05.55 horas. San Antonio, 83- Boston, 90. Una noche más en vela. Por suerte, mañana tampoco toca madrugar. Ni ir al banco o a Hacienda… La vida del enfermo, del ‘NBA addict’ es así. Las obligaciones quedan a un lado si Duncan y Garnett vuelven a verse las caras.
Tantos duelos, tantas noches sin dormir. El grabador pierde protagonismo, ante el riesgo de conocer el resultado a la mañana siguiente. No queda otra más que volver a trasnochar. Es más, los biorritmos cada vez están más alterados. Hasta el punto de que durante el resto del año, ya resulta imposible caer rendido antes de las dos o las tres de madrugada.
Todo empezó a finales de los ochenta, cuando apenas levantaba un palmo del suelo. ‘Highlights’ al ritmo de Herbie Hancock, una cabecera pegadiza -con los acordes del ‘Faith’ de George Michael- y un programa ‘Cerca de las Estrellas’, con Ramón Trecet, Vicente Salaner y Esteban Gómez, los primeros ‘All Star’ enlatados (Seattle 1987), con Pedro Barthe...
Y Chicago 1988, el primero en directo. Un fin de semana mágico. Aquel concurso de triples, con el índice de Larry Bird señalando al techo del Chicago Stadium. La final del concurso de mates entre Jordan y Wilkins (siempre pensé que fue un robo y que ‘Nique’ tuvo que ser el vencedor). El récord de anotación de Kareem… Definitivamente, me había enganchado a esto.
Más tarde llegó el Plus, Montes, Segurola, Daimiel… Jordan. Y el lujo de poder ver un partido al día. Ahí se acabó todo. Definitivamente, madrugar se había convertido en una misión imposible. Y ahora, con Internet, las estadísticas en directo y la barra libre de partidos, el más difícil todavía. Casi tanto como hacer entender a la pareja de turno o allegados que este estilo de vida no perjudica seriamente la salud. Y es que el amor (por el basket) es así. Bienvenidos.
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