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mala-vida

15-M, NUEVE MESES DESPUÉS

Aunque no soy muy amigo del llamado "periodismo de aniversario", no he podido evitar reflexionar sobre cómo ha cambiado el Movimiento 15-M hoy que se cumplen nueve meses de su nacimiento.

Aquella segunda mitad del mes de mayo de 2011, éramos muchos (lo raro era lo contrario) que nos sentíamos solidarios y, por lo tanto, partícipes de esa corriente de indignación que tomó la calle de manera tan masiva. Quienes cubrimos desde esos primeros días lo que estaba ocurriendo nos sentíamos testigos de algo que tenía muchos visos de convertirse en un hito histórico. Una especie de efecto mariposa de las revueltas árabes.

Si en mayo de 68 se soñaba con que, debajo de los adoquines, había arena de playa, en nuestro particular mayo del 2011-febrero de 2012, las cosas han demostrado ser al revés: la arena de playa escondía adoquines que siempre habían estado ahí. La arena demostró ser demasiado fina como para cubrir el asfalto: pronto dejaron de multiplicarse las familias enteras, ancianos, jóvenes de todo tipo, empleados, parados, encorbatados, de izquierdas y derechas, del norte y del sur, para dar paso a una turba (me niego a llamarlo sustrato) que se ha apoderado de un sueño colectivo.

Hablo de los radicales, de esos mismos que inundan mi cuenta de Twitter llamándome  fascista (en el mejor de los casos) por reflejar en mis informaciones lo que hasta ellos mismos (o ellos mismos mejor que nadie) saben: que una cosa es el movimiento 15-M, siempre legítimo, entonces y ahora, y otra "okupar" edificios, golpear a la Policía (he presenciado muchas manifestaciones), insultar a los medios (lo más kafkiano que he vivido estos meses fue que me confundieran con un "antidisturbio" en plena protesta, con lo que eso conlleva...) e, incluso, prender fuego a los aledaños del Teatro Albéniz en una discusión entre okupas.

Sé que muchos dirán que recurro a generalidades para resumir nueve meses de protestas. Que no hago más que caer en una sinécdoque. No es eso. Los periódicos están llenos cada día de lo indignante que es todo lo que está pasando. Por lo tanto, los argumentos no faltan; por desgracia sobran.

Sólo quiero aplicarle a unos pocos esa misma figura literaria que a mí tanto me cuelgan, pero al revés y utilizando un cántico que ellos conocen muy bien: "Que no, que no, que no nos representan".

Pues eso.

VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA AUDIENCIA

Seguro que muchos de ustedes se han preguntado hasta qué punto un abogado debe ejercer la defensa de ciertos acusados, por mucho que la presunción de inocencia les ampare. Les habrá ocurrido en casos tan alarmantes como los de los imputados por la muerte de Marta del Castillo, los de Sandra Palo o cualquier otro caso de similar pelaje.

Es evidente que, por mucho que nos duela o incluso nos parezca repugnante, todo el mundo tiene derecho a un abogado defensor. Otra cosa, desde mi punto de vista, es cómo y con qué herramientas ese letrado ejerza su labor.

Un caso que ha levantado cierta polémica esta semana ha sido la del abogado de Sergio González Moreno. Verán, este sujero, presuntamente, asestó 82 puñaladas con dos cuchillos de cocina, una navaja y unas tijeras de cortar pescado a la que acababa de convertirse en su ex novia, Ivana Sanz Fanego, una mujer de 37 años de Brunete. Ocurrió el 21 de enero de 2010.

El suceso es uno de los más brutales de los últimos años. Para muestra, este detalle, que me contó uno de los guardias civiles que estuvo en el domicilio de la víctima, donde este sujeto, presuntamente, le dio muerte. Había tanta sangre en el piso (Ivana pereció desangrada), incluidas las paredes con las huellas de las manos de la víctima, desesperada, que los propios agentes, tras tomar las muestras necesarias, decidieron limpiar las estancias para que los padres de Ivana no vieran cómo había quedado.


El acusado ha declarado una sarta de insensateces, por calificarlas de una manera suave, que ponen los pelos de punta. Por lo pronto, que antes de que Ivana muriera él se negó a hacer el amor con ella, por lo que, según explicó, le insultó llamándolo "pichafloja". "Me sentí como una mierda, me quería suicidar", dijo ante el plenario. Muchos son los que piensan que debería haberlo hecho antes de asesinar a Ivana. También aseguró que no recuerda lo que pasó, sólo que se quedó dormido y le despertó la Guardia Civil engrilletándole. Que vio a su ex tendida en el suelo, "pero no había sangre". Este sujeto, ya condenado anteriormente por malos tratos a su primera mujer, por quebrantar la orden de alejamiento y por intentar atropellar a sus ex suegros, aseguró que seguro que no le hizo nada a Ivana. "Porque yo la quería mucho".

Pero hasta su propio abogado, Javier Barreiro, reconoce que sí cometió el crimen. Pero pide para él cinco años de internamiento psiquiátrico por homicidio. La acusación popular, ejercida por la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, con la histórica Ana María Pérez Campo al frente, solicita 25 años por asesinato con alevosía y ensañamiento.

Y he aquí la polémica. Porque el defensor del reo, el letrado Barreiro, ha puesto en duda que 82 puñaladas sean ensañamiento. Si se han dado de manera fugaz, en un minuto, no tuvo por qué infligir un sufrimiento inhumano adicional. Así lo dijo.

En sus intervenciones, el abogado hizo hincapié en que víctima y acusado se conocieron en un centro psiquiátrico, que ella era consumidora de cocaína, que la relación no había sido rota, que el acusado se ha intentado suicidar en no sé cuántas ocasiones (sin lograrlo nunca, curioso), que está tan mal de la cabeza que incluso ha intentado comerse bombillas, que si quiso cortarse el cuello en la cárcel, que si su padre se suicidó cuando Sergio tenía 3 años...

Fue todo tan delirante, que el propio juez le llamó la atención con una frase elocuente: "Señor letrado, estamos traspasando los límites. No olvide quién es la víctima y quién el acusado".



Todos los periodistas que asistimos al juicio coincidimos en que Javier Barreiro es un excepcional abogado y que, incluso, aquellas salidas de tono, casi insultantes, las hace amparado por el sistema.

Pero eso no quita que todos, absolutamente todos, hagamos un examen de conciencia, porque, a veces, sin darnos cuenta, podemos caer en el mismo error de calibrar de la misma manera la actuación de un verdugo con la de su víctima.

Hay ciertos temas, como el terrorismo o la violencia de género, en los que no caben las medias tintas y creo, al menos es mi opinión, que tampoco las equidistancias. Hay que tomar partido. Y siempre por la parte afectada.

