portadas, en los boletines deportivos. A la NBA, porque así ‘recupera’ a una de sus grandes estrellas para la causa. Y a los Sixers, porque más allá de la venta de camisetas, el equipo ha encontrado a un líder capaz de elevar la intensidad y motivación de sus compañeros. Nada más.

Los 18 puntos de Iguodala en la primera mitad ante Denver o los seis tapones de Dalembert en 24 minutos así lo atestiguaron. Pero los Nuggets, precisamente la franquicia en la que el mito empezó a derrumbarse, no se apiadaron de ‘AI’. A pesar del abrazo fraternal de Carmelo Anthony. Descorchado el cava, los de Colorado fueron dejando sin gas la botella hasta situarse por delante y dejar prácticamente sentenciado el choque en el último cuarto, con un parcial de 19-2. No hubo marcha atrás. Y los presagios que desconfiaban del ‘efecto Iverson’ se confirmaron. De momento, se ha quedado en efecto gaseosa más que otra cosa.


The Roots - Star