¿Deben los buscadores ser “neutrales”?
Todos conocemos la importancia de las búsquedas en Internet y, consiguientemente, la de los llamados motores de búsqueda: Google, Yahoo o Bing actúan a modo de sherpas en esa ingente masa de información que hoy existe en la Red.
El poseer en tal sentido "la llave" de Internet otorga pues a los buscadores un gran poder. Gracias a su extraordinaria capacidad tecnológica y a su inteligente modelo de negocio, ese poder ha llegado a ser inmenso en el caso de Google, que copa en torno al 90 por ciento de media de este mercado a escala mundial.
La supuesta necesidad de que los buscadores sean neutrales, a la hora de mostrar los resultados de las búsquedas, quizá constituya la respuesta más elaborada a estos retos, en particular el de la hegemonía de Google. Su principal argumento es simple: los buscadores no deben discriminar entre contenidos, los resultados de las búsquedas habrían de ser objetivos, naturales, neutrales.
Ello ha llevado a los defensores de la neutralidad de las búsquedas a propugnar la necesidad de regular este mercado, incluso con técnicas tipo “common-carrier”, propias de sectores como las telecomunicaciones, la energía o el transporte: de terminar llevándose a cabo, Google y los demás buscadores podrían acabar sometidos a reglamentaciones como las que obligan a Telefónica, en cuanto operador dominante, a compartir su red con otros operadores: el buscador debería, de algún modo, "abrir" sus páginas en igualdad de condiciones para cualquier beneficiario, incluidos sus competidores.
Y competidores, los tiene (como también Yahoo o Bing), lo que hace que el problema se acentúe. En efecto, buscadores llamados "verticales", por especializarse en viajes, o en seguros o en moda, entre tantos otros, compiten ferozmente con Google, la cual ha comenzado a su vez a introducirse en este mercado, gracias a su omnipresencia en el "mundo horizontal", y siempre en pos de su recurso primordial de subsistencia: los ingresos por publicidad. Es pues natural que Google se vea tentada a priorizar contenidos propios frente a los de sus competidores, lo que a la par viene motivando la queja de un número creciente de ellos, aunque también de usuarios.
Hasta ahora, la neutralidad de las búsquedas no ha gozado de mucho predicamento. Algunos alegan que todo buscador ha de efectuar sesgos, en aras a la seguridad de las redes y sistemas e incluso a la precisión de los resultados. Sus peores enemigos llegan además a recordar que ninguna empresa está obligada a ayudar a sus competidores. Y desde luego que así es.
Aunque igualmente que, si bien no a ser ayudado por Google o por cualquier otro buscador, todo sitio Web tiene derecho a no ser discriminado por un motor de búsqueda, con el fin de promover contenidos propios. Y existen sospechas fundadas de que Google llevaría tiempo haciendo justamente esto. Tan es así, que la Comisión Europea inició en 2010 una investigación preliminar orientada a esclarecer los hechos: sus resultados, que están a punto de darse a conocer, podrían determinar la apertura de un expediente contra esa empresa, por infracción de las normas de competencia. Y, eventualmente, la elaboración de algún tipo de regulación, en la citada línea “common-carrier”.
Por otra parte, y si bien sesgos estrictamente basados en la seguridad y la precisión están a mi entender justificados, también los usuarios de la Red tienen pleno derecho a esperar resultados objetivos y naturales en la mayor medida posible: sobre todo si tenemos en cuenta que la propia Google se compromete a ello ante sus usuarios.
Si esa regulación termina siendo el medio por el que unos y otros derechos quedan garantizados, inclusive otorgando competencias a determinados órganos estatales, bienvenidas sean aquélla y éstas.
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