Y, si no, siempre habrá un juez, una Ana María Pérez Campo o un padre de Ivana que nos lo recuerden.

PD: Y, mientras tanto, con más de 60 mujeres asesinadas en este 2011 que termina, el Gobierno de Castilla-La Mancha elimina recursos a mujeres maltratadas. Eso sí, dicen, el servicio será mejor, y se quedan tan panchos.

Hay que joderse.

Teléfono de ayuda a la mujer maltratada: 016

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EN LAS "PUTIPENSIONES" DE MONTERA

Comentarios (2) Carlos Hidalgo - Prostitucion
22 de septiembre de 2011

Este es un reportaje inédito, de agosto de 2008, sobre las pensiones ilegales que funcionan como "picaderos" en el entorno de la calle de la Montera.

"Cuatro de la tarde de un domingo en la calle de la Montera. Una vez más, pese a lo

tempranero de la hora, la zona es un hervidero de prostitutas del Este de Europa y de África. La rutina de siempre: a un lado de la acera, las meretrices; al otro, los "chulos", y aun tiro de piedra, en las calles de los Jardines y del Caballero de Gracia, un ir y venir de chicas con sus clientes, en las pensiones ilegales que funcionan como lupanares del sexo rápido y barato.

Nos acercamos a un grupo de chicas rumanas y albaneses que nos explican que, por 25 euros, nos ofrecen un servicio completo en una de las habitaciones. "Veinte euros para nosotras y cinco para la dueña. Y es un cuarto de hora", especifican.

Con este información, nos acercamos a la pensión ilegal de Jardines, una de las que fueron objetivo de las "web cams" de algunos vecinos del barrio, que colgaron las imágenes del ir y venir de meretrices con sus clientes en el portal YouTube. No hay problemas para franquear la puerta del bloque. Nos cruzamos con unas prostitutas. Una vez dentro del inmueble, desvencijado, subimos al primer piso, donde está instalado el negocio.

Un hombre suramericano se encuentra justo delante de la puerta, abierta, del domicilio. Está desenrollando servilletas industriales que servirán a los clientes como papel higiénico una vez finalizado el servicio. Nos recibe con una sonrisa cuando le preguntamos cuánto cuesta la habitación: "Sin chicas, son 5 euros por 15 minutos, pero tendría que consultárselo a la dueña", aclara.

Y no se equivoca. En el momento en que nos disponemos a abandonar el bloque, una voz de anciana se deja oír por el rellano de la escalera: "¡Fuera de aquí! ¡Fuera! ¡Son periodistas!", grita, a la calle desde la ventana.

Otra prostituta nos presta asesoramiento: "Id a la de Caballero de Gracia, que allí no pondrán problemas". La operación es similar. Pasamos al interior del bloque de viviendas y nos cruzamos con una meretriz rumana que nos pregunta con un elocuente gesto con los dedos si vamos a practicar sexo.

Ya, ante la puerta del domicilio, llamamos. Nos abre el dueño de la vivienda, suramericano, que reside alllí mismo con su familia, que hace la vida tranquilamente en un salón a la derecha del recibidor.

"Anda, que no te dé corte", afirma amablemente, a la vez que especifica el precio: 15 minutos, 5 euros; media hora, 10 euros. Nos dan papel para "asearnos". Atravesamos la vivienda, algo amplia, cuyo pasillo está lleno de pilas y pilas de papel higiénico y servilletas. Nos facilitan una habitación interior junto a un cuarto donde dos lavadoras trabajan a pleno rendimiento para adecentar sábanas.

Por primer vez, un medio de comunicación entra en estas habitaciones. El cuarto tiene lo indispensable: una cama con la ropa un tanto pegajosa, dos pequeñas mesitas de noche (una de ellas, con los cajones llenos de envoltorios de preservativos usados), una papelera y un bidé: "Por favor, no peguen chicles en las habitaciones. Muy amables. Gracias".

Pasado el cuarto de hora, como es lógico, no ha habido sexo, pero sí un amplio reportaje fotográfico.

 


 

 

¿PERO QUIÉN TE MATÓ, LEÓNIDAS?

Ha costado mucho (tiempo, esfuerzo y miedo), pero al fin se ha hecho justicia con los asesinos del capo colombiano Leónidas Vargas. Casi 140 años de cárcel para los autores, encubridores y demás protagonistas de todo pelaje del que probablemente sea el crimen más peliculero de los últimos años en Madrid.

Sin embargo, dos cuestiones, una más relevante que la otra, eso sí, quedarán pendientes para siempre; al menos, judicialmente.

La primera es la más importante: sabemos quiénes elucubraron el asesinato. Pero, ¿quién lo ordenó? Ya en su escrito provisional de calificaciones, el fiscal admitía que el "autor intelectual" de la ejecución se desconocía. Pero las sospechas, aunque sólo sean sospechas, van encaminadas prácticamente a un mismo nombre: "El Esmeraldero", otro narco con el que, desde hace años, el poderoso jefe del Cártel del Caquetá mantenía un enfrentamiento que habría acabado con la muerte del segundo. Lo saben en la DEA americana y en la Policía colombiana y se masculla en Madrid; pero, una vez más, un señor de la droga y de la muerte sale vencedor. Se va de rositas.

La segunda es un mero detalle, muy periodístico, pero que a todos ronda por la cabeza: ¿Cuánto costó cargarse a Leónidas Vargas? La Sección 3ª de la Audiencia Provincial de Madrid sólo apunta dos datos. Por un lado, que el precio pagado a la "oficina de cobros" juzgada y ahora sentenciada sería mayor a 1.000 euros. Decir eso y no decir nada es lo mismo, como ustedes comprenderán, pero es que, pese a los muchísimos errores cometidos por los asesinos y descubiertos por la Policía, en casi ningún momento se habló de dinero. Ni siquiera en las escuchas telefónicas, que, por cierto, han sido validadas (y de capital importancia) por el Tribunal.

Sólo hay una referencia monetaria: los 300 euros que cobró el "cicerone" del sicario por el Hospital Doce de Octubre. Trescientos euros por guiar al asesino hasta la habitación de la planta 5ª donde descansaba (y moriría) "El Viejo".

Pese a todo, podemos decir que el caso Leónidas Vargas está cerrado y que se ha hecho justicia. Incluso (si nos atenemos a derecho) con los 104.837,52 euros que se lleva de indeminización la viuda del capo asesinado.

Así son las cosas.

