Yo jugué al rescate
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En estos momentos en que la palabra tiene un valor escaso (por la polisemia y por la desfachatez) recuerdo aquellos tiempos cuando teníamos toda la vida por delante, aunque todavía no conocíamos a Jaime Gil de Biedma. Cavernícolas sin nintendos, practicábamos diariamente el rescate (no línea de crédito favorable). Se trata de un juego, donde, como dice el diccionario de la RAE, “participan dos bandos de chicos elegidos por dos capitanes. Los de un bando tratan de atrapar a los del contrario. Los atrapados pueden ser rescatados por los de su propio bando”.
Es costumbre de los políticos no llamar a las cosas por su nombre. Europa asiste atónita y sin reflejos a su mayor crisis desde la II Guerra Mundial. Los juegos semánticos para reconfortar egos y no dar munición al contrario evidencian una pequeñez mental muy en consonancia con el nivel de los altos mandatarios de la Unión Europea. Será la falta de perspectiva, pero los que nos tienen que sacar del infierno no están demostrando capacidad para tal desafío.
P. S. A pesar de lo que dicen los voceros de la ortodoxia, no todos somos culpables (y mucho menos por igual) de la crisis. Lo único que puedo confesar es que en mi juventud bebí por encima de mis posibilidades.
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Comentarios
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#2 Social bookmarks - 27/04/2013 a las 23:05:11skI7T8 Really appreciate you sharing this article post.Much thanks again. Fantastic.
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#1 Nombre - 23/06/2012 a las 00:40:08Escribeaquítucomentario
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