15-M, NUEVE MESES DESPUÉS
Aunque no soy muy amigo del llamado "periodismo de aniversario", no he podido evitar reflexionar sobre cómo ha cambiado el Movimiento 15-M hoy que se cumplen nueve meses de su nacimiento.
Aquella segunda mitad del mes de mayo de 2011, éramos muchos (lo raro era lo contrario) que nos sentíamos solidarios y, por lo tanto, partícipes de esa corriente de indignación que tomó la calle de manera tan masiva. Quienes cubrimos desde esos primeros días lo que estaba ocurriendo nos sentíamos testigos de algo que tenía muchos visos de convertirse en un hito histórico. Una especie de efecto mariposa de las revueltas árabes.
Si en mayo de 68 se soñaba con que, debajo de los adoquines, había arena de playa, en nuestro particular mayo del 2011-febrero de 2012, las cosas han demostrado ser al revés: la arena de playa escondía adoquines que siempre habían estado ahí. La arena demostró ser demasiado fina como para cubrir el asfalto: pronto dejaron de multiplicarse las familias enteras, ancianos, jóvenes de todo tipo, empleados, parados, encorbatados, de izquierdas y derechas, del norte y del sur, para dar paso a una turba (me niego a llamarlo sustrato) que se ha apoderado de un sueño colectivo.
Hablo de los radicales, de esos mismos que inundan mi cuenta de Twitter llamándome fascista (en el mejor de los casos) por reflejar en mis informaciones lo que hasta ellos mismos (o ellos mismos mejor que nadie) saben: que una cosa es el movimiento 15-M, siempre legítimo, entonces y ahora, y otra "okupar" edificios, golpear a la Policía (he presenciado muchas manifestaciones), insultar a los medios (lo más kafkiano que he vivido estos meses fue que me confundieran con un "antidisturbio" en plena protesta, con lo que eso conlleva...) e, incluso, prender fuego a los aledaños del Teatro Albéniz en una discusión entre okupas.
Sé que muchos dirán que recurro a generalidades para resumir nueve meses de protestas. Que no hago más que caer en una sinécdoque. No es eso. Los periódicos están llenos cada día de lo indignante que es todo lo que está pasando. Por lo tanto, los argumentos no faltan; por desgracia sobran.
Sólo quiero aplicarle a unos pocos esa misma figura literaria que a mí tanto me cuelgan, pero al revés y utilizando un cántico que ellos conocen muy bien: "Que no, que no, que no nos representan".
Pues eso.
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