MUERTE EN LA CÁRCEL

Comentarios (6) Carlos Hidalgo - Prisiones
11 de abril de 2011

La Dirección General de Instituciones Penitenciarias ha abierto un proceso de información reservada para esclarecer las circunstancias de la muerte de un preso, el pasado sábado, en el penal Madrid-VII (Estremera). Tras una pelea con otro interno, el fallecido se enfrentó a varios funcionarios de la prisión y cayó muerto por una parada cardiorrespiratoria.

La reyerta entre los dos presos comenzó a las 9.05 de la mañana. A. M. R., dominicano de 23 años, habría intentado robarle el paquete de tabaco al otro recluso, según el testimonio que éste aportó. Tras reducirle y al ver que el interno agredido sangraba por una mano, los funcionarios pensaron que A.M. R. portaba algún tipo de arma blanca. Cuando se disponían a cachearle, el joven dominicano mantuvo "una actitud extremadamente violenta y de mucha agitación", hasta el punto de que la emprendió a cabezazos con tres trabajadores del penal: al jefe de servicio le rompió las gafas, a otro una ceja y a un tercero, tras golpearle en la nariz, le provocó una hemorragia nasal. Todo ocurrió, según informó Instituciones Penitenciarias, cuando aún ni siquiera había comenzado el cacheo.

Entonces, acudieron otros funcionarios a calmar al preso, que "se quedó inmóvil".  Se lo llevaron entonces a la enfermería y se dio aviso al Summa-112, que practicó durante más de media hora las maniobras de reanimación. A lo largo de ese proceso, A. M. R. llegó a vomitar. Sin embargo, los médicos no pudieron luego más que certificar el óbito. Eran las once y cuarto de la mañana.

Hasta la cárcel se trasladó el Equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil. Instruye el caso el juzgado número 7 de Arganda del Rey. El cadáver fue trasladado al Instituto Anatómico Forense, para practicarle la autopsia. Fuentes del caso indicaron a ABC que se trabaja con la hipótesis de que la muerte le sobreviniera porque hubiese ingerido algún tipo de sustancia estupefaciente. De hecho, se han tomado muestras del vómito, entre otras cosas, para realizar el pertinente análisis toxicológico del preso fallecido. Además, el análisis externo parece indicar que no presentaba golpes. Aun así, habrá que esperar al informe completo de la autopsia para certificar la causa real de la muerte.

Lo que sí se ha comprobado es que A. M. R. no portaba ningún tipo de arma. El preso con el que mantuvo la pelea explicó que la herida de su mano se la hizo al intentar darle un puñetazo que, finalmente, acabó golpeando la pared.

A. M. R. ingresó en prisión en 2007, cuando tenía 19 años y pasó a Estremera en 2008, por un delito contra la salud pública, por lo que fue condenado a nueve años de prisión. Se trataba de un chico conflictivo, que ya había protagonizado incidentes con otros presos. Pertenecía a una familia desestructurada y siendo muy joven comenzó a delinquir.

La información reservada abierta por Instituciones Penitenciarias tendrá en cuenta el testimonio tanto de internos como funcionarios que hayan sido testigos del suceso, así como las grabaciones de las cámaras de seguridad. Lo que arroje esta investigación interna será aportado al juzgado correspondiente y a la Guardia Civil, si así fuese necesario.

LA VALENTÍA DEL JURADO

Comentarios (4) Carlos Hidalgo - Tribunales
04 de abril de 2011

Me ha sorprendido, para bien, saber que el jurado del "caso Leónidas" no ha sucumbido al miedo. Verán, visto lo visto en el juicio, temía, como ya escribí hace unas semanas, que los miembros del tribunal popular se dejaran llevar por el pavor y estableciesen un veredicto absolutorio para los siete miembros de la "oficina del crimen" juzgados.

El asesinato del capo Leónidas Vargas en una habitación del Hospital Doce de Octubre es de los que marcan una época. Aunque suene recurrente, siempre me ha recordado al intento de matar a Vito Corleone en "El Padrino", cuando se recuperaba, precisamente, de otro intento de asesinato en las calles de Long Island, en Nueva York.

Sólo que en el caso del colombiano, jefe del cártel del Caquetá, el sicario sí que hizo un trabajo certero. Aunque le grabaran las cámaras y le viese el compañero de habitación de Leónidas, que poco más y se muere del susto. Por cierto, era el principal testigo visual, pero falleció poco después de un cáncer.

Se ahorró, por tanto, el mal trago de comparecer ante el plenario para contar lo que presenció. ¡Vaya si lo pasaron mal los testigos en el juicio! El biombo para salvaguardar su identidad (y muchos pensarán que sus vidas) parecía quedarse pequeño. La noche del suceso, cuando muchos narraban a la prensa lo que habían visto, estas personas no sabían quién era la víctima. Claro, dos años después, todos saben quién es Leónidas Vargas y los había que se preguntaban por qué no dejarían la boca cerrada aquel día y no hicieron la vista gorda.

Con todo, un diez para el jurado. Ciudadanos responsables y valientes, sí señor. Y eso que siempre he sido muy crítico con esta "modernez" del sistema judicial, una americanada que creo que no sirve para nada; al menos, que no otorga justicia a la justicia, valga la incoherencia.

Ahora, queda que la presidencia de la Sección 3ª de la Audiencia Provincial dicte sentencia ajustada a la magnitud de un ajuste de cuenta del que, por cierto, no ha quedado claro de dónde partía el encargo ni cuánto costó. Lo que son las cosas.

Delincuencia importada 100%

ZP, "UN MAL PRESIDENTE" PARA LOS POLICÍAS

Hace unos meses, un primer plano del presidente del Gobierno presidía la portada de la revista del Sindicato Unificado de Policía (SUP), el mayoritario en el sector y desde siempre vinculado ideológicamente a la izquierda. El titular que acompañaba ese apoyo gráfico era una "declaración de guerra": venía a decir algo así como (siento no recordarlo en su literalidad) que Zapatero había hecho un gran daño al CNP.

Otro titular. Esta vez, es la cara de Rubalcaba la que aparece en la portada de "La Voz del SUP", semiorlada en un "Culpable".

Son titulares que bien valen un editorial. Y chocan. Porque, si tradicionalmente el SUP se ha vinculado al ugetismo y, por lo tanto, cercano al PSOE, el malestar es más que patente. Ahora que Zapatero ha despejado la duda y ha anunciado su marcha tras el término de la legislatura, ¿cuál es su herencia en el Cuerpo Nacional de Policía en la Comunidad de Madrid?

--- Quizá cronológicamente lo primero sea la eliminación del Plan Policía 2000, puesto en marcha por Juan Cotino en su época de director general de la Policía y que, dicho sea de paso, poca plasmación tuvo en la realidad. Apostó por la Policía de Barrio, pero al final han triunfado las áreas de investigación. En Madrid, no en vano, una de las preocupaciones de los cuatro delegados del Gobierno desde 2004 (la última tomará posesión del cargo el martes) ha sido el crimen organizado. O eso decían en sus discursos de investidura. Bien es verdad que durante el período de Carlos Rubio al frente de la Jefatura Superior (2008-2010), la balanza se inclinó hacia el otro lado; quizá con más ganas que aciertos (y medios). La Seguridad Ciudadana desplazó a la Policía Judicial: las detenciones por delincuencia común siempre empujan más las estadísticas que una operación,  por ejemplo, contra un clan de narcotraficantes. Es triste, pero es cierto. El "palote" es el "palote".

--- Lindando con el anterior punto está uno de los asuntos más espinosos de los últimos años y que ha mantenido a los principales sindicatos (al menos, hasta hace poco, cuando CEP y SPP han dado un volantazo en este frente común): las denuncias por detenciones masivas o dudosamente legales de inmigrantes. El asunto explotó en 2009, y, sea por casualidad o por causalidad, precedió a la salida de la Delegación del Gobierno de Soledad Mestre. Rubalcaba se preocupó cuando salió a la luz alguna circular en las que se "aconsejaba" subir la estadística de detenciones por Extranjería, estableciendo incluso cupos. El asunto está aún muy candente, habida cuenta de la reciente crítica hecha por Cáritas sobre arrestos en este sentido en sus instalaciones de asistencia sociales, como comedores, etc.

--- Máximos históricos de plantilla. Es una realidad. Madrid, a día de hoy, tiene más policías que nunca. Superan los 12.000, según los datos oficiales. Una cifra altísima que nada tiene que ver con los existentes en el momento de la salida de Ángel Acebes del Ministerio del Interior, cuando había entre 3.400 y 5.000 agentes menos. Esta cantidad de agentes debe de repercutir seguro en la seguridad ciudadana, aunque es mejor que no echemos mano de las estadísticas, que todos sabemos que se llevan semanas en la "cocina" antes de servirse a la mesa. Pero todo tiene una cara y una cruz. La cruz, claro está, el alto nivel de rotación de nuestra región: los nuevos policías, al menos muchos de ellos, pasan su primer año en Madrid y, a la primera de cambio, se marchan a provincias. ¿La razón? Aquí la carestía de vida es mayor, el sueldo el mismo y el trabajo apabullante. Madrid, por lo tanto, es una excelente cantera policial, pero muchos son los que acaban quemados en ella. Aquí es donde entra la famosa reclamación sindical del "plus de capitalidad" que el CNP reclama para sus agentes. No entiende que los policías locales o las propias policías autonómicas cobren hasta 600 euros más por una labor que, entre otras cosas, entraña menos especialización y menos peligrosidad. Pero el Gobierno mira para otro lado y concedió 38 euros en progresión hasta alcanzar los 140, más o menos. Eso sí, les bajó el sueldo con el "decretazo" de a los funcionarios. El cabreo es generalizado.

--- Éxitos policiales. Muchísimos. Desde asuntos que no competen a este blog, como las detenciones de terroristas y de los autores del 11-M, a la mediática caza del Solitario, la erradicación en la práctica de la fiebre de las bandas latinas (que, sin embargo, siguen latentes), el paulatino descenso del número de homicidios, la desarticulación de grupos criminales, lucha contra las mafias y nuevas formas de delincuencia... Todo ello, pese a la laxitud de las leyes. Cuestión pendiente es la violencia de género, aunque cada vez más pienso que se trata de un asunto social-cultural que policial. Ahí nos toca trabajar a todos.

--- Ley de Derechos y Deberes. Es una ley histórica, aunque, como tal, se quede corta para muchos. Hay sectores muy amplios de la Guardia Civil que no entienden cómo se les da invitación para una fiesta en la que, luego, no les dejan entrar. No es comprensible que, en pleno siglo XXI, se siga expedientando a funcionarios públicos simplemente por hablar, criticar o manifestarse. Esto, señores políticos, hay que hacérselo mirar.

--- Y, por último, pero muy importante pese a no ser un tema puramente madrileño, es el caso Faisán, desvelado en su día por ABC. Muy pero que muy mal está sentando este asunto en el seno de la Policía, un Cuerpo en el que no gusta nada que se les utilice como arma política. Aunque no están sometidos (ni tienen interiorizado) a una cadena de mando tan marcial como en la Benemérita, los policías se sienten, ante todo, servidores de la sociedad, y no arietes entre unos y otros de la bancada del Congreso para conseguir sus fines (aunque así ha ocurrido en alguna que otra ocasión en todos los Gobiernos democráticos). Mucho menos, en un asunto, el del terrorismo, que tanta sangre policial ha costado.

Ayer, un dirigente del SUP hacía la siguiente lectura de la marcha de Zapatero: "Ha sido un mal presidente para los policías nacionales, nos deja peor que cuando vino. Los sueldos de los policías son más bajos y sus derechos como funcionarios no han experimentado ningún avance significativo. Zapatero, a pesar de sus apelaciones al progresismo, ha tomado medidas como las redadas contra los inmigrantes ilegales y, en cuanto a terrorismo, es verdad que estábamos mejor que cuando llegó al Gobierno, pero sin duda ha sido por la acción policial, no por sus errores de negociación.

Ahora toca sacar conclusiones a cada uno. Hay luces. Hay sombras. Y muchos asuntos que hemos pasado por alto. Aunque, ¿realmente alguien cree que un cambio político en España, aunque fuese solamente de presidente y no de siglas, iba a suponer un verdadero cambio en alguno de los puntos antes expuestos?

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LOS "OTROS" USSÍAS

Comentarios (1) Carlos Hidalgo - Tribunales
02 de abril de 2011

No pude evitar sentir un regusto amargo el miércoles pasado. Eran las diez de la mañana cuando recibía la sentencia sobre el caso Ussía; ya sabéis, la muerte a manos de tres porteros de discoteca de un joven de Pozuelo en El Balcón de Rosales.

Me explico. Eran dos años y medio trabajando ese tema, uno de los crímenes con mayor expectación social de los últimos tiempos. Por fin, y a falta de los recursos que interpondrán las defensas, todo debía quedar claro. Así lo decidió el jurado y así lo sentenciaba la jueza María Riera: "Pitoño" es homicida y David Sancio y David Alonso, sus cómplices. Hasta ahí, todo conforme a derecho. Nada que contrariar.

Sin embargo, las primeras palabras de la madre de Ussía, que se enteró por mi compañera de ABC María José Álvarez de la sentencia, dan en qué pensar. Más allá de la sentencia, ¿qué queda de aquel revuelo social y político que levantó este asunto? Quedan cuatro familias rotas. La principal, la de Álvaro, que ilumina con su presencia a Beatriz y sus otros dos hijos vivos. Pero también las de "Pitoño", Alonso y Sancio.

Queda también la regulación del sector de los porteros. Pero también su aplicación muy parcial; cualquiera que se mueva por la calle una noche sabe que son muchos los que carecen (o, al menos, no la llevan visibles) de la acreditación exigida.

Y lo que es peor: queda la muerte, tantas veces repetida, la muerte noctámbula.

Por cierto, ¿sabían ustedes que en fechas próximas al caso Us

sía un joven marroquí murió a puñaladas a manos de un portero de una discoteca de Fuelabrada? El Tribunal Supremo, hace apenas cinco meses, confirmaba la condena a doce años de prisión para el reo. Aberrazak, que así se llamaba el chaval, discutió con él porque no le dejaban entrar en el local, ni a él ni a su amigo.


También en este caso hubo otros dos porteros más implicados. La condena que les cayó es la siguiente: 180 euros de multa a cada uno por una falta de lesiones.

Perdonen que se lo haya recordado.

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PÁNICO EN EL BANQUILLO

Comentarios (4) Carlos Hidalgo - Tribunales
11 de marzo de 2011

Lo que estamos presenciando desde esta semana en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial era previsible. Hablo del juicio que se sigue contra los siete acusados de conformar la "oficina de sicarios" que acabó en enero de 2008 con la muerte del capo colombiano Leónidas Vargas, "El Viejo". Por un lado, a casi nadie ha extrañado que los imputados (seis hombres y una mujer) echen mano del "donde dije digo digo Diego". Resulta que ahora niegan lo que declararon ante el Grupo X de Homicidios y para nada participaron en uno de los ajustes de cuentas más peliculeros de lo que llevamos de siglo.
"El Parcero", que es el alias del supuesto pistolero, Jonathan Andrés Ortiz, llegó ese mismo 8 de enero desde Fuerteventura, apenas dos horas y media antes de que, presuntamente, descerrajara cinco tiros mortales contra el narco colombiano. Vamos, casi el tiempo justo para llegar al Hospital Doce de Octubre, donde ocurrieron los hechos, le recibiera su “compinche-cicerone”, subir a la quinta planta y, al entrar en la 543, preguntar al compañero de la víc

tima: “¿Es usted Leónidas Vargas?”, antes de acribillar al dormido capo con una semiautoática con silenciador. Todo un profesional.
Pues ahora resulta que no. Que a lo que vino es a su novia, que está con él en el banquillo de los acusados y que pasó más vergüenza por que su relación adúltera saliera a la luz en presencia de la esposa del declarante que por tener que responder a las preguntas del fiscal por este horrible crimen. Lo que son las cosas.
El guión de los acusados siguió más o menos la misma pauta. Que lo que declararon ante la Policía española lo hicieron bajo amenaza de achucharles a la familia del narco acribillado; como si aquí esos argumentos de culebrón de sombrero de ala ancha y tetas postizas calaran.
Las jornadas siguientes fueron la de los testigos del suceso, trabaj

adores, pacientes y familiares de internados en el Doce de Octubre. Amnesia casi generalizada. No es para menos. Si lo que consiguió esta empresa criminal no lo lograron ni los terroristas de las FARC, como para leerles ellos ahora la cartilla, por mucho biombo que les tapase de los acusados. Esto sí es totalmente comprensible.
Lo que me preocupa más es lo que pueda estar pasando entre el jurado. De nuevo, choca la justicia española con esta institución del tribunal popular, de la que ya he hablado mal largo y tendido en mi “post” sobre el caso “Ussía”. ¿Se mojarán (en caso, claro está, de que realmente piensen que los acusados son culpables) o mirarán para otro lado? Empieza este juicio a tener ya cierto tufillo a veredicto insuficientemente motivado. Ojalá me equivoque, pero como el guión siga con estos mimbres mitad “Perry Mason”-mitad “Sin tetas no hay paraíso” apañaos estamos.

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"PITOÑO" VA DE ÑOÑO

Primera semana del esperadísimo juicio sobre la muerte de Álvaro Ussía (ya saben, el joven presuntamente muerto a manos de tres porteros de la discoteca El Balcón de Rosales), y, la verdad, lo andado hasta ahora deja poco margen a la sorpresa.

Que el principal acusado, "Pitoño", intentara durante su declaración hacerse un lavado de imagen era de lo más esperable. Vamos, que según se extrae de lo que le dijo al jurado, él, esa noche, casi que pasaba por allí. Lo único que hizo fue separar a dos amigos, Álvaro y Rafael Lebrusán, para que no se pelearan. El primero era como el poli malo de la película (borracho y con ganas de bronca) y el otro el poli bueno, con ganas de irse ya a casa y que su amigo no se metiera en más líos. Y eso que todo aquello se producía fuera del territorio de la discoteca. "Yo lo que quise fue hacer un bien y evitar una reyerta", resumía "Pitoño" ante el plenario.

 

 

Luego están sus compañeros de banquillo, otrora colegas, con los que desde que ocurrió la tragedia no se habla. Quienes conocen el tema desde dentro mantienen que los dos David (como nos referimos a ellos los periodistas que vamos a cubrir el asunto) llevan estrategias parecidas: ellos estaban igual de sorprendidos de lo que ocurría, no le tocaron un pelo a Ussía ni impidieron que se le auxiliara. Vamos, que le echan el muerto (perdón por la metáfora) al que fuera su jefe en El Balcón, el principal acusado.



David Alonso, por lo que se ve y por lo que han dejado caer fiscal y acusación, debe de ser un experto en eso de cambiar de imagen. La foto que "El País" (que aquí adjuntamos) publicó de él está extraída (eso dijo) de su carné de identidad, y data de dos años antes del día de la agresión. La noche de autos llevaba el pelo engominado y con el flequillo un poco levantado. Sin embargo, horas después, durante las ruedas de reconocimiento, su imagen volvió a cambiar, no fuera (presuntamente) que alguno de los testigos dijera que lo vio en medio del barullo. Ahora, dos años y cuatro meses después de aquello, se nos presenta con un nuevo "look": gafas de pasta al estilo sapientín, pelo relamido con raya lateral y perfectamente afeitado. Tiene cara de no haber roto un plato en su vida y, a la vez, de listillo, que asiste al juicio tomando notas y con actitud de estar viendo un partido de tenis: moviendo la cabeza de un lado a otro cada vez que alguien toma la palabra.

David Sancio sí que tiene cara de circunstancias. También se ha metido en un traje oscuro para que le vea el jurado cada mañana, pero éste sí que no da el pego. Eso sí; si al final se prueba que no participó en el supuesto homicidio, tendría bastante razón este chico de barrio de sentirse más que agraviado por estos dos años largos en los que perdió su trabajo (ahora está en otro laboratorio farmacéutico) y la vida le asestó el golpe más duro y bajo que jamás tendrá que encarar.

Capítulo aparte merecen la jueza y Míriam Vergara, abogada de "Pitoño". Esta segunda es conocida en el medio por sus particulares patrocinados y lo "liante" que puede llegar a ser en los interrogatorios, aunque algunos pensamos que ese es su trabajo, que desempeña con bastante destreza. Su línea de defensa está clara, como si se la hubiese dictado Descartes: la duda como método. Lo pone todo entre interrogantes, desde la dignidad del fallecido (sostiene que el altercado en el interior de la discoteca, que nada tiene que ver con lo que ocurrió fuera y que es lo que se juzga, no fue por un pisotón accidental, sino porque el chico iba bebido hasta las cejas), le tocó el culo a una chavala y, encima, la llamó zorra (a eso se le llama ahora ser "femme fatale"). Como si eso fuera excusa para que te molieran a palos hasta dejarse sin vida. También duda de que la supuesta paliza le rompiera el corazón al chico; que para eso ya están los del Samur, que en vez de un masaje cardíaco debieron de hacerle, según se extrae de su tesis, algo así como darle un estacazo, aunque, como dice la autopsia, no tuviera roto el paquete costillar ni el esternón. Tampoco debieron de ver los testigos lo que vieron, pues por un lado iban de alcohol hasta la médula, se han contradicho en las distintas declaraciones, son miopes o sabe Dios qué excusa más.

Además, la abogada Vergara no ha dudado en dejar sin señal a los medios de comunicación, después de que los responsables de Prensa del TSJM trabajaran durante más de una semana para dejarlo todo listo y que se pudiera emitir en directo. No quiere que se le vea la cara a su patrocinado. Bueno, pues para quienes se han quedado con las ganas de verle el rostro a "Pitoño", aquí les adjunto una foto. Eso sí, ahora tiene la cara más chupada, debe de ser que el menú carcelario deja bastante que desear.

Todo este batiburrillo de cosas son las que han sacado de quicio a la presidenta de la sala, la magistrada María Riera, quien ha llegado a clamar: "¡A este paso, el juicio no se va a acabar nunca!".

De cualquier manera, hay momentos en los que no entiendo a la jueza. Por mucho que la repetición de cuestiones, algunas de ellas menores, exaspere a todos los que allí nos encontramos, no es menos verdad que el jucio en sí es la única oportunidad que tienen los tres acusados para probar su inocencia. Estas personas se juegan mucho, su futuro. Y también tienen todo su derecho a que se les ecuche a ellos y a sus letrados, que para eso están. Y más si tenemos en cuenta que los medios de comunicación llevamos años hablando de este caso sin apenas contar con la versión de los encausados. Al César lo que es del César. Si yo me encontrara en su situación, las cuatro horas diaras de sesión me parecerían pocas para poder dejar clara mi inocencia, así que entiendo esa persistencia, más allá de la pura estrategia de la abogada en buena parte de esta actitud.

Finalmente, he de decir que un país en el que la justicia está siempre sometida a juicio no puede permitir que casos como éstos sean fallados por un tribunal popular. Así lo creo. Si tenemos magistrados profesionales, no entiendo por qué el destino de las personas (sea para bien o para mal) ha de estar supeditado a gente de la calle, como usted que me lee y como yo mismo, que no somos expertos en la materia. Ya saben: zapatero, a tus zapatos. La sociedad no puede usurpar el papel de los administradores de la justicia, porque es un contrasentido mayúsculo, en el que, insisto, nos jugamos el destino vital de personas, que hoy se llaman David y "Pitoño", pero que mañana, por estos envites que tiene el destino, podríamos ser usted o yo.

SANDRA PALO: REVIVIR EL DOLOR

Mar Bermúdez y su marido, Francisco Palo, llevan ocho años instalados en el dolor. No sólo porque  el fatídico 17 de mayo de 2003 cuatro desalmados secuestraran a su hija, la violaran reiteradamente, la atropellaran y la quemaran viva en la carretera de Toledo. Alevosía, vileza, crueldad... Nada faltó en el infausto final que le dieron a la infortunada víctima, Sandra Palo, que, a sus 22 años, estaba apenas saboreando la vida.  Ni tampoco porque la fiscal calificara el crimen, en su día,  como  "uno de los más atroces, desproporcionados, viles, inhumanos y sangrantes que existen". Mar y Francisco no lo han podido superar. Ni lo superarán nunca.


 

El de su hija no fue un crimen al uso. ¿Acaso alguno lo es? Lo cierto es que fue desproporcionado. Espantoso. Salvaje. Animal. "¿Por qué tanto daño? ¿por qué?", no se ha dejado de preguntar Mar ni un sólo día desde entonces.

Y ella, como toda su familia, sigue haciéndose la misma pregunta, sigue sufriendo en sus carnes todo el horror que vivieron cada vez que una joven desaparece. Cuando la esperan en vano. Cada vez que una de ellas es violada, vejada o asesinada. Como Sandra. Es inevitable para Mar y Francisco no ponerse en la piel de los padres de las víctimas. Sentir lo que ellos sienten y sufrir con mayúsculas. Un día es la pequeña onubense Mari Luz, otro la sevillana Marta del Castillo, al siguiente la malagueña María Esther... Demasiados casos para olvidar. Demasiada angustia que recordar.

Y reviven su dolor una y otra vez en cada juicio al que es sometido un menor. En cada condena de cuatro años de internamiento, de cinco, de ocho... Como en el caso de Sandra. Como podría ocurrir con "El Cuco". No lo entienden ni lo quieren entender, como tantos otros. "Alguien que mata como un adulto debe ser castigado como tal", subrayan. Por eso siguen luchando y lucharán por la reforma de la Ley del Menor. Para que castigue con más dureza los delitos más graves. Para que no permita que un asesino no rehabilitado, como uno de los juzgados por la muerte de su hija, el famoso "Rafita" siga delinquiendo. Para que la violencia juvenil no quede impune. Y para que todo ello sea una realidad. Mientras, seguirán instalados en el dolor.

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EL INCENDIO DEL WINDSOR: SIN CULPABLES NI FANTASMAS

"Yo fui uno de los que lloraron

cuando anunciaron su demolición,

con un cartel de Núñez y Navarro,

próximamente en este salón...

Sobre las ruinas del Roxy

juega al Palé el capital"

"Los fantasmas del Roxy"

(J. M. Serrat, 1987)

 

No lloré, pero temblé de miedo las horas que pasé junto a aquel coloso en llamas. El 12 de febrero de 2005 era sábado, jamás lo olvidaré. Hacía apenas una hora que acababa de salir de la redacción de ABC, pues me tocaba trabajar ese fin de semana. Me despedí de mi jefe hasta el día siguiente. Había estado en San Blas aquella tarde, cubriendo la muerte de un hombre en su casa, supuestamente por intoxicación de gas. También hubo revueltas en el centro de Madrid, protagonizadas por jóvenes de extrema izquierda. En fin, aquello parecía un fin de semana más, con las complicaciones habituales.

Pero, una hora después de salir d

el periódico, cuando acudia a una cena con amigos por la plaza de España, sonó el móvil: "Carlos, se está produciendo un incendio en un rascacielos de la Castellana, la Torre Windsor. Parece más aparatoso que otra cosa...".

Pedí un bolígrafo y me metí en el VIPS más cercano a comprar en medio minuto el primer bloc de notas que encontré. Aún lo conservo. En la puerta, pedí a un taxista que me acercara a AZCA. Por el camino, nuevo aviso: "El incendio está en la planta 25, no en la 21. Algo raro está pasando". Ya desde el paseo de Recoletos pude ver que aquello no era un incendio normal. Que no es que hubiera un error acerca de en qué planta había fuego, no. Es que las llamas ya habían devorado el rascacielos desde la planta 21 a la 25.

Me bajé del taxi como una exhalación.

En aquellos primeros minutos, apenas había cordón de seguridad y pude colocarme justo debajo del rascacielos. ¡Dios, qué calor desprendía! Los camiones de Bomberos municipales no paraban de llegar, "adornados" con pintadas reivindicativas (en eso, la cosa ha cambiado poco), contra el alcalde. Gallardón llegó, con Pedro Calvo, y con el por entonces delegado del Gobierno, el siempre bien recordado Constantino Méndez, hoy secretario de Estado de Defensa. Iba a ser una noche larga. También estuvo a pie de pista Esperanza Aguirre, que había llegado directa desde su casa de Malasaña.

Fui el segundo periodista en aparecer allí. Una chica de Europa Press Corazón fue la primera; la conocía de vista, porque habíamos estudiado en la misma facultad. Estaba tomándose unas cañas con su cámara por Alonso Martínez cuando vieron el humo. Luego, vendrían muchísimos más compañeros: de sucesos y de otras áreas, como política. Recuerdo con especial claridad a Nino Olmedo, de Servimedia, gritando: ¡"Esto es como lo de las Torres Gemelas!".

Tanta conmoción estaba más que justificada en esos momentos. Hacía sólo 11 meses de los atentados del 11-M. Lo que en aquel instante teníamos ante nosotros era un rascacielos ardiendo por los cuatro costados en plena Castellana, y de su vientre salía un rugido que, queridos lectores, no os podéis hacer la mínima idea de cómo impresionaba. Luego, sobre la una de la madrugada, aquello empezó a caerse literalmente a pedazos. Tuvimos que salir corriendo de allí, porque se nos venía encima, como si del fin del mundo se tratase.

Los políticos supieron coordinarse y lanzaron los dos primeros mensajes tranquilizadores: no se trataba de un atentado y no había víctimas de ningún tipo. Pasada la una y media de la madrugada, más o menos, los efectivos de bomberos comenzaron a salir del edificio. La extinción era impracticable. Grupos de bomberos salían de la zona en un autobús.

Aquella noche, la redacción de ABC bullía casi tanto como lo hacía lo que hasta entonces había sido uno de los emblemas urbanísticos del Madrid financiero. Un especial recuerdo para nuestro jefe de Ilustración, Fernando Rubio, que logró hacer un prodigio de gráfico en tan poco tiempo (DEP).

El "sky line" de la ciudad se quedaba mellado. A las 4.30 de la madrugada, se desmoronaba la fachada sur, la que daba a Raimundo Fernández Villaverde. Entonces, comenzó la leyenda del Windsor y firmé mi primera portada en ABC, ¡como para olvidarlo!

Luego, llovieron historietas de fantasmas imposibles, bomberos despistados o demasiado audaces, colillas mal apagadas, cables pelados, tramas empresariales... Pero lo único cierto es que del Windsor no queda nada más que el recuerdo de una noche de invierno, fría, devorada por las llamas de un fuego cuya causa reside en el imaginario de cada uno de los madrileños.

La verdad, en este caso, no apareció bajo los escombros.

"CASO COSLADA", CASO DORMIDO

Comentarios (19) Carlos Hidalgo - Corrupción
09 de febrero de 2011

Ocupó cientos de páginas de Prensa y titulares de televisión y radio. Incluso se rodó una tv-movie de esas a las que nos tienen malacostumbrados a los españoles, que se quedó más en una pantomima (¿alguien esperaba lo contrario?) que en una crónica con imágenes de lo que sucedió. Los programas del corazón nutrieron minutos y minutos de sus contenidos con este caso, en una época en la que otro escándalo, la operación "Malaya", estaba en su momento más caliente.

El próximo mayo se cumplirán tres años del llamado caso "Coslada" o "Bloque". Ya saben, aquella presunta corruptela en el seno de la Policía Local de ese municipio colindante con Madrid. Se acusó a más de veinte agentes policiales (muchos de ellos, de reciente ingreso) de poner el cazo y extorsionar a pequeños empresarios y prostitutas, según el papel que cada uno tenía en la trama. Pero su cara visible se llamaba Ginés, el llamado "Sher..." de Coslada (perdonen que no termine el apelativo, pero es que, según dicen, hay quien ha registrado esa palabreja y podría solicitar derechos de autor).

Todo un personaje. En las escuchas telefónicas aparecíamos todos los que le conocíamos. Sí, yo también me incluyo. Tanto material grabado había, que el juez instructor decidió desechar esa parte y no incluirla en el sumario, por irrelevante. Ginés se pasó un tiempo en la "sombra preventiva", a la espera de juicio... Han pasado tres años, y le ha dado tiempo hasta a volver a la cárcel. Ahora, por una pieza separada abierta por el instructor, que se puso a investigar el repentino arrepentimiento de una de las empresarias que le denunció por extorsión. Dicen que la fiscalía tiene más casos parecidos, más gente que tras denunciar luego se echó para atrás, y que les va a meter mano.

Lo cierto es que ya han pasado casi tres años y el juicio no llega. El primer instructor, Eduardo Cruz Torres, entonces titular del juzgado 21 de Plaza de Castilla, cambió de destino, y ahora es magistrado en una sección de la Audiencia Provincial. Hubo luego una sustitución que, más que nada, sirvió para cubrir el periodo de transición necesario para que llegara la tercera jueza que se ha hecho cargo del caso. Tres instructores en tres años. Y, desde que hace unos meses tomara las riendas, ha decidido, prácticamente, volver a instruir, lo que supone, más o menos, partir de cero otra vez.

A eso habría que añadirle, además, que, según parece, el abogado defensor de Ginés, que está en su perfecto derecho, ya ha interpuesto varios recursos, dilatando aún más el proceso. A fecha de hoy, nadie sabe cuándo será la vista oral. Imaginen que al final los de la TV-movie tuvieran que rodar una segunda parte, narrando lo mismo pero al reves: es decir, contando las bondades del jefe de Policía Ginés Jiménez.

Lo que parece claro es que este murciano de Alcantarilla no volverá a su cargo de responsabilidad, algo que, realmente, es lo que pretende. Y pudiera ser, incluso, que fuera el máximo castigo que recibiera después de todo lo llovido.

ESOS NIÑATOS CHULOS

Comentarios (3) Carlos Hidalgo - Menores
28 de enero de 2011

Conozco a alguien que ha estado con el famoso "Cuco" en el centro de menores donde lo confinaron por su presunta implicación en el caso de Marta del Castillo. "Aquí -me explicaba-, los chavales suelen entrar con cara de susto. Pero este tío llegó con la mayor tranquilidad del mundo".

Ahí lo tienen, siendo juzgado estos días por este terrible asunto de Sevilla. Pero la ocasión ha servido también para reeditar, ante las retinas de la opinión pública, los semblantes y actitudes de sus presuntos compañeros criminales: veíamos a un Miguel Carcaño con una cara cada vez más de carne de presidio. A un Samuel que acudía al juzgado ataviado como quien va a una fiesta de famoseo en el club nocturno de moda. Y a los familiares, escondidos bajo pasamontañas y abrigos negros...

Fuera, familiares, amigos y la propia sociedad anónima sevillana, que no entiende cómo este presunto sindicato del crimen, dos años después de los hechos, aún no ha desembuchado: ¿Dónde está Marta?

En Madrid tuvimos nuestra propia versión de la chulería niñata y criminal en el caso "Sandra Palo". Ahí está el "Rafita", con su ir y venir a comisarías y juzgados de guardia, para salir en libertad con aires altaneros y desafiantes con los medios de comunicación. ¡Ay, qué error el de algunos en tratarle como a una estrella mediática!

Hace aproximadamente un año, precisamente en el sevillano Charco de la Pava, donde tanto se rastreó en busca del cuerpo de Marta, familiares suyos pedían firmas a favor de la cadena perpetua. No firmé. No estoy de acuerdo con esta medida. Creo, considero, que, aunque sea en una parte no tan grande como debería, los fines de reinserción social de los reos son positivos. Aunque está claro que son muchos los casos en los que no tienen efectividad alguna.

Pero también comprendo que a los familiares de Marta, a los de Sandra y a los de otros muchos se les hiele la sangre cuando niñatos de este pelaje le hacen la carambola a policías y jueces, apoyándose tristemente en la ley, y chulean a una sociedad rota de dolor de esta manera.

Quizá, la solución, al menos en delitos de sangre, esté en el cumplimiento íntegro de las condenas.

Sin embargo, mientras esto llega -y parece que va a tardar-, que alguien nos explique a todos cuántas vidas segadas por la muerte y cuántas familias devoradas por la tragedia tienen que pasar. Y cuántos sinvergüenzas como los (presuntos) Carcaños, Samueles, Cucos, Rafitas, etcétera, se aprovecharán de una legislación tan garantista que pocos, o muy pocos, realmente quieren.

¿Y SI LOS JUECES HICIESEN HUELGA?

Comentarios (3) Carlos Hidalgo - Tribunales
26 de enero de 2011

Doce "machacas" del clan de "Los Gordos" detenidos en plena faena con su fortín de la droga lleno de compradores y yonkis. Muchos de ellos con antecedentes para llenar una comisaría. Dieciocho detenidos en otra macrorredada en la Cañada Real, el pasado octubre. Más de 400 "aluniceros" fichados por la Guardia Civil y la Policía Nacional. Menores que pasan a cuchillo a otro para robarle un puñetero teléfono móvil. Atracadores de joyería que han hecho de ello un oficio de lo más rentable. Políticos corruptos, proxenetas, casinos ilegales con apariencia de karaokes donde un día sí y al mes que viene también ensartan como brochetas a algunos "clientes"...

¿Pero qué está pasando aquí? A ver, algo me he debido de perder, porque no se entiende que la inmensa mayoría de delincuentes de guante negro tengan un historial delictivo más amplio que el del Vaquilla y estén en la calle.

Los jueces, dicen, se limitan a aplicar la ley, no a redactarla. Llevan gran parte de razón. Pero, mientras, el relicario de gángsteres arriba descritos están en la calle pensando cuándo y cómo dar su próximo palo o, quizá, en estos momentos, directamente cargando un revólver o robando un coche para empotrarlo esta madrugada contra el escaparate de sabe Dios qué comercio venido a menos por la crisis.

Si la sociedad no tiene poder suficiente: ahí están, con sus aciertos y errores, los esfuerzos denostados de la madre de Sandra Palo y del Gremio de Joyeros por revertir legislaciones claramente insuficientes y laxas como la del Menor o la de Enjuiciamiento Criminal y todo lo que tiene que ver con la reincidencia y la prisión preventiva.

Si los políticos no se ponen de acuerdo ni siquiera a la hora de quedar, aunque sea en una cafetería, para abordar el asunto, porque probablemente teman que los tachen de fascistas y, de camino, perder un puñado de votos.

Si la Policía echa hora y más horas en detener a bandas de verdaderos mafiosos, para que, a las 48 horas pasen a disposición judicial y salgan por la puerta de detrás de Plaza de Castilla directos a su casa.

Si los delincuentes ya se saben los recovecos legales mejor aún que los propios abogados y hacen de su capa un sayo, y, encima, exportan a otreos países esa "fama" de país blando con quienes infringen Ley, provocando un efecto llamada.

Si todo eso ocurre, si nadie hace nada...

¿Y si los jueces fuesen a la huelga?

La crónica negra madrileña da para mucho más que para una noticia sobre el papel. Esta es la bitácora de los lados oscuros e inabarcables que se esconden detrás de cada suceso e historia, víctimas y verdugos, investigaciones y sus protagonistas; también de las realidades sociales incómodas que nos encontramos al doblar cada esquina: la trastienda de la mala vida.
María José Álvarez